domingo, 7 de febrero de 2016

Ángelus del Papa: misión de la Iglesia es que todos encuentren la misericordia de Dios


«¡Queridos hermanos y hermanas, buenos días!
El Evangelio de este domingo cuenta – en la narración de San Lucas – la llamada de los primeros discípulos de Jesús (Lc 5,1-11). El hecho sucede en un contexto de vida cotidiana: hay algunos pescadores en la orilla del lago de Galilea, los cuales, después de una noche de trabajo pasada sin pescar nada, están lavando y arreglando las redes. Jesús sube a la barca de uno de ellos, Simón, llamado Pedro, le pide que se aparte un poco de la orilla y se pone a predicar la Palabra de Dios a la multitud que se había reunido. Cuando termina de hablar le dice que navegue mar adentro y que echen las redes. Simón había conocido ya a Jesús y experimentado el poder prodigioso de su palabra, por lo que le responde: «Maestro, hemos trabajado la noche entera y no hemos sacado nada, pero si tú lo dices, echaré las redes». (v 5). Y esta su fe no queda decepcionada; en efecto las redes se llenan de tal cantidad de peces que estaban a punto de romperse (cf v.)
Ante este evento extraordinario, los pescadores quedan apoderados por el temor. Simón Pedro se echa a los pies de Jesús diciendo: «Aléjate de mí, Señor, porque soy un pecador». (v 8) Este signo prodigioso lo ha convencido de que Jesús no es solo un formidable maestro, cuya palabra es verdadera y poderosa, sino que Él es el Señor, es la manifestación de Dios. Y esa presencia tan cercana suscita en Pedro el fuerte sentido de su mezquindad e indignidad. Desde un punto de vista humano, piensa que debería haber una distancia entre el pecador y el Santo. En verdad, precisamente su propia condición de pecador requiere que el Señor no se aparte de él, de la misma forma en que un médico no puede alejarse de las personas que están enfermas.
La respuesta de Jesús a Simón Pedro es aseguradora y firme: «No temas, de ahora en adelante serás pescador de hombres». (v 10) y nuevamente el pescador de Galilea, volviendo a confiar en esta palaba, abandona todo y sigue a Aquel que se ha vuelto su Maestro y Señor. Y así hicieron también Santiago y Juan, socios en el trabajo con Simón. Ésta es la lógica que guía la misión de Jesús y la misión de la Iglesia: ir a buscar, ‘pescar’ a los hombres y a las mujeres, no para hacer proselitismo, sino para devolver a todos su plena dignidad y libertad, mediante el perdón de los pecados. Esto es lo esencial del cristianismo: difundir el amor regenerador y gratuito de Dios, con actitud de acogida y de misericordia hacia todos, para que cada uno pueda encontrar la ternura de Dios y tener plenitud de vida. Y aquí, en particular, pienso en los confesores: son los primeros en tener que dar la misericordia del padre, según el ejemplo de Jesús, como hicieron también los dos frailes santos, el Padre Leopoldo y el Padre Pío.
El Evangelio de hoy nos interpela: ¿sabemos confiar verdaderamente en la palabra del Señor? O ¿nos dejamos desalentar por nuestros fracasos? En este Año Santo de la Misericordia estamos llamados a confortar a cuantos se sienten pecadores e indignos ante el Señor y abatidos por sus propios errores, diciéndoles las palabras de Jesús: «No temas». ¡La misericordia del Padre es más grande que tus pecados! ¡No temas!
Que nos ayude la Virgen María a comprender cada vez más que ser discípulos significa poner nuestros pies en las huellas dejadas por el Maestro: son las huellas de la gracia divina que regenera la vida para todos».
(Traducción del italiano: Cecilia de Malak)

ELEGIDO DEL SEÑOR

Estamos a punto de entrar en el Tiempo de Cuaresma y el texto bíblico nos propone las vocaciones de Isaías y de Simón Pedro y de su hermano. La Palabra de Dios que se proclama este domingo parece que adelanta la intención del papa Francisco de enviar, como signo especial, a los misioneros de la misericordia, el próximo miércoles de ceniza: “Durante la Cuaresma de este Año Santo tengo la intención de enviar los Misioneros de la Misericordia. Serán un signo de la solicitud materna de la Iglesia por el Pueblo de Dios” (MV 18).

En ambos casos de las lecturas bíblicas, los elegidos reaccionan con la misma actitud de sorpresa, porque no ven razón personal para tal honor. El profeta, al hacerse consciente de la visión, se siente morir, porque le parece incompatible su identidad de pecador con la experiencia luminosa de gracia. Pero el Señor le responde: -«Mira; esto ha tocado tus labios, ha desaparecido tu culpa, está perdonado tu pecado.» Entonces, escuché la voz del Señor, que decía: -«¿A quién mandaré? ¿Quién irá por mí?» Contesté: -«Aquí estoy, mándame.»

