miércoles, 11 de noviembre de 2015

¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios?


Lectura del santo evangelio según san Lucas 17, 11-19
Yendo Jesús camino de Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea. Cuando iba a entrar en un pueblo, vinieron a su encuentro diez leprosos, que se pararon a lo lejos y a gritos le decían:
-«Jesús, maestro, ten compasión de nosotros.»
Al verlos, les dijo:
-«Id a presentaros a los sacerdotes.»
Y, mientras iban de camino, quedaron limpios. Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos y se echó por tierra a los pies de Jesús, dándole gracias.
Éste era un samaritano.
Jesús tomó la palabra y dijo:
-«¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios? »
Y le dijo:
-«Levántate, vete; tu fe te ha salvado.»
Palabra del Señor.

martes, 10 de noviembre de 2015

No hay quien ponga barreras al sueño de una esperanza.

Mística entre pucheros


Es conocida la frase de Teresa de Jesús: “también entre los pucheros anda el Señor” (Fundaciones 5,8). Pero la entenderemos mal si pensamos que eso le ocurría a ella sola, porque debía ser de otra pasta. Pues no: antes que santa, doctora de la Iglesia o mística, Teresa era simplemente un ser humano de carne y hueso, como todos nosotros. Decir esto parece una perogrullada. Pero, si olvidamos esa perogrullada, todas las grandezas de Dios parecen no pertenecer a esta tierra nuestra. Y acabamos creyendo que no nos atañen a nosotros, sino a seres de otra galaxia.

Por eso creo que no es bueno leer a Teresa olvidando sus cartas: ellas tienen una espontaneidad que no podían tener sus otros escritos, expuestos al ojo escrutador de inquisidores y teólogos. En ellas se permite referirse al Nuncio como “Melquisedec”, a los miembros de la inquisición como “los ángeles”, o a los calzados como “los del paño”. Allí confiesa también que “a una monja descontenta yo la temo más que a muchos demonios”. Cuando hacen provincial a un fraile que ha tratado mal a sus monjas comenta con sorna: “debe ser porque tiene más cualidades que otros para hacer mártires”. Y cuando ve a otro fraile muy seguro sobre la admisión de una postulanta, porque cree que “en viéndola la conocerá”, le para los pies diciéndole que “no somos tan fáciles de conocer las mujeres”…

Otras cartas reflejan su lucha para conseguir que no se impusieran a las monjas confesores obligados: “que yo temo más que pierdan el gran contento con que nuestro Señor las lleva…”. O expresan su alegría por “que mande nuestro padre que coman carne las dos de mucha oración”: pues considera que todo eso de los arrobamientos “no me parece más oración”. Reconoce también que “mozas con viejas no se pueden hallar bien”; por eso dice a su querido Jerónimo Gracián que se espanta de “cómo no se cansa de mí”. Pero se tranquiliza pensando que eso es una gracia que Dios le concede, para que “pueda pasar la vida que me da con tan poca salud y contento, si no es en esto”.
Sus complicidades afectivas con Gracián (con pseudónimos y todo) darían para análisis más detenidos. Pero al menos apuntemos que a veces se pone hasta pesada quejándose porque le escribe poco; otras veces le explica cuánto le apena que tenga dolor de muelas “porque tengo harta experiencia de cuán sensible dolor es” y si tienes una sola dañada “suele parecer que lo están todas”; o le pregunta “si ha caído en ponerse más ropa, que hace ya frío”. Hacia el fin de su vida reconocerá que ha aprendido a gobernar y no es la que antes era: ahora “todo va con amor”, aunque no sabe si ello se debe “a que no me hacen por qué” (no me crean problemas) o a que, por fin, “ha entendido que así se remedia mejor”.

