sábado, 22 de julio de 2017

«En nombre de Dios, ni una muerta más»





«Queremos que las mujeres víctimas de violencia nos sientan a su lado», afirma el cardenal Carlos Osoro en un vídeo contra el machismo difundido por la archidiócesis en el día de santa María Magdalena
«Como Iglesia, queremos que las mujeres víctimas de violencia nos sientan inequívoca, radical, efectiva, y afectivamente a su lado». Este es el deseo que expresa el cardenal Carlos Osoro en el vídeo de presentación de la nueva comisión diocesana Por una vida libre de violencia contra las mujeres. La iniciativa se presenta este 22 de julio, fiesta de santa María Madalena, y lleva por lema: «En nombre de Dios, ni una muerta más».
Julia Almansa, directora de la fundación Luz Casanova, es una de las integrantes de la comisión. «En el nombre de María Magdalena y del de tantas mujeres silenciadas, abusadas, violadas y asesinadas, la Iglesia de Madrid se compromete en la erradicación de la violencia contra la mujer y se suma a la denuncia y reivindicación civil para solicitar medidas sociales, económicas, legales y educativas que permitan terminar con esta lacra», explica.
Toman la palabra en el vídeo diversas personalidades de la Iglesia local, como la periodista María Ángeles López, el filósofo Luis Aranguren o el jesuita Pablo Guerrero, coordinador del Área Familia de la Compañía de Jesús en España.
«Como Iglesia, estoy en contra de la violencia contra las mujeres, y si te lo tengo que explicar es que tienes un problema», dice el sacerdote Agustín Rodríguez Teso.
Enrique Iglesias Bemúdez, de la Delegación de Pastoral Gitana, llama la atención sobre la tolerancia social hacia esta forma de violencia. «Si vuelvo la cara ante el maltrato de la mujer me convierto en cómplice», dice. Por su parte, el Delegado de Pastoral de Trabajo, Juan Fernández de la Cueva, advierte sobre el riego que corren muchas empleadas en el trabajo doméstico, donde «la mujer no tiene suficiente protección ante el acoso sexual machista».
La nueva comisión diocesana pertenece a la Vicaría de Pastoral Social e Innovación de Madrid. Su máximo responsable, José Luis Segovia, define la violencia machista «como una cobarde degradación del poder masculinoy como la máxima expresión de las relaciones de poder y desigualdad entre hombres y mujeres que hunden sus raíces en los excesos del patriarcado y considera a la mujer de segunda categoría».

