miércoles, 11 de noviembre de 2015

Francisco de Borja y Teresa de Jesús: memoria de un encuentro crucial

El 28 de octubre de 1510, nacía en Gandía Francisco de Borja, una de las personalidades más llamativas y populares de su tiempo. Valgan estos datos de su ascendencia para ilustrar su relevancia social, aunque fuera por vía ilegítima: su padre era nieto del papa Alejandro VI, y su madre, nieta de Fernando el Católico.
El duque de Gandía fue persona de confianza del emperador Carlos V y del Papa Paulo III. Intervino en la batalla de Provenza, y allí en sus brazos murió el poeta Garcilaso de la Vega.
El 1 de mayo de 1539 fallecía la emperatriz Isabel. Acompañando el cadáver desde Toledo hasta Granada, después de 18 días de viaje, como caballerizo mayor suyo, le correspondía abrir el ataúd para identificar el cadáver. La tradición cuenta que, profundamente impactado, exclamó “¡No serviré nunca más a un señor que se pueda morir!”.
Tras la muerte de su esposa Leonor de Castro, en 1546, hizo Ejercicios Espirituales y decidió entrar en la naciente Compañía de Jesús. Ignacio de Loyola, desde Roma, lo aceptó, pero le pidió secreto: “El mundo no tiene orejas para oír tal estampido” –afirmó. Borja debía primero dejar establecidos a sus hijos y doctorarse en la futura Universidad de Gandía, la primera de la Compañía. El papa Paulo III lo autorizó a hacer su profesión como jesuita “secreto”, y así lo hizo el 1 de febrero de 1548.
Teresa y Borja cara a cara: «Yo quedé muy consolada»
En varias ocasiones visitó Francisco de Borja la ciudad de Ávila. La primera de la que tenemos noticia fue en 1531, cuando él era solo un joven de veintiún años, como mayordomo y caballerizo de la emperatriz Isabel, que acudía a pasar el verano a la ciudad de los Caballeros. El futuro Felipe II, que tenía solo cuatro años, mudaría sus ropas infantiles por el traje de hombre en esos días.
Una segunda visita tuvo lugar más de veinte años después. Desvinculado ya de sus obligaciones en la Corte y ordenado sacerdote en mayo de 1551, acude de nuevo a Ávila en 1554, a fin de establecer un Colegio de la Compañía en esa ciudad. Afirma Doris Moreno:
«Para la Compañía en España, tan contestada y bajo sospecha, la admisión de un grande de España entre sus filas era, al mismo tiempo, «síntoma» de «nobleza» de la orden acogedora y baluarte frente a los ataques. El arzobispo Silíceo afirmaba en 1554 que la Compañía paseaba por España a Francisco de Borja como cabeza de lobo. Según Covarrubias en su Tesoro, la expresión se refiere a la «ocasión que uno toma para aprovecharse, como el que mata a un lobo, que llevando la cabeza por los lugares de la comarca le dan todos algo, cada uno como puede, en gratificación del bien que ha hecho en matar un animal dañino y pernicioso». Correas en su Refranero quizás es más claro al añadir: «que es el achaque de pedir para sí; a estos les dan algo la gente rica y los que tienen ganados». Así era: la Compañía hizo de Francisco de Borja su estandarte en España aprovechando su posición y prestigio, ahora revestido de santidad»¹.
Bustamante, amigo y secretario de Borja, escribía a Ignacio de Loyola relatando así su llegada a la ciudad de Ávila, el 23 de mayo de 1554, víspera de la fiesta del Corpus Christi:
«Toda aquella ciudad, así el clero como el pueblo y los caballeros, se alegraron mucho con la venida de su Reverencia, la cual estaban esperando días había».
Pero no es esta la ocasión en que Teresa y Borja se entrevistan, aunque algunos biógrafos han querido ver en esta visita ese primer encuentro. La santa narra en el Libro de la Vida que, al comienzo de establecerse los jesuitas en Ávila, en 1554, ella los admiraba pero no se atrevía a tratar con ellos:
«Ya tenía noticia de algunos, porque habían venido aquí los de la Compañía de Jesús, a quien yo sin conocer a ninguno era muy aficionada, de sólo saber el modo que llevaban de vida y oración; mas no me hallaba digna de hablarlos ni fuerte para obedecerlos, que esto me hacía más temer, porque tratar con ellos y ser la que era hacíaseme cosa recia» (V 23,3)
Pudo ser el “caballero santo”, Francisco de Salcedo, cuyo cuñado, Hernandálvarez, fue de los primeros jesuitas abulenses y uno de los fundadores del Colegio de san Gil, quien la pusiera en contacto con la Compañía. También cabe mencionar la influencia de doña Guiomar de Ulloa, buena amiga suya, en cuya casa se hospedó la santa por tres años (1555-1558), la cual era vecina de San Gil y se confesaba con los jesuitas. “Hízome confesar a su confesor” –afirma la santa, refiriéndose al P. Prádanos, su segundo confesor de la Compañía, tras Diego de Cetina. Vinculada ya a los jesuitas, es su confesor quien le pone en contacto con el Comisario de la Compañía para la Península Ibérica. Su fama de hombre espiritual estaba bien justificada, por su vida y por sus escritos. Quizá sea el tema de la oración aquel al que Borja dedicó más atención en su enseñanza espiritual. A Teresa, Cetina le había aconsejado que resistiera los efluvios místicos, por temor a que fuera ella misma quien estuviera provocando esos efectos, o por evitar que se asiera a ellos. Borja rectifica:
«Díjome que era espíritu de Dios […]. Como quien iba bien adelante, dio la medicina y consejo, que hace mucho en esto la experiencia. Dijo que era yerro resistir ya más. Yo quedé muy consolada, y el caballero también holgábase mucho que dijese era de Dios, y siempre me ayudaba y daba avisos en lo que podía, que era mucho» (V 24, 3).
Teresa afirma en una Cuenta de conciencia en la que hace repaso de sus confesores: “al Padre Francisco, que fue duque de Gandía, trató dos veces” (R 4,3). Desconocemos si se refiere a que tuvo dos entrevistas con Borja en esa ocasión, o si hubo otro encuentro posterior.
La santa invocará la palabra de autoridad de Borja en Camino de perfección, inicialmente manteniendo el anonimato de este: «Es gran merced esta a quien el Señor la hace, porque vida activa y contemplativa es junta. […] Yo sé de una persona que la ponía el Señor aquí muchas veces, y no se sabía entender, y preguntólo a un gran contemplativo, y dijo que era muy posible, que a él le acaecía» (CV 35, 1).
Sin embargo, en el códice de Toledo, que preparó para la imprenta, anotó a quién se refería: «que era el P. Francisco, de la Compañía de Jesús, que había sido duque de Gandía, y lo sabía bien por experiencia».
Teresa alude también a él en la Relación 5, sobre el mismo tema, la posibilidad de vivir contemplativamente en medio de una gran actividad: «En fin, andan juntas Marta y María. Yo pregunté al Padre Francisco si sería engaño esto, porque me traía boba, y me dijo que muchas veces acaecía».
Según testimonios, ambos mantuvieron la relación de forma epistolar. Isabel de santo Domingo, priora en 1595 del Carmelo de Zaragoza, declara así en los procesos de canonización:
«Sabe que con el dicho padre General de la Compañía de Jesús, dicha Madre conservó hasta su muerte el trato y comunicación que tenían por cartas. Sábelo por haber visto muchas cartas y también por habérselo oído decir a la Madre (BMC, t.19, 78)».
Desgraciadamente, no nos ha llegado ninguna de estas cartas.
Un cuadro de Segrelles
No abundan las representaciones pictóricas que recojan el encuentro entre estos dos santos. Sí lo hace un lienzo del pintor de Albaida (Valencia), José Segrelles, que forma parte del retablo de la capilla del Sagrario en el palacio ducal de Gandía: Santa Teresa de Jesús consulta a san Francisco de Borja. El retablo fue realizado en 1956. Teresa de Jesús aparece extrañamente escribiendo durante la entrevista, como en actitud de plasmar la palabra que el santo le está transmitiendo, mientras Borja aparece sentado, en la cátedra que su autoridad espiritual le otorgaba, reconocida, como hemos visto, por la propia santa.
Rafael García Mahíques, de la Universidad de Valencia, comenta la obra en un estudio que lleva por título «El concepto icónico de san Francisco de Borja elaborado por los jesuitas a partir de la adquisición del Palacio Ducal de Gandía»².
Este autor señala el carácter “barroco” del cuadro, en tanto que se trata de una interpretación “absolutamente conceptual” de la relación de Borja con la santa. Se puede hablar de una manipulación de lo que las fuentes literarias relatan acerca de lo sucedido entre ambos. Y ello se lleva a cabo porque se busca un efecto concreto en el cuadro:
«En la figura de Cristo sosteniendo el santo cáliz –según la forma de la reliquia de la catedral de Valencia– con la sagrada hostia que, como un espectro, se interpone entre ambas personalidades sin que estas ni siquiera se percaten, radica la clave de dicha manipulación. Se trata, en todo caso, de querer asimilar la experiencia mística de estos dos santos del siglo xvi –tema específico sobre el que trató la relación entre ambos–, a la contemplación del misterio eucarístico. En ninguna de las fuentes literarias se nos informa de que el misterio de la eucaristía es la base sobre la que estos dos santos, que aparecen en conversación, experimenten el espíritu de Dios».
Hace años, el P. Silverio de santa Teresa, a propósito de la relación entre la santa y Francisco de Borja, se lamentaba en estos términos: «los biógrafos de la Madre y del Santo General no han dado a las relaciones que mediaron entre ellos la excepcional importancia que tienen»³.

