martes, 12 de abril de 2016

Dos persecuciones - Misa en Santa Marta

Son dos las persecuciones contra los cristianos: una es la «explícita», y el recuerdo de la Papa se dirigió a los mártires asesinados en Pascua en Pakistán, y la otra la «educada, disfrazada de cultura, modernidad y progreso» que termina por quitarle al hombre la libertad y también el derecho a la objeción de conciencia. Pero precisamente en el sufrimiento de las persecuciones el cristiano sabe que tiene siempre al lado al Señor, aludió Francisco durante la misa celebrada el martes 12 de abril por la mañana en la capilla de la Casa Santa Marta.
Para su meditación, el Pontífice se basó en la primera lectura (Hechos de los apóstoles 7, 51 - 8, 1). «Hemos escuchado —explicó— el martirio de Esteban: la tradición de la Iglesia lo llama el protomártir, el primer mártir de la comunidad cristiana». Sin embargo, «antes que él había habido pequeños mártires que, sin hablar pero con la vida, habían sido perseguidos por Herodes». Y «desde ese momento hasta la actualidad existen mártires en la Iglesia, ¡ha habido y hay!». Y «son hombres y mujeres perseguidos sólo por confesar y decir que Jesucristo es el Señor, pero ¡esto está prohibido!». Es más, esta confesión «provoca —en algunos momentos de la historia, en algunos lugares— la persecución».
«Es lo que aparece claramente —afirmó Papa— en el pasaje de los Hechos de los Apóstoles que leeremos mañana: después del martirio de Esteban se desencadenó una gran persecución en Jerusalén». Entonces «todos los cristianos huyeron, sólo los apóstoles se quedaron». Y, añadió, «la persecución —yo diría— es el pan de cada día de la Iglesia: por otra parte ya lo dijo Jesús».
«Nosotros cuando hacemos un poco de turismo por Roma, y vamos al Coliseo, pensamos que los mártires fueron los asesinados por los leones», prosiguió el Pontífice. Pero «los mártires no fueron sólo esos». En realidad los mártires «son hombres y mujeres de todos los días: hoy, el día de Pascua, hace sólo tres semanas». Francisco se refirió a «los cristianos que celebraban la Pascua en Pakistán: fueron martirizados sólo por celebrar el Cristo resucitado». Y «de esta forma la historia de la Iglesia sigue adelante con sus mártires». Puesto que «la Iglesia es la comunidad de creyentes, la comunidad de los confesores, de los que confiesan que Jesús es Cristo: es la comunidad de mártires».

«La persecución —observó el Papa— es una de las características, de los rasgos en la Iglesia, e impregna toda su historia» Y «la persecución es cruel, como la de Esteban, como la de nuestros hermanos pakistaníes hace tres semanas». Sí, cruel «como la que hacía Saulo que estaba presente en la muerte de Esteban, del mártir Esteban: iba, entraba en las casas, tomaba a los cristianos y los llevaba para ser juzgados».
Hay, sin embargo, advirtió Francisco, «otra persecución de la que no se habla tanto». La primera forma de persecución «se debe a confesar el nombre de Cristo» y por lo tanto es «una persecución explícita, clara». Pero la otra persecución «se presenta disfrazada como cultura, disfrazada de cultura, disfrazada de modernidad, disfrazada de progreso: es una persecución —yo diría un poco irónicamente— educada». Se reconoce «cuando el hombre es perseguido no por confesar el nombre de Cristo, sino por querer tener y manifestar los valores del hijo de Dios». Por lo tanto, es «una persecución contra Dios Creador en la persona de sus hijos».
Y así «vemos todos los días que los potencias hacen leyes que obligan a ir por este camino y una nación que no sigue estas leyes modernas, cultas o al menos que no quiera tenerlas en su legislación, es acusada, es perseguida educadamente». Es «la persecución que le quita al hombre la libertad, ¡también la de la objeción de conciencia! Dios nos ha hecho libres, pero ¡esta persecución te quita la libertad! Y si tú no lo haces, serás castigado: perderás el trabajo y muchas cosas o serás dejado de lado».
«Esta es la persecución del mundo», insistió el Pontífice. Y «esta persecución también tiene un jefe». En la persecución de Esteban «los jefes eran los doctores de la letra, los doctores de la ley y los sumos sacerdotes». En cambio, «el jefe de la persecución educada, Jesús lo llamó: el príncipe de este mundo». Se puede ver «cuando las potencias quieren imponer actitudes, leyes contra la dignidad del Hijo de Dios, persiguen a estos y van contra el Creador Dios: es la gran apostasía». Así «la vida de los cristianos sigue adelante con estas dos persecuciones». Pero también con la certeza de que «el Señor nos ha prometido que no se aleja de nosotros: “¡Tened cuidado, tenes cuidado! No caed en el espíritu del mundo. ¡Tened cuidado! Pero id adelante, Yo estaré con vosotros”».
En conclusión, Francisco pidió al Señor en la oración, «la gracia de entender que el camino del cristiano siempre va adelante en medio de dos persecuciones: el cristiano es un mártir, es decir, un testigo, uno que debe dar testimonio del Cristo que nos ha salvado». Se trata de «dar testimonio de Dios Padre, que nos ha creado, en el camino de la vida». En este camino el cristiano «muchas veces tiene que sufrir: esto trae mucho sufrimiento». Sin embargo, «así es nuestra vida: Jesús siempre a nuestro lado, con el consuelo del Espíritu Santo». Y «¡esa es nuestra fuerza!».

LA IGLESIA ESTÁ FUNDADA SOBRE LA PIEDRA QUE CONFESÓ PEDRO



Cristo dijo al apóstol Pedro: «Te daré las llaves del reino de los cielos, lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo», Pedro en aquel momento representaba a toda la Iglesia, que en este mundo es azotada por diversas tentaciones, como si fuesen lluvias, ríos, tempestades, pero que no cae, porque está fundamentada sobre la piedra, término de donde le viene el nombre a Pedro.

Y el Señor dice: Sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, porque Pedro había dicho: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo. «Sobre esta piedra que tú has confesado edificaré mi Iglesia.» Porque la piedra era Cristo, él es el cimiento sobre el cual el mismo Pedro ha sido edificado, pues nadie puede poner otro cimiento fuera del ya puesto, que es Jesucristo.