Simón Pedro, ante la pesca milagrosa, se echa a los pies de Jesús: Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús diciendo: -«Apártate de mí, Señor, que soy un pecador.» A lo que el Maestro le responde: -«No temas; desde ahora serás pescador de hombres.»
La llamada es más fuerte que la debilidad, el profeta declina toda resistencia, y de manera abierta y disponible, responde: “Aquí estoy, mándame”. Y Simón Pedro, como gesto comprometido, junto con su hermano, “sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron”.
La conclusión parece evidente: si Jesús nos llama no deberemos resistirnos, ni siquiera escudados en nuestra pobreza y debilidad. Cabe incluso que en la providencia divina, el elegido haya tenido que sufrir la experiencia de su fragilidad, para convertirse en verdadero misionero de la misericordia.
San Benito, en su Regla, anticipa que el Señor, que comienza en nosotros su obra, Él mismo la lleva a término. “Ante todo, cuando te dispones a realizar cualquier obra buena, pídele con oración muy insistente y apremiante que él la lleve a término” (Prólogo 4). El salmista expresa: “Tu derecha me salva. El Señor completará sus favores conmigo: Señor, tu misericordia es eterna, no abandones la obra de tus manos”.

Tú puedes ser un signo de la misericordia divina. No lo rehúses por creerte pecador, la gracia de Dios es mayor que la pobreza de la fragilidad. Deja que a través de ti el Señor prolongue su misericordia.
Ángel Moreno de Buenafuente

Reconocer el pecado

El relato de «la pesca milagrosa» en el lago de Galilea fue muy popular entre los primeros cristianos. Varios evangelistas recogen el episodio, pero solo Lucas culmina la narración con una escena conmovedora que tiene por protagonista a Simón Pedro, discípulo creyente y pecador al mismo tiempo.
Pedro es un hombre de fe, seducido por Jesús. Sus palabras tienen para él más fuerza que su propia experiencia. Pedro sabe que nadie se pone a pescar al mediodía en el lago, sobre todo si no ha capturado nada por la noche. Pero se lo ha dicho Jesús y Pedro confía totalmente en él: «Apoyado en tu palabra, echaré las redes».

Pedro es, al mismo tiempo, un hombre de corazón sincero. Sorprendido por la enorme pesca obtenida, «se arroja a los pies de Jesús» y con una espontaneidad admirable le dice: «Apártate de mí, que soy pecador». Pedro reconoce, ante todos, su pecado y su absoluta indignidad para convivir de cerca con Jesús.

Jesús no se asusta de tener junto a sí a un discípulo pecador. Al contrario, si se siente pecador, Pedro podrá comprender mejor su mensaje de perdón para todos y su acogida a pecadores e indeseables. «No temas. Desde ahora, serás pescador de hombres». Jesús le quita el miedo a ser un discípulo pecador y lo asocia a su misión de reunir y convocar a hombres y mujeres de toda condición a entrar en el proyecto salvador de Dios.
¿Por qué la Iglesia se resiste tanto a reconocer sus pecados y confesar su necesidad de conversión? La Iglesia es de Jesucristo, pero ella no es Jesucristo. A nadie puede extrañar que en ella haya pecado. La Iglesia es «santa» porque vive animada por el Espíritu Santo de Jesús, pero es «pecadora» porque no pocas veces se resiste a ese Espíritu y se aleja del evangelio. El pecado está en los creyentes y en las instituciones; en la jerarquía y en el pueblo de Dios; en los pastores y en las comunidades cristianas. Todos necesitamos conversión.
Es muy grave habituarnos a ocultar la verdad pues nos impide comprometernos en una dinámica de conversión y renovación. Por otra parte, ¿no es más evangélica una Iglesia frágil y vulnerable que tiene el coraje de reconocer su pecado, que una institución empeñada inútilmente en ocultar al mundo sus miserias? ¿No son más creíbles nuestras comunidades cuando colaboran con Cristo en la tarea evangelizadora, reconociendo humildemente sus pecados y comprometiéndose a una vida cada vez más evangélica? ¿No tenemos mucho que aprender también hoy del gran apóstol Pedro reconociendo su pecado a los pies de Jesús?

José Antonio Pagola

Comentario de Benedicto XVI al Evangelio de la Pesca Milagrosa


Los evangelios permiten seguir paso a paso el itinerario espiritual de san Pedro. El punto de partida es la llamada que le hace Jesús. Acontece en un día cualquiera, mientras Pedro está dedicado a sus labores de pescador. Jesús se encuentra a orillas del lago de Genesaret y la multitud lo rodea para escucharlo.

El número de oyentes implica un problema práctico. El Maestro ve dos barcas varadas en la ribera; los pescadores han bajado y lavan las redes. Él entonces pide permiso para subir a la barca de Simón y le ruega que la aleje un poco de tierra. Sentándose en esa cátedra improvisada, se pone a enseñar a la muchedumbre desde la barca. Así, la barca de Pedro se convierte en la cátedra de Jesús.

Cuando acaba de hablar, dice a Simón: "Rema mar adentro, y echad vuestras redes para pescar". Simón responde: "Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos pescado nada; pero, en tu palabra, echaré las redes". 

Jesús era carpintero, no experto en pesca, y a pesar de ello Simón el pescador se fía de este Rabino, que no le da respuestas sino que lo invita a fiarse de Él. Ante la pesca milagrosa reacciona con asombro y temor: "Aléjate de mí, Señor, que soy un hombre pecador". Jesús responde invitándolo a la confianza y a abrirse a un proyecto que supera todas sus perspectivas: "No temas. Desde ahora serás pescador de hombres". 

