miércoles, 27 de julio de 2016

El Papa invita al presidente polaco a "recibir a los que huyen de la guerra y el hambre"


No esperó ni un minuto. En su primer discurso, el Papa Francisco lanzó un misil a la línea de flotación del ultraconservador gobierno polaco. Ante las autoridades políticas, la sociedad civil y el cuerpo diplomático de Polonia, Bergoglio pidió al Ejecutivo "disponibilidad para recibir a los que huyen de la guerra y el hambre", para así "dar testimonio con los hechos de los valores humanos y cristianos" de los que presume, no sin razón, la nación polaca.
Hay que recordar que Polonia es uno de los países que se han opuesto con mayor crudeza a la acogida de los refugiados que huyen del Estado islámico. "Hace falta disponibilidad para recibir a los que huyen de la guerra y el hambre, y solidaridad con aquellos que sufren en sus derechos, incluidos los que tienen problemas para profesar su fe", añadió el Papa, quien abogó por generar "sinergias internacionales" para "encontrar soluciones a los conflictos y las guerrasque obligan a las personas a abandonar su hogar".
El camino del Papa desde el aeropuerto a su encuentro con las autoridades polacas está marcado por tres claves: la lluvia, el afecto de la multitud, y la seguridad. Hasta ocho motoristas abren la comitiva papal, cuyo automóvil está rodeado por media docena de furgonetas con policías y militares armados hasta los dientes. Nunca se había visto un servicio de seguridad tan obvio: Polonia se ha tomado en serio las amenazas.
El camino transcurre por largas avenidas, y cada cincuenta metros policías de a pie contienen a la multitud. Jóvenes de todos los rincones de la tierra han abandonado por unas horas el Campo de la Misericordia (sede de la JMJ) para, uniformados con sus banderas y chubasqueros, dar a Francisco la más cálida acogida. Jóvenes españoles, mexicanos, turcos, estadounidenses, rusos, brasileños, panameños (Francisco anunciará este sábado que Panamá será la sede de la próxima JMJ de 2019) acompañan al Papa en su camino hasta el castillo de Wawel, donde Bergoglio mantuvo un encuentro con el cuerpo diplomático y las autoridades, antes de una breve visita de cortesía al presidente Duda.


 Duda y su esposa esperaban a las puertas de la empalizada al Papa. Dzwisz, en un discreto segundo plano, acompañaba varios pasos por detrás a Bergoglio. En su discurso, el presidente polaco calificó de "honor poderle dar la bienvenida" al país. "Le doy la bienvenida a la tierra polaca en Cracovia". "La JMJ será un gran banquete espiritual", subrayó Duda, quien recordó la memoria de Karol Wojtyla, que "fue a Roma para servir como un líder espiritual a toda la Iglesia universal". Duda reivindicó a san Juan Pablo II como el creador, desde Cracovia, de las jornadas mundiales de la juventud, y su papel en el fin del comunismo. "Mirando lo que sucede ahora, también hoy necesitamos renovar la faz de la Tierra", concluyó.
En su discurso, el Papa agradeció la recepción de las autoridades civiles, educativas y políticas del país, y recordó que "es la primera vez que visito Europa central, y he querido iniciarlo por Polonia, tierra del inolvidable san Juan Pablo II".
"A él le gustaba hablar de una Europa que respiraba por dos pulmones", subrayó Bergoglio, quien reclamó las "raíces sólidas" del Cristianismo entre los polacos, quienes "libres de complejos de superioridad", pueden trabajar por una nueva sociedad "sobre la base de su patrimonio humano, político y religioso", manteniendo la tradición pero con la mirada abierta al futuro.
Tras recordar el 1050 aniversario de la cristianización del país, el Papa clamó por el "respeto de la identidad propia y de los demás", pues "no puede haber diálogo si cada uno no parte de su identidad" y sabe diferenciar entre los dos tipos de memoria: la buena y la negativa, "que está fijada obsesivamente en el mal, sobre todo en el cometido por otros".
En este punto, el Papa reivindicó "el perdón ofrecido y recibido entre el episcopado polaco y el alemán, a los 50 años de la Guerra Mundial", o la declaración conjunta entre los católicos polacos y la Iglesia Ortodoxa de Moscú, "un proceso de fraternidad, no sólo entre las dos iglesias, sino también entre los dos pueblos".
Con esta intención, y sabiendo que "todo está implicado: la economía, el medio ambiente y el modo de gestionar el complejo fenómeno de la migración, que requiere un suplemento de sabiduría y misericordia para superar los temores y hacer el mejor bien posible", el Papa reclamó esa "disponibilidad" para acoger a los refugiados y para trabajar "por la justicia y la paz, dando testimonio con los hechos de los valores humanos y cristianos".
"Invito a la nación placa a mirar con esperanza el futuro, y los retos que ha de afrontar", en una "actitud de respeto y de diálogo constructivo", para crear las mejores condiciones para el presente y el futuro, señaló el Papa, quien defendió que "la vida siempre ha de ser acogida y protegida, ambas cosas juntas, desde la concepción hasta la muerte natural, y todos estamos llamados a respetarla y cuidarla".
"Es nuestra responsabilidad acompañar y ayudar concretamente, quien quiera que se encuentre en capacidad de dificultad, para que nunca sienta a un hijo como una carga, sino como un don, y no se abandone a los más pobres", concluyó el Papa, antes de reunirse en privado con el presidente polaco en lo que se presume un encuentro no exento de tensión. Y es que a Francisco no se le puede echar en cara que no diga las cosas como las piensa.
 Jesús Bastante

