lunes, 11 de enero de 2016

Convertíos y creed en el Evangelio


Lectura del santo evangelio según san Marcos 1, 14-20

Después de que Juan fue entregado, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios; decía:
-«Se ha cumplido el tiempo y está cerca el reino de Dios. Convertíos y creed en el Evangelio.»
Pasando junto al mar de Galilea, vio a Simón y a Andrés, el hermano de Simón, qechando las redes en el mar, pues eran pescadores.
Jesús les dijo:
-«Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres.»
Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.
Un poco más adelante vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca repasando las redes. A continuación los llamó, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se marcharon en pos de él.
Palabra del Señor.

domingo, 10 de enero de 2016

Festejar nuestro Bautismo con el compromiso de vivir como cristianos, el Papa en el Ángelus

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
En este domingo después de la Epifanía celebramos el Bautismo de Jesús, y hacemos memoria grata de nuestro Bautismo. En este contexto, esta mañana bauticé a 26 neonatos: ¡recemos por ellos!

El Evangelio nos presenta a Jesús, en las aguas del río Jordán, al centro de una maravillosa revelación divina. Escribe San Lucas: “Todo el pueblo se hacía bautizar, y también fue bautizado Jesús. Y mientras estaba orando, se abrió el cielo y el Espíritu Santo descendió sobre él en forma corporal, como una paloma. Se oyó entonces una voz del cielo: Tú eres mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta toda mi predilección”. (Lc 3,21-22). De este modo Jesús es consagrado y manifestado por el Padre como Mesías salvador y liberador.

En este evento – testificado por los cuatro Evangelios – tuvo lugar el pasaje del bautismo de Juan Bautista -basado en el símbolo del agua- al Bautismo de Jesús “en el Espíritu Santo y en el fuego” (Lc 3,16). De hecho, el Espíritu Santo en el Bautismo cristiano es el artífice principal: es Él que quema y destruye el pecado original, restituyendo al bautizado la belleza de la gracia divina; es Él que nos libera del dominio de las tinieblas, es decir, del pecado y nos traslada al reino de la luz, es decir, del amor, de la verdad y de la paz. Esto es el reino de la luz. ¡Pensemos a qué dignidad nos eleva el Bautismo! “Miren qué amor tan singular nos ha tenido el Padre que no sólo nos llamamos hijos de Dios, sino que lo somos” (1Jn 3,1), y lo somos realmente, exclama el apóstol Juan. Tal estupenda realidad de ser hijos de Dios comporta la responsabilidad de seguir a Jesús, el Siervo obediente, y reproducir en nosotros mismos sus rasgos: mansedumbre, humildad, ternura. Y esto no es fácil, especialmente si entorno a nosotros hay tanta intolerancia, soberbia, dureza. ¡Pero con la fuerza que nos llega del Espíritu Santo es posible!

El Espíritu Santo, recibido por primera vez el día de nuestro Bautismo, nos abre el corazón a la Verdad, a toda la Verdad. El Espíritu empuja nuestra vida hacia el camino laborioso pero alegre de la caridad y de la solidaridad hacia nuestros hermanos. El Espíritu nos dona la ternura del perdón divino y nos invade con la fuerza invencible de la misericordia del Padre. No olvidemos que el Espíritu Santo es una presencia viva y vivificante en quien lo recibe, reza con nosotros y nos llena de alegría espiritual.

Hoy, fiesta del Bautismo de Jesús, pensemos en el nuestro, en el día del nuestro Bautismo; todos nosotros hemos sido bautizados, agradezcamos por este don. Y les hago una pregunta, ¿quién de ustedes conoce la fecha de su Bautismo? Seguramente no todos, por eso, les invito a ir a buscar la fecha preguntando por ejemplo a sus padres, a sus abuelos, a sus padrinos, o yendo a la parroquia. Es muy importante conocerla porque es una fecha para festejar: es una fecha de nuestro renacimiento como hijos de Dios, por esto, tarea para casa para esta semana: ir a buscar la fecha de mi bautismo. Festejar aquel día significa reafirmar nuestra adhesión a Jesús, con el compromiso de vivir como cristianos, miembros de la Iglesia y de una humanidad nueva, en la cual todos somos hermanos.