Pedro no podía imaginar entonces que un día llegaría a Roma y sería aquí "pescador de hombres" para el Señor. Acepta esa llamada sorprendente a dejarse implicar en esta gran aventura. Es generoso, reconoce sus limitaciones, pero cree en el que lo llama y sigue el sueño de su corazón. Dice sí, un sí valiente y generoso, y se convierte en discípulo de Jesús. 

Pedro vivió otro momento significativo en su camino espiritual cerca de Cesarea de Filipo, cuando Jesús planteó a sus discípulos una pregunta precisa: "¿Quién dicen los hombres que soy yo?"... Es Pedro quien contesta en nombre de los demás: "Tú eres el Cristo" (Mc 8, 29), es decir, el Mesías... 

Con todo, Pedro no había entendido aún el contenido profundo de la misión mesiánica de Jesús, el nuevo sentido de la palabra Mesías. Lo demuestra poco después, dando a entender que el Mesías que buscaba en sus sueños es muy diferente del verdadero proyecto de Dios. Ante el anuncio de la pasión se escandaliza y protesta, provocando la dura reacción de Jesús (cf. Mc 8, 32-33). 

Pedro quiere un Mesías "hombre divino", que realice las expectativas de la gente imponiendo a todos su poder. También nosotros deseamos que el Señor imponga su poder y transforme inmediatamente el mundo. Pero Jesús se presenta como el "Dios humano", el siervo de Dios, que trastorna las expectativas de la muchedumbre siguiendo el camino de la humildad y el sufrimiento.

Es la gran alternativa, que también nosotros debemos aprender siempre de nuevo: privilegiar nuestras expectativas, rechazando a Jesús, o acoger a Jesús en la verdad de su misión y renunciar a nuestras expectativas demasiado humanas. (...)

Pedro aprende así lo que significa en realidad seguir a Jesús... "Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame, porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará" (Mc 8, 34-35). 

Es la ley exigente del seguimiento: hay que saber renunciar, si es necesario, al mundo entero para salvar los verdaderos valores, para salvar el alma, para salvar la presencia de Dios en el mundo. Aunque le cuesta, Pedro acoge la invitación y prosigue su camino tras las huellas del Maestro. 

Me parece que estas diversas conversiones de san Pedro y toda su figura constituyen un gran consuelo y una gran enseñanza para nosotros. También nosotros tenemos deseo de Dios, también nosotros queremos ser generosos, pero también nosotros esperamos que Dios actúe con fuerza en el mundo y transforme inmediatamente el mundo según nuestras ideas, según las necesidades que vemos nosotros.

Dios elige otro camino. Dios elige el camino de la transformación de los corazones con el sufrimiento y la humildad. Y nosotros, como Pedro, debemos convertirnos siempre de nuevo. Debemos seguir a Jesús y no ponernos por delante. Es Él quien nos muestra el camino. 

Así, Pedro nos dice: tú piensas que tienes la receta y que debes transformar el cristianismo, pero es el Señor quien conoce el camino. Es el Señor quien me dice a mí, quien te dice a ti: sígueme. Y debemos tener la valentía y la humildad de seguir a Jesús, porque Él es el camino, la verdad y la vida.
(Benedicto XVI, catequesis del 17 de mayo de 2006) 

Serás pescador de hombres


Lectura del santo Evangelio según san Lucas 5, 1 -11  

En aquel tiempo, la gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la palabra de Dios.

Estando él de pie junto al lago de Genesaret, vio dos barcas que estaban en la orilla; los pescadores, que habían desembarcado, estaban lavando las redes.

Subiendo a una de las barcas, que era la de Simón, le pidió que la apartara un poco de tierra. 
Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente.


Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: - «Rema mar adentro, y echad vuestras redes para la pesca».
Respondió Simón y dijo: - «Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos cogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes».

Y, puestos a la obra, hicieron una redada tan grande de peces que las redes comenzaban a reventarse.
Entonces hicieron señas a los compañeros, que estaban en la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Vinieron y llenaron las dos barcas, hasta el punto de que casi se hundían
.
Al ver esto, Simón Pedro se echó a los pies de Jesús diciendo: - «Señor, apártate de mí, que soy un hombre pecador». Y es que el estupor se había apoderado de él y de los que estaban con él, por la redada de peces que habían recogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón.

Jesús dijo a Simón: - «No temas; desde ahora serás pescador de hombres». Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.
Palabra del Señor.

