sábado, 15 de julio de 2017

Nuestra Señora la Virgen del Carmen – 16 de julio



 La Virgen, Stella Maris, tiene en ésta advocación del Carmen una de las más bellas que se le han conferido. Ha sido adoptada por los valientes hombres y mujeres de la mar que van meciéndola entre las olas, mientras de sus gargantas brotan las notas de la Salve Marinera, esa oración que elevan al cielo y que les acompaña noche tras noche mientras faenan, plegaria que nubla los ojos y conmueve el corazón. Emoción y sentimiento, la devoción y la fe, se abren paso este día entre las sirenas de las embarcaciones y traineras tributando un sentido canto de amor a la Madre que es su guía y su luz, para dejarlo impreso en el aire perfumado del estío.
La tradición sitúa esta devoción en el Monte Carmelo, lugar de ancestral y rica historia eremítica, que tuvo su amparo en la Virgen María. En este monte el profeta Elías vivió con esperanza la vuelta del pueblo de Israel al Dios de la vida, después de haberse apartado de Él. Más tarde, además de su discípulo Eliseo, numerosos ermitaños moraron en las oquedades de la montaña llevando vida ascética. Ellos fueron secundados por sucesivas generaciones de monjes en los siglos II y III d.C. Tomando el testigo que dejaron estos venerables hombres de Dios, la Orden de los carmelitas, cuyo origen se halla en las laderas del monte, ha difundido la veneración por la Virgen del Carmen en todo el mundo, especialmente en los lugares donde fueron estableciéndose a través del tiempo. Se cuenta que cuando los sarracenos invadieron el Monte Carmelo, y los carmelitas se vieron obligados a abandonar el lugar, entonaron la Salve Regina a la Madre, y Ella se les apareció súbitamente asegurándoles que sería su Estrella del Mar. Las sedes del Apostolado del Mar radicadas en los establecimientos portuarios llevan este nombre de Stella Maris. Es así como los carmelitas, ya en la Edad Media, consideraban a la Madre de Dios.
Esta festividad se conmemora el 16 de julio porque un día como éste, pero de 1251, fecha no constatada pero acogida por la mayoría, la Virgen del Carmen, rodeada de ángeles, se le apareció al carmelita y general de la Orden, san Simón Stock; le hizo entrega de su escapulario, diciéndole: «Este será el privilegio para ti y todos los carmelitas; quien muriere con él no padecerá el fuego eterno, es decir, el que con él muriere se salvará». Él la denominó «Flor del Carmelo». En un inciso, cabe recordar que el pasado 29 de marzo en esta sección “Santos y beatos, epopeyas de amor” de ZENIT, se dio cumplida cuenta de los orígenes de esta Orden al exponer la vida del beato Bertoldo del Monte Carmelo. Y el 16 de mayo la inserción de la biografía de san Simón Stock en la mencionada sección permitió matizar convenientemente lo relativo al escapulario y a la milagrosa aparición de la Virgen del Carmen.
Desde luego, los marineros españoles no tardaron en ponerse bajo el amparo de María bajo esta advocación, aunque la popularidad de esta festividad tiene un hito singular en el siglo XVIII cuando un almirante de Mallorca, Antonio Barceló Pont de la Terra, se convirtió en el máximo difusor de esta celebración. Hasta ese momento, el patrón de los marineros era san Telmo, pero a partir de esa fecha, la Virgen del Carmen, a la que se encomiendan depositando en Ella sus vidas tantas veces expuestas a las violentas tempestades, fue convirtiéndose en su patrona, como lo es de la Armada. Pero en otros países de Europa y de Latinoamérica también le profesan gran devoción y se hallan igualmente bajo su amparo y patronazgo. Tal sucede en Argentina, Bolivia, Colombia, Costa Rica, Chile, Guatemala, Panamá, Perú y Venezuela, entre otros.
ZENIT

