viernes, 16 de junio de 2017

«Queremos ser una Iglesia en salida y al servicio de los pobres»




Cumple en septiembre diez años como pastor de la diócesis de Coria-Cáceres. Desde entonces cada fin de curso convoca un Congreso Teológico Pastoral, el de este año muy en línea con el proceso sinodal que vive la diócesis
Cuando Francisco Cerro Chaves llegó, hace diez años, a Coria-Cáceres como obispo, tuvo claro que cada curso la diócesis debería tener una presentación del plan pastoral al principio y un Congreso Teológico Pastoral como clausura. Este viernes 16 de junio ha comenzado la novena edición de este último, un espacio para celebrar, orar, formarse y tomar el pulso a cómo ha caminado la diócesis durante el curso. Por él han pasado cardenales, obispos, teólogos, periodistas, laicos «que nos ayudan a profundizar lo que está viviendo la Iglesia como proyecto de evangelización», dice Cerro Chaves. Un encuentro que además puede ayudar en el camino sinodal diocesano que está recorriendo esta Iglesia extremeña desde 2014.
¿Cómo se presenta la edición de este año?
La inauguración será a cargo del cardenal Maradiaga. Cada año, el esfuerzo que hace la diócesis es fantástico. Estamos en el momento álgido, pido a todos los diocesanos que participen. La presencia de Maradiaga, arzobispo de Tegucigalpa, que pertenece al grupo de los ocho cardenales que el Papa Francisco ha confiado muchas de las reformas de la Iglesia, es una alegría enorme para nosotros, por su vinculación afectiva y efectiva con el Papa, que también es la nuestra. Es un momento para reafirmar lo que queremos: una Iglesia en salida al servicio de los pobres, una vuelta a lo que está repitiendo el Papa Francisco constantemente. A pesar de nuestros fallos, tenemos claro hacia dónde tenemos que caminar y el sínodo lo está demostrando.
¿Y el resto de ponentes?
Este congreso va a contar con personas que hoy en la Iglesia por su vida y testimonio nos pueden iluminar en el camino del sínodo, como misión de la Iglesia de anunciar a Jesucristo y que nos ayude a ser una Iglesia que en salida vive para llevar el amor de Jesús a los que sufren. El padre Miguel Márquez Calle, ocd, o el filósofo José Manuel Domínguez Prieto, la periodista Cristina López Schlichting, Ester Martín, responsable de la oficina de transparencia de la CEE o la vicepresidenta de Manos Unidas, pueden ser providenciales en estos momentos, ayudándonos a encarar el sínodo diocesano, el acontecimiento eclesial más importante de los últimos años, como mayor espacio de corresponsabilidad con que cuenta el obispo.
¿Por qué convocó un sínodo diocesano?
Hace tres años consulté la idoneidad de la celebración de este evento que marcará un antes y un después en nuestra Iglesia diocesana. Era muy consciente de que era necesario conocer y compartir las alegrías, los dolores, los sufrimientos y esperanzas de nuestra gente, que camina en nuestra diócesis de Coria-Cáceres.
Un sínodo es siempre algo extraordinario, una gran oportunidad para ponernos las pilas en esta tierra, en este momento que nos toca vivir y donde debemos convertir los obstáculos que existen en retos para juntos buscar soluciones. Por eso este sínodo, para tomar el pulso a la realidad y seguir en la tarea de la Iglesia, como dice nuestro lema sinodal: Caminar juntos con Cristo para buscar, renovar y fortalecer la fe.
¿Cómo lo está viviendo la diócesis?
Llevamos tres años caminando con más de 3000 participantes distribuidos en grupos (322) y que han reflexionado sobre cuatro temas: anuncio del Evangelio y transmisión de la fe; compromiso social y caritativo de la Iglesia en la sociedad hoy; formación y participación de los laicos en la Iglesia y el mundo y por último, la organización pastoral de la diócesis. El próximo otoño tendrán lugar las asambleas finales. Estamos en un momento trascendental en la diócesis. Y muy ilusionante.
Los fieles están viviendo también esa ilusión…
Los miembros de los grupos sinodales viven este momento con una profunda alegría. Para ellos es una gracia poder hablar, con tranquilidad, sobre qué puede ser mejorable en la Iglesia diocesana. Para algunos supone hasta un planteamiento de conversión pastoral. Saben que el sínodo no es para inventarse la fe ni la moral, sino que es totalmente pastoral, es decir, que todos tenemos que estar implicados, eso se llama corresponsabilidad, para que nuestra Iglesia diocesana sea fiel al proyecto de Jesucristo y siga evangelizando este mundo que construimos entre todos. Alguien me preguntó: «¿De verdad que cree que un sínodo es la panacea, la solución?». Recuerdo que, sencillamente, le contesté: «Hoy panacea no es nada, sin embargo, lo que sí está claro es que no hacer nada no es la solución».
Lorena Jorna
Cáceres