La Iglesia, que está fundamentada en Cristo, ha recibido en la persona de Pedro las llaves del reino de los cielos, es decir, el poder de perdonar y retener los pecados. La Iglesia, amando y siguiendo a Cristo, se libra de los males. Pero a Cristo le siguen más de cerca aquellos que luchan por la verdad hasta la muerte.

SEÑOR, HAZ BRILLAR TU ROSTRO SOBRE MI


Del Salmo 30:

 A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu

Sé la roca de mi refugio,
un baluarte donde me salve,
tú que eres mi roca y mi baluarte;
por tu Nombre dirígeme y guíame.

A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu

A tus manos encomiendo mi espíritu:
Tú, el Dios leal, me librarás;
yo confío en el Señor.
Tu misericordia sea mi gozo y mi alegría.

A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu

Haz brillar tu Rostro sobre tu siervo,
sálvame por tu misericordia.
En el asilo de tu presencia los escondes
de las conjuras humanas.

A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu

No fue Moisés, sino que es mi Padre el que da el verdadero pan del cielo


Evangelio según San Juan 6,30-35. 

La gente dijo a Jesús: "¿Qué signos haces para que veamos y creamos en ti? ¿Qué obra realizas? 

Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como dice la Escritura: Les dio de comer el pan bajado del cielo". 

Jesús respondió:
 
"Les aseguro que no es Moisés el que les dio el pan del cielo; mi Padre les da el verdadero pan del cielo;  porque el pan de Dios es el que desciende del cielo y da Vida al mundo". 

Ellos le dijeron: "Señor, danos siempre de ese pan". 

Jesús les respondió: 
"Yo soy el pan de Vida. El que viene a mí jamás tendrá hambre; el que cree en mí jamás tendrá sed. 

lunes, 11 de abril de 2016

¿Qué se le ha perdido al Papa en Lesbos? "Quiere despertar a una ciudadanía europea indiferente, abotargada y dormida"

En esta misma tribuna, hace unas semanas, decíamos que al Papa Francisco no le habían dejado ir a Idomeni. Y probablemente fuera así, sin embargo al final se ha salido con la suya. Viajará a Lesbos, la puerta de entrada más importante de inmigrantes y refugiados a Europa. Lo lleva en el corazón. Es superior a él. En cuanto ha podido, y le han dejado, ha cogido el avión. Estoy convencido que la Secretaría de Estado temblará en estos momentos. Este Papa se lo pone difícil a los diplomáticos y marrulleros.
Pero, realmente, qué se le ha perdido al Papa en Lesbos. Nada. Pero a Europa sí. Y el Papa va a Lesbos a gritar, una vez más: ¡Verguenza! ¡Verguenza! como lo hizo en Lampedusa. Su discurso será, sin duda contundente, contra la política comunitaria en relación con los inmigrantes y refugiados. Europa está perdiendo los valores históricos, que la caracterizaron.
El Papa Francisco viaja a Lesbos para esto: "Nuestra tarea es amonestar a quien se equivoca, denunciando la maldad y la injusticia de ciertos comportamientos, con el fin de liberar a las víctimas y de levantar al caído. El evangelio de Juan nos recuerda que «la verdad os hará libres» (Jn 8,32). Esta verdad es, en definitiva, Cristo mismo, cuya dulce misericordia es el modelo para nuestro modo de anunciar la verdad y condenar la injusticia. Nuestra primordial tarea es afirmar la verdad con amor (cf. Ef 4,15)...". ( MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO PARA LA 50 JORNADA MUNDIAL DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES, 24 enero 2016)
La mayoría de los países europeos es un conglomerado de pueblos, que poco a poco desde las diferencias, han ido integrándose, y dando lugar a las distintas nacionalidades. La inmigración externa e interna ha conformado, de manera más o menos armoniosa, las naciones europeas. Como ejemplo, sólo hay que ver las selecciones de fútbol de los distintos países o en Francia, la presidencia del gobierno o la alcaldía de París, ocupadas por dos personas de origen español. ¡Ah! pero esos son inmigrantes de lujo. Los de Lesbos son miseria y compañía. No es cierto son personas que tenían su vida resuelta hasta que llegaron las malditas guerras. ¿Nos gustaría que nos hubiera pasado a nosotros?
En una palabra, a Europa el término solidaridad se le está olvidando. De las promesas ha pasado a un comportamiento humillante y agresivo. Primero íbamos a acoger miles en cada país, luego cuotas, al final agua de borrajas. Estas personas que llegan a Lesbos son víctimas de un problema creado también por europeos y americanos. No lo olvidemos. Y las armas, que manejan los unos y los otros, han sido fabricadas en Europa y Estados Unidos. Las bombas que provocan la salida de esos seres humanos de sus países son nuestras. Y el negocio de la muerte lo hemos hecho nosotros.
En la época de la globalización, en la que viajar es algo muy sencillo, las personas podemos admirar las bellezas de la naturaleza y las realizaciones de los hombres a lo largo y ancho de este mundo. Pero, al final, después de un viaje agotador, nos gusta regresar al calor del hogar, a nuestra casa. Allí en donde tenemos nuestras raíces, nuestra familia, nuestro mundo, porque es donde mejor nos encontramos. Esas personas dejan todo eso para lanzarse a una peligrosa aventura, mediatizada por las mafias, y al llegar a la primera etapa se encuentran con las puertas cerradas y la hostilidad de los gobiernos. Y han dejado su tierra, porque no tiene más remedio. La mayoría llegan con sus hijos y lo puesto, en busca de esperanza.
El Papa Francisco viaja a Lesbos para recordarnos a todos nuestra responsabilidad en relación con estos hermanos que sufren. Europa, la sede de la fraternidad y de la libertad, niega su suelo a quienes se han quedado sin nada. Los inmigrantes y refugiados se han convertido en mercancía barata de negociación. Y los hemos vendido a precio de saldo a Turquía.