Valga esta aportación para subrayar esa importancia y desear que siga ahondándose en su estudio.

ORAR CON EL SALMO DE HOY: DEFIENDAN AL DESVALIDO Y HAGAN JUSTICIA AL OPRIMIDO, DICE EL SEÑOR

Del salmo 82:

Levántate, oh Señor, y juzga la tierra

Dios se levanta en la asamblea:
«¿Hasta cuándo juzgarán injustamente
y favorecerán a los malvados?
Levántate, oh Señor, y juzga la tierra
¡Defiendan al desvalido y al huérfano,
hagan justicia al oprimido y al pobre;
libren al débil y al indigente,
rescátenlos del poder de los impíos!».
Levántate, oh Señor, y juzga la tierra

Pero ellos caminan en la oscuridad,
faltos de inteligencia y comprensión,
mientras vacilan los fundamentos de la tierra.
Levántate, oh Señor, y juzga la tierra

Morirán como cualquier hombre,
caerán, príncipes, como uno de tantos.
Levántate, oh Dios, juzga a la tierra,
porque Tú eres el dueño de todas las naciones
Levántate, oh Señor, y juzga la tierra

Bergoglio afirma en la misa de Florencia que "es necesario saber lo que la gente piensa"“La Iglesia, como Jesús, vive en medio a la gente y para la gente”

En el Evangelio de hoy Jesús pone a sus discípulos dos preguntas. La primera: ¿La gente quien dice que es el Hijo del Hombre? (Mt 16,13) es una pregunta que demuestra cuanto el corazón y la mirada de Jesús están abiertos a todos. A Jesús le interesa lo que la gente piensa no para contentarla, sino para poder comunicarse con ellos. Sin saber lo que la gente piensa, el discípulo se aísla y comienza a juzgar a la gente de acuerdo con sus propios pensamientos y creencias. Mantener un sano contacto con la realidad, con eso que la gente vive, con sus lágrimas y alegrías, es la única manera de poder ayudar, educar y comunicar. Es la única manera de hablar a los corazones de la gente tocando su experiencia diaria: el trabajo, la familia, los problemas de salud, el tráfico, las escuelas, los servicios sanitarios... Es la única manera de abrir su corazón a la escucha de Dios. En realidad, cuando Dios quería hablar con nosotros se ha encarnado. Los discípulos de Jesús nunca deben olvidar de donde fueron elegidos, entre las personas, y nunca deben caer en la tentación de actitudes individualistas, como si eso que la gente piensa y vive no le preocupara y no fueran importantes para ellos.

Esto también vale para nosotros. Y el hecho de que hoy estamos reunidos para celebrar la Santa Misa en un estadio deportivo, nos lo recuerda. La Iglesia, como Jesús, vive en medio de la gente y para la gente. Por esta razón la Iglesia, a lo largo de su historia, siempre ha llevado dentro de sí mismo la misma pregunta: ¿Quién es Jesús para los hombres y mujeres de hoy?
También el santo Papa León Magno, originario de la Toscana, cuya memoria celebramos hoy, llevaba en su corazón esta pregunta, esta ansiedad apostólica que todos pudieran conocer a Jesús, y conocerlo por aquello que es realmente, no una imagen distorsionada de la filosofía y de las ideologías de la época.

Por ello es necesario madurar una fe personal en Él. Y allí, la segunda pregunta que Jesús pone a los discípulos: "¿ustedes, quién decís que soy yo?" (Mt 16,15). Pregunta que todavía resuena hoy en la conciencia de nosotros, sus discípulos, y es decisiva para nuestra identidad y nuestra misión. Sólo si reconocemos a Jesús en su verdad, seremos capaces de ver la verdad de nuestra condición humana, y podremos llevar nuestra contribución a la plena humanización de la sociedad.
Custodiar y anunciar la recta fe en Jesucristo es el corazón de nuestra identidad cristiana, porque al reconocer el misterio del Hijo de Dios hecho hombre, podemos entrar en el misterio de Dios y en el misterio del hombre.
A la pregunta de Jesús responde Simón: "Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente" (v. 16). Esta respuesta contiene toda la misión de Pedro y resume lo que será para la Iglesia el ministerio petrino, es decir, custodiar y proclamar la verdad de la fe; defender y promover la comunión entre toda la Iglesia; mantener la disciplina de la Iglesia. El Papa León tuvo y continua, en esta misión, un modelo ejemplar, tanto en sus enseñanzas luminosas, como en sus gestos llenos de ternura, de compasión y del poder de Dios.

También hoy, queridos hermanos y hermanas, nuestra alegría es compartir esta fe y responder juntos al Señor Jesús: ‘Tú para nosotros eres el Cristo, el hijo del Dios vivo'. Nuestra alegría también es ir contra corriente y superar la opinión corriente, que hoy, como entonces, no logra ver en Jesús más que un profeta o un maestro. Nuestra alegría es reconocer en Él la presencia de Dios, el enviado del Padre, el Hijo hecho instrumento de salvación para la humanidad. Esta profesión de fe que Simón Pedro proclamó permanece también para nosotros. Esta no representa solo el fundamento de nuestra salvación, sino también el camino a través del cual se realiza y la meta a la cual tiende.

A la raíz del misterio de la salvación está la voluntad de un Dios misericordioso, que no se rinde ante la incomprensión, la culpa y la miseria del hombre, sino se dona hasta hacerse Él mismo hombre para encontrar a cada persona en su condición concreta. Este amor misericordioso de Dios es lo que Simón Pedro reconoce en el rostro de Jesús. La misma cara que estamos llamados a reconocer en las formas en la cual el Señor nos ha asegurado su presencia entre nosotros: en su Palabra, que ilumina la oscuridad de nuestra mente y nuestro corazón; en los Sacramentos, que nos regenera a una nueva vida de nuestra muerte; en la comunión fraterna, que el Espíritu Santo crea entre sus discípulos; en el amar sin fronteras, que hace un servicio generoso y considerado hacia todos; en los pobres, que nos recuerda cómo Jesús quería que la suprema revelación de sí y del Padre tuviera la imagen del crucificado humillado.

Esta verdad de la fe es verdad que escandaliza, ya que pide que creamos en Jesús, el cual, siendo el mismo Dios, se abajo, se redujo a la condición de esclavo, hasta la muerte de la cruz, y por eso Dios lo ha hecho Señor del universo (cf. Fil 2,6-11). Es la verdad que todavía hoy escandaliza a quien no tolera el misterio de Dios impreso en el rostro de Cristo. Es la verdad que no podemos tocar y abrazar sin que, como dice San Pablo, entrar en el misterio de Jesucristo, y sin hacer nuestros sus propios sentimientos (cf. Fil 2,5). Sólo desde el Corazón de Cristo, podemos entender, profesar y vivir su verdad.