Francisco, en el vuelo a Polonia: "Estamos en guerra, pero no hablo de guerra de religión"



El Papa Francisco ya está en Polonia. Pocos minutos antes de las cuatro de la tarde, el vuelo de AirItalia aterrizó en el aeropuerto "San Juan Pablo II" de Cracovia, donde le esperaban el presidente de Polonia, Andrzej Duda, su esposa, y el cardenal Dziwisz, así como dos niños que le hicieron entrega de un ramo de flores. El Papa estaba relajado, seguramente porque antes, en el breve saludo a periodistas en el avión, habló, y fue rotundo: "Estamos en guerra, una guerra en serio y no hablo de guerra de religión. Todas las religiones queremos la paz".
Con el recuerdo del asesinato del sacerdote francés Jacques Hamel, Bergoglio apuntó que "la palabra que se repite es seguridad, pero la verdadera palabra es guerra". El Papa recordó que "desde hace tiempo que decimos que el mundo está en una guerra de a pedazos". Evocó las dos primeras Guerras Mundiales, "con sus métodos", y destacó que la guerra actual "quizás no es tanto orgánica, sí organizada, pero es guerra".
"Éste santo sacerdote murió justo en el momento en el que se recogía en las oraciones por la Iglesia", subrayó el Pontífice, quien también recordó a "cuántos cristianos, cuántos inocentes, cuántos niños! Pensemos en Nigeria, por ejemplo... Ah, pero éso es África". Aquí, en Cracovia, las medidas de seguridad son impresionantes, y el Papa ha sido casi introducido en un coche negro, rodeado de patrullas policiales.
"Es guerra, no tengamos miedo de decir esta verdad, el mundo está en guerra porque ha perdido la paz", agregó. Sobre la JMJ, Francisco mostró su esperanza en que los jóvenes "nos digan algo que nos dé un poco de esperanza en este momento".
"Hay guerra por intereses, hay guerra por el dinero, hay guerra por los recursos de la naturaleza, hay guerra por el dominio de los pueblos, esto es la guerra", concluyó el Papa. "Alguien puede pensar que estoy hablando de guerra de religiones. No. Todas las religiones queremos la paz. La guerra la quieren los otros. ¿Entendido?", insistió.
 Antes de partir para Cracovia, Francisco se dirigió a la Basílica de San Pedro, en donde se detuvo a orar en la tumba de San Juan Pablo II. Sucesivamente, el Pontífice saludó a ungrupo de niños enfermos con sus familias, acompañados por los miembros de la Asociación Peter Pan.
Asimismo, al salir de la residencia Santa Marta en el Vaticano, a las 13.30 horas, para emprender su viaje hacia Cracovia, el obispo de Roma recibió el saludo de quince jóvenes refugiados, nueve chicos y seis chicas, de diversas nacionalidades, llegados desde hace poco tiempo a Italia y aun sin documentos que les permitan ir al extranjero.
Comienza un viaje que se promete totalmente nuevo a lo que se preveía. El asesinato del sacerdote y la obsesión por la seguridad marcarán, a buen seguro, una jornada que debía estar marcada por la esperanza y la alegría. Veremos cómo este Papa logra, si puede, darle la vuelta. Una vez más.
Religión digital