La Virgen María, primera discípula de su Hijo Jesús, nos ayude a vivir con alegría y fervor apostólico nuestro Bautismo, recibiendo cada día el don del Espíritu Santo, que nos hace hijos de Dios.

(Traducción del italiano: María Cecilia Mutual - RV)

“La fe es la mejor herencia que se puede dejar a los hijos”. El Papa en la misa por el Bautismo del Señor

“Queridos niños con alegría la Iglesia os da la bienvenida”. El Papa Francisco celebró la Santa Misa el segundo domingo del 2016, fiesta del Bautismo del Señor, en la capilla Sixtina, donde también administró el sacramento del Bautismo a 26 niños, quienes estaban acompañados de sus padres y padrinos.
En un ambiente de ternura y mucha emoción, con algún llanto de los bebés de fondo, el Papa Francisco preguntó a los padres qué nombre dan a los niños, y qué quieren para sus hijos, a lo que los familiares contestaron “la fe”. El Papa les recordó que pidiendo el bautizo de sus hijos se comprometen a educarles en la fe, en la observación de los mandamientos, con el fin de amar a Dios y al prójimo como Cristo nos enseñó.
El Santo Padre explicó que la fe es la mejor herencia que los padres pueden dejar, “la fe va transmitida de generación en generación como una cadena”, y añadió que estos niños en un futuro ocuparán el lugar de padres con sus hijos y quedará “la fe que da el bautismo y que lleva el Espíritu Santo en el alma de la vida de estos hijos vuestros”.
Esta tradición de que los niños sean bautizados por el Pontífice, la instauró San Juan Pablo II y la siguió Benedicto XVI, quien como dijo en la homilía del domingo 11 de enero de 2009, “con este sacramento el recién bautizado se convierte en hijo adoptivo de Dios, objeto de su amor infinito que lo tutela y defiende de las fuerzas oscuras del maligno, es preciso enseñarle a reconocer a Dios como su Padre y a relacionarse con él con actitud de hijo”.
Palabras del Papa Francisco en la homilía:
Cuarenta días después del nacimiento, Jesús fue llevado al templo. María y José lo llevaron para presentárselo a Dios. Hoy, en la fiesta del Bautismo del Señor, ustedes padres llevan a sus hijos para recibir el Bautismo, para recibir eso que han pedido al inicio cuando yo les he hecho la primera pregunta: la fe. “Yo quiero para mi hijo la fe”. Y así la fe se transmite de una generación a otra, como una cadena a largo tiempo.
Estos niños, estas niñas, pasados los años, ocuparán su lugar con otros hijos –sus nietos- y pedirán los mismo: la fe; la fe que nos da el Bautismo; la fe que lleva el Espíritu Santo hoy en el corazón, en el alma, en la vida de estos hijos, suyos. Ustedes han pedido la fe. La Iglesia cuando les dará la vela encendida, les pedirá custodiar la fe en estos niños. Y al final no olviden que la herencia más grande que ustedes pueden dar a sus hijos es la fe, busquen que no se pierda, háganla crecer y dejarla como herencia.
Les deseo este día, a ustedes, que es un día alegre para ustedes: les deseo que sean capaces de hacer crecer a estos niños en la fe, y que la herencia más grande que ellos recibirán de ustedes sea justamente la fe.  
Y les digo solo, cuando un niño llora porque tiene hambre, a las mamás las digo: “Si tu niño tiene hambre, dale de comer aquí con toda libertad”.
Hermanos y hermanas elevemos al Padre, origen de fuente de la vida, nuestra súplica por estos niños, llamados a la adopción filial en Cristo Jesús, por sus padres, los padrinos y las madrinas y por todos los bautizados. 
(MZ-RV)

EL HIJO AMADO.