Lo claro es que, el Papa, aprovecha su simbolismo, e implica a la Iglesia ortodoxa, para clamar contra esas políticas europeas excluyentes e irresponsables. Ecumenismo práctico. La caridad une, aunque la historia y la teología nos separe. El Papa Francisco quiere despertar a una ciudadanía europea indiferente, abotargada y dormida. No podemos inhibirnos ante el sufrimiento de miles de hermanos y hermanas, que vagan por Europa y América en busca de una oportunidad de vida. Escuchemos el mensaje del Papa Francisco y apreciemos su gesto: "La comunicación, sus lugares y sus instrumentos han traído consigo un alargamiento de los horizontes para muchas personas. Esto es un don de Dios, y es también una gran responsabilidad. Me gusta definir este poder de la comunicación como «proximidad». El encuentro entre la comunicación y la misericordia es fecundo en la medida en que genera una proximidad que se hace cargo, consuela, cura, acompaña y celebra. En un mundo dividido, fragmentado, polarizado, comunicar con misericordia significa contribuir a la buena, libre y solidaria cercanía entre los hijos de Dios y los hermanos en humanidad". (MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO PARA LA 50 JORNADA MUNDIAL DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES, 24 enero 2016)
(José Luis Ferrando)

Aferrados a la letra - Misa en Santa Marta

Para Jesús, lo que cuenta es la vida de las personas y no un esquema de leyes y palabras: la muerte de Esteban y Juana de Arco, la muerte de muchos otros inocentes en la historia e incluso el suicidio de Judas recuerdan el mal que puede hacer «un corazón cerrado a la palabra de Dios» hasta el punto de utilizarla contra la verdad. Lo dijo el Papa durante la misa celebrada el lunes 11 de abril por la mañana, en la capilla de la Casa Santa Marta.
En la primera lectura, tomada de los Hechos de los apóstoles (6, 8-15), explicó Francisco, «la Iglesia nos hace escuchar el pasaje del discurso de Esteban, y del juicio» contra él. «Algunos de los doctores de la ley, doctores de la letra, se levantaron para discutir con Esteban —recordó el Papa—, pero no pudieron resistir a la sabiduría y al espíritu con que hablaba». De hecho, «Esteban había sido ungido por el Espíritu Santo y tenía la sabiduría del Espíritu Santo, y hablaba con esa fuerza, con esa sabiduría, la misma que tenía Jesús; pero Él era Dios, que hablaba con la autoridad, la autoridad que viene de Dios, la autoridad que viene del Espíritu Santo».
No pudiendo hacer nada contra él, prosiguió Francisco, esas personas que estaban en la sinagoga «instigaron a algunos para que» lo acusasen injustamente de haber pronunciado «palabras blasfemas contra Moisés y contra Dios». No siendo capaces de «dialogar con él y abrir el corazón a la verdad», «rápidamente tomaron el camino de la calumnia». Los Hechos relatan que Esteban fue capturado y llevado ante el Sanedrín y que también se presentaron testigos falsos para acusarlo.
La historia de Esteban, señaló el Papa, es significativa: «El corazón cerrado a la verdad de Dios se aferra solamente a la verdad de la ley, de la letra —más que a la ley, a la letra— y no encuentra otra salida que la mentira, el falso testimonio y la muerte». Precisamente «Jesús había reprendido esta actitud, ya que con los profetas, en el Antiguo Testamento, había sucedido lo mismo». Tanto es así que «Jesús había dicho» a esas personas «que sus padres habían matado a los profetas “y vosotros hacéis los monumentos, los sepulcros”» Sin embargo, su «respuesta es más que hipócrita, es cínica: “Si hubiéramos vivido en los tiempos de nuestros padres, no hubiéramos hecho lo mismo”». Y «así se lavan las manos y ante sí mismos se juzgan puros». Pero, «el corazón está cerrado a la palabra de Dios, está cerrado a la verdad, está cerrado al mensajero de Dios que trae la profecía para hacer que el pueblo de Dios siga hacia adelante».
«Me duele —confesó Francisco— leer ese breve pasaje del Evangelio de Mateo, cuando Judas arrepentido va a los sacerdotes y les dice: “he pecado”, y quiere dar ... y da las monedas». Pero ellos le contestan: «¡Qué nos importa! ¡Tú verás!». Tienen «un corazón cerrado ante este pobre hombre arrepentido que no sabía qué hacer». Ellos le dicen: «Tú veras». Y así Judas «fue y se ahorcó».
Y «¿qué es lo que hacen cuando Judas va a colgarse? Hablan y dicen: “pero, pobre hombre ...”». Y, a continuación, refiriéndose a los treinta denarios añaden, «son precio de sangre, no pueden entrar en el templo». En esencia son «son los doctores de la letra», y así siguen «tal y tal y tal regla ...».
A ellos, destacó el Papa, «no les importa la vida de una persona, no les importa el arrepentimiento de Judas: el Evangelio dice que regresó arrepentido». A ellos «les importa sólo su esquema de leyes y las muchas palabras y muchas cosas que han construido». «Esta es la dureza de sus corazones, la insensatez del corazón de esta gente, que dado que no podía resistir la verdad de Esteban va a buscar evidencias y testigos falsos para juzgarlo: la suerte de Esteban está marcada como la de los profetas como la de Jesús».
Y esta forma de hacer «se repetirá» en el tiempo, dijo Francisco recordando que «no sólo sucedió en los primeros tiempos de la Iglesia». Por otra parte, señaló, «la historia nos habla de mucha gente que fue asesinada, juzgada, a pesar de que era inocente: juzgada con la palabra de Dios contra la palabra de Dios». El Papa se refirió «a la caza de brujas o a santa Juana de Arco», y también «a muchos otros que fueron quemados, condenados porque no se «ajustaron», según los jueces, a la palabra de Dios».
Es «el modelo de Jesús —concluyó el Pontífice— que, por ser fiel y haber obedecido la palabra del Padre, termina en la cruz». Francisco volvió a proponer la imagen de la gran ternura de Jesús que les dijo a los discípulos de Emaús : «Insensatos y tardos de corazón». Al Señor, concluyó, «pidámosle que, con la misma ternura, mire las pequeños o grandes insensateces de nuestro corazón y nos acaricie» diciéndonos «“insensato y tardo de corazón” y comience a explicarnos las cosas».