A la luz de los principios cristianos que la han inspirado, Polonia sepa avanzar en su camino, deseo del Papa a las Autoridades

Señor Presidente,
Distinguidas autoridades,
Miembros del Cuerpo Diplomático,
Rectores Magníficos,
Señoras y señores
Saludo con deferencia al Señor Presidente y le agradezco la generosa acogida y sus amables palabras. Me es grato saludar a los distinguidos miembros del Gobierno y del Parlamento, a los Rectores universitarios, a las autoridades regionales y municipales, así como a los miembros del Cuerpo Diplomático y demás autoridades presentes. Es la primera vez que visito la Europa centro-oriental y me alegra comenzar por Polonia, que ha tenido entre sus hijos al inolvidable san Juan Pablo II, creador y promotor de las Jornadas Mundiales de la Juventud. A él le gustaba hablar de una Europa que respira con dos pulmones: el sueño de un nuevo humanismo europeo está animado por el aliento creativo y armonioso de estos dos pulmones y por la civilización común que tiene sus raíces más sólidas en el cristianismo.
El pueblo polaco se caracteriza por la memoria. Siempre me ha impresionado el agudo sentido de la historia del Papa Juan Pablo II. Cuando hablaba de los pueblos, partía de su historia para resaltar sus tesoros de humanidad y espiritualidad. La conciencia de identidad, libre de complejos de superioridad, es esencial para organizar una comunidad nacional basada en su patrimonio humano, social, político, económico y religioso, para inspirar a la sociedad y la cultura, manteniéndolas fiel a la tradición y, al mismo tiempo, abiertas a la renovación y al futuro. En esta perspectiva, han celebrado recientemente el 1050 aniversario del Bautismo de Polonia. Ha sido ciertamente un momento intenso de unidad nacional, confirmando cómo la concordia, aun en la diversidad de opiniones, es el camino seguro para lograr el bien común de todo el pueblo polaco.
También la cooperación fructífera en el ámbito internacional y la consideración recíproca maduran mediante la toma de conciencia y el respeto de la identidad propia y de los demás. No puede haber diálogo si cada uno no parte de su propia identidad. En la vida cotidiana de cada persona, como en la de cada sociedad, hay, sin embargo, dos tipos de memoria: la buena y la mala, la positiva y la negativa. La memoria buena es la que nos muestra la Biblia en el Magnificat, el cántico de María que alaba al Señor y su obra de salvación. En cambio, la memoria negativa es la que fija obsesivamente la atención de la mente y del corazón en el mal, sobre todo el cometido por otros. Al mirar su historia reciente, doy gracias a Dios porque han sabido hacer prevalecer la memoria buena: por ejemplo, celebrando los 50 años del perdón ofrecido y recibido recíprocamente entre el episcopado polaco y el alemán tras la Segunda Guerra Mundial. La iniciativa, que implicó inicialmente a las comunidades eclesiales, desencadenó también un proceso social, político, cultural y religioso irreversible, cambiando la historia de las relaciones entre los dos pueblos. En este sentido, recordemos también la Declaración conjunta entre la Iglesia Católica en Polonia y la ortodoxa de Moscú: un gesto que dio inicio a un proceso de acercamiento y hermandad, no sólo entre las dos Iglesias, sino también entre los dos pueblos.
