martes, 22 de noviembre de 2016

Francisco invita a dejar paso a la “fantasía de la misericordia” y dar vida a “iniciativas nuevas”


La misericordia no puede ser un paréntesis en la vida de la Iglesia, sino que constituye su misma existencia, que manifiesta y hace tangible la verdad profunda del Evangelio. Todo se revela en la misericordia; todo se resuelve en el amor misericordioso del Padre. Lo dice el papa Francisco en su carta apostólica Misericordia et misera, que ha escrito el finalizar el Año Santo de la Misericordia.
De este modo, además de dar una serie de indicaciones precisas para que lo vivido este Jubileo se “prolongue” en el tiempo, el Santo Padre reflexiona una vez más sobre este don de Dios.
Así, el Pontífice recuerda que el perdón es el signo más visible del amor del Padre, que Jesús ha querido revelar a lo largo de toda su vida. “No existe página del Evangelio que pueda ser sustraída a este imperativo del amor que llega hasta el perdón”, asegura. De este modo, señala que nada de cuanto un pecador arrepentido coloca delante de la misericordia de Dios “queda sin el abrazo de su perdón”. Por este motivo, explica el Papa, “ninguno de nosotros puede poner condiciones a la misericordia; ella será siempre un acto de gratuidad del Padre celeste, un amor incondicionado e inmerecido”.
El Santo Padre precisa que se necesitan testigos “de la esperanza” y “de la verdadera alegría para “deshacer las quimeras que prometen una felicidad fácil con paraísos artificiales”. El vacío profundo de muchos –alienta Francisco– puede ser colmado por la esperanza que llevamos en el corazón y por la alegría que brota de ella.
En esta misma línea, el Santo Padre explica que hemos celebrado un Año intenso, “en el que la gracia de la misericordia se nos ha dado en abundancia”. Como un viento impetuoso y saludable, “la bondad y la misericordia se han esparcido por el mundo entero”, asegura el Papa.
Ahora, concluido este Jubileo, “es tiempo de mirar hacia adelante y de comprender cómo seguir viviendo con fidelidad, alegría y entusiasmo, la riqueza de la misericordia divina”, alienta.  Por esta razón, el Papa pide que “no limitemos su acción; no hagamos entristecer al Espíritu, que siempre indica nuevos senderos para recorrer y llevar a todos el Evangelio que salva”. Además, recuerda que “estamos llamados a celebrar la misericordia”.
Por otro lado, el Pontífice pide abrir “el corazón a la confianza de ser amados por Dios”. Su amor –añade– nos precede siempre, nos acompaña y permanece junto a nosotros a pesar de nuestro pecado.
Respecto a la escucha de la Palabra de Dios el Santo Padre recomiendo mucho “la preparación de la homilía y el cuidado de la predicación”. Así, reconoce que será tanto más fructuosa, “cuanto más haya experimentado el sacerdote en sí mismo la bondad misericordiosa del Señor”.
Tal y como explica el Papa en este documento, la Biblia es la gran historia que narra las maravillas de la misericordia de Dios. Cada una de sus páginas está impregnada del amor del Padre que desde la creación ha querido imprimir en el universo los signos de su amor. Por eso el Santo Padre manifiesta su vivaz deseo de que la Palabra de Dios se celebre, se conozca y se difunda cada vez más, “para que nos ayude a comprender mejor el misterio del amor que brota de esta fuente de misericordia”.
A los sacerdotes, renueva la invitación a prepararse con mucho esmero para el ministerio de la Confesión, que es una verdadera misión sacerdotal. Y les pide que sean acogedores con todos; testigos de la ternura paterna, solícitos en ayudar a reflexionar sobre el mal cometido, claros a la hora de presentar los principios morales, disponibles para acompañar a los fieles en el camino penitencial, siguiendo el paso de cada uno con paciencia, prudentesen el discernimiento de cada caso concreto y generosos en el momento de dispensar el perdón de Dios. Asimismo, les recuerda que “nosotros hemos sido los primeros en ser perdonados” y “hemos sido testigos en primera persona de la universalidad del perdón”. No existe ley ni precepto –asegura el Pontífice– que pueda impedir a Dios volver a abrazar al hijo que regresa a él reconociendo que se ha equivocado, pero decidido a recomenzar desde el principio.
Todos, reconoce el Papa, tenemos necesidad de consuelo, porque ninguno es inmune al sufrimiento, al dolor y a la incomprensión.
Por otro lado, también señala que en un momento particular como el nuestro, caracterizado por la crisis de la familia es importante que llegue una palabra de gran consuelo a nuestras familias. “El don del matrimonio es una gran vocación a la que, con la gracia de Cristo, hay que corresponder con al amor generoso, fiel y paciente”, reconoce el papa Francisco.
La gracia del Sacramento del Matrimonio — indica el Santo Padre– no sólo fortalece a la familia para que sea un lugar privilegiado en el que se viva la misericordia, sino que compromete a la comunidad cristiana, y con ella a toda la acción pastoral, para que se resalte el gran valor propositivo de la familia.
En la carta apostólica, el Pontífice subraya que “termina el Jubileo y se cierra la Puerta Santa”  pero “la puerta de la misericordia de nuestro corazón permanece siempre abierta, de par en par”. Al respecto, reconoce que durante el Año Santo, especialmente en los «viernes de la misericordia», ha podido darse cuenta de cuánto bien hay en el mundo. Existen personas –reconoce el Papa– que encarnan realmente la caridad y que no llevan continuamente la solidaridad a los más pobres e infelices.
Es el momento de dejar paso a la fantasía de la misericordia para dar vida a tantas iniciativas nuevas, fruto de la gracia. Ya que todavía hay poblaciones enteras que sufren hoy el hambre y la sed, grandes masas de personas siguen emigrando, la enfermedad es una causa permanente de sufrimiento, las cárceles son lugares en los que las condiciones de vida inhumana causan sufrimientos, el analfabetismo está todavía muy extendido, la cultura del individualismo exasperado hace que se pierda el sentido de la solidaridad y la responsabilidad hacia los demás. Por eso, el Papa precisa que “las obras de misericordia corporales y espirituales constituyen hasta nuestros días una prueba de la incidencia importante y positiva de la misericordia como valor social”.
Por todo ello, el Papa pide que nos esforcemos “en concretar la caridad” y “en iluminar con inteligencia la práctica de las obras de misericordia”. Estamos llamados –asegura– a hacer que crezca una cultura de la misericordia, basada en el redescubrimiento del encuentro con los demás. Asimismo, concluye asegurado que “este es el tiempo de la misericordia”. Cada día de nuestra vida está marcado por la presencia de Dios, que guía nuestros pasos con el poder de la gracia que el Espíritu infunde en el corazón para plasmarlo y hacerlo capaz de amar.  