Sin duda que la fiesta del Bautismo del Señor se encuadra en el tiempo de la Epifanía, por ser un relato en el que se nos manifiesta la identidad de Aquel que, esperando en la fila de los pecadores para recibir el bautismo de Juan, sin embargo es, en verdad, el Hijo amado de Dios: “Jesús también se bautizó. Y, mientras oraba, se abrió el cielo, bajó el Espíritu Santo sobre él en forma de paloma, y vino una voz del cielo: -«Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto».” Ya desde antiguo, según el profeta Isaías, se anunció la presencia del Mesías: “Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, a quien prefiero” (Is).
En ambos textos, destacan la predilección y el amor de Dios por quien aparece como Siervo suyo, Cordero de Dios, Hijo amado. Esta distinción señala sin duda, a quien de manera exclusiva nos revela la identidad divina, -“Jesucristo es la manifestación del rostro misericordioso de Dios”-. Sin embargo por pura gracia, el ser humano recibe en el Hijo amado, la dignidad de ser también, en Él, amado de Dios.
San Pablo nos llega a decir: “Como elegidos de Dios, santos y amados, vestíos de la misericordia entrañable, bondad, humildad, dulzura, comprensión…” (Col 3, 12). En esta experiencia, el creyente encuentra la razón para su entrega, como aconteció en los tiempos de Juan el Bautista. “Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo” (Hch).

El bautismo es el sacramento que nos introduce en la corriente del amor de Dios. Gracias al bautismo, somos hijos de Dios, por adopción, y no es pretencioso sentirnos amados por Él.
Cuando uno siente que le ama otra persona, se mueve a reciprocidad. Quizá hemos reducido el bautismo a un rito, más que a una acogida del ofrecimiento que nos hace Jesucristo de unirnos a Él, de hacernos miembros de su familia, y así poder invocar a Dios como Él lo hizo: “Padre”, entrar en comunión con los méritos de todos los santos, convertirnos en piedras vivas de la Iglesia, poder celebrar la certeza de estar habitados por el Espíritu divino, y de alimentarnos con el Pan de la Eucaristía y la Copa de Salvación.
Una posibilidad actual de reavivar el bautismo es celebrar la misericordia del Señor. Precisamente, este Año de la Misericordia, el papa Francisco ha abierto las puertas del perdón, de los tesoros de gracia acumulados en la Iglesia por los méritos de Jesucristo y de todos los santos.
Tenemos la posibilidad de renacer por el agua y el Espíritu, por la entrañable misericordia de nuestro Dios. No dejes pasar la oportunidad de la gracia.

 Ángel Moreno de Buenafuente

Nueva epiritualidad

«Espiritualidad» es una palabra desafortunada. Para muchos solo puede significar algo inútil, alejado de la vida real. ¿Para qué puede servir? Lo que interesa es lo concreto y práctico, lo material, no lo espiritual.

Sin embargo, el «espíritu» de una persona es algo valorado en la sociedad moderna, puesindica lo más hondo y decisivo de su vida: la pasión que la anima, su inspiración última, lo que contagia a los demás, lo que esa persona va poniendo en el mundo.

