martes, 1 de agosto de 2017

El tweet del Papa: como San Ignacio, ponerse al servicio del prójimo


 El Papa Francisco envió hoy un mensaje en su cuenta Twitter, en el día en que la Iglesia recuerda a San Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús: “Como San Ignacio de Loyola, dejémonos conquistar por el Señor Jesús y guiados por Él, nos coloquémonos al servicio del prójimo”.
Siempre hoy, el venezolano Arturo Sosa, prepósito general de la orden religiosa, en una entrevista a Radio Vaticano habló de los dos grandes desafíos de la Compañía de Jesús:
“Me gustaría sintetizar los desafíos de la Compañía en dos grupos. El primero es cómo podemos entender nuestra mejor contribución a la misión de reconciliación de la Iglesia”. Añade que “la contribución tiene un fundamento y el fundamento es la fe. Por lo tanto, el primer desafío es discernir dónde Dios trabaja en este momento de la historia humana y cómo lo hace, para ser sus instrumentos y para colaborar con lo que Él hace”.
El P. Arturo Sosa afirma que hay que mirar a los crucifijos del mundo de hoy, marcado por la desigualdad y la pobreza. “Sin justicia social, la reconciliación no es posible”, afirma, añadiendo que hay que entender las causas de la injusticia y pensar en modelos alternativos de convivencia humana. “El desafío que tenemos ante nosotros es buscar reconciliar estos proceso, para garantizar a las futuras generaciones una vida mejor de la que tenemos hoy en medio de la desigualdad y la pobreza”.
El segundo gran grupo de desafíos identificado por el Prepósito es adaptar la Compañía de Jesús a los tiempos actuales, “poner a la Compañía en condiciones de ofrecer una colaboración más eficaz a estos desafíos”. Para el sacerdote venezolano, esto comienza con la conversión personal, con la conversión de la vida comunitaria y la más difícil, la conversión institucional.
ZENIT

