domingo, 26 de junio de 2016

La vocación

Hoy es fácil encontrar el hilo conductor en las lecturas que nos propone la Liturgia. Se trata, sin duda, de la personalización de la llamada al seguimiento evangélico.
En la primera lectura, vemos que Elías elige a Eliseo, según le indica Dios: “El Señor dijo a Elías: -«Unge profeta sucesor tuyo a Eliseo, hijo de Safat, de Prado Bailén.» Entonces Eliseo, dejando los bueyes, corrió tras Elías y le pidió: -«Déjame decir adiós a mis padres; luego vuelvo y te sigo.» Elías le dijo: -«Ve y vuelve; ¿quién te lo impide?» (1Re).
Observamos una diferencia importante entre la tolerancia de Elías, que deja ir a Eliseo a despedirse de su padre, y la radicalidad de Jesús, que contesta con palabras al parecer incomprensibles al que le pide permiso para ir a enterrar a su padre: -«Sígueme.» É1 respondió: -«Déjame primero ir a enterrar a mi padre.» Le contestó: -«Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el reino de Dios.» (Lc)
Este contraste, sin duda, no es para afirmar que Jesús es insensible, sino para decir que el seguimiento de Elías es diferente del seguimiento del Maestro de Nazaret. Seguir a Jesús es vocación divina ante la que cabe exclamar: “El Señor es el lote de mi heredad y mi copa; mi suerte está en tu mano” (Sal).
La llamada de Jesús es identificativa y configuradora, crea unos vínculos mayores que la carne y la sangre; seguirlo a Él es el primer mandamiento, por lo que no se conculca el precepto de piedad de enterrar a los muertos, como no se quiebra el mandamiento de piedad con los padres cuando se abandona el hogar para formar una nueva familia.
La Palabra de Dios nos revela la prioridad que da el seguimiento a la opción de no anteponer nada al amor de Cristo. Y cuando se hace esta opción, el mismo Evangelio afirma que quien deja casa, familia, padres, bienes, recibirá cien veces más.
San Pablo acierta a definir lo que significa haber sido llamados por el Señor: “Hermanos, vuestra vocación es la libertad: no una libertad para que se aproveche la carne; al contrario, sed esclavos unos de otros por amor”. (Gál)
Solo Jesús, por su identidad divina, tiene autoridad para exigir la radicalidad de seguirlo, sin mirar a los lados.
Ángel Moreno de Buenafuente

Sin instalarse ni mirar atrás. José Antonio Pagola

Seguir a Jesús es el corazón de la vida cristiana. Lo esencial. Nada hay más importante o decisivo. Precisamente por eso, Lucas describe tres pequeñas escenas para que las comunidades que lean su evangelio, tomen conciencia de que, a los ojos de Jesús, nada puede haber más urgente e inaplazable.
Jesús emplea imágenes duras y escandalosas. Se ve que quiere sacudir las conciencias. No busca más seguidores, sino seguidores más comprometidos, que le sigan sin reservas, renunciando a falsas seguridades y asumiendo las rupturas necesarias. Sus palabras plantean en el fondo una sola cuestión:
¿Qué relación queremos establecer con él quienes nos decimos seguidores suyos?
Primera escena
Uno de los que le acompañan se siente tan atraído por Jesús que, antes de que lo llame, él mismo toma la iniciativa: «Te seguiré adonde vayas». Jesús le hace tomar conciencia de lo que está diciendo: «Las zorras tienen madrigueras, y los pájaros nido», pero él «no tiene dónde reclinar su cabeza».

Seguir a Jesús es toda una aventura. Él no ofrece a los suyos seguridad o bienestar. No ayuda a ganar dinero o adquirir poder. Seguir a Jesús es «vivir de camino», sin instalarnos en el bienestar y sin buscar un falso refugio en la religión. Una Iglesia menos poderosa y más vulnerable no es una desgracia. Es lo mejor que nos puede suceder para purificar nuestra fe y confiar más en Jesús.
Segunda escena
Otro está dispuesto a seguirle, pero le pide cumplir primero con la obligación sagrada de «enterrar a su padre». A ningún judío puede extrañar, pues se trata de una de las obligaciones religiosas más importantes. La respuesta de Jesús es desconcertante: «Deja que los muertos entierren a sus muertos: tú vete a anunciar el reino de Dios».

Abrir caminos al reino de Dios trabajando por una vida más humana es siempre la tarea más urgente. Nada ha de retrasar nuestra decisión. Nadie nos ha de retener o frenar. Los «muertos», que no viven al servicio del reino de la vida, ya se dedicarán a otras obligaciones religiosas menos apremiantes que el reino de Dios y su justicia.
Tercera escena
A un tercero que quiere despedir a su familia antes de seguirlo, Jesús le dice: «El que echa mano al arado y sigue mirando atrás no vale para el reino de Dios». No es posible seguir a Jesús mirando hacia atrás. No es posible abrir caminos al reino de Dios quedándonos en el pasado. Trabajar en el proyecto del Padre pide dedicación total, confianza en el futuro de Dios y audacia para caminar tras los pasos de Jesús.

¡Te seguiré adonde vayas!


Evangelio según San Lucas 9,51-62. 

