sábado, 4 de marzo de 2017

Carlos Osoro: “Quien difama, quien insulta y rompe al otro, manifiesta desprecio a la Humanidad”



Frente a los autobuses tránsfobos (o las Vírgenes Drag), respeto y convivencia. "No olvidemos que podemos pensar diferentes, pero la convivencia se construye en el respeto, no en la difamación, ni en el insulto, ni en el reírse de los otros. Eso no tiene nada que ver con el Evangelio". El cardenal de Madrid, Carlos Osoro, defendió una sociedad tolerante, que abra corredores humanitarios para los refugiados y que defienda el derecho de todos a mostrar sus propias opiniones.
En su presentación en el Fórum Europa, el vicepresidente de la Conferencia Episcopal, mostró su apoyo a la continuidad de Ricardo Blázquez como presidente del Episcopado. "Yo sigo dando apoyo a don Ricardo, al que quiero, y con el que me une una gran amistad. Es la persona más bondadosa que ha pasado por este mundo. Su bondad conquista el corazón. Cada día le queremos más", apuntó Osoro, quien también defendió a capa y espada, frente a las críticas de los rigoristas, al padre Ángel y su misión.
El presidente de Mensajeros de la Paz estuvo presente en la mesa presidencial, en la que también se encontraba la presidenta de la CAM, Cristina Cifuentes; el arzobispo castrense, Juan del Río; o el secretario general de la CEE, José María Gil Tamayo. Todos los secretarios de las comisiones episcopales acompañaron a su actual vicepresidente que, como parece, no se postulará para suceder al cardenal de Valladolid.
"Yo quiero que me reconozcan como buena persona y como buen pastor, que es a lo que me han mandado aquí a Madrid", arrancó el arzobispo, quien abordó en su conferencia la importancia de "promover el humanismo-verdad y sanar la convivencia".
Aunque no quiso hablar directamente del autobús tránsfobo de HazteOir, o de la polémica por la Virgen Drag Queen, el cardenal de Madrid sí que clamó por construir una sociedad al estilo de Jesús, que "nunca rompió puentes, sino que los construyó; que nunca hizo muros sino que los derribó, para hacernos entender que la humanidad es una gran familia, que necesita todos los días revisar lo que está haciendo", y repasó lo vivido el pasado fin de semana en Roma, durante la toma de posesión de su parroquia en el Trastevere.
Así, Osoro enseñó un libro que le regaló un refugiado, "que llegó en una patera que llevaba a 130 personas. Murieron 120. Él es musulmán, pero entiende que lo que hicieron los cristianos con él es lo que él tiene que hacer por los demás. Me impresionaron sus palabras, su modo de estar, su compromiso". El cardenal también recordó su visita a la capilla de San Bartolomé, donde reposan las reliquias de mártires de todas las confesiones, y su encuentro con los jóvenes emigrantes de una escuela de la Comunidad de San't Egidio, y una residencia para personas sin hogar.
"¿Qué nos pasa para no saber lo que nos pasa?", la frase de Ortega fue la pregunta-eje de su intervención, en la que el arzobispo de Madrid alertó de las "tentaciones de ideologizar la fe, privatizar la Iglesia y su misión, y seleccionar páginas del Evangelio, haciendo un Jesús a nuestra medida".
En lo que pareció una respuesta a HazteOir (el cardenal se remitió a esta parte de la charla en las preguntas posteriores), Osoro denunció que "las ideologías no son la respuesta al hombre para construir una casa común". "Profanar la dignidad del hombre es blasfemar a Dios mismo. Cualquier clase de violencia, la que fuere, que no duda en atacar a personas sin ninguna distinción, a imponer chantajes que provocan enfrentamiento, desórdenes, pánicos, que obligan a grupos a favorecer sus planes, no tienen ninguna justificación", declaró. "Ninguna circunstancia justifica una actividad que no respete al otro, le elimine o se ría de él. Por eso, la infamia, a quien la realiza, siempre es reprobable, y cuando uno se apoya en la religión.... No es la religión que Jesucristo nos enseñó".
"Quien difama, quien rompe al otro, manifiesta desprecio a la Humanidad. Cuando esto se hace, se puede destruir todo. Es terrible estar en este mundo teniendo como arma el odio. Eso ultraja a Dios", clamó el arzobispo de Madrid, quien recordó que "debemos crear la cultura del encuentro, no la del descarte". Sin embargo, en las preguntas posteriores, Osoro se remitió a la pregunta de Ortega, y añadió que "no entro en autobuses. ¿Qué nos pasa para no saber lo que nos pasa? Este es el autobús que yo quiero, no quiero otro".
En otro orden de cosas, Osoro destacó a la familia y la educación como ejes fundamentales para construir la sociedad, y pidió "evitar la politización del derecho y la libertad de educación" y "aceptar al otro como parte de este mundo también cuando piensa distinto, pero nos respetamos". "¿Quién educa, el Estado o la familia? Según como contestemos tendremos dictadura o libertad".
En las preguntas, Osoro fue cuestionado sobre la ley del a CAM sobre identidad de género. El purpurado señaló haber hablado con Cifuentes en varias ocasiones, y aprovechó para defender al padre Ángel, injustamente atacado a cuenta del funeral por Pedro Zerolo en San Antón. "Al padre Ángel le quiero enormemente. Normalmente le digo que cuando suba ante el Señor, si es que no voy yo antes, le diga a Dios que lo que yo no hago lo hace él por mí".
"El padre Ángel hace cosas que nadie de los que estamos aquí son capaces de hacer. El padre Ángel también sabe pedir perdón, más que yo y mejor que yo". Cuestionado sobre si el sacerdote debe pedir perdón, Osoro dijo "no tiene que pedirlo. Hay gente que quiere tirar piedras permanentemente contra los demás, y eso no vale. Tengo una amistad y una admiración tremendas por el padre, porque no soy capaz de hacer lo que hace él. Todos ustedes conocen al padre Ángel, conocen su corazón. Es un paisano, es un gran paisano. Es un hombre que me ayuda a ser mejor obispo, y capaz de ver más allá de lo que a veces yo, con mis pobres ojos, puedo ver".
Sobre el pacto educativo, Osoro recordó que "el límite es tener en cuenta el derecho que tienen todos los padres a elegir para sus hijos la educación. El derecho es de los padres, no es de ningún político de turno, es de los padres".
Sobre el Tribunal de Cuentas, el cardenal de Madrid incidió en que "lo que recibe la Iglesia no lo da el Estado, lo dan muchos de ustedes, ponen la X porque quieren. No confundamos a la gente. Lo que recibe la gente no es regalo, es una decisión de la gente. Yo mañana mismo puedo entregar las cuentas. El día en que llegué a la diócesis, lo primero que hice fue una auditoría externa".
Sobre los corredores humanitarios de San't Egidio, Osoro consideró "urgente" que Europa asuma esta iniciativa, porque "Europa se muere, entre otras cosas, porque ha echado a Dios fuera". "Sé que habrá que regular el modo y la manera, pero se puede hacer. ¿Por qué san Egidio ha traído más gente emigrante que todos los países de Europa? ¿Qué pasa? ¿Queremos morir, queremos vivir? Yo lo defiendo. Son necesarios los corredores humanitarios, son urgentes". No quiso, sin embargo, contestar acerca de Donald Trump. "Estados Unidos es un gran país", se limitó a decir.
Sobre la pederastia en la Iglesia, Osoro defendió la actitud del Papa Francisco, "que la quiere eliminar de la vida de la Iglesia". "La Iglesia está siendo valiente en estos aspectos", incidió el cardenal de Madrid. "Esas miserias existen en la Iglesia, y se están tomando medidas para que no pase esto. El Santo Padre ha tenido una valentía impresionante para desterrar esto de la vida de la Iglesia".
Jesús Bastante