Fiesta en la Parroquia Nuestra Señora de Europa








DICHOSO EL QUE CAMINA EN LA VOLUNTAD DEL SEÑOR


Del Salmo 118:

 Dichoso el que camina en la voluntad del Señor

Aunque los nobles se sienten a murmurar de mí,
tu siervo medita tus leyes;
tus preceptos son mi delicia,
tus decretos son mis consejeros.


Dichoso el que camina en la voluntad del Señor

Te expliqué mi camino, y me escuchaste:
enséñame tus leyes;
instrúyeme en el camino de tus decretos,
y meditaré tus maravillas.


Dichoso el que camina en la voluntad del Señor
Apártame del camino falso,
y dame la gracia de tu voluntad;
escogí el camino verdadero,
deseé tus mandamientos.



Dichoso el que camina en la voluntad del Señor

‘Para una lectura de la Amoris laetitia…’

Reflexión de P. Jesús Villagrasa, LC, rector del Ateneo Pontificio Regina Apostolorum, sobre la exhortación apostólica post-sinodal
 Ya está. Papa Francisco ha puesto en nuestras manos la exhortación apostólica Amoris laetitia (AL), “La alegría del amor: Sobre el amor en la familia”, que recoge el fruto de los Sínodos celebrados en 2014 y 2015.
Una viñeta del humor de Chiri en el semanario Alfa y Omega se está verificando: “¿Lo veis? El Papa nos da la razón? – dice un señor; “¡De eso nada! Reafirma nuestra posición” – dice el interlocutor. “Pero si el Papa aún no ha empezado a hablar” – comenta sorprendido un prelado vaticano. “Da igual… Estamos entrenando”. Los debates y contrastes en la prensa parecen ajenos a que el Papa haya dicho algo o no. Por eso, en este momento, quizás lo más importante sea disponernos y orientarnos a una lectura atenta de esta exhortación… antes de empezar a comentar los contenidos. De hecho Papa Francisco nos ofrece alguna orientaciones en los siete primeros números de AL.

Intención del autor… Lo primero que busca el lector e intérprete de un texto es la intención del autor, para conocerla y respetarla, antes de juzgar el contenido. En nuestro caso esta intención es explícita: no quiere pronunciarse para resolver cuestiones debatidas por teólogos: “no todas las discusiones doctrinales, morales o pastorales deben ser resueltas con intervenciones magisteriales” (AL 3). Sí quiere librar a los pastores y a los files de posiciones extremas inaceptables, como son “un deseo desenfrenado de cambiar todo sin suficiente reflexión o fundamentación” y la pretensión de “resolver todo aplicando normativas generales o derivando conclusiones excesivas de algunas reflexiones teológicas” (AL 2). Mal leerá el texto quien, atrincherado en alguna de estas posiciones, busque frases de la exhortación para lanzarlas como armas arrojadizas al contrincante. Ya dijo en su momento Hans Urs von Balthasar que para algunos teólogos el Evangelio se había convertido en una cantera de la cual extraer piedras para arrojar en los debates teológicos. Si eso pasa con el Evangelio… Papa Francisco ha querido recoger “los aportes de los dos recientes Sínodos sobre la familia, agregando otras consideraciones que puedan orientar la reflexión, el diálogo o la praxis pastoral y, a la vez, ofrezcan aliento, estímulo y ayuda a las familias en su entrega y en sus dificultades” (AL 4). La mirada del lector no debe dirigirse a las posiciones de teólogos y pastoralistas, sino a los matrimonios, a la vida de las familias que se esfuerzan por vivir su vocación en un difícil y complejo contexto social y eclesial.
… y división del texto: Los comentaristas medievales de textos antiguos solían anteponer a su comentario una división del texto en partes y secciones ordinariamente ausente en el texto comentado. Era la forma más segura para captar la intención del autor y suponía un conocimiento profundo de todo el texto. El Papa nos ahorra esta fatiga y, al mismo tiempo, nos previene de la “tentación universal” de ir directamente a las orientaciones pastorales que iluminen las decisiones que habría que tomar en situaciones problemáticas muy complejos que son tal vez las que más interesan a los medios de comunicación y a muchas personas, familias y pastores. Antes de llegar a esos temas (tratados en el capítulo 8) hay que realizar un camino con etapas (capítulos) que tienen finalidades muy precisas y que el Papa expone en el n. 6: “En el desarrollo del texto, comenzaré con una apertura inspirada en las Sagradas Escrituras, que otorgue un tono adecuado [cap. 1]. A partir de allí, consideraré la situación actual de las familias en orden a mantener los pies en la tierra [cap. 2]. Después recordaré algunas cuestiones elementales de la enseñanza de la Iglesia sobre el matrimonio y la familia [cap. 3], para dar lugar así a los dos capítulos centrales, dedicados al amor [cap. 5-6]. A continuación destacaré algunos caminos pastorales que nos orienten a construir hogares sólidos y fecundos según el plan de Dios [cap. 6], y dedicaré un capítulo a la educación de los hijos [cap. 7]. Luego me detendré en una invitación a la misericordia y al discernimiento pastoral ante situaciones que no responden plenamente a lo que el Señor nos propone [cap. 8], y por último plantearé breves líneas de espiritualidad familiar [cap. 9]”.

¿Cómo leer la exhortación? “No recomiendo una lectura general apresurada” (7), que es la tentación de quien hojea el texto en busca de novedades. Los fieles tenemos a nuestra disposición el fruto maduro de una reflexión amplia y rica realizada por dos sínodos y presentada a la consideración del Santo Padre. Expresión de aprecio teórico y práctico por este texto pontificio, será seguir estos consejos: primero, profundizar “pacientemente parte por parte” (7), haciéndolo objeto de calmado estudio y honda reflexión. Segundo, hacer de este texto un vademecum para la vida, donde cada uno busque “lo que pueda necesitar en cada circunstancia concreta” (7).

Continuidad. Como ya pasó con los textos conciliares, quizás haya quien diga que el texto no recoge el espíritu de unos sínodos presuntamente más ‘progresistas’ o que no es fiel a la tradición… Con la perspectiva de la experiencia de años pasados podemos parafrasear lo que el cardenal Ratzinger decía del Concilio. La mejor herencia del Sínodo es este texto, rectamente interpretado en la continuidad con el magisterio precedente. Papa Francisco parece querer subrayarlo por la profusión de citas las relaciones sinodales y de sus dos predecesores: San Juan Pablo II y su Familiaris consortio y Benedicto XVI y su encíclica Deus Caritas est, entre otros documentos.

