martes, 4 de octubre de 2016

Violencia, estética y Francisco de Asís


 Como en muchas partes del mundo, también en muchas parroquias de New York, el mes de octubre se recuerda y se celebra la festividad de san Francisco de Asís. Se sabe que es un santo muy querido a nivel universal incluso fuera de ámbitos creyentes. Su vida sigue iluminando muchas situaciones complejas del mundo de hoy. Recordarlo en estos tiempos, donde se pretende infligir no sólo daño sino también el pánico y la desorientación, resulta una terapia eficaz contra una violencia que alimenta el miedo, el aislamiento en los propios puntos de vista y la instalación en los extremismos.
La paz, la contemplación, la oración y todo lo que inspira el santo de Asís desactiva el pánico y ayuda a mantener la calma en momentos sombríos de la vida. Como bien dice la carta a los hebreos, "resistir hasta la sangre luchando contra el pecado" (Heb 12, 4). El creyente está llamado a combatir todo tipo de violencia, pero combate con un corazón sereno, y ese combate es tanto más eficaz cuanto más sereno está su corazón. Francisco de Asís comprendió y nos transmitió que la paz del corazón sólo puede venir de la contemplación de la belleza.
En la visión franciscana es fundamental la contemplación de la belleza (estética) de todo lo creado, algo que a veces se nos olvida y es necesario recuperarlo. La belleza a la que nos referimos no es aquella que seduce o la que se vende por diversos medios sociales, es la belleza que hace visible el bien. Cuando la belleza es negada entonces el mal triunfa, el odio se hace presente, el rencor ocupa el lugar del amor. Recordar a Francisco de Asís, en un contexto violento y agresivo, es recuperar la belleza desde la conversión, la generosidad, y la creatividad. El pobre de Asís nos señala que en la búsqueda del bien se encuentra la paz.
La experiencia estética para el santo de Asís es apertura en un momento de la conversión personal: El individuo siente la necesidad de mirar de nuevo, a prestar más atención a lo que está sucediendo. Mirando de nuevo, cuestionamos nuestras actitudes iniciales, revisamos nuestras opiniones y nos disponemos a admitir que podríamos haber cometido un error.
La consecuencia de "entrar" en la cosmovisión franciscana es la adquisición de una esperanza que nos lleva a concebir un estilo de vida diferente y a luchar por un mundo mejor. Nos lleva a hacer frente a la violencia y resistir posturas políticas enfermas y egoístas. Como vimos en la noche del pasado lunes, en el debate entre D. Trump y H. Clinton. Ahí quedó claro que Trump representa el capitalismo degradado a puro egoísmo. Clinton aparentemente mejor preparada pero que en el fondo representa una imagen que no inspira el bien común.
Frente a estos sucesos hace bien a la mente y al corazón humano venerar a san Francisco de Asís. Él nos ofrece la posibilidad de ampliar nuestro universo moral en la que se puede incluir a más personas e incrementar nuestras categorías morales. Nos ayuda a amar la creación y a verla como un regalo de la mano del artista divino que encanta al corazón humano y ayuda a comprender que no hay ruptura entre este mundo y el siguiente. El pobre de Asís acoge sin reservas a todo el que encuentra, amigo o adversario, aceptándolo como compañero de camino. Ante hechos violentos y desesperantes no nos sugiere encerrarnos, sino proclamar la belleza divina para construir un futuro de esperanza con toda la humanidad. Nos invita a ser signo visible de comunión, comunicación en modo tal que todos puedan sentirse acogidos, amados y perdonados.

COMENTARIO DEL PAPA FRANCISCO AL EVANGELIO DE SAN LUCAS (10, 38-42)




“Queridos hermanos y hermanas, 

En el Evangelio de hoy el evangelista Lucas habla de Jesús que, mientras está de camino hacia Jerusalén, entra en un pueblo y es acogido en casa de las hermanas Marta y María (cf. Lc 10, 38-42). Ambas ofrecen acogida al Señor, pero lo hacen de modo diverso. María se sienta a los pies de Jesús y escucha su palabra (cf. v. 39), en cambio Marta estaba totalmente absorbida por las cosas que tiene que preparar (...)

En su obrar hacendoso y de trabajo, Marta corre el riesgo de olvidar —y este es el problema— lo más importante, es decir, la presencia del huésped. Y al huésped no se le sirve, nutre y atiende de cualquier manera. Es necesario, sobre todo, que se le escuche. 

Recuerden bien esta palabra: escuchar. Porque al huésped se le acoge como persona, con su historia, su corazón rico de sentimientos y pensamientos, de modo que pueda sentirse verdaderamente en familia. Pero si tú acoges a un huésped en tu casa y continúas haciendo cosas, le haces sentarse ahí, mudo él y mudo tú, es como si fuera de piedra: el convidado de piedra. No. Al huésped se le escucha. 

Ciertamente, la respuesta que Jesús da a Marta —cuando le dice que una sola es la cosa de la que tiene necesidad— encuentra su pleno significado en referencia a la escucha de la palabra de Jesús mismo, esa palabra que ilumina y sostiene todo lo que somos y hacemos. 

Si nosotros vamos a rezar —por ejemplo— ante el Crucifijo, y hablamos, hablamos, hablamos y después nos vamos, no escuchamos a Jesús. No dejamos que Él hable a nuestro corazón. Escuchar: esta es la palabra clave. No lo olviden. 