Cuando estaba por cumplirse el tiempo de su elevación al cielo, Jesús se encaminó decididamente hacia Jerusalén 

y envió mensajeros delante de él. Ellos partieron y entraron en un pueblo de Samaría para prepararle alojamiento. 
Pero no lo recibieron porque se dirigía a Jerusalén. 
Cuando sus discípulos Santiago y Juan vieron esto, le dijeron: "Señor, ¿quieres que mandemos caer fuego del cielo para consumirlos?". 
Pero él se dio vuelta y los reprendió. 
Y se fueron a otro pueblo. 
Mientras iban caminando, alguien le dijo a Jesús: "¡Te seguiré adonde vayas!". 
Jesús le respondió: "Los zorros tienen sus cuevas y las aves del cielo sus nidos, pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza". 
Y dijo a otro: "Sígueme". El respondió: "Permíteme que vaya primero a enterrar a mi padre". 
Pero Jesús le respondió: "Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú ve a anunciar el Reino de Dios". 
Otro le dijo: "Te seguiré, Señor, pero permíteme antes despedirme de los míos". 
Jesús le respondió: "El que ha puesto la mano en el arado y mira hacia atrás, no sirve para el Reino de Dios". 

Turquía acusa al Papa de tener "la mentalidad de los cruzados" por volver a denunciar el genocidio armenio


Turquía esperó más de 24 horas en reaccionar ante las palabras del Papa, este viernes, volviendo a recordar el "genocidio armenio", lo que indica que no quería que las palabras de Francisco generaran un nuevo conflicto diplomático. El año pasado, Ankara retiró a su embajador en el Vaticano y lo mantuvo alejado de sus funciones durante 10 meses.
"Por supuesto que la declaración del Papa es muy desafortunada", dijo a periodistas el viceprimer ministro turco, Nurettin Canikli. "Por desgracia, es posible ver todas las reflexiones y las huellas de la mentalidad de los Cruzados en las acciones del papado y del Papa".
Turquía acepta que muchos cristianos armenios que vivían en el Imperio Otomano murieron en los enfrentamientos con las fuerzas otomanas durante la Primera Guerra Mundial, pero discrepa en las cifras y niega que las muertes hayan sido orquestadas sistemáticamente y que constituyan un genocidio.
El viceprimer ministro turco llega incluso a decir que «la declaración del Papa no es objetiva y no es consistente con la realidad. Todos lo sabemos, el mundo entero lo sabe. Y los armenios también lo saben».
Según Canikli, tanto el reconocimiento del genocidio llevado a cabo el pasado 2 de junio por el Bundestag alemán como las referencias de Francisco el viernes y sábado en Armenia no se corresponden con los hechos históricos sino que «son declaraciones políticas, basadas en factores religiosos».
Por su parte, el portavoz vaticano, Federico Lombardi, recordó en la noche del viernes a los periodistas que acompañan la delegación vaticana que "el Papa usó la palabra genocidio para recordar la herida y sanarla, no para reabrirla y renovarla; es una memoria para construir reconciliación y paz en el futuro".
Francisco culminará hoy su viaje a Armenia con una oración en el Monasterio de Khor Virap, en la  frontera con Turquía, cerrada desde hace años. Allí tiene previsto soltar dos palomas de la paz.

Francisco: "Estamos llamados a construir y reconstruir, sin desfallecer, caminos de comunión"


 "Estamos llamados ante todo a construir y reconstruir, sin desfallecer, caminos de comunión, a construir puentes de unión y superar las barreras que separan". El Papa Francisco hizo esta mañana un llamamiento a apoyarse en tres bases para construir una vida cristiana auténtica: "Memoria, fe y misericordia".
La primera nación en declararse cristiana no es mayoritariamente católica. Apenas un 9,6% de la población -unos 280.000- forman parte de la Iglesia católica armenia, muy inferior a la dirigida por el patriarca armenio Karekin II, que intervino al comienzo de la Eucaristía. Un auténtico ejemplo de ecumenismo, como se encargó de predicar el propio Karekin en una histórica intervención ante decenas de miles de católicos. Y es que la unidad entre los seguidores de Jesús es, hoy, más posible que nunca. Con gestos, palabras y actos como el de esta mañana en la plaza Vartanants de Gyumri, la principal ciudad católica del país.
En su homilía, pronunciada en italiana y traducida al armenio, Francisco hizo suyas las palabras del profeta Isaías sobre la reconstrucción tras la devastación, y preguntó "¿Qué es lo que el Señor quiere que construyamos hoy en la vida?, y ante todo: ¿Sobre qué cimiento quiere que construyamos nuestras vidas?".
Para ello, el Papa propuso tres bases. "La primera base es la memoria. Una gracia que tenemos que pedir es la de saber recuperar la memoria, la memoria de lo que el Señor ha hecho en nosotros y por nosotros: recordar que, como dice el Evangelio de hoy, él no nos ha olvidado, sino que se «acuerda» (cf. Lc 1,72) de nosotros: nos ha elegido, amado, llamado y perdonado".
Una memoria personal, pero también una memoria colectiva, "la memoria del pueblo. Los pueblos, en efecto, tienen una memoria, como las personas. Y la memoria de vuestro pueblo es muy antigua y valiosa. En vuestras voces resuenan la de los santos sabios del pasado; en vuestras palabras se oye el eco del que ha creado vuestro alfabeto con el fin de anunciar la Palabra de Dios; en vuestros cantos se mezclan los llantos y las alegrías de vuestra historia".
"Pensando en todo esto, podéis reconocer sin duda la presencia de Dios: él no os ha dejado solos. Incluso en medio de tremendas dificultades, podríamos decir con el Evangelio de hoy que el Señor ha visitado a su pueblo", dijo el Papa, "dando testimonio, aun a costa de la sangre, de que el amor de Dios vale más que la vida".