La Iglesia necesita más laicos comprometidos



La implicación de los laicos en la misión de las congregaciones religiosas es una realidad ilusionante que no deja de crecer en España, si bien de forma desigual. 
La IV Jornada de Laicos en Misión Compartida, organizada por la CONFER, buscará este sábado que más órdenes religiosas reconozcan un papel protagonista a seglares y familias que comparten su misma espiritualidad y carisma. 
No se trata de remediar por esta vía la escasez de vocaciones. El objetivo va mucho más allá de implicar al personal contratado en las escuelas y hospitales católicos. 
La misión compartida se corresponde plenamente con la visión del Concilio Vaticano II, que busca superar el clericalismo de siglos pasados. 
Por esa vía los religiosos ofrecen a toda la Iglesia un camino esperanzador de renovación, con profundas implicaciones, incluso jurídicas, que habrá que ir dilucidando en las próximas décadas. 
Los sacerdotes, las religiosas y los religiosos son y serán esenciales, pero para seguir llevando adelante la misión de la Iglesia es imprescindible la aportación de laicos comprometidos, laicos a los que no se puede relegar a una posición subordinada, ni tampoco pretender clericalizarlos, como si eso significara un ascenso en el escalafón.
Alfa y Omega

"HE VENIDO A LLAMAR A LOS PECADORES A QUE SE CONVIERTAN"



Lectura del santo evangelio según san Lucas (5,27-32):

En aquel tiempo, vio Jesús a un publicano llamado Leví, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: «Sígueme».

Él, dejándolo todo, se levantó y lo siguió. Leví ofreció en su honor un gran banquete en su casa, y estaban a la mesa con ellos un gran número de publicanos y otros. Y murmuraban los fariseos y sus escribas diciendo a los discípulos de Jesús: «¿Cómo es que coméis y bebéis con publicanos y pecadores?»

Jesús les respondió: «No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a que se conviertan».

Palabra del Señor

La cruz revela de manera extrema la solidaridad de Jesús con los que han perdido la dignidad porque no cuentan con lo necesario, dice el Papa


Escribe FranciscPensemos solamente, a modo de ejemplo, en la obra de misericordia corporal de vestir al desnudo (cf. Mt 25,36.38.43.44). Ella nos transporta a los orígenes, al jardín del Edén, cuando Adán y Eva se dieron cuenta de que estaban desnudos y, sintiendo que el Señor se acercaba, les dio vergüenza y se escondieron (cf. Gn 3,7-8). Sabemos que el Señor los castigó; sin embargo, él «hizo túnicas de piel para Adán y su mujer, y los vistió» (Gn 3,21). La vergüenza quedó superada y la dignidad fue restablecida".
o en el número 19 de Misericordia et Mísera; "...
"Miremos fijamente también a Jesús en el Gólgota. El Hijo de Dios está desnudo en la cruz; su túnica ha sido echada a suerte por los soldados y está en sus manos (cf. Jn 19,23-24); él ya no tiene nada. En la cruz se revela de manera extrema la solidaridad de Jesús con todos los que han perdido la dignidad porque no cuentan con lo necesario. 
Si la Iglesia está llamada a ser la «túnica de Cristo»[1] para revestir a su Señor, del mismo modo ha de empeñarse en ser solidaria con aquellos que han sido despojados, para que recobren la dignidad que les han sido arrebatada. "Estuve desnudo y me vestieron" (Mt 25,36) implica, por tanto, no mirar para otro lado ante las nuevas formas de pobreza y marginación que impiden a las personas vivir dignamente". @jesuitaGuillo
(from Vatican Radio)