sábado, 6 de febrero de 2016

6 de febrero: san Pablo Miki y los mártires del Japón

En 1587, Hideyoshi, por entonces mandamás de Japón, publicó el primer edicto de prohibición del cristianismo, lo que conllevaba la expulsión de los misioneros -jesuitas, franciscanos y laicos- que, siguiendo la senda de San Francisco Javier, llevaban ya un tiempo evangelizando por tierras niponas. Diez años después, en Nagasaki, ciudad a la que fueron llevados veintiséis de ellos desde Kyoto, el encargado de aplicarla era Terazawa Hazaburo, hermano del gobernador de la ciudad.
En las primeras horas de la mañana del 5 de febrero de 1597, ya estaban preparadas las cruces sobre las que iban a ser martirizados los misioneros. La amistad que unía a Hazaburo con el jesuita Pablo Miki, uno de los futuros mártires, permitió retrasar levemente la ejecución. Un momento que fue aprovechado por otros dos jesuitas, los padres Pasio y Rodríguez, atender a los condenados antes de que muriesen.
Fue la única concesión. Pocos minutos después, comenzó la crucifixión de los veintiséis, que estaban clavados a sus respectivas cruces con unas anillas de hierro en las manos, los pies y el cuello y atados por una cuerda. Desde sus cruces, no dejaron de alabar a Dios con alegría. Cuando estaban todos listos, los soldados hicieron caer las cruces sobre las fosas previstas al respecto.
Delante se había erigido la tabla en la que estaba escrita la sentencia: «Por cuanto estos hombres vinieron de Filipinas con el título de embajadores y se quedaron en Miyako (Kyoto) predicando la ley de los cristianos que yo prohibí rigurosamente los años pasado, mando que sean ajusticiados junto con los japoneses que se hicieron de su ley…»

J.M. Ballester Esquivias 

La Delegación de Juventud anima a participar en la JMJ de Cracovia

Islam: la media luna… creciente.Cristianisme i Justicia analiza una religión en ebullición y con un profundo debate interior.

En este cuaderno publicado por el centro de estudios Cristianisme i Justícia, el jesuita y doctor en Estudios Islámicos Jaume Flaquer nos ayuda a entender dónde está y hacia dónde va el Islam. El Islam, la religión de la media luna, está en expansión numérica y es omnipresente en los medios de comunicación.
Sin embargo, está en ebullición, en un profundo debate interior, sobre cómo deben vivir los individuos y las sociedades mayoritariamente musulmanas en el siglo XXI: una verdadera guerra civil ideológica en la que se mezclan una infinidad de componentes políticos, sociales y económicos.
En este cuaderno, Jaume Flaquer nos ayuda a conocer los diversos corrientes del Islam actual y uno de sus puntos de desacuerdo: la posibilidad o no de reinterpretar jurídicamente la ley islámica, de acuerdo con el tiempo presente. “La cuestión principal”, explica el autor, “es qué hay que hacer hoy con la ley islámica en contextos de sociedades cada vez más plurales e interrelacionadas por la globalización”.
¿Qué hacer hoy con la ley islámica? Los códigos que interpretan jurídicamente la ley islámica tienen su origen en los siglos IX y X. Y mientras el reformismo islámico clama reabrir la interpretación jurídica para volver al Corán y elaborar una legislación adaptada al tiempo actual y compatible con los derechos humanos, la corriente fundamentalista considera que Muhammad aportó la última ley definitiva y niega autoridad al hombre para adaptarla.
En esta corriente que se sitúa el salafismo, que interpreta negativamente cualquier evolución del Islam y pretende islamizar a los musulmanes que considera desviados, laxos o pecadores. Si bien no hay que confundir salafismo con terrorismo, parte de los salafistas legitiman la violencia para conseguir sus objetivos. Mucho por hacer Por este motivo el autor asegura que “contrariamente a lo que podemos pensar, el Islam no está en guerra contra Occidente” sino que se encuentra en una “verdadera guerra civil ideológica”.

Ante esta realidad y los conflictos que hay actualmente en el Próximo Oriente, resulta evidente que “la intervención militar por sí sola no resolverá el problema a largo plazo” y se hace imprescindible incidir en las causas religiosas del conflicto. En cuanto al papel de Europa, “los atentados terroristas tienen como objetivo la estigmatización de los musulmanes, conseguir que Europa los considere un peligro y restrinja la libertad religiosa, para obligarlos a posicionarse a favor de Europa o a favor del Islam". Por este motivo, Flaquer pide "políticos inteligentes y ciudadanos sensatos para no seguir el juego de estas dicotomías".
El autor también señala como una de las asignaturas pendientes más importantes, el estudio riguroso de los inicios del Islam y la historia de la composición del Corán, utilizando todos los métodos modernos de los que disponemos desde el siglo XIX. "Progresar en el conocimiento", considera, "ayudará a desmontar las bases de los salafismos".
Para leer el cuaderno completo, pincha aquí:

(Cristianisme i Justicia).-

Francisco y Kirill se encontrarán en el aeropuerto de Cuba el 12 de febrero.Será la primera reunión de los líderes de la Iglesia católica y la Ortodoxa Rusa desde el cisma de 1054.

Roma y Moscú firmarán una histórica declaración común, con la presencia de Raúl Castro

Sorpresa histórica. El Papa Francisco, líder de la Iglesia católica, y el patriarca ortodoxo de Moscú, Kirill, se encontrarán por primera vez en la historia, el próximo 12 de febrero en el aeropuerto de La Habana, según acaba de anunciar el portavoz vaticano, Federico Lombardi.

Desde 1054, fecha de las excomuniones mutuas y el mayor cisma de la Cristiandad, ningún Papa o patriarca de Moscú -las dos iglesias cristianas más importantes del mundo- se habían encontrado. Aunque las excomuniones fueron revocadas hace medio siglo, el sueño de un encuentro entre los principales líderes cristianos parecía una quimera hasta hace muy poco.