Alfa y Omega

El actor que interpreta a Ignacio de Loyola se inspiró con los Ejercicios Espirituales



Para que Andreas Muñoz (Madrid, 1990) interpretase a Ignacio de Loyola en la película dirigida por Paolo Dy, el joven actor pasó el casting representando el papel de un personaje sin nombre. No sabía más que era un hombre perfeccionista, vanidoso y que «se rompía». Cuando en enero de 2015 le confirmaron que el papel protagonista era para él y le desvelaron su nombre, Ignacio de Loyola, no salió de su ignorancia. Le sonaba pero no sabía nada de él.
Después de un intenso trabajo interpretativo que se estrenará en los cines en versión inglesa el próximo 27 de julio bajo el mismo nombre del santo, el joven actor ya no sólo conoce al fundador de la Compañía de Jesús, sino que se ha metido en su piel y le ha llevado a vivir «cosas alucinantes». «Esta película es la mejor manera de que la gente conozca a un hombre que ha cambiado el mundo», dice. «A mí me ha hecho creer en él y ver las cosas de otra manera».
Para salir de esa ignorancia buscó en internet. Poco le aportaba de su personaje, al menos no lo suficiente para «meterse» dentro de san Ignacio. Siguió explorando. Comenzó la ávida lectura de la autobiografía, El peregrino, un relato que le condujo hasta el interior de Ignacio de Loyola. Para encontrarse con su aspecto, sus gestos, su mirada escrudiñó cada cuadro, pintura, escultura e imagen. Estuvo en su casa de Loyola, en su habitación, y vio La MisiónElúltimo Mohicano y otras películas. Y a medida que se adentraba él, iba descubriendo la calidad humana desde la que se transformó en santo. «Eran dos personajes y eso fue lo más duro para mí», explica: «Del soldado que únicamente pienso en mi gloria y en mi grandeza, al hombre que únicamente pienso en el otro, capaz de pedir limosna para los demás». Del primero la documentación es muy escasa y del segundo, bebió paso a paso de toda la bibliografía. Eso sí, tratando siempre de no contaminar el carácter del primero con la sabiduría del segundo. «Cuando terminé la interpretación de los primeros años, comencé a leer los Ejercicios Espirituales».
De gran ayuda fue también el guión, explica, porque narra muy bien ese proceso de transformación. Previamente el director le ofreció una clave al actor: «El principio, cuando es el soldado, es el fuego; la parte del peregrino es el agua». Una máxima que integró. «Sinceramente es un personaje bastante radical que pasa de ser un soldado a despojarse de todas sus ropas y comenzar su vida como peregrino. ¡Un soldado noble!» Impactado e interpelado por este personaje histórico compara su recorrido vital con un personaje actual: «Es como si el rey se marchara y dijera adiós para peregrinar y dejarlo todo». Pedía limosna para los demás y no comía porque lo que le daban él lo daba para los más necesitados y enfermos. Y eso, eso es difícil de entender ahora hasta ese punto. «Nada para mí y todo para el otro, cuando él era todo lo contrario, mi gloria y mi grandeza. Del mí pasó al vosotros».
No ha pasado mucho tiempo desde el casting y ahora ve cumplido el sueño del estreno de la película, con todo Andreas todavía vive en esa piel de san Ignacio porque lo conoce por dentro y fuera. Y con él convive. «Después de este trabajo no me he planteado meterme jesuita, pero sí me dan ganas de hacer más papeles de jesuitas». La admiración y el respeto por el mismo san Ignacio y por quienes le siguen es parte de su aprendizaje.
La película Ignacio de Loyola: soldado, pecador, santo se estrena en España el 16 de junio en más de 100 salas de cine.
Loyola Grupo de Comunicación

