domingo, 8 de noviembre de 2015

El prefecto de Doctrina de la Fe niega que haya cardenales contrarios a Francisco

Müller carga contra la prensa: "Entre los vaticanistas hay muchos tontos, no hay oposición al Papa"

"Los que hablan de luchas entre conservadores y progresistas no saben mucho de teología católica"

El prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Gerhard Ludwig Müller, desestimó que entre los cardenales existaoposición a los planteamientos del PapaFrancisco, tal como han señalado versiones de investigadores conocidas en las últimas semanas.
"Esto viene de algunos vaticanistas. No hay oposición en contra del Papa. Eso sería un absurdo absoluto. Los cardenales están encargados de dar su vida para el Papa. Eso lo explica todo", afirmó, durante una entrevista concedida al diario "El Mercurio" .
Quien encabeza una de las instituciones más poderosas del Vaticano fustigó a quienes difunden tales versiones.
"Entre los vaticanistas hay muchos tontos. Están más interesados en ganar, con sus especulaciones, dinero, que en el bien de la Iglesia. Es mi experiencia", afirmó.
Müller, quien se encuentra de visita en Chile, consideró "normal" que cardenales envíen misivas al Pontífice en las que planteen sus observaciones, tal como ocurrió en el reciente sínodo.
"Cuando algunos cardenales escriben una carta al Papa, solo el Papa es el destinatario. Todos los cardenales y los obispos tienen derecho a escribirle al Papa algunas observaciones. Para mí es una cosa muy normal. Lo no normal es publicarlo o construir ideas raras de una lucha o una guerra", aseveró.
Del mismo modo, descartó que exista un conflicto entre "conservadores" y "progresistas" al interior de la Iglesia Católica.
"Los que hablan mucho de las luchas entre conservadores y progresistas no saben mucho de la teología católica. Confunden la teología católica y a la Iglesia con una organización política, mundana", advirtió.
"El Santo Padre habla siempre contra la mundanización de la Iglesia. Lo que hacen esos vaticanistas es una mundanización y politización de la Iglesia", agregó.



No se puede dar culto a Dios y causar daño a los pobres, o anteponer al amor a Dios el propio interés, dijo el Papa en el Ángelus

Queridos hermanos y  hermanas ¡buenos días, con este lindo sol!
El episodio del Evangelio de este domingo se compone de dos partes: en una se describe cómo no deben ser los seguidores de Cristo; en la otra, se propone un ideal ejemplar de cristiano.
Comencemos por la primera, qué cosa no tenemos que hacer: en la primera parte, Jesús adeuda a los escribas, maestros de la ley, tres defectos que se manifiestan en su estilo de vida: soberbia, avidez e hipocresía. A ellos «les gusta pasearse con largas vestiduras, ser saludados en las plazas y ocupar los primeros asientos en las sinagogas y los banquetes» (Mc 12,38-39). Pero, bajo apariencias tan solemnes, se esconden falsedad e injusticia. Mientras se pavonean en público, usan su autoridad – así dice Jesús - para «devorar los bienes de las viudas» (cfr v 40), a las que se consideraba, junto con los huérfanos y los extranjeros, como a las personas más indefensas y desamparadas. En fin, los escribas – dice Jesús -  «fingen hacer largas oraciones» (v 40).
También hoy existe el riesgo de asumir estas conductas. Por ejemplo, cuando se separa la oración de la justicia, porque no se puede rendir culto a Dios y causar daño a los pobres. O cuando se dice que se ama a Dios y, sin embargo, se antepone a Él la propia vanagloria, el propio provecho.
Y en esta línea, se coloca la segunda parte del Evangelio de hoy. La escena se ambienta en el templo de Jerusalén, precisamente en el lugar donde la gente echaba las monedas como oferta. Hay muchos ricos que echan tantas monedas y hay una pobre mujer, viuda, que da apenas dos pequeñas monedas. Jesús observa atentamente a esa mujer y llama la atención de los discípulos sobre el contraste neto de la escena. Los ricos han dado, con gran ostentación, lo que para ellos era superfluo, mientras que la viuda, con discreción  y humildad, ha dado «todo lo que tenía para vivir» (v 44); por ello – dice Jesús – ella ha dado más que todos. Debido a su extrema pobreza, hubiera podido ofrecer una sola moneda para el templo y quedarse con la otra. Pero ella no quiere hacer a medias con Dios: se priva de todo. En su pobreza ha comprendido que, teniendo a Dios, lo tiene todo; se siente amada totalmente por Él y, a su vez, lo ama totalmente. ¡Qué lindo ejemplo esa viejita, lindo ejemplo!
Jesús, hoy, nos dice también a nosotros que el metro de juicio no es la cantidad, sino la plenitud. Hay una diferencia entre cantidad y plenitud. Tú puedes tener tanto dinero, pero ser una persona vacía. No hay plenitud en tu corazón. Piensen esta semana en la diferencia que hay entre cantidad y plenitud.  No es cosa de billetera, sino de corazón. Hay diferencia entre billetera y corazón… Hay enfermedades cardiacas  que hacen que el corazón se baje hasta la billetera… ¡Y esto no va bien! Amar a Dios «con todo el corazón» significa confiar en Él, en su providencia, y servirlo en los hermanos más pobres, sin esperarnos nada a cambio.