La voluntad de Francisco y de Kirill, y la casualidad, han hecho el resto. Así, ambos coincidían en Centroamérica. Francisco camino de México, y Kirill, en Cuba. En un comunicado conjunto, ambas iglesias anuncian, "por gracia de Dios", que ambos pontífices "se encontrarán el próximo 12 de febrero en el aeropuerto José Martí". El encuentro, según explica Lombardi, tendrá como mediador al presidente Raúl Castro, quien ejercerá de anfitrión.

"El Papa hará escala en Cuba antes de su viaje a México", añadió Lombardi, quien incidió que el encuentro "concluirá con la firma de una declaración común". El encuentro personal será privado. "Este encuentro de los primados ha sido preparado desde hace tiempo, y será el primero en la historia, y marcará una etapa importante en las relaciones" entre las dos iglesias.
"Se trata de una señal de esperanza", por lo que el Vaticano y el Patriarcado de Moscú "invitan a los cristianos a rezar con fervor para que Dios bendiga este encuentro".
Si bien existían, y aún existen, leves diferencias teológicas entre católicos y ortodoxos, el origen del Gran Cisma que separó a las Iglesias de Oriente y Occidente fue más bien político y surgió de la división del Imperio Romano en dos polos de poder que competían entre sí por la primacía sobre el orbe cristiano: Roma, sede del Papado, y Constantinopla, capital del Imperio Bizantino. 

La ruptura se produjo en 1054 cuando los representantes del Papa y el Patriarcado de Constantinopla se excomulgaron mutuamente después de que este último se negara a ayudar a Roma en su lucha contra el avance normando en el sur de Italia.

Al cisma siguieron siglos de conflictos con episodios que ahondaron la división, como la masacre de católicos a manos ortodoxas en 1182 o la captura de territorios bizantinos por los cruzados y otras fuerzas católicas, por ejemplo la conquista y saqueo de Constantinopla en 1204. La opresión católica en los territorios ocupados dejó tal profunda huella en la psique colectiva que aún se puede rastrear en la desconfianza que profesan ciertas Iglesias ortodoxas nacionales -como la serbia, la rusa o la griega- hacia los países de Europa occidental. Muchos ortodoxos tampoco perdonan que los europeos occidentales se negasen a ayudar a los bizantinos contra los turcos musulmanes en 1453, año en que estos tomaron Constantinopla.
De ahí que, cuando en 1964, durante un encuentro entre el patriarca ortodoxo Atenágoras I y el Papa Pablo VI, ambas Iglesias acordaron declarar nulas las excomuniones de nueves siglos antes y comenzar a tender puentes, ciertos popes ortodoxos no pudieron soportar lo que consideraban una humillante sumisión ante los pérfidos católicos.
  (Jesús Bastante)

COMENTARIO AL EVANGELIO San Marcos 6,30-34 POR BENEDICTO XVI



La Palabra de Dios nos vuelve a proponer un tema fundamental y siempre fascinante de la Biblia: nos recuerda que Dios es el Pastor de la humanidad. 

Esto significa que Dios quiere para nosotros la vida, quiere guiarnos a buenos pastos, donde podamos alimentarnos y reposar; no quiere que nos perdamos y que muramos, sino que lleguemos a la meta de nuestro camino, que es precisamente la plenitud de la vida. Es lo que desea cada padre y cada madre para sus propios hijos: el bien, la felicidad, la realización. 

En el Evangelio de hoy Jesús se presenta como Pastor de las ovejas perdidas de la casa de Israel. Su mirada sobre la gente es una mirada por así decirlo «pastoral». 

El Evangelio nos dice que «habiendo bajado de la barca, vio una gran multitud; tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas sin pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas». 

Jesús encarna a Dios Pastor con su modo de predicar y con sus obras, atendiendo a los enfermos y a los pecadores, a quienes están «perdidos», para conducirlos a lugar seguro, a la misericordia del Padre. 

(…) ¿En qué consiste esta curación profunda que Dios obra mediante Jesús? Consiste en una paz verdadera, completa, fruto de la reconciliación de la persona en ella misma y en todas sus relaciones: con Dios, con los demás, con el mundo. 

En efecto, el maligno intenta siempre arruinar la obra de Dios, sembrando división en el corazón humano, entre cuerpo y alma, entre el hombre y Dios, en las relaciones interpersonales, sociales, internacionales, y también entre el hombre y la creación. El maligno siembra guerra; Dios crea paz.


Es más, como afirma san Pablo, Cristo «es nuestra paz: el que de los dos pueblos ha hecho uno, derribando en su cuerpo de carne el muro que los separaba: la enemistad» (Ef 2, 14). 

Para llevar a cabo esta obra de reconciliación radical, Jesús, el Buen Pastor, tuvo que convertirse en Cordero, «el Cordero de Dios... que quita el pecado del mundo» (Jn 1, 29). 

Sólo así pudo realizar la estupenda promesa del Salmo: «Sí, bondad y fidelidad me acompañan / todos los días de mi vida, / habitaré en la casa del Señor / por años sin término» (22/23, 6).

Queridos amigos: estas palabras nos hacen vibrar el corazón, porque expresan nuestro deseo más profundo; dicen aquello para lo que estamos hechos: la vida, la vida eterna. 

