martes, 10 de marzo de 2015

El estilo de Dios es la humildad y el silencio, no el espectáculo

Dios actúa en la humildad y en el silencio, su estilo no es el espectáculo, reiteró el Papa Francisco en la Misa matutina en la Casa de Santa Marta. En el Evangelio del día, Jesús reprocha a los habitantes de Nazaret por su falta de fe. Al comienzo, lo escuchan con admiración, pero luego estalla ‘la ira, la indignación’:
«En aquel momento, a esta gente, que escuchaba con gusto lo que decía Jesús, no le gustó lo que decía a uno, dos o tres, y quizá algún chismoso se levantó y dijo: ‘¿Pero de qué viene a hablarnos éste? ¿Dónde estudió para decirnos estas cosas? ¡Que nos muestre su doctorado! ¿En qué Universidad estudió? Éste es el hijo del carpintero y lo conocemos bien’. Estalló la furia, también la violencia. Lo empujaron fuera de la ciudad, hasta un lugar escarpado de la colina, para despeñarlo».
Es un estilo que atraviesa ‘toda la historia de la salvación’
La primera lectura habla de Naamán, comandante del ejército sirio, leproso. El profeta Elíseo le dice que se bañe siete veces en el Jordán para sanarse y también él se indigna, porque pensaba en un gesto más grande. Luego escucha el consejo de los siervos, hace lo que el profeta le dice y la lepra desaparece. Tanto los habitantes de Nazaret como Naamán – señaló el Papa – ‘querían espectáculo’, pero ‘el estilo del buen Dios no es el de dar espectáculo: Dios actúa en la humildad, en el silencio, en las cosas pequeñas’. Ello a partir de la Creación, donde el Señor no agarra una ‘varilla mágica’, sino que crea al hombre ‘con el fango’. Es un estilo que atraviesa ‘toda la historia de la salvación’:
«Cuando quiso liberar a su pueblo, lo liberó por la fe y la confianza de un hombre, Moisés. Cuando quiso hacer caer la poderosa ciudad de Jericó, lo hizo a través de una prostituta. También para la conversión de los samaritanos pidió el trabajo de otra pecadora. Cuando él envió a David a luchar contra Goliat, parecía una locura: el pequeño David ante ese gigante, que tenía una espada, tenía tantas cosas. Y David sólo una honda y piedras. Cuando le dijo a los Magos que había nacido el Rey, el Gran Rey ¿qué encontraron ellos? A un niño, en un pesebre. Las cosas simples, la humildad de Dios, éste es el estilo divino, nunca el espectáculo».
Así actúa el Señor, en la humildad y lo mismo nos pide a nosotros
El Papa recordó que ‘también una de las tres tentaciones de Jesús en el desierto: el espectáculo’. Satanás lo invita a tirarse desde el pináculo del Templo para que, viendo el milagro, la gente pueda creer en Él. Pero ‘el Señor se revela en la sencillez y en la humildad’. ‘Nos hará bien en esta Cuaresma – concluyó el Papa Francisco – pensar en nuestra vida, sobre cómo el Señor nos ha ayudado,, cómo el Señor nos hecho ir adelante, y encontraremos que siempre lo ha hecho con cosas simples’:
«Así actúa el Señor: hace las cosas simplemente. Te habla silenciosamente al corazón. Recordemos en nuestra vida las tantas veces que hemos oído estas cosas: la humildad de Dios es su estilo.  Y también en la celebración litúrgica, en los sacramentos ¡qué lindo que es que se manifieste la humildad de Dios y no en el espectáculo mundano. Nos hará bien recorrer nuestra vida y pensar en las tantas veces que el Señor nos ha visitado con su gracia. Y siempre con este estilo humilde, el estilo que también Él nos pide a nosotros: la humildad».
(CdM – RV)

Un mundo donde las mujeres son marginadas es un mundo estéril, dijo el Papa

Después de rezar el Ángelus del III domingo de Cuaresma, el Obispo de Roma saludó cordialmente a los numerosos fieles, romanos y peregrinos procedentes de diversos países, presentes en una soleada Plaza de San Pedro casi primaveral.