China diez años después



El 30 de junio de 2007 se publicaba un importante documento de Benedicto XVI dirigido a la Iglesia en China. Una carta que constituía un referente magisterial sobre la particular situación de la Iglesia católica en el gigante asiático, aplicando a un tiempo los principios fundamentales sobre la naturaleza de la Iglesia y la comunión eclesial. A pesar de la amplia difusión de esta carta, todavía no se ha conseguido acotar la particular situación que vive la Iglesia en un país con unos 15 millones de católicos.
Los criterios de análisis y las propuestas eclesiológicas del documento siguen hoy aportando luz a la delicada situación de la comunidad católica en China, que se debate en un continuo contraste entre la apertura de una sociedad cada vez económicamente más desarrollada, al mismo tiempo que en el orden de la libertad religiosa sigue afrontando situaciones de un control cada vez más restrictivo.
El Papa Francisco, a la pregunta de un periodista el 19 de agosto de 2014, en el momento en el que por primera vez un Romano Pontífice pudo sobrevolar el espacio aéreo del territorio de la República Popular de China, contestaba diciendo: «Nosotros respetamos al pueblo chino; solamente la Iglesia pide libertad para su misión, para su trabajo, ninguna otra condición». Y continuó citando el documento de Benedicto XVI: «Esta carta hoy es actual. […] Es siempre la Santa Sede quien se abre a los contactos: siempre, porque tiene una verdadera estima por el pueblo chino».
Este deseo de diálogo con las autoridades chinas sigue siendo una de las actitudes fundamentales por parte de la Santa Sede para dotar a la Iglesia en China de los cauces de libertad y comunión que le permitan llevar a cabo su labor evangelizadora como en otras partes del mundo. Un diálogo que viene expresado en el respeto mutuo pero que no puede cuestionar temas fundamentales que afecten a la naturaleza misma de la Iglesia y a su misión. Por ello el camino que recorrer todavía parece largo pues son numerosos los desafíos que afectan tanto a las autoridades del Gobierno chino como a la misma Iglesia.
En su carta el Papa Benedicto XVI fijó el 24 de mayo como Jornada de Oración por la Iglesia en China, una iniciativa que nos debe animar a todos a seguir rezando por este noble pueblo, por sus gobernantes y por la Iglesia en esta gran nación.
Esteban M. Aranaz

«La Amoris laetitia ha ampliado la superficie de contacto con la realidad»