En realidad, la comunión entre lo divino y lo humano, realizado plenamente en Jesús, es nuestra meta, la culminación de la historia humana según el plan del Padre. Es el gozo del encuentro entre nuestra debilidad y su grandeza, en nuestra pequeñez y su misericordia que llenará nuestros límites. Pero esta meta no sólo es el horizonte que ilumina nuestro camino, pero es lo que nos atrae con su suave fuerza; es lo que comienza a anticipar y vivir aquí y se construye día a día con todo lo mejor que sembramos a nuestro alrededor. Estas son las semillas que ayudan a crear una humanidad nueva, renovada, donde nadie se quede al margen o descartado; donde quien sirve es el más grande; donde los más pequeños y los pobres son acogidos y ayudados.


Dios y el hombre son los dos extremos de una oposición: se buscan siempre, porque Dios reconoce en el hombre su propia imagen y el hombre se reconoce solamente mirando a Dios. Esta es la verdadera sabiduría, que el Libro del Eclesiástico señala como característico de aquellos que se adhieren al seguimiento Cristo. Y la sabiduría de San León Magno, es el resultado de la convergencia de varios elementos: la palabra, la inteligencia, la oración, la enseñanza, la memoria. Pero San León también nos recuerda que no puede haber verdadera sabiduría, sino en la adhesión a Cristo y al servicio de la Iglesia. Este es el camino sobre el cual encontramos la humanidad y podemos encontrarla con el espíritu del buen samaritano. No en vano, el humanismo, del cual Florencia ha testimoniado en sus momentos más creativos, siempre ha tenido el rostro de la caridad. Esta herencia sea fecunda de un nuevo humanismo para esta ciudad y para toda Italia.

¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios?


Lectura del santo evangelio según san Lucas 17, 11-19
Yendo Jesús camino de Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea. Cuando iba a entrar en un pueblo, vinieron a su encuentro diez leprosos, que se pararon a lo lejos y a gritos le decían:
-«Jesús, maestro, ten compasión de nosotros.»
Al verlos, les dijo:
-«Id a presentaros a los sacerdotes.»
Y, mientras iban de camino, quedaron limpios. Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos y se echó por tierra a los pies de Jesús, dándole gracias.
Éste era un samaritano.
Jesús tomó la palabra y dijo:
-«¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios? »
Y le dijo:
-«Levántate, vete; tu fe te ha salvado.»
Palabra del Señor.

martes, 10 de noviembre de 2015

No hay quien ponga barreras al sueño de una esperanza.

Mística entre pucheros


Es conocida la frase de Teresa de Jesús: “también entre los pucheros anda el Señor” (Fundaciones 5,8). Pero la entenderemos mal si pensamos que eso le ocurría a ella sola, porque debía ser de otra pasta. Pues no: antes que santa, doctora de la Iglesia o mística, Teresa era simplemente un ser humano de carne y hueso, como todos nosotros. Decir esto parece una perogrullada. Pero, si olvidamos esa perogrullada, todas las grandezas de Dios parecen no pertenecer a esta tierra nuestra. Y acabamos creyendo que no nos atañen a nosotros, sino a seres de otra galaxia.

Por eso creo que no es bueno leer a Teresa olvidando sus cartas: ellas tienen una espontaneidad que no podían tener sus otros escritos, expuestos al ojo escrutador de inquisidores y teólogos. En ellas se permite referirse al Nuncio como “Melquisedec”, a los miembros de la inquisición como “los ángeles”, o a los calzados como “los del paño”. Allí confiesa también que “a una monja descontenta yo la temo más que a muchos demonios”. Cuando hacen provincial a un fraile que ha tratado mal a sus monjas comenta con sorna: “debe ser porque tiene más cualidades que otros para hacer mártires”. Y cuando ve a otro fraile muy seguro sobre la admisión de una postulanta, porque cree que “en viéndola la conocerá”, le para los pies diciéndole que “no somos tan fáciles de conocer las mujeres”…

Otras cartas reflejan su lucha para conseguir que no se impusieran a las monjas confesores obligados: “que yo temo más que pierdan el gran contento con que nuestro Señor las lleva…”. O expresan su alegría por “que mande nuestro padre que coman carne las dos de mucha oración”: pues considera que todo eso de los arrobamientos “no me parece más oración”. Reconoce también que “mozas con viejas no se pueden hallar bien”; por eso dice a su querido Jerónimo Gracián que se espanta de “cómo no se cansa de mí”. Pero se tranquiliza pensando que eso es una gracia que Dios le concede, para que “pueda pasar la vida que me da con tan poca salud y contento, si no es en esto”.
Sus complicidades afectivas con Gracián (con pseudónimos y todo) darían para análisis más detenidos. Pero al menos apuntemos que a veces se pone hasta pesada quejándose porque le escribe poco; otras veces le explica cuánto le apena que tenga dolor de muelas “porque tengo harta experiencia de cuán sensible dolor es” y si tienes una sola dañada “suele parecer que lo están todas”; o le pregunta “si ha caído en ponerse más ropa, que hace ya frío”. Hacia el fin de su vida reconocerá que ha aprendido a gobernar y no es la que antes era: ahora “todo va con amor”, aunque no sabe si ello se debe “a que no me hacen por qué” (no me crean problemas) o a que, por fin, “ha entendido que así se remedia mejor”.