viernes, 3 de marzo de 2017

Madrid regula los derechos de las personas al final de la vida


Es la octava región que legisla sobre el asunto, mientras que en el Congreso se podría debatir una Proposición de Ley tras presentarla PSOE y Podemos
La Asamblea de Madrid aprobó el jueves su primera ley para defender la dignidad del paciente en el proceso de la muerte. Un texto en el que se ha conseguido el consenso de todos los grupos políticos y que propone, entre otras medidas, habitaciones individuales para los enfermos terminales, el derecho a que reciban cuidados paliativos que les limiten al máximo sufrimiento y dolores, y la obligación de los médicos de atender a esta petición. La ley también pretende dar garantías a la actuación de los facultativos, y establece un informe anual que controle la efectividad de su aplicación.
El texto de esta norma, cuyo nombre completo es Ley de Derechos y Garantías de las Personas en el proceso final de la vida, incluye a Madrid entre las regiones que regulan el tratamiento médico en los casos de enfermedades terminales, algo que ya existe en regiones como Andalucía, Navarra, Galicia, Canarias, Aragón, Baleares o el País Vasco. Y podría existir una legislación estatal sobre el asunto, que incluso no descarta contemplar la posibilidad de conceder permisos laborales para familiares de pacientes a punto de morir.
Madrid cuenta en la actualidad con unidades de cuidados paliativos en sus hospitales y en la atención primaria. Concretamente, este servicio se presta desde el año 1991, y en la actualidad existen 539 profesionales de la sanidad dedicados de forma exclusiva a esta materia, en 17 equipos de soporte de atención primaria, 11 equipos en hospitales, y 11 unidades de hospitalización de media y larga estancia, además de una unidad pediátrica de cuidados paliativos en el Hospital del Niño Jesús. En el año 2015, atendieron a cerca de 22.000 pacientes.
Pero la ley que ayer se aprobó por unanimidad –y que surge de una propuesta del diputado socialista José Manuel Freire– va más allá, y normaliza el modo en que el sistema sanitario madrileño enfrenta los últimos momentos de la vida de los pacientes. Desde que la planteó en la Asamblea madrileña en mayo del año pasado, el texto ha sido objeto de varias modificaciones, con el objeto de consensuar una redacción que estuvieran dispuestos a apoyar tanto PP –incluidos los diputados provida que en otras ocasiones han votado en contra de la posición oficial del partido– como PSOE, Ciudadanos y Podemos. Del texto original se cayó, por ejemplo, la referencia a la eutanasia, que la formación morada quería despenalizar y los populares no tienen intención de abordar.
El resultado final es una ley «que ya es de todos», como señalaba ayer el diputado socialista José Manuel Freire, en la que se establece el derecho del paciente terminal a ser informado sobre sus posibilidades reales, tratamientos posibles y consecuencias de los mismos; a decidir sobre cómo quiere ser atendido médicamente al final de su vida; a recibir tratamientos paliativos que reduzcan su dolor y sufrimiento; y a que estos los pueda recibir tanto en el hospital como en su propio domicilio. Y a que, cuando llegue el momento del tránsito final, pueda vivirlo con la debida intimidad, en una habitación individual y rodeado, si lo desea, de su familia.
La norma recoge el derecho de los pacientes a suscribir un documento de instrucciones previas, que ahora solo puede realizarse en unas oficinas situadas en el centro de Madrid, y que de acuerdo con la ley podrá formalizarse en cualquier centro de salud de la región. Los médicos estarán obligados a respetar las instrucciones que contenga dicho documento.
Además, la nueva ley define la sedación paliativa como «administración deliberada de fármacos en las dosis y combinaciones requeridas para reducir la conciencia de un paciente con enfermedad avanzada o terminal, tanto como sea preciso para aliviar adecuadamente uno o más síntomas refractarios, con su consentimiento explícito».
Médicos de familia
Como garantía de que el texto legal se aplica con eficacia, la propia ley establece en sus disposiciones finales la obligación del Gobierno regional de presentar anualmente un informe a la Asamblea, así como realizar encuestas de satisfacción de los madrileños con el cumplimiento de la norma.
La normativa prevé que la Consejería de Sanidad deberá procurar «una formación específica de alta calidad a sus profesionales» en este ámbito, empezando por los médicos de familia. Y también establece medidas concretas relacionadas con los menores con enfermedades en fase terminal, que también tienen, por ley, derecho a «recibir información adaptada a su edad, madurez o desarrollo mental, y estado afectivo y psicológico», a ser atendidos «en la medida de lo posible por el mismo equipo de profesionales» y a contar con la presencia de sus padres «el máximo tiempo posible».
En el Congreso de los Diputados podría debatirse en los próximos meses una iniciativa parlamentaria, ya que tanto el PSOE como Podemos han presentado dos proposiciones de ley. Igualmente, Ciudadanos ha anunciado su intención de llevar también esta cuestión a debate. La propuesta será apoyada por la mayoría de la Cámara, ya que gran parte de la oposición se ha mostrado favorable a respaldar su aprobación.
ABC/Alfa y Omega

"¿Cuántos de ustedes rezan por los cristianos que son perseguidos?"


Como viene siendo habitual al comienzo de cada mes, se han hecho públicas las intenciones de oración del Papa Francisco. En este mes de marzo, el Santo Padre ha querido acordarse de "los cristianos perseguidos por su fe".
"¡Cuántas personas son perseguidas por motivo de su fe, obligadas a abandonar sus casas, sus lugares de culto, sus tierras, sus afectos!", se escucha al Papa en el vídeo de este mes, en el que Francisco denuncia cómo "son perseguidos y ejecutados por ser cristianos, sin que los persecutores hagan distinción entre las confesiones a las que pertenecen".
"Les hago una pregunta, ¿cuántos de ustedes rezan por los cristianos que son perseguidos? Anímense a hacerlo conmigo para que experimenten el apoyo de todas las Iglesias y comunidades, por medio de la oración y de la ayuda material", concluye el Papa.
La edición de este mes de 'El Vídeo del Papa', producido por la Red Mundial de Oración del Papa, ha contado en esta ocasión con el apoyo de la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada (AIN). En el mismo se muestran imágenes de critianos de distintos ritos intercaladas con otras de iglesias destruidas.
Según el Informe Libertad Religiosa en el Mundo de Ayuda a la Iglesia Necesitada, el cristianismo es la religión más perseguida en el mundo y el derecho a la libertad religiosa está "amenazado gravemente" en 38 países del mundo, 23 de los cuales están clasificados como de persecución.

Junto a la oración, también se han publicado los desafíos para este mes. Son los siguientes:
  1. Dar a conocer, a los amigos y conocidos, a través de las redes sociales, los aspectos de la persecución de los cristianos que son silenciados por los medios de comunicación.
  2. Organizar, en nuestras comunidades, eventos de oración para unirnos en oración por los cristianos perseguidos.
  3. Enviar ayuda material a las instituciones que trabajan con estas situaciones de persecución.
Jesús Bastante

Francisco a los curas de Roma: "Si no tenemos una fe madura, podemos ser responsables de mucho mal"