Permítanme que cuente una anécdota, que sucedió en mi diócesis precedente. Estaban en la mesa una mamá con sus tres hijos; el papá estaba en el trabajo; estaban comiendo milanesas… Ese en ese momento, llaman a la puerta y uno de los hijos – chicos, 5, 6 años, 7 años, el más grande – viene y dice: «Mamá, hay un mendigo que pide comida». Y la mamá, una buena cristiana, les pregunta: «¿qué hacemos? – Démosle mamá… Bien… Agarra el tenedor y el cuchillo y les quita la mitad de cada milanesa. ¡Ah, non, mamá no! ¡Así no! Agarra de la refrigeradora - ¡No! ¡Preparamos tres sándwiches  así! Y los hijos aprendieron que la verdadera caridad se hace no con lo que nos sobra, sino con lo que nos es necesario. Estoy seguro de que esa tarde tuvieron un poco de hambre.. ¡pero, así se hace!
Ante las necesidades del prójimo, estamos llamados a privarnos – como esos niños, de la mitad de la milanesa – de algo indispensable, no sólo de lo superfluo; estamos llamados a dar el tiempo necesario, no sólo el que nos sobra; estamos llamados a dar enseguida sin reservas algún talento nuestro, no después de haberlo utilizado para nuestros objetivos personales o de grupo.
Pidamos al Señor que nos admita a la escuela de esta pobre viuda, que Jesús, entre el desconcierto de los discípulos, hace subir a la cátedra y presenta como maestra de Evangelio vivo. Por intercesión de María, la mujer pobre que ha dado toda su vida a Dios por nosotros, pidamos el don de un corazón pobre, pero rico de una generosidad alegre y gratuita. (Traducción del italiano: Cecilia de Malak - Radio Vaticana)


La fecundidad de lo pequeño

La cultura actual es partidaria del éxito; siempre se desea apostar por el ganador, y se mira con insistencia a las empresas con buenos resultados. Se siente halago en el triunfo, y cierta nostalgia, por no decir envidia, cuando llegan noticias de comunidades religiosas florecientes.
Ciframos el éxito de nuestro trabajo en los resultados, y tenemos por negativa la evaluación que no suponga crecimiento.
Hoy se sufre en la Iglesia el éxodo. No se llenan los templos, ni los noviciados; escasean las vocaciones, aunque la estadística señale últimamente cierto crecimiento. En el mundo rural se vive la experiencia de la soledad y de la debilidad, pues en él queda solo una generación mayor porque las familias jóvenes buscan los centros educativos para sus hijos.
En estas coordenadas, sorprenden los relatos bíblicos. Tanto la primera lectura como el Evangelio proponen el protagonismo de dos mujeres viudas y pobres, a las que les queda solamente un poco de aceite y de harina en el caso de la de Sarepta, y solamente dos reales, en el caso de la viuda del templo.
De natural, es difícil abrazar la minoridad, la descalcez, y sin embargo, en los ejemplos propuestos, se nos describe la relación entre pobreza y bendición. “El profeta Elías se puso en camino hacia Sarepta, y, al llegar a la puerta de la ciudad, encontró allí una viuda que recogía leña. La llamó y le dijo: -«Por favor, tráeme un poco de agua en un jarro para que beba.» Mientras iba a buscarla, le gritó: -«Por favor, tráeme también en la mano un trozo de pan.» Respondió ella: -«Te juro por el Señor, tu Dios, que no tengo ni pan; me queda sólo un puñado de harina en el cántaro y un poco de aceite en la alcuza. (1Re 17, 10- 13)
El salmista canta: “El Señor sustenta al huérfano y a la viuda” (Sal 145). Y Jesús ensalza a quien a los ojos humanos ha echado dos reales de limosna en el Templo. “Estando Jesús sentado enfrente del arca de las ofrendas, observaba a la gente que iba echando dinero: muchos ricos echaban en cantidad; se acercó una viuda pobre y echó dos reales. Llamando a sus discípulos, les dijo: -«Os aseguro que esa pobre viuda ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie” (Mc 12, 42-44).
Las categorías del Evangelio son muy distintas a las nuestras; como dirá Jesús en otro pasaje, nosotros pensamos como humanos, no como Dios. Dios valora lo humilde, lo sencillo, lo pequeño: da la primogenitura a los segundones, escoge a las estériles, bendice a las viudas. El Maestro nos ofrece la enseñanza de la paradoja: los últimos son los primeros, los soberbios son desplazados por los humildes, los ricos, por los pobres; los señores, por los siervos.
¿Cómo valoras tu situación, con los ojos humanos, o con la mirada de Dios?