La noble nación polaca muestra así cómo se puede hacer crecer la memoria buena y dejar de lado la mala. Para esto se requiere una firme esperanza y confianza en Aquel que guía los destinos de los pueblos, abre las puertas cerradas, convierte las dificultades en oportunidades y crea nuevos escenarios allí donde parecía imposible. Lo atestiguan precisamente las vicisitudes históricas de Polonia: después de la tormenta y de la oscuridad, su pueblo, recobrada ya su dignidad, ha podido cantar, como los israelitas al regresar de Babilonia: «Nos parecía soñar: [...] Nuestra boca se llenaba de risas, la lengua de cantares» (Sal 126,1-2). El ser conscientes del camino recorrido, y la alegría por las metas logradas, dan fuerza y serenidad para afrontar los retos del momento, que requieren el valor de la verdad y un constante compromiso ético, para que los procesos decisionales y operativos, así como las relaciones humanas, sean siempre respetuosos de la dignidad de la persona. Todas las actividades están implicadas: la economía, la relación con el medio ambiente y el modo mismo de gestionar el complejo fenómeno de la emigración.
Esto último requiere un suplemento de sabiduría y misericordia para superar los temores y hacer el mayor bien posible. Se han de identificar las causas de la emigración en Polonia, dando facilidades a los que desean regresar. Al mismo tiempo, hace falta disponibilidad para acoger a los que huyen de las guerras y del hambre; solidaridad con los que están privados de sus derechos fundamentales, incluido el de profesar libremente y con seguridad la propia fe. También se deben solicitar colaboraciones y sinergias internacionales para encontrar soluciones a los conflictos y las guerras, que obligan a muchas personas a abandonar sus hogares y su patria. Se trata, pues, de hacer todo lo posible por aliviar sus sufrimientos, sin cansarse de trabajar con inteligencia y continuidad por la justicia y la paz, dando testimonio con los hechos de los valores humanos y cristianos.
A la luz de su historia milenaria, invito a la nación polaca a mirar con esperanza hacia el futuro y a las cuestiones que ha de afrontar. Esta actitud favorece un clima de respeto entre todos los componentes de la sociedad, y un diálogo constructivo entre las diferentes posiciones; además, crea mejores condiciones para un crecimiento civil, económico e incluso demográfico, fomentando la confianza de ofrecer una buena vida a sus hijos. En efecto, ellos no sólo deberán afrontar problemas, sino que disfrutarán de la belleza de la creación, del bien que podamos hacer y difundir, de la esperanza que sepamos infundirles. De este modo, serán aún más eficaces las políticas sociales en favor de la familia, el primer y fundamental núcleo de la sociedad, para apoyar a las más débiles y las más pobres, y ayudarlas en la acogida responsable de la vida. La vida siempre ha de ser acogida y protegida —ambas cosas juntas: acogida y protegida— desde la concepción hasta la muerte natural, y todos estamos llamados a respetarla y cuidarla. Por otro lado, es responsabilidad del Estado, de la Iglesia y de la sociedad acompañar  y ayudar concretamente quienquiera que se encuentre en situación de grave dificultad, para que nunca sienta a un hijo como una carga, sino como un don, y no se abandone a las personas más vulnerables y más pobres.
Señor Presidente, la nación polaca puede contar, como ha ocurrido a lo largo de su dilatada historia, con la colaboración de la Iglesia Católica, para que, a la luz de los principios cristianos que han inspirado y forjado la historia y la identidad de Polonia, sepa avanzar en su camino en las nuevas condiciones históricas, fiel a sus mejores tradiciones y llenos de confianza y esperanza, incluso en los momentos más difíciles.
Le renuevo mi agradecimiento y expreso, a usted y a todos los presentes, mis mejores deseos de un sereno y provechoso servicio al bien común.
Que Nuestra Señora de Częstochowa bendiga y proteja a Polonia.
(Raúl Cabrera -Radio Vaticano)

Comentario del Papa Francisco al Evangelio según San Mateo 13,44-46.