Pastores con misericordia




+ Felipe Arizmendi Esquivel
Obispo de San Cristóbal de Las Casas

VER
Organizamos un pequeño curso de formación permanente para los presbíteros de nuestra diócesis, con el objetivo de actualizarnos en algunos puntos de Moral y Derecho Canónico, para ser mejores servidores del sacramento de la reconciliación y de la pastoral familiar, en el espíritu del capítulo VIII de Amoris laetitia. Nos auxiliaron dos profesores de la Universidad Pontificia, expertos en esas materias. Los puntos principales fueron: Análisis de dicho capítulo VIII y su alcance concreto en los aspectos sacramentales y de participación en la vida de la Iglesia. Requisitos esenciales para la validez de un matrimonio. Principales capítulos de nulidad en un proceso matrimonial. Desafíos que atentan contra la vida y la familia: Métodos de planificación familiar, píldora del día siguiente, Técnicas de Reproducción Humana Artificial. Gradualidad en la moral y normas de discernimiento. Desafíos a la moral de la familia: Directrices anticipadas, Eutanasia, Homosexualidad. Pasos que se han de dar para un juicio de nulidad y la normativa pontificia reciente (Mitis Iudex Dominus Iesus). Facultades de los párrocos y de los Vicarios Episcopales para un matrimonio.
Nos planteamos asuntos que con frecuencia se nos presentan en la pastoral: ¿Se puede dar la comunión a casados por la Iglesia que se han separado y viven en una nueva unión? ¿Se puede admitir al bautismo a una persona mayor que vive con una pareja con la que no puede casarse por la Iglesia, y por tanto, también darle su Confirmación y la Comunión, ésta por única vez? ¿Pueden confesarse y comulgar personas que quieren recibir la Confirmación, pero viven en una situación irregular, que no pueden resolver, y quieren recibir la fuerza del Espíritu, que necesitan sinceramente? En caso de una enfermedad grave, o antes de una operación delicada, ¿pueden confesar y comulgar quienes viven en una situación no regular?
Estos y otros planteamientos no son elucubraciones de academia, sino casos concretos de cada día en el ministerio pastoral. La respuesta habitual en estos casos era casi siempre la negativa. Pero desde antes de que llegara el Papa Francisco, ya nos significaba un remordimiento de conciencia excluir a estas personas de todos los sacramentos, de una forma tajante y poco comprensiva. Si una persona vivía en amasiato y estaba gravemente enferma, aunque nos pidiera la confesión y los demás auxilios espirituales, se los negábamos con la conciencia de estar haciendo lo mejor. Pero, ¿esa es la actitud de Jesús? ¿Un legalismo sin misericordia, sin análisis de cada caso particular?
PENSAR