San Alfonso María de Ligorio – 1 de agosto


Este gran maestro de la vida espiritual, cuyo ejemplo ha movido a tantos a perseguir ala santidad, nació en Marianella, quinta cercana a Nápoles, Italia, el 27 de septiembre de 1696. Primogénito de siete hermanos, seguramente ni su padre, capitán de galeras del rey, ni su madre, perteneciente a la aristocracia, olvidaron el vaticinio de san Francisco de Jerónimo, quien al nacer el niño les advirtió que llegaría a ser obispo y que moriría longevo habiendo dado gloria a la Iglesia. Esta profecía del jesuita se cumplió rigurosamente. De manos de su madre Alfonso recibió la instrucción cristiana y la ejercitó junto a su familia con actos cotidianos de piedad. Su inteligencia era tal que a los 16 años, algo verdaderamente excepcional, se graduó por doble vía como doctor en derecho civil y canónico complementando así su gran preparación artística, científica y musical. No eran menos notables sus cualidades espirituales que desarrolló con religiosos de san Felipe Neri y con los padres filipenses.
Siendo flamante abogado, con una importante clientela, compareció en Nápoles ante un tribunal dando pruebas fehacientes de su conocida elocuencia. La fama y el éxito le precedían por su brillante capacidad para salir victorioso de todos los casos que defendió. Pero erró en el pleito que sostuvo contra el duque de Toscana debido a una vil escaramuza ajena a él. Permaneció sumido en llanto en su aposento, colgó la toga, cerró el bufete, puso su espada a los pies de María y se olvidó de la profesión. Las visitas al Hospital de Incurables y la lectura de vidas de santos, junto a la oración que realizaba ante el Santísimo expuesto en las Cuarenta Horas, fueron su único consuelo. Un día, mientas atendía a los enfermos, escuchó: «Deja el mundo y entrégate del todo a Mí», locución que se repitió cuando abandonaba el hospital. Antes había dejado al arbitrio de Dios la respuesta acerca de un matrimonio con la hija de un príncipe. Él le llamaba para sí y conmovido, manifestó: «Dios mío, demasiado he resistido a vuestra gracia; aquí me tenéis; haced de mí lo que queráis». Este fíat particular lo ratificó ante María y después lo comunicó a sus allegados. Su padre no entendía su decisión, y su madre se deshizo en lágrimas. Pero Alfonso, venciendo toda resistencia, lo cual no fue fácil, después de cursar los estudios correspondientes, en 1726 fue ordenado sacerdote cuando tenía 30 años. Su progenitor comenzó por negarle la palabra. Después, pensando en los honores que su hijo podía obtener, se reconcilió con él.
Sin perder tiempo comenzó la evangelización por los barrios marginales de Nápoles. Era un rayo de luz brillando en medio de la sordidez en la que muchos malvivían. Malhechores, prostitutas, los que carecían de lo elemental para sostenerse dignamente, rezaban de forma comunitaria y se familiarizaban con la Palabra de Dios bajo la dirección de Alfonso y de otros sacerdotes. Les animaba a vivir la santidad. Cuando llegó a oídos del arzobispo de Nápoles esta sorprendente labor, cómo daba a conocer la fe al aire libre logrando que trabajadores y personas de escasos recursos pudieran recibir esa gracia, autorizó que se reunieran en las capillas; así nacieron las famosas «capillas del Atardecer». Los jóvenes del lugar se fueron incorporando a la dirección de esta fecunda actividad.
Su anhelo era misionar en China (se había alojado en el Colegio de los Chinos), y morir allí por Cristo. Pero, agotado por su intensa actividad fue a Scala para recuperarse. Al tomar contacto con la gente del lugar y apreciar su deficiente formación religiosa, se sintió llamado a erigir una nueva fundación dirigida a las zonas rurales. El 9 de noviembre de 1732 con un grupo de sacerdotes fundó la Congregación del Santísimo Redentor. Tras muchas penalidades, en 1749 fue aprobada por Benedicto XIV. Paralelamente, y con el fin de proporcionar adecuada formación a los seminaristas, Alfonso comenzó a redactar tratados de Moral. Su obra se fue incrementando con más de un centenar de textos de espiritualidad y de teología universalmente reconocidos. Entre otros se hallan las Máximas Eternas, Las Glorias de María y la Práctica de amor a Jesucristo. Están escritos con un lenguaje sencillo y ameno, accesible para los que no tenían especial preparación.
Cristo, el evangelio y la oración, junto con su devoción por María, la meditación sobre los misterios de la Encarnación y de la Pasión fueron algunos de los pilares de su vida espiritual. Respecto a la oración, hizo notar: «Quien reza se salva». Aseguró también: «Dios no niega a nadie la gracia de la oración, con la que se obtiene la ayuda para vencer toda concupiscencia y toda tentación. Y digo, replico y replicaré siempre, durante toda mi vida, que toda nuestra salvación está en el rezar».
Designado obispo de Sant’Agata dei Goti, se negó en varias ocasiones a aceptar la misión, aunque finalmente fue consagrado en 1762. Los trece años de ejercicio pastoral tuvieron el sello de su exquisita caridad. En 1775 se retiró a Pagani, Salerno. Padecía una dolorosa artrosis deformante que mantenía su espalda curvada, y que se fue agudizando. Pasó años llenos de sufrimientos a todos los niveles, físicos y espirituales, algunos creados por el devenir de la congregación y otros muchos problemas internos. Hasta llegó a ser alejado de la Orden por voluntad de Pío VI en 1780, hecho que acogió con su proverbial sentido de unidad y respeto a la Sede Apostólica. Murió el 1 de agosto de 1787; tenía cerca de 91 años. Pío VII lo beatificó el 15 de septiembre de 1815. Gregorio XVI lo canonizó el 26 de mayo de 1839. En 1871 Pío XI lo proclamó doctor de la Iglesia. Y en 1950 Pío XII lo nombró patrono de los confesores y moralistas. Juan Pablo II dijo de él: «San Alfonso es una figura gigantesca no solo de la historia de la Iglesia, sino de la misma Humanidad».
ZENIT