Baste como conclusión que la más profunda experiencia mística no es incompatible ni con el sentido común, ni con la ironía o la lucha por lo que se cree justo, ni con un carácter enérgico o una afectividad difícil de controlar y con tendencia posesiva… En una palabra: no es incompatible con ser como somos todos. Una amiga, maestra en grafología, me contó que, cuando vio por primera vez la letra de Teresa, su impresión fue de susto porque traslucía “gran sexualidad y afán de poder”. Después comprendí -me explicó- que las personas no somos nuestro carácter ni nuestras pasiones, sino lo que cada cual hace con esos materiales, y que ahí está la grandeza de nuestra libertad. De hecho, con ese temperamento, Teresa escribe en sus reglas que “la priora sea la primera en barrer”, en aquella época en que tantas prioras (hijas naturales de nobles discretamente camufladas), tenían sus sirvientas que les barrían la celda mientras ellas “contemplaban”. ¿Qué contemplarían?...
Esto permite comprender que “los pucheros” no están sólo fuera de nosotros, sino que el Señor anda también en ese complejo puchero que cada uno somos, donde se puede cocer una humanidad de muy buen sabor. Decir que entre los pucheros anda el Señor no significa sacralizar los pucheros, sino divinizar el trabajo hecho con ellos: simplemente porque ese trabajo servirá para alimentar a otros. De hecho, Teresa se lo dice a las hermanas que han de trabajar en la cocina.
Apasionada y dueña de sí, doméstica y entrañable, perseguida y de buen humor, contemplativa y activa, fue también suficientemente sabia como para entender que si a un rico le dicen que modere su plato para que puedan comer los pobres “sacará mil razones para no entender eso sino a su propósito”: porque a los ricos “sus hechos les tienen ciegos”.

Antaño tuve la paciencia de leerme todas las acusaciones que contra ella se presentaron a la inquisición (aquel famoso Orellana que creía jugarse su salvación eterna si no la acusaba…). Hoy disfruto pensando qué es lo que (en esa otra dimensión del más-allá) sentirá aquel acusador viendo a Teresa doctora de la Iglesia y quedando él como analfabeto teológico. Que es lo que son tantos afanes inquisitoriales, de ayer y de hoy.

José Ignacio González Faus


Bendigo al Señor en todo momento.

Sal 33, 2-3. 16-17. 18-19 

Bendigo al Señor en todo momento.
Bendigo al Señor en todo momento, 
su alabanza está siempre en mi boca; 
mi alma se gloria en el Señor: 
que los humildes lo escuchen y se alegren.
Bendigo al Señor en todo momento.
Los ojos del Señor miran a los justos, 
sus oídos escuchan sus gritos; 
pero el Señor se enfrenta con los malhechores, 
para borrar de la tierra su memoria.
Bendigo al Señor en todo momento.
Cuando uno grita, el Señor lo escucha 
y lo libra de sus angustias; 
el Señor está cerca de los atribulados, 
salva a los abatidos.
Bendigo al Señor en todo momento.


Somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer


Lectura del santo evangelio según san Lucas 17, 7-10
En aquel tiempo, dijo el Señor:
-«Suponed que un criado vuestro trabaja como labrador o como pastor; cuando vuelve del campo, ¿quién de vosotros le dice: "En seguida, ven y ponte a la mesa"?
¿No le diréis: "Prepárame de cenar, cíñete y sírveme mientras como y bebo, y después comerás y beberás tú"?
¿Tenéis que estar agradecidos al criado porque ha hecho lo mandado? Lo mismo vosotros: Cuando hayáis hecho todo lo mandado, decid: "Somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer. "
Palabra del Señor.

lunes, 9 de noviembre de 2015

Historia de la devoción a la Virgen de la Almudena


Cuenta la historia que los habitantes cristianos del entonces pequeño pueblo llamado Magerit, ante la llegada de la invasión musulmana entre los años 712 y 714, escondieron imágenes, vasos sagrados y otros objetos litúrgicos. También ocultaron la imagen de la Virgen de la Vega, venerada por los habitantes del lugar, en un cubo de la muralla para preservarla de todo mal. La tradición añade que, con ella, ocultaron dos velas encendidas.

En 1083, al conquistar Magerit el rey Alfonso VI, comenzó a escuchar esta historia. E hizo un voto: si conquistaba Toledo, buscaría la imagen de la Virgen. Mientras, pintó en el muro de la antigua mezquita una imagen de la Madre de Dios, para que se la rindiese culto: imagen que hoy se conserva en la cripta de la Catedral de la Almudena, conocida como Nuestra Señora de la Flor de Lis. 