Un auténtico pastor no puede confirmar la fe de los demás si no siente que progresa en la suya, pues nadie da lo que no tiene. "Pidamos confirmar nuestra fe, porque si no no podremos confirmar la de nuestros hermanos", pidió el Papa Francisco a los sacerdotes de Roma, a quienes recibió en la basílica de San Juan de Letrán. "Si no tenemos una fe madura, capaz de generar fe en los demás, podremos ser responsables de mucho mal", advirtió Francisco.
El Papa centró su reflexión -aunque estaba escrita, prefirió resumirla, y aderezarla con experiencias personales, anunciando que después entregaría el texto completo a cada uno, junto con un libro de un capuchino de Buenos Aires, titulado "No tengamos miedo de perdonar"- en dos temas. En primer lugar, "el progreso de la fe en la vida del sacerdote", y en segundo término, la experiencia de Simón Pedro, el pecador al que Jesús convirtió en roca sobre la que edificar la Iglesia.
"Nosotros, como sacerdotes, tenemos fe, pero esta fe tiene que crecer, ir hacia adelante, porque si la fe no crece, si no madura, se queda a mitad de camino. Nunca se deja de caminar en la fe", proclamó el Papa, quien recordó las palabras de la oración, "Señor, acrecienta en nosotros la fe". En ese punto, Francisco insistió en tres pilares a tener en cuenta: "La memoria, la esperanza y el discernimiento".
"Es importante recordar siempre la promesa del Señor, que nos ha puesto en camino. Estamos en camino: la esperanza me marca el camino, es el ancla que me sostiene en Cristo. En el momento de salir, debo discernir en el paso concreto, el amor que puedo dar, y el modo en que el Señor quiere que me ofrezca", reclamó Bergoglio, quien insistió en que "la esperanza nos abre a las sorpresas de Dios", un Dios que "es más grande de lo que podríamos imaginar". Porque "nuestra fe no es la fe delante de un muro: la fe nos lleva hacia el horizonte".
Al tiempo, el discernimiento, que "concretiza la fe, la hace operativa por medio de la caridad. Permite dar un testimonio creíble. Con mis obras te muestro mi fe".
En primer lugar, la memoria. "El encuentro con el Señor se muestra como un tesoro en nuestra vida", una "maduración constante", que "vale tanto para el discípulo como para el misionero, el seminarista, el sacerdote o el obispo". Es lo que el documento de Aparecida denominaba como "discípulos misioneros".
Siempre, teniendo un punto de apoyo que, "para nosotros, es la Cruz de Cristo, no es otra cosa". Y es que "la fe, el progreso y el crecimiento se fundan siempre sobre la cruz, ése es el escándalo de la cruz". Para ello, la memoria resulta fundamental. "Es muy importante ir a las raíces de nuestra fe, a las personas que nos han ayudado a acrecentar nuestra fe, nuestros maestros. A veces se trata de personas simples, vuestros vecinos, que os han iniciado en la vida de la fe. Los padres, la abuela.... El creyente es, fundamentalmente, alguien que hace memoria. No se puede creer sin hacer memoria".
"La fe se alimenta y se nutre de la memoria", recordó el Papa, pues Dios "es el Dios de nuestros abuelos y el nuestro, no es un dios que sólo responde a un nuevo paradigma". Y es que "ir a las raíces es lo verdaderamente revolucionario. El cristiano no tiene miedo de ir a las raíces", pues "cuanto más lúcida es la memoria del pasado, más clara es la visión del futuro".
En segundo lugar, la esperanza. "La fe se sostiene gracias a la esperanza, es el ancla que nos sujeta al Cielo. La esperanza nos lleva desde el tesoro de la memoria, y nos lleva al Dios que esperamos encontrar en el futuro, se extiende sin límites, en todo el espesor del presente inmediato".
En tercer lugar, el discernimiento, evitando "la tentación del primer impulso, el querer resolver cualquier cosa inmediatamente", y ahuyentando el "pesimismo estéril" que, como subraya Evangelii Gaudium "es una tentación que a nosotros los sacerdotes nos llega mucho". La tentación de la desconfianza, "que se transforma en un descontento pesimista".
"Nadie puede emprender una batalla si no confía plenamente en el triunfo. Quien lo hace sin confianza, pierde a mitad de la batalla, entierra sus talentos", denunció el Papa, quien animó a "caminar hacia adelante sin darse por vencidos", sabiendo de nuestra debilidad. Porque "el triunfo cristiano es siempre una cruz, que a la vez es un signo de victoria". "No dejemos que nos roben la esperanza".
"Es importante dar un paso hacia adelante", añadió. ¿Cómo? "Creciendo en la fe como un bien comunitario, llamado a conseguir el bien del otro. Un corazón misionero sabe que debe crecer en el Evangelio, no renuncia al bien posible, y sabe del riesgo de enfangarse con el barro del camino". "Creer que allí está Cristo es el primer paso para conseguir el bien de cada persona. No es un acto de beneficencia, sino progresar en la fe".
En la segunda parte del discurso, Francisco se refirió a la "paradoja" de la figura de Simón Pedro"el pescador pecador, y la roca sobre la que edificar la Iglesia". "Jesús ora por Simón, pero pensando en nosotros, en todos nosotros", porque si Pedro no está confirmado en la fe, no puede llevarla al resto.
"Así, vemos que la fe de Simón Pedro es una fe probada, y con ella, después de la tentación, él tendrá la misión de confirmar y consolidar la fe de sus compañeros, nuestra fe", apuntó Bergoglio. Y es que, en ocasiones, la fe de Pedro "es menor que la de tantos pequeños del pueblo fiel de Dios, o de los paganos como el Centurión", o "más lenta que la de María Magdalena o Juan".
Es una fe que tiene "grandes momentos junto a grandes errores, extrema fragilidad o desconcierto", desde la espada hasta la negación. Las pruebas de fe de Simón Pedro se manifiestan, primeramente, en sus dos nombres. "Es algo que hace el Señor en vista de una misión futura, la de ser piedra, fundamento sólido de fe sobre la que edificará su Iglesia. Pedro se moverá siempre en torno al perno del Señor, sintiendo el peso de sus dos nombres: Simón el pescador, el pecador, el amigo; y Pedro, la roca sobre la que se construye, el que tiene las llaves, el que dice la última palabra". Curiosamente, "aunque es Jesús quien le pone el nombre de Pedro, le sigue llamando Simón".
Mantenerse en esas dos "personalidades", la del pecador y la de la piedra, "le obligará a fiarse en torno a Cristo, el único centro". "Simón Pedro, en todas las situaciones límite, guiado por la fe en Jesús, discernirá siempre cuál es la mano que lo salva, con la certeza de que aunque no lo haga bien, puede decir que el Señor tiene palabras de vida eterna".
Jesús reza por Pedro, que sufre como nadie las tentaciones, el "eclipse de la fe". "El Señor quiere rezar iempre con insistencia, para no caer en la tentación y ser liberados del mal, porque nuestra carne es débil". Una estrategia muy de Jesús: "El Señor combate al demonio rezando".
"El progreso de la fe viene por pasar a través de las tentaciones y las pruebas. Toda la vida de Simón Pedro puede ser vista como un progreso de la fe, gracias al acompañamiento del Señor, que nos enseña a discernir qué es lo que viene del Padre y qué viene del Demonio", añadió.
El tercer paso es el gesto de amor de Jesús a Pedro en el lago del Tiberíades. "No es el perdón, porque Pedro ya fue perdonado con su llanto. Es otra cosa. El peso de nuestro pecado.... Pero el Señor es siempre fiel, siempre nos lleva adelante. No sólo te perdona, no sólo pregunta si le amas.... Pregunta a Pedro si es su amigo. El Señor va hacia adelante, y la fe de Pedro es plena. El pecador que lo ha negado, y el Señor lo ha hecho Papa. Y esta es la lógica del Señor".
 Jesús Bastante