El Papa Francisco, en el capítulo VIII de Amoris laetitia, insiste de una forma obsesiva que nunca hemos de traicionar el ideal del matrimonio y que siempre hay que procurarlo; pero, con un realismo evangélico y pastoral, nos invita a ser misericordiosos. Nunca afirma, en forma explícita, que se admita a esas personas a la comunión sacramental, pero nos da criterios de discernimiento, apegados a la práctica de Jesús, para que nosotros tomemos la decisión pertinente en cada caso. Yo ya he concretado algunos criterios para el clero diocesano.
Dice el Papa: “Aunque la Iglesia entiende que toda ruptura del vínculo matrimonial va contra la voluntad de Dios, también es consciente de la fragilidad de muchos de sus hijos… Aunque siempre propone la perfección e invita a una respuesta más plena a Dios, la Iglesia debe acompañar con atención y cuidado a sus hijos más frágiles, marcados por el amor herido y extraviado, dándoles de nuevo confianza y esperanza” (291).
Dos lógicas recorren toda la historia de la Iglesia: marginar y reintegrar. El camino de la Iglesia es siempre el camino de Jesús, el de la misericordia y de la integración. El camino de la Iglesia es el de no condenar a nadie para siempre y difundir la misericordia de Dios a todas las personas que la piden con corazón sincero” (296).
Los divorciados en nueva unión pueden encontrarse en situaciones muy diferentes, que no han de ser catalogadas o encerradas en afirmaciones demasiado rígidas sin dejar lugar a un adecuado discernimiento personal y pastoral” (298).
Los bautizados que se han divorciado y se han vuelto a casar civilmente deben ser más integrados en la comunidad cristiana en las diversas formas posibles, evitando cualquier ocasión de escándalo. La lógica de la integración es la clave de su acompañamiento pastoral, para que no sólo sepan que pertenecen al Cuerpo de Cristo que es la Iglesia, sino que puedan tener una experiencia feliz y fecunda” (299).
ACTUAR
¿Qué hacer? Dice el Papa: “Para evitar cualquier interpretación desviada, recuerdo que de ninguna manera la Iglesia debe renunciar a proponer el ideal pleno del matrimonio, el proyecto de Dios en toda su grandeza. La tibieza, cualquier forma de relativismo, o un excesivo respeto a la hora de proponerlo, serían una falta de fidelidad al Evangelio y también una falta de amor de la Iglesia hacia los mismos jóvenes. Comprender las situaciones excepcionales nunca implica ocultar la luz del ideal más pleno ni proponer menos que lo que Jesús ofrece al ser humano” (307).
Comprendo a quienes prefieren una pastoral más rígida que no dé lugar a confusión alguna. Pero creo sinceramente que Jesucristo quiere una Iglesia atenta al bien que el Espíritu derrama en medio de la fragilidad: una Madre que, al mismo tiempo que expresa claramente su enseñanza objetiva, no renuncia al bien posible, aunque corra el riesgo de mancharse con el barro del camino” (308).
ZENIT