Junto a la memoria, "la fe es también la esperanza para vuestro futuro, la luz en el camino de la vida". Ante ello, Francisco advirtió del peligro de "considerarla como algo del pasado, como algo importante, pero perteneciente a otra época, como si la fe fuera un libro miniado para conservar en un museo".
Sin embargo, "si se la relega a los anales de la historia, la fe pierde su fuerza transformadora, su intensa belleza, su apertura positiva a todos". Frente a ello, el Papa propuso "revivir todos los días este encuentro vivo con el Señor", a través de la oración y el encuentro que nos lleva a la alegría, "una alegría más fuerte que la tristeza, una alegría que resiste incluso ante el dolor, transformándose en paz".
La tercera base, después de la memoria y de la fe, "es el amor misericordioso", sobre la que "el rostro de la Iglesia se rejuvenece y se vuelve atractivo viviendo la caridad". Para el Papa Francisco, "el amor concreto es la tarjeta de visita del cristiano: otras formas de presentarse son engañosas e incluso inútiles, porque todos conocerán que somos sus discípulos si nos amamos unos a otros". Por ello, el Papa recalcó que "estamos llamados ante todo a construir y reconstruir, sin desfallecer, caminos de comunión, a construir puentes de unión y superar las barreras que separan".
Especialmente entre los creyentes, que tienen que dar ejemplo"colaborando entre ellos con respeto mutuo y con diálogo, a sabiendas de que «la única competición posible entre los discípulos del Señor es buscar quién es capaz de ofrecer el amor más grande»".
"Dios habita en el corazón del que ama; Dios habita donde se ama, especialmente donde se atiende, con fuerza y compasión, a los débiles y a los pobres. Hay mucha necesidad de esto: se necesitan cristianos que no se dejen abatir por el cansancio y no se desanimen ante la adversidad, sino que estén disponibles y abiertos, dispuestos a servir; se necesitan hombres de buena voluntad, que con hechos y no sólo con palabras ayuden a los hermanos y hermanas en dificultad; se necesitan sociedades más justas, en las que cada uno tenga una vida digna y ante todo un trabajo justamente retribuido", culminó el Papa, quien comprendió que muchos se pregunten "¿Cómo se puede ser misericordiosos con todos los defectos y miserias que cada uno ve dentro de sí y a su alrededor?".
Como respuesta, puso el ejemplo de san Gregorio de Narek, "palabra y voz de Armenia", un "maestro de vida, porque nos enseña que lo más importante es reconocerse necesitados de misericordia y después, frente a la miseria y las heridas que vemos, no encerrarnos en nosotros mismos, sino abrirnos con sinceridad y confianza al Señor".
Jesús Bastante

Regalan al Papa su retrato en una pieza de ámbar de un milímetro. Del microescultor Eduard Ter-Ghazaryan

El papa Francisco recibió este sábado durante su visita a Armenia un regalo singular, suretrato en ámbar en una pieza que su autor, el microescultor Eduard Ter-Ghazaryan, asegura que es el más pequeño del mundo hecho del pontífice.
El Papa argentino recibió la pieza de manos del católicos armenio Karekin II y en presencia de Ter-Ghazaryan en un acto que se celebró en la sede de la Iglesia Apostólica Armenia de Etchmiadzin.
"Al estudiar el regalo con ayuda de una lupa, el Papa se rió con espontaneidad y agradeció el obsequio", dijo a Efe Ter-Ghazaryan tras la entrega.
La obra, que le llevó tres meses de trabajo, mide tan solo un milímetro y está incluida en el interior de una lupa de mano para poder apreciar su detalle.
El artista explicó que se sintió inspirado por el viaje del papa Francisco a Armenia y tuvo la idea de agasajarle con algo hecho con sus propias manos.
"Lo hablé también con los jerarcas de la Iglesia Apostólica Armenia", precisó el microescultor.
En cuanto al material del retrato, el ámbar, Ter-Ghazaryan dijo que lo eligió por el color amarillo porque "coincide con el color de la bandera del Vaticano y también simboliza el sol".
El microescultor armenio es nieto de Eduard Ter-Ghazaryan padre, un renombrado artista quien introdujo el arte de la miniatura en la antigua Unión Soviética.
(RD/Agencias)

Francisco reconoce que "el martirio ha sido un elemento constante en la historia de vuestro pueblo"