«Ni los unos son unos heterodoxos ni los otros unos ultramontanos». Los disensos en torno a la renovación de la pastoral familiar impulsada por el Papa se han exagerado, pero «nos ha faltado sentarnos unos con otros y ver que el de enfrente no tiene cuernos», afirma el jesuita Pablo Guerrero, uno de los mayores expertos en pastoral familiar
«La exhortación apostólica Amoris laetitia supone un giro en el paradigma de la pastoral de familia». Este es el punto de partida del nuevo máster de Pastoral de la Familia. Su director, Pablo Guerrero (Gijón, 1963), acaba de ser nombrado coordinador del Área Familia para la Compañía de Jesús en España.
¿De verdad es tan grande el cambio con la Amoris laetitia?
Sí, e incluso diría que el Papa ha querido empezar la conversión pastoral de la Iglesia por la familia. La hoja de ruta la trazó en la Evangelii gaudium, que es la Iglesia en salida, la Iglesia que va a los problemas reales de la gente y que, antes de hablar, sabe escuchar. Esto lo ha aplicado a la pastoral familiar. A veces tenemos respuestas muy buenas para preguntas que no se hace la gente. El Papa rompe con eso, va a las situaciones concretas sin miedo a asumir riesgos, porque prefiere una Iglesia manchada de barro que otra toda limpita por no salir de la sacristía. Se trata, en definitiva, de ampliar la superficie de contacto de con la realidad.
¿Eso es la «conversión pastoral»?
Lo primero es mirar la familia y quererla, apreciar el milagro que significa, porque a veces hemos pecado de discursos apocalípticos. ¿Qué dice el Papa? Vamos a ver qué está funcionando y vamos a empoderar a las familias, que sean no solo objeto de la pastoral, sino también sujeto de evangelización. Eso está en la tradición de la Iglesia. Lo nuevo son los modos de ofrecer esta riqueza con un lenguaje actual y teniendo en cuenta la realidad sociológica de nuestro tiempo.
¿Algún ejemplo?
Las parejas de hecho. No responden al 100 % de lo que creemos los cristianos, ¿pero eso significa que no hay nada valioso en ellas? Ese es uno de los planteamientos del Papa que algunos no han querido entender. Yo no sé tú, pero yo tampoco llego en mi vida al 100 % del ideal evangélico. Y lo que la nueva pastoral familiar nos dice es que hay que mirar con ternura a esas familias. Pero ojo: la Amoris laetitia es mucho más que la familia en dificultad. El Papa nos está recordando que el marido y la mujer son correa privilegiada del amor de Dios y que en ellos se transparenta cómo Cristo ama a su Iglesia. Por eso cuando escuchas que Francisco no valora el matrimonio… ¡Por Dios!
Lo que sí ha criticado y mucho es la preparación que se ofrece para el sacramento del matrimonio.
No tiene sentido. Para la Primera Comunión tenemos a los niños dos o tres años en catequesis; para Confirmación, uno o dos años; para ser sacerdote, ni te cuento… Y con el matrimonio en algunas diócesis lo único que se pide es un curso de cuatro horas. Tenemos que administrar este sacramento con más responsabilidad. Y no quedarnos solo en esto. El Papa está dejando entrever una pastoral familiar a varias velocidades, con itinerarios diferentes para las parejas. A todas habrá que darles una formación suficiente y una ayuda, pero podemos ofrecer itinerarios prolongados, no obligatorios, por ejemplo a las parejas que quieren vivir su noviazgo con profundidad cristiana. Y luego, a los matrimonios jóvenes tenemos que acompañarlos. Y ver de qué manera podemos adaptar las parroquias a las necesidades de las familias con hijos pequeños, porque muchas veces hacemos ofertas que las excluyen, y así tenemos a parejas cristianas comprometidas que se quedan fuera durante 10 o 15 años, mientras sus hijos son pequeños. Como mucho, pueden ir a Misa los domingos, y depende de dónde, porque a veces el cura les mira mal si hacen ruido.
¿Qué papel juegan en este esquema los Centros de Orientación Familiar diocesanos y la ayuda a parejas en situaciones de crisis?
Esto en el fondo es un problema económico. No es lo mismo una diócesis como Madrid que otra pequeña. Las posibilidades de contar con profesionales en el ámbito de la asesoría, de la terapia, del derecho… no tienen nada que ver. Claro que recursos nunca sobran. Yo, cuando hago terapia de pareja, en la primera sesión les pregunto si están dispuestos a trabajar por salvar su matrimonio o si acuden simplemente a ver si les puedo ayudar a divorciarse amistosamente. Si es lo segundo, les digo que hay muchos psicólogos a los que pueden acudir. Porque en esto hay que poner toda la carne en el asador. Si al final el proceso termina en ruptura, no será porque no hayamos intentado evitarlo.