 Ángel Moreno de Buenafuente

Contraste. José Antonio Pagola

El contraste entre las dos escenas es total. En la primera, Jesús pone a la gente en guardia frente a los escribas del templo. Su religión es falsa: la utilizan para buscar su propia gloria y explotar a los más débiles. No hay que admirarlos ni seguir su ejemplo. En la segunda, Jesús observa el gesto de una pobre viuda y llama a sus discípulos. De esta mujer pueden aprender algo que nunca les enseñarán los escribas: una fe total en Dios y una generosidad sin límites.

La crítica de Jesús a los escribas es dura. En vez de orientar al pueblo hacia Dios buscando su gloria, atraen la atención de la gente hacia sí mismos buscando su propio honor. Les gusta «pasearse con amplios ropajes» buscando saludos y reverencias de la gente. En la liturgia de las sinagogas y en los banquetes buscan «los asientos de honor» y «los primeros puestos».
Pero hay algo que, sin duda, le duele a Jesús más que este comportamiento fatuo y pueril de ser contemplados, saludados y reverenciados. Mientras aparentan una piedad profunda en sus «largos rezos» en público, se aprovechan de su prestigio religioso para vivir a costa de las viudas, los seres más débiles e indefensos de Israel según la tradición bíblica.

Precisamente, una de estas viudas va a poner en evidencia la religión corrupta de estos dirigentes religiosos. Su gesto ha pasado desapercibido a todos, pero no a Jesús. La pobre mujer solo ha echado en el arca de las ofrendas dos pequeñas monedas, pero Jesús llama enseguida a sus discípulos pues difícilmente encontrarán en el ambiente del templo un corazón más religioso y más solidario con los necesitados.
Esta viuda no anda buscando honores ni prestigio alguno; actúa de manera callada y humilde. No piensa en explotar a nadie; al contrario, da todo lo que tiene porque otros lo pueden necesitar. Según Jesús, ha dado más que nadie, pues no da lo que le sobra, sino «todo lo que tiene para vivir».

No nos equivoquemos. Estas personas sencillas, pero de corazón grande y generoso, que saben amar sin reservas, son lo mejor que tenemos en la Iglesia. Ellas son las que hacen el mundo más humano, las que creen de verdad en Dios, las que mantienen vivo el Espíritu de Jesús en medio de otras actitudes religiosas falsas e interesadas. De estas personas hemos de aprender a seguir a Jesús. Son las que más se le parecen.

José Antonio Pagola

Alaba, alma mía al Señor



Sal 145, 7. 8-9a. 9bc-10 

 Alaba, alma mía, al Señor.

Que mantiene su fidelidad perpetuamente, 
que hace justicia a los oprimidos,  
que da pan a los hambrientos.  
El Señor liberta a los cautivos.

Alaba, alma mía, al Señor.

El Señor abre los ojos al ciego,  
el Señor endereza a los que ya se doblan,  
el Señor ama a los justos,  
el Señor guarda a los peregrinos.