El Santo Padre ofreció nuevamente una sugerencia para el tiempo litúrgico que estamos viendo con las siguientes palabras:
“Durante esta Cuaresma, tratemos de estar más cerca de las personas que están viviendo momentos de dificultad: cercanos con el afecto, la oración y la solidaridad”.

Además, el Papa Bergoglio dirigió unas palabras a las mujeres en su día internacional:
Hoy, 8 de marzo, ¡un saludo a todas las mujeres! A todas las mujeres que cada día tratan de construir una sociedad más humana y acogedora. Y también un gracias fraterno a las que de mil maneras testimonian el Evangelio y trabajan en la Iglesia. Y ésta es para nosotros una ocasión para reafirmar la importancia y la necesidad de su presencia en la vida. Un mundo donde las mujeres son marginadas es un mundo estéril, porque las mujeres no sólo traen la vida sino que nos transmiten la capacidad de ver más allá  – ven más allá de ellas –, nos transmiten la capacidad de entender el mundo con ojos diversos, sentir las cosas con corazón más creativo, más paciente, más tierno. ¡Una oración y una bendición especial para las mujeres aquí presentes en la Plaza y para todas las mujeres! ¡Un saludo!

A todos deseo feliz domingo. Por favor, no se olviden de rezar por mí. ¡Buen almuerzo y hasta la vista!
(María Fernanda Bernasconi - RV).


Construyamos a Dios un templo con nuestra vida: el Papa durante el Ángelus

¡Queridos hermanos y hermanas, buenos días!

El Evangelio de hoy nos presenta el episodio de la expulsión de los vendedores del templo.  Jesús  «hizo un látigo de cuerdas y los echó a todos del Templo, junto con sus ovejas y sus bueyes » (Jn
2,15). El dinero, todo. Este gesto suscitó una fuerte impresión, en la gente y los discípulos. Aparece claramente como un gesto profético, tan es así que algunos de los presentes preguntaron a Jesús: «¿Qué signo nos das para obrar así?» (v. 18) ¿Quién eres tú para actuar así? –  o sea una señal divina, prodigiosa que muestre a Jesús como enviado de Dios. Y  Él respondió:  «Destruyan este templo y en tres días lo volveré a levantar» (v. 19).  Le replicaron: «han sido necesarios cuarenta y seis años para construir este Templo,  ¿y tú lo vas a levantar en tres días?» (v. 20).  No habían entendido que el Señor se refería al templo vivo de su cuerpo, que habría sido destruído con la muerte en la cruz, pero que habría resucitado al tercer día. Por esto, en tres días.  

«Cuando Jesús resucitó -escribe el Evangelista-  sus discípulos recordaron que él había dicho esto, y creyeron en la Escritura y en la palabra que había pronunciado» (v. 22).
En efecto, este gesto de Jesús y su mensaje profético se entienden completamente a la luz de su Pascua.  Aquí tenemos, según el Evangelista Juan, el primer anuncio de la muerte y resurrección de Cristo: su cuerpo, destruído en la cruz por la violencia del pecado, en la Resurrección se convertirá en el lugar del encuentro universal entre Dios y los hombres. Y Cristo Resucitado es precisamente el lugar del encuentro universal - ¡de todos! -  entre Dios y los hombres. Por esto su humanidad es el verdadero templo, donde Dios se revela, habla, se deja encontrar; y los verdaderos adoradores de Dios no son los custodios del templo material, los detentores del poder y del saber religioso, sino aquellos que adoran a Dios «en espíritu y verdad» (Jn 4,23).

En este tiempo de Cuaresma nos estamos preparando para la celebración de la Pascua, donde renovaremos las promesas de nuestro Bautismo. Caminemos por el mundo como Jesús y hagamos de toda nuestra existencia un signo de su amor por nuestros hermanos, especialmente los más débiles y los más pobres,  nosotros construimos a Dios un templo en nuestra vida.  Y de esta manera lo hacemos “encontrable”  para tantas personas que encontramos en nuestro camino. 