La Amoris laetitia plantea también la pastoral familiar como un medio para llegar a personas que se han alejado de la Iglesia. ¿De verdad ocurre esto en la práctica?
No son multitudes, pero sí estamos asistiendo a un movimiento de regreso a la fe significativo. Se trata sobre todo de personas que, por lo que sea, abandonaron, no la fe, pero sí la práctica religiosa. Y ahora piden para sus hijos catequesis o un colegio concertado religioso y deciden por coherencia que van a empezar a participar en determinadas actividades. En este sentido, creo que debemos de tomar más conciencia de la importancia de dos instituciones que son clave en la pastoral familiar: la parroquia y la escuela. Yo soy un enamorado, por ejemplo, de la catequesis familiar durante la preparación para la Comunión; es un método que permite verdaderamente incidir en una familia e ir incorporándola a la parroquia. Y con los colegios, resulta que tenemos una escuela concertada que abarca todo el espectro económico e ideológico. Ahí tenemos un potencial enorme.
¿Qué resorte habría que accionar para poner en marcha de manera definitiva la renovación que pide Amoris laetitia?
Coordinarnos mucho mejor y meter aquí lo mejor que tengamos, priorizar la pastoral familiar con medios humanos y materiales, mejorar la formación de sacerdotes y laicos, poner en común las buenas prácticas…
¿Es posible esa renovación cuando estamos viendo tan fuertes debates en torno a la pastoral familiar?
Yo estoy convencido de que sí. Tenemos muchísimas más cosas en común. A veces es cuestión de acentos. O de que, como no nos rozamos mucho, desconfiamos unos de otros. Que hay sensibilidades diferentes es evidente en ámbitos como la comunión a los divorciados, la paternidad responsable, la reconciliación y la mediación… Pero también creo que hay mucho ruido sin consistencia. Y ves que algunas de las críticas al Papa son desleales. Se le está haciendo decir lo que no dice, y esto es tremendo. Pero sigo pensando que hay un mínimo común múltiplo suficientemente amplio. Falta sentarnos unos con otros y ver que el de enfrente no tiene cuernos, que los unos no son unos heterodoxos y los otros unos ultramontanos. Cada uno tenemos nuestra tradición y nuestra espiritualidad, nuestras circunstancias y nuestra manera de mirar la realidad. Lo de juzgar se lo tenemos que dejar a Dios, que ya nos dice Mateo 25 cuáles son sus criterios: «tuve hambre y me diste de comer…».
La misericordia…
Las dos grandes palabras que está dando el Papa a la Iglesia en este momento son misericordia y discernimiento. Misericordia es descubrir cómo es Dios, y discernimiento es preguntarte qué quiere en tu vida. Ante el hombre que acaban de apalear, podemos dar un rodeo o podemos pararnos, montarlo en nuestra cabalgadura y llevarlo a un hospital. En esto soy optimista. Se van viendo reacciones como la de los obispos de la región de Buenos Aires, los de Malta, los belgas, los alemanes…
Los obispos de Polonia se han pronunciado en una línea distinta a todas estas.
Hay que leer lo que dicen. Yo entiendo que en un titular no cabe todo el documento, pero a veces se transmite una idea muy parcial. Lo que es evidente es que los pastores están incardinados en su realidad. Es diferente la católica Polonia que Alemania, que lleva siglos en diálogo entre luteranos y católicos. Pero volviendo al tema de las diferencias: siempre ha habido unos de Apolo y otros de Cefas; lo que ocurre es que ahora se deja lugar al disenso. Hay gente que no entiende cómo el Papa no es más severo con algunas críticas. Pero si no responde es porque es cristiano. Y porque es padre. Y porque es humilde.
Se habla ahora de que prepara una reforma del Pontificio Instituto Juan Pablo II para la Familia.
Por lo que he leído la idea es incardinarlo en una universidad. Esto es positivo, porque hoy no podemos hacer pastoral familiar sin contar con las ciencias humanas, prescindiendo de la psicología o de la sociología. La interdisciplinaridad es cada vez más necesaria. De nuevo aquí se trataría ampliar la superficie de contacto con la realidad.
Ricardo Benjumea
Alfa y Omega