Santa Sede y Estado de Israel: progresan las negociaciones bilaterales



 La Comisión  Bilateral Permanente de Trabajo entre la Santa Sede y el Estado de Israel se ha reunido en sesión plenaria este 13 de Junio en el Vaticano, para continuar las negociaciones en virtud del artículo 10 § 2 del “ Fundamental Agreement ” entre la  Santa Sede y el Estado de Israel de 1993.
El encuentro estuvo  presidido por Mons. Antoine Camilleri, subsecretario para las Relaciones con los Estados, y el Sr. Tzachi Hanegbi, Ministro de Cooperación Regional del Estado de Israel.
La Sesión Plenaria ha manifestado su agrado por  los progresos realizados por la Comisión de Trabajo en relación con las negociaciones desarrolladas  en un ambiente cordial.
Los resultados de la Plenaria actual brindan la esperanza de una pronta conclusión de las negociaciones en curso y de la firma del documento. La Plenaria reconoce, además, los esfuerzos de colaboración de ambas partes con respecto a la aplicación del Acuerdo Bilateral de 1997 sobre la Personalidad Jurídica
 (ZENIT – Roma, 16 Jun. 2017)

40 cristianos iraquíes podrían ser deportados de EE.UU. por delitos antiguos


«Estamos especialmente preocupados por que los caldeos sean devueltos a Irak, un país en el que la persecución contra los cristianos solo se ha reducido por los pocos que quedan», afirman las entidades caritativas católicas de Michigan sobre la redada del 11 de junio contra varias decenas de iraquíes
A la comunidad caldea en Estados Unidos le preocupa que las varias decenas de cristianos iraquíes detenidos hace unos días en la zona de Detroit (Michigan) sean deportados a Irak, donde sus vidas corren peligro. El domingo 11 de junio, la Policía de Inmigración y Aduanas de Estados Unidos (ICE por sus siglas en inglés) detuvo en sus casas a unos 40 iraquíes, muchos de ellos cristianos caldeos.
En un comunicado, la policía explicaba que los arrestos se producen después de que Irak haya aceptado admitir a las personas originarias de este país que sean expulsadas de Estados Unidos. Los detenidos –continuaba el ICE– tenían antecedentes por crímenes violentos, desde robos hasta violación u homicidio. Los detenidos ya han cumplido sus sentencias, pero tenían órdenes de expulsión pendientes por tener antecedentes penales.
«Hay mucha confusión y enfado», afirmó el lunes monseñor Francis Kalabat, obispo al frente de la eparquía caldea de Santo Tomás Apóstol, que cubre todo Detroit. En esta ciudad, viven unos 150.000 caldeos. «Entendemos el dolor por el que están pasando muchos miembros de nuestra comunidad», reconocía el obispo, pero también llamaba a la calma: «Actuar de forma irrespetuosa delante de edificios federales solo causará daño, nada bueno», decía, refiriéndose a las manifestaciones de cientos de personas como respuesta a la redada.
Crímenes de hace décadas
«La Iglesia no se opone a la justicia, todos los criminales reincidentes que son un peligro para la sociedad deben ser detenidos» –aclaraba monseñor Kalabat–. Sin embargo, «muchos de los detenidos no son reincidentes, sino que durante las últimas décadas han sido buenos ciudadanos».
Monseñor Kalabat también criticaba que esta medida era incoherente con la Ley para la rendición de cuentas y la ayuda de emergencia por el genocidio [contra los cristianos] en Iraq y Siria, aprobada por el Congreso de Estados Unidos el 6 de junio de 2017.
El riesgo de volver a Irak
«Estamos especialmente preocupados por la posibilidad de que los caldeos sean devueltos a Irak, un país en el que la persecución contra los cristianos solo se ha reducido por los pocos que quedan», afirma en un comunicado la entidad que engloba a las asociaciones caritativas católicas de la zona sureste de Michigan (CCSEM).
Este texto cuestiona «la elección del momento en que se han producido los arrestos, y su necesidad». Critican que centrar la lucha contra los crímenes graves en la comunidad inmigrante y refugiada es «desigual e inconsistente», y que apenas se ha justificado qué antecedentes criminales tienen los detenidos o «cómo estas redadas hacen que las comunidades sean más seguras».
Tanto la eparquía como CCSEM llevan desde el domingo en contacto con diversas instituciones, como el Departamento de Estado o la Embajada iraquí; así como con la Conferencia Episcopal Estadounidense y organizaciones de ayuda a los inmigrantes para valorar qué se puede hacer para «detener esta hemorragia», en palabras del obispo.
María Martínez López

