miércoles, 27 de septiembre de 2017

Monseñor Casaldáliga: "Preferiría que no hubiese independencia (en Cataluña). No es un proceso natural. No tiene sentido"


Fue sempre como un junco pequeño y delgado, pero son salud de hierro y nervios de acero. Hoy, a sus 89 años, Don Pedro Casaldáliga(Balsereny, 1928), el obispo-poeta de los marginados sigue siendo un junco, pero doblado por el Parkinson. Desde su silla de ruedas administra sus silencios y economiza sus palabras, que, de vez en cuando, siguen fluyendo como dardos proféticos: lacónicos y justos. No quiere la independencia catalana, pide a los jóvenes que pasen a la acción y asegura que Francisco es "una bendición de Dios".
Don Pedro, ¿le gusta recibir visitas?
Algunas, sí
¿Como catalán y Premio de Cataluña, qué opina del procés?
Vamos a ver qué pasa con la independencia. Preferiría que no la hubiese. Hay personas sensatas que van a enfocar la cosa de forma diferente. No es un proceso natural. No tiene sentido.
¿Conoció a Tarancón?
Sí, cuando yo era seminarista en Barbastro y él, obispo en Solsona. Fue una figura digna y con vocación de intermediario en aquel momento difícil en España.
¿De dónde le viene la esperanza y la fuerza a pesar de todo?
Contando con alguien.
¿Quién es ese alguien?
Solo podía ser Él.
¿Qué alimenta su esperanza?
La Resurrección de Cristo.
Si pudiera cambiar una sola cosa en el mundo, ¿cuál sería?
Que todo el que tenga poder se ponga en el lugar cierto: la vida.
¿Y qué cambiaría en la Iglesia católica?
Poner el poder en manos del pueblo. De lo contrario, se convierte en un problema. En la Iglesia, lo esencial es dar la vida por los demás y la dedicación evangélica a las Bienaventuranzas.
¿Tuvo problemas con la jerarquía?
Sí, los tuve.
¿Qué hizo y qué hacer en esos casos?
Continuar firmes al lado de los pobres y dar testimonio siempre.
¿Mandaría abrir los templos las 24 horas?
Sí, para que el pueblo entre, duerma, coma y rece, si quiere.
Un consejo para los jóvenes
Que sigan siendo rebeldes con esperanza, a pesar de la desesperanza. Y siempre al lado de los pobres y excluidos. Hemos estado años hablando de concienciación. Se acabó ese tiempo. Es la hora de actuar y de responder a llamadas concretas.
¿Qué le dice al Padre Ángel que vino a verlo desde Madrid?
Que siga siendo un profeta y vele por la paz, que se va viviendo y es un proceso.
¿Qué piensa del Papa Francisco?
Una bendición de Dios.
¿Es usted, como él, una bendición De Dios?
Todos somos bendiciones de Dios, si estamos a la escucha y si apostamos por el intercambio y el diálogo. Porque el problema es cómo vivir la vida diaria en medio de este mundo violento.

¿Se arrepiente de algo?
De no tener bastante actitud de diálogo.
¿De qué se siente más orgulloso?
De la mucha gente que sigue acompañándome en la caminhada y de haber entregado mi vida a  los excluidos, a los marginados, a los pequeños.
¿Sus santos preferidos?
San Francisco de Asís (cuando fue a Roma, quiso ir a Asís y a ver al padre Arrupe, pero no pudo).
¿Y sus poetas?
Antonio Machado, San Juan De la Cruz (su Cántico espiritual va por delante), Espriu, Neruda y Maragall.
Muchas gracias, Don Pedro.
De nada. Ya hemos hablado. Ahora se trata de hacer.
José M. Vidal, Sao Felix do Araguaia

Cáritas lanza la campaña Compartiendo el viaje para disipar el miedo al extranjero