15 de julio: san Buenaventura, obispo y doctor de la Iglesia


Se llamaba Juan Fidanza, nació en la aldea toscana de Bagnoreggio, cerca de Viterbo, en Italia. Se puso de pequeño tan malo que su madre –como tantas– lo puso bajo la protección del santo de Asís para que lo librara. Precisamente iba a ser el franciscanismo el modo de vida que eligiera en la primera juventud y la causa de que cambiara el nombre de Juan por Buenaventura.
En la universidad de París se le vio como estudiante y diez años como Maestro. Cuando fray Buenaventura llegó a París en 1235, para completar sus estudios bajo las enseñanzas de Alejandro de Hales, aquel emporio del saber pasaba una racha de enormes tensiones entre teólogos rivales que discutían apasionadamente sobre Aristóletes y Averroes; no era infrecuente pasar del arte de la dialéctica, a las apasionadas discusiones, y de ahí se saltaba al terreno de las calumnias, y hasta el de la violencia física. En medio de tal algarabía nada ejemplar se encontraban los frailes. La humildad aprendida del Poverello sirvió de freno al de Bagnoreggio para lograr la serenidad y equilibrio que hizo exclamar al maestro de Hales: «Conociéndole, se diría que Adán no pecó», para expresar el dominio patente de las pasiones que demostraba Buenaventura. En París trabajó para integrar la visión aristotélica en la tradición de san Agustín, aceptando gran parte de la filosofía científica de Aristóteles, pero rechazando cuanto conocía de su metafísica por insuficiente, ya que, según Buenaventura, al filósofo no le guiaba la luz de la fe cristiana. La doctrina de la iluminación del alma por Dios –una forma de identificar la verdad o falsedad del juicio– la tomó de las doctrinas de san Agustín. Dejó rastro en la universidad luchando por unir la verdad con la caridad, porque, si no fuera así, la ciencia teológica no pasaría de ser un burdo remedo de la verdadera ciencia de Dios, sin Dios.
Lo eligieron general de la Orden franciscana cuando solo tenía treinta y seis años, el 2 de febrero de 1257. Las funciones de gobierno le hicieron viajar por Francia, Italia, Alemania y España para celebrar capítulos generales y provinciales y atender a las necesidades de los franciscanos que no eran pocas en ese momento, por encontrarse la Orden abismalmente dividida. Puso empeño en quedar precisos y determinados los puntos en los que hacía falta buscar el punto medio entre dos peligrosos extremos en materias tan importantes como el cultivo de la ciencia teológica en nada opuesto a la virtud, y entre la observancia rigorista y el pernicioso relajo. Estructuró a la Orden de forma tan sobrenatural y firmemente entroncada con el espíritu fundacional que alguien llegó a decir de él que fue como el segundo fundador de los franciscanos.
Un todo terreno para la predicación. Sin renunciar a la inteligencia y al saber, insistió siempre en que «cualquier mujeruca ignorante puede amar y conocer mejor a Dios que un sabio teólogo». Llevó la palabra de Dios a la gente sencilla, a sus frailes, a ellas y ellos en los monasterios, a obispos y reyes, haciendo inteligible el mensaje de Dios, según el medio en que se situaba.
Los Papas le consultaron asuntos trascendentales para el gobierno de la Iglesia.
Gregorio X lo consagró personalmente obispo de Albano y luego lo nombró cardenal.
Intervino como legado en el II Concilio de Lyon convocado para solventar el cisma con la Iglesia oriental y conseguir la unión de los griegos con Roma.
Dejó su obra científica en el campo de la teología y de la mística. Comentarios a la Sagrada Escritura como BreviloquiumComentario el libro de las Sentencias de Pedro Lombardo, numerosos sermones y pequeños tratados místicos como Itinerario del alma a Dios y la versión oficial de la Vida de san Francisco de Asís. En sus escritos está presente un profundo cristocentrismo y una devoción y afecto a la Virgen María escritos con fina claridad, exactitud y precisión, apreciándose en muchas ocasiones no la fría inteligencia, sino el sabor añadido de la ciencia divina vivida en la experiencia personal de los fenómenos tratados y expuestos.
Sus biógrafos resaltan entre las virtudes apreciadas la humildad, la pobreza, la mortificación y la bendita paciencia.
Murió el 15 de julio de 1274, en Lyon.
Lo canonizó el Papa Sixto IV en 1482; Sixto V lo nombró doctor de la Iglesia con el título de «Doctor Seráfico».
Se refiere como anécdota reveladora de su sencillez, que, cuando le fueron a transmitir con júbilo la noticia de su elevación al cardenalato y le llevaban el palio de cardenal, lo encontraron metido en la cocina, lavando los platos empleados en el día; para no tocar el atributo cardenalicio con las manos húmedas y grasientas, pidió el favor a los ilustres que le llevaban el encargo del papa de que se lo dejaran colgado en la rama de un árbol próximo, mientras comentaba: «ahora, eso será más duro».
Archimadrid.org