22 de julio: santa María Magdalena, pecadora arrepentida



Era «una mujer pecadora que había en la ciudad» y se le perdonaron los pecados «porque había amado mucho».
El relato de san Lucas (7, 36-50) introduce a esta mujer en la historia de los hombres y ya estará en ella hasta el fin; de no ser por los Evangelios y por lo que Jesús hizo con ella, nadie la recordaría hoy; su vida habría pasado como un anónimo de baja calidad olvidado por todos. Leyendo la escena de lo que pasó en casa de Simón no se descubre su nombre; fue una delicadeza de autor tan humano y fino que no quiso ponerla en evidencia. Hizo bien, porque como la malicia de los hombres y mujeres con sus evidentes debilidades no tienen nada de atractivo ni de originalidad, prefirió resaltar la misericordia sin límite de Jesús. Luego, cuando ya no tuviera dentro «los siete demonios» que tuvo, sí sería oportuno escribir el nombre de María Magdalena, como hace Lucas en el capítulo siguiente.
Sin que pueda afirmarse de modo absoluto la identidad entre María Magdalena, la pecadora sin nombre, con la hermana de Lázaro y de Marta que se llamaba María a la que habría de suponer una época de extravíos juveniles, parece que la coincidencia de rasgos comunes en los relatos evangélicos –preferencia por los pies de Jesús y ser amiga de ungüentos perfumados–, justifican la fusión que de ambas figuras hace la tradición cristiana como queda expresada en la liturgia y en el martirologio.
Quizá fue un reproche de Jesús lo que la llevó al cambio, pero no lo sabemos; o a lo mejor fue una mirada de Jesús encontrada en alguno de aquellos momentos en los que la había situado su curiosidad por desear ver al joven Rabí de Nazaret; o la afirmación agresiva que hizo Jesús –para aclarar la mente de los que pensaban que eran buenos– de que «los publicanos y las prostitutas os precederán en el reino de los Cielos». El caso es que comenzó a sentirse incómoda consigo misma desde que le escuchó aquello de «bienaventurados los limpios» que verían a Dios. Hablaba mucho Jesús de la misericordia divina y, sin poderlo explicar, María no podía distraerse del deseo vehemente de estar cercana; le parecía que nadie hasta entonces entendía tanto de las profundidades de ese corazón bueno de Dios y ella comenzó a notar en su interior un deseo acuciante de bondad y de bien. El Nazareno disfrutaba hablando de la misericordia divina con los pecadores, rompió las reglas de juego admitiendo entre sus amigos a indeseables, y hasta dijo aquella verdad de que el médico está para los enfermos, que lo sanos no lo necesitan. María se siente colocada frente a sí misma; comenzó a darle asco su vida. La enseñanza variopinta del Maestro hablaba del padre bueno que espera la vuelta del hijo que se fue, y del pastor que busca cuidadoso a la oveja que se extravió. La de Magdala ya no se soporta; no puede sufrir el pensamiento de su propio espectáculo a pesar de su ansia vehemente de triunfos y halagos; se rebela contra su situación actual al tiempo que escucha a Jesús que hablaba de Dios –el mismo de siempre, pero sin palo–, como un padre lleno de comprensión. La mujer siente su orgullo encabritado, pero la gracia va abriéndose camino; solo hacía falta querer dar un paso, porque los pecados pesan ahora como una atadura insoportable.
Ni se lo pensó. Entró como a escondidas con un vaso de alabastro lleno de perfume, sin deseo de llamar la atención, y sin conseguir pasar desapercibida. Quiso pedir perdón y no pudo; se arrastró; no le salían palabras; solo es capaz de llorar, besar los pies y secar lo mojado con sus cabellos manejados con arte. Aturdida por tan extraña situación, le pareció oír que el joven Rabí la defendía de Simón con palabras pausadas y voz serena. Después vino el gozo al escuchar «tu fe te ha salvado, vete en paz».
Libre y renovada, flotando en bondad, se une al grupo de mujeres que le asisten en el ministerio mesiánico, y ya no dejará jamás a Jesús, ni siquiera cuando le escuche que deberá comer su carne y beber su sangre, ni se unirá a la cobarde deserción de sus amigos en el momento del Calvario. Vive una felicidad indecible.
Galilea, Judea, Decápolis y Fenicia. En Judea, el ambiente se iba enrareciendo; ella no sintió miedo, ni entendió cómo podían tenerlo los discípulos. Pero aquello pasó, aunque María no lo tuviera previsto y hasta le pareciera la pesadilla de un sueño embustero, ¡habían apresado al Maestro! Si solo ha hecho el bien, si es tan bueno, si no hizo mal, si ayuda a los pobres, si se desvive por los enfermos, si dice verdades, si habla del Cielo… Su actuación fue la misma por todas partes. ¿No curó al paralítico? ¿Qué hizo con el ciego? ¿No sanó leprosos? ¡Dio vida a la niña, al chico de Naín, a Lázaro! Alimentó a miles con pocos panes y peces, libró a endemoniados… tantas y tantos vivían contentos gracias e él.
Ya han levantado la cruz. El Gólgota está oscuro y con truenos. Se le escucha perdonando, que es lo suyo. Y hace promesa del Reino al ladrón y asesino que se arrepiente; sí, ese es su estilo. María mira y no entiende, mira y se avergüenza. La antigua profecía: «Mi siervo ha tomado sobre sí los pecados de todos» fue como un relámpago en su mente que le hizo entrever algo del misterio. Era descubrir el precio de sus pecados, la malicia de sus hechos. Y muchas lágrimas, algún grito, todo es desconsuelo mientras hipa a moco tendido. La mano de la madre del crucificado puesta en su hombro venía a darle paz; el rostro de aquella mujer con lloro sosegado le hizo entender que no tenía derecho a expresar más dolor del que sufría la propia madre del muerto.
Cuando lo desclavaron y lo bajaron, casi no tuvieron tiempo para prepararlo y así lo tuvieron que enterrar. María Magdalena tiene la cabeza confusa y lleva un propósito en el pecho: cuando pasase el descanso sabático, moriría al lado de Jesús, quedándose junto al sepulcro.
Allá iba el domingo entre dos luces, con más ungüentos aromáticos, acompañada de un grupo pequeño de mujeres. La puerta está abierta, ¡han violado la tumba y no está su cuerpo! Corre al cenáculo y corren también Juan y Pedro. Todos se alborotan y regresan con el corazón en un puño, plasmada la incertidumbre en los rostros y con más miedo dentro. María se queda sola con su desventura; ya no le queda ni siquiera el cuerpo de Jesús muerto.
Le dice al hortelano que lo buscará y lo traerá. Solo una palabra en tono especial la revuelve para poder ella responder de modo increíble a lo humano: Rabboni, Maestro mío. Hay un nuevo intento de agarrarse a sus pies y la alegría indescriptible de testificar como un huracán que ha visto vivo al que estuvo muerto.
A partir de este momento, ya no se vuelve a hablar en el Evangelio más de María Magdalena.
Después quedó la leyenda –clara en sus justos términos– parloteando de sus posibles, imaginados o deseados pasos por el mundo, apartada en el desierto o llegando en diáspora judía hasta las playas de Marsella. Yo prefiero quedarme con la estampa que cierra su vida el Evangelio hasta que la salude personalmente en el cielo. ¿Podrá hacerse eso?
Archimadrid.org

Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?



Lectura del santo Evangelio según san Juan 20, 1. 11-18
El primer día de la semana, María la Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro.
Echó a correr y fue donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo:
«Se han llevado del sepulcro al señor y no sabemos dónde lo han puesto».
Estaba María fuera, junto al sepulcro, llorando. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde había estado el cuerpo de Jesús.
Ellos le preguntan:
«Mujer, ¿por qué lloras?».
Ella les contesta:
«Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto».
Dicho esto, se vuelve y ve a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús.
Jesús le dice:
«Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?».
Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta:
«Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré».
Jesús le dice:
«¡María!».
Ella se vuelve y le dice:
«¡Rabboni!», que significa: «¡Maestro!».
Jesús le dice:
«No me retengas, que todavía no he subido al Padre. Pero anda, ve a mis hermanos y diles: "Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro"».
María la Magdalena fue y anunció a los discípulos:
«He visto al Señor y ha dicho esto».
Palabra del Señor.

JMJ Panamá 2019: será la “Cinta Costera Uno” el sitio elegido para los encuentros con el Papa

El sitio elegido para los Actos Centrales de la JMJ será la Cinta Costera Uno, este será el principal lugar para los encuentros de la próxima Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), Panamá 2019, en programa del 22 al 27 de enero de ese año. Así lo dio a conocer Mons. José Domingo Ulloa Mendieta, Arzobispo de Panamá.
“Es importante destacar que cuando se generó la consulta con las Conferencias Episcopales del mundo entero, afirmó el Prelado, todas consideraron que la Cinta Costera es la opción que más se acerca a los espacios donde se han realizado otras Jornadas anteriores”. Además, se contó con la apreciación e importante evaluación de la Gendarmería del Vaticano, cuyos especialistas consideraron que la Cinta Costera es apta para garantizar la seguridad de Su Santidad, de la misma forma que cumple con la sencillez y los requerimientos que el Papa Francisco ha pedido”.
Entre los principales aspectos que se tomaron en cuenta para la decisión en el análisis preliminar – precisó el Arzobispo – fue la capacidad para albergar a los peregrinos en los actos centrales; la cantidad adecuada de accesos; la administración de emergencias y la gestión con los residentes.
El Comité Organizador Local (COL) de la JMJ 2019 se está preparando para recibir en la Cinta Costera un promedio de 375 mil peregrinos inscritos, tanto nacionales como internacionales. Para quienes no participen como peregrinos oficiales – se señala – se habilitarán espacios complementarios dentro y fuera de la Cinta Costera, de manera que también puedan compartir de la mejor manera la riqueza de los actos principales, pero tendrán prioridad los inscritos.
Una vez evaluado esto en conjunto con el equipo del Estado panameño, iniciamos el  periodo de profundización y afinamiento de los planes de ejecución, alineados con la intención del Santo Padre en que este encuentro con los jóvenes del mundo, con sede en Ciudad de Panamá, se dé de acuerdo a la realidad centroamericana, y atendiendo al mínimo impacto ambiental en tan importante obra de la ciudad, cumpliendo con los principios de austeridad.
(Renato Martinez – Radio Vaticano)
(from Vatican Radio)