Baste como conclusión que la más profunda experiencia mística no es incompatible ni con el sentido común, ni con la ironía o la lucha por lo que se cree justo, ni con un carácter enérgico o una afectividad difícil de controlar y con tendencia posesiva… En una palabra: no es incompatible con ser como somos todos. Una amiga, maestra en grafología, me contó que, cuando vio por primera vez la letra de Teresa, su impresión fue de susto porque traslucía “gran sexualidad y afán de poder”. Después comprendí -me explicó- que las personas no somos nuestro carácter ni nuestras pasiones, sino lo que cada cual hace con esos materiales, y que ahí está la grandeza de nuestra libertad. De hecho, con ese temperamento, Teresa escribe en sus reglas que “la priora sea la primera en barrer”, en aquella época en que tantas prioras (hijas naturales de nobles discretamente camufladas), tenían sus sirvientas que les barrían la celda mientras ellas “contemplaban”. ¿Qué contemplarían?...
Esto permite comprender que “los pucheros” no están sólo fuera de nosotros, sino que el Señor anda también en ese complejo puchero que cada uno somos, donde se puede cocer una humanidad de muy buen sabor. Decir que entre los pucheros anda el Señor no significa sacralizar los pucheros, sino divinizar el trabajo hecho con ellos: simplemente porque ese trabajo servirá para alimentar a otros. De hecho, Teresa se lo dice a las hermanas que han de trabajar en la cocina.
Apasionada y dueña de sí, doméstica y entrañable, perseguida y de buen humor, contemplativa y activa, fue también suficientemente sabia como para entender que si a un rico le dicen que modere su plato para que puedan comer los pobres “sacará mil razones para no entender eso sino a su propósito”: porque a los ricos “sus hechos les tienen ciegos”.

Antaño tuve la paciencia de leerme todas las acusaciones que contra ella se presentaron a la inquisición (aquel famoso Orellana que creía jugarse su salvación eterna si no la acusaba…). Hoy disfruto pensando qué es lo que (en esa otra dimensión del más-allá) sentirá aquel acusador viendo a Teresa doctora de la Iglesia y quedando él como analfabeto teológico. Que es lo que son tantos afanes inquisitoriales, de ayer y de hoy.

José Ignacio González Faus


Bendigo al Señor en todo momento.

Sal 33, 2-3. 16-17. 18-19 

Bendigo al Señor en todo momento.
Bendigo al Señor en todo momento, 
su alabanza está siempre en mi boca; 
mi alma se gloria en el Señor: 
que los humildes lo escuchen y se alegren.
Bendigo al Señor en todo momento.
Los ojos del Señor miran a los justos, 
sus oídos escuchan sus gritos; 
pero el Señor se enfrenta con los malhechores, 
para borrar de la tierra su memoria.
Bendigo al Señor en todo momento.
Cuando uno grita, el Señor lo escucha 
y lo libra de sus angustias; 
el Señor está cerca de los atribulados, 
salva a los abatidos.
Bendigo al Señor en todo momento.


Somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer


Lectura del santo evangelio según san Lucas 17, 7-10
En aquel tiempo, dijo el Señor:
-«Suponed que un criado vuestro trabaja como labrador o como pastor; cuando vuelve del campo, ¿quién de vosotros le dice: "En seguida, ven y ponte a la mesa"?
¿No le diréis: "Prepárame de cenar, cíñete y sírveme mientras como y bebo, y después comerás y beberás tú"?
¿Tenéis que estar agradecidos al criado porque ha hecho lo mandado? Lo mismo vosotros: Cuando hayáis hecho todo lo mandado, decid: "Somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer. "
Palabra del Señor.

lunes, 9 de noviembre de 2015

Historia de la devoción a la Virgen de la Almudena


Cuenta la historia que los habitantes cristianos del entonces pequeño pueblo llamado Magerit, ante la llegada de la invasión musulmana entre los años 712 y 714, escondieron imágenes, vasos sagrados y otros objetos litúrgicos. También ocultaron la imagen de la Virgen de la Vega, venerada por los habitantes del lugar, en un cubo de la muralla para preservarla de todo mal. La tradición añade que, con ella, ocultaron dos velas encendidas.

En 1083, al conquistar Magerit el rey Alfonso VI, comenzó a escuchar esta historia. E hizo un voto: si conquistaba Toledo, buscaría la imagen de la Virgen. Mientras, pintó en el muro de la antigua mezquita una imagen de la Madre de Dios, para que se la rindiese culto: imagen que hoy se conserva en la cripta de la Catedral de la Almudena, conocida como Nuestra Señora de la Flor de Lis. 

Conquistado Toledo en 1085, Alfonso VI regresa a Magerit dispuesto a cumplir su promesa. El 9 de noviembre, una solemne procesión, en la que participó el rey y su corte,
caminaba frente a la muralla; al pasar por el cubo de la misma, con gran ruido se cayó un trozo de piedras y apareció la imagen de la Virgen, con los cirios encendidos.

La imagen encontrada en la muralla se destruyó en un incendio. La actual es de finales del XVI, tallada en madera de pino y de autor desconocido.

En 1640 se funda la Congregación de la Real Esclavitud de Santa María la Real de la Almudena.

En 1912 la Infanta María Teresa de Borbón crea la Corte de Honor de Santa María la Real de la Almudena.