Si somos testimonios de este Cristo vivo, mucha gente encontrará a Jesús en nosotros, en nuestro testimonio.  Pero – nos preguntamos  y cada uno de nosotros se puede preguntar – ¿en mi vida el Señor se siente verdaderamente a casa?.  ¿Lo dejamos hacer “limpieza” en nuestro corazón y expulsar a los ídolos, o sea aquellas actitudes de codicia, celos, mundanidad, envidia, odio, aquella costumbre de hablar mal de los otros? ¿Lo dejo hacer limpieza de todos los comportamientos contra Dios, contra el prójimo y contra nosotros mismos, como hoy hemos escuchado en la primera Lectura?

Cada uno se puede responder, en silencio en su corazón: “¿Dejo que Jesús haga un poco de limpieza en mi corazón?”. “ ¡Padre, tengo miedo que me apalee!”. Jesús jamás apalea. Jesús limpiará con ternura, con misericordia, con amor. La misericordia es su manera de limpiar. Dejemos, cada uno de nosotros, dejemos que el Señor entre con su misericordia - no con el látigo, no, con su misericordia -  a hacer limpieza en nuestros corazones.  El látigo de Jesús es su misericordia. Abrámosle la puerta para que limpie un poco.
Cada Eucaristía que celebramos con fe nos hace crecer como templo vivo del Señor, gracias a la comunión con su Cuerpo crucificado y resucitado. Jesús conoce aquello que hay en cada uno de nosotros, y conoce también  nuestro más ardiente anhelo: ser habitados por Él, sólo por Él. Dejémoslo entrar en nuestra vida, en nuestra familia, en nuestros corazones. Que María Santísima, morada privilegiada del Hijo de Dios, nos acompañe y nos sostenga en el itinerario cuaresmal, para que podamos redescubrir la belleza del encuentro con Cristo, que nos libra y nos salva.


domingo, 8 de marzo de 2015

«Venid a mi todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré». De San Agustín


Llega una mujer de Samaria a sacar agua. [...] Jesús le dice: «Dame de beber». Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida. La samaritana le dice: ¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?" Porque los judíos no se tratan con los samaritanos. [...].

Jesús le contestó: «Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú, y él te daría agua viva.» Le pedía de beber, y fue él mismo quien prometió darle el agua. Se presenta como quien tiene indigencia, como quien espera algo, y le promete abundancia, como quien está dispuesto a dar hasta la saciedad. Si conocieras —dice— el don de Dios. El don de Dios es el Espíritu Santo. A pesar de que no habla aún claramente a la mujer, ya va penetrando, poco a poco, en su corazón y ya la está adoctrinando. [...]


La mujer le dice: «Señor, dame esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla.» Por una parte, su indigencia la forzaba al trabajo, pero, por otra, su debilidad rehuía el trabajo. Ojalá hubiera podido escuchar: Venid a mi todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Esto era precisamente lo que Jesús quería darle a entender, para que no se sintiera ya agobiada.

De los tratados de san Agustín, obispo, sobre el evangelio de san Juan
(Tratado 15,10-12.16-17: CCL 36,154-156)

La Misa en una sola imagen


Por  Sr. Miguel Angel Yañez
Católicos firmes en su Fe

UN TEMPLO NUEVO

Los cuatro evangelistas se hacen eco del gesto provocativo de Jesús expulsando del templo a «vendedores» de animales y «cambistas» de dinero. No puede soportar ver la casa de su Padre llena de gentes que viven del culto. A Dios no se le compra con «sacrificios».

Pero Juan, el último evangelista, añade un diálogo con los judíos en el que Jesús afirma de manera solemne que, tras la destrucción del templo, él «lo levantará en tres días». Nadie puede entender lo que dice. Por eso, el evangelista añade: «Jesús hablaba del templo de su cuerpo».