Un nuevo estudio de la Sabana Santa descarta que se trate de un lienzo medieval



Dos institutos de investigación italianos avalan que las manchas pertenecen a una persona que sufrió «un polilitraumatisco severo, como la tortura»
La Sábana Santa, el trozo de lino que según la tradición envolvió el cadáver de Cristo después de la crucifixión, no pudo ser una pintura medieval, pues las manchas halladas en el tejido son sangre humana real.
Son las conclusiones de un nuevo estudio realizado sobre el Lienzo, por dos institutos de investigación italianos: el Istituto Officina dei Materiali (IOM-CNR) de Trieste y el Istituto di Cristallografia (IC-CNR) de Bari, junto al Departamento de Ingeniería Industrial de la Universidad de Padua.
El artículo, que ha estudiado las partículas del Lienzo mediante estudios de resolución atómica, muestran, según Elvio Carlino, director de la investigación, que «la fibra de lino está llena de creatinina, de dimensiones entre 20 e 90nm (un nanometro equivale a una millonésima de milímetro), ligada a pequeñas partículas de hidrato de hierro de dimensiones entre 2nm y 6nm, típicas de la ferritina».
Según el profesor Giulio Fanti, dela Universidad de Padua, las partículas observadas, «por dimensión, tipo y distribución, no pueden ser una obra realizada siglos después en el tejido de la Sábana Santa».

Al contrario, según las investigaciones, el tejido realmente entró en contacto con la sangre de un hombre muerto que había sufrido múltiples heridas graves. Según Fanti, «la amplia presencia de partículas de creatinina unidas a partículas de ferrihidrita no es una situación típica de suero sanguíneo de un organismo humano sano».
«De hecho – añade– un alto nivel de creatinina y ferritina se relaciona con pacientes que padecen un politraumatismo severo, como la tortura. De ahí que la presencia de estas nanopartículas biológicas halladas durante nuestros experimentos señale a una muerte violenta para el hombre envuelto en el sudario de Turín».
El artículo que detalla los hallazgos y las medidas en el descubrimiento se publicó en la revista científica estadounidense PlosOne, con el título New Biological Evidence from Atomic Resolution Studies on the Turin Shroud [Nueva evidencia biológica a partir de estudios de resolución atómica sobre el sudario de Turín].
Este estudio confirma lo que otros estudios habían ya descubierto hace décadas: dos estudios, llevados a cabo paralelamente en 1978 por Baima Bollone en Italia y Heller y Adler en EE.UU. demostraron la presencia de bilirrubina en las huellas de la Síndone.
Aleteia / Vatican Insider

No tengáis miedo a los que matan el cuerpo


Lectura del santo Evangelio según san Mateo 10, 24-33

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles:
«Un discípulo no es más que su maestro, ni un esclavo más que su amo; ya le basta al discípulo con ser como su maestro, y al esclavo como su amo. Si al dueño de la casa lo han llamado Belzebú, ¡cuánto más a los criados!
No les tengáis miedo, porque nada hay cubierto que no llegue a descubrirse; nada hay escondido que no llegue a saberse.en
Lo que os digo de noche decidlo en pleno día, y lo que escuchéis al oído, pregonadlo desde la azotea.
No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No; temed al que puede llevar a la perdición alma y cuerpo. en la “gehenna”. ¿No se venden un par de gorriones por unos céntimo? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. Por eso, no tengáis miedo; valéis más vosotros que muchos gorriones.
A quien se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre que está en los cielos».
Palabra del Señor.