Guerra mundial por el agua


Se preguntaba el Papa en febrero si en medio de esta «tercera guerra mundial a pedacitos» que estamos viviendo, no vamos hacia una gran guerra mundial por el agua.
Francisco no exagera. Más de 1.300 millones de personas carecen de acceso adecuado al agua potable y más de 2.600 millones no disponen de servicios de saneamiento adecuados. El 80 % de los problemas de salud en el Tercer Mundo (están relacionados con esta carencia. La gran mayoría de fallecimientos por muerte no natural del mundo son por falta de agua potable, por sed o por las enfermedades causadas por la contaminación del agua.
Sin embargo, el problema no es la falta de este recurso: la totalidad de las fuentes y distribución de agua en el mundo son públicas, pero se han convertido, de hecho, en un bien privatizado debido a los contratos de concesión para construir pantanos, extraerla, distribuirla, purificarla, embotellarla y operar y facturar los servicios.
En la encíclica Laudato si el Papa nos recuerda que «el acceso al agua potable y segura es un derecho humano básico, fundamental y universal, porque determina la supervivencia de las personas, y por lo tanto es condición para el ejercicio de los demás derechos humanos». Y nos avisa de que «es previsible que el control del agua por parte de grandes empresas mundiales se convierta en una de las principales fuentes de conflictos de este siglo».
Nunca entendí que haya personas en su sano juicio, y menos cristianos que, clamando por el derecho a la vida de los nacidos, habiéndoseles atravesado la palabra ecología como un tabú, se burlen de las llamadas del magisterio de la Iglesia a cuidar la creación y procurar agua potable para todos. En Madrid tendremos en septiembre, por segunda vez, un gesto significativo para celebrar, el 2 de septiembre, la Jornada Mundial de Oración para el cuidado de la Creación 2017, promovida por el Papa Francisco y el Patriarca Ecuménico Bartolomé, que ojalá tenga la repercusión y la respuesta que se merece. Un gesto doblemente solidario: ecuménico, porque lo organiza la Comisión Mixta Ortodoxo-Católico Romana, y ecológico social, porque tiene como fin el que nos comprometamos todos a ser custodios del agua y promotores para que todos los seres humanos tengan derecho al agua potable para poder vivir.
Manuel María Bru

Un Vía crucis migratorio en el santuario de Loyola


La huerta del santuario de Loyola es el escenario en el que se ha instalado una exposición a modo de Vía crucis, compuesta por imágenes de gran tamaño del fenómeno migratorio, citas bíblicas que invitan a la oración y textos que informan y mueven a la reflexión y al compromiso. Se trata de una iniciativa del Santuario de Loyola en colaboración con la ONG jesuita Alboan
El Santuario de Loyola, en Azpeitia, acoge desde el 21 de julio la exposición Un lugar en el mundo, que ofrece «un recorrido oracional a través de la contemplación de las imágenes en un paralelismo entre el Vía crucis y el éxodo de las personas migrantes», señalan los organizadores. Para facilitarlo, los paneles se acompañan de referencias bíblicas y textos que acercan al visitante a las causas y consecuencias de los procesos migratorios. El objetivo del santuario y la ONG Alboan, coorganizadores de la muestra, es «invitar a los visitantes a caminar junto a las personas migrantes en su viaje».
La primera estación muestra a personas desplazadas por la guerra en Masisi, al este de la República Democrática del Congo. «La imagen nos recuerda que las migraciones forman parte de la historia de la humanidad y que todas las personas somos descendientes de inmigrantes», explican desde la organización. La segunda estación muestra a personas refugiadas por la guerra en Siria a su paso por Hungría rumbo a Alemania: «Son el reflejo de los más de 1.000 millones de personas que se han visto obligadas a abandonar su tierra de nacimiento en las últimas décadas». Así hasta la undécima estación donde podemos contemplar a una mujer desplazada burundesa en el campo de desplazados internos de Kiyange, Burundi. «Ella, con su alegre vestido de colores, representa el peligro del tránsito migratorio para las mujeres».
A las catorce estaciones tradicionales se ha añadido una última. Representa la Resurrección. «La imagen muestra una manifestación en Barcelona a favor de la acogida de personas refugiadas. La cita bíblica, tomada de Mateo 25, recuerda: “… tuve hambre y me disteis de comer (…), era inmigrante y me acogisteis”».
Un código QR permite, a través del móvil, realizar un itinerario espiritual con el Vía crucis o hacer un recorrido más centrado en la dimensión social. El proyecto se completa con 15 pequeñas imágenes situadas en el ángulo inferior izquierdo. Muestran el Vía crucis hecho por el jesuita camerunés Engelbert Mveng (1930-1995) –publicado por este semanario en la semana de Pascua–. La obra original, que se encuentra en Nairobi, ha sido fotografiada por Benedict Mayaki para este proyecto de Loyola, en el que se unen espiritualidad, justicia, arte y naturaleza.
Alfa y Omega