No pronunció la palabra "genocidio". Al menos, por el momento. Pero Francisco sí reconoció que el "martirio" es elemento constitutivo del pueblo armenio, desde sus inicios al momento presente. Desde el siglo III, cuando se convirtió en el primer pueblo que abrazó la fe en Jesús cuando Roma todavía perseguía cristianos, a la actualidad, "el martirio ha sido un elemento constante en la historia de vuestro pueblo".
Armenia es considerado el primer país en declararse cristiano del mundo. Por ello, no fue casualidad que el primer destino del Papa fuera la visita a la catedral apostólica de Erevan, donde le esperaban miles de fieles, que organizaron un improvisado pasillo a la comitiva papal. En un rezo conjunto con el Patriarca supremo de la Iglesia apostólica armenia, Karekin II, en la primera catedral construida de la que se tiene constancia (algunos de los edificios del complejo datan del siglo IV).
Junto a Karenin, Francisco comenzó declarando su "emoción" por cruzar el umbral de la ctedral, "testigo de la historia de vuestro pueblo". "Considero un don precioso de Dios el poder acercarme al santo altar desde el cual se difunde la luz de Cristo en Armenia", inicó Francisco, agradeciendo al Cathólicos "haberme acogido en su casa; este elocuente signo de amor dice, mucho más que las palabras, lo que significan la amistad y la caridad fraterna".
Su primer discuros en tierras armenias fue de agradecimiento a un pueblo que tiene en la fe "su identidad peculiar". "Cristo es vuestra gloria, vuestra luz, el sol que os ha iluminado y dado una nueva vida, que os ha acompañado y sostenido, especialmente en los momentos de mayor prueba", apuntó el Papa, recordando cómo desde el año 301, Armenia fue la primera nación "en acoger el cristianismo como su religión, en un tiempo en el que todavía arreciaban las persecuciones en el Imperio Romano".
"La fe en Cristo no ha sido para Armenia como un vestido que se puede poner o quitar en función de las circunstancias o conveniencias, sino una realidad constitutiva de su propia identidad, un don de gran valor que se debe recibir con alegría, y custodiar con atención y fortaleza, a precio de la misma vida", subrayó el Pontífice. "Que el Señor os bendiga por este testimonio luminoso de fe, que muestra de manera ejemplar la poderosa eficacia y fecundidad del bautismo recibido hace más de mil setecientos años con el signo elocuente y santo del martirio, que ha sido un elemento constante en la historia de vuestro pueblo".
Al tiempo, agradeció el camino emprendido por católicos y apostólicos armenios, "a través de un diálogo sincero y fraterno, con el fin de llegar a compartir plenamente la mesa eucarística. Que el Espíritu Santo nos ayude a realizar esa unidad por la cual pidió Nuestro Señor, para que sus discípulos sean uno y el mundo crea".
"El mundo, desgraciadamente, está marcado por las divisiones y los conflictos, así como por formas graves de pobreza material y espiritual, incluida la explotación de las personas, incluso de niños y ancianos, y espera de los cristianos un testimonio de mutua estima y cooperación fraterna, que haga brillar ante toda conciencia el poder y la verdad de la resurrección de Cristo", apuntó Bergoglio, quien animó a un "compromiso paciente y renovado hacia la plena unidad", vivida "en la caridad y en la mutua comprensión".
En este punto, animó a que el espíritu ecuménico impida "la instrumentalización y la manipulación de la fe, porque obliga a redescubrir las genuinas raíces, a comunicar, defender y propagar la verdad en el respeto de la dignidad de todo ser humano y con modos que trasparenten la presencia de ese amor y de aquella salvación, que se quiere difundir". Todo ello para ofrecer "un convincente testimonio de que Cristo está vivo y operante, capaz de abrir siempre nuevas vías de reconciliación entre las naciones, las civilizaciones y las religiones. Se confirma y se hace creíble que Dios es amor y misericordia".
Jesús Bastante

El Papa clama en silencio ante el horror del genocidio armenio en el memorial de Tzitzernakaberd. "Aquí rezo, con el dolor en el corazón, para que nunca más haya tragedias como ésta"