No olvidemos que Juan está escribiendo su evangelio cuando el templo de Jerusalén lleva veinte o treinta años destruido. Muchos judíos se sienten huérfanos. El templo era el corazón de su religión. ¿Cómo podrán sobrevivir sin la presencia de Dios en medio del pueblo?

El evangelista recuerda a los seguidores de Jesús que ellos no han de sentir nostalgia del viejo templo. Jesús, «destruido» por las autoridades religiosas, pero «resucitado» por el Padre, es el «nuevo templo». No es una metáfora atrevida. Es una realidad que ha de marcar para siempre la relación de los cristianos con Dios.

Para quienes ven en Jesús el nuevo templo donde habita Dios, todo es diferente. Para encontrarse con Dios, no basta entrar en una iglesia. Es necesario acercarse a Jesús, entrar en su proyecto, seguir sus pasos, vivir con su espíritu.

En este nuevo templo que es Jesús, para adorar a Dios no bastan el incienso, las aclamaciones ni las liturgias solemnes. Los verdaderos adoradores son aquellos que viven ante Dios «en espíritu y en verdad». La verdadera adoración consiste en vivir con el «Espíritu» de Jesús en la «Verdad» del Evangelio. Sin esto, el culto es «adoración vacía».

Las puertas de este nuevo templo que es Jesús están abiertas a todos. Nadie está excluido. Pueden entrar en él los pecadores, los impuros e, incluso, los paganos. El Dios que habita en Jesús es de todos y para todos. En este templo no se hace discriminación alguna. No hay espacios diferentes para hombres y para mujeres.

En Cristo ya «no hay varón y mujer». No hay razas elegidas ni pueblos excluidos. Los únicos preferidos son los necesitados de amor y de vida. Necesitamos iglesias y templos para celebrar a Jesús como Señor, pero él es nuestro verdadero templo.


José Antonio Pagola

Suprimid este santuario y en tres días lo levantaré.

JUAN 2, 13-25
Estaba cerca la Pascua de los Judíos y Jesús subió a Jerusalén. 

Encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas y a los cambistas instalados. Haciendo como un azote de cuerdas, a todos los echó del templo, lo mismo a las ovejas que a los bueyes; a los cambistas les desparramó las monedas y les volcó las mesas y a los que vendían palomas les dijo: Quitad eso de ahí: no convirtáis la casa de mi Padre en una casa de negocios.

 Se acordaron sus discípulos de que estaba escrito: «La pasión por tu casa me consumirá» (Sal 69,10). Respondieron entonces los dirigentes judíos, diciéndole: ¿Qué señal nos presentas para hacer estas cosas? Les replicó Jesús: Suprimid este santuario y en tres días lo levantaré. 

Repusieron los dirigentes: Cuarenta y seis años ha costado construir este santuario, y ¿tú vas a levantarlo en tres días? Pero él se refería al santuario de su cuerpo. Así, cuando se levantó de la muerte se acordaron sus discípulos de que había dicho esto y dieron fe a aquel pasaje y al dicho que había pronunciado Jesús. 

Mientras estaba en Jerusalén, durante las fiestas de Pascua, muchos prestaron adhesión a su figura al presenciar las señales que realizaba. Pero Jesús no se confiaba a ellos, por conocerlos a todos; no necesitaba que nadie lo informase sobre el hombre, pues él conocía lo que el hombre llevaba dentro.

Meditación del Papa Francisco

Cuando los que están en el Templo - sean sacerdotes, laicos, secretarios, pero que tienen que gestionar en el Templo la pastoral del Templo - se convierten en comerciantes, el pueblo se escandaliza. Y nosotros somos responsables de esto. También los laicos. Todos. Porque si yo veo que en mi parroquia se hace esto, debo tener la valentía de decírselo al párroco a la cara.