El espíritu alienta nuestros proyectos y compromisos, configura nuestro horizonte de valores y nuestra esperanza. Según sea nuestro espíritu, así será nuestra espiritualidad. Y así será también nuestra religión y nuestra vida entera.
Los textos que nos han dejado los primeros cristianos nos muestran que viven su fe en Jesucristo como un fuerte «movimiento espiritual». Se sienten habitados por el Espíritu de Jesús. Solo es cristiano quien ha sido bautizado con ese Espíritu. «El que no tiene el Espíritu de Cristo no le pertenece». Animados por ese Espíritu, lo viven todo de manera nueva.
Lo primero que cambia radicalmente es su experiencia de Dios. No viven ya con «espíritu de esclavos», agobiados por el miedo a Dios, sino con «espíritu de hijos» que se sienten amados de manera incondicional y sin límites por un Padre. El Espíritu de Jesús les hace gritar en el fondo de su corazón: ¡Abbá, Padre! Esta experiencia es lo primero que todos deberían encontrar en las comunidades de Jesús.
Cambia también su manera de vivir la religión. Ya no se sienten «prisioneros de la ley», las normas y los preceptos, sino liberados por el amor. Ahora conocen lo que es vivir con «un espíritu nuevo», escuchando la llamada del amor y no con «la letra vieja», ocupados en cumplir obligaciones religiosas. Este es el clima que entre todos hemos de cuidar y promover en las comunidades cristianas, si queremos vivir como Jesús.
Descubren también el verdadero contenido del culto a Dios. Lo que agrada al Padre no son los ritos vacíos de amor, sino que vivamos «en espíritu y en verdad». Esa vida vivida con el espíritu de Jesús y la verdad de su evangelio es para los cristianos su auténtico «culto espiritual».
No hemos de olvidar lo que Pablo de Tarso decía a sus comunidades: «No apaguéis el Espíritu». Una iglesia apagada, vacía del espíritu de Cristo, no puede vivir ni comunicar su verdadera Novedad. No puede saborear ni contagiar su Buena Noticia. Cuidar la espiritualidad cristiana es reavivar nuestra religión.
José Antonio Pagola

El Señor bendice a su pueblo con la paz.


Sal 28, 1a y 2.3ac-4.3b y 9b-10

El Señor bendice a su pueblo con la paz.
Hijos de Dios, aclamad al Señor,  
aclamad la gloria del nombre del Señor,  
postraos ante el Señor en el atrio sagrado.
El Señor bendice a su pueblo con la paz.
La voz del Señor sobre las aguas,  
el Señor sobre las aguas torrenciales.  
La voz del Señor es potente, 
la voz del Señor es magnífica.
El Señor bendice a su pueblo con la paz.
El Dios de la gloria ha tronado.  
En su templo un grito unánime: «¡Gloria!»  
El Señor se sienta por encima del diluvio,  
el Señor se sienta como rey eterno.

El Señor bendice a su pueblo con la paz.

“Tú eres mi Hijo, el amado; en ti me complazco"


Lectura del santo evangelio según san Lucas 3,15-16.21-22

En aquel tiempo, el pueblo estaba expectante, y todos se preguntaban en su interior sobre Juan si no sería el Mesías, Juan les respondió dirigiéndose a a todos:

- “Yo os bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte que yo, a quien no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego”.

Y sucedió que, cuando todo el pueblo era bautizado, también Jesús fue bautizado; y, mientras oraba, se abrieron los cielos, bajó el Espíritu Santo sobre él con apariencia corporal semejante a una paloma, y vino un voz del cielo:

- “Tú eres mi Hijo, el amado; en ti me complazco.”

Palabra del Señor.

sábado, 9 de enero de 2016

El amor de Dios.