Conquistado Toledo en 1085, Alfonso VI regresa a Magerit dispuesto a cumplir su promesa. El 9 de noviembre, una solemne procesión, en la que participó el rey y su corte,
caminaba frente a la muralla; al pasar por el cubo de la misma, con gran ruido se cayó un trozo de piedras y apareció la imagen de la Virgen, con los cirios encendidos.

La imagen encontrada en la muralla se destruyó en un incendio. La actual es de finales del XVI, tallada en madera de pino y de autor desconocido.

En 1640 se funda la Congregación de la Real Esclavitud de Santa María la Real de la Almudena.

En 1912 la Infanta María Teresa de Borbón crea la Corte de Honor de Santa María la Real de la Almudena.

Cuando solamente me quedas Tú

Necesitamos ayuda y consuelo. Los buscamos entre los hombres, sin resultados, en muchas ocasiones.
La vida golpea continuamente. Ayer fue un compañero que nos cerró la puerta. Hoy es un "amigo” que no quiere saber nada de nuestro problema. Mañana... da miedo pensar cuál será la próxima sorpresa.
Sé, sin embargo, que hay Alguien que me apoya siempre, que está a mi lado, que me ofrece su brazo, que me levanta en las caídas, que me consuela plenamente.
Dios es fiel. Lo sé desde que leí el Evangelio, desde que escuché las palabras de ternura del Hijo del Padre. Su presencia, sus milagros, su agonía, su triunfo, son también míos.
Ya no camino en la incerteza. Está abierta la gran puerta de la esperanza. Tengo un Consolador que no me deja. Puedo confiar y seguir adelante.
Cuando solamente me quedas Tú, aprendo a desprenderme de las falsas "seguridades” humanas. He comprendido lo débil que es el corazón humano, su terrible capacidad de cobardías y traiciones.
En cambio, Tú eres fiel y bueno. Tú eres el verdadero Amigo que das la vida, también por el débil, por el pecador, por el necesitado.
Jesús, llega el momento de dar un paso hacia el abandono. Me pongo en tus manos, como tantos hombres y mujeres del pasado y del presente.
Ya no hay noche en mi corazón. Camino apoyado en Ti, Buen Pastor que me sostienes entre tus brazos...

 P. Fernando Pascual

Según un estudio de la universidad de Chicago. Los niños religiosos son más egoístas y agresivos que los ateos