Y no debemos olvidar que en la casa de Marta y María, Jesús, antes que ser Señor y Maestro, es peregrino y huésped. Por lo tanto, la respuesta tiene este primer y más importante significado: «Marta, Marta, ¿por qué te afanas tanto en hacer cosas para el huésped hasta olvidar su presencia? Para acogerlo no son necesarias muchas cosas; es más, necesaria es una cosa sola: escucharlo, demostrarle una actitud fraterna, de modo que se dé cuenta de que se está en familia, y no en una «hospedaje provisional».

Así entendida, la hospitalidad, que es una de las obras de misericordia, aparece verdaderamente como una virtud humana y cristiana, una virtud que en el mundo de hoy corre el riesgo de ser descuidada. En efecto, se multiplican los hospicios y asilos, pero no siempre en estos ambientes se practica una hospitalidad real. (...) Incluso en la propia casa, entre los propios familiares puede suceder que encuentren fácilmente servicios y curas de varios tipos más que de escucha y acogida. 

Hoy estamos absorbidos por el frenesí, por tantos problemas —algunos de los cuales no resultan importantes— que carecemos de la capacidad de escuchar. 

Y yo quisiera preguntarles, hacerles una pregunta, cada uno responda en el propio corazón: tú, marido, ¿tienes tiempo para escuchar a tu mujer? Y tú, mujer, ¿tienes tiempo para escuchar a tu marido? Ustedes padres, ¿tienen tiempo que «perder» para escuchar a sus hijos, o a sus abuelos y a los ancianos? —«Pero los abuelos dicen siempre las mismas cosas, son aburridos...»— Pero tienen necesidad de ser escuchados. 

Escuchar. Les pido que aprendan a escuchar y a dedicarse más tiempo entre ustedes. En la capacidad de escucha está la raíz de la paz.

La Virgen María, Madre de la escucha y del servicio atento, nos enseña a ser acogedores y hospitalarios hacia nuestros hermanos y hermanas”.
Papa Francisco, Ángelus del 17-7-2016

Papa: ¡Desde el primer momento sentí que debía estar entre ustedes!

En la fiesta de San Francisco de AsísPatrono de Italia, el Santo Padre visitó a las poblaciones de la localidad de Amatrice y sus alrededores, víctimas del terremoto del pasado 24 de agosto. “Estoy cerca de ustedes y rezo por ustedes”, dijo el Obispo de Roma a las personas que viven allí en medio de tantas dificultades, animándolas a ir adelante.
El Pontífice llegó a la 9.10 en automóvil a la ciudad símbolo del sismo que se cobró tantas vidas en el centro de Italia para realizar una visita lo más reservada posible “para no molestar”, como él mismo dijo. Acompañado por Monseñor Domenico Pompili, Obispo de Rieti, el Papa Bergoglio se dirigió ante todo al local en el que, provisionalmente, se encuentra la escuela gracias al trabajo de la Protección civil  de Trentino. En este contendedor pintado de rojo, elPontífice saludó a los alumnos  y maestros. Los niños de primaria lo recibieron con gran alegría, que manifestaron con su canto y los tantos dibujos mediante los cuales recuerdan el drama vivido. Una vez fuera de la escuela, y rodeado por la gente, el Papa les dijo:
“He pensado mucho en los primeros días de estos tantos dolores que mi visita, tal vez, podía ser más un estorbo que una ayuda, que un saludo, y no quería causar molestias… Por esto he dejado pasar un poquito de tiempo, a fin de que se organizaran algunas cosas, como la escuela. Pero desde el primer momento ¡sentí que debía estar entre ustedes! Sencillamente para decirles que estoy cerca, que estoy cerca de ustedes, nada más, y que rezo ¡rezo por todos ustedes! Cercanía y oración, éste es mi ofrecimiento para ustedes. Que el Señor los bendiga a todos, que la Virgen los custodie en este momento de tristeza, de dolor y de prueba”.
Tras la bendición, Francisco rezó el Avemaría con todas las personas presentes, invitándolas a “ir siempre hacia adelante, porque existe un futuro”. “Hay tantos seres queridos que nos han dejado – les dijo el Papa –  que han caído aquí, bajo los escombros. Recemos a la Virgen por ellos, lo hacemos todos juntos, Avemaría… Y los animó a mirar siempre hacia adelante. Adelante con coraje, ayudándose mutuamente, porque juntos siempre se camina mejor que solos. “¡Adelante y gracias!”, añadió antes de entregarse a los abrazos y saludos de tantas personas, niños, jóvenes y ancianos.
(María Fernanda Bernasconi - RV).
(from Vatican Radio)

EL CÁNTICO DE LAS CRIATURAS. SAN FRANCISCO DE ASÍS.


Altísimo y omnipotente buen Señor,
tuyas son las alabanzas,
la gloria y el honor y toda bendición.

A ti solo, Altísimo, te convienen
y ningún hombre es digno de nombrarte.

Alabado seas, mi Señor,
en todas tus criaturas,
especialmente en el Señor hermano sol,
por quien nos das el día y nos iluminas.

Y es bello y radiante con gran esplendor,
de ti, Altísimo, lleva significación.

Alabado seas, mi Señor,
por la hermana luna y las estrellas,
en el cielo las formaste claras y preciosas y bellas.

Alabado seas, mi Señor, por el hermano viento
y por el aire y la nube y el cielo sereno y todo tiempo,
por todos ellos a tus criaturas das sustento.

Alabado seas, mi Señor, por el hermano fuego,
por el cual iluminas la noche,
y es bello y alegre y vigoroso y fuerte.

