miércoles, 30 de abril de 2014

«LA IGLESIA ESTÁ FUNDADA SOBRE LA PIEDRA QUE CONFESÓ PEDRO»



De los tratados de san Agustín, obispo, sobre el evangelio de san Juan

Cristo dijo al apóstol Pedro: «Te daré las llaves del reino de los cielos, lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo», Pedro en aquel momento representaba a toda la Iglesia, que en este mundo es azotada por diversas tentaciones, como si fuesen lluvias, ríos, tempestades, pero que no cae, porque está fundamentada sobre la piedra, término de donde le viene el nombre a Pedro.

Y el Señor dice: Sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, porque Pedro había dicho: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo. «Sobre esta piedra que tú has confesado edificaré mi Iglesia.» Porque la piedra era Cristo, él es el cimiento sobre el cual el mismo Pedro ha sido edificado, pues nadie puede poner otro cimiento fuera del ya puesto, que es Jesucristo.

La Iglesia, que está fundamentada en Cristo, ha recibido en la persona de Pedro las llaves del reino de los cielos, es decir, el poder de perdonar y retener los pecados. La Iglesia, amando y siguiendo a Cristo, se libra de los males. Pero a Cristo le siguen más de cerca aquellos que luchan por la verdad hasta la muerte.
Fuente: News.va

Las llamadas del Papa Francisco para apaciguar al rebaño

Viñeta de Emilio Giannelli para Corriere della Sera

El Papa Francisco continúa demostrando que por encima de todo es un pastor de la Iglesia que vive preocupado por su rebaño y que procura apaciguarlo con amor y perdón, sin importar el pecado ni la posición del fiel dentro la estructura eclesial o fuera. Es un Papa que se deja ver y oir, no solo por televisión o a lo lejos, sino que sale al encuentro del que sufre porque él es misionero.
Su medio más habitual es el teléfono, lo descuelga y llama. Llama para aliviar el dolor, para dar amor, para sembrar misericordia, para no perder su infinita conexión con el mundo real.

Esto es lo que Jaqueline Lisbona, argentina de 47 años de edad, asegura que le sucedió el Lunes de Pascua. El Papa llamaba en respuesta a una carta que ella le había enviado expresando el profundo dolor que le causaba no poder recibir la comunión por estar casada con un hombre divorciado. Y lo que ahora también afirma el Cardenal Bertone, que tras ser el centro de un escándalo mediático recibe la llamada de Francisco. No para condenarlo sino para dar una palabra amable, para solidarizarse con el dolor que le han causado las críticas.

Francisco predica con dureza todos los días desde el púlpito en la humilde capilla de Santa Marta, donde reside con discreta austeridad. Denuncia la falta de espíritu de pobreza, la hipocresía, los cristianos de salón, los ladrones dentro de la Iglesia,… y confirma la doctrina de la Iglesia relativa a la indisolubilidad del matrimonio, señalando las claves para el éxito en el amor. Pero luego su pastoral personal es como tiene que ser: personal. Y ahí, Francisco no juzga sino que acaricia con inaudita misericordia.
Fuente: YoRezoXelPapa

Entender las cosas como las entiende Dios, es efecto del don de inteligencia que infunde en nosotros el Espíritu, explica Francisco

Los dones del Espíritu: el Entendimiento
 


Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Después de haber examinado la sabiduría, como el primero de los siete dones del Espíritu Santo, hoy quisiera centrar la atención sobre el segundo don, es decir, el entendimiento.

No se trata aquí de la inteligencia humana, de la capacidad intelectual de la cual podemos ser más o menos dotados. Es, en cambio, una gracia que sólo el Espíritu Santo puede infundir y que suscita en el cristiano la capacidad de ir más allá del aspecto externo de la realidad y escrutar las profundidades del pensamiento de Dios y de su designio de salvación.
El apóstol Pablo, dirigiéndose a la comunidad de Corinto, describe bien los efectos de este don, es decir, qué cosa hace este don del entendimiento en nosotros. Y Pablo dice esto: “lo que nadie vio ni oyó y ni siquiera pudo pensar, aquello que Dios preparó para los que lo aman. Dios nos reveló todo esto por medio del Espíritu…” (
1Cor, 2,9-10). Esto obviamente no significa que un cristiano pueda comprender cada cosa y tener un conocimiento pleno de los designios de Dios: todo esto queda en espera de manifestarse en toda su limpidez cuando nos encontraremos ante la presencia de Dios y seremos de verdad una cosa sola con Él. Pero como sugiere la palabra misma, el entendimiento permite “intus legere”, es decir, “leer dentro” y este don nos hace entender las cosas como las entendió Dios, como las entiende Dios, con la inteligencia de Dios. 

Porque uno puede entender una situación con la inteligencia humana, con prudencia, y está bien. Pero, entender una situación en profundidad como la entiende Dios es el efecto de este don. Y Jesús ha querido enviarnos el Espíritu Santo para que nosotros tengamos este don, para que todos nosotros podamos entender las cosas como Dios las entiende, con la inteligencia de Dios. Es un hermoso regalo que el Señor nos ha hecho a todos nosotros. Es el don con el cual el Espíritu Santo nos introduce en la intimidad con Dios y nos hace partícipes del designio de amor que Él tiene con nosotros.
 
Es claro, entonces, que el don del entendimiento está estrechamente relacionado con la fe. Cuando el Espíritu Santo habita en nuestro corazón e ilumina nuestra mente, nos hace crecer día a día en la comprensión de lo que el Señor ha dicho y hecho. El mismo Jesús ha dicho a sus discípulos: yo les enviaré el Espíritu Santo y él les hará entender todo lo que yo les he enseñado. Entender las enseñanzas de Jesús, entender su Palabra, entender el Evangelio, entender la Palabra de Dios. Uno puede leer el Evangelio y entender algo, pero si nosotros leemos el Evangelio con este don del Espíritu Santo, podemos entender la profundidad de las palabras de Dios. Y este es un gran don, un gran don que todos nosotros debemos pedir y pedirlo juntos: 

¡Danos Señor el don del entendimiento! 


Hay un episodio del Evangelio de Lucas, que expresa muy bien la profundidad y la fuerza de este don. Después de ser testigos de la muerte en la cruz y la sepultura de Jesús, dos de sus discípulos, decepcionados y tristes, se van de Jerusalén y vuelven a su aldea llamada Emaús. Mientras están en camino, Jesús resucitado se une a ellos y empieza a hablarles, pero sus ojos, velados por la tristeza y la desesperación, no son capaces de reconocerlo. Jesús camina con ellos, pero ellos estaban tan tristes, tan desesperados que no lo reconocen. Pero cuando el Señor les explica las Escrituras, para que entiendan que Él debía sufrir y morir para luego resucitar, sus mentes se abren y en sus corazones se reaviva la esperanza (cf. Lc 24,13-27 ). 
Y esto es lo que hace el Espíritu Santo con nosotros: nos abre la mente, nos abre para entender mejor, para entender mejor las cosas de Dios, las cosas humanas, las situaciones, todas las cosas.
¡Es importante el don del entendimiento para nuestra vida cristiana! Pidámoslo al Señor, que nos dé, que nos dé a todos nosotros este don para entender cómo entiende Él las cosas que suceden, y para entender, sobre todo, la palabra de Dios en el Evangelio. Gracias.
Traducción del italiano: Eduardo Rubió y María Cecilia Mutual