Un estudio que dará mucho de qué hablar socava las extendidas creencias sobre el vínculo entre religión y moralidad: los niños religiosos son más egoístas que los seculares, aseguran los investigadores.
Esa fue la conclusión a la que arribaron académicos de siete universidades de todo el mundo tras estudiar más de 1,000 niños cristianos, musulmanes y no religiosos de todo el mundo, para poner a prueba la relación entre la religión y la moralidad.
"En general, nuestros resultados contradicen el sentido común...y la popular suposición de que los niños de hogares religiosos son más altruistas y amables con los demás", dijeron los autores de la investigación, titulada Asociación Negativa entre religiosidad y altruismo de niños en todo el mundo, publicado esta semana en la revista Current Biology y reseñado por el diario británico The Guardian.
Lo que es más sorprendente aún: los investigadores determinaron que la creencia religiosa es una influencia negativa en el altruismo de los niños.
"En términos más generales, [los resultados] cuestionan si la religión es vital para el desarrollo moral, respaldando la idea de que la secularización del discurso moral no reducirá la bondad humana - de hecho, hará justo lo contrario", indicaron los autores del estudio.
Un total de 1,170 niños, de edades comprendidas entre los cinco y 12 años participaron en la investigación, que se llevó a cabo en Estados Unidos, Canadá, China, Jordania, Turquía y Sudáfrica. Casi el 24% eran cristianos, 43% musulmanes, y el 27,6% no religiosos. El número de judíos, budistas, hindúes, los niños agnósticos y otros eran demasiado pequeño para ser estadísticamente válido.
Como parte de un juego conocido en psicología como "el juego del dictador" a los niños se les pidió elegir pegatinas y luego se les dijo que no había suficiente para todos en su escuela, para ver si iban a compartir. También se les mostró una película donde aparecían pequeños empujando y chocando entre sí para medir sus respuestas.
Los hallazgos "demostraron sólidamente que los niños de hogares identificados como de una de las dos principales religiones del mundo (cristianismo e islamismo) fueron menos altruistas que los niños de hogares no religiosos", señalaron los investigadores.
Los niños más grandes, que por lo general ya han tenido una mayor exposición a la religión "exhibieron las mayores relaciones negativas".
El estudio también determinó que "la religiosidad afecta las tendencias punitivas de los niños". Los niños de las familias religiosas "con frecuencia parecen ser más crítico de las acciones de los demás", de acuerdo con los investigadores.
Los investigadores llegaron a esa conclusión tras analizar los resultados del experimento con el video. Curiosamente los niños musulmanes pensaban que las acciones dañinas eran peores y creían que merecían el castigo más severo en comparación con los otros niños cristianos y seculares. Los cristianos juzgaron el daño con más severidad que los niños seculares, aunque no hubo diferencias en sus calificaciones punitivas.
Esto es consistente con el fundamentalismo, según los expertos. En general, los niños religiosos son menos tolerantes de las acciones perjudiciales y favorecieron las penas duras.
El proyecto estuvo dirigido por el profesor Jean Decety, un neurocientífico de la Universidad de Chicago, quien originalmente no tenía como objetivo comparar el comportamiento moral. "Yo estaba más interesado en saber si iba a encontrar diferencias en la empatía o compartir, en función de la cultura", relató a Forbes.
El trabajo de Decety muestra que la educación forma la moral temprano en la vida. Esto incluye altruismo, o sea, las acciones que benefician a un destinatario a un costo para el que las realiza. Los niños aprenden los valores y creencias religiosas de su familia y la comunidad, a través de rituales como ir a la iglesia. Su hipótesis era que si la religión promueve la moralidad, los niños de familias religiosas debían tener tendencias altruistas fuertes.
Entonces, ¿por qué las personas religiosas son menos morales, según el estudio?Un factor es un fenómeno psicológico conocido como "licencia moral": una persona justificará que hizo algo malo o inmoral -como ser racista- porque ya ha hecho algo "bueno", como rezar. "Es un sesgo inconsciente", explica Decety. "Ni siquiera ven que no es compatible con lo que han estado aprendiendo en la iglesia."
Según el Pew Research Center, la mayoría de personas en todo el mundo piensa que es necesario creer en Dios para ser una persona moral. En EEUU el 53% de los adultos piensan que la fe en Dios es necesaria para la moralidad, una cifra que se elevó a siete de cada 10 adultos en el Medio Oriente y a las tres cuartas partes de los adultos en seis países africanos encuestados por Pew.

(RD/Agencias)

«Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.»

Lectura del santo evangelio según san Juan 2, 13-22
Se acercaba la Pascua de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo:
-«Quitad esto de aquí; no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre.»
Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: «El celo de tu casa me devora.»
Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron:
-«¿Qué signos nos muestras para obrar así?»
Jesús contestó:
-«Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.»
Los judíos replicaron:
-«Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?»
Pero él hablaba del templo de su cuerpo. Y, cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y dieron fe a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús.
Palabra del Señor.

domingo, 8 de noviembre de 2015

El prefecto de Doctrina de la Fe niega que haya cardenales contrarios a Francisco

Müller carga contra la prensa: "Entre los vaticanistas hay muchos tontos, no hay oposición al Papa"

"Los que hablan de luchas entre conservadores y progresistas no saben mucho de teología católica"

El prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Gerhard Ludwig Müller, desestimó que entre los cardenales existaoposición a los planteamientos del PapaFrancisco, tal como han señalado versiones de investigadores conocidas en las últimas semanas.
"Esto viene de algunos vaticanistas. No hay oposición en contra del Papa. Eso sería un absurdo absoluto. Los cardenales están encargados de dar su vida para el Papa. Eso lo explica todo", afirmó, durante una entrevista concedida al diario "El Mercurio" .
Quien encabeza una de las instituciones más poderosas del Vaticano fustigó a quienes difunden tales versiones.
"Entre los vaticanistas hay muchos tontos. Están más interesados en ganar, con sus especulaciones, dinero, que en el bien de la Iglesia. Es mi experiencia", afirmó.
Müller, quien se encuentra de visita en Chile, consideró "normal" que cardenales envíen misivas al Pontífice en las que planteen sus observaciones, tal como ocurrió en el reciente sínodo.
"Cuando algunos cardenales escriben una carta al Papa, solo el Papa es el destinatario. Todos los cardenales y los obispos tienen derecho a escribirle al Papa algunas observaciones. Para mí es una cosa muy normal. Lo no normal es publicarlo o construir ideas raras de una lucha o una guerra", aseveró.
Del mismo modo, descartó que exista un conflicto entre "conservadores" y "progresistas" al interior de la Iglesia Católica.
"Los que hablan mucho de las luchas entre conservadores y progresistas no saben mucho de la teología católica. Confunden la teología católica y a la Iglesia con una organización política, mundana", advirtió.
"El Santo Padre habla siempre contra la mundanización de la Iglesia. Lo que hacen esos vaticanistas es una mundanización y politización de la Iglesia", agregó.