Jesucristo está en medio de nosotros



La celebración del Corpus Christi este domingo me mueve a entrar en el Cenáculo y hablaros desde él. Allí resuenan las palabras que Jesús nos dirige a todos los discípulos: «El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estragos; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante» (Jn 10, 10). El Señor se nos dio enteramente. En la fiesta del Corpus tenemos la gracia de recordar que su carne es el alimento de vida eterna que nos da el Padre. ¡Qué palabras más elocuentes las del Señor: «Yo vivo por el Padre, y el que me come vivirá por mí» (Jn 6, 56)!
En esta nueva etapa de la historia que emprendemos, y en la que está metida de lleno toda la humanidad, siento urgencia de decir una palabra desde el lugar donde Jesucristo instituyó la Eucaristía. La Eucaristía es don del Padre, y Jesús quiere que lo entendamos bien. La Iglesia así lo interpretó, y nos regaló esta fiesta del Corpus para entender mejor y contemplar sus palabras: «Es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo» (Jn 6, 36). No es un pan provisorio, es alimento definitivo, eficaz para dar vida y vida eterna. En la Eucaristía tenemos el testimonio de cómo es el amor del Padre: un amor cercano, incondicional, disponible siempre para toda persona que quiera tener fuerza en el camino; un amor que cambia nuestra mirada hacia los demás, pues nos hace verlos hermanos; un amor que nos hace compartir lo que somos y tenemos; un amor que es creador de fraternidad entre los hombres, pues siempre busca al otro para hacerle el bien.
En la Eucaristía recobramos la dignidad profunda y verdadera que tenemos los hombres y de la que tenemos que vivir. Por eso, en la fiesta del Corpus Christi, los discípulos de Cristo volvemos a preguntar a Jesús: ¿dónde quieres que preparemos la Eucaristía? ¿Dónde deseas que la recibamos con amor? ¿Dónde quieres que te adoremos como Dios vivo? Y la respuesta es contundente: id a la ciudad, salid a ver a quienes llevan cántaros de agua para dar de beber a los demás, pero siempre para provocar en ellos lo que hizo con la samaritana; esta dejó su cántaro de barro y convirtió su vida entera en cántaro, y marchó corriendo a anunciar a su gente que fuesen con ella a ver a Jesús, quien le había dado el agua que quita la sed que todo ser humano tiene.
Es desde ese lugar que es el Cenáculo desde donde siempre tenemos que salir los discípulos de Jesús, pues nuestra misión requiere que llenemos nuestra vida del amor mismo de Cristo y, por tanto, que salgamos siempre con Él a todos los caminos donde están los hombres. Jesús invita a todos a participar en su misión. Nadie puede quedarse con los brazos cruzados, pues ser discípulo de Cristo es ser misionero, es decir, anunciador de Cristo con creatividad y audacia en todos los ambientes. Un discípulo que sale siempre del Cenáculo, alimentado de  Cristo Eucaristía. Todos los caminos de la humanidad son de los discípulos de Cristo, pero no podemos salir de cualquier manera. Recordemos aquellas palabras que los primeros discípulos tuvieron muy en cuenta: «Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo que va a venir sobre vosotros y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría y hasta el confín de la tierra» (Hch 1, 8). Los apóstoles recuerdan aquellas palabras que el Señor les dirigió después de la Resurrección, cuando les dijo: «Así está escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se proclamará la conversión para el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto» (Lc 24, 46-47). Salgamos a todos los caminos y llamemos a los hombres al banquete, como en la parábola de los invitados por el rey a las bodas de su hijo, llenemos la sala. Habrá quienes no acepten la invitación, pero invitemos a participar de la gran fiesta que es la Eucaristía, donde el Señor prepara a su pueblo a abrir el corazón a los demás.
En la Eucaristía resplandece la dignidad humana. El Hijo de Dios ha querido quedarse entre nosotros en el misterio de la Eucaristía. Quien nos hizo a su imagen y semejanza, quien nos creó libres e hizo sujetos de derechos y deberes en la creación, nos dice cómo tenemos que vivir: nada más y nada menos que alimentándonos de Él y dando lo que Él nos da a todos los hombres, su Vida, que se ha de hacer vida nuestra. Él nos da su Vida para que en comunión con Él la comuniquemos a todos los hombres. Si el pecado deterioró la imagen de Dios en el hombre e hirió su condición de hijo de Dios y hermano de todos los hombres, la Buena Nueva que es Cristo lo ha redimido y restablecido en la gracia. ¡Qué gracia esta fiesta del Corpus Christi! Dios nos reconcilió consigo por amor, nos mostró su amor reconciliándonos por la muerte de su Hijo en la Cruz, y continúa derramando su amor en nosotros por el Espíritu Santo y alimentándonos con la Eucaristía, pan de vida.