Es curioso: el pueblo de Dios sabe perdonar a sus sacerdotes, cuando tienen una debilidad, resbalan sobre un pecador... saben perdonar. Pero hay dos cosas que el pueblo de Dios no puede perdonar: un sacerdote apegado al dinero y un sacerdote que maltrata a la gente. ¡No consigue perdonar! Y el escándalo, cuando el Templo, la Casa de Dios, se convierte en una casa de negocios.

Jesús no estaba enfadado, es la ira de Dios, es el celo por la Casa de Dios, porque no se pueden servir a dos amos: o rindes culto al Dios viviente, o rindes culto al dinero.

¿Por qué Jesús se la toma contra el dinero? Porque la redención es gratuita, Él viene a traernos la gratuidad de Dios, la gratuidad total del amor de Dios. Cuando en la Iglesia o las iglesias se hacen negocios, se ve que no es tan gratuita la salvación... Y por esto Jesús toma la fusta en la mano para hacer todo este rito de purificación en el Templo. (Cf Homilía de S.S. Francisco, 21 de noviembre de 2014, en Santa Marta).

El ayuno

El AYUNO
que Dios quiere:

que no hagas gastos superfluos y compartas tus ahorros con los pobres
que prefieras pasar tú necesidad, antes de que la pase tu hermano
 que ofrezcas tu tiempo al que te lo pida 
que prefieras servir a ser servido
 que tengas hambre y sed de justicia
 que te comprometas en la lucha contra toda marginación
 que esperes cada día una nueva humanidad
La ABSTINENCIA
que Dios quiere: 

que no seas esclavo del consumo, el sexo, las marcas y las modas, del salir, ni de nada;
que no dejes que la televisión, el ordenador o la play te roben tiempo para estar con los demás;
que no utilices la violencia, incluso la verbal, como forma para resolver los problemas;
que respetes a todos los seres, amando la vida y defendiéndola;
que no uses palabras necias y te alimentes de la Palabra de Dios.
La CENIZA
que Dios quiere:

que no te consideres dueño de nada, sino humilde administrador;
que no presumas de tus talentos, sino que los pongas al servicio de los demás;
que no te creas santo porque santo y grande sólo es Dios;
que no te deprimas ni te acobardes, porque Dios está contigo;
que aprecies el valor de las cosas sencillas;
que no temas al dolor o a la muerte porque siempre es Pascua.

viernes, 6 de marzo de 2015

Teresa de Jesús, mujer fuerte, valiente

En relación al Día Internacional de la Mujer que celebramos este domingo, hoy os traemos, de nuevo de la mano de Margarita Alcalde, un nueva reflexión de la figura de Santa Teresa como ¡mujer fuerte, valiente!
Y por lo tanto, apóstol.
Escuchemos lo que el Papa Francisco dice de ella en la carta que escribió al obispo de Ávila con motivo de la apertura del Año Centenario el 15 de octubre pasado:
“Ella vivió las dificultades de su tiempo -tan complicado-, sin ceder a la tentación del lamento amargo, sino más bien aceptándolas en la fe como una oportunidad para dar un paso más en el camino… ¡Éste es el realismo teresiano, que exige obras en lugar de emociones, y amor en vez de ensueños, el realismo del amor humilde frente a un ascetismo afanoso!… Cuando arde el mundo, no se puede perder el tiempo en negocios de poca importancia. ¡Ojalá contagie a todos esta santa prisa por salir a recorrer los caminos de nuestro propio tiempo, con el Evangelio en la mano y el Espíritu en el corazón! ¡Ya es tiempo de caminar!”
Y oigamos lo que ella misma nos dice en el libro de las Fundaciones (F 2,7):
“¡Oh grandeza de Dios! ¡Y cómo mostráis vuestro poder en dar osadía a una hormiga! ¡Y cómo, Señor mío, no queda por Vos el no hacer grandes obras los que os aman, sino por nuestra cobardía y pusilanimidad! Como nunca nos determinamos, sino llenos de mil temores y prudencias humanas, así, Dios mío, no obráis Vos vuestras maravillas y grandezas. ¿Quién más amigo de dar, si tuviese a quién, ni de recibir servicios a su costa? Plega a Vuestra Majestad que os haya yo hecho alguno y no tenga más cuenta que dar de lo mucho que he recibido. Amén”.
Por fin, escuchemos su palabra y la Palabra de Dios, como dichas hoy para nosotros:
“Esme gran lástima, porque conozco muchas almas que llegan aquí; y que pasen de aquí, como han de pasar, son tan pocas que se me hace vergüenza decirlo. Querríalas mucho avisar que miren no escondan el talento, pues que parece las quiere Dios escoger para provecho de otras muchas, en especial en estos tiempos que son menester amigos fuertes de Dios para sustentar los flacos”. (V. 15, 5)
“No os inquietéis. Confiad en Dios y confiad también en mí”. (Jn. 14, 1)