No se puede dar culto a Dios y causar daño a los pobres, o anteponer al amor a Dios el propio interés, dijo el Papa en el Ángelus

Queridos hermanos y  hermanas ¡buenos días, con este lindo sol!
El episodio del Evangelio de este domingo se compone de dos partes: en una se describe cómo no deben ser los seguidores de Cristo; en la otra, se propone un ideal ejemplar de cristiano.
Comencemos por la primera, qué cosa no tenemos que hacer: en la primera parte, Jesús adeuda a los escribas, maestros de la ley, tres defectos que se manifiestan en su estilo de vida: soberbia, avidez e hipocresía. A ellos «les gusta pasearse con largas vestiduras, ser saludados en las plazas y ocupar los primeros asientos en las sinagogas y los banquetes» (Mc 12,38-39). Pero, bajo apariencias tan solemnes, se esconden falsedad e injusticia. Mientras se pavonean en público, usan su autoridad – así dice Jesús - para «devorar los bienes de las viudas» (cfr v 40), a las que se consideraba, junto con los huérfanos y los extranjeros, como a las personas más indefensas y desamparadas. En fin, los escribas – dice Jesús -  «fingen hacer largas oraciones» (v 40).
También hoy existe el riesgo de asumir estas conductas. Por ejemplo, cuando se separa la oración de la justicia, porque no se puede rendir culto a Dios y causar daño a los pobres. O cuando se dice que se ama a Dios y, sin embargo, se antepone a Él la propia vanagloria, el propio provecho.
Y en esta línea, se coloca la segunda parte del Evangelio de hoy. La escena se ambienta en el templo de Jerusalén, precisamente en el lugar donde la gente echaba las monedas como oferta. Hay muchos ricos que echan tantas monedas y hay una pobre mujer, viuda, que da apenas dos pequeñas monedas. Jesús observa atentamente a esa mujer y llama la atención de los discípulos sobre el contraste neto de la escena. Los ricos han dado, con gran ostentación, lo que para ellos era superfluo, mientras que la viuda, con discreción  y humildad, ha dado «todo lo que tenía para vivir» (v 44); por ello – dice Jesús – ella ha dado más que todos. Debido a su extrema pobreza, hubiera podido ofrecer una sola moneda para el templo y quedarse con la otra. Pero ella no quiere hacer a medias con Dios: se priva de todo. En su pobreza ha comprendido que, teniendo a Dios, lo tiene todo; se siente amada totalmente por Él y, a su vez, lo ama totalmente. ¡Qué lindo ejemplo esa viejita, lindo ejemplo!
Jesús, hoy, nos dice también a nosotros que el metro de juicio no es la cantidad, sino la plenitud. Hay una diferencia entre cantidad y plenitud. Tú puedes tener tanto dinero, pero ser una persona vacía. No hay plenitud en tu corazón. Piensen esta semana en la diferencia que hay entre cantidad y plenitud.  No es cosa de billetera, sino de corazón. Hay diferencia entre billetera y corazón… Hay enfermedades cardiacas  que hacen que el corazón se baje hasta la billetera… ¡Y esto no va bien! Amar a Dios «con todo el corazón» significa confiar en Él, en su providencia, y servirlo en los hermanos más pobres, sin esperarnos nada a cambio.