Contemplemos el misterio de la Eucaristía:
1. Como la escuela del Amor más grande: participar y contemplar la Eucaristía es la escuela de Amor más grande. No da teorías. Cambia el corazón y la dirección de nuestra vida. ¿Por qué no convertirnos en hombres y mujeres que, al estilo de Cristo con la samaritana, invitamos a todos los que nos encontramos a ser cántaros de Cristo? Invitemos a contemplar a Cristo en el misterio de la Eucaristía, y mostremos que quien tiene todo lo necesario para quitar la sed es Jesucristo. Las demás aguas que demos, no sacian. ¿Por qué no convertirnos en hombres y mujeres que inviten a bajar a los hombres de donde están subidos y dejen entrar en su vida a Jesucristo, al igual que Él lo hizo con Zaqueo? La Eucaristía nos invita a dar ese mismo Amor que dio el Señor a Zaqueo y que le hizo cambiar de vida. Convirtámonos en hombres y mujeres que nos sentamos a la mesa del Señor, y allí vemos el modo y la manera de enriquecer a los demás siempre y no robar a nadie. ¿Por qué no convertirnos en hombres y mujeres samaritanos, que nos acercamos a todos los que vemos en los caminos tirados, sufriendo, solos, víctimas de esclavitudes diferentes? La Eucaristía nos lleva a servir siempre al hermano, al prójimo tal y como Jesús nos enseña en la parábola: acercarnos, agacharnos, curarlo, vendarlo, prestar nuestra cabalgadura, llevarlo a donde puedan cuidarlo y nunca desentendernos de él.
2. Como la escuela de la esperanza verdadera: es bueno contemplar la Eucaristía en estos momentos que vivimos, donde la bajeza de diversas clases parece achatar todo, y escuchar a Jesús que nos dice una vez más: «El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él» (Jn 6, 56). Miremos al pueblo de Israel al que, como en el desierto no encontraba nada para alimentarse y solamente veía su propio límite, Dios le regaló un alimento especial: el maná, que prefiguraba la Eucaristía. En estos momentos de la historia hay mucha infelicidad. Parece que tenemos todo, pero la soledad, el poco valor que se da a la vida, la inconsistencia de tantas modas, muestran cómo la altura humana disminuye. Es cierto que se quiere mitigar con entretenimientos que falsifican nuestro ser. Miremos, contemplemos la Eucaristía. Es Dios mismo que ha querido continuar su presencia entre los hombres. Sigue siendo necesario que digamos con Pedro y los apóstoles: «Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna» (Jn 6, 68).
3. Como la escuela donde aprendemos a vivir el compartir: el relato de la cena es conmovedor. ¡Cómo comparte su vida con sus discípulos! «Mientras comían, tomó pan y, pronunciando la bendición, lo partió y se lo dio diciendo: “Tomad, esto es mi cuerpo”» (Mc 14, 22). Sabe que uno lo va a entregar. Les abrió el corazón y se lo dijo. Pero no sigue hablando de esta traición. Él desea que lo que vean sus discípulos es que se sigue dando. En ese partirse y fragmentarse, Jesús nos manifiesta el gesto más vital, más fuerte, donde la fragilidad es fortaleza. Fortaleza de amor que se hace débil para que así lo podamos recibir; se hace amor para poder alimentar y dar vida. ¡Qué bien entendemos así aquellas palabras: «Lo había reconocido al partir el pan» (Lc 24, 35)! Es alimentándonos de la Eucaristía donde descubrimos lo que de verdad es compartir la vida. Es contemplando la Eucaristía donde vemos a quien ha querido compartir nuestra vida, Jesús, y a quien desea que la compartamos como Él.
Con gran afecto y mi bendición,
+Carlos Card. Osoro, Arzobispo de Madrid

Todo el que mira a una mujer deseándola, ya ha cometido adulterio



Lectura del santo Evangelio según san Mateo 5, 27-32

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Habéis oído el mandamiento "no cometerás adulterio".
Pero yo os digo: Todo el que mira a una mujer deseándola, ya ha cometido adulterio con ella en su corazón.
Si tu ojo derecho te induce a pecar, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en la “gehenna”.
Si tu mano derecha te induce a pecar, córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero “gehenna”.
Se dijo: "El que repudie a su mujer, que le dé acta de repudio" Pero yo os digo que si uno repudia a su mujer - no hablo de unión ilegítima - la induce a cometer adulterio, y el que se casa con la repudiada comete adulterio».
Palabra del Señor.