Queridos hermanos y hermanas, 
Las breves semejanzas propuestas por la liturgia de hoy... nos dicen que el descubrimiento del reino de Dios puede llegar improvisamente como sucedió al campesino, que arando encontró el tesoro inesperado; o bien después de una larga búsqueda, como ocurrió al comerciante de perlas, que al final encontró la perla preciosísima que soñaba desde hacía tiempo. 

Pero en ambos casos, el dato primario es que el tesoro y la perla valen más que todos los demás bienes, y, por lo tanto, el campesino y el comerciante, cuando los encuentran, renuncian a todo lo demás para poder adquirirlos. 

No tienen necesidad de hacer razonamientos, o de pensar en ello, de reflexionar: inmediatamente se dan cuenta del valor incomparable de lo que han encontrado, y están dispuestos a perder todo con tal de tenerlo.

Así sucede con el reino de Dios: quien lo encuentra no tiene dudas, siente que es lo que buscaba, lo que esperaba y que responde a sus aspiraciones más auténticas. Y es verdaderamente así: quien conoce a Jesús, quien lo encuentra personalmente, queda fascinado, atraído por tanta bondad, tanta verdad, tanta belleza, y todo en una gran humildad y sencillez. Buscar a Jesús, encontrar a Jesús: ¡este es el gran tesoro!

Cuántas personas, cuántos santos y santas, leyendo con corazón abierto el Evangelio, quedaron tan conmovidos por Jesús que se convirtieron a Él. Pensemos en san Francisco de Asís: él ya era cristiano, pero un cristiano «al agua de rosas». Cuando leyó el Evangelio, en un momento decisivo de su juventud, encontró a Jesús y descubrió el reino de Dios, y entonces todos sus sueños de gloria terrena se desvanecieron. 

El Evangelio te permite conocer al verdadero Jesús, te hace conocer a Jesús vivo; te habla al corazón y te cambia la vida. Y entonces sí lo dejas todo. Puedes cambiar efectivamente de tipo de vida, o bien seguir haciendo lo que hacías antes pero tú eres otro, has renacido: has encontrado lo que da sentido, lo que da sabor, lo que da luz a todo, incluso a las fatigas, al sufrimiento y también a la muerte. 

Leer el Evangelio... Cada día leer un pasaje del Evangelio; y también llevar un pequeño Evangelio con nosotros, en el bolsillo, en la cartera, al alcance de la mano. Y allí, leyendo un pasaje encontraremos a Jesús. 

Todo adquiere sentido allí, en el Evangelio, donde encuentras este tesoro, que Jesús llama «el reino de Dios», es decir, Dios que reina en tu vida, en nuestra vida; Dios que es amor, paz y alegría en cada hombre y en todos los hombres. 

Esto es lo que Dios quiere, y esto es por lo que Jesús entregó su vida hasta morir en una cruz, para liberarnos del poder de las tinieblas y llevarnos al reino de la vida, de la belleza, de la bondad, de la alegría. Leer el Evangelio es encontrar a Jesús y tener esta alegría cristiana, que es un don del Espíritu Santo. 

Queridos hermanos y hermanas, la alegría de haber encontrado el tesoro del reino de Dios se transparenta, se ve. El cristiano no puede mantener oculta su fe, porque se transparenta en cada palabra, en cada gesto, incluso en los más sencillos y cotidianos: se trasluce el amor que Dios nos ha donado a través de Jesús. Oremos, por intercesión de la Virgen María, para que venga a nosotros y a todo el mundo su reino de amor, justicia y paz.
(Del Ángelus del Papa Francisco el 27 de julio de 2014)

EL REINO DE LOS CIELOS ES EL MAYOR TESORO




Evangelio según San Mateo 13,44-46. 

Jesús dijo a la multitud:

"El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido en un campo; un hombre lo encuentra, lo vuelve a esconder, y lleno de alegría, vende todo lo que posee y compra el campo. 

El Reino de los Cielos se parece también a un negociante que se dedicaba a buscar perlas finas; y al encontrar una de gran valor, fue a vender todo lo que tenía y la compró."