Son las palabras de quien… ha experimentado a Dios en la propia vida y conoce su paz. 

(Del Ángelus de Benedicto XVI el 22 de julio de 2012)

SE COMPADECIÓ DE ELLOS PORQUE ERAN COMO OVEJAS SIN PASTOR


Evangelio según San Marcos 6,30-34.
Los Apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado.
Él les dijo: "Vengan ustedes solos a un lugar desierto, para descansar un poco". Porque era tanta la gente que iba y venía, que no tenían tiempo ni para comer.
Entonces se fueron solos en la barca a un lugar desierto. Al verlos partir, muchos los reconocieron, y de todas las ciudades acudieron por tierra a aquel lugar y llegaron antes que ellos.

Al desembarcar, Jesús vio una gran muchedumbre y se compadeció de ella, porque eran como ovejas sin pastor, y estuvo enseñándoles largo rato.

Palabra de Dios

viernes, 5 de febrero de 2016

Misa en Santa Marta- Disminuir, disminuir, disminuir


Juan Bautista, «el más grande de los profetas», nos enseña una regla fundamental de la vida cristiana: hacernos pequeños con humildad para que sea el Señor quien crezca. Es este el «estilo de Dios», diverso del «estilo de los hombres», que el Papa propuso durante la misa celebrada el viernes 5 de febrero en la capilla de la Casa Santa Marta.
Marcos, en el pasaje evangélico de hoy (6, 14-29), escribe «que la gente hablaba de Jesús porque “su nombre se había hecho famoso”». En definitiva «todos hablaban» y se preguntaban quién sería él realmente. Y así uno decía: «Es uno de los profetas que ha regresado». Y otro: «Es Juan Bautista que ha resucitado». El hecho es que ante Jesús «la gente se quedaba con curiosidad». Mientras que el rey Herodes, escribe aún Marcos, era «temeroso, angustiado» también porque «era perseguido por el fantasma de Juan» a quien él había mandado matar.
Además, hizo notar Francisco, están «otros personajes que aparecen en este pasaje del Evangelio: una mujer mala, que odiaba y buscaba venganza; una muchacha que no sabía nada y solo le interesaba su vanidad». Tanto que «parece una novela»: es la historia de Herodías y de su hija.
Precisamente en este marco —explicó el Papa— el evangelista narra el fin de Juan Bautista, «el hombre más grande nacido de mujer» como dice la fórmula de canonización». Y nacido de mujer, el santo más grande: así Jesús lo canonizó».
Pero Juan «acaba en la cárcel, decapitado». Y «la única frase» del pasaje evangélico de hoy parece tener además una nota de «resignación»: «los discípulos de Juan, al enterarse del hecho, fueron a recoger el cadáver y lo pusieron en un sepulcro». Es así que «acaba “el hombre más grande nacido de mujer”: un gran profeta, el último de los profetas, el único a quien se le permitió ver la esperanza de Israel». Sí «el gran Juan que ha invitado a la conversión: todo el pueblo lo seguía y le preguntaba “¿qué debemos hacer?”». Lo seguían, añadió el Pontífice, «también los soldados, todos iban detrás de él para hacerse bautizar, para pedir perdón, a tal punto que los doctores de la ley fueron a él para hacerle una pregunta: ¿eres tú aquel que nosotros esperamos?». La respuesta de Juan es clara: «No, no, yo no. Hay otro que viene detrás de mí: ese es. Yo soy solamente la voz que grita en el desierto».
Al respecto, explicó el Papa, «san Agustín nos hace pensar bien cuando dice: “Sí, Juan dice de sí mismo que es la voz, porque detrás de él viene la Palabra”». Y «Cristo es la Palabra de Dios, el verbo de Dios». En verdad «Juan es grande» repropuso Francisco. Grande cuando dice que no es él aquel a quien esperan: precisamente «aquella frase es su destino, su programa de vida: “Aquel, el que viene detrás de mí, debe crecer; yo, en cambio, disminuir”». Precisamente «así fue la vida de Juan: disminuir, disminuir, disminuir y acabar de esta manera tan prosaica, en el anonimato». Y así, Juan fue «alguien grande que no buscó su propia gloria, sino la de Dios».
Y no acaba aquí. El Pontífice quiso destacar el hecho de que Juan «sufrió en la cárcel además —digamos la palabra— la tortura interior de la duda». Hasta preguntarse: «Pero, quizá me he equivocado. Este Mesías no es como imaginaba que debería ser el Mesías». Tanto que «invitó a sus discípulos a preguntar a Jesús: “Di la verdad: ¿eres tú quien debe venir?”».
Evidentemente «esa duda la hacía sufrir» y se preguntaba: «¿Me he equivocado en anunciar uno que no era? ¿He engañado al pueblo?”». Fue grande «el sufrimiento, la soledad interior de este hombre». Y así vuelven, con toda su fuerza, sus palabras: «Yo, en cambio, debo disminuir, pero disminuir así: en el alma y en el cuerpo, todo». A la duda de Juan, «Jesús responde: “Mira lo que sucede”. Y se fía, no dice: «Soy yo». dice: «Id y anunciad a Juan lo que habéis visto». Da también las señales, y lo deja sólo con la duda y la interpretación de los signos».
Así pues, afirmó Francisco, «este es el gran profeta». Pero siempre respecto a Juan «hay una última cosa que nos hace pensar: con esta actitud de «disminuir» para que Cristo pueda «crecer», ha preparado el camino hacia Jesús. Y Jesús murió en angustia, solo, sin discípulos». La «gran gloria» de Juan, por lo tanto, es el haber sido profeta no sólo de palabras, sino con su carne: con su vida preparó el camino hacia Jesús. ¡Es un grande!».
En conclusión, el Papa sugirió —«nos hará bien»— «leer hoy este pasaje del Evangelio de Marcos, capítulo 6». Sí, insistió, «leer ese trozo» para «ver cómo Dios vence: el estilo de Dios no es el estilo del hombre». Y precisamente a la luz del pasaje evangélico, «pedir al Señor la gracia de la humildad que Juan tenía, y no adjudicarnos a nosotros méritos y glorias de otros». Y «sobre todo la gracia de que nuestra vida siempre esté en su lugar para que Jesús crezca y nosotros disminuyamos, hasta el final».