Una provocación: En la presentación a la prensa de la exhortación apostólica se ha subrayado que el lenguaje de Papa Francisco es claro, sencillo, concreto. No lo dudo. Pero me gustaría que el lector se dejara provocar por unas reflexiones de Etienne Gilson en su obra “El filósofo y la teología”, ante la constatación de que rara vez los filósofos se animaban a leer unas encíclicas pontificias que les resultaban difíciles. Estoy convencido de que las cautelas de Gilson siguen siendo válidas y que estos textos requieren una lectura reflexiva muy atenta, para captar el valor de cada frase en el contexto global de la exhortación, el valor de algunos silencios, y como diría Gilson, la precisión de algunas imprecisiones. Aunque los motivos de la dificultad de la lectura sean otros, este texto de Gilson resulta pertinente: “La dificultad no proviene de que estén escritas en un latín de cancillería florido de elegancias humanísticas, sino más bien de que no siempre se deja captar fácilmente el sentido de la doctrina. Entonces se aborda el problema de traducirlas, y, al intentarlo, se acaba por comprender al menos la razón de ser de su estilo. No se puede reemplazar las palabras de este latín pontificio por otras tomadas de una cualquiera de las grandes lenguas literarias modernas, y menos aún desarticular estas frases para articularlas de otra forma, sin darse cuenta inmediatamente de que, por cuidadosamente que se haga, el original pierde su fuerza a lo largo de la operación, y no sólo su fuerza, sino también precisión, que aún no es lo más grave, pues la verdadera dificultad, conocidísima por los que intentan la prueba, está en respetar exactamente lo que podría llamarse, sin caer en paradoja alguna, la precisión de sus imprecisiones. La precisión sabiamente calculada de sus imprecisiones voluntarias. Cuántas veces no se piensa, después de madura reflexión, que se sabe lo que, respecto a tal punto preciso, quiere decir la encíclica, pero no lo dice exactamente, y sin duda tiene sus razones para detener en determinados umbrales la determinación más precisa de un pensamiento preocupado por permanecer siempre abierto, presto a acoger las posibles novedades”. Gilson concluye pidiendo a los filósofos cristianos que, además de hacer cursos de teología, se animen a frecuentar alguna universidad pontificia en la que les enseñen a leer los documentos pontificios. Como rector de una universidad pontificia ciertamente renuevo esa invitación, aunque más modestamente me limito a invitar a los pastores y a los fieles – a ellos va dirigida Amoris laetitia – a leer con calma y profundidad este esperadísimo texto sobre una cuestión vital para las personas, las familias, la sociedad y la Iglesia: “el amor en la familia”
 (ZENIT – Roma).-

Trabajad no por el alimento que perece, sino por el que perdura para la vida eterna

Lectura del santo Evangelio según san Juan 6,22-29
Después de que Jesús hubo saciado a cinco mil hombres, sus discípulos lo vieron caminando sobre el mar. 
Al día siguiente, la gente que se había quedado al otro lado del mar notó que allí no había habido más que una barca y que Jesús no había embarcado con sus discípulos, sino que sus discípulos se habían marchado solos. 
Entretanto, unas barcas de Tiberíades llegaron cerca del sitio donde habían comido el pan después que el Señor había dado gracias. 
Cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús. 
Al encontrarlo en la otra orilla del lago, le preguntaron: - «Maestro, ¿cuándo has venido aquí?» Jesús les contestó: - «En verdad, en verdad os digo: me buscáis no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros. 
Trabajad, no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre; pues a éste lo ha sellado el Padre, Dios». 
Ellos le preguntaron: - «Y, ¿qué tenemos que hacer para realizar las obras de Dios?» Respondió Jesús: - «La obra de Dios es ésta: que creáis en el que él ha enviado».

Palabra del Señor.

domingo, 10 de abril de 2016

"La iglesia cambia de actitud y de postura".El Papa desatanudos.

Tras dos sínodos, el Papa quiere pasar de la iglesia aduana a la iglesia hospital de campaña. Con una palanca fundamental: la integración misericordiosa. Ésa es, a mi juicio, la clave de la Amoris laetitia y de la vida pastoral de Francisco, simbolizada en la Virgen Desatanudos.
Vestida de rojo, con manto azul y rodeada de pequeños angelitos que parecen susurrarle soluciones. Porque María, con rostro serio y preocupado, mira a sus manos, donde tiene una cinta blanca llena de nudos y sostenida por dos querubines. A sus pies, la luna, la serpiente diabólica y Adán y Eva, expulsados del paraíso. El pecado original, raíz de todos los males y fuente de todos los nudos.
La Virgen Desatanudos la descubrió en Alemania, en la década de los 80 el joven jesuita Bergoglio. Y se quedó prendado de su simbolismo: una Virgen que desata los nudos de las personas y de la humanidad entera. La gente lo entendería nada más verlo.
Con su exhortación postsinodal, el papa quiere comenzar a desatar el nudo que la familia actual plantea a la rígida concepción doctrinal de la iglesia. No se trata de desatar de golpe y porrazo todos los nudos. Su dinámica, como la de María, es discernir los problemas, examinarlos, abordarlos y ponerse en proceso, para poder irlos solucionando poco a poco y con tiempo.
Es la dinámica del proceso. O lo que nuestro Machado reflejó en sus versos: "Caminante no hay camino, se hace camino al andar".
No hay soluciones mágicas ni recetas milagrosas. No se cambia la doctrina en lo que se refiere a los homosexuales o a los divorciados vueltos a casar. Pero se abre un boquete pastoral en el cemento armado de los hasta ahora intocables principios innegociables. Un boquete que, con el tiempo, se irá ensanchando.
La iglesia cambia de actitud y de postura. Ya no dice a todo que no de entrada. Abre horizontes, deja vías de salida, apunta a la acogida de las familias heridas sin ocasionar más heridos entre los rigoristas.
Se pone en marcha un proceso. El proceso de la integración en las filas eclesiales de todos los hasta ahora considerados irregulares. Se les abre los brazos y se les invita a integrarse de pleno derecho. En cada caso, el obispo y el cura verán si se restañan sus heridas con la comunión sacramental o no.
El Papa pasa de la iglesia del no a la del abrazo en acto. Porque, como dice un cura amigo mío, la ternura no tiene patas. Los creyentes somos sus patas. Es la iglesia la encargada de "acompañar, discernir e integrar la fragilidad", como dice Francisco en un bellísimo capítulo octavo de la exhortación.
En resumen, por encima de casuísticas, el Papa invita a la "lógica de la misericordia pastoral", que es la del amor incondicional de Dios. Sin prisas y sin pausas. Sin caer en la "estéril contraposición entre la ansiedad del cambio", que provocaría conflictos y divisiones en el seno de la comunidad, y "la aplicación pura y simple de normas abstractas".
Iniciar un nuevo camino sin correr demasiado. Progresistas y conservadores tendrán que acompasar el paso al de una iglesia con entrañas de misericordia y con la "alegría del amor" del papa desatanudos.

