miércoles, 24 de junio de 2015

Tal día como hoy, nacía Juan de la Cruz



Tal día como hoy, en 1542, según la tradición, nació Juan de Yepes, quien, andado el tiempo, sería el carmelita Juan de la Cruz. Así figura en una inscripción:

«En esta pila se bautizó el Místico Doctor San Juan de la Cruz, primer Carmelita Descalzo, lustre y honra de esta nobilísima Villa de Fontiveros por haber sido natural de ella. Nació el año de 1542 a 24 de Junio. Murió el año de 159 a 14 de Diciembre. Hízose siendo cura el Licenciado José Velado año de 1680»

Carlos Osoro: "Si hacemos de la fe una espada contra los demás, no hemos entendido a Dios"

"Si no existiese Dios, no habría ateos". Carlos Osoro se presentó anoche en un lugar cuando menos atípico para un obispo. "No soy torero pero he predicado en una plaza de toros. Nunca me imaginé en un teatro y aquí estoy, encantado". El arzobispo de Madrid participó en la sala Pérez Galós del Teatro Español en la segunda edición de "Voces de Madrid", un proyecto que quiere sentar en el escenario a personajes de la vida pública para hablar y escuchar.
El moderador, Ignacio García May, reconoció no esperar nunca que un obispo llegara al estrado. Osoro se ganó enseguida al público, recordando su vocación y reivindicando la normalidad de ser cristiano, y el deber de confrontar la fe en la sociedad. De modo pacífico e incluyente, pues "si hacemos de la fe una espada contra los demás, no hemos entendido a Dios".
"El peregrino", apodo que le puso el Papa Francisco ("y mi amigo Jesús Bastante, que está aquí", señaló, indicando a este ruborizado cronista) se calificó como "un nómada permanente", y justificó la verdad del término que lo califica. "Madrid no se puede conocer desde mi despacho". Anoche, en el centro de un escenario, acompañado por un piano y una escenografía propia de un cabaret, con mesas redondas, sillas y un granizado.
"El Dios en quien yo creo ha dado al hombre la tierra para que pueda vivir compartiéndola", pues "hablar de Dios supone dedicarse al ser humano. Dios no nos anula ni nos distancia de los demás", aclaró.
"El cristianismo es un bien social, porque a mí me enseña a respetar al otro", apuntó el obispo, quien incidió en que "tenemos que vivir para los demás. Si creo en Dios, no puedo hacer otra cosa. Y creer no estorba a los demás". De hecho, muchos de sus amigos "no creen ni en las aspirinas, pero cuando necesitan consejo ahí estoy. Y nunca nos hemos abandonado".
"A mí ser obispo me ha ensanchado el corazón", confesó Carlos Osoro, quien mostró su objetivo de "ser pastor de todos, y acercarme a las personas no por lo que tienen, sino por lo que son". Confesó que le costó mucho abandonar Valencia, y que "el acto de obediencia más grande de mi vida ha sido tener que venir a Madrid. Por eso, me entrego totalmente".

Pese a todo lo que está cayendo, Osoro es optimista: "Éste es un tiempo de gran esperanza, porque el ser humano está necesitado de una Buena Noticia; que Dios le quiere y no pasa de nadie", concluyó. Cayó el telón, y los aplausos. Y otro mito: el de ver a un obispo ante las tablas.

El amor está más en las obras que en las palabras, el Papa a los jóvenes

Una plaza repleta de jóvenes con Rosarios en las manos y entonando “Emanuel” acogieron en la tarde del pasado domingo al Papa Francisco, llegado a la Plaza Vittorio Veneto de Turín donde también se encontraba la cruz de la JMJ.
Amor, vida y amigos: fueron éstos los temas fundamentales del discurso del Papa, respondiendo a las preguntas que le dirigieron algunos jóvenes.
El amor es concreto, es diálogo, es casto, es sacrificio, es finalmente “servicio”: así definió el Papa el amor, respondiendo a la primera pregunta. El Obispo de Roma explicó que el amor se mueve en base a dos ejes fundamentales: el primero, es el ser concreto: “el amor está más en las obras que en las palabras”, dijo. El segundo eje, es el diálogo: “el amor se comunica, se hace en el diálogo, en comunión”, prosiguió. 
Francisco les invitó a vivir plenamente su vida, con amor, andando a “contra corriente”, siguiendo las palabras del beato Pier Giorgio Frassati: “vivir, no sobrevivir”. “A mí me da mucha tristeza y mucha pena ver a los jóvenes que se jubilan a las 20 años. Han envejecido rápidamente. Lo que hace que un joven no se jubile, son las ganas de amar”, dijo.

El Papa, quien habló sin papeles en la mano, quiso también que los jóvenes pensaran sobre los conflictos bélicos que se viven actualmente en el mundo, en Europa, en África, en Medio Oriente… “¿yo puedo tener confianza en una vida así de este modo?, ¿puedo confiar en los dirigentes mundiales? Cuando yo voy a votar a un candidato; ¿puedo confiar que no llevará mi país a la guerra?”. E insistió también en la hipocresía de hablar de paz y fabricar armas.

Nada te turbe. Juan Santamaría.

«Natividad de San Juan Bautista»


Juan viene a ser como la línea divisoria entre los dos Testamentos, el antiguo y el nuevo. 

Así lo atestigua el mismo Señor, cuando dice: La ley y los profetas llegaron hasta Juan. Porque personifica lo antiguo, nace de padres ancianos; porque personifica lo nuevo, aún no ha nacido y, al venir la Virgen María, salta de gozo en las entrañas de su madre. Con ello queda demostrado de quién es precursor, antes de que él lo vea. 

Zacarías calla y pierde el habla hasta que nace Juan, el precursor del Señor, y abre su boca. 

El hecho de que en el nacimiento de Juan se abre la boca de Zacarías tiene el mismo significado que el rasgarse el velo al morir Cristo en la cruz. 

Si se desata su lengua es porque ha nacido aquel que es la voz; en efecto, cuando Juan cumplía ya su misión de anunciar al Señor, le dijeron: ¿Tú quién eres? Y él respondió: Yo soy la voz que grita en el desierto. Juan era la voz; pero el Señor era la Palabra que en el principio ya existía. Juan era una voz pasajera, Cristo la Palabra eterna desde el principio.

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Cuando llegó el tiempo en que Isabel debía ser madre, dio a luz un hijo.

Evangelio según San Lucas 1,57-66.80. 

Cuando llegó el tiempo en que Isabel debía ser madre, dio a luz un hijo. 

Al enterarse sus vecinos y parientes de la gran misericordia con que Dios la había tratado, se alegraban con ella. 

A los ocho días, se reunieron para circuncidar al niño, y querían llamarlo Zacarías, como su padre; 
pero la madre dijo: "No, debe llamarse Juan". 

Ellos le decían: "No hay nadie en tu familia que lleve ese nombre". 

Entonces preguntaron por señas al padre qué nombre quería que le pusieran. 

Este pidió una pizarra y escribió: "Su nombre es Juan". Todos quedaron admirados. 

Y en ese mismo momento, Zacarías recuperó el habla y comenzó a alabar a Dios. 

Este acontecimiento produjo una gran impresión entre la gente de los alrededores, y se lo comentaba en toda la región montañosa de Judea. 

Todos los que se enteraron guardaban este recuerdo en su corazón y se decían: "¿Qué llegará a ser este niño?". Porque la mano del Señor estaba con él. 

El niño iba creciendo y se fortalecía en su espíritu; y vivió en lugares desiertos hasta el día en que se manifestó a Israel. 
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