Alaba, alma mía, al Señor.

Sustenta al huérfano y a la viuda  
y trastorna el camino de los malvados.  
El Señor reina eternamente,  
tu Dios, Sión, de edad en edad.


Alaba, alma mía, al Señor.

Esta pobre viuda ha echado todo lo que tenía para vivir



Lectura del santo evangelio según san Marcos 12, 38-44

En aquel tiempo, entre lo que enseñaba Jesús a la gente, dijo:

_ «¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en la plaza, buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y devoran los bienes de las viudas, con pretexto de largos rezos. Éstos recibirán una sentencia más rigurosa.»

Estando Jesús sentado enfrente del arca de las ofrendas, observaba a la gente que iba echando dinero: muchos ricos echaban en cantidad; se acercó una viuda pobre y echó dos reales. Llamando a sus discípulos, les dijo:

- «Os aseguro que esa pobre viuda ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero ésta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir.»
Palabra de Dios

sábado, 7 de noviembre de 2015

Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey.

Sal 144, 2-3. 4-5. 10-11 
Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey.
Día tras día, te bendeciré 
y alabaré tu nombre por siempre jamás. 
Grande es el Señor, merece toda alabanza, 
es incalculable su grandeza.
Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey.
Una generación pondera tus obras a la otra, 
y le cuenta tus hazañas. 
Alaban ellos la gloria de tu majestad, 
y yo repito tus maravillas.
Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey.
Que todas tus criaturas te den gracias, Señor, 
que te bendigan tus fieles; 
que proclamen la gloria de tu reinado, 
que hablen de tus hazañas.

Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey.

Si no fuisteis a fiar en el vil dinero, ¿quién os confiará lo que vale de veras?


Lectura del santo evangelio según san Lucas 16, 9-15

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:
-«Ganaos amigos con el dinero injusto, para que, cuando os falte, os reciban en las moradas eternas.
El que es de fiar en lo menudo también en lo importante es de fiar; el que no es honrado en lo menudo tampoco en lo importante es honrado.
Si no fuisteis de fiar en el injusto dinero, ¿quién os confiará lo que vale de veras? Si no fuisteis de fiar en lo ajeno, ¿lo vuestro, quién os lo dará?
Ningún siervo puede servir a dos amos, porque, o bien aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero.»
Oyeron esto los fariseos, amigos del dinero, y se burlaban de él.
Jesús les dijo:
-«Vosotros presumís de observantes delante de la gente, pero Dios os conoce por dentro.
La arrogancia con los hombres Dios la detesta.»
Palabra del Señor

viernes, 6 de noviembre de 2015

Juan José Omella, nuevo arzobispo de Barcelona con el sello inconfundible del Papa Francisco

"No parece este nombramiento políticamente correcto (...): todos se encontrarán con sorpresas"

"Martínez Sistach deja una iglesia reforzada en la comunión, institucionalmente ordenada, con presencia social"
El nombramiento de Juan José Omella como nuevo arzobispo de Barcelona ha sorprendido aunque ya era oficiosa desde hace quince días su designación. El secreto pontificio en el tiempo del poder de la comunicación también en este caso ha sucumbido, algo que ya ha dejado de extrañarnos con la que está cayendo. No parece este nombramiento políticamente correcto. En plena crisis social, política e institucional entre Cataluña y el Estado español los sectores de horizonte independentista apostaban por un obispo catalán mientras que los sectores que se ubican en la unidad de España ven con buenos ojos alguien que aseguran que será de su cuerda.

Como es justo dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios,probablemente los de una orilla y los de la otra se encontrarán con sorpresasrespecto a sus expectativas. El envío a Barcelona de Juan José Omella ha de ser entendido en clave del momento eclesial y de la apuesta del papa Francisco por una iglesia en salida auténticamente misionera desde el servicio a los pobres con el Evangelio en la mano.

La decisión del papa es por un obispo que tiene una larga trayectoria de sintonía en el espíritu franciscano. No es un teólogo forjado en la academia, tampoco un canonista experimentado en regular la comunión ni en su trayectoria era previsible el encargo de la iglesia de una gran ciudad en un momento complejo como el que vive la sociedad catalana. Sus dedicaciones preferentes han sido la cercanía a las personas, el estilo de pastor que siente pasión por la Palabra dicha desde el corazón como atestiguan sus homilías, la dedicación ministerial a los más pobres como muestra su trayectoria de misionero en Zaire, el hecho de ser consiliario general de Manos Unidas y su presencia en la comisión de pastoral desde su ordenación como obispo en 1996 hasta hoy, que es su presidente, y desde la que ha mantenido una relación constante con Cáritas, también internacionalmente.