(José Manuel Vidal)

“Estamos llamados a comunicar la misericordiosa potencia de la Resurrección”, el Papa en el Regina Coeli


Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
El Evangelio de hoy narra la tercera aparición de Jesús resucitado a los discípulos, en la orilla del lago de Galilea, con la descripción de la pesca milagrosa (Cfr. Jn 21,1-19). La narración se coloca en el marco de la vida cotidiana de los discípulos, que habían regresado a sus tierras y a sus labores de pescadores, después de los desconcertantes días de la pasión, muerte y resurrección del Señor. Era difícil para ellos comprender lo que había sucedido. Pero, mientras todo parecía haber terminado, es una vez más Jesús que va a “buscar” nuevamente a sus discípulos. Es Él que va a buscarlos. Esta vez los encuentra en el lago, donde ellos habían transcurrido la noche en las barcas sin pescar nada. Las redes vacías aparecen, en cierto sentido, como el balance de su experiencia con Jesús: lo habían conocido, habían dejado todo para seguirlo, llenos de esperanza… ¿Y ahora? Si, lo habían visto resucitado, pero después pensaban: “Se ha ido, y nos ha dejado… Ha sido como un sueño esto”.
Pero ahí, en la aurora Jesús se presenta en la orilla del lago; pero ellos no lo reconocen (Cfr. v. 4). A esos pescadores, cansados y desilusionados, el Señor les dice: «Tiren la red a la derecha de la barca y encontrarán» (v. 6). Los discípulos confiaron en Jesús y el resultado fue una pesca increíblemente abundante. A este punto Juan se dirige a Pedro y dice: «¡Es el Señor!» (v. 7). Y enseguida Pedro se tiró al agua y nado hacia la orilla, hacia Jesús. En aquella exclamación: “¡Es el Señor!”, está todo el entusiasmo de la fe pascual – ¡Es el Señor! – esta fe pascual llena de alegría y maravilla, que contrasta fuertemente con el desconcierto, el desaliento, el sentido de impotencia que se habían acumulado en el espíritu de los discípulos. La presencia de Jesús resucitado transforma cada cosa: la oscuridad es vencida por la luz, el trabajo inútil se hace nuevamente fructífero y prometedor, el sentido de cansancio y de abandono deja el lugar a un nuevo impulso y a la certeza que Él está con nosotros.
Desde entonces, estos mismos sentimientos animan a la Iglesia, la Comunidad del Resucitado. Todos nosotros somos la Comunidad del Resucitado. Si con una mirada superficial puede parecer a veces que las tinieblas del mal y la fatiga del vivir cotidiano tengan la prevalencia, la Iglesia sabe con certeza que a cuantos siguen al Señor Jesús resplandece ahora perenne la luz de la Pascua.  El gran anuncio de la Resurrección infunde en los corazones de los creyentes una íntima alegría y una esperanza invencible. ¡Cristo verdaderamente ha resucitado! También hoy la Iglesia continúa haciendo resonar este anuncio gozoso: la alegría y la esperanza continúan fluyendo en los corazones, en los rostros, en los gestos, en las palabras. Todos nosotros cristianos estamos llamados a comunicar este mensaje de resurrección a cuantos encontramos, especialmente a quien sufre, a quien está solo, a quien se encuentra en condiciones precarias, a los enfermos, a los refugiados, a los marginados. A todos hagamos llegar un rayo de la luz de Cristo resucitado, un signo de su misericordiosa potencia.
Él, el Señor, renueve también en nosotros la fe pascual. Nos haga siempre conscientes de nuestra misión al servicio del Evangelio y de los hermanos; nos llene de su Santo Espíritu para que, sostenidos por la intercesión de María, con toda la Iglesia podamos proclamar la grandeza de su amor y la riqueza de su misericordia.
(Traducción del italiano, Renato Martinez – Radio Vaticano)

‘La novedad en Amoris Laetitia es la mayor integración de todos los fieles en la vida de la Iglesia’

Entrevista a Miguel Ángel Ortiz, profesor de Derecho Matrimonial Canónico en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz en Roma, sobre la recién publicada exhortación apostólica del Papa