Cuando les sea arrebatado el esposo, entonces ayunarán




Lectura del santo Evangelio según san Mateo 9, 14-15
En aquel tiempo, los discípulos de Juan se le acercan a Jesús, preguntándole:
«Por qué nosotros y los fariseos ayunamos a menudo y, en cambio, tus discípulos no ayunan?».
Jesús les dijo:
«¿Es que pueden guardar luto los amigos del esposo, mientras el esposo está con ellos? Llegarán días en que les arrebatarán al esposo, y entonces ayunaran».
Palabra del Señor.

jueves, 2 de marzo de 2017

El Papa en Sta. Marta: la brújula del cristiano es seguir a Cristo crucificado


La brújula del cristiano es seguir a Cristo crucificado, no a un dios desencarnado, ideológico, sino a Dios hecho carne, que lleva en sí las llagas de nuestros hermanos, un Dios que “tomó toda la realidad humana, menos el pecado”.
Lo dijo el papa Francisco en la homilía de la misa celebrada este jueves en residencia Santa Marta en el Vaticano, señalando que la liturgia del día nos pone ante tres realidades: el hombre, Dios y el camino. La realidad del hombre es elegir entre el bien y el mal: “Dios nos ha hecho libres, la elección es nuestra”, pero “no nos deja solos”, nos muestra el camino del bien con los mandamientos.
Después está la realidad de Dios: “Para los discípulos era difícil entender” el camino de la cruz de Jesús. Porque “Dios tomó toda la realidad humana, menos el pecado. No hay Dios sin Cristo. Un Dios sin Cristo, “desencarnado”, “no es un dios real”.
“La realidad de Dios es haberse hecho el Cristo, por nosotros. Para salvarnos. Y cuando nos alejamos de esto, de esta realidad y nos alejamos de la Cruz de Cristo, la verdad de las llagas del Señor, nos alejamos justamente también del amor, de la caridad de Dios, de la salvación e ir en una vía ideológica de Dios, lejana, no es Dios quien vino a nosotros y se hizo vecino para salvarnos, y murió por nosotros. Esta es la realidad de Dios”.
Francisco recordó el diálogo entre un agnóstico y un creyente, según el relato de un escritor francés del siglo pasado:
“El agnóstico de buena voluntad preguntaba al creyente: ‘Pero, ¿cómo es posible?… Para mí, el problema es ¿cómo Cristo es Dios? No puedo comprender esto. Y el creyente respondió: ‘bueno, para mí esto no es un problema. El problema habría sido si Dios no se hubiera hecho Cristo’.

Por último, está la tercera realidad, la del camino. Jesús dice: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame.”
“La realidad del camino es la de Cristo: seguir a Cristo, hacer la voluntad del Padre, como Él, tomar las cruces de cada día y renegar de sí mismo para seguir a Cristo. No hacer lo que yo quiero, sino lo que quiere Jesús; seguir a Jesús. Y Él dice que por este camino perdemos la vida, para ganarla después; es un continuo perder la vida, ‘perder’ hacer lo que quiero, perder las comodidades, estar siempre en el camino de Jesús que estaba al servicio de los demás, en adoración a Dios. Éste es el camino debido”.
“El único camino seguro –concluyó el Papa– es seguir a Cristo crucificado, el escándalo de la cruz.” Y estas tres realidades, el hombre, Dios y el camino, “son la brújula de los cristianos” que nos permite no equivocarnos.
Zenit