Es cierto que, en general, a la iglesia de Barcelona le hubiera gustado un pastor catalán pero también es verdad que es una iglesia comprometida con las propuestas y los caminos que en este momento abre el papa Francisco. Esto hará que sea un obispo bien recibido y poco a poco querido. Además Barcelona tiene en su historia y en su momento actual una fuerte dimensión católica-universal a la vez que una fuerte conexión con la identidad catalana. En este sentido, hay que recordar lo que supone la presencia del nuevo arzobispo como miembro de la Congregación para los Obispos, lugar clave de la reforma. Lo que sin duda ayudará en estos momentos donde construir puentes es tan necesario. 


El hecho de llegar de fuera de la Conferencia Episcopal Tarraconense le impone el reto de situarse en la realidad del país, asunto nada sencillo. Venir de una diócesis como Calahorra y La Calzada-Logroño es pasar de una iglesia de proximidad y cercanía a una iglesia mucho más compleja, con una realidad de secularidad de larga implantación y con unos componentes políticos, institucionales y sociales de gran alcance. Aunque a veces llegar de lejos ayuda a ganar en libertad y arrojo para afrontar los retos y su trayectoria de pastoral social le hace bienvenido en un momento donde la pobreza y la desigualdad encienden señales de alarma.

Los once años largos de episcopado del cardenal Martínez Sistach dejan una iglesia reforzada en la comunión, institucionalmente ordenada, con una presencia social discreta pero apreciada y con posibilidades de llevar adelante Evangelii Gaudium. Aunque también una iglesia minoritaria con necesidad de cambios en las personas y estructuras pastorales para aproximarse a las generaciones de familias jóvenes y de sus hijos, una generación casi ausente en este momento de la vida eclesial.
En la estela de papa Francisco nos pedirá que recemos por él. Lo necesitará.

Francisco: "Un creyente no puede hablar sobre la pobreza y llevar una vida de faraón"

"Santa Marta no es una jaula, pero me falta la calle", confiesa el Papa a un diario holandés


"Me digo a mí mismo: ahora tengo un puesto importante, pero en diez años ya nadie te conocerá"


«La Iglesia debe hablar con la verdad y también con el testimonio: el testimonio de la pobreza. Un creyente no puede hablar sobre la pobreza o sobre los ‘sin techo' y llevar una vida de faraón». En pleno escándalo «vatileaks», con la Iglesia en la mira por el uso «desenvuelto» de las finanzas vaticanas, Papa Francisco responde en una entrevista al periodista holandés Stijn Fens, del diario "Straatnieuws" de la ciudad de Hilversum.
«Yo quisiera -añadió el Pontífice argentino en la entrevista- un mundo sin pobres. Nosotros debemos luchar contra esto. Y la codicia humana siempre existe, la falta de solidaridad, el egoísmo crean a los pobres. Por eso me parece un poco difícil imaginar un mundo sin pobres». «Si usted piensa en los niños explotados por el trabajo esclavo -continuó-, o en los niños explotados para el abuso sexual. Y otra forma de explotación:matar a los niños para quitarles los órganos, el tráfico de órganos. Matar a los niños para quitarles los órganos es codicia. Por esto no sé si podremos hacer este mundo sin pobres, porque el pecado existe siempre y nos lleva al egoísmo. Pero debemos luchar, siempre, siempre...».
Bergoglio insistió sobre el tema de la pobreza: «Jesús vino al mundo sin techo y se hizo pobre. La Iglesia quiere abrazar a todos y decir que es un derecho tener un techo sobre ti. En los movimientos populares se trabaja con tres 't' españolas: Trabajo, Techo y Tierra. La Iglesia predica que cada persona tiene el derecho a estas tres cosas». Pero hay que tener cuidado con dos tentaciones: «la vida de faraón» y hacer acuerdos con gobiernos. Estos últimos «se pueden hacer, pero deben ser acuerdos claros, acuerdos transparentes. Porque siempre existe la tentación de la corrupción en la vida pública. Tanto politica como religiosa». Por ejemplo, indicó, «nosotros administramos este palacio, pero las cuentas son vigiladas para evitar la corrupción».