“Y les dijo: -Id por todo el mundo y proclamad la buena noticia a toda criatura”. (Mc. 16, 15)

UNIRSE A DIOS, ÚNICO BIEN VERDADERO



Donde está el corazón del hombre allí está también su tesoro; pues el Señor no suele negar la dádiva buena a los que se la han pedido. Y ya que el Señor es bueno, y mucho más bueno todavía para con los que le son fieles, abracémonos a él, estemos de su parte con toda nuestra alma, con todo el corazón, con todo el empuje de que seamos capaces, para que permanezcamos en su luz, contemplemos su gloria y disfrutemos de la gracia del deleite sobrenatural. [...]

Huyamos de aquí. Puedes huir en espíritu, aunque sigas retenido en tu cuerpo; puedes seguir estando aquí, y estar, al mismo tiempo, junto al Señor, si tu alma se adhiere a él, si andas tras sus huellas con tus pensamientos, si sigues sus caminos con la fe y no a base de apariencias, si te refugias en él, ya que él es refugio y fortaleza, como dice David: A ti, Señor, me acojo: no quede yo derrotado para siempre.

Del tratado de san Ambrosio, obispo, sobre la huida del mundo
(Caps. 6, 36; 7, 44; 8, 45; 9, 52: CSEL 32,192.198-199. 204)
News.va

LA EXPERIENCIA INTERIOR DE TERESA DE AVILA

Cautiva ese su decir en letras que hablan, humanizan y elevan; que nos invitan a participar de su diálogo a lo divino: abierto, cálido, vivaz. Practicado no con un Dios lejano o descomprometido, sino encarnado, humano. Diálogo entrañable y vigoroso tanto al abordar lo cotidiano como al tratar de empresas difíciles, la búsqueda de un rostro nítido para la Iglesia, por ejemplo. Porque Teresa de Avila sufrió desde dentro el dolor por las luchas ideológicas, el desconcierto y las rupturas al interior de la Iglesia.

            En este diálogo ininterrumpido, en el cual también Jesús se confiesa a Teresa como suyo, le comunica aquellos misterios ocultos desde los siglos en Dios y que sólo se revelan a los pequeños. Como a Ghandy quien después de recorrer el camino ascéptico y probar la experiencia contemplativa sólo afirma con seguridad que sus experimentos son “correctos”, no definitivos, menos aún únicos o exclusivos.

 Así es Teresa de Jesús, a quien debemos la más docta definición de humildad, “andar en verdad”. En sus diálogos está totalmente ella, la monja abierta a la modernidad, tan bien enraizada en el contexto histórico-espacial que le tocó vivir; encarnando los valores del humanismo hispano tanto como la tradición medieval, si bien elevándose por encima de sus condicionamientos.

            El lenguaje con el cual construye su obra literaria es el de la experiencia, por eso no dirá nada fuera de los que haya vivido. Aquí radica la actualidad y simpatía de su lenguaje para el hombre (la mujer)  de hoy a quien se le ha agotado la capacidad receptora de palabras y al parecer no soporta una más. En Teresa de Avila la palabra es vida, pues ella misma se nos comunica en sus escritos e insistentemente invita, sobre todo a quien no le crea, a emprender el camino y probar por sí mismo.