El papa Francisco ha presentado su exhortación apostólica post-sinodal  Amoris Laetitia, después de dos años de reflexión y trabajo gracias a los dos sínodos de los obispos celebrados en Roma. Un documento extenso y profundo que requiere una lectura atenta y pausada. Son muchos los puntos abordados en el texto ya que la familia y la pastoral familiar acoge muchos y muy diferentes ámbitos. Para ayudar a nuestros lectores en la compresión de la exhortación, ZENIT a entrevistado al sacerdote Miguel Ángel Ortiz, profesor de Derecho Matrimonial Canónico en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz en Roma. El padre Ortiz es además abogado del Tribunal de la Rota Romana desde 1996 y juez externo del Tribunal de Apelación en el Vicariato de Roma.
¿Cuáles son los puntos más importantes de este documento?
— Prof. Ortiz: El punto de partida es la presentación del Evangelio de la familia (“A la luz de la Palabra”). A continuación reflexiona sobre la situación actual de las familias “en orden a mantener los pies en la tierra”, recuerda algunas cuestiones fundamentales de la enseñanza de la Iglesia sobre el matrimonio y la familia y se detiene en lo que el Papa considera los capítulos centrales del documento: el amor en el matrimonio (cap. 4) y el amor que se vuelve fecundo (cap. 5). Propone una reflexión sobre la pastoral familiar (antes y después de la celebración del matrimonio) y la educación de los hijos y aborda también la cuestión que ha suscitado mayor interés en los medios de comunicación: el discernimiento pastoral ante las llamadas situaciones irregulares. Dedica el último breve capítulo a ofrecer unas consideraciones de espiritualidad familiar.
Me parece que el Papa quiere evitar que se centre la atención exclusivamente en la cuestión de la admisión de los divorciados a la Eucaristía, y mucho menos que se haga con un planteamiento puramente casuístico. Por eso se extiende detenidamente en los aspectos teológicos, antropológicos, pastorales que ponen delante de los ojos un ideal que resulta atractivo: un amor que realiza la vocación más radical del hombre al don de sí, que resulta posible porque se basa sobre la fidelidad de Dios, que sostiene a las familias también en los momentos de dificultad.
Ahí radica, a mi parecer, una de las claves de interpretación del documento. Por un lado, presentar la belleza del matrimonio y de la familia aun a riesgo de que sus exigencias no sean comprendidas ni aceptadas. Por otro, que ese modelo no es solo un ideal que admirar, sino que representa una meta realmente alcanzable, aunque en ocasiones pueda resultar ardua.
¿Considera que es un documento ‘revolucionario’?
— Prof. Ortiz: Ciertamente no es revolucionario porque proponga una doctrina nueva. De hecho el Papa pone de manifiesto en repetidas ocasiones la continuidad de su magisterio con el precedente, en especial con Familiaris consortio. Respecto de las cuestiones doctrinales fundamentales o aquellas que están en el centro de los debates de la opinión pública, el Papa manifiesta expresamente la vigencia de la doctrina de la Iglesia y manifiesta su voluntad de no modificar la normativa vigente.
Resulta novedoso en cambio el acento que el Papa pone tanto en el discernimiento de las situaciones que han de ser iluminadas con la luz del Evangelio. Por referirme a la cuestión que probablemente provocar comentarios en la opinión pública, la de la pastoral con los divorciados vueltos a casar, el Papa remite – como hiciera la Relatio de 2015 – al criterio de Familiaris consortio 84. Allí subrayaba san Juan Pablo II la necesidad de discernir entre las distintas situaciones irregulares.
¿Dónde está la novedad?
— Prof. Ortiz: La novedad no está tanto en la valoración moral de los comportamientos –diferente en función de la responsabilidad que los fieles han tenido en la ruptura del matrimonio anterior y en la construcción de la nueva unión– ni en la calificación disciplinar de las situaciones, sino en la perspectiva de una mayor integración de los fieles, de todos los fieles, en la vida de la Iglesia.
El Papa subraya rotundamente que “se trata de integrar a todos, se debe ayudar a cada uno a encontrar su propia manera de participar en la comunidad eclesial, para que se sienta objeto de una misericordia «inmerecida, incondicional y gratuita». Nadie puede ser condenado para siempre, porque esa no es la lógica del Evangelio”.
La limitación que pueden encontrar algunos fieles –concretamente los divorciados vueltos a casar– para acceder a los sacramentos no proviene de una presunción de que están en pecado –cuestión esta que deben discernir en cada caso con la ayuda del confesor– sino de la incompatibilidad objetiva que se da entre la significación del sacramento de la eucaristía y su situación matrimonial.
Pero ello no quiere decir que estén fuera de la Iglesia. Como ya había subrayado Familiaris consortio, no sólo no están excomulgados sino que están llamados a participar en la vida de la Iglesia. Deberán discernir en cada caso– y aquí estriba buena parte de la novedad del presente documento – cómo concretar esa participación.
El documento también hace autocrítica sobre cómo ha presentado la Iglesia hasta ahora el matrimonio y ofrece un nuevo lenguaje, nuevas pautas. Entonces, ¿qué debería cambiar ahora?
— Prof. Ortiz: En mi opinión, el fruto más deseable de la exhortación sería que la nueva perspectiva, la pastoral de integración de la que habla Amoris laetitiae, mueva a todos los fieles a proponerse la meta alta de la plenitud de la vida cristiana, a la que quizá se dirijan poco a poco, gradualmente. Por desgracia, refiriéndome específicamente a los divorciados en segunda unión, en la actualidad la gran mayoría de los fieles muestran indiferencia hacia la posibilidad de frecuentar los sacramentos. ¡Ojalá fueran muchos los divorciados que sienten la necesidad de comulgar, a los que les falta la plena participación en la comunión eucaristica! Alimentar ese deseo sincero entiendo que sería el mejor fruto de la exhortación. Más que un “certificado de normalidad”, el pastor debe ayudarles a discernir cuál es el camino que deben recorrer para vivir de acuerdo con la voluntad de Dios.
Es decir, el pastor le ayudará a valorar su responsabilidad en el fracaso del matrimonio precedente (responsabilidad de la que puede carecer, si fue abandonado por su cónyuge), en el modo de cumplir con las obligaciones surgidas de la anterior unión, especialmente si tuvieron hijos, en la decisión de casarse civilmente, en la construcción de la nueva relación, en la educación de los hijos…
¿Por qué cree que este documento ha despertado tanto interés en la sociedad?
— Prof. Ortiz: Creo en efecto que el interés suscitado ha sido grande, aunque no siempre las expectativas han sido las mismas. Para gran mayoría de los fieles supondrá un estímulo para redescubrir la belleza, la alegría del amor familiar que hace presente y se sostiene gracias al amor de Dios. Les ayudará a vivir la vocación familiar y a superar las dificultades con mayor esperanza, fiados en la ayuda misericordiosa Dios.
Pero quién esperaba una solución novedosa a la cuestión de la admisión a los sacramentos de los divorciados vueltos a casar temo que quedará decepcionado. El Papa ha querido expresamente evitar dar una nueva norma a la que acudir para resolver los casos que se presenten: eso sería demasiado cómodo, viene a decir.
La remisión expresa a la solución de Familiaris consortio, con el marcado acento en la tarea de discernimiento y de formación de la conciencia, abre perspectivas pastorales enormemente ambiciosas. Presupuesta la buena voluntad de quien busca no el consenso de los hombres sino el de Dios, ese camino de continua conversión hacia la casa del Padre llena los corazones de alegría aunque el camino no sea necesariam

(ZENIT – Roma).-

Francisco: "Hay que pararse a dar limosna y no escudarse en si se lo van a gastar en vino"

"La caridad requiere una actitud de gozo interior", subraya Bergoglio en la audiencia especial

 Lo que cuenta es la capacidad de mirar a la cara de la persona que nos pide auxilio.  La limosna es un gesto sincero de amor y de atención ante quien nos encontramos.