Santa Ángela de la Cruz – 2 de marzo



Ángela Guerrero González nació en la espléndida ciudad de Sevilla, España, el 30 de enero de 1846. Su padre era cocinero en el convento de los padres Trinitarios y su esposa trabajaba también para los religiosos. En el hogar nacieron catorce hijos, de los cuales sobrevivieron seis. Su madre llegó a conocer su fundación. Angela era humilde, sencilla, muy alegre, devota y gran trabajadora; tenía un buen ejemplo en sus progenitores. Uno de los primeros recuerdos de su infancia, bien conocidos, fue su repentina desaparición –cosa de niños–, pero no se debió a una travesura ordinaria, como supuso enseguida Josefa, su madre. Así que apuntó al lugar donde pensaba que había podido ir: la iglesia. Y, efectivamente, allí estaba: orando, recorriendo los altares. Recordando el hecho, cuando ya era fundadora, decía: «Yo, todo el tiempo que podía, lo pasaba en la iglesia, echándome bendiciones de altar como hacen las chiquillas».
Para ayudar a los suyos comenzó a trabajar a los 12 años en el taller de una zapatería. Su formación fue muy precaria debido a la falta de recursos de su familia. Apenas pudo aprender a leer y escribir, pero su finura espiritual se hizo patente en ese cercano círculo. Así, mostraba rotundo desagrado ante conversaciones poco delicadas, teñidas por descalificaciones y blasfemias. Y, al menos en su presencia, sus compañeros se abstenían de proferir palabras malsonantes e improperios. Es otra característica de los santos quienes con su autoridad moral trazan caminos de bien comenzando por su entorno. Además de poner coto a la afilada lengua de los empleados, la santa les convencía para que rezasen el rosario. Éstos y otros rasgos de su virtud llegaron a oídos del padre Torres Padilla, quien le ayudó a dilucidar su vocación y a madurarla, orientándola hacia la vida apostólica. Tenía entonces 16 años. Al salir del trabajo visitaba hogares sumidos en la pobreza, frecuentaba iglesias y rezaba en sus altares. Los menesterosos de su barrio recibían sus limosnas.
Cuando en 1865 Sevilla fue abatida por el cólera, diezmando a las familias que vivían en los «corrales de vecindad», Ángela, que ya tenía 19 años, se desvivió para asistir a todos. Entonces abrió su corazón al padre Torres diciéndole que quería hacerse monja. Pero esta mujer audaz tenía un cuerpo menudo y era de complexión débil, así que cuando tocó la puerta de las Carmelitas Descalzas del barrio de Santa Cruz no fue admitida. Se temió que no pudiera soportar los rigores de la vida de clausura. Más tarde, fue postulante con las Hermanas de la Caridad. Sin embargo, su mala salud la obligó a salir del convento, pese a que las religiosas hicieron todo lo posible para que permaneciera junto a ellas buscándole destino en otros lugares, confiadas en una eventual mejoría. De modo que, en la calle nuevamente, Ángela partió con esta convicción: «Seré monja en el mundo». Y ante los pies del Crucificado hizo privada consagración de su vida el 1 de noviembre de 1871. Los dos años siguientes maduró su anhelo de vivir clavada –y subrayó esta expresión– junto a la cruz de Cristo, llamándose Ángela de la Cruz.
En 1873 formuló los votos perpetuos fuera del claustro, uniéndose por voto de obediencia a las indicaciones del padre Torres. En su corazón ya bullía el anhelo de «hacerse pobre con los pobres» (los llamaba sus señores), y formar la «Compañía de la Cruz». Con toda su confianza puesta en Cristo, en enero de 1875 comenzó a dar forma a este sueño. Se unieron a ella tres mujeres que se distinguían por su bondad y sencillez, y compartían el espíritu de pobreza. Una aportó los medios para alquilar un cuarto con «derecho a cocina», como entonces se decía. Y ese fue su «primer convento», austero, como los que irían surgiendo. Desplegaron una ingente labor asistencial realizada a tiempo completo, de día y de noche, que tenía como objetivo a los necesitados pobres y enfermos; limpiaban sus casas y les daban consuelo. Luego se mudaron a otra calle. Su acción ya había obtenido reconocimiento en estamentos religiosos. Vistieron un hábito y a Ángela pronto empezaron a llamarla «Madre». En medio de la labor pastoral realizaba duras penitencias y mortificaciones.
En 1876 el cardenal Spinola les dio la bendición. Y en 1894 ella mantuvo un encuentro con León XIII que aceptó su obra, aprobada después por Pío X en 1904. Sevilla y toda Andalucía acogió con gratitud y cariño a esta pobre «zapaterita, negrita, y tontita», como ella misma se definía, a la que acompañaba fama de santidad por sus virtudes y prodigios. Su forma de vida austera y mortificada suscitó numerosas vocaciones entre las jóvenes. Abría los brazos no solo a los pobres, sino también a potentados que solicitaban su atención, consejo y apoyo. Su amor por los necesitados le instó a realizar un gesto que otros santos tuvieron, como Catalina de Siena: succionar la supuración de las llagas de una enferma que se hallaba a punto de morir, y que sanó poco tiempo después.
Fue agraciada con visiones. Su itinerario espiritual estuvo marcado por grandes purificaciones que la condujeron a las más altas cimas de la mística, coronada por el desposorio espiritual. Fue reelegida cuatro veces madre general hasta sus 82 años. Cesó a instancias superiores eclesiales, y acogió con gran alegría volver a convertirse en una religiosa sin más responsabilidades. Una trombosis cerebral que se presentó el 7 de julio de 1931 la dejó casi paralizada. Y el 2 de marzo de 1932 voló al cielo. Lo último que se le había oído decir antes de perder el habla, fue: «No ser, no querer ser; pisotear el yo, enterrarlo si posible fuera…». Juan Pablo II la beatificó en Sevilla el 5 de noviembre de 1982 entre el delirio de las gentes que no ocultan su devoción por esta «madre de los pobres» como es conocida. Y el mismo pontífice la canonizó en Madrid el 4 de mayo de 2003. Su fiesta litúrgica es el 5 de noviembre, pero en el martirologio, criterio que rige este santoral, su celebración se fija para el día de hoy.
Zenit

Carta del cardenal arzobispo de Madrid: Cuaresma, tiempo para volver a Dios de corazón



