sábado, 24 de septiembre de 2016

24 de septiembre: Nuestra Señora de la Merced


Alfonso el Sabio, en plena Edad Media, ya empleaba el término merced relacionándolo con la redención de los cautivos: «sacar a los omes de captivo es cosa que place mucho a Dios, porque es obra de merced». Así empleaba el término para expresar misericordia, gracia, caridad o limosna. Indudablemente, para él, los cautivos son «aquellos que caen en prisión de omes de otra religión».
Santa María de la Merced fue el nombre mediterráneo de la Virgen en el siglo XIII. Siglos de lucha y de fe. Son aguas infectadas de turcos y sarracenos que abordan barcos en el mar; cuando pisan las costas dejan a su paso ruina y destrucción. El viejo abuso de la sociedad que se llama esclavitud era el pan de cada día. Fruto de luchas religiosas. Pedro Nolasco no podía sufrir este mal social. Pedía a la Virgen el remedio corporal y espiritual para los pobres desgraciados cautivos. Más, vendió sus bienes y, como mercader, se propuso tratar la compra y rescate de los cautivos.
La fundación de la Merced es uno de los acontecimientos religiosos más notables acaecidos durante el reinado de Jaime I rey de Aragón, protagonista de la incorporación a sus dominios de Mallorca y del reino de Valencia. La fecha de fundación fue objeto de largas controversias; pero hay que situarla alrededor de 1212. Según la tradición, en la noche del 2 de agosto de 1218, la Virgen se apareció a Pedro Nolasco, nativo del sur de Francia, a Ramón (Raimundo) de Penyafort y al rey Jaime I para manifestarle su voluntad consistente en fundar una orden religiosa que tuviera como fin la imitación de Jesús con la redención de los cristianos cautivos de los infieles, dándose si fuera necesario a cambio. Fue el 10 de agosto de 1218, en Barcelona, en la catedral y en el altar de santa Eulalia, cuando el obispo Berenguer vistió el hábito blanco, con las armas reales bajo la cruz en el pecho, a Pedro Nolasco y a otros jóvenes fundándose la orden de la Merced. El rey la protegió largamente, ha sido venerado siempre como patrono y fundador, le concedió privilegios y en los últimos años de su vida se los confirmó.
Su organización era muy parecida a la de las órdenes militares y, hasta 1312, sus maestros generales eran caballeros laicos. En 1235, el Papa Gregorio IX, a instancias de Ramón de Penyafort, les autorizó a constituirse en orden religiosa. Adoptaron la regla de san Agustín. Pronto se le une una caterva de jóvenes llenos de fe dispuestos a secundarle.
Rápidamente se fundaron conventos en Barcelona, Mallorca, Santa María del Puig, Valencia, etc. La orden tuvo amplia difusión en la Cristiandad por su función religiosa, humanitaria y social.
En torno a la redención de los cautivos, hay en el mercedario primacía de lo espiritual y una intensa predicación de Cristo entre los infieles.
Es preciso recabar fondos para conseguir la libertad. Y eso se hace con una intensa predicación de la caridad en nombre de la Virgen de la Merced. Se habla a nobles y sencillos; hay un pulular de mercedarios por los templos, los castillos, las calles y los campos pidiendo limosna para ayudar a otros. Es preciso motivar a la gente con el fin de que, por Dios, piensen en los demás. Lo que hace creíble a la Iglesia de todos los tiempos es la caridad.
Luego viene la oferta y la demanda en tierra de moros para liberar cautivos. Fez, Argel, Tetuán y otros puntos son el terreno propio de la transacción. Se busca a los cautivos principalmente en las cárceles y desde allí se tocan las almas de los que se tienen a sí mismos como perdidos para la fe, otros están flacos, en muchos casos se previene la apostasía y se combate el error del Corán, manteniendo una presencia de la Iglesia allí donde hay tanto sufrimiento.
Y, si llega el triste momento de que peligrara la fe, el mercedario sustituye al cautivo como lo atestigua el número de los mártires mercedarios. Y entre tanto, la Virgen, la oración, la esperanza, el consuelo y la ilusión hasta que se rompan los grilletes de la esclavitud.
La vuelta, el regreso a los puertos españoles, franceses e italianos es triunfal y rayana en lo apoteósico. Esperan las novias o esposas, las madres y los hijos de los cautivos. Se escuchan cantos de libertad con estandarte de redención. No puede faltar la acción de gracias al Señor que lo ha hecho posible y la Procesión con la Virgen de la Merced.
Después, hace falta prestar atención médica, alimentos, descanso y disponer las cosas para que los centenares de cautivos puedan reintegrarse a su hogar. Así va corriendo de boca en boca el nombre de la Virgen de la Merced por los caminos y posadas, y se le nombra en los puertos y ciudades y se celebra su mediación en las iglesias y en las casas. Lo cantan los poetas. Gratitud y alabanza.
Venerada públicamente la Virgen de la Merced ya desde el 1230.
La Cofradía de la Merced colabora con los misioneros mercedarios.
Y las primeras mercedarias aparecen en 1265 con María de Cervellón.
Conocer, amar y servir a Santa María está en la médula de vivir mercedario. ¡Qué bien nos vendría hoy una actividad apostólica mercedaria intensa que ayudara a librar tanto cautivo de las nuevas esclavitudes!
Archimadrid.org

Tras el asesinato de otros dos en Veracruz. Un sacerdote, secuestrado en Michoacán