Cuando solamente me quedas Tú

Necesitamos ayuda y consuelo. Los buscamos entre los hombres, sin resultados, en muchas ocasiones.
La vida golpea continuamente. Ayer fue un compañero que nos cerró la puerta. Hoy es un "amigo” que no quiere saber nada de nuestro problema. Mañana... da miedo pensar cuál será la próxima sorpresa.
Sé, sin embargo, que hay Alguien que me apoya siempre, que está a mi lado, que me ofrece su brazo, que me levanta en las caídas, que me consuela plenamente.
Dios es fiel. Lo sé desde que leí el Evangelio, desde que escuché las palabras de ternura del Hijo del Padre. Su presencia, sus milagros, su agonía, su triunfo, son también míos.
Ya no camino en la incerteza. Está abierta la gran puerta de la esperanza. Tengo un Consolador que no me deja. Puedo confiar y seguir adelante.
Cuando solamente me quedas Tú, aprendo a desprenderme de las falsas "seguridades” humanas. He comprendido lo débil que es el corazón humano, su terrible capacidad de cobardías y traiciones.
En cambio, Tú eres fiel y bueno. Tú eres el verdadero Amigo que das la vida, también por el débil, por el pecador, por el necesitado.
Jesús, llega el momento de dar un paso hacia el abandono. Me pongo en tus manos, como tantos hombres y mujeres del pasado y del presente.
Ya no hay noche en mi corazón. Camino apoyado en Ti, Buen Pastor que me sostienes entre tus brazos...

 P. Fernando Pascual

Según un estudio de la universidad de Chicago. Los niños religiosos son más egoístas y agresivos que los ateos

Un estudio que dará mucho de qué hablar socava las extendidas creencias sobre el vínculo entre religión y moralidad: los niños religiosos son más egoístas que los seculares, aseguran los investigadores.
Esa fue la conclusión a la que arribaron académicos de siete universidades de todo el mundo tras estudiar más de 1,000 niños cristianos, musulmanes y no religiosos de todo el mundo, para poner a prueba la relación entre la religión y la moralidad.
"En general, nuestros resultados contradicen el sentido común...y la popular suposición de que los niños de hogares religiosos son más altruistas y amables con los demás", dijeron los autores de la investigación, titulada Asociación Negativa entre religiosidad y altruismo de niños en todo el mundo, publicado esta semana en la revista Current Biology y reseñado por el diario británico The Guardian.
Lo que es más sorprendente aún: los investigadores determinaron que la creencia religiosa es una influencia negativa en el altruismo de los niños.
"En términos más generales, [los resultados] cuestionan si la religión es vital para el desarrollo moral, respaldando la idea de que la secularización del discurso moral no reducirá la bondad humana - de hecho, hará justo lo contrario", indicaron los autores del estudio.
Un total de 1,170 niños, de edades comprendidas entre los cinco y 12 años participaron en la investigación, que se llevó a cabo en Estados Unidos, Canadá, China, Jordania, Turquía y Sudáfrica. Casi el 24% eran cristianos, 43% musulmanes, y el 27,6% no religiosos. El número de judíos, budistas, hindúes, los niños agnósticos y otros eran demasiado pequeño para ser estadísticamente válido.
Como parte de un juego conocido en psicología como "el juego del dictador" a los niños se les pidió elegir pegatinas y luego se les dijo que no había suficiente para todos en su escuela, para ver si iban a compartir. También se les mostró una película donde aparecían pequeños empujando y chocando entre sí para medir sus respuestas.
Los hallazgos "demostraron sólidamente que los niños de hogares identificados como de una de las dos principales religiones del mundo (cristianismo e islamismo) fueron menos altruistas que los niños de hogares no religiosos", señalaron los investigadores.
Los niños más grandes, que por lo general ya han tenido una mayor exposición a la religión "exhibieron las mayores relaciones negativas".
El estudio también determinó que "la religiosidad afecta las tendencias punitivas de los niños". Los niños de las familias religiosas "con frecuencia parecen ser más crítico de las acciones de los demás", de acuerdo con los investigadores.
Los investigadores llegaron a esa conclusión tras analizar los resultados del experimento con el video. Curiosamente los niños musulmanes pensaban que las acciones dañinas eran peores y creían que merecían el castigo más severo en comparación con los otros niños cristianos y seculares. Los cristianos juzgaron el daño con más severidad que los niños seculares, aunque no hubo diferencias en sus calificaciones punitivas.
Esto es consistente con el fundamentalismo, según los expertos. En general, los niños religiosos son menos tolerantes de las acciones perjudiciales y favorecieron las penas duras.
El proyecto estuvo dirigido por el profesor Jean Decety, un neurocientífico de la Universidad de Chicago, quien originalmente no tenía como objetivo comparar el comportamiento moral. "Yo estaba más interesado en saber si iba a encontrar diferencias en la empatía o compartir, en función de la cultura", relató a Forbes.
El trabajo de Decety muestra que la educación forma la moral temprano en la vida. Esto incluye altruismo, o sea, las acciones que benefician a un destinatario a un costo para el que las realiza. Los niños aprenden los valores y creencias religiosas de su familia y la comunidad, a través de rituales como ir a la iglesia. Su hipótesis era que si la religión promueve la moralidad, los niños de familias religiosas debían tener tendencias altruistas fuertes.
Entonces, ¿por qué las personas religiosas son menos morales, según el estudio?Un factor es un fenómeno psicológico conocido como "licencia moral": una persona justificará que hizo algo malo o inmoral -como ser racista- porque ya ha hecho algo "bueno", como rezar. "Es un sesgo inconsciente", explica Decety. "Ni siquiera ven que no es compatible con lo que han estado aprendiendo en la iglesia."
Según el Pew Research Center, la mayoría de personas en todo el mundo piensa que es necesario creer en Dios para ser una persona moral. En EEUU el 53% de los adultos piensan que la fe en Dios es necesaria para la moralidad, una cifra que se elevó a siete de cada 10 adultos en el Medio Oriente y a las tres cuartas partes de los adultos en seis países africanos encuestados por Pew.