Lo reconocía el Papa abiertamente el pasado viernes al dirigirse a los responsables europeos en pastoral de Migracionesla xenofobia ha penetrado también dentro de la propia Iglesia. Esto es lo que quiere contrarrestar la campaña Compartiendo el viaje, lanzada este miércoles por Cáritas Internationalis. A lo largo de los dos próximos años, el objetivo es promover «oportunidades y espacios para que los migrantes y las comunidades se reúnan y aprendan unos de otros». «A través de Compartiendo el viaje esperamos disipar el miedo» e «inspirar a las comunidades para que establezcan relaciones con los refugiados y migrantes», explicaba el máximo responsable de la institución, el cardenal Luis Antonio Tagle, arzobispo de Manila.
Cáritas Española asume la coordinación de la campaña en España, en contacto estrecho con Cáritas Europa y en colaboración con el resto de integrantes de la red eclesial Migrantes con derechos, integrada también por CONFER, Justicia y Paz, el Secretariado de la Comisión Episcopal de Migraciones y el Sector Social de la Compañía de Jesús. El reto es llegar a cada parroquia y a comunidad católica. «Muchas veces tenemos dificultades en ser sociedad acogedora», reconoce a este semanario un responsable de Cáritas. «Si cada persona, incluidos sacerdotes, se encontrara cara a cara con inmigrantes y conociera sus historias, las cosas cambiarían mucho», añade.
Promover esos contactos es una forma de dar respuesta a la petición del Papa el pasado viernes, cuando animó a las Iglesias europeas a contemplar la llegada de «tantos hermanos y hermanas en la fe» como una oportunidad que las enriquece, y a afrontar el diálogo con personas de otras culturas y religiones como ocasión para «dar un testimonio concreto de la fe cristiana en la caridad y en el profundo respeto por otras expresiones religiosas».
Pero además de acción, Cáritas Española quiere impulsar también la reflexión teológica. Se trata de reflexionar sobre los 20 puntos de actuación que ha presentado la Santa Sede para resaltar su fundamento evangélico. «A veces se presentan como opinables determinadas cuestiones de doctrina social que, en realidad, pertenecen íntegramente al depósito de la fe», explican desde Cáritas. «Por eso la situación a veces cambia mucho de unas diócesis a otras». Ahora, con estos 20 puntos como marco de actuación común para toda la Iglesia, «ya nadie podrá decir que esto no va con él».
R. B.
Alfa y Omega

«Jamás firmaré un indulto a un abusador»