Alabado seas, mi Señor,
por la hermana nuestra madre tierra,
la cual nos sostiene y gobierna
y produce diversos frutos con coloridas flores y hierbas.

Alabado seas, mi Señor,
por aquellos que perdonan por tu amor,
y sufren enfermedad y tribulación;
bienaventurados los que las sufran en paz,
porque de ti, Altísimo, coronados serán.

Alabado seas, mi Señor,
por nuestra hermana muerte corporal,
de la cual ningún hombre viviente puede escapar.
Ay de aquellos que mueran
en pecado mortal.

Bienaventurados a los que encontrará
en tu santísima voluntad
porque la muerte segunda no les hará mal.


Alaben y bendigan a mi Señor
y denle gracias y sírvanle con gran humildad.

San Francisco de Asís – 4 de octubre



Hoy esta sección de ZENIT honra, junto a toda la Iglesia, a esta figura gigantesca, cuya trayectoria espiritual tiene un influjo de incuestionable riqueza en la historia, la ciencia, la música, la poesía, la naturaleza y el arte, entre otras disciplinas. Además de fundador, este dechado de virtudes fue peregrino en distintos países, apóstol en el Oriente, un hombre de paz. El patrimonio que ha legado a la Iglesia es inmenso. Su irrupción en la misma y en la sociedad fue un regalo del cielo en una época socio-política y eclesial compleja, la de la Edad Media en la que le tocó vivir. El prestigioso franciscanista P. Enrique Rivera ha explicado el alcance de la respuesta del Poverello al secularismo actual a través de tres grandes vertientes: sociología, historia y pensamiento. A la ausencia de Dios respondió con el testimonio de su íntimo diálogo con Jesús, cuya cumbre alcanza ante el Cristo de san Damián y en el monte Alverna.
Nació en Asís, Italia, en 1182. Era hijo del rico comerciante de tejidos Pietro di Bernardone y de la noble Pica. Le bautizaron con el nombre de Juan. Se formó con los canónigos de la parroquia y fue asiduo al hospital de San Jorge. Aunque procedía de una familia pudiente, a los 14 años ayudaba a su padre en la tienda. Después se fue desvinculando del compromiso laboral y de sus estudios, que no casaban con su proyecto de vida desenfadada a la que se entregó de lleno. Era un líder nato un tanto inconformista; un idealista en extremo, aunque todavía no sabía cómo encauzar sus sueños. Exhibía por la ciudad sus dotes poéticas y musicales, siguiendo la estela trovadoresca con la que emulaba a los caballeros. Por un lado, disipaba el dinero, y por otro, daba limosna a los pobres.
En 1198 se desató un grave conflicto entre la burguesía y los nobles de Asís, solventado con la instauración del régimen comunal. Se implicó en el litigio, luchó contra Perusa y fue apresado. Durante unos meses soportó el rigor de la prisión, y tras su liberación, en 1204 cayó enfermo. Fueron instantes de reflexión preparatorios para dar un vuelco decisivo a su vida. En 1205 se propuso combatir en Puglia según vio en un sueño, pero en Espoleto una fuerza interior le instó a regresar. Se dijo: «Señor, ¿qué quieres que haga?», aunque de momento siguió con sus costumbres. Pero Dios se hizo notar en su corazón ese mismo año invadiéndole con gran dulzura.
La prodigalidad con los pobres y su compasión hacia ellos comenzaron a adueñarse de él. Su oración vivificaba un amor que iba in crescendo. Rogó a Dios su ayuda, y Él le exigió la total donación de sí; debía elegir lo que más le costase. Una vez se vio frente a un leproso, y superó su repugnancia besándolo; lo tomó como un don del cielo. A continuación, experimentó un intenso aborrecimiento de su vida pasada y se dispuso a iniciar un camino sin retorno. Se puso al servicio de estos enfermos y compartió con ellos su vida.
Un fuego interior le consumía. La necesidad de oración y soledad eran cada vez más intensas, y se redoblaban las pruebas. Luchó contra sí mismo y obtuvo el don de la fidelidad. El Cristo del crucifijo de San Damián le pidió que reparara su Iglesia. Entendió que se refería a la ruinosa capilla, y en Foligno vendió su caballo y mercancía del establecimiento paterno obteniendo los recursos para restaurarla. Se afincó en San Damián sin contar con la venia de su progenitor, que montó en cólera. Puesto en la tesitura de elegir, se abrazó a la pobreza, desprendiéndose de sus vestiduras ante el prelado de Asís. Previamente, su frustrado padre lo había mantenido recluido y golpeado, sin vencer su voluntad.
En 1208 escuchó en misa el texto evangélico de (Mt 10, 5-15), y se lo aplicó. Vio que el desprendimiento absoluto y la penitencia eran su destino; en ello se encerraba la idea de restauración. Se vistió con una humilde túnica ceñida con un cordón y se hizo pobre con los pobres en medio del desprecio y mofas de sus conocidos, con la alegría de verse convertido en un mendigo. En la Porciúncula se congregaron numerosos jóvenes que querían seguir esa vida de penitencia. Con ellos fundó la Orden de Frailes Menores, aprobada por Inocencio III. Su saludo era: «La paz del Señor sea contigo». Amaba tanto a la Virgen que puso su obra bajo su protección, y como recuerda su biógrafo Celano: «cobijó bajo sus alas a los hijos que debía abandonar para que Ella los favoreciese y auxiliase».
Encarnaba fielmente el evangelio. Se acusaba de sus faltas y se castigaba públicamente. Inundado de gozo multiplicaba por todas las vías los dones que iba recibiendo. «¿Qué son los siervos de Dios –decía a sus frailes– sino juglares suyos que deben levantar los corazones de la gente y entusiasmarlos con su alegría espiritual?». En 1212 santa Clara se unió a su carisma dando lugar a la fundación de las clarisas. En 1224, hallándose en el monte Alverna, recibió los estigmas de la Pasión, y antes el don de milagros y de profecía. Devotísimo de la Eucaristía, fue agraciado con numerosas revelaciones. Lidió con graves problemas dentro de su Orden, y sufrió extremadamente con los estigmas y la grave lesión ocular padecida en los últimos años de su vida.
Casi ciego en 1224 compuso el bellísimo Cántico de las criaturas. Era una consecuencia inmediata del amor que sentía por Dios; las criaturas son reflejo de la perfección divina. Y ante este espectáculo de la creación entera elevó su cántico a Dios Padre. Así es como vivió la presencia de la paternidad de Dios en todas las criaturas, a las que trataba como hermanas. Sin embargo, esta peculiar ternura del Poverello hacia los seres irracionales en los que percibía alguna semejanza con Dios no ha sido bien comprendida. Pero ahí están magníficos estudios, rigurosos como los del mencionado Rivera de Ventosa, que permiten constatar cuán lejos estaba el santo de concepciones panteístas, hinduistas o románticas, como a veces se ha afirmado. Murió en el suelo el 3 de octubre de 1226. Gregorio IX lo canonizó el 16 de julio de 1228.
 Zenit