«Yo recuerdo que una vez, con mucho dolor, vi, cuando la Argentina bajo el régimen de los militares entró en guerras con la Gran Bretaña por las Islas Malvinas, que la gente daba cosas, y vi que muchas personas, incluso católicos, que se encargaban de distribuirlas, se las llevaban a casa. Una vez le hice una pregunta a un ministro de la Argentina, un hombre honesto -continuó el Papa. Uno que dejó su puesto porque no podía estar de acuerdo con algunas cosas un poco oscuras. Le pregunté: ‘Cuando ustedes envían ayuda, sea comida, ropa, dinero, a los pobres y a los indigentes, de eso que envían, ¿cuánto llega allá, tanto en dinero como en gasto?'. Me dijo: ‘El 35%'. Significa que el 65 % se pierde. Es la corrupción: un trozo para mí, otro para mí...».
El Pontífice también habló sobre su vida cotidiana en la Casa Santa Marta, recordando, como en muchas otras ocasiones, que «no es una jaula», pero que «me falta la calle». «No puedo vivir acá -dijo Bergoglio hablando sobre el Palacio Apostólico-, simplemente por motivos mentales. Me haría daño. Al principio parecía una cosa extraña, me pedí quedarme aquí, en Santa Marta. Y esto me hace bien, porque me siento libre. Como en el comedor en donde comen todos. Y cuando llego temprano como con los empleados. Encuentro a la gente, la saludo, y esto hace que la jaula de oro no sea tanto una jaula. Pero me falta la calle».
Marc, uno de los vendedores del periódico holandés por las calles, también hizo algunas preguntas al Papa, después de haberlo invitado a comer una pizza un día a cualquier restaurante («Me gustaría -dijo Francisco- pero no vamos a poder hacerlo. Porque nada más salgo de acá, viene la gente. Cuando fui a cambiarme los lentes, eran las siete de la noche. No había mucha gente en la calle. Me llevaron a la óptica y salí del coche, y ahí había una mujer que me vio y gritó: ‘¡El Papa!'. Y luego yo estaba adentro y afuera toda la gente»). ¿Cuando era pequeño, soñaba con ser Papa? «Cuando era pequeño -reveló Bergoglio-, no había tiendas en las que se vendían cosas. En cambio estaba el mercado, en donde estaba el carnicero, el de la fruta, etcétera... Yo iba con mi mamá y la abuela para hacer la compra. Era chico, tenía cuatro años. Y una vez me preguntaron: ‘¿Qué te gustaría ser de grande?'. Y dije: ‘¡El carnicero!'».
Y en relación con el cambio radical que representó en su vida la elección como Obispo de Roma, Jorge Mario Bergoglio indicó: «Llegó y no lo esperaba. No perdí la paz. Y esto es una gracia de Dios. No pienso tanto en el hecho e ser famoso. Me digo a mí mismo: ahora tengo un puesto importante, pero en diez años ya nadie te conocerá. Sabes, hay dos tipos de fama: la fama de los ‘grandes', que han hecho grandes cosas, como Madame Curie, y la fama de los vanidosos. Pero esta última es como una burbuja de jabón».

(RD/Vatican insider)