«Debemos metérnoslo en la cabeza: es una enfermedad, una ruina para la humanidad». Sin medias tintas, el Papa cargó una vez más contra abusos sexuales en la Iglesia. Lo hizo ante miembros de la Comisión para la Tutela de los Menores del Vaticano. Un discurso improvisado, en el cual denunció omisiones, reconoció fallos propios y ratificó su voluntad de actuar con «tolerancia cero». Francisco dejó claro que la lucha contra ese flagelo aún tiene capítulos pendientes. Y mandó un mensaje a algunos eclesiásticos que preferirían relajar las normas o cambiar protocolos que consideran demasiado rígidos
La mañana del 21 de septiembre, en su biblioteca del Palacio Apostólico, el Pontífice concedió el primer encuentro con los miembros de la Comisión para la Tutela de los Menores del Vaticano desde que él mismo lo creó, en 2014. Una cita largamente ansiada, sobre todo por algunas víctimas. Entre ellas Marie Collins, una mujer irlandesa que estuvo presente, aunque en marzo pasado renunció a trabajar en la comisión tras denunciar bloqueos y falta de colaboración de la Curia. Una de sus quejas fue la falta de atención por parte del Papa.
Tras aquella crisis, Collins fue recibida por Francisco y las cosas parecieron encaminarse. Pero el Papa tenía varias cosas que decir a colaboradores y eclesiásticos. Aprovechó la oportunidad y habló improvisando con los presentes, aunque ya existía un texto preparado que había sido anticipado a la prensa.
«Vergüenza» de toda la Iglesia
El discurso preparado era transparente. Calificaba a la crisis de los abusos como una «experiencia muy dolorosa» y manifestaba la «vergüenza» de toda la Iglesia. Consideraba esos actos como «pecados horribles, completamente opuestos» a las enseñanzas de Cristo. Garantizaba la aplicación de las «más firmes medidas» a quienes han abusado de los hijos de Dios, sanciones que se pondrán en práctica en todos los niveles y a todas las personas que trabajan en las instituciones eclesiásticas.
Además, precisaba que la responsabilidad primordial de este flagelo recae en los obispos, los sacerdotes y los religiosos, quienes deben tener una «protección vigilante» de todos los niños, jóvenes y adultos vulnerables. Por ello, insistía, la Iglesia aplicará siempre e irrevocablemente una política de «tolerancia cero».
Cada una de estas palabras forma parte del pensamiento de Francisco. Por eso, él mismo las entregó por escrito a los miembros de la comisión. Pero no las pronunció. En cambio, quiso centrarse en otros aspectos propios de la discusión sobre el tratamiento que la Curia romana y los obispos del mundo dan a los abusos sexuales.
La Iglesia ha llegado tarde
Primero fue explícito al reconocer que la Iglesia llegó tarde a atender estos delitos. «Tal vez la antigua práctica de mover gente, que no resolvió el problema, adormiló las conciencias», subrayó, estigmatizando la añeja costumbre de cambiar de parroquia a los sacerdotes que han sido denunciados. Y destacó el trabajo de clérigos como el cardenal Sean O’Malleyarzobispo de Boston y presidente de la comisión, gracias a los cuales el problema salió a la luz.
Precisó también que los procesos judiciales por abusos seguirán bajo la competencia de la Congregación para la Doctrina de la Fe. «Esto lo digo porque algunos me piden que vayan directamente al fuero jurisdiccional de la Santa Sede, la Rota Romana y la Signatura Apostólica, pero este problema es grave y es grave que algunos hayan perdido la conciencia sobre esto», siguió. Así respondió a algunos cardenales que, con insistencia, le han recomendado cambiar a los responsables de juzgar los casos de abuso por considerar que la Doctrina de la Fe es demasiado rígida. El debate sobre este punto generó tensiones al interior de la Curia romana en los últimos meses, pero el mismo Papa, de este modo, enterró la diatriba.
Luego anticipó una medida sin precedentes. Reveló su decisión de no recibir recursos si un abuso contra menores está probado. «Si existen las pruebas basta, es definitivo», ratificó. Es decir, prácticamente estableció que en los casos extremos no proceda la apelación, algo inédito incluso en los sistemas judiciales más rigurosos. Porque, aclaró, «existe la tentación de parte de los abogados de rebajar la pena».
Incluso fue más allá. Tras recordar que un condenado puede dirigirse al Papa para obtener un indulto, constató: «Yo nunca he firmado uno de esos y nunca lo firmaré. Espero que quede claro». Entonces reconoció un error suyo. Habló de «un sacerdote de la diócesis de Crema» (en Italia) al cual le dio una sanción «más suave» por petición del obispo y que, luego, «volvió a caer». Se trata de Mauro Inzoli, un alto exponente del movimiento Comunión y Liberación. En 2012 la Doctrina de la Fe lo condenó a la pérdida del estado clerical, pero algunos cardenales abogaron por él ante Francisco. El Papa confió y le permitió mantenerse como sacerdote, aunque con un ministerio reducido. Al final, el clérigo no cumplió el veto de celebrar y poco tiempo después volvió a ser denunciado. También fue condenado por la justicia civil italiana.
La noticia enfadó particularmente al Pontífice, quien pidió proceder de inmediato a su expulsión del sacerdocio, pero los jueces vaticanos le hicieron ver que era necesario conducir un nuevo proceso judicial. Así se hizo. Tras él, fue hallado culpable y dimitido de su estado clerical.
Este caso dejó sus lecciones: «Ya aprendí», confesó Bergoglio. De ahí su renovada convicción por la «tolerancia cero». Lo explicó sin dudar: «Simplemente porque la persona que hace esto, sea hombre o mujer, está enferma. Es una enfermedad. Hoy él se arrepiente, sigue adelante, lo perdonamos, pero después de dos años recae. Debemos metérnoslo en la cabeza: esta es una enfermedad».
Andrés Beltramo Álvarez
Ciudad del Vaticano
Alfa y Omega

27 de septiembre: san Vicente de Paúl, fundador.