Marta lo recibió en su casa. María ha escogido la parte mejor


Lectura del santo Evangelio según san Lucas 10, 38-42
En aquel tiempo, entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa.
Esta tenía una hermana llamada María, que, sentada junto a los pies del Señor, escuchaba su palabra.
Marta, en cambio, andaba muy afanada con los muchos servicios; hasta que, acercándose. dijo:
«Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola para servir? Dile que me eche una mano».
Respondiendo, le dijo el Señor:
«Marta, Marta, andas inquieta y preocupada con muchas cosas; sólo una es necesaria. María, pues, ha escogido la parte mejor, y no le será quitada».
Palabra del Señor.

lunes, 3 de octubre de 2016

Tres detalles poco conocidos sobre el Purgatorio



Algunas precisiones en temas de escatología, de la mano de Santa Caterina de Génova y Santo Tomás de Aquino.

Curiosamente, mientras la filosofía y la teoría política contemporáneas –al menos desde el siglo XX- han utilizado categorías extraídas de la escatología católica –de maneras sorprendentemente fructíferas, cabe decir-, la reflexión sobre las realidades últimas, al menos intraeclesialmente, parece no ocupar un sitial demasiado privilegiado hoy día.

Sin embargo, eso no quiere decir que en la tradición católica la escatología no haya sido objeto de reflexión ardua, intensa y, con frecuencia, erudita. Recientemente, Shaun McAfee publicó en EpicPew un listado de diez cosas que, muy probablemente, desconocemos sobre el Purgatorio. De ellas, hemos seleccionado las tres que nos han parecido más interesantes, con el fin de despertar en las redes –si es posible- una conversación a propósito de estos temas.

Quienes están en el Purgatorio están ya unidos a Cristo

Las ánimas del Purgatorio son parte de la llamada “Iglesia Purgante”, también conocida como “Iglesia Sufriente”. La Tradición reconoce que los fieles estamos, digámoslo así, agrupados en tres grandes estados: la iglesia militante, la iglesia purgante y la iglesia triunfante. En la Lumen Gentiumse lee:
“Hasta que el Señor venga revestido de majestad y acompañado de sus ángeles y, destruida la muerte, le sean sometidas todas las cosas, de sus discípulos, unos peregrinan en la tierra (Iglesia militante); otros, ya difuntos, se purifican (Iglesia purgante); otros, finalmente, gozan de la gloria (Iglesia triunfante), contemplando ‘claramente a Dios mismo, Uno y Trino, tal como es”.

Si las ánimas del Purgatorio son parte de la Iglesia Purgante –tanto como podríamos serlo nosotros, también, en medio de nuestros sufrimientos como Iglesia Militante-, entonces son obviamente parte del Cuerpo Místico de Cristo y, en consecuencia, permanecen unidos a Él.

El sufrimiento en el Purgatorio es voluntario

Esto merece una explicación un tanto más detallada. Como se lee en el post de Shaun McAfee en EpicPew, en el tratado sobre el Purgatorio de Santa Caterina de Génova se explica que, al ver lo que le espera en el Cielo, el alma se arroja voluntariamente al Purgatorio. El Purgatorio es voluntario no porque alguien pudiese escoger no ir, sino porque al ver lo que gana al pasar por él, el alma voluntariamente se somete. En este particular, Santo Tomás de Aquino dice exactamente lo mismo.