 Zenit

22 de noviembre: santa Cecilia, virgen, mártir y patrona de la música


Santa Cecilia es miembro de la alta sociedad romana y se convierte al cristianismo. Ella ha consagrado su virginidad a Dios, pero sus padres conciertan una boda con el joven Valeriano. El marido, después de bautizarse, respeta la decisión de Cecilia. Ambos son apresados por enterrar los cuerpos de otros cristianos. Cecilia es condenada a muerte pero sobrevive milagrosamente en varias ocasiones. Finalmente es martirizada. Santa Cecilia convirtió a muchos paganos al cristianismo y es Patrona de los músicos
Santa Cecilia proviene de una familia de la alta sociedad romana, lo que no impide que se convierta al cristianismo. Su conversión cae como un terremoto entre los aristócratas de la ciudad, pues uno de los suyos, de los ricos y poderosos, se ha convertido a la religión de los esclavos, de los pobres. Y no sólo se convierte, sino que se convierte en una cristiana devota, activa y en un ejemplo.
Los padres de Cecilia la habían prometido en matrimonio con un joven llamado Valeriano. Tras la boda, ella informó a su marido de su decisión de permanecer virgen por amor a Dios y que un ángel protegía su virginidad. Valeriano le responde que si es cierto quiere ver al ángel, y Cecilia le invita a bautizarse para poder verlo. Valeriano es bautizado por el Papa Urbano, y desde entonces ambos se consagran vírgenes al Señor.
Los esposos, junto al hermano de Valeriano, son encarcelados por enterrar cristianos, cosa que estaba prohibida. El prefecto de la ciudad quiere condenar a Cecilia y busca cualquier excusa para ello. Cita a Cecilia y le pide una relación de bienes de su marido y de su hermano, pero ella lo ha entregado todo a los pobres. El juez, en vez de condenarla, le propone un pacto. Si Cecilia ofrece un sacrificio a los dioses romanos, la deja libre. Cecilia responde que no hay más Dios que el de los cristianos, y que los ídolos son patrañas.
El prefecto la condena a morir en la hoguera pero los verdugos, por más leña que echan al fuego, no consiguen que Cecilia muera. El juez ordena entonces que le corten la cabeza. La espada impacta tres veces en el cuello de la santa, pero aun así no muere. Tienen que pasar tres días para que santa Cecilia muera mártir. Durante esos tres días, consigue convertir a muchísimos paganos.
El culto a santa Cecilia se inicia en el siglo V, en la iglesia construida sobre lo que había sido la casa de la santa. En dicha iglesia había una comunidad de monjes que fueron los primeros que celebraban a diario los oficios cantados. En el oficio divino de santa Cecilia había una antífona que decía «Cantantibus órganis Cecilia virgo corde suo soli Domino decantabat…» (Al son de los órganos la virgen Cecilia cantaba en su corazón sólo al Señor”. A raíz de estas coincidencias, la Academia de la Música de Roma nombró a santa Cecilia como su patrona. Se extendió posteriormente su patronazgo en el mundo entero para los músicos.