Parlamento Europeo califica de genocidio la persecución del ISIS a los cristianos


Contra cristianos, yazidíes y otras minorías
"Rotunda condena del denominado Daesh y de sus atroces violaciones de los derechos humanos"
El Pleno del Parlamento Europeo ha aprobado este jueves una resolución conjunta en la que por primera vez se asegura que el grupo terrorista Daesh "está perpetrando un genocidio contra cristianos, yazidíes y otras minorías religiosas y étnicas" en Siria e Irak.
El texto expresa su "rotunda condena del denominado Daesh y de sus atroces violaciones de los derechos humanos, que constituyen crímenes contra la humanidad y crímenes de guerra, con arreglo al Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional, y que el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas debe tomar medidas para que estos crímenes sean reconocido como genocidio!".
Según afirmó la Fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada (AIN) en un comunicado, esta resolución, presentada yapoyada por eurodiputados de todos los grupos del Parlamento Europeo, representa "un importante paso para que la comunidad internacional reaccione contra el genocidio de cristianos y otras minorías religiosas en ciertos países de Oriente Medio y frene lo que ya ha sido calificado como genocidio".
En la resolución se recuerda que los Estados miembros de las Naciones Unidas tienen la obligación legal de prohibir todo tipo de ayuda al Daesh, en particular el suministro de armas y ayuda financiera, incluido el comercio ilegal de petróleo, y les exige que tipifiquen como delito en su Derecho nacional este tipo de ayuda.
Asimismo, los eurodiputados instan a los países que apoyen, colaboren o financien estos crímenes "que cumplan plenamente sus obligaciones legales" y "pongan fin a esta conducta inaceptable que está causando un daño enorme a las sociedades iraquí y siria y está desestabilizando gravemente los países vecinos y la paz y la seguridad internacionales".
Además, piden presionar a la Corte Penal Internacional para que investigue estas violaciones perpetradas por el Daesh a minorías religiosas y étnicas. (RD/Agencias)



Comentario sobre san Juan Bautista por san Juan XXIII

Pero la primera figura de hombre, con cuerpo y alma, que avanza ante nuestra mirada, propuesta a nuestro respeto y veneración, esj San Juan Bautista, flor solitaria y tardía de Zacarías e Isabel, llamados a preparar, por medio de la voz de este inesperado hijo, el mensae celestial y la invitación a la generación universal que los profetas habían prometido, desde hacía siglos.

¡Qué exclamación la que salió de los labios de aquel anciano afortunado y emocionado que había recuperado la palabra! "Et tu, puer, propheta Altissimi vocaberis, praeibis enim ante faciem Domini parare vias eius" (Lc 1, 76). (Tú, hijo, serás llamado Profeta del Altísimo, pues irás delante de Él para prepararle el camino.)

Aquel Benedictus, todo en conjunto, cuyo alegre eco nos ha conservado San Lucas, como exaltación del palpitar religioso de todos los siglos, como invitación para toda alma sacerdotal, que saludando la luz de la mañana, de todas las mañanas, es llamada a encontrar en aquella luz como la aparición del rostro de Cristo, renaciendo siempre para salvar y bendecir al mundo, a lo largo de los siglos.

La primera constatación del honor de preferencia, reservado a San Juan Bautista, aparece en seguida en los relatos evangélicos, es decir, a los comienzos del Magisterio Divino de Cristo Salvador, tanto en las primeras páginas de San Mateo, como de San Marcos, San Lucas y San Juan.

Era natural que esta característica singular fuera consagrada rápidamente por la veneración de los siglos, aún a través de las voces de la liturgia y en los monumentos de piedra, y templos, modestos o grandiosos, y que correspondiese a Roma verdaderamente la primacía en el culto a San Juan Bautista, la primacía de estas manifestaciones artísticas y religiosas.