            Ahora bien ¿qué puede transmitir Teresa de lo experimentado, ella que como San Juan de la Cruz, tiene que inventar además el lenguaje que pueda aproximarse a sus vivencias? Porque resulta que ni los ojos ni el oído ni la mente humana están capacitados para captar aquellas dulzuras y paz y contento que Jesús quiso regalarle. Pero en un esfuerzo por transmitir estos estados de conciencia dirá:


Acaeciame… venirme a deshora un sentimiento de la presencia de Dios que en ninguna manera podía dudar que estaba dentro de mí, o yo toda engolfada en El. Esto no era manera de visión… Suspende el alma de suerte, que parecía estar fuera de sí. Ama la voluntad; la memoria me parece está casi perdida, el entendimiento no discurre , a mi parecer, mas no se pierde; mas como digo, no obra si no está como espantado de lo mucho que entiende; porque quiere Dios entienda que de aquello que su Majestad le presenta, ninguna cosa entiende.

Mucho se ha ponderado el estilo suelto, gracioso y espontáneo de Santa Teresa, empezando por Fray Luis de León -primer editor de sus obras- a quien le resultaba “la misma elegancia desafeitada”. Sin embargo, poco se ha ahondado en cuáles son los elementos que están en juego y de cuya combinación resulta ese estilo libre y provocador de la Santa. Alicia Alamo Bartolomé en La Andariega esboza algunos elementos de análisis del lenguaje que pueden servir como punto de partida para un trabajo más amplio y fundamentado.

           Por otra parte, la plática coloquial, íntima, de Teresa de Jesús con el Dios de rostro humano, hace que a través de ella también lo podamos reconocer como asequible, muy cercano y vulnerable, tanto que se deja aprisionar por ella:

                          Esta divina prisión
                          del amor en que yo vivo
ha hecho a Dios mi cautivo
y libre mi corazón
y causa en mi tal pasión
ver a Dios mi prisionero,
que muero porque no muero.

            Por su parte ya hacía tiempo que Teresa de Avila había determinado donarse por entero a El y a sus cosas y en esa unidad profunda, su historial personal no la vive sino como la historia de las misericordias de Dios. La exquisitez de sus diálogos llega a momentos cumbres cuando la experiencia se vuelve poesía:

                        Tirome con una fecha
                        enerbolada de amor
                        y mi alma quedó hecha
                        una con su criador.
                        Ya yo no quiero otro amor
                        pues a mi Dios me ha entregado,
                        que es mi Amado para mí
                        y yo soy para mi Amado.

            La inagotable capacidad relacional de Teresa de Jesús, quien era además muy amiga de sus amigos, permite al lector/ra ser copartícipe de su experiencia, no solamente por conocerla sino porque ella, persuadiendo con suavidad lo introduce en su aventura subyugante. Es entonces cuando nos sentimos atrapados/as en su vuelo e intuimos estar inmersos/as en algo más que la lectura. Esto es así porque , como hemos señalado, el arte de escribir en Teresa de Ahumada, forma parte de la propia vivencia.

            El mundo lingüístico creado por ella  representa el todo armónico que logró construir en la integración de las distintas facetas de su personalidad. Y la unificación se la da el amor: por él, muerte y vida ya no existen separadamente; su sentido eclesial ha encontrado canales de realización muy concretos; contemplación y servicio incondicional al hombre no tienen fronteras; experiencia mística y literatura aluden a la misma realidad.