El amor de Dios en los creyentes hace posible y urge en ellos el amor a los humanos: Amor a Dios con todo el ser y amor al prójimo como a ti mismo. La práctica de la justicia y la atención a los pobres.
"Quien no ama no conoce a Dios, porque Dios es Amor"  (1 Jn 4,8)
La irrenunciable y fundamental dimensión vertical de la espiritualidad cristiana comparte como irrenunciable y parte integrante de ella la dimensión horizontal hacia los humanos y en especial hacia los más necesitados.
Bastará que la "pobreza irrumpa en la conciencia de la Iglesia" y que la humanidad tome conciencia de la dimensión estructural y política de la pobreza, para que se descubra que la relación con los pobres forma parte de la relación con Dios y adquiere dimensión teologal.
Acostumbrados a escuchar cada día estas palabras  no nos hacemos idea de la novedad que constituyera cuando fueron anunciadas por primera vez en el mundo pagano en que se extendió el cristianismo.
Hay un dominico francés del siglo pasado que escribe:
" En el primer siglo de nuestra era se produjo este fenómeno extraordinario, el hombre creyó que Dios le amaba., es la  revolución más considerable de la humanidad, porque aunque se admitiera comúnmente que hay fuerzas superiores al hombre, de las que depende el orden del mundo y nuestra vida, a un pagano no se le pasó un momento por la cabeza que pudiera ser amado por Dios. Todo cambia, si el cargador del puerto de Corinto, si la prostituta, si el esclavo, se figuran que son amados personalmente por un Dios que les prepara, tras la muerte, una vida plenamente feliz.
Todo cambia, el sentido de la vida, la aceptación del sufrimiento, de la enfermedad, de la muerte, la resignación a la crueldad de los hombres, más aún, la aceptación más difícil de todas , la de resignarse a vivir, sobre todo, cuando la vida es dura para las personas"
Tiene plena razón: Con la revelación del Dios de Jesús nace una nueva forma de vida, se inaugura una nueva era religiosa para la humanidad y con ella se hace posible una vida, una espiritualidad que lo cambia todo de arriba a abajo y que explica la irrupción de novedad total inauguró el cristianismo.
"Lo viejo pasó, ha empezado lo nuevo" (2Cor 5,17)
"En Cristo hay una nueva criatura, un hombre nuevo" (Ef 2,15
Con un hombre nuevo, que entona una cántico nuevo, al que se le pide caminar en una vida nueva. Y una novedad que hace además la esperanza del día en que todo será nuevo.
"Después vi un cielo nuevo y una tierra nueva", Apocalipsis, 21,1
   «Yo hago nuevas todas las cosas», Apocalipsis, 21,5


La raíz de esta novedad es Jesucristo, 

Más de un millón de fieles han participado en Roma en los actos del Año de la Misericordia.


Fisichella: "Los números indican una intensa participación y una necesidad sentida"
Más de un millón de personas han participado en Roma en los eventos del Año Santo Extraordinario, que cumple hoy un mes, informó el presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización, Rino Fisichella.
En un artículo publicado hoy en el diario vaticano "LOsservatore Romano", Fisichella afirma que, durante este primer mes de Jubileo, se ha registrado la participación de 1.025.000 personas en las celebraciones derivadas del evento.
Fisichella, responsable de la organización del Jubileo, asegura que "los números no son importantes en una dimensión espiritual", pero, no obstante, indican "una intensa participación y una necesidad sentida".
Explica que esta afluencia se debe, en parte, a la decisión de las autoridades romanas de peatonalizar la vía de la Conciliación, que da acceso a la Plaza de San Pedro, durante la Navidad y a la labor de las fuerzas del orden, que han "hecho más seguros estos eventos".
El Jubileo de la Misericordia comenzó el 8 de diciembre de 2015, cuando el papa Francisco abrió la Puerta Santa de la basílica de San Pedro, y tocará a su fin el próximo 20 de noviembre.

Desde su comienzo, Roma ha sido escenario de diversos actos enmarcados en el Año Santo, como la apertura de la Puerta Santa de Santa María La Mayor y San Juan de Letrán o vigilias de oración, entre otros.

BUSCO AL SEÑOR EN EL MOMENTO DE MI ANGUSTIA


Del salmo 77:


Invocaré a Dios con toda mi voz y Él me escuchará

Invocaré a Dios con toda mi voz, 
gritaré a Dios, y Él me escuchará. 
Busco al Señor en el momento de mi angustia; 
de noche, tiendo mi mano sin descanso.


Invocaré a Dios con toda mi voz y Él me escuchará


Yo recuerdo las proezas del Señor, 
sí, recuerdo sus prodigios de otro tiempo; 
evoco todas sus acciones, 
medito en todas sus hazañas.


Invocaré a Dios con toda mi voz y Él me escuchará


Oh Dios, tus caminos son santos. 
¿Hay otro dios grande como nuestro Dios? 
Tú eres el Dios que hace maravillas, 
y revelaste tu poder entre las naciones.


Invocaré a Dios con toda mi voz y Él me escuchará


Con tu brazo redimiste a tu pueblo, 
a los hijos de Jacob y de José. 
Tú guiaste a tu pueblo como a un rebaño, 
por medio de Moisés y de Aarón.