En el Purgatorio también hay alegría

Generalmente, se piensa en el Purgatorio como en un lugar de sufrimiento, así sea temporal. Pero en realidad, como lo explica Santa Caterina de Génova, el Purgatorio no está exento de alegrías: así como el propio Cristo consuela a las almas de la Iglesia Militante, también lo hace con la Iglesia Purgante, y así como nosotros podemos consolarnos unos a otros durante nuestra vida en la tierra, así podemos también hacerlo en el Purgatorio. Pero, explica Santa Caterina, hay algo más:

“El fuego del amor de Dios es lo que precisamente va consumiendo en el alma toda herrumbre o mancha de pecado. El sufrimiento del purgatorio es, pues, ante todo la pena de daño, mucho más que la pena de sentido, es decir, mucho más que «cualesquiera otras penas que allí puedan encontrarse» (15b).
En efecto, lo más terrible para el alma es el desgarramiento interior producido por un amor que, a causa de esos impedimentos aún no del todo aniquilados, se ve retardado en el ansia de su perfecta posesión de Dios. Y cuanta más purificación, más intenso el amor y más cruel el dolor. Amor y dolor parecen crecer así en el purgatorio en acelerada progresión.
El purgatorio es, pues, un crescendo de amor y dolor que conduce al cielo, a la felicidad perfecta. Hay en las almas del purgatorio un gozo inmenso, parecido al del cielo, y un dolor inmenso, semejante al del infierno; y el uno no quita el otro”.

 DANIEL R. ESPARZA. ALETEIA

5 citas bíblicas que te muestran el gran poder de la oración



La oración es una fuerza tan poderosa. Nosotros la subestimamos tanto porque a veces no vemos los resultados tangibles. La oración puede mover montañas si tan sólo lo CREEMOS de verdad, Dios así lo afirmó. Si tan sólo nos diéramos cuenta de lo poderosa que puede ser la oración, nunca perderíamos la fe o la esperanza.

De vez en cuando hablo y pido a los ángeles a que me ayuden a elevar mi oración a Dios, es por ello que procuro estar en el mayor estado de gracia posible. Les pido a los ángeles que intercedan y le presenten mi petición humilde a las manos de Creador.

Ninguno de nosotros está solo en la oración. Cuando rezas tu ángel de la guarda está allí contigo, él une su oración a la tuya y se la presenta al Señor, convirtiéndola en una poderosa arma de lucha espiritual que te hará crecer en santidad.

Lo increíble que nuestras oraciones hechas con gran fe puede hacer grandes cosas, incluso marcar la diferencia en otra persona. A continuación te presentamos las siguientes cítas bíblicas que te harán recordar hoy el GRAN PODER que tiene la oración

1.- Siempre pedir, buscar y llamar

“Pidan y se les dará; busquen y encontrarán; llamen y se les abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abrirá” (Mateo 7,7-8)
Pedir, pedir, pedir. Muchas veces, el Señor nos llamó a la inisistencia en la oración. ¿Por qué desistimos a veces? Recuerda que tus tiempos no son los de Dios, Él sabe cuando y de qué manera contestar… Sigue pidiendo, buscando y llamando.

2- Mover montañas con la fe
“Jesús les respondió: “Les aseguro que si tienen fe y no dudan, no sólo harán lo que yo acabo de hacer con la higuera, sino que podrán decir a esta montaña: “Retírate de ahí y arrójate al mar”, y así lo hará. Todo lo que pidan en la oración con fe, lo alcanzarán” (Mateo 21,21-22)
¡Esto me parece increíble! pero es Palabra de Dios. Cuántas cosas podríamos hacer con este poder si tan sólo tuviésemos esa fe de las que nos habla el Señor. Aprendamos a decir como el padre de aquel joven endemoniado: “Señor, creo, pero aumenta mi fe”

3.- Oración: Poder liberador contra el demonio
“Jesús les respondió: “Esta clase de demonios se expulsa sólo con la oración” (Marcos 9,29)
La oración se nos presenta como una comunicación directa con Dios, pero también como una gran armadura espiritual contra el demonio. Que poder tan tremendo nos ha regalado Dios en la oración que podemos ser hasta capaces de expulsar demonios en su Nombre.

4.- No hay que vacilar
“Si a alguno de ustedes le falta sabiduría, que la pida a Dios, y la recibirá, porque él la da a todos generosamente, sin exigir nada en cambio. Pero que pida con fe, sin vacilar, porque el que vacila se parece a las olas del mar levantadas y agitadas por el viento. El que es así no espere recibir nada del Señor” (Santiago 1,5-7)
No vacilemos en ningún momento. No perdamos la esperanza. El Señor es bondadoso y fiel, Él da con una generosidad infinita, Él es fuente inagotable de compasión y está siempre dispuesto a darnos lo mejor, lo que nos conviene para nuestra salvación, pero, TENGAMOS FE y nuestra oración será poderosa

5.- Una forma de alcanzar la paz
“No se angustien por nada, y en cualquier circunstancia, recurran a la oración y a la súplica, acompañadas de acción de gracias, para presentar sus peticiones a Dios. Entonces la paz de Dios, que supera todo lo que podemos pensar, tomará bajo su cuidado los corazones y los pensamientos de ustedes en Cristo Jesús”. (Filipenses 4,6-7)

Esta cita bíblica es una de mis favoritas, ¿por qué? ¿Quién no necesita paz en su corazón? Estamos en un mundo donde a cada vuelta de la esquina nos espera un problema que nos aflige y nos roba la paz. San Pablo nos da la fórmula secreta para alcanzar la paz en el corazón: Oración y Acción de gracias, es decir: oración y Eucaristía, puesto que la Eucaristía en es sí misma, una acción de gracias.

