lunes, 7 de diciembre de 2015

El Papa en conexión con Asís: Navidad es abrirse al perdón

Abrir el corazón a la misericordia, frente a las desgracias que padecen los emigrantes en el mar, “no fáciles de perdonar”. Es la invitación que hizo el Papa Francisco mediante una video conexión con Asís. En efecto, desde la Ciudad del Vaticano, la tarde del II Domingo de Adviento, el Pontífice encendió, simbólicamente, el Pesebre y el Árbol de Navidad frente a la Basílica de San Francisco de Asís, ambos símbolos dedicados a los emigrantes.
Antes de la conexión con el Obispo de Roma, Monseñor  Georg Gänswein, Prefecto de la Casa Pontificia, celebró la Santa Misa en la Basílica Inferior de Asís, en cuya homilía invitó a ponerse a la escucha de la Palabra del Señor, recorriendo tres vías siguiendo el ejemplo de San Juan Bautista, a saber: el desierto, o sea el lugar de la oración y de la reflexión; la conversión, que cambia radicalmente nuestra vida a través de la caridad y la esperanza y, en fin, la misión, porque el cristiano no debe tener miedo de hablar de Cristo.
Monseñor Gänswein bendijo el Pesebre que fue preparado en una barca de siete metros de longitud, que navegó por el mar Mediterráneo y que en marzo de 2014 permitió el traslado de nueve tunecinos a la isla italiana de Lampedusa.
Durante la ceremonia también asistieron 31 prófugos hospedados por la Caritas diocesana procedentes de Afganistán, Camerún, Irán y Nigeria y un oficial de la Marina Militar que participó en las operaciones de salvataje de los emigrantes en el canal de Sicilia.
Hablando espontáneamente, el Papa Francisco dijo:
“Mirando aquella barca…  Jesús siempre está con nosotros, también en los momentos difíciles. ¡Cuántos hermanos y hermanas se han ahogado en el mar! Están con el Señor, ahora. Él ha venido a darnos esperanza, y debemos tomar esta esperanza. Ha venido para decirnos que Él es más fuerte que la muerte, que Él es más grande que toda maldad. Ha venido para decirnos que es misericordioso, todo misericordia; y en esta Navidad los invito a abrir el corazón a la misericordia, al perdón. Pero no es fácil perdonar estas matanzas. No es fácil”.
El Santo Padre agradeció de corazón a las mujeres y a los hombres que componen la Guardia Costera, porque han sido instrumento de la esperanza que nos trae Jesús. Y añadió que han sido sembradores de esperanza, de la esperanza de Jesús.
Tras agradecer las palabras de uno de los emigrantes que la tierra italiana ha recibido generosamente, Francisco añadió que el Sur de Italia ha sido un ejemplo de solidaridad para todo el mundo. Y manifestó su deseo de que al ver ese Pesebre todos puedan decirle a Jesús: “¡También yo he dado una mano para que tú seas un signo de esperanza”!
A todos los refugiados el Papa Francisco les dijo, con las palabras del Profeta: “Levanten la cabeza, el Señor está cerca. Y con Él la fuerza, la salvación, la esperanza. El corazón, quizás, afligido, pero la cabeza alta en la esperanza del Señor.
Y concluyó diciendo:
“A todos ustedes refugiados, y a todos ustedes de la Guardia Costera, les agrazo y les deseo una Santa Navidad, llena de esperanza, y con tantas caricias del Señor”.
(María Fernanda Bernasconi - RV).

Nuestro Señor viene y nos salvará


Sal 84, 9ab-10. 11-12.13-14 
Nuestro Señor viene y nos salvará.
Voy a escuchar lo que dice el Señor: 
«Dios anuncia la paz 
a su pueblo y a sus amigos.» 
La salvación está ya cerca de sus fieles, 
y la gloria habitará en nuestra tierra.
Nuestro Señor viene y nos salvará.
La misericordia y la fidelidad se encuentran, 
la justicia y la paz se besan; 
la fidelidad brota de la tierra, 
y la justicia mira desde el cielo.
Nuestro Señor viene y nos salvará.
El Señor nos dará la lluvia, 
y nuestra tierra dará su fruto. 
La justicia marchará ante él, 
la salvación seguirá sus pasos
Nuestro Señor viene y nos salvará.


Hoy hemos visto cosas admirables


Lectura del santo evangelio según san Lucas 5, 17-26

Un día estaba Jesús enseñando, y estaban sentados unos fariseos y maestros de la ley, venidos de todas las aldeas de Galilea, Judea y Jerusalén. Y el poder del Señor lo impulsaba a curar.
Llegaron unos hombres que traían en una camilla a un paralítico y trataban de introducirlo para colocarlo delante de él. No encontrando por donde introducirlo, a causa del gentío, subieron a la azotea y, separando las losetas, lo descolgaron con la camilla hasta el centro, delante de Jesús. Él, viendo la fe que tenían, dijo:
- «Hombre, tus pecados están perdonados.»
Los escribas y los fariseos se pusieron a pensar:
- «¿Quién es éste que dice blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados más que Dios?»
Pero Jesús, leyendo sus pensamientos, les replicó:
- «¿Qué pensáis en vuestro interior? ¿Qué es más fácil: decir "tus pecados quedan perdonados", o decir levántate y anda,'?
Pues, para que veáis que el Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar pecados - dijo al paralítico-: A ti te lo digo, ponte en pie, toma tu camilla y vete a tu casa.»
El, levantándose al punto, a la vista de ellos, tomó la camilla donde estaba tendido y se marchó a su casa dando gloria a Dios
Todos quedaron asombrados, y daban gloria a Dios, diciendo llenos de temor:
- «Hoy hemos visto cosas admirables.»
Palabra del Señor.