Cardenal Osoro: El verano «es buen tiempo para aprender a ser hermanos »Vídeo


El arzobispo de Madrid, cardenal Carlos Osoro, ha grabado un mensaje de verano para todos lo madrileños, tanto para los que dejan estos días la ciudad como para los que se quedan, en el que anima a aprovechar el tiempo de verano para acercarse al Señor, aprender a ser hermanos y descansar poniendo los agobios ante Él
El arzobispo de Madrid, en su mensaje de verano para los fieles madrileños, desea un verano diferente «con tres expresiones que el Señor nos dicen en el Evangelio: “Venid a mí”, “Aprended de mí”, “Encontraréis vuestro descanso”». A todos, a los que «os marcháis de la ciudad a otros lugares», y a los que «os quedáis en Madrid por enfermedad o falta de medios para salir por diferentes circunstancias», el cardenal Osoro pide lo mismo: «Id al Señor, escuchad su Palabra y, si tenéis oportunidad de encontrar un santuario cercano, id un ratito a estar junto al Señor». La clave, añade, es «aprender, ante la imagen de la Virgen que encontréis en la iglesia», a decirle al Señor: «Aquí estoy».
En segundo lugar, el arzobispo invita a «aprender de la misericordia, entrega, servicio y amor desinteresado del Señor», que tiene «el corazón abierto para todos los hombres». Este mes de agosto, tiempo de verano,  «es buen tiempo para aprender a ser hermanos», quitando «lo que nos hace indiferentes hacia ciertas personas, porque es verdad que hacemos diferencias».
Finalmente, el cardenal pide a sus fieles que «descansen en el Señor los agobios. En esta oportunidad de encontrarse con la familia y los amigos, reclinad la cabeza en el hombro del Señor. A veces el agobio ,la dificultad y desesperanza no se arreglan con otra medicina que poner la cabeza en el hombro del Señor».

Lo mismo que se arranca la cizaña y se echa al fuego, así será al final de los tiempos


Lectura del santo Evangelio según san Mateo 13, 36-43
En aquel tiempo, Jesús dejó a la gente y se fue a casa.
Los discípulos se le acercaron a decirle:
«Acláranos la parábola de la cizaña en el campo».
Él les contestó:
«El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del reino; la cizaña son los partidarios del Maligno; el enemigo que la siembra es el diablo; la cosecha es el fin del tiempo, y los segadores los ángeles.
Lo mismo que se arranca la cizaña y se echa al fuego, así será al final de los tiempos: el Hijo del hombre enviará a sus ángeles y arrancarán de su reino todos los escándalos y a todos los que obran iniquidad, y los arrojarán al horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga».
Palabra del Señor.