Nunca subestimes el poder de la oración. Cuando oramos con fe, si es la voluntad de Dios, esa oración es indetenible. Y ¿cómo sabemos cuál es la voluntad de Dios? Que te responda el Señor:

“Si ustedes permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran y lo obtendrán” (Juan 15,7)
Esta es una promesa del Señor. Si estamos caminando en comunión con Dios y su Iglesia, entonces vamos a empezar a orar conforme a la voluntad de Dios. ¿Cómo permanecemos en Dios? A través de los Sacramentos de la Iglesia, viviendo según sus mandamientos, así Su Palabra vivirá en nuestros corazónes.
Y entonces, comenzaremos a ver que nuestras oraciones son contestadas.
Qriswell Quero
Artículo originalmente publicado por pildorasdefe.net

El Santo Padre asegura que tras la persecución en Azerbaiyán la fe “ha realizado maravillas”


El papa Francisco ha recordado a los muchos cristianos valientes que han tenido confianza en el Señor y han sido fieles en la adversidad. Lo ha hecho al introducir la oración del ángelus, al finalizar la misa celebrada en Kabú, capital de Azerbaiyán, donde ha aterrizado esta mañana.
De este modo, el Santo Padre ha indicado que en la celebración eucarística ha dado “gracias a Dios con vosotros, pero también con vosotros”. Y ha afirmado que en este lugar, la fe, después de los años de la persecución, ha realizado maravillas.
El Pontífice ha dirigido un saludo cordial a los fieles de Azerbaiyán, “animando a cada uno a testimoniar con alegría la fe, la esperanza y la caridad, unidos entre vosotros y con vuestros pastores”.
Además, ha dado las gracias de forma particular a la familia salesiana –que gestiona la iglesia donde se ha celebrado la misa– que cuida de este pueblo y promueve varias obras de caridad. Del mismo modo ha saludado a las hermanas Misioneras de la Caridad y las ha invitado a seguir con entusiasmo su obra de servicio a todos.
Al finalizar la oración mariana, Francisco ha improvisado algunas palabras dirigidas a la pequeña comunidad católica de este país. “Alguno puede pensar que el Papa pierde mucho tiempo: hacer tantos kilómetro de viaje para visitar una pequeña comunidad de 700 personas, en un país de 2 millones”, ha observado. Incluso –ha precisado el Papa– una comunidad no uniforme, porque entre vosotros se habla azerí, italiano, inglés, español… Es una comunidad de periferia.
Pero “el Papa, en esto, imita al Espíritu Santo: también Él bajó del cielo en una pequeña comunidad de periferia cerrada en el Cenáculo”. Y esa comunidad, ha indicado el Santo Padre, con miedo, se sentía pobre y perseguida quizá o dejada de lado: le da la valentía, la fuerza, la parresía para ir adelante y proclamar el nombre de Jesús.
Asimismo, ha explicado que las puertas de esa comunidad de Jerusalén, que estaban cerradas por el miedo o la vergüenza, se abrieron y salió la fuerza del Espíritu. De este modo ha asegurado que “el Papa ‘pierde tiempo’ como lo ha perdido el Espíritu Santo en ese tiempo. Finalmente les ha pedido que no se olviden de la Madre y de la caridad, el amor fraterno que el Espíritu Santo derramó sobre ellos.

COMENTARIO AL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS (10,25-37) POR EL PAPA FRANCISCO:




Hoy reflexionamos sobre la parábola del buen samaritano. Un doctor de la Ley pone a prueba a Jesús (...) hace una pregunta, que se vuelve muy valiosa para nosotros: «¿Quién es mi prójimo?» 

Y Jesús responde con una parábola en la que convergen un sacerdote, un levita y un samaritano. Las dos primeros son figuras relacionadas al culto del templo; el tercero es un judío cismático, considerado como un extranjero, pagano e impuro, es decir, el samaritano. 

En el camino de Jerusalén a Jericó, el sacerdote y el levita se encuentran con un hombre moribundo, que los ladrones habían asaltado, saqueado y abandonado. La Ley del Señor en situaciones símiles preveía la obligación de socorrerlo, pero ambos pasan de largo sin detenerse...

Y aquí la parábola nos da una primera enseñanza: no es automático que quien frecuenta la casa de Dios y conoce su misericordia sepa amar al prójimo. ¡No es automático! Puedes conocer toda la Biblia, puedes conocer todas las rúbricas litúrgicas, puedes aprender toda la teología, pero de conocer no es automático el amar: amar tiene otro camino, es necesaria la inteligencia pero también algo más... El sacerdote y el levita ven, pero ignoran; miran, pero no proveen. 

Sin embargo, no existe un verdadero culto si no se traduce en servicio al prójimo. No olvidemos nunca: frente al sufrimiento de mucha gente agotada por el hambre, la violencia y las injusticias, no podemos permanecer como espectadores. 

Ignorar el sufrimiento del hombre, ¿qué significa? ¡Significa ignorar a Dios! Si yo no me acerco a ese hombre, a esa mujer, a ese niño, a ese anciano o a esa anciana que sufre, no me acerco a Dios. 

Pero vamos al centro de la parábola: el samaritano, que es precisamente aquel despreciado, aquel por el que nadie habría apostado nada, y que igualmente tenía sus compromisos y sus cosas que hacer, cuando vio al hombre herido, no pasó de largo como los otros dos, que estaban ligados al templo, sino que «tuvo compasión». 

Así dice el Evangelio: «Tuvo compasión», es decir, ¡el corazón, las entrañas se conmovieron! Esa es la diferencia. Los otros dos «vieron», pero sus corazones permanecieron cerrados, fríos. En cambio, el corazón del samaritano estaba en sintonía con el corazón de Dios. De hecho, la «compasión» es una característica esencial de la misericordia de Dios. 