Permítanme que cuente una anécdota, que sucedió en mi diócesis precedente. Estaban en la mesa una mamá con sus tres hijos; el papá estaba en el trabajo; estaban comiendo milanesas… Ese en ese momento, llaman a la puerta y uno de los hijos – chicos, 5, 6 años, 7 años, el más grande – viene y dice: «Mamá, hay un mendigo que pide comida». Y la mamá, una buena cristiana, les pregunta: «¿qué hacemos? – Démosle mamá… Bien… Agarra el tenedor y el cuchillo y les quita la mitad de cada milanesa. ¡Ah, non, mamá no! ¡Así no! Agarra de la refrigeradora - ¡No! ¡Preparamos tres sándwiches  así! Y los hijos aprendieron que la verdadera caridad se hace no con lo que nos sobra, sino con lo que nos es necesario. Estoy seguro de que esa tarde tuvieron un poco de hambre.. ¡pero, así se hace!
Ante las necesidades del prójimo, estamos llamados a privarnos – como esos niños, de la mitad de la milanesa – de algo indispensable, no sólo de lo superfluo; estamos llamados a dar el tiempo necesario, no sólo el que nos sobra; estamos llamados a dar enseguida sin reservas algún talento nuestro, no después de haberlo utilizado para nuestros objetivos personales o de grupo.
Pidamos al Señor que nos admita a la escuela de esta pobre viuda, que Jesús, entre el desconcierto de los discípulos, hace subir a la cátedra y presenta como maestra de Evangelio vivo. Por intercesión de María, la mujer pobre que ha dado toda su vida a Dios por nosotros, pidamos el don de un corazón pobre, pero rico de una generosidad alegre y gratuita. (Traducción del italiano: Cecilia de Malak - Radio Vaticana)


La fecundidad de lo pequeño

La cultura actual es partidaria del éxito; siempre se desea apostar por el ganador, y se mira con insistencia a las empresas con buenos resultados. Se siente halago en el triunfo, y cierta nostalgia, por no decir envidia, cuando llegan noticias de comunidades religiosas florecientes.
Ciframos el éxito de nuestro trabajo en los resultados, y tenemos por negativa la evaluación que no suponga crecimiento.
Hoy se sufre en la Iglesia el éxodo. No se llenan los templos, ni los noviciados; escasean las vocaciones, aunque la estadística señale últimamente cierto crecimiento. En el mundo rural se vive la experiencia de la soledad y de la debilidad, pues en él queda solo una generación mayor porque las familias jóvenes buscan los centros educativos para sus hijos.
En estas coordenadas, sorprenden los relatos bíblicos. Tanto la primera lectura como el Evangelio proponen el protagonismo de dos mujeres viudas y pobres, a las que les queda solamente un poco de aceite y de harina en el caso de la de Sarepta, y solamente dos reales, en el caso de la viuda del templo.
De natural, es difícil abrazar la minoridad, la descalcez, y sin embargo, en los ejemplos propuestos, se nos describe la relación entre pobreza y bendición. “El profeta Elías se puso en camino hacia Sarepta, y, al llegar a la puerta de la ciudad, encontró allí una viuda que recogía leña. La llamó y le dijo: -«Por favor, tráeme un poco de agua en un jarro para que beba.» Mientras iba a buscarla, le gritó: -«Por favor, tráeme también en la mano un trozo de pan.» Respondió ella: -«Te juro por el Señor, tu Dios, que no tengo ni pan; me queda sólo un puñado de harina en el cántaro y un poco de aceite en la alcuza. (1Re 17, 10- 13)
El salmista canta: “El Señor sustenta al huérfano y a la viuda” (Sal 145). Y Jesús ensalza a quien a los ojos humanos ha echado dos reales de limosna en el Templo. “Estando Jesús sentado enfrente del arca de las ofrendas, observaba a la gente que iba echando dinero: muchos ricos echaban en cantidad; se acercó una viuda pobre y echó dos reales. Llamando a sus discípulos, les dijo: -«Os aseguro que esa pobre viuda ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie” (Mc 12, 42-44).
Las categorías del Evangelio son muy distintas a las nuestras; como dirá Jesús en otro pasaje, nosotros pensamos como humanos, no como Dios. Dios valora lo humilde, lo sencillo, lo pequeño: da la primogenitura a los segundones, escoge a las estériles, bendice a las viudas. El Maestro nos ofrece la enseñanza de la paradoja: los últimos son los primeros, los soberbios son desplazados por los humildes, los ricos, por los pobres; los señores, por los siervos.
¿Cómo valoras tu situación, con los ojos humanos, o con la mirada de Dios?