El memorial de Tzitzernakaberd es un lugar silencioso, pulcro, que invita al recogimiento. Una gran aguja preside un monumento circular, abierto, que recuerda a Yad Vashem, en Israel, o a Stonehenge. Un homenaje a los muertos, sobrecogedor, al que llegó el Papa Francisco, acompañado por el Cathólicos y el presidente de Armenia. Al lado, algunos de los descendientes de los supervivientes del, ayer volvió a decirlo, "genocidio armenio", que ahora hace un siglo masacró a 1,5 millones de personas.
Francisco se detuvo a orar, en silencio, pese a que el maestro de ceremonias se empeñó en hacer sonar el himno vaticano, frente a una corona de flores con los colores de la Santa Sede. Una oración durante la que todo lo que había alrededor desapareció. Tuvo que venir un funcionario a tocarle el brazo para indicarle que, desde hacía un rato, sus interlocutores estaban esperando para ayudarle a bajar unos empinados escalones, hasta el fuego circular, donde tuvo lugar una emotiva oración ecuménica por los fallecidos.
Karekin y Francisco, como iguales, dirigieron una ofrenda adornada con bellísimos cantos armenios y un profundo respeto. Se advertíatristeza y emoción en los presentes, que depositaron junto al fuego varias flores. Católicos y armenios unidos contra la muerte y el horror que hoy, un siglo después, sigue amenazando las puertas del mundo ya mal llamado civilizado. Al frente, el monte Ararat, donde según la Biblia atracó el arca de Noé tras el diluvio. Un monte sagrado en Armenia que, cosas de la vida, se encuentra en la vecina Turquía.
Después del acto, Francisco se trasladó en los ya habituales carritos de golf blancos hasta un pequeño "bosque de los justos", en el que plantó un árbol en memoria de los muertos por la injusticia y la sinrazón. Ayer, en Armenia. Hoy, en las playas y las fronteras de la misma Europa que cada vez se reconoce menos en el espejo de lo que quiso llegar a ser. Tras esto, firmó en el libro de condolencias del memorial.
"Aquí rezo, con el dolor en el corazón, para que nunca más haya tragedias como ésta", comenzaba el texto preparado por la Santa Sede, que el Papa llevaba escrito de su puño y letra y al que añadió alguna frase.
"Que la humanidad no olvide y sepa vencer con el bien el mal (...). La memoria no se diluye ni olvida; memoria es fuente de paz y de futuro", fueron algunas de las frases escritas por Bergoglio, quien posteriormente compartió recuerdos con una decena de los hijos y nietos de quienes, en su tiempo, tuvieron que huir, y fueron acogidos por Benedicto XV y Pío XI en Castel Gandolfo.
Tras esta primera parada de la mañana, Francisco se desplazará a Gyumri, donde reside lagran parte de los católicos de Armenia, que son una minoría del 9,6 % de la población frente a la religión oficial, los cristianos de la Iglesia Gregoriana Apostólica, liderada por el patriarca Karekin II.
En esta ciudad septentrional oficiará la única misa de estos tres días de viaje a Armenia y será además al aire libre, una novedad en los rituales de este país. Tendrá lugar en la plaza Vartanans y después acudirá al convento de las Hermanas armenias de la Inmaculada Concepción, que gestionan un orfanato en la ciudad.
También visitará la catedral apostólica de las Siete Plagas y la católica de los Santos Mártires para después dirigirse al aeropuerto y regresar a la capital, Ereván, donde tendrá lugar un encuentro ecuménico de oración por la paz.
Jesús Bastante 



sábado, 25 de junio de 2016

Señor, no soy digno de que entres en mi casa


Evangelio según San Mateo 8,5-17.

Al entrar en Cafarnaún, se le acercó un centurión, rogándole": 
"Señor, mi sirviente está en casa enfermo de parálisis y sufre terriblemente". 

Jesús le dijo: "Yo mismo iré a curarlo". 

Pero el centurión respondió: "Señor, no soy digno de que entres en mi casa; basta que digas una palabra y mi sirviente se sanará. 

Porque cuando yo, que no soy más que un oficial subalterno, digo a uno de los soldados que están a mis órdenes: 'Ve', él va, y a otro: 'Ven', él viene; y cuando digo a mi sirviente: 'Tienes que hacer esto', él lo hace". 

Al oírlo, Jesús quedó admirado y dijo a los que lo seguían: "Les aseguro que no he encontrado a nadie en Israel que tenga tanta fe. 

Por eso les digo que muchos vendrán de Oriente y de Occidente, y se sentarán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob, en el Reino de los Cielos", en cambio, los herederos del Reino serán arrojados afuera, a las tinieblas, donde habrá llantos y rechinar de dientes". 

Y Jesús dijo al centurión: "Ve, y que suceda como has creído". Y el sirviente se curó en ese mismo momento. 
Cuando Jesús llegó a la casa de Pedro, encontró a la suegra de este en cama con fiebre. 
Le tocó la mano y se le pasó la fiebre. Ella se levantó y se puso a servirlo. 

Al atardecer, le llevaron muchos endemoniados, y él, con su palabra, expulsó a los espíritus y curó a todos los que estaban enfermos, 

para que se cumpliera lo que había sido anunciado por el profeta Isaías: El tomó nuestras debilidades y cargó sobre sí nuestras enfermedades.

viernes, 24 de junio de 2016

Papa a las Autoridades armenias: “es vital aislar a quien usa la religión para llevar a cabo la guerra"