Dios tiene compasión de nosotros. ¿Qué quiere decir? Sufre con nosotros y nuestros sufrimientos Él los siente. Compasión significa «padecer con». El verbo indica que las entrañas se mueven y tiemblan ante el mal del hombre. 

Y en los gestos y en las acciones del buen samaritano reconocemos el actuar misericordioso de Dios en toda la historia de la salvación. Es la misma compasión con la que el Señor viene al encuentro de cada uno de nosotros: Él no nos ignora, conoce nuestros dolores, sabe cuánto necesitamos ayuda y consuelo. Nos está cerca y no nos abandona nunca. 

Cada uno de nosotros, que se haga la pregunta y responda en el corazón: «¿Yo lo creo? ¿Creo que el Señor tiene compasión de mí, así como soy, pecador, con muchos problemas y tantas cosas?». Pensad en esto, y la respuesta es: «¡Sí!». Pero cada uno tiene que mirar en el corazón si tiene fe en esta compasión de Dios, de Dios bueno que se acerca, nos cura, nos acaricia. Y si nosotros lo rechazamos, Él espera: es paciente y está siempre a nuestro lado.

El samaritano actúa con verdadera misericordia: venda las heridas de aquel hombre, lo lleva a una posada, se hace cargo personalmente y provee para su asistencia. Todo esto nos enseña que la compasión, el amor, no es un sentimiento vago, sino que significa cuidar del otro hasta pagar en persona. Significa comprometerse realizando todos los pasos necesarios para «acercarse» al otro hasta identificarse con él: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo». Este es el mandamiento del Señor.

Concluida la parábola, Jesús da la vuelta a la pregunta del doctor de la Ley y le pregunta: «¿Quién de estos tres te parece que fue prójimo del que cayó en manos de los salteadores?» (v. 36). La respuesta es finalmente inequívoca: «El que practicó la misericordia con él» (v. 37). 

Al comienzo de la parábola para el sacerdote y el levita el prójimo era el moribundo; al final el prójimo es el samaritano que se hizo cercano. Jesús invierte la perspectiva: no clasificar a los otros para ver quién es prójimo y quién no. Tú puedes convertirte en prójimo de cualquier persona en necesidad, y lo serás si en tu corazón hay compasión, es decir, si tienes esa capacidad de sufrir con el otro.

Esta parábola es un regalo maravilloso para todos nosotros, y ¡también un compromiso! A cada uno de nosotros, Jesús le repite lo que le dijo al doctor de la Ley: «Vete y haz tú lo mismo». Todos estamos llamados a recorrer el mismo camino del buen samaritano, que es la figura de Cristo: Jesús se ha inclinado sobre nosotros, se ha convertido en nuestro servidor, y así nos ha salvado, para que también nosotros podamos amarnos los unos a los otros como Él nos ha amado, del mismo modo.

(Papa Francisco, catequesis del 27-4-2016)

¿QUIÉN ES MI PRÓJIMO?



Lectura del santo evangelio según san Lucas (10,25-37):
En aquel tiempo, se presentó un maestro de la Ley y le preguntó a Jesús para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?»

Él le dijo: «¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees en ella?»

Él contestó: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas y con todo tu ser. Y al prójimo como a ti mismo.»

Él le dijo: «Bien dicho. Haz esto y tendrás la vida.»

Pero el maestro de la Ley, queriendo justificarse, preguntó a Jesús: «¿Y quién es mi prójimo?»

Jesús dijo: «Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos bandidos, que lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon, dejándolo medio muerto.

Por casualidad, un sacerdote bajaba por aquel camino y, al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. Y lo mismo hizo un levita que llegó a aquel sitio: al verlo dio un rodeo y pasó de largo.

Pero un samaritano que iba de viaje, llegó a donde estaba él y, al verlo, le dio lástima, se le acercó, le vendó las heridas, echándoles aceite y vino, y, montándolo en su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y lo cuidó.
Al día siguiente, sacó dos denarios y, dándoselos al posadero, le dijo: "Cuida de él, y lo que gastes de más yo te lo pagaré a la vuelta."

Cuál de estos tres te parece que se portó como prójimo del que cayó en manos de los bandidos?»
Él contestó: «El que practicó la misericordia con él.»
Díjole Jesús: «Anda, haz tú lo mismo.»

Que Azerbaiyán continúe por el camino de colaboración entre distintas culturas y confesiones religiosas, el Papa a las autoridades