Papa: Iglesia y ministros de Jesús, sirviendo a Dios y no al dinero

Todos los cristianos, obispos,  sacerdotes y monjas venzan la tentación de una doble vida, Jesús llama a la Iglesia a servir y no a servirse de, pidamos al Señor esta gracia. Son exhortaciones del Papa Francisco en su homilía en la Misa que celebró en Capilla de la Casa de Santa Marta.
El cristiano está llamado a servir, no a servirse de los demás
Poniendo en guardia contra los ‘trepadores’, ‘apegados al dinero’ que hacen tanto daño a la Iglesia y recordando a los numerosos ‘siervos que sirven’, el Santo Padre habló de la contraposición de dos figuras de siervos. Y destacó la grandeza de San Pablo, que se entregó al servicio siempre, acabando en Roma, donde fue  traicionado por algunos de los suyos. La grandeza del Apóstol de las gentes provenía de Jesús, reiteró el Papa, haciendo hincapié en que Dios le había dado la gracia de ser ministro de Jesucristo, siervo para servir:
«Les digo cuánta alegría me da, que me conmuevo, cuando a esta Misa vienen algunos curas y me saludan: ‘Padre, vine a ver a mi gente, porque desde hace 40 años soy misionero en Amazonia’... O una monja que dice: ‘trabajo desde hace 30 años en un hospital en África…’ O cuando veo siempre sonriendo a una monjita que desde hace 30, 40 años atiende a discapacitados en un hospital. Esto se llama servir, ésta es la alegría de la Iglesia: ir siempre más allá, ir más allá y dar la vida. Esto es lo que hizo Pablo: servir».
No a los trepadores apegados al dinero en la Iglesia, como pide Jesús
El Papa recordó la radicalidad del Evangelio, la llamada de Jesucristo:
«También en la Iglesia hay quienes, en lugar de servir, de pensar en los demás, se sirven de la Iglesia: los trepadores, los apegados al dinero. Y cuántos sacerdotes, obispos hemos visto así. Es triste decirlo ¿no? La radicalidad del Evangelio, la llamada de Jesucristo: servir, estar al servicio de, no detenerse, ir más allá, olvidándose de sí mismos. Y la comodidad del estatus: he logrado un estatus y vivo cómodamente sin honestidad, como esos fariseos, de los que habla Jesús, que se paseaban en las plazas, haciéndose ver por los demás».
Tras reiterar que Jesús nos muestra el modelo de Pablo, alentó a pedir la gracia de vencer toda tentación de una doble vida:
«Sin embargo, cuando la Iglesia es tibia, ensimismada, incluso con afán de negocios sin escrúpulos, no se puede decir que es una Iglesia que ministra, que está al servicio, sino que se sirve de los demás. Que el Señor nos de la gracia que dio a Pablo, ese punto de honor de ir adelante siempre, renunciando a las comodidades tantas veces, y que nos salve de las tentaciones, de estas tentaciones que en el fondo son tentaciones de una doble vida: me hago ver como ministro, como el que sirve, pero en el fondo me sirvo de los demás».
(CdM – RV)

YO BUSCO TU ROSTRO, SEÑOR, NO LO APARTES DE MÍ


Del Salmo 27: 

¡Señor, yo te invoco, apiádate de mí y respóndeme!

Mi corazón sabe que dijiste:
«Busquen mi Rostro».
Yo busco tu Rostro, Señor,
no lo apartes de mí.


¡Señor, yo te invoco, apiádate de mí y respóndeme!

No alejes con ira a tu servidor,
Tú, que eres mi ayuda;
no me dejes ni me abandones,
mi Dios y mi salvador.


¡Señor, yo te invoco, apiádate de mí y respóndeme!

Aunque mi padre y mi madre me abandonen,
el Señor me recibirá.
Indícame, Señor, tu camino
y guíame por un sendero llano.


¡Señor, yo te invoco, apiádate de mí y respóndeme!

Yo creo que contemplaré la bondad del Señor
en la tierra de los vivientes.
Espera en el Señor y sé fuerte;
ten valor y espera en el Señor.



¡Señor, yo te invoco, apiádate de mí y respóndeme!

Los hijos de este mundo son más astutos con su gente que con los hijos de la luz.



Lectura del santo evangelio según san Lucas 16, 1-8
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
-«Un hombre rico tenía un administrador y le llegó la denuncia de que derrochaba sus bienes.
Entonces lo llamó y le dijo:
"¿Qué es eso que me cuentan de ti? Entrégame el balance de tu gestión, porque quedas despedido."
El administrador se puso a echar sus cálculos:
"¿Qué voy a hacer ahora que mi amo me quita el empleo? Para cavar no tengo fuerzas; mendigar me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer para que, cuando me echen de la administración, encuentre quien me reciba en su casa."
Fue llamando uno a uno a los deudores de su amo y dijo al primero:
"¿Cuánto debes a mi amo?"
Éste respondió:
"Cien barriles de aceite."
El le dijo:
"Aquí está tu recibo; aprisa, siéntate y escribe cincuenta."
Luego dijo a otro:
"Y tú, ¿cuánto debes?"
Él contestó:
"Cien fanegas de trigo."
Le dijo:
"Aquí está tu recibo, escribe ochenta."
Y el amo felicitó al administrador injusto, por la astucia con que había procedido. Ciertamente, los hijos de este mundo son más astutos con su gente que los hijos de la luz.»
Palabra del Señor

jueves, 5 de noviembre de 2015

Homilía del Papa: Dios nos ha incluido a todos en la salvación

El cristiano incluye, no cierra las puertas a nadie, incluso si esto provoca resistencias. Quien excluye, porque se cree mejor, genera conflictos y divisiones y un día rendirá cuentas ante el tribunal de Dios. Lo afirmó el Papa Francisco en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta. 