Vicente de Paúl y Moras era de ascendencia española; nació en las Landas en 1581. Este hombre, mezcla de aragonés y francés, llevará su impronta de aldeano en sus empresas. El estudiante de los franciscanos de Dax que se avergonzaba de que su padre fuera cojo, se mostrará cuando sea adulto como un campesino gascón prudente y casi lento, tozudo impenitente, silencioso, muy dado a la caridad y lleno de esperanzas. Fue el tercero de seis hermanos y se le inculcó en la familia una profunda devoción mariana.
Parece que hizo estudios universitarios entre Tolosa y Zaragoza. Se acercó al sacerdocio en 1600 y desde entonces pretendió situarse bien en la vida, dedicándose a buscar cargos eclesiásticos; pero se le torcieron todas las gestiones. En Túnez, cuando marchaba a reclamar una herencia que pertenecía a la familia, estuvo cautivo casi por tres años llenos de sufrimiento. Va a Roma a peregrinar y a intentar conseguir una prebenda, pero como le abandona el personajillo curial Montorio de quien se había fiado, aquello terminó en fracaso. Para colmo de desdichas, a su regreso de la Ciudad Eterna es culpado injustamente de robo. Al no faltarle tampoco problemas internos por atravesar una larga racha de terribles tentaciones, entra en picado hundimiento anímico que le lleva a buscar un modesto retiro donde piensa rumiar su amargura por el fracaso múltiple. Pero parece que aquellas frustraciones humanas estaban previstas y escritas en el guión de su vida. Allí, a los pies del crucifijo, vino la luz y recobró energía el espíritu, decidiendo consagrar por entero su vida a los pobres mientras otros, muy listos, inteligentes, educados y finos dedican su tiempo a disputar contra jansenistas, protestantes e incrédulos. Con la ayuda del Oratorio de Bérulle, se produce –a través de la oración intensa y de la penitencia– el cambio de «humor negro» por la amabilidad espontánea y sincera.
Capellán y limosnero de la reina Margarita de Valois, visita y atiende personalmente a los pobres por los arrabales de París. Consuela e instruye a las almas y remedia algo el hambre del cuerpo.
Párroco rural en Clichy y Chatillon les Dombes, se dedica a restaurar material y espiritualmente aquellas parroquias hundidas por el abandono y la herejía; las cosas estaban tan mal que Vicente quema sus energías intentando restaurar la comunión mensual.
Bérulle lo trae y lo lleva. Hace que sea el preceptor de la familia Gondí, que pertenece a la aristocracia francesa, tiene grandes posesiones rurales y podrá apoyarle en sus obras de caridad. Se encontró Vicente a ocho mil colonos que necesitaban de todo; topó con gente descreída inficionada por la herejía que se había hecho anticlerical, con un sacerdote que no sabe la fórmula de la absolución y con ignorantes faltos de atención espiritual; estuvo con el viejo que nunca hizo buena confesión por vergüenza y con los amancebados; descubrió una juventud ahuyentada por los escándalos de los eclesiásticos y a niños que nunca aprendieron a rezar…
Ante este panorama decide abandonar y marcharse a Chatillon, pero Bérulle le frena; le hace ver que solo queda ponerse a rezar y a trabajar. Funda La Congregación de la Misión: sacerdotes seculares dispuestos a predicar misiones por los campos ayudando a los párrocos; la tozudez de Vicente conseguirá la aprobación del arzobispo de París en 1626 y en 1632 la del papa Urbano VIII, en contra del querer de Bérulle. Funda varias Cofradías de la Caridad. Es nombrado capellán de las galeras reales y esto le abre puertas para organizar más misiones y sacar adelante un hospital. Se encarga como capellán de la dirección espiritual de las Salesas donde, con la autorización de la madre Chantal, toma a su cargo la dirección de la colaboradora que será su brazo derecho, Luisa de Marillac.
La actividad que desarrolla parece imposible de abarcar. Forma con clases doctrinales y pastorales a sus sacerdotes y aspirantes e introduce la práctica de Ejercicios espirituales previos a la ordenación sacerdotal que Roma mandará como obligatorios más tarde.
Amplía el campo de las misiones del campo a las misiones en las ciudades.
Richelieu le ha puesto en su punto de mira; nombra obispos para sus diócesis a los mejores sacerdotes que están en torno a Vicente y a él le facilita medios para fundar el seminario de San Lázaro.
Como pasara con los sacerdotes, también las Cofradías de la Caridad se extienden a los suburbios incipientes de las ciudades. Ahora quien coordina esta actividad apostólica y caritativa bajo la dirección de Monsieur Vicent es Luisa de Marillac; con las Damas de la Caridad monta escuelas para niños expósitos, se encarga de la atención de los heridos en los campos de batalla, del Hospital de París y del Asilo del Nombre de Jesús e incluso se atreverán a meterse en Polonia para atender las regiones devastadas por la guerra a petición de la reina polaca.
En su preocupación por mejorar el clero francés, procurándole la formación conveniente y desestimando a los candidatos indignos, no todo fue fácil; incluso le vino bien la ayuda de la reina española Ana de Austria, porque más de una vez se enfrentó con el cardenal Giulio Nazarino para evitar favoritismos en la distribución de los cargos eclesiásticos y, además, había que alentar a los teólogos de la Sorbona que luchaban contra el jansenismo y contra el galicismo, que era un cáncer en la Iglesia.
Desde el cuartel general de San Lázaro envió misioneros a Túnez, Argel, Madagascar y Argelia; no se mantuvo indiferente a los problemas de Irlanda perseguida por Cromwell y proyectaba la expansión a Toledo y Canadá cuando muere el 27 de septiembre de 1660.
Fue canonizado en 1737 y en 1885 nombrado patrón de las obras de caridad; esas que exigen atender los cuerpos y que, si son verdaderas, cuidan más y mejor de las almas.
Archimadrid.org