Papa Francisco comenzó su discurso ante las Autoridades Políticas, la Sociedad Civil y el Cuerpo Diplomático de Armenia en el Palacio Presidencial de Ereván, destacando “la profundidad de la historia del país y la belleza de su naturaleza”. Después de saludar al Presidente de Armenia, Serj Sarkissian y de agradecerle su invitación al país caucásico, añadió que ésta era la ocasión para devolver la visita que ya hicieron las autoridades armenias el año pasado a Roma, cuando se celebró en la Basílica de San Pedro la misa por el centenario del Metz Yeghèrn, el “Gran Mal”, de 1915. “Aquella tragedia, por desgracia,inauguró la triste lista de las terribles catástrofes del siglo pasado, causadas por aberrantes motivos raciales, ideológicos o religiosos, que cegaron la mente de los verdugos hasta el punto de proponerse como objetivo la aniquilación de poblaciones enteras”, aseguró el Santo Padre.
Y en este sentido, la persecución cristiana que se ha vivido a los largo de la historia del mundo y que se sufre todavía activamente en muchos países, fue una parte importante del discurso del Papa Francisco. “Es indispensable que los responsables del destino de las naciones pongan en marcha, con valor y sin demora, iniciativas dirigidas a poner fin a este sufrimiento, y que tengan como objetivo primario la búsqueda de la paz, la defensa y la acogida de los que son objeto de ataques y persecuciones, la promoción de la justicia y de un desarrollo sostenible”.
Armenia ha sufrido a lo largo de su historia esta situación en primera persona y ahora ayuda activamente a los miles de ciudadanos sirios que han huido de su país por la guerra. Es por eso que el Obispo de Roma valora su actitud ante esta realidad, “animo a que no dejen de ofrecer su valiosa colaboración a la comunidad internacional”. Y aseguró que es “vital” que todos los que todos los que confiesan su fe en Dios unan sus fuerzas para “aislar a quien usa la religión para llevar a cabo proyectos de guerra, de opresión y de persecución violenta”.
Finalmente Papa Francisco recordó que la Iglesia Católica a pesar de estar presente en el país con recursos “humanos limitados”, contribuye en la ayuda dirigida a los más débiles tanto en el campo sanitario,  educativo y en la caridad, “como lo demuestra el trabajo realizado desde hace veinticinco años el hospital «Redemptoris Mater», en Ashotzk, las actividades del Instituto educativo a Ereván, las iniciativas de Cáritas Armenia y las obras gestionadas por las Congregaciones religiosas”.
(MZ-RV)

Papa: Que el Señor los bendiga por su testimonio luminoso de fe

En la primera jornada de este viaje, el Papa Franciscorezó, poco después de las 15.30, hora local, en la Catedral Apostólica de Etchmiadzin, antes de visitar al presidente de la República, Serz Sargsyan. Posteriormente el Pontífice se reunirá con las autoridades, la sociedad civil y el cuerpo diplomático armenio. Por último, mantendrá un encuentro personal con el Patriarca supremo o Catholicós, Karekin II, quien guía a la Iglesia Gregoriana Apostólica armenia, la mayoritaria en el país que se separó de Roma desde hace mil quinientos años.
En el primer acto público del Obispo de Roma en Armenia, en la Catedral Apostólica de Etchmiadzin, el Catholicós y el Papa rezaron, alternándose, el Salmo 122, “Qué alegría cuando me dijeron vamos a la Casa del Señor…”. Después del saludo del Patriarca Karekin II, el Santo Padre, dirigiéndose a Venerado hermano, el Patriarca Supremo y Catholicós de Todos los Armenios, junto a los demás hermanos y hermanas en Cristo, comenzó diciendo:
“Crucé con emoción el umbral de este lugar sagrado, testigo de la historia de vuestro pueblo, centro que irradia su espiritualidad; y considero un don precioso de Dios el poder acercarme al santo altar desde el cual se difunde la luz de Cristo en Armenia. Saludo al Catholicós de Todos los Armenios, Su Santidad Karekin II, a quien le agradezco de corazón la grata invitación a visitar Santa Etchmiadzin, a los arzobispos y a los obispos de la Iglesia Apostólica Armenia, y doy las gracias a todos por la cordial y alegre bienvenida que me han deparado. Gracias, Santidad, por haberme acogido en su casa; este elocuente signo de amor dice, mucho más que las palabras, lo que significa la amistad y la caridad fraterna”.
En esta solemne ocasión, el Papa Francisco dio gracias a Dios por la luz de la fe encendida en esta tierra, la fe que confirió a Armenia su identidad peculiar y la hizo mensajera de Cristo entre las naciones. A la vez que les recordó que Cristo es su gloria, su luz, el sol que los ha iluminado y dado una nueva vida, que los ha acompañado y sostenido, especialmente en los momentos de mayor prueba.
“Me inclino – agregó – ante la misericordia del Señor, que ha querido que Armenia se convirtiese en la primera nación, desde el año 301, en acoger el cristianismo como su religión, en un tiempo en el que todavía arreciaban las persecuciones en el Imperio Romano”.
El Pontífice también afirmó que “a fe en Cristo no ha sido para Armenia como un vestido que se puede poner o quitar en función de las circunstancias o conveniencias, sino una realidad constitutiva de su propia identidad, un don de gran valor que se debe recibir con alegría, y custodiar con atención y fortaleza, a precio de la misma vida”. Y recordando cuanto escribió san Juan Pablo II, añadió:
“Con el “bautismo” de la comunidad armenia, [...] nació una identidad nueva del pueblo, que llegaría a ser parte constitutiva e inseparable del mismo ser armenio. Desde entonces ya no será posible pensar que, entre los componentes de esa identidad, no figure la fe en Cristo, como constitutivo esencial” (Carta. ap. En el XVII centenario del bautismo del pueblo armenio, 2 febrero 2001, 2).
De ahí que el Santo Padre haya manifestado su deseo de que el Señor los bendiga “por este testimonio luminoso de fe, que muestra de manera ejemplar la poderosa eficacia y fecundidad del bautismo recibido hace más de mil setecientos años con el signo elocuente y santo del martirio, que ha sido un elemento constante en la historia de su pueblo”.
Y tras dar gracias al Señor por el camino que la Iglesia católica y la Iglesia Apostólica Armenia han recorrido a través de un diálogo sincero y fraterno, con el fin de llegar a compartir plenamente la mesa eucarística, manifestó su esperanza en que “el Espíritu Santo nos ayude a realizar esa unidad por la cual pidió Nuestro Señor, para que sus discípulos sean uno y el mundo crea”.
Por otra parte, el Pontífice recordó el impulso decisivo dado a la intensificación de las relaciones y al fortalecimiento del diálogo entre ambas iglesias en los últimos tiempos por Su Santidad Vasken I y Karekin I, san Juan Pablo II y Benedicto XVI. Y añadió:
“El mundo, desgraciadamente, está marcado por las divisiones y los conflictos, así como por formas graves de pobreza material y espiritual, incluida la explotación de las personas, incluso de niños y ancianos, y espera de los cristianos un testimonio de mutua estima y cooperación fraterna, que haga brillar ante toda conciencia el poder y la verdad de la resurrección de Cristo. El compromiso paciente y renovado hacia la plena unidad, la intensificación de las iniciativas comunes y la colaboración entre todos los discípulos del Señor con vistas al bien común, son como luz brillante en una noche oscura, y una llamada a vivir también las diferencias en la caridad y en la mutua comprensión”.
Tras destacar que el espíritu ecuménico adquiere un valor ejemplar, incluso fuera de los límites visibles de la comunidad eclesial, y representa para todos una fuerte llamada a componer las divergencias mediante el diálogo y la valorización de lo que une, dirigiéndose a estos queridos hermanos, el Papa les dijo que cuando nuestro actuar está inspirado y movido por la fuerza del amor de Cristo, crece el conocimiento y la estima recíproca, se crean mejores condiciones para un camino ecuménico fructífero y, al mismo tiempo, se muestra a todas las personas de buena voluntad, y a toda la sociedad, una vía concreta y factible para armonizar los conflictos que desgarran la vida civil y producen divisiones difíciles de sanar.
“Que Dios todopoderoso, Padre de nuestro Señor Jesucristo, por intercesión de María Santísima, san Gregorio el Iluminador, ‘Columna de Luz de la Santa Iglesia de los Armenios’, y san Gregorio de Narek, Doctor de la Iglesia, os bendiga a todos y a toda la Nación armenia, y la guarde siempre en la fe que ha recibido de los padres y que gloriosamente ha testimoniado a lo largo de los siglos”.
(María Fernanda Bernasconi - RV).