 Ángel Moreno de Buenafuente

Contraste. José Antonio Pagola

El contraste entre las dos escenas es total. En la primera, Jesús pone a la gente en guardia frente a los escribas del templo. Su religión es falsa: la utilizan para buscar su propia gloria y explotar a los más débiles. No hay que admirarlos ni seguir su ejemplo. En la segunda, Jesús observa el gesto de una pobre viuda y llama a sus discípulos. De esta mujer pueden aprender algo que nunca les enseñarán los escribas: una fe total en Dios y una generosidad sin límites.

La crítica de Jesús a los escribas es dura. En vez de orientar al pueblo hacia Dios buscando su gloria, atraen la atención de la gente hacia sí mismos buscando su propio honor. Les gusta «pasearse con amplios ropajes» buscando saludos y reverencias de la gente. En la liturgia de las sinagogas y en los banquetes buscan «los asientos de honor» y «los primeros puestos».
Pero hay algo que, sin duda, le duele a Jesús más que este comportamiento fatuo y pueril de ser contemplados, saludados y reverenciados. Mientras aparentan una piedad profunda en sus «largos rezos» en público, se aprovechan de su prestigio religioso para vivir a costa de las viudas, los seres más débiles e indefensos de Israel según la tradición bíblica.

Precisamente, una de estas viudas va a poner en evidencia la religión corrupta de estos dirigentes religiosos. Su gesto ha pasado desapercibido a todos, pero no a Jesús. La pobre mujer solo ha echado en el arca de las ofrendas dos pequeñas monedas, pero Jesús llama enseguida a sus discípulos pues difícilmente encontrarán en el ambiente del templo un corazón más religioso y más solidario con los necesitados.
Esta viuda no anda buscando honores ni prestigio alguno; actúa de manera callada y humilde. No piensa en explotar a nadie; al contrario, da todo lo que tiene porque otros lo pueden necesitar. Según Jesús, ha dado más que nadie, pues no da lo que le sobra, sino «todo lo que tiene para vivir».

No nos equivoquemos. Estas personas sencillas, pero de corazón grande y generoso, que saben amar sin reservas, son lo mejor que tenemos en la Iglesia. Ellas son las que hacen el mundo más humano, las que creen de verdad en Dios, las que mantienen vivo el Espíritu de Jesús en medio de otras actitudes religiosas falsas e interesadas. De estas personas hemos de aprender a seguir a Jesús. Son las que más se le parecen.

José Antonio Pagola

Alaba, alma mía al Señor



Sal 145, 7. 8-9a. 9bc-10 

 Alaba, alma mía, al Señor.

Que mantiene su fidelidad perpetuamente, 
que hace justicia a los oprimidos,  
que da pan a los hambrientos.  
El Señor liberta a los cautivos.

Alaba, alma mía, al Señor.

El Señor abre los ojos al ciego,  
el Señor endereza a los que ya se doblan,  
el Señor ama a los justos,  
el Señor guarda a los peregrinos.

Alaba, alma mía, al Señor.

Sustenta al huérfano y a la viuda  
y trastorna el camino de los malvados.  
El Señor reina eternamente,  
tu Dios, Sión, de edad en edad.


Alaba, alma mía, al Señor.

Esta pobre viuda ha echado todo lo que tenía para vivir



Lectura del santo evangelio según san Marcos 12, 38-44

En aquel tiempo, entre lo que enseñaba Jesús a la gente, dijo:

_ «¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en la plaza, buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y devoran los bienes de las viudas, con pretexto de largos rezos. Éstos recibirán una sentencia más rigurosa.»

Estando Jesús sentado enfrente del arca de las ofrendas, observaba a la gente que iba echando dinero: muchos ricos echaban en cantidad; se acercó una viuda pobre y echó dos reales. Llamando a sus discípulos, les dijo:

- «Os aseguro que esa pobre viuda ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero ésta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir.»
Palabra de Dios