«El Papa quiere que la Iglesia española se implique a fondo con los inmigrantes»


La CEE ha desempeñado un papel protagonista en la elaboración de un documento que fija líneas de actuación comunes para los episcopados de todo el mundo. Francisco sigue muy de cerca la situación en España
Son 20 puntos de acción que fijan prioridades pastorales y criterios de actuación comunes en todas las Iglesias locales. Desde el establecimiento de corredores humanitarios hasta mayores facilidades para la reagrupación familiar, se ofrece un amplio catálogo de medidas que pretende al mismo tiempo influir en la elaboración de los dos pactos mundiales sobre refugiados y migrantes previstos para 2018. En este sentido, la Santa Sede quiere que los episcopados realicen abiertamente labores de lobby o incidencia en defensa de las personas obligadas a abandonar su hogar, de modo que las preocupaciones de la Iglesia queden reflejadas en el documento final que se apruebe en Nueva York.
El Papa se refirió a estos 20 puntos durante el encuentro celebrado el pasado viernes con responsables de pastoral de Migraciones de Europa, tras reconocer su preocupación por el avance de la xenofobia en Europa. Desde España, asistieron el obispo de Astorga y presidente de la Comisión Episcopal de Migraciones, Juan Antonio Menéndez, y el director del Secretariado, José Luis Pinilla, junto a algunos delegados diocesanos.
El catálogo es el resultado de un proceso de consultas a nivel mundial en el que la Conferencia Episcopal Española desempeñó un papel protagonista. El primer borrador fue elaborado por representantes de tres episcopados por continente; por parte europea, los de Italia, Hungría y España.
El resultado es un texto con «propuestas muy concretas dentro de «un plan muy estructurado» que abarca el fenómeno de las migraciones desde una perspectiva global, destaca el jesuita José Luis Pinilla. Estamos, afirma, ante «el proyecto estratégico y de actuación que la Iglesia se da para los próximos años», y que busca tanto «garantizar derechos» como «promover una integración eficaz». «No se trata solo de traer a España a refugiados de forma segura –aclara–, sino de ofrecer también propuestas concretas para su acogida e integración». En este sentido, las autoridades españolas saben que van a encontrar en la Iglesia «una voz crítica», pero también un socio «dispuesto a ayudar».
La mano tendida se dirige también «al resto de la sociedad civil», añade Pinilla. Hay varias propuestas dirigidas a «contactar con instancias culturales y religiosas» tanto a nivel nacional como diocesano. En muchos casos, son criterios que se vienen aplicando ya desde hace tiempo, pero que, por voluntad expresa del Papa, adquieren de algún modo un rango de oficialidad.
Toca ahora a cada diócesis adaptar estas propuestas a sus circunstancias y necesidades particulares. Pero «es importante que ahora tengamos un marco común para todos».
Lo que José Luis Pinilla tiene claro es que el Papa seguirá de cerca lo que pase en España. «He visto en él un conocimiento muy profundo de la realidad de las migraciones en nuestro país, y quiere que la Iglesia se implique a fondo, sobre todo donde las personas migrantes están más heridas».
Ricardo Benjumea