Nacimiento de san Juan Bautista



Hoy la Iglesia celebra el nacimiento de Juan el Bautista… y son muchas las cosas que podríamos decir sobre él… sin duda alguna, una figura importantísima… pues Juan es el eslabón entre el Antiguo y Nuevo Testamentos… es aquel que anuncia a Jesús… el testigo de la Luz… la voz que clama en el desierto… pero de todo lo que podemos aprender de su persona, hay una cosa que sigue siendo muy actual, especialmente en la sociedad que vivimos… porque Juan nos enseña que la VERDAD—con mayúsculas—no se negocia…

Fíjate… en nuestro tiempo existe la tendencia a relativizarlo todo… por eso se rechaza la idea de una Verdad absoluta, mucho menos que esa Verdad tenga a Dios como referencia… y ese relativismo nos empuja a la permisividad de todo… cada cuál tiene su pequeña verdad que, convenientemente, excluye el pecado de predilección… como consecuencia, vemos que la moral ha alcanzado su nivel más bajo en la historia de la humanidad…

Juan, en cambio, se paró delante de la autoridad de su época… sin miedo… sin “paños tibios”… sin buscar excusas ni pretextos… sin pretender torcer la Verdad para buscar una forma de justificar los pecados… esto le costó la vida… pero con su acción dio testimonio de Dios…

Hoy, más que nunca, los cristianos estamos llamados a ser pequeños Juanes… poniéndolo en palabras de Benedicto XVI, la vida cristiana “exige, por decirlo de alguna manera, el ‘martirio’ de la fidelidad cotidiana al Evangelio, es decir, el valor de dejar que Cristo crezca en nosotros y sea Él quien oriente nuestro pensamiento y nuestras acciones”

Fuente: Tengo sed de Ti

COMENTARIO AL EVANGELIO según San Lucas 1,57-66.80 POR BENEDICTO XVI


Hoy, 24 de junio, celebramos la solemnidad del Nacimiento de san Juan Bautista. Con excepción de la Virgen María, el Bautista es el único santo del que la liturgia celebra el nacimiento, y lo hace porque está íntimamente vinculado con el misterio de la Encarnación del Hijo de Dios. 

De hecho, desde el vientre materno Juan es el precursor de Jesús: el ángel anuncia a María su concepción prodigiosa como una señal de que «para Dios nada hay imposible» (Lc 1, 37), seis meses antes del gran prodigio que nos da la salvación, la unión de Dios con el hombre por obra del Espíritu Santo. 

Los cuatro Evangelios dan gran relieve a la figura de Juan el Bautista, como profeta que concluye el Antiguo Testamento e inaugura el Nuevo, identificando en Jesús de Nazaret al Mesías, al Consagrado del Señor. 