(RD/Agencias)

«Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.»

Lectura del santo evangelio según san Juan 2, 13-22
Se acercaba la Pascua de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo:
-«Quitad esto de aquí; no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre.»
Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: «El celo de tu casa me devora.»
Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron:
-«¿Qué signos nos muestras para obrar así?»
Jesús contestó:
-«Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.»
Los judíos replicaron:
-«Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?»
Pero él hablaba del templo de su cuerpo. Y, cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y dieron fe a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús.
Palabra del Señor.

domingo, 8 de noviembre de 2015

El prefecto de Doctrina de la Fe niega que haya cardenales contrarios a Francisco

Müller carga contra la prensa: "Entre los vaticanistas hay muchos tontos, no hay oposición al Papa"

"Los que hablan de luchas entre conservadores y progresistas no saben mucho de teología católica"

El prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Gerhard Ludwig Müller, desestimó que entre los cardenales existaoposición a los planteamientos del PapaFrancisco, tal como han señalado versiones de investigadores conocidas en las últimas semanas.
"Esto viene de algunos vaticanistas. No hay oposición en contra del Papa. Eso sería un absurdo absoluto. Los cardenales están encargados de dar su vida para el Papa. Eso lo explica todo", afirmó, durante una entrevista concedida al diario "El Mercurio" .
Quien encabeza una de las instituciones más poderosas del Vaticano fustigó a quienes difunden tales versiones.
"Entre los vaticanistas hay muchos tontos. Están más interesados en ganar, con sus especulaciones, dinero, que en el bien de la Iglesia. Es mi experiencia", afirmó.
Müller, quien se encuentra de visita en Chile, consideró "normal" que cardenales envíen misivas al Pontífice en las que planteen sus observaciones, tal como ocurrió en el reciente sínodo.
"Cuando algunos cardenales escriben una carta al Papa, solo el Papa es el destinatario. Todos los cardenales y los obispos tienen derecho a escribirle al Papa algunas observaciones. Para mí es una cosa muy normal. Lo no normal es publicarlo o construir ideas raras de una lucha o una guerra", aseveró.
Del mismo modo, descartó que exista un conflicto entre "conservadores" y "progresistas" al interior de la Iglesia Católica.
"Los que hablan mucho de las luchas entre conservadores y progresistas no saben mucho de la teología católica. Confunden la teología católica y a la Iglesia con una organización política, mundana", advirtió.
"El Santo Padre habla siempre contra la mundanización de la Iglesia. Lo que hacen esos vaticanistas es una mundanización y politización de la Iglesia", agregó.



No se puede dar culto a Dios y causar daño a los pobres, o anteponer al amor a Dios el propio interés, dijo el Papa en el Ángelus

Queridos hermanos y  hermanas ¡buenos días, con este lindo sol!
El episodio del Evangelio de este domingo se compone de dos partes: en una se describe cómo no deben ser los seguidores de Cristo; en la otra, se propone un ideal ejemplar de cristiano.
Comencemos por la primera, qué cosa no tenemos que hacer: en la primera parte, Jesús adeuda a los escribas, maestros de la ley, tres defectos que se manifiestan en su estilo de vida: soberbia, avidez e hipocresía. A ellos «les gusta pasearse con largas vestiduras, ser saludados en las plazas y ocupar los primeros asientos en las sinagogas y los banquetes» (Mc 12,38-39). Pero, bajo apariencias tan solemnes, se esconden falsedad e injusticia. Mientras se pavonean en público, usan su autoridad – así dice Jesús - para «devorar los bienes de las viudas» (cfr v 40), a las que se consideraba, junto con los huérfanos y los extranjeros, como a las personas más indefensas y desamparadas. En fin, los escribas – dice Jesús -  «fingen hacer largas oraciones» (v 40).
También hoy existe el riesgo de asumir estas conductas. Por ejemplo, cuando se separa la oración de la justicia, porque no se puede rendir culto a Dios y causar daño a los pobres. O cuando se dice que se ama a Dios y, sin embargo, se antepone a Él la propia vanagloria, el propio provecho.
Y en esta línea, se coloca la segunda parte del Evangelio de hoy. La escena se ambienta en el templo de Jerusalén, precisamente en el lugar donde la gente echaba las monedas como oferta. Hay muchos ricos que echan tantas monedas y hay una pobre mujer, viuda, que da apenas dos pequeñas monedas. Jesús observa atentamente a esa mujer y llama la atención de los discípulos sobre el contraste neto de la escena. Los ricos han dado, con gran ostentación, lo que para ellos era superfluo, mientras que la viuda, con discreción  y humildad, ha dado «todo lo que tenía para vivir» (v 44); por ello – dice Jesús – ella ha dado más que todos. Debido a su extrema pobreza, hubiera podido ofrecer una sola moneda para el templo y quedarse con la otra. Pero ella no quiere hacer a medias con Dios: se priva de todo. En su pobreza ha comprendido que, teniendo a Dios, lo tiene todo; se siente amada totalmente por Él y, a su vez, lo ama totalmente. ¡Qué lindo ejemplo esa viejita, lindo ejemplo!
Jesús, hoy, nos dice también a nosotros que el metro de juicio no es la cantidad, sino la plenitud. Hay una diferencia entre cantidad y plenitud. Tú puedes tener tanto dinero, pero ser una persona vacía. No hay plenitud en tu corazón. Piensen esta semana en la diferencia que hay entre cantidad y plenitud.  No es cosa de billetera, sino de corazón. Hay diferencia entre billetera y corazón… Hay enfermedades cardiacas  que hacen que el corazón se baje hasta la billetera… ¡Y esto no va bien! Amar a Dios «con todo el corazón» significa confiar en Él, en su providencia, y servirlo en los hermanos más pobres, sin esperarnos nada a cambio.