Medidas «eficaces y acreditadas»
Los materiales que se han preparado desde la sección de Migrantes y Refugiados, perteneciente al nuevo Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, están ya en poder de conferencias episcopales, Cáritas de todo el mundo y otras organizaciones católicas que trabajan con migrantes con el objetivo de ofrecer una respuesta integral y tangible desde la Iglesia al problema y necesidades de migrantes y refugiados. Son 20 medidas «eficaces y acreditadas» para dar respuesta a uno de los mayores retos mundiales en la actualidad. A continuación, algunas de las propuestas:
Acoger
– Pedir a los estados que prohíban cualquier forma de expulsión arbitraria y colectiva. Es necesario respetar el principio de no devolución.
– Exhortar a los estados y a otros actores a ampliar el número y las formas de vías jurídicas alternativas para una migración y reasentamiento seguro y voluntario: corredores humanitarios, visados por razones humanitarias…
-Animar a los estados a adoptar una perspectiva de seguirar ncional que otorgue prioridad a la seguridad de las personas y a los derechos de los migrantes.
Proteger
-Animar a los estados que tienen importantes flujos migratorios de trabajadores a adoptar políticas y prácticas que protejan a aquellos ciudadanos que deciden emigrar
-Reclamar que se adopten políticas nacionales que protejan contra la explotación, el trabajo forzoso o la trata de seres humanos.
-Concienciar de la necesidad de políticas nacionales que permitan a los migrantes, solicitantes de asilo y refugiados valorizar sus capacidades y talentos.
-Exigir que se haga frente a la situación de vulnerabilidad de los menores no acompañados o separados de su familia. Y que se respete la Convención de los Derechos del Niño.
-Reclamar la adopción de medidas que favorezcan el acceso a la educación y a la protección social.
Promover
-Animar a los estados a adoptar normas, practicas y políticas que faciliten la integración: trabajo, acceso a clases de lengua y costumbres…
-Defender que se preserve la identidad de la familia, independientemente de su condición migratoria: reunificación.
-Pedir más ayudas para los estados que más acogen.
-Exhortar a los gobiernos a defender y garantizar la libertad religiosas de los migrantes y refugiados.
Integrar
-Reclamar leyes y disposiciones constitucionales que garanticen la ciudadanía a todas las personas nacidas en territorio nacional, así como el rápido acceso a la ciudadanía a todos los refugiados.
-Promover que los gobiernos adopten políticas y programas que ofrezcan una visión positiva de los migrantes y refugiados, y de la solidaridad con ellos.
-Animar a los estados a adoptar políticas y procedimientos que faciliten la reinserción en sus países a los que se acogen a programas de repatriación voluntaria.
F.O.
Alfa y Omega

Pastoral Universitaria reanuda las actividades del bocadillo solidario


Este miércoles, 27 de septiembre, se reanudará una de las actividades tradicionales de Pastoral Universitaria: el bocadillo solidario. Se trata de invitar a jóvenes universitarios a salir a dar comida y compañía a personas sin hogar por el centro de Madrid.
Dará comienzo a las 20:00 horas en la iglesia de las Calatravas, sede de Cáritas universitaria (c/Alcalá, 25 – metro Sevilla y Sol). Los voluntarios aportarán lo que puedan –pan, embutido, queso, fruta…- y prepararán bocadillos, al tiempo que se distribuirán por grupos. A las 20:30 horas saldrán por diferentes itinerarios. Regresarán a las 21:45 horas para una puesta en común. La actividad, que se desarrolla todos los miércoles del curso lectivo, concluirá a las 20:00 horas.
Infomadrid

COMENTARIO AL EVANGELIO DE HOY, SEGÚN SAN LUCAS (9,1-6) POR BENEDICTO XVI:




En el Evangelio de hoy, Jesús toma la iniciativa de enviar a los doce apóstoles en misión (cf. Mc 6, 7-13). En efecto, el término «apóstoles» significa precisamente «enviados, mandados». Su vocación se realizará plenamente después de la resurrección de Cristo, con el don del Espíritu Santo en Pentecostés. 

Sin embargo, es muy importante que desde el principio Jesús quiere involucrar a los Doce en su acción: es una especie de «aprendizaje» en vista de la gran responsabilidad que les espera. El hecho de que Jesús llame a algunos discípulos a colaborar directamente en su misión, manifiesta un aspecto de su amor: esto es, Él no desdeña la ayuda que otros hombres pueden dar a su obra; conoce sus límites, sus debilidades, pero no los desprecia; es más, les confiere la dignidad de ser sus enviados. 

Jesús los manda de dos en dos y les da instrucciones, que el evangelista resume en pocas frases. La primera se refiere al espíritu de desprendimiento: los apóstoles no deben estar apegados al dinero ni a la comodidad. 

Jesús además advierte a los discípulos de que no recibirán siempre una acogida favorable: a veces serán rechazados; incluso puede que hasta sean perseguidos. Pero esto no les tiene que impresionar: deben hablar en nombre de Jesús y predicar el Reino de Dios, sin preocuparse de tener éxito. El éxito se lo dejan a Dios. 