José Calderero @jcalderero

El Papa concede a todos los sacerdotes la facultad de absolver el pecado de aborto


Misericordia et misera, las dos palabras que san Agustín usa para comentar el encuentro entre Jesús y la adúltera, son las elegidas por el papa Francisco para dar nombre al documento conclusivo del Año Jubilar Extraordinario de la Misericordia. Una carta apostólica en la que pide que la misericordia no sea «un paréntesis en la vida de la Iglesia». El Papa pide «iniciativas creativas» y recuerda que «es el momento de dejar paso a la fantasía de la misericordia». Además, da indicaciones precisas sobre cómo concretar esta misericordia.
Dando las gracias a los «misioneros de la misericordia», sacerdotes que durante este año han podido perdonar pecados reservados a la sede apostólica, el Papa indicado que este ministerio extraordinario no cesará con la clausura de la Puerta Santa. Así, desea que «se prolongue todavía, hasta nueva disposición, como signo concreto de que la gracia del Jubileo siga siendo viva y eficaz, a lo largo y ancho del mundo».
Por otro lado, «para que ningún obstáculo se interponga entre la petición de reconciliación y el perdón de Dios», de ahora en adelante Francisco concede a todos los sacerdotes, en razón de su ministerio, «la facultad de absolver a quienes hayan procurado el pecado de aborto».
Asimismo, en el Año del Jubileo el Pontífice había concedido a los fieles, que por diversos motivos frecuentan las iglesias donde celebran los sacerdotes de la Fraternidad San Pío X, fundada por Marcel Lefebvre y que no acepta el Concilio Vaticano II, la posibilidad de recibir válida y lícitamente la absolución sacramental de sus pecados. «Por el bien pastoral de estos fieles», y «confiando en la buena voluntad de sus sacerdotes», para que se pueda recuperar con la ayuda de Dios, la plena comunión con la Iglesia Católica, el Santo Padre establece que esta facultad «se extienda más allá del período jubilar, hasta nueva disposición, de modo que a nadie le falte el signo sacramental de la reconciliación a través del perdón de la Iglesia».
Además, el Santo Padre considera oportuno que cada comunidad, en un domingo del Año litúrgico, «renovase su compromiso en favor de la difusión, conocimiento y profundización de la Sagrada Escritura». Un domingo –precisa– dedicado enteramente a la Palabra de Dios para comprender la inagotable riqueza que proviene de ese diálogo constante de Dios con su pueblo.
Finalmente, el papa Francisco instituye el XXXIII Domingo del Tiempo Ordinario, es decir, el domingo anterior a Cristo Rey, la Jornada mundial de los pobres.
Zenit/Rocío Lancho García