La actitud de Jesús es incluir

En la Carta a los Romanos San Pablo exhorta a no juzgar y a no despreciar al hermano, porque esto  – afirmó el Papa en su homilía – lleva a excluirlo de “nuestro grupito”, a ser “selectivos y esto no es cristiano”.
En efecto Cristo, “con su sacrificio en el Calvario” une e incluye “a todos los hombres en la salvación”. En el Evangelio los publicanos y pecadores se acercaban a Jesús, “es decir, los excluidos, todos aquellos que estaban afuera”, y “los fariseos – prosiguió el Santo Padre –  murmuraban”:
“La actitud de los Escribas, de los Fariseos es la misma, excluyen: ‘Nosotros somos los perfectos, nosotros seguimos la ley. Estos son pecadores, son publicanos’. Y la actitud de Jesús es incluir. Hay dos caminos en la vida: el camino de la exclusión de las personas de nuestra comunidad y el camino de la inclusión. El primero puede ser pequeño, pero es la raíz de todas las guerras: todas las calamidades, todas las guerras, comienzan con una exclusión. Se excluye de la comunidad internacional, pero también de las familias, entre amigos, cuántas peleas… Y el camino que nos hace ver Jesús y que nos enseña Jesús es otro, es lo contrario: incluir”.

Hay resistencia frente a la inclusión

“No es fácil incluir a la gente – observó el Papa Francisco –  porque hay resistencia, está esa actitud selectiva”. Por esta razón Jesús relata dos parábolas: la de la oveja perdida y la de la mujer que pierde una moneda. Tanto el pastor como la mujer – dijo el Pontífice –  hacen todo lo posible para encontrar lo que han perdido. Y cuando lo encuentran están llenos de alegría:
“Están llenos de alegría porque han encontrado aquello que estaba perdido y van a ver a los vecinos, a los amigos, porque están tan felices: ‘He encontrado, he incluido’. Esto es el incluir  de Dios, contra la exclusión de aquel que juzga, que expulsa a la gente, a las personas: ‘No, esto no, esto no, esto no…’, y se hace un pequeño círculo de amigos que es su ambiente. Es la dialéctica entre exclusión e inclusión. Dios nos ha incluido a todos en la salvación, ¡a todos! Éste es el inicio. Nosotros con nuestras debilidades, con nuestros pecados, con nuestras envidias, con nuestros celos, siempre tenemos esta actitud de excluir que – como he dicho – puede terminar en las guerras”.

Si yo excluyo, un día estaré ante el tribunal de Dios


Jesús  – afirmó el Papa Francisco al concluir su homilía –  hace como el Padre que lo ha enviado para salvarnos, “nos busca para incluirnos”, “para ser una familia”:
“Pensemos un poco y al menos, ¡al menos!, en nuestra pequeñez hagamos lo propio, no juzguemos jamás: ‘Pero este hace así…’. Dios sabe: es su vida, pero no lo excluyo de mi corazón, de mi oración, de mi saludo, de mi sonrisa, y si la ocasión se presenta le digo una linda palabra. Jamás excluir, ¡no tenemos el derecho! Y como termina Pablo en  la Lectura: ‘Todos, en efecto, nos presentarán al tribunal de Dios. Por tanto, cada uno de nosotros rendirá cuenta de sí mismo a Dios’. Si yo excluyo, un día estaré delante del tribunal de Dios y deberé rendir cuentas de mí mismo. Pidamos la gracia de ser hombres y mujeres que incluyen siempre, ¡siempre!, en la medida de la sana prudencia, pero siempre. No cerrar las puertas a nadie, siempre con el corazón abierto: ‘Me gusta, no me gusta’, pero el corazón está abierto. Que el Señor nos dé esta gracia”.
(María Fernanda Bernasconi - RV).