De hecho, será Jesús mismo quien hablará de Juan con estas palabras: «Este es de quien está escrito: “Yo envío a mi mensajero delante de ti, para que prepare tu camino ante ti. En verdad os digo que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él» (Mt 11, 10-11).

El padre de Juan, Zacarías —marido de Isabel, pariente de María—, era sacerdote del culto del Antiguo Testamento. Él no creyó de inmediato en el anuncio de una paternidad tan inesperada, y por eso quedó mudo hasta el día de la circuncisión del niño, al que él y su esposa dieron el nombre indicado por Dios, es decir, Juan, que significa «el Señor da la gracia». 

Animado por el Espíritu Santo, Zacarías habló así de la misión de su hijo: «Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor a preparar sus caminos, anunciando a su pueblo la salvación por el perdón de sus pecados» (Lc 1, 76-77). 

Todo esto se manifestó treinta años más tarde, cuando Juan comenzó a bautizar en el río Jordán, llamando al pueblo a prepararse, con aquel gesto de penitencia, a la inminente venida del Mesías, que Dios le había revelado durante su permanencia en el desierto de Judea. Por esto fue llamado «Bautista», es decir, «Bautizador» (cf. Mt 3, 1-6). 

Cuando un día Jesús mismo, desde Nazaret, fue a ser bautizado, Juan al principio se negó, pero luego aceptó, y vio al Espíritu Santo posarse sobre Jesús y oyó la voz del Padre celestial que lo proclamaba su Hijo (cf. Mt 3, 13-17). 

Pero la misión del Bautista aún no estaba cumplida: poco tiempo después, se le pidió que precediera a Jesús también en la muerte violenta: Juan fue decapitado en la cárcel del rey Herodes, y así dio testimonio pleno del Cordero de Dios, al que antes había reconocido y señalado públicamente.
Queridos amigos, la Virgen María ayudó a su anciana pariente Isabel a llevar a término el embarazo de Juan. Que ella nos ayude a todos a seguir a Jesús, el Cristo, el Hijo de Dios, a quien el Bautista anunció con gran humildad y celo profético.
(Benedicto XVI, Ángelus del 24 de junio de 2012)

«LA VOZ QUE CLAMA EN EL DESIERTO» La Natividad de San Juan Bautista por San Agustín.



La Iglesia celebra el nacimiento de Juan como algo sagrado, y él es el único de los santos cuyo nacimiento se festeja; celebramos el nacimiento de Juan y el de Cristo. Ello no deja de tener su significado, y, si nuestras explicaciones no alcanzaran a estar a la altura de misterio tan elevado, no hemos de perdonar esfuerzo para profundizarlo y sacar provecho de él. Juan nace de una anciana estéril; Cristo, de una jovencita virgen. 

El futuro padre de Juan no cree el anuncio de su nacimiento y se queda mudo; la Virgen cree el del nacimiento de Cristo y lo concibe por la fe. Esto es, en resumen, lo que intentaremos penetrar y analizar; y, si el poco tiempo y las pocas facultades de que disponemos no nos permiten llegar hasta las profundidades de este misterio tan grande, mejor os adoctrinará aquel que habla en vuestro interior, aun en ausencia nuestra, aquel que es el objeto de vuestros piadosos pensamientos, aquel que habéis recibido en vuestro corazón y del cual habéis sido hechos templo. Juan viene a ser como la línea divisoria entre los dos Testamentos, el antiguo y el nuevo. Así lo atestigua el mismo Señor, cuando dice: La ley y los profetas llegaron hasta Juan. Por tanto, él es como la personificación de lo antiguo y el anuncio de lo nuevo. Porque personifica lo antiguo, nace de padres ancianos; porque personifica lo nuevo, es declarado profeta en el seno de su madre. Aún no ha nacido y, al venir la Virgen María, salta de gozo en las entrañas de su madre. Con ello queda ya señalada su misión, aun antes de nacer; queda demostrado de quién es precursor, antes de que él lo vea. Estas cosas pertenecen al orden de lo divino y sobrepasan la capacidad de la humana pequeñez. 

Finalmente, nace, se le impone el nombre, queda expedita la lengua de su padre. Estos acontecimientos hay que entenderlos con toda la fuerza de su significado. Zacarías calla y pierde el habla hasta que nace Juan, el precursor del Señor, y abre su boca. Este silencio de Zacarías significaba que, antes de la predicación de Cristo, el sentido de las profecías estaba en cierto modo latente, oculto, encerrado. Con el advenimiento de aquel a quien se referían estas profecías, todo se hace claro. El hecho de que en el nacimiento de Juan se abre la boca de Zacarías tiene el mismo significado que el rasgarse el velo al morir Cristo en la cruz. Si Juan se hubiera anunciado a sí mismo, la boca de Zacarías habría continuado muda. Si se desata su lengua es porque ha nacido aquel que es la voz; en efecto, cuando Juan cumplía ya su misión de anunciar al Señor, le dijeron: ¿Tú quién eres? Y él respondió: Yo soy la voz que grita en el desierto. Juan era la voz; pero el Señor era la Palabra que en el principio ya existía. Juan era una voz pasajera, Cristo la Palabra eterna desde el principio.
De los sermones de san Agustín, obispo
(Sermón 293,1-3: PL 38,1327-1328)
Fuente: News. Va.