viernes, 10 de abril de 2015

El Dios en quien creo

De partida tenemos que decir que Dios es el Otro, que nos trasciende totalmente, y por tanto de El, desde nosotros mismos, poco podemos saber, y de lo poco que sabemos, sabemos poco.
Por tanto, nuestra vía para conocerlo va por otro camino: Jesús de Nazaret. El, con los hemos y palabras de su vida, nos ha descubierto quién es y debe ser Dios para nosotros. Es un tema muy amplio. Señalaremos solo unas líneas vertebrales, yendo más allá de la exacta literalidad histórica de las palabras para buscar su mensaje, que es lo importante; cada uno podemos sacar conclusiones bien concretas, correspondientes a la realidad de nuestro tiempo, para nosotros mismos y para el mundo en que vivimos, confrontando el Evangelio con la realidad de la vida, como un espejo que va reflejando en si mismo todo aquello por donde pasa, pues el Evangelio, donde quiera que sea, siempre tiene algo que decir, y por más veces que lo leas siempre descubres algo nuevo. Es así de maravilloso, porque maravilloso fue aquel gran Jesús de Nazaret que le dio origen.


1.- Creo en el Dios de Jesús que responde con hechos de liberación a los problemas, necesidades y sufrimientos de los hombres de su tiempo como debemos responder nosotros hoy a los de nuestro tiempo.

2.-Creo en el Dios de Jesús, que se enfrentó a las causas y a los causantes de la opresión político-religiosa de las gentes de su tiempo.

3.-Creo en el Dios de Jesús, cuya Religión es una Religión de Liberación contra toda opresión.

4.-Creo en el Dios de Jesús que tiene hambre y sed de justicia para este mundo, que nos pide que tengamos todos.

5.-Creo en el Dios de Jesús que tiene opción preferencial por los primidos y empobrecidos, que nos pide que tengamos todos, porque solo desde ellos es posible que sea nuestro el Reino de Dios.

6.-Creo en el Dios de Jesús que denuncia a los ricos y su riqueza para que se desprendan de ella y así formen parte del Reino de Dios. 

7.-Creo en el Dios de Jesús que presenta a Dios incompatible con el dinero.

8.-Creo en el Dios de Jesús que rechaza el poder como dominio de los demás.

9.-Creo en el Dios de Jesús que define la autoridad como servicio total.

10.-Creo en el Dios de Jesús de la misericordia y el perdón porque todos somos ontologicamente imperfectos. 

11.-Creo en el Dios de Jesús que no juzga, no condena, perdona, da generosamente.

12.-Creo en el Dios de Jesús que quiere la vida en plenitud para todos y para todo.

13.-Creo en el Dios de Jesús que está realmente presente en este mundo.

14.-Creo en el Dios de Jesús en las celebraciones de la Eucaristía cuando hay en ellas un compromiso real y liberador con los oprimidos del mundo

15.-Creo en el Dios de Jesús que es Padre/Madre de igualdad y fraternidad universal.

16.-Creo en el Dios de Jesús que es plenitud definitiva para todos y para todo. 

17.-Creo en el Dios de Jesús para quien la vida no tiene fin. 

18.-Creo en el Dios de Jesús para el cual morir es celebrar la vida, no la muerte.

19.-Creo en el Dios de Jesús para el cual el perdón de Dios pasa siempre a través del perdón a los demás.

20.-Creo en el Dios de Jesús que está en el pueblo, comprometido con el pueblo.

21.-Creo en el Dios humano de Jesús.

22.-Creo en el Dios de Jesús que está siempre presente donde hay alguien haciendo el bien.

 23.-Creo en el Dios de Jesús que denunció la falsedad, la inmoralidad, la corrupción, la avaricia, la hipocresía, de los fariseos, de los legisladores, de los jueces, de los senadores y sumos sacerdotes de su tiempo. 

24.-Credo en el Dios de Jesús que no va a la muerte a ciegas, que sabe bien lo que hace y lo que le espera, que sabe que seguirá vivo personalmente y en sus discípulos, que tiene conciencia muy crítica, política e histórica de realidad de su vida.

 25.-Creo en el Dios de Jesús que da la misma dignidad y valor a la mujer y al hombre. 

Fuente: Religión digital

Jesús se acercó, tomó el pan y se lo dio, e hizo lo mismo con el pescado.

Evangelio según San Juan 21,1-14.

Jesús se apareció otra vez a los discípulos a orillas del mar de Tiberíades. Sucedió así:
estaban juntos Simón Pedro, Tomás, llamado el Mellizo, Natanael, el de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo y otros dos discípulos.
Simón Pedro les dijo: "Voy a pescar". Ellos le respondieron: "Vamos también nosotros". Salieron y subieron a la barca. Pero esa noche no pescaron nada.
Al amanecer, Jesús estaba en la orilla, aunque los discípulos no sabían que era él.
Jesús les dijo: "Muchachos, ¿tienen algo para comer?". Ellos respondieron: "No".
El les dijo: "Tiren la red a la derecha de la barca y encontrarán". Ellos la tiraron y se llenó tanto de peces que no podían arrastrarla.
El discípulo al que Jesús amaba dijo a Pedro: "¡Es el Señor!". Cuando Simón Pedro oyó que era el Señor, se ciñó la túnica, que era lo único que llevaba puesto, y se tiró al agua.
Los otros discípulos fueron en la barca, arrastrando la red con los peces, porque estaban sólo a unos cien metros de la orilla.
Al bajar a tierra vieron que había fuego preparado, un pescado sobre las brasas y pan.
Jesús les dijo: "Traigan algunos de los pescados que acaban de sacar".
Simón Pedro subió a la barca y sacó la red a tierra, llena de peces grandes: eran ciento cincuenta y tres y, a pesar de ser tantos, la red no se rompió.
Jesús les dijo: "Vengan a comer". Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: "¿Quién eres", porque sabían que era el Señor.
Jesús se acercó, tomó el pan y se lo dio, e hizo lo mismo con el pescado.
Esta fue la tercera vez que Jesús resucitado se apareció a sus discípulos.