viernes, 30 de enero de 2015

"Avergoncémonos de todo lo que pueda tener incluso apariencia de dominio". San Juan Bosco

Miremos como a hijos a aquellos sobre los cuales debemos ejercer alguna autoridad. Pongámonos a su servicio, a imitación de Jesús, el cual vino para obedecer y no para mandar, y avergoncémonos de todo lo que pueda tener incluso apariencia de dominio; si algún dominio ejercemos sobre ellos, ha de ser para servirlos mejor.


Este era el modo de obrar de Jesús con los apóstoles, ya que era paciente con ellos, a pesar de que eran ignorantes y rudos, e incluso poco fieles; también con los pecadores se comportaba con benignidad y con una amigable familiaridad, de tal modo que era motivo de admiración para unos, de escándalo para otros, pero también ocasión de que muchos concibieran la esperanza de alcanzar el perdón de Dios. Por esto, nos mandó que fuésemos mansos y humildes de corazón.



Son hijos nuestros, y, por esto, cuando corrijamos sus errores, hemos de deponer toda ira o, por lo menos, dominarla de tal manera como si la hubiéramos extinguido totalmente.
Mantengamos sereno nuestro espíritu, evitemos el desprecio en la mirada, las palabras hirientes; tengamos comprensión en el presente y esperanza en el futuro, como conviene a unos padres de verdad, que se preocupan sinceramente de la corrección y enmienda de sus hijos.



En los casos más graves, es mejor rogar a Dios con humildad que arrojar un torrente de palabras, ya que éstas ofenden a los que las escuchan, sin que sirvan de provecho alguno a los culpables.

La memoria y la esperanza son los parámetros del cristiano dijo el Papa

 Un cristiano siempre debe custodiar en sí la “memoria” de su primer encuentro con Cristo y la “esperanza” en Él, que lo impulsa a ir adelante en la vida con el “coraje” de la fe. Lo afirmó el Papa Francisco en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta.

No ama verdaderamente quien no recuerda “los días del primer amor”. Y un cristiano sin memoria de su primer encuentro con Jesús es una persona vacía, espiritualmente inerte, come sólo saben ser los “tibios”.

Cristianos tibios, un fracaso.

La frase inicial de la Carta a los Hebreos, en la que el autor invita a llamar “a la memoria aquellos primeros días”, aquellos en los que han recibido – dice – “la luz de Cristo”, orientó la reflexión del Papa Francisco. En especial “el día del encuentro con Jesús” – observó el Pontífice – jamás debe olvidarse porque es el día de “una alegría grande”, de “unas ganas de hacer cosas grandes”. Y junto a la memoria –  pidió –  jamás perder el “coraje de los primeros tiempos” y el “entusiasmo”, la “franqueza” que nacen del recuerdo del primer amor:

“La memoria es muy importante para recordar la gracia recibida, porque si nosotros perdemos este entusiasmo que viene de la memoria del primer amor, este entusiasmo que viene del primer amor, llega ese peligro tan grande para los cristianos: la tibieza. Los cristianos ‘tibios’, ¡eh! Pero están allí, detenidos, y sí, son cristianos, pero han perdido la memoria del primer amor. Y sí, han perdido el entusiasmo. También han perdido la paciencia, ese ‘tolerar’ las cosas de la vida con el espíritu del amor de Jesús; ese ‘tolerar’, ese ‘cargar sobre los hombros’ las dificultades… Los cristianos tibios, pobrecitos, son un grave peligro”.

Atención al mal que llama

Al pensar en los cristianos tibios, el Papa Bergoglio refiere dos imágenes tan incisivas cuanto desagradables. La evocada por Pedro, del “perro que vuelve a su vómito”, y la otra de Jesús, para quien hay personas que al decidir seguir el Evangelio sí han echado de ellas al demonio, pero cuando éste vuelve con fuerza le abren la puerta sin estar en guardia y así el demonio “toma posesión de aquella casa” inicialmente limpia y bella. Que es como decir, volver al “vómito” de aquel mal en un primer tiempo rechazado. Viceversa, afirmó Francisco:
“El cristiano tiene estos dos parámetros: la memoria y la esperanza. Llamar a la memoria para no perder aquella experiencia tan bella del primer amor, que alimenta la esperanza. Tantas veces la esperanza es oscura, pero va adelante. Cree, va, porque sabe que la esperanza no decepciona, para encontrar a Jesús. Estos dos parámetros son precisamente el marco en el que podemos custodiar esta salvación de los justos que viene del Señor”.

Memoria y esperanza es igual a fe

Una salvación –  afirmó el Papa citando un pasaje del Evangelio –  que debe ser protegida “para que la pequeña semilla de mostaza crezca y dé su fruto”:
“Causan pena, hacen mal al corazón tantos cristianos – ¡tantos cristianos! – a mitad de camino, tantos cristianos fracasados en este camino hacia el encuentro con Jesús, partiendo del encuentro con Jesús. Este camino en el que han perdido la memoria del primer amor y no tienen esperanza”.
“Pidamos al Señor –  fue la oración conclusiva del Santo Padre en esta homilía –  la gracia de custodiar el regalo, el don de la salvación”.

(María Fernanda Bernasconi - RV).