Permítanme que cuente una anécdota, que sucedió en mi diócesis precedente. Estaban en la mesa una mamá con sus tres hijos; el papá estaba en el trabajo; estaban comiendo milanesas… Ese en ese momento, llaman a la puerta y uno de los hijos – chicos, 5, 6 años, 7 años, el más grande – viene y dice: «Mamá, hay un mendigo que pide comida». Y la mamá, una buena cristiana, les pregunta: «¿qué hacemos? – Démosle mamá… Bien… Agarra el tenedor y el cuchillo y les quita la mitad de cada milanesa. ¡Ah, non, mamá no! ¡Así no! Agarra de la refrigeradora - ¡No! ¡Preparamos tres sándwiches  así! Y los hijos aprendieron que la verdadera caridad se hace no con lo que nos sobra, sino con lo que nos es necesario. Estoy seguro de que esa tarde tuvieron un poco de hambre.. ¡pero, así se hace!
Ante las necesidades del prójimo, estamos llamados a privarnos – como esos niños, de la mitad de la milanesa – de algo indispensable, no sólo de lo superfluo; estamos llamados a dar el tiempo necesario, no sólo el que nos sobra; estamos llamados a dar enseguida sin reservas algún talento nuestro, no después de haberlo utilizado para nuestros objetivos personales o de grupo.
Pidamos al Señor que nos admita a la escuela de esta pobre viuda, que Jesús, entre el desconcierto de los discípulos, hace subir a la cátedra y presenta como maestra de Evangelio vivo. Por intercesión de María, la mujer pobre que ha dado toda su vida a Dios por nosotros, pidamos el don de un corazón pobre, pero rico de una generosidad alegre y gratuita. (Traducción del italiano: Cecilia de Malak - Radio Vaticana)


La fecundidad de lo pequeño

La cultura actual es partidaria del éxito; siempre se desea apostar por el ganador, y se mira con insistencia a las empresas con buenos resultados. Se siente halago en el triunfo, y cierta nostalgia, por no decir envidia, cuando llegan noticias de comunidades religiosas florecientes.
Ciframos el éxito de nuestro trabajo en los resultados, y tenemos por negativa la evaluación que no suponga crecimiento.
Hoy se sufre en la Iglesia el éxodo. No se llenan los templos, ni los noviciados; escasean las vocaciones, aunque la estadística señale últimamente cierto crecimiento. En el mundo rural se vive la experiencia de la soledad y de la debilidad, pues en él queda solo una generación mayor porque las familias jóvenes buscan los centros educativos para sus hijos.
En estas coordenadas, sorprenden los relatos bíblicos. Tanto la primera lectura como el Evangelio proponen el protagonismo de dos mujeres viudas y pobres, a las que les queda solamente un poco de aceite y de harina en el caso de la de Sarepta, y solamente dos reales, en el caso de la viuda del templo.
De natural, es difícil abrazar la minoridad, la descalcez, y sin embargo, en los ejemplos propuestos, se nos describe la relación entre pobreza y bendición. “El profeta Elías se puso en camino hacia Sarepta, y, al llegar a la puerta de la ciudad, encontró allí una viuda que recogía leña. La llamó y le dijo: -«Por favor, tráeme un poco de agua en un jarro para que beba.» Mientras iba a buscarla, le gritó: -«Por favor, tráeme también en la mano un trozo de pan.» Respondió ella: -«Te juro por el Señor, tu Dios, que no tengo ni pan; me queda sólo un puñado de harina en el cántaro y un poco de aceite en la alcuza. (1Re 17, 10- 13)
El salmista canta: “El Señor sustenta al huérfano y a la viuda” (Sal 145). Y Jesús ensalza a quien a los ojos humanos ha echado dos reales de limosna en el Templo. “Estando Jesús sentado enfrente del arca de las ofrendas, observaba a la gente que iba echando dinero: muchos ricos echaban en cantidad; se acercó una viuda pobre y echó dos reales. Llamando a sus discípulos, les dijo: -«Os aseguro que esa pobre viuda ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie” (Mc 12, 42-44).
Las categorías del Evangelio son muy distintas a las nuestras; como dirá Jesús en otro pasaje, nosotros pensamos como humanos, no como Dios. Dios valora lo humilde, lo sencillo, lo pequeño: da la primogenitura a los segundones, escoge a las estériles, bendice a las viudas. El Maestro nos ofrece la enseñanza de la paradoja: los últimos son los primeros, los soberbios son desplazados por los humildes, los ricos, por los pobres; los señores, por los siervos.
¿Cómo valoras tu situación, con los ojos humanos, o con la mirada de Dios?

 Ángel Moreno de Buenafuente