Invocaré a Dios con toda mi voz y Él me escuchará


COMENTARIO DE BENEDICTO XVI AL EVANGELIO DE HOY:San Marcos 6, 45-52

“Queridos hermanos y hermanas:
En el Evangelio de hoy, encontramos a Jesús que, retirándose al monte, ora durante toda la noche. El Señor, alejándose tanto de la gente como de los discípulos, manifiesta 
su intimidad con el Padre y la necesidad de orar a solas, apartado de los tumultos del mundo. 
Ahora bien, este alejarse no se debe entender como desinterés respecto de las personas o como abandonar a los Apóstoles. Más aún, como narra san Mateo, hizo que los discípulos subieran a la barca para que se adelantaran a la otra orilla, a fin de encontrarse de nuevo con ellos.
Mientras tanto, la barca iba lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario, y he aquí que se les acercó Jesús andando sobre el mar; los discípulos se asustaron y, creyendo que era un fantasma, gritaron de miedo, no lo reconocieron, no comprendieron que se trataba del Señor. Pero Jesús los tranquiliza: «¡Tranquilícense, soy yo, no tengan miedo!». 
 Es un episodio, en el que los Padres de la Iglesia descubrieron una gran riqueza de significado. El mar simboliza la vida presente y la inestabilidad del mundo visible; la tempestad indica toda clase de tribulaciones y dificultades que oprimen al hombre. La barca, en cambio, representa a la Iglesia edificada sobre Cristo y guiada por los Apóstoles
Jesús quiere educar a sus discípulos a soportar con valentía las adversidades de la vida, confiando en Dios, en Aquél que se reveló al profeta Elías en el monte Horeb en el «susurro de una brisa suave» (1 R 19, 12)
 (En el evangelio de Mateo), el pasaje continúa con el gesto del apóstol Pedro, el cual, movido por un impulso de amor al Maestro, le pidió que le hiciera salir a su encuentro, caminando sobre las aguas. «Pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: “¡Señor, sálvame!”» (Mt 14, 30). (…) 
Pedro camina sobre las aguas no por su propia fuerza, sino por la gracia divina, en la que cree; y cuando lo asalta la duda, cuando no fija su mirada en Jesús, sino que tiene miedo del viento, cuando no se fía plenamente de la palabra del Maestro, quiere decir que se está alejando interiormente de Él y entonces corre el riesgo de hundirse en el mar de la vida. 
 Lo mismo nos sucede a nosotros: si sólo nos miramos a nosotros mismos, dependeremos de los vientos y no podremos ya pasar por las tempestades, por las aguas de la vida.
Queridos amigos, la experiencia del profeta Elías, que oyó el paso de Dios, y las dudas de fe del apóstol Pedro nos hacen comprender que el Señor, antes aún de que lo busquemos y lo invoquemos, sale Él mismo a nuestro encuentro, baja el cielo para tendernos la mano y llevarnos a su altura; sólo espera que nos fiemos totalmente de Él, que tomemos realmente su mano

Invoquemos a la Virgen María, modelo de abandono total en Dios, para que, en medio de tantas preocupaciones, problemas y dificultades que agitan el mar de nuestra vida, resuene en el corazón la palabra tranquilizadora de Jesús, que nos dice también a nosotros: «¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!» y aumente nuestra fe en Él”.
Benedicto XVI, Ángelus del 7 de agosto de 2011

Fuente: News.va

Lo vieron andar sobre el mar


Lectura del santo evangelio según San Marcos 6, 45-52 

 Después de haberse saciado los cinco mil hombres, Jesús enseguida apremió a los discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran hacia la orilla de Betsaida, mientras él despedía a la gente. 

Y después de despedirse de ellos, se retiró al monte a orar. 

Llegada la noche, la barca estaba en mitad del lago, y Jesús, solo, en tierra. 

Viéndolos fatigados de remar, porque tenían viento contrario, a eso de la cuarta vigilia de la madrugada, fue hacia ellos andando sobre el mar, e hizo ademán de pasar de largo. 