No tratándose de un simple primer puesto como si se dedicara a un santo singular de carácter casi doméstico y local, sino a un verdadero Precursor del Señor corno él fue en su nacimiento y como permaneció en su muerte; su muerte violenta que precedió a la misma de San Esteban Protomártir. 
Es de San Ambrosio la idea de que el Bautista continúa siempre, aún en la acción que el ejerce desde el cielo sobre las almas que él protege, teniéndolas próximas a sí y a su espíritu, en íntima conformidad con cuanto cantó en el Benedictus su anciano padre, enfocando la luz de la fe sobre nuestras almas, enderezando los caminos tortuosos de la vida, impidiéndonos caer en los abismos del error, y ayudándonos a rellenar nuestros valles con las más bellas virtudes, mortificando todo el orgullo humano para postrarnos ante el Señor y dirigir siempre nuestros pasos por los caminos de la paz. (San Ambrosio in Lucam, 1, 38).

Sobre los monumentos de veneración de toda la Iglesia católica a San Juan Bautista, basta recordar los títulos y altísimos merecimientos de este precursor, los prodigiosos acontecimientos acaecidos en su nacimiento, su dignidad de profeta del Altísimo, cerrando el período del Antiguo Testamento y abriendo las puertas del Nuevo, el primer santo canonizado y, reconozcámoslo, canonizado por Cristo en persona cuando dijo en alta voz: "Entre los nacidos de mujer, no hay ninguno más grande que San Juan Bautista" (Mt 11, 11).

Finalmente su glorioso martirio, su cabeza en la bandeja después de la decapitación; "conticescit et adhuc timetur" (calló, y aún es temido). (Ex Libro S. Ambr. Ep. de Virginibus-Liber 3 post initium). Estaba completamente reservado a la veneración del cielo y de la tierra.

Su culto, pues, a diferencia del de los santos, y aun del de los mártires, de fisonomía siempre esplendorosa, pero puramente local, se presenta con aspecto y características universales.
El emperador Constantino, construyó aquí en Letrán el noble baptisterio con el nombre del primer Juan, que poco después sirvió de título a otros muchos baptisterios del siglo IV. Y a él se le dedicó la primera basílica del Salvador, que después de muchas reconstrucciones a lo largo de los siglos, mereció siempre el nombre singular —y ahora como en el pasado— de Sacrosanta Archibasílica Lateranense, madre y cabeza de todas las Iglesias de Roma y del mundo.
Aquel emperador no cesó de construir, puesto que a él se le atribuyen basílicas dedicadas a San Juan Bautista en Ostia, Albano y Constantinopla; y después de él, en el siglo IV y siguientes, en Roma y en todo el Occidente, el culto de San Juan Bautista tuvo una difusión extraordinaria.

Sólo en Roma se contaban una veintena de iglesias con el título de San Juan, a la par que en la serie de los Pontífices, se contaron y fueron honrados por los fieles veintitrés con este nombre, desde Juan I, Papa y mártir (523-526) hasta Juan XXII (1316-1334), Papa del período de Aviñón, y después de seis siglos (1334-1958), el más reciente Juan XXIII, que os habla, indigno de esta tarea y de esta sucesión, pero confiado en el Señor que todo lo sabe, todo lo ve y todo lo gobierna, sirviéndose de quien se abandona en él, bajo los auspicios, aun lejanos, de su gran misericordia y paz, serena y tranquila.
San Juan XXIII, 24 de junio de 1062

MARTIRIO DE SAN JUAN BAUTISTA

Evangelio según San Marcos 6,14-29.
El rey Herodes oyó hablar de Jesús, porque su fama se había extendido por todas partes. Algunos decían: "Juan el Bautista ha resucitado, y por eso se manifiestan en él poderes milagrosos:

Otros afirmaban: "Es Elías". Y otros: "Es un profeta como los antiguos".


Pero Herodes, al oír todo esto, decía: "Este hombre es Juan, a quien yo mandé decapitar y que ha resucitado".
Herodes, en efecto, había hecho arrestar y encarcelar a Juan a causa de Herodías, la mujer de su hermano Felipe, con la que se había casado. Porque Juan decía a Herodes: "No te es lícito tener a la mujer de tu hermano".
Herodías odiaba a Juan e intentaba matarlo, pero no podía,
porque Herodes lo respetaba, sabiendo que era un hombre justo y santo, y lo protegía. Cuando lo oía quedaba perplejo, pero lo escuchaba con gusto.

Un día se presentó la ocasión favorable. Herodes festejaba su cumpleaños, ofreciendo un banquete a sus dignatarios, a sus oficiales y a los notables de Galilea.
La hija de Herodías salió a bailar, y agradó tanto a Herodes y a sus convidados, que el rey dijo a la joven: "Pídeme lo que quieras y te lo daré". Y le aseguró bajo juramento: "Te daré cualquier cosa que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino".
Ella fue a preguntar a su madre: "¿Qué debo pedirle?". "La cabeza de Juan el Bautista", respondió ésta.
La joven volvió rápidamente adonde estaba el rey y le hizo este pedido: "Quiero que me traigas ahora mismo, sobre una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista".
El rey se entristeció mucho, pero a causa de su juramento, y por los convidados, no quiso contrariarla.
En seguida mandó a un guardia que trajera la cabeza de Juan.
El guardia fue a la cárcel y le cortó la cabeza. Después la trajo sobre una bandeja, la entregó a la joven y esta se la dio a su madre.

Cuando los discípulos de Juan lo supieron, fueron a recoger el cadáver y lo sepultaron.