¿Por qué no describimos con sinceridad nuestra vida? ¿Cómo es cuando la vivimos desde nosotros mismos y cuando la ponemos viviendo en amistad con el Señor? En este tiempo de Cuaresma, la Iglesia nos ofrece una oportunidad única para dejar la mediocridad y crecer en amistad con Cristo
La misión evangelizadora nos pide a todos los discípulos de Cristo que asumamos el desafío de volver a Dios de todo corazón, es decir, la conversión. Una conversión personal y pastoral que no podremos tener sin la amistad sincera, abierta y permanente con Jesucristo. Una amistad que Él nos ofrece siempre, que es incondicional; pero nos deja la libertad para aceptarla o no. ¿Por qué no describimos con sinceridad nuestra vida? ¿Cómo es cuando la vivimos desde nosotros mismos y cuando la ponemos viviendo en amistad con el Señor? ¿Por qué no hacemos la prueba? En este tiempo de Cuaresma, la Iglesia nos ofrece una oportunidad única para dejar la mediocridad y crecer en amistad con Cristo. ¿Estás dispuesto? Te ofrezco la Palabra de Dios: escucha al Señor. A tu vida vienen muchas palabras y las has escuchado. Unas te han interesado y otras no. Hoy te invito a que escuches a Dios, pues Él quiere decirte algo y que llegue a lo más profundo de tu corazón.
Mi deseo para quienes leáis y meditéis estas palabras mías es que, en esta Cuaresma del año 2017, os deis cuenta de una necesidad que el Papa Francisco subraya en la exhortación apostólica Evangelii gaudium: «vivir en la alegría del Evangelio». Requiere de nosotros la conversión sincera de nuestra vida, pasar del pecado a la gracia, de nuestros proyectos al proyecto que Dios tiene para los hombres… que nos convirtamos para «llevar a todos los hombres la alegría del Evangelio». Y que, como Iglesia que somos del Señor, demos respuesta a los nuevos desafíos que tiene el ser humano en todas las latitudes de la tierra. No sabe quién es, se siente perdido y la Iglesia, en nombre del Señor, sale a su encuentro. No lo hace con recetas ni con imposiciones, sino con la ternura de un Dios que quiere que el hombre descubra su imagen y viva según ella, ofreciéndole el rostro de Jesucristo con la novedad que da la alegría del Evangelio. Novedad «en su ardor, en sus métodos y en su expresión», como dijo san Juan Pablo II en un viaje a Centroamérica.
¿De qué conversión nos habla hoy el Papa Francisco? De la que vivió la samaritana, de la que cambió la vida de Zaqueo. Se trata de asumir una opción cristiana con toda radicalidad y entusiasmo, con ardor, sin complejos de ningún tipo, con el impulso que nace de un corazón convertido en el que la Palabra de Dios siempre es un don y el hermano con el que me encuentro en el camino, otro, sea quien sea. Lo nuevo es haber encontrado a Jesucristo. También hay que darse cuenta de que, el gran método para ayudar a los demás a que se encuentren con Jesucristo y lo conozcan, somos nosotros mismos, siendo testigos valientes y audaces, coherentes y significativos en nuestros modos de vivir y de comprometernos. De tal modo que descubramos que cada uno de nosotros se ha de convertir en método para que, quien se encuentre a mi lado, se encuentre con Cristo y así le llevemos la alegría del Evangelio. Y también tenemos que emplear la nueva expresión, que no es buscar privilegios o utilizar coacciones para dar a conocer al Señor, sino tener un lenguaje significativo y entendido por quien vive entre nosotros. Es una novedad que habla de obras, de acciones concretas que llegan al corazón del hombre sin pronunciar palabra. Contagiemos pasión por nuestro hermano, por el que nos encontremos en el camino. El más pobre que encontremos. Démosle plenitud y alegría y nuestro compromiso siempre
Os propongo tres tareas que, a mi modo de ver, son esenciales para volver a Dios de corazón:
1. Vive una experiencia de Iglesia radical: cuando digo experiencia de Iglesia, te hablo de la comunidad cristiana. Acércate a una comunidad concreta, conócela, quiérela. La conversión la tenemos que realizar en un marco eclesiológico profundamente vivido y querido. Viene bien hacer algunas consideraciones sobre este marco en el cual debemos realizar la conversión: a) Hay que vivir una experiencia eclesial en la que la consideración de la Iglesia como misterio de comunión es esencial. No basta la consideración jurídica, política, cultural o educativa. En la Iglesia contemplamos la comunicación de Dios Padre por medio de su Hijo Jesucristo y el poder vivificador del Espíritu Santo, en orden a la salvación del mundo, el perdón de los pecados, la renovación del corazón del hombre por la fe, la esperanza y el amor cristianos. La Iglesia es una comunidad de fe, esperanza y amor. b) Tiene que ser una experiencia eclesial en la que la unidad de la verdad de la fe y el amor se proclaman. No se puede poseer la verdad cristiana más que abriendo el corazón, la mente y la vida entera al Señor y a todos los hombres que son rostros concretos de Cristo. La verdad se realiza en el amor, que se hace concreto en obras.
2. Asume el compromiso de vivir ese triple diálogo del que nos habla el Concilio Vaticano II: la renovación propiciada por el Concilio capacita mejor a la Iglesia para poder responder a la situación nueva de la historia en que nos encontramos. ¿Qué sería, sin la posibilidad que nos dio el Concilio, de la toma de conciencia de la Iglesia sobre sí misma y sobre su misión en este mundo concreto? Tengo la seguridad, de que la Iglesia experimenta más y mayor profundidad de audacia evangelizadora en la medida en que acoge con obediencia fiel y dinamismo creativo todas las orientaciones del Concilio Vaticano II. Recuerdo aquí lo que Juan XXIII escribió en la constitución Humanae salutis: «Lo que se pide hoy a la Iglesia es que infunda en las venas de la humanidad actual la fuerza perenne, vital y divina del Evangelio». El Concilio hizo un triple diálogo: de la Iglesia con sus fieles; de la Iglesia con los hermanos no unidos visiblemente, y de la Iglesia con el mundo contemporáneo. ¿Estamos dispuestos a realizar ese triple diálogo? Cada uno lo tiene que hacer según sus posibilidades, pero todos tenemos la obligación ineludible de realizarlo.
3. Vive trabajando en áreas concretas en la Iglesia particular en la que estás: lleva la Buena Nueva a todos los ambientes, transfórmalos desde dentro con la fuerza del Evangelio: criterios de juicio, valores determinantes, puntos de interés, pensamiento, fuentes inspiradoras y modelos de vida de la humanidad, que están en contraste con la Palabra de Dios. Proclama que Jesucristo ofrece la salvación a todos los hombres como don de gracia y de la misericordia de Dios. Concreta ese trabajo trabajando según tú puedas… En el mundo de la infancia, haciendo todo lo posible para que llegue a los niños el mensaje del Evangelio, que puedan crecer en todas las dimensiones de la vida desde él. En el mundo de los jóvenes, a quienes tenemos que entregar la liberación que produce el Evangelio, que no puede reducirse a la simple y estrecha dimensión económica, política, social o cultural, sino que debe abarcar al hombre entero, en todas sus dimensiones, incluida su apertura al Absoluto, que es Dios. En el mundo de la familia; hemos de ayudar a las familias cristianas a que vivan que son una comunidad de vida y amor que custodia, revela y comunica el amor de Dios.
Con gran afecto, os bendice,
+Carlos Card. Osoro Sierra, arzobispo de Madrid

El que pierda su vida por mi causa la salvará


Lectura del santo Evangelio según san Lucas 9,22-25
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día»
Entonces decía a todos:
«Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz cada día y me siga. Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará. ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si se pierde o se arruina a sí mismo?».
Palabra del Señor.

HOY, MIÉRCOLES DE CENIZA, INICIA LA CUARESMA. SIGNIFICADO DE LAS CENIZAS



Queridos amigos, hoy inicia la Cuaresma, el tiempo que precede y nos prepara a la celebración de la Pascua. Es un tiempo de escucha de la Palabra de Dios y de conversión, de preparación y de memoria del Bautismo, de reconciliación con Dios y con los hermanos, de recurso más frecuente a las "armas de la penitencia cristiana": la oración, el ayuno y la limosna. 


El comienzo de estos cuarenta días de penitencia –que finalizan el Jueves Santo- se caracteriza por el símbolo de las Cenizas, que distingue la Liturgia del Miércoles de Ceniza. Proviene de los antiguos ritos con los que los pecadores convertidos se sometían a la penitencia canónica: el gesto de cubrirse con ceniza tiene el sentido de reconocer la propia fragilidad y mortalidad, que necesita ser redimida por la misericordia de Dios. 