            Teresa de Avila, mujer de fé, se lanzó a la aventura de lo absoluto y humanizada en la divinidad, ha sido definitivamente devuelta a los hombres.    


jueves, 5 de marzo de 2015

La mundanidad anestesia el alma, dijo el Papa en su homilía


Al comentar la parábola del rico epulón, un hombre vestido “de púrpura y lino finísimo” que “cada día se concedía banquetes opulentos”, el Papa Francisco observó que no se dice de él que era una persona mala; es más, “quizás era un hombre religioso, a modo suyo. Tal vez rezaba alguna oración y dos o tres veces al año iba al Templo para cumplir los sacrificios y daba grandes ofertas a los sacerdotes, y ellos, con esa pusilanimidad clerical, se lo agradecían y le daban un puesto de honor para sentarse”. Pero no se daba cuenta de que en su puerta había un pobre mendicante, Lázaro, hambriento, todo llagado, “símbolo de la extrema necesidad que tenía”.

El Santo Padre explicó la situación del hombre rico con estas palabras:

“Cuando salía de su casa, y  no… tal vez el auto con el que salía tenía los vidrios oscurecidos para no ver afuera… tal vez, no lo sé. Pero seguramente sí, su alma, los ojos de su alma, estaban oscurecidos para no ver. Sólo veía su vida, y no se daba cuenta de lo que le había sucedido a este hombre, que no era malo: estaba enfermo. Enfermo de mundanidad. Y la mundanidad trasforma las almas, hace perder la conciencia de la realidad: viven en un mundo artificial, hecho por ellos… La mundanidad anestesia el alma. Y por esta razón, este hombre mundano, no era capaz de ver la realidad”.

Y la realidad – dijo el Papa – es la de tantos pobres que viven junto a nosotros:

“Tantas personas que viven su vida de manera difícil, de modo difícil; pero si yo tengo un corazón mundano, jamás comprenderé esto. Con el corazón mundano no se puede entender la necesidad y la necesidad de los demás. Con el corazón mundano se puede ir a la iglesia, se puede rezar, se pueden hacer tantas cosas. Pero Jesús, en la Última Cena, en la oración al Padre, ¿qué ha rezado? ‘Pero, por favor, Padre, custodia a estos discípulos, para que no caigan en el mundo, para que no caigan en la mundanidad’. Es un pecado sutil, es más que un pecado: es un estado pecador del alma”.

En estas dos historias – afirmó el  Papa – hay dos juicios: una maldición para el hombre que confía en el mundo y una bendición para quien confía en el Señor. El hombre rico aleja su corazón de Dios: “Su alma está desierta”, una “tierra de salobridad donde nadie puede vivir”, “porque los mundanos, a decir verdad, están solos con su egoísmo”. Tenía “el corazón enfermo, tan apegado a este modo de vivir mundano que difícilmente se podía curar”. Además – añadió el Pontífice mientras el pobre tenía un nombre, Lázaro, el rico no lo tiene: “No tenía nombre, porque los mundanos pierden el nombre. Son sólo uno de la multitud pudiente, que no necesita nada. Los mundanos pierden el nombre”.
Refiriéndose a la petición del hombre rico – que ya en medio de los tormentos del infierno, pide que se envíe a alguien de entre los muertos a exhortar a los familiares que aún viven, y Abraham responde que si no escucharon a Moisés y a los Profetas ni siquiera serán persuadidos si uno resurge de los muertos – el Papa afirmó que los mundanos quieren manifestaciones extraordinarias, y sin embargo, “en la Iglesia todo es claro. Jesús ha hablado claramente: ese es el camino. Pero al final, hay una palabra de consuelo”:
“Cuando aquel pobre hombre mundano, en los tormentos, pide que se envíe a Lázaro con poco de agua para ayudarlo, ¿cómo responde Abraham? Abraham es la figura de Dios, delPadre. ¿Cómo responde?: Hijo, acuérdate…’. Los mundanos han perdido el nombre; también nosotros, si tenemos el corazón mundano, hemos perdido el nombre. Pero no somos huérfanos. Hasta el final, hasta el último momento existe la seguridad de que tenemos un Padre que nos espera. Encomendémonos a Él. ‘Hijo’. Nos dice ‘hijo’, en medio de aquella mundanidad: ‘Hijo’. No somos huérfanos”.
(María Fernanda Bernasconi - RV).