Ellos, viéndolo andar sobre el mar, pensaron que era un fantasma y dieron un grito, porque todos lo vieron y se asustaron. Pero él hablo enseguida con ellos y les dice: - «Ánimo, soy yo, no tengáis miedo.» Entró en la barca con ellos, y amainó el viento. Ellos estaban en el colmo del estupor, pues no habían comprendido lo de los panes, porque tenían la mente embotada.
Palabra del Señor.

viernes, 8 de enero de 2016

Papa: el Año de la Misericordia nos recuerda que Dios es amor y nos espera

Dios es amor, él nos amó primero, nos ama siempre, reiteró el Papa Francisco en su homilía, en la Misa de la mañana, que celebró en la capilla de la Casa de Santa Marta. Haciendo hincapié, en el mandamiento nuevo de Jesús, regalo de amor de Dios, y con la primera Carta de San Juan,  en la exhortación de amarnos «los unos a los otros, porque el amor procede de Dios y el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios», el Santo Padre recordó de dónde viene el amor verdadero:

«Esta palabra ‘amor’ es una palabra que se usa tantas veces y que cuando se usa no se sabe qué significa exactamente.  ¿Qué es el amor? A veces pensamos en el amor de las telenovelas. No, ese no parece amor. El amor puede parecer un entusiasmo por una persona y después… se apaga. ¿De dónde viene el amor verdadero? Todo el que ama ha sido generado por Dios, porque Dios es amor. Juan no dice: todo amor es Dios, sino Dios es amor»

Y con el amor de Dios, el Papa reflexionó asimismo sobre la compasión de Jesús, recordada en la liturgia del día, en la multiplicación de los panes. «Jesús vio una gran muchedumbre y se compadeció», que no quiere decir que tuvo pena, advirtió el Santo Padre, para luego reiterar que no es lo mismo compadecer y tener pena. Porque el amor que Jesús siente hacia quienes lo rodean «lo lleva a padecer con ellos, a implicarse en la vida de la gente». Entre los ejemplos del amor de Dios que es el primero en amarnos, recordó también el del hijo pródigo y el Jubileo de la Misericordia:

«Cuando tenemos algo en el corazón y queremos pedir perdón al Señor, es Él el que nos espera para darnos su perdón. Este Año de la Misericordia es también esto: que recordemos que el Señor nos está esperando, a cada uno de nosotros. ¿Para qué? Para abrazarnos. Nada más. Para decir: hijo, hija, te amo. He dejado que crucificaran a mi Hijo por ti; éste es el precio de mi amor; éste es mi regalo de amor».
Tras alentar a que tengamos siempre la certeza de que «el Señor me espera, el Señor quiere que yo abra la puerta de mi corazón», el Papa Francisco dijo que si se asoma el escrúpulo de no sentirse dignos del amor de Dios, es mejor, porque Él nos espera como somos, como nos dicen que hay que ser:

«Ir ante el Señor y decir: ‘tú sabes Señor que te amo’. O si no: ‘tú sabes Señor que quisiera amarte, pero soy tan pecador, tan pecadora’. Y Él hará lo mismo que hizo con el hijo pródigo que se gastó todo el dinero en vicios: no dejará que termines tus palabras y con un abrazo te hará callar. El abrazo del amor de Dios».

(CdM - RV)

«EFUSIÓN DEL ESPÍRITU SANTO SOBRE TODA CARNE»



Cuando el Creador del universo decidió restaurar todas las cosas en Cristo, dentro del más maravilloso orden, y devolver a su anterior estado la naturaleza del hombre, prometió que, al mismo tiempo que los restantes bienes, le otorgaría también ampliamente el Espíritu Santo, ya que de otro modo no podría verse reintegrado a la pacífica y estable posesión de aquellos bienes.

Determinó, por tanto, el tiempo en que el Espíritu Santo habría de descender hasta nosotros, a saber, el del advenimiento de Cristo, y lo prometió al decir: En aquellos días —se refiere a los del Salvador— derramaré mi Espíritu sobre toda carne. [...]