Mensaje del Papa al Congreso Internacional «Laudato si’ y Grandes Ciudades»

El Papa Francisco envió un Mensaje al Card. Lluís Martínez Sistach, Arzobispo emérito de Barcelona, con motivo del Congreso Internacional «Laudato si’ y Grandes Ciudades».  Evento celebrado en Río de Janeiro - del 13 al 15 de julio – con especial atención a tres temas como el agua potable, la contaminación ambiental y calidad del aire y los residuos.
Reiterando lo que escribió en su Carta encíclica sobre el cuidado de la casa común, refiriéndose a varias necesidades físicas que tiene el hombre de hoy en las grandes ciudades y que necesitan ser afrontadas con respeto, responsabilidad y relación», el Papa hace hincapié en que son tres «R» que ayudan a interactuar de forma conjunta ante los imperativos más esenciales de nuestra convivencia».
En la primera «R», el Papa señala que «el respeto es la actitud fundamental que el hombre ha de tener con la creación. Ésta la hemos recibido como un don precioso y debemos esforzarnos para que las generaciones futuras puedan seguir admirándola y disfrutándola. Este cuidado debemos enseñarlo y transmitirlo».
En lo que respecta a la importancia del agua, elemento que es también indispensable para la vida el Obispo de Roma recuerda que es «un derecho fundamental, que toda sociedad debe garantizar (cf. Laudato si’, 30). Cuando no se le presta la atención que merece se transforma en fuente de enfermedades y su escasez pone en peligro la vida de millones de personas. Es un deber de todos crear en la sociedad una conciencia de respeto por nuestro entorno; esto nos beneficia a nosotros y a las generaciones futuras».
En la segunda «R», recordando que «la responsabilidad ante la creación es el modo con el que debemos interactuar con ella y constituye una de nuestras tareas primordiales», el Papa advierte que «no podemos quedarnos con los brazos cruzados, cuando advertimos una grave disminución de la calidad del aire o el aumento de la producción de residuos que no son adecuadamente tratados». Y destaca que «cada territorio y gobierno debería incentivar modos de actuar responsables en sus ciudadanos para que, con inventiva, puedan interactuar y favorecer la creación de una casa más habitable y más saludable. Poniendo cada uno lo poco que le corresponde en su responsabilidad, se estará logrando mucho».  
En la tercera «R», el Santo Padre reflexiona sobre la creciente falta de relación que se observa en las grandes ciudades y en las zonas rurales, y pone en guardia contra «la falta de raíces y el aislamiento de algunas personas, que son formas de pobreza, que pueden degenerar en guetos y originar violencia e injusticia».
Por lo que «es importante que la sociedad trabaje conjuntamente en ámbito político, educativo y religioso para crear relaciones humanas más cálidas, que rompan los muros que aíslan y marginan. Esto se puede lograr a través de agrupaciones, escuelas, parroquias, etc., que sean capaces de construir con su presencia una red de comunión y de pertenencia, para favorecer una mejor convivencia y lograr superar tantas dificultades. De esta manera, «cualquier lugar deja de ser un infierno y se convierte en el contexto de una vida digna» (Laudato si’, 149)».
Encomendando «a la intercesión de la Virgen Santa, Reina de cielo y tierra, estas jornadas de estudio y de reflexión», el Papa desea que «su consejo y guía oriente sus decisiones en favor de una ecología integral que proteja nuestra casa común y construya una civilización cada vez más humana y solidaria».
(CdM – RV)