… Los enviados de Dios a menudo no son bien recibidos. Este es el caso del profeta Amós, enviado por Dios a profetizar en el santuario de Betel (…) Amasías, sacerdote de Betel, ordena a Amós que se marche. Él responde que no ha sido él quien ha elegido esta misión, sino que el Señor le ha enviado precisamente allí. Por lo tanto, ya se le acepte o rechace, seguirá profetizando, predicando lo que Dios dice y no lo que los hombres quieren oír decir. 

Y este sigue siendo el mandato de la Iglesia: no predica lo que quieren oír decir los poderosos. Y su criterio es la verdad y la justicia aunque esté contra los aplausos y contra el poder humano. 

Igualmente, en el Evangelio Jesús advierte a los Doce que podrá ocurrir que en alguna localidad sean rechazados. En tal caso deberán irse a otro lugar, tras haber realizado ante la gente el gesto de sacudir el polvo de los pies, signo que expresa el desprendimiento en dos sentidos: desprendimiento moral —como decir: el anuncio os ha sido hecho, vosotros sois quienes lo rechazáis—; y desprendimiento material —no hemos querido y nada queremos para nosotros-.

La otra indicación muy importante del pasaje evangélico es que los Doce no pueden conformarse con predicar la conversión: a la predicación se debe acompañar, según las instrucciones y el ejemplo de Jesús, la curación de los enfermos; curación corporal y espiritual. Habla de las sanaciones concretas de las enfermedades, habla también de expulsar los demonios, o sea, purificar la mente humana, limpiar, limpiar los ojos del alma que están oscurecidos por las ideologías y por ello no pueden ver a Dios, no pueden ver la verdad y la justicia. 

Esta doble curación corporal y espiritual es siempre el mandato de los discípulos de Cristo. Por lo tanto la misión apostólica debe siempre comprender los dos aspectos de predicación de la Palabra de Dios y de manifestación de su bondad con gestos de caridad, de servicio y de entrega. 

(…) Jesús instruyó, preparó, formó a sus discípulos, también mediante el «aprendizaje» misionero, para que fueran capaces de asumir la responsabilidad apostólica en la Iglesia. En la comunidad cristiana éste es siempre el primer servicio que ofrecen los responsables: a partir de los padres, que en la familia cumplen la misión educativa con los hijos; pensemos en los párrocos, que son responsables de la formación en la comunidad; en todos los sacerdotes, en los distintos ámbitos de trabajo: todos viven una dimensión educativa prioritaria; y los fieles laicos… están involucrados en el servicio formativo con los jóvenes o los adultos… o comprometidos en ambientes civiles y sociales, siempre con una fuerte atención en la formación de las personas. 

El Señor llama a todos, distribuyendo diversos dones para diversas tareas en la Iglesia… Dios llama: es necesario escuchar, acoger, responder. Como María: «Heme aquí, que se cumpla en mí según tu palabra» (cf. Lc 1, 38)…

Permaneced firmes en la fe, arraigados en Cristo mediante la Palabra y la Eucaristía; sed gente que ora para estar siempre unidos a Cristo, como sarmientos a la vid, y al mismo tiempo id, llevad su mensaje a todos, especialmente a los pequeños, a los pobres, a los que sufren. En cada comunidad quereos entre vosotros; no estéis divididos, sino vivid como hermanos, para que el mundo crea que Jesús está vivo en su Iglesia y el Reino de Dios está cerca… para que vuestra comunidad se renueve en la fe y dé de ella claro testimonio con las obras de la caridad. Amén.

(Benedicto XVI, homilía del 15 de julio de 2012)

EVANGELIO DE HOY: SE PUSIERON EN CAMINO PARA ANUNCIAR EL EVANGELIO





Lectura del santo evangelio según san Lucas (9,1-6):

En aquel tiempo, Jesús reunió a los Doce y les dio poder y autoridad sobre toda clase de demonios y para curar enfermedades.

Luego los envió a proclamar el reino de Dios y a curar a los enfermos, diciéndoles: 

«No llevéis nada para el camino: ni bastón ni alforja, ni pan ni dinero; tampoco llevéis túnica de repuesto. Quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio. Y si alguien no os recibe, al salir de aquel pueblo sacudíos el polvo de los pies, para probar su culpa.»

Ellos se pusieron en camino y fueron de aldea en aldea, anunciando el Evangelio y curando en todas partes.

Palabra del Señor