De manera que el Hijo unigénito recibe el Espíritu Santo no para sí mismo —pues es suyo, habita en él, y por su medio se comunica, como ya dijimos antes—, sino para instaurar y restituir a su integridad a la naturaleza entera, ya que, al haberse hecho hombre, la poseía en su totalidad. 

Puede, por tanto, entenderse —si es que queremos usar nuestra recta razón, así como los testimonios de la Escritura— que Cristo no recibió el Espíritu para sí, sino más bien para nosotros en sí mismo: pues por su medio nos vienen todos los bienes.

Del Comentario de san Cirilo de Alejandría, obispo, sobre el Evangelio de san Juan
Fuente: News.va


El diario vaticano carga contra la imagen de un Dios armado con un kalashnikov. L'Osservatore cree que la portada de Charlie Hebdo "hiere a todos los creyentes de las diferentes religiones"

"Una imagen que hiere a todos los creyentes de las diferentes religiones: es una caricatura que no ayuda, en un momento en el que necesitamos encontrarnos flanco a flanco". Así define L'Osservatore Romano la polémica portada del semanario Charlie Hebdo, que en su último número ofrece una viñeta de Dios armado con un kalashnikov y la leyenda "Un año después, el asesino sigue corriendo".
En un editorial, titulado "La fe manipulada", el periodico vaticano afirma: «El episodio no es una novedad, porque detrás de la bandera engañosa de un ‘laicismo sin compromisos', el semanal francés olvida una vez más cuánto los líderes religiosos de cualquier pertenencia están repitiendo desde hace tiempo para rechazar la violencia en nombre de la religión: usar a Dios para justificar el odio es una auténtica ‘blasfemia', como ha insistido en varias ocasiones Papa Francisco».
Según el periódico de la Santa Sede, se trata de una «imagen que hiere a todos los creyentes de las diferentes religiones: es una caricatura que no ayuda, en un momento en el que necesitamos encontrarnos flanco a flanco», como dijo «Anouar Kbibech, presidente del Conseil français du culte musulman, para condenar la penosa portada de ‘Charlie Hebdo', publicada a un año de la masacre y que representa, según una iconografía claramente cristiana, a Dios como un terrorista que corre, manchado de sangre y con un kaláshnikoyv al hombro. Palabras en sintonía con el comentario del episcopado francés que se pregunta si este es «el tipo de polémicas que Francia necesita'».
Antes también había hablado al respecto el teólogo y Secretario general del Sínodo de los obispos, mons. Bruno Forte, con la AdnKronos, y dijo que la decisión del semanal francés era «un episodio muy doloroso, además de infundado». Explicó además: «el potencial de violencia puede, si acaso, ser cancelado por una auténtica experiencia religiosa, ciertamente no animado ni favorecido. Si esto sucede, entonces estamos frente a una falsificación de la experiencia religiosa. Como ha afirmado Papa Francisco, matar en nombre de Dios va en contra de Dios».
Y, a propósito del retrato de Dios en «Charlie Hebdo», observó el teólogo: «Ofende a la sensibilidad de cada persona, no solo de los creyentes cristianos, judíos o musulmanes, sino también de quienes, a pesar de no creer, advierten cuán importante es el respeto de la consciencia y de la dimensión religiosa de la vida. He aquí -añadió- por qué el juicio no puede más que ser extremadamente negativo».

Sobre todo, prosiguió Forte, está muy alejado «de la verdad, porque todas las religiones, no solo la cristiana, sino también la hebraica y la musulmana, predican la no violencia en nombre de Dios. Si acaso, es violento asumir una postura ideológica, la pretensión de tener la verdad en la mano, de juzgar y de excluir a los demás. Las religiones se confrontan con el misterio de Dios y, por lo tanto, tienen un antídoto muy fuerte en contra de esta pretensión: la supremacía del Señor, cuya voluntad todos debemos obedecer».