El secretario general de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), monseñorAlfonso Miranda Guardiola, ha anunciado la desaparición de un sacerdote en el estado de Michoacán, información que se conoce tan solo cuatro días después de que aparecieran los cuerpos de otros dos sacerdotes previamente secuestrados en el estado de Veracruz.
A través de su cuenta oficial de la red social Twitter, Miranda ha pedido unirse "en oración" para "recuperar con vida al padreJosé Alfredo López Guillén, que ha sido secuestrado en Michoacán".
Por su parte, el cardenal de la ciudad de Morelia (Michoacán), Alberto Suárez Inda, se ha sumado a la petición de Miranda por la recuperación con vida del párroco y ha pedido que se respete "su integridad" y "su vida" y que "pueda volver pronto al ejercicio de su ministerio".
En un vídeo publicado en el canal de YouTube de la Arquidiócesis de Morelia, Suárez Inda ha señalado que "después de compartir la pena grande por el asesinato de dos sacerdotes jóvenes en la diócesis de Papantla, en Veracruz", ahora Morelia sufre "en carne propia" la "angustia" por el secuestro de uno de sus sacerdotes.
López Guillén, párroco de la comunidad de Janamuato, en Michoacán, fue sustraído de la casa parroquial, tal y como ha explicado el cardenal, después de haber robado varios objetos y su automóvil.
"Nuestra comunidad sufre la angustia de cualquiera de nuestros fieles, y en este caso se trata de un hombre bueno, dedicado a hacer el bien y pacífico", ha señalado Suárez Inda, antes de indicar que "no se justifica de ninguna manera esta barbaridad".
La desaparición de López Guillén se conoce tan solo unos días después de que se localizaran los cadáveres de dos sacerdotes en el municipio de Poza Rica de Hidalgo (Veracruz), identificados como Alejo Nabor Jiménez y José Alfredo Suárez, que habían sido secuestrados junto a un chófer de la iglesia de Nuestra Señora de Fátima.
Los cuerpos de Jiménez y Suárez fueron encontrados maniatados y con heridas de bala en varias partes del cuerpo. El conductor logró escapar y se encuentra bajo protección de las autoridades.
A su vez, este suceso tuvo lugar un día después de que el ejército pusiera en marcha un operativo especial para hacer frente al incremento de la violencia en la región. (RD/EP)

COMENTARIO DEL PAPA FRANCISCO SOBRE EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS (9,43b-45)




En el tiempo del relato del evangelista «Jesús estaba ocupado en muchas actividades y todos estaban admirados por todas las cosas que hacía. Era el líder de ese momento. Toda Judea, Galilea y Samaría hablaba de Él. Y Jesús, tal vez en el momento en el que los discípulos se alegraban de ello, les dijo: Tengan bien presente en la mente estas palabras: el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres». 

En el momento del triunfo, Jesús anuncia su Pasión. Los discípulos, sin embargo, estaban tan absorbidos por el clima de fiesta «que no comprendieron estas palabras; seguían siendo para ellos tan misteriosas que no captaban el sentido». Y «no pidieron explicaciones. El Evangelio dice: tenían miedo de interrogarle sobre esto». Mejor no hablar de ello. Mejor «no comprender la verdad». Tenían miedo a la cruz.

En verdad, también Jesús le tenía miedo; pero «Él no podía engañarse. Él sabía. Y era tanto el miedo que esa tarde del jueves santo sudó sangre». Incluso le pidió a Dios: «Padre aleja de mí este cáliz»; pero también dijo: «Que se cumpla tu voluntad. Y esta es la diferencia». 

Esto es también lo que sucede cuando nos comprometemos en el testimonio del Evangelio, en el seguimiento de Jesús. «Estamos todos contentos», pero no nos preguntamos más, no hablamos de la cruz. Sin embargo, como existe la «regla que el discípulo no es más que el maestro», existe también la regla por la que «no hay redención sin derramamiento de sangre». Y «no hay trabajo apostólico fecundo sin la cruz». 

Cada uno de nosotros «puede tal vez pensar: ¿a mí qué me sucederá? ¿Cómo será mi cruz? No lo sabemos, pero estará y debemos pedir la gracia de no huir de la cruz cuando llegue. Cierto, nos da miedo, pero el seguimiento de Jesús lleva precisamente allí. Me vienen a la mente las palabras de Jesús a Pedro en aquella coronación pontificia: «¿Me amas? Apacienta.... ¿Me amas? Apacienta... ¿Me amas? Apacienta ». (cf. Juan 21, 15-19). Y «las últimas palabras eran las mismas: te llevarán allí donde tú no quieres ir. Era el anuncio de la cruz». Es precisamente por esto que los discípulos tenían miedo a interrogarle. 

«Muy cerca de Jesús en la cruz, estaba su madre. Tal vez hoy sea bueno pedirle la gracia de que no se nos quite el temor, porque eso debe estar presente. Pidámosle la gracia de no huir de la cruz. Ella estaba allí y sabe cómo se debe estar cerca de la cruz». 

(Papa Francisco, homilía en santa Marta del 28 de septiembre de 2013)

JESÚS SE ENTREGA POR NOSOTROS




Lectura del santo evangelio según san Lucas (9,43b-45):

Mientras todos se admiraban por las cosas que hacía, Jesús dijo a sus discípulos:

«Escuchen bien esto que les digo: El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres».

Pero ellos no entendían estas palabras: su sentido les estaba velado de manera que no podían comprenderlas, y temían interrogar a Jesús acerca de esto.