Las cenizas en la Biblia

En la Biblia, las cenizas son signo de la condición de fragilidad y debilidad del hombre. Por ejemplo, cuando Abraham dice: “Yo, que no soy más que polvo y ceniza, tengo el atrevimiento de dirigirme a mi Señor” (Gen 18,27). O cuando Job afirma: “Me he convertido en polvo y ceniza” (Job 30,19). 

Pero las cenizas son también el signo exterior del pecador que se arrepiente de sus malas acciones y decide pedir perdón al Señor y cambiar de vida. 

Es el caso de los habitantes de Nínive, que se convierten gracias a la predicación de Jonás: “Jonás comenzó a internarse en la ciudad y caminó durante todo un día, proclamando: 
«Dentro de cuarenta días, Nínive será destruida». Los ninivitas creyeron en Dios, decretaron un ayuno y se vistieron con ropa de penitencia, desde el más grande hasta el más pequeño. Cuando la noticia llegó al rey de Nínive, este se levantó de su trono, se quitó su vestidura real, se vistió con ropa de penitencia y se sentó sobre ceniza” (Jonás 3,5-9). 

En el libro de Judith leemos que, para hacer penitencia y pedir el auxilio del Señor, “todos los israelitas que habitaban en Jerusalén, hombres, mujeres y niños, se postraron ante el Templo, cubrieron de ceniza sus cabezas y extendieron sus sayales ante la presencia del Señor”. 

El rito de las cenizas hoy

La Iglesia ha conservado el rito de la imposición de las cenizas como signo de la actitud del corazón penitente que estamos llamados a asumir en el camino cuaresmal. Recibir la ceniza es, por tanto, un gesto de gran significado interior: abre a la conversión y al esfuerzo de la renovación pascual.

Las cenizas que nos impone el sacerdote se obtienen quemando ramos de olivo bendecidos el Domingo de Ramos del año anterior. Antes, el sacerdote acompañaba la imposición con las palabras “Acuérdate de que eres polvo y en polvo te convertirás”, tomadas del Génesis, 3,19, cuando Dios expulsa a Adán del Paraíso tras el pecado original. 

Pero después de la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II se utiliza la frase del Evangelio de San Marcos 1,15: “Conviértanse y crean en el Evangelio”. Se expresa así tanto la dimensión penitencial de la Cuaresma como el aspecto positivo de conversión y retorno a Dios.

Durante la Cuaresma hemos de dirigir el espíritu hacia las realidades que son verdaderamente importantes; hace falta un esfuerzo evangélico y una coherencia de vida traducida en buenas obras, en renuncia a lo superfluo, en solidaridad con los que sufren y ayuda a los necesitados.

Por una larga tradición eclesial, el tiempo de Cuaresma-Pascua está en relación con el precepto de la Iglesia de confesar lo propios pecados graves al menos una vez al año, preferentemente en el tiempo pascual.

La práctica del ayuno, tan característica desde la antigüedad en este tiempo litúrgico, es un "ejercicio" que libera voluntariamente de las necesidades de la vida terrena para redescubrir la necesidad de la vida que viene del cielo: "No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios" (Mt 4,4). 

En particular, hoy miércoles hemos de guardar ayuno y abstenernos de comer carne; los viernes de Cuaresma son días de abstinencia de carne, o de otro alimento que haya determinado la Conferencia Episcopal.




PROCESIÓN Y SANTA MISA EN EL VATICANO EL MIÉRCOLES DE CENIZA.

Papa: La Cuaresma es un tiempo de esperanza

En el miércoles de cenizas que da inicio al tiempo litúrgico de la Cuaresma, el Papa Francisco relacionó el camino cuaresmal con la esperanza cristiana, y explicó que la Cuaresma, camino hacia la Pascua de Jesús, período de penitencia y mortificación que tiene como fin hacernos resurgir en Cristo, es, por naturaleza propia, un “tiempo de esperanza”.
Para profundizar sobre el significado del mismo, el pontífice se refirió a la experiencia del éxodo de los israelitas de Egipto, narrado por las Sagradas Escrituras: “Hoy, miércoles de ceniza, - dijo hablando en español - los invito a reflexionar sobre la cuaresma como tiempo de esperanza. Al igual que el Pueblo de Israel que sufrió la esclavitud en Egipto, cada uno de nosotros está llamado a hacer experiencia de liberación y a caminar por el desierto de la vida para llegar a la tierra prometida”.
El éxodo, un período largo de cuarenta años en el que el pueblo de Israel, ante las pruebas del camino, está siempre tentado de hacer marcha atrás, pero en el cual gracias a la esperanza y de la mano del Señor, finalmente es conducido de la esclavitud hacia la libertad. A partir de este concepto el Obispo de Roma hizo el punto en que la Cuaresma, como el éxodo, es un camino que nos conduce de la esclavitud hacia la libertad donada por Cristo Jesús: “Jesús nos abre el camino al cielo a través de su pasión, muerte y resurrección. Él ha debido humillarse y hacerse obediente hasta la muerte, vertiendo su sangre para librarnos de la esclavitud del pecado. Es el beneficio que recibimos de él, que debe corresponderse con nuestra acogida libre y sincera”.
El Papa añadió en italiano que la libertad que nos dona Jesús, no conlleva a que nosotros “no hagamos nada”, y que vayamos al paraíso “en carroza”, dado que, si bien nuestra salvación es don de Cristo, porque se trata de una “historia de amor”, “necesita de nuestro sí, y de nuestra participación en su amor, como nos lo demuestra nuestra Madre María, y después de ella, todos los santos”.
En la conclusión de la catequesis, tras recordar que los cristianos estamos llamados a seguir el ejemplo de Nuestro Señor que venció al tentador, y que ahora también nosotros debemos afrontar la tentación y superarla, de modo que nuestro camino cuaresmal sea signo sacramental de nuestra conversión, exhortó a todos “a caminar en esperanza y con empeño en este camino de amor, que Dios hoy nos propone al inicio de la Cuaresma”.
“Que nuestro esfuerzo forje una esperanza sólida, como la de María, que continuó a creer y a esperar incluso cuando se encontraba junto a la cruz de su Hijo. Que Dios los bendiga a todos”. 
(Griselda Mutual - Radio Vaticano)

(from Vatican Radio)