Santa María in Trastevere, la iglesia del cardenal Osoro en Roma


El cardenal Osoro ha recibido el título cardenalicio de Santa María in Trastevere. El título fue establecido en torno al año 112 por el Papa Alejandro I y fue confirmado por el Papa Calixto I. El Papa Julio I cambió su nombre. Más tarde, en 595, se convirtió en el título de Julio y Calixto. En la primera mitad del siglo VIII el título era conocido por el nombre de Santa Madre de Dios y por último, durante el pontificado del Papa León III, tomó el nombre de Santa María en Trastevere, por la basílica de Santa María en Trastevere. De acuerdo con el catálogo de Pietro Mallio, compilado durante el pontificado de Alejandro III, el título estaba conectado a la Basílica de San Pedro y los sacerdotes celebraban misa turnándose.
La fachada, que conserva en la parte superior un mosaico del siglo XIII, está precedida por el pórtico proyectado por Carlo Fontana en 1702. En el interior, de tres naves sobre columnas (inspirada en la Basílica de Santa María la Mayor), destacan el bello techo de madera, diseñado por Domenichino (también autor de la Asunción en el centro) y algunas pinturas que se encontraron en la restauración del siglo XIX, durante el papado de Pío IX.
En la primera capilla de la nave derecha encontramos Santa Francisca Romana de Giacomo Zoboli, y en la segunda capilla la Natividad de Étienne Parrocel. En la cúpula del ábside puede admirarse un mosaico con la Coronación de la Virgen, del siglo XII, adornado en su parte inferior con Historias de la Virgen, también en mosaico, obra de Pietro Cavallini (1291).
La primera capilla de la nave izquierda es la capilla Ávila, con estuco en estilo barroco de Antonio Gherardi (1680). Entre la cuarta y tercera capillas se encuentra la tumba de Inocencio II, obra del arquitecto Vespignani que entre 1866 y 1877 llevó a cabo una restauración estilística de la iglesia. En la tercera capilla, con claraboya, hay un retablo de Ferrau Tenzone.
Entre las otras obras de arte cabe señalar el icono de la Virgen de la Clemencia o Virgen Theotokos, preciosísimo ejemplar ejecutado tal vez en el siglo VI (aunque algunos historiadores lo datan en el VIII), de rígida frontalidad y colores radiantes, relacionados con el primer estrato de frescos de la Iglesia de Santa María Antigua (Santa Maria Antiqua). La capilla Altemps se construyó a finales del siglo XVI. La imagen de la Virgen de la Clemencia está estrechamente vinculada con la historia del Pontificio Colegio Español San José de Roma, uno de cuyos primeros emplazamientos, hasta medio siglo, fue en el palacio Altemps, junto a plaza Navona.
En la actualidad y desde hace algo más de un cuarto de siglo, la iglesia de Santa María in Trastevere de Roma es la sede de las Comunidades de Sant'Egidio. Esto es, la iglesia de los pobres y de la acción social de la Iglesia con ellos.
Algunos cardenales titulares de Santa María in Trastevere
  • Luis Antonio de Belluga y Moncada (1737-1738)
  • Joaquín Fernández Portocarrero (1753-1756)
  • Pedro Segura y Sáenz (1929-1957)
  • Stefan Wyszyński (1957-1981)
  • Józef Glemp (1983-2013)
  • Loris Francesco Capovilla, (22 de febrero de 2014 – 26 de Mayo de 2016)
  • Carlos Osoro Sierra, (19 de noviembre de 2016)
Ecclesia

No quedará piedra sobre piedra



Lectura del santo Evangelio según san Lucas 21, 5-11

En aquel tiempo, como algunos hablaban del templo, de lo bellamente adornado que estaba con piedra caliza y exvotos, Jesús les dijo:
«Esto que contempláis, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea destruida».
Ellos le preguntaron:
-«Maestro, ¿cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder?».
Él dijo:
«Mirad que nadie os engañe. Porque muchos vendrán en mi nombre, diciendo: "Yo soy", o bien "Está llegando el tiempo"; no vayáis tras ellos. Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico. Porque es necesario que eso ocurra primero, pero el fin no será enseguida».
Entonces les decia:
«Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá grandes terremotos, y en diversos países, hambres y pestes. Habrá también fenómenos espantosos y grandes signos en el cielo».
Palabra del Señor.