El Papa ha arremetido este sábado contra los cristianos que se justifican juzgando a los pobres como borrachos para no dar limosna y ha reivindicado los gestos de caridad como gestos de misericordia, durante la general que celebra un sábado al mes con motivo del Año Jubilar.
"Cuánta gente se justifica a sí misma sobre la limosna diciendo: 'Pero, ¡cómo será este, este al que daré irá a comprarse vino para emborracharse! Pero si él se emborracha, ¡es porque no tiene otra salida! ¿Y tú qué haces escondido? Que nadie ve... ¿Y tú eres juez de ese pobre hombre que te pide una moneda para un vaso de vino?", ha reflexionado.
Ante cientos de fieles que se han congregado en la plaza de San Pedro, el Papa ha reflexionado sobre la limosna como "un aspecto esencial de la misericordia" y ha determinado que "Dios muestra su atención especial por los pobres y pide que no sólo nos acordemos de ellos sino que les ayudemos con alegría". "Esto significa que la caridad requiere una actitud de gozo interior", ha asegurado.
"Limosna no es la simple moneda que se echa con prisa: soy capaz de mirarle a los ojos para entender qué necesita?", ha agregado. Finalmente, ha reconocido que la limosna es un gesto "sincero" de amor y de atención a los demás y ha recordado que tiene que hacerse para que "sólo Dios lo vea".
«La limosna es un gesto de amor, de atención sincera hacia quien se acerca a nosotros y pide nuestra ayuda. Dar limosna también para nosotros debe ser un sacrificio», apuntó.
Destacó que «la limosna es un aspecto esencial de la misericordia» y sostuvo que «la caridad requiere una actitud de gozo interior, un acto de misericordia no puede ser un peso del cual nos tenemos liberar cuanto antes».
«No es la apariencia lo que cuenta, sino mirar a la cara a la persona que te pide una ayuda. Todos deberíamos preguntarnos: '¿Soy capaz de pararme y mirar a la cara, a los ojos, a la persona que me está pidiendo ayuda?'», agregó.

Durante todo el Jubileo, el papa Francisco presidirá audiencias generales extraordinarias un sábado de cada mes que se sumarán a las habituales de cada miércoles en la plaza de San Pedro del Vaticano.
Jesús Bastante

GALILEA


Debo confesar que, al celebrar el encuentro de Pascua en Buenafuente, junto a casi 250 amigos que se habían desplazado desde los lugares más remotos hasta el Sistal para vivir los días santos junto a la Comunidad Cisterciense, días intensísimos de trabajo y de sentimientos, se me presentaba muy costosa la peregrinación diocesana de Sigüenza-Guadalajara, que he estado acompañando durante la octava de Pascua. Y sin embargo, cómo no agradecer de nuevo haber tenido el privilegio de estar en los días pascuales junto al Lago de Galilea.
Este año me resuena de manera especial la indicación de Jesús resucitado a las mujeres: “Decid a mis hermanos que vayan a Galilea, que allí me verán”, a la vez que, tan recientemente, mis ojos se han quedado reflejados en las aguas de Tiberiades. El clima, la humedad, el horizonte, la flora, la brisa, la bóveda celeste, la ribera del mar en Galilea muestran el escenario donde tuvo lugar el acontecimiento más restaurador de aquellos pescadores desalentados. Y llega hasta nosotros el eco evangélico de esas escenas luminosas, cuando leemos estos días los pasajes que tuvieron lugar en Tiberiades.
Volver a Galilea no es solo hacerlo a un lugar geográfico, más o menos atractivo por su clima suave, su tierra feraz, su historia, sino porque allí los primeros discípulos oyeron la llamada, allí se vuelve a la buena memoria, al hito ungido de la experiencia afectiva y consoladora de la fe.
Interpretaba que volver a Galilea es como volver al primer amor, pero en esta interpretación, aparentemente acertada e intuitiva, encontré mi error, porque no es volver a un lugar donde se pudo sentir el deseo de seguir a Jesús, sino que en verdad es remontarse a las mismas entrañas divinas, generadoras de cada una de nuestras historias, sostenidas y hechas fecundas por el amor divino.
Fue en Galilea donde los pescadores escucharon: -«Muchachos, ¿tenéis pescado?» Ellos contestaron: -«No.» Él les dice: -«Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis.» La echaron, y no tenían fuerzas para sacarla, por la multitud de peces. Y aquel discípulo que Jesús tanto quería le dice a Pedro: -«Es el Señor.» Solo cuando hay amor hay capacidad de reconocer la presencia que se escapa a los ojos de quienes ven únicamente la realidad material. ¡Tuvo que ser el discípulo amado el que señaló la presencia del Maestro!
Y fue en Galilea donde se restauró la fe en Jesucristo y la pertenencia a su Persona, cuando, después de comer, el Maestro llevó aparte a Simón y le preguntó algo que da cierto pudor: “Por tercera vez le pregunta: -«Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?» Se entristeció Pedro de que le preguntara por tercera vez si lo quería y le contestó: -«Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero.»
Reconozco que, del mismo modo que os confesaba mi resistencia a la peregrinación, por cansancio, siempre que vuelvo a Galilea, me encuentro con lo más sensible de mi afecto por Jesús, y sin presunción, por tantas veces que contradigo mis palabras con los hechos, en Galilea me atrevo a decirle al Señor: “Tú lo sabes todo, tu sabes que te quiero”. Y vuelvo a empezar.