“La adhesión a los genuinos valores religiosos es totalmente incompatible con el tentativo de imponer con la violencia a los otros las propias formas de ver, escudándose en el santo nombre de Dios”: fue la afirmación del Papa Francisco al dirigirse a las autoridades de Azerbaiyán, en el último día de su XVI viaje apostólico internacional, que lo llevó a visitar también tierra georgiana.
En su discurso el Papa expresó la propia “admiración por la complejidad y riqueza de la cultura del pueblo aserí, “fruto de la aportación de tantos pueblos que a lo largo de la historia han habitado estas tierras. Y recordando que el 18 de octubre Azerbaiyán celebrará el 25 aniversario de su independencia, Francisco indicó como una posibilidad el analizar el camino recorrido y las “problemáticas” que el país está afrontando. Un camino que, según el Papa, “muestra claramente los notables esfuerzos que se han hecho para consolidar las instituciones y favorecer el crecimiento económico y civil de la nación”; una trayectoria que requiere “una constante atención a todos, especialmente a los más débiles” y  que es posible gracias a una sociedad “que reconoce los beneficios de la multiculturalidad y de la necesaria complementariedad de las culturas”.
El Santo Padre destacó la importancia de este esfuerzo común en la construcción de una armonía entre las diferencias “porque demuestra – explicó – que es posible testimoniar  la propia concepción de la vida sin conculcar los derechos de los que tienen otras concepciones”. De ahí la convencida afirmación del Papa: “Toda pertenencia étnica o ideológica, como todo auténtico camino religioso, debe repudiar actitudes y concepciones que instrumentalizan las propias convicciones, la propia identidad o el nombre de Dios para legitimar intentos de opresión y dominio.”
Francisco constató asimismo como el drama de muchos conflictos que sufre el mundo “se alimentan de la intolerancia fomentada por ideologías violentas y por la negación práctica de los derechos de los más pobres” e indicó como solución eficaz a estas “peligrosas desviaciones” el crecimiento de la “cultura de la paz” alimentada de una incesante disposición al diálogo y la conciencia de que no existe otra solución que la búsqueda continua de “soluciones compartidas”.
“Deseo vivamente, agregó después  el Papa,  que Azerbaiyán prosiga por este camino de colaboración entre las distintas culturas y confesiones religiosas”.
El Vicario de Cristo expresó luego su cercanía al pueblo aserí, recordando  “a quienes han debido abandonar su tierra y a tantas personas que sufren a causa conflictos sangrientos. Con la esperanza de que “la comunidad internacional sepa ofrecer con constancia su indispensable ayuda”.
Y recordando la imagen que diera de esta tierra su predecesor San Juan Pablo II cuando definió al Cáucaso «puerta entre Oriente y Occidente», Francisco expresó su deseo de que esta zona se convierta también en “una puerta abierta hacia la paz y un ejemplo en el que fijarse para resolver antiguos y nuevos conflictos”.
(MCM-RV)

El Papa en el Encuentro Interreligioso: “Las religiones nunca han de ser manipuladas para favorecer conflictos y enfrentamientos”

“En la noche de los conflictos que estamos atravesando, las religiones son auroras de paz, semillas de renacimiento entre devastaciones de muerte, ecos de diálogo que resuenan sin descanso, caminos de encuentro y reconciliación para llegar allí donde los intentos de mediación oficiales parecen no surtir efecto”, lo dijo el Papa Francisco en el Encuentro Interreligioso con el Jeque y los Representantes de las otras Comunidades Religiosas de Azerbaiyán.
En la última actividad oficial de su 16° Viaje Internacional a Azerbaiyán, el Santo Padre agradeció a los Líderes religiosos de este país caucásico por la acogida que le brindaron, porque reunirnos aquí, dijo el Papa, “es un gran signo de amistad fraterna en este lugar de oración, un signo que manifiesta esa armonía que las religiones juntas pueden construir a partir de las relaciones personales y de la buena voluntad de los responsables”.
“Aquí se desea custodiar el gran patrimonio de las religiones y se busca al mismo tiempo una mayor y fecunda apertura – agregó el Pontífice – es lo que ayuda a construir sociedades mejores y pacíficas”. La fraternidad y el intercambio que queremos aumentar, precisó el Obispo de Roma, no será apreciado por aquellos que quieren hacer hincapié en las divisiones, reavivar tensiones y sacar ganancias de conflictos y controversias; sin embargo, son invocados y esperados por quienes desean el bien común, y sobre todo agradan a Dios, compasivo y misericordioso.
Abrirse a los demás no empobrece, subrayó el Sucesor de Pedro, sino que más bien enriquece, porque ayuda a ser más humanos: “a reconocerse parte activa de un todo más grande y a interpretar la vida como un regalo para los otros; a ver como objetivo no los propios intereses, sino el bien de la humanidad; a actuar sin idealismos y sin intervencionismos, sin ninguna interferencia perjudicial o acción forzada, sino siempre respetando la dinámica histórica de las culturas y de las tradiciones religiosas”. Las religiones tienen precisamente una gran tarea, señaló el Pontífice: “acompañar a los hombres en la búsqueda del sentido de la vida, ayudándoles a entender que las limitadas capacidades del ser humano y los bienes de este mundo nunca deben convertirse en un absoluto”.
Por lo tanto, concluyó el Papa Francisco, la religión es una necesidad para el hombre, para realizar su fin, una brújula para orientarlo hacia el bien y alejarlo del mal, que está siempre al acecho en la puerta de su corazón. “En este sentido, las religiones tienen una tarea educativa: ayudar al hombre a dar lo mejor de sí. Y nosotros, como guías, tenemos una gran responsabilidad para ofrecer respuestas auténticas a la búsqueda del hombre, a menudo perdido en las vertiginosas paradojas de nuestro tiempo”. En la noche de los conflictos que estamos atravesando, las religiones son auroras de paz, semillas de renacimiento entre devastaciones de muerte, ecos de diálogo que resuenan sin descanso, caminos de encuentro y reconciliación para llegar allí donde los intentos de mediación oficiales parecen no surtir efecto. Especialmente en esta querida región del Cáucaso, que yo tanto quería visitar y a la cual he venido como peregrino de paz, que las religiones sean vehículos activos para superar las tragedias del pasado y las tensiones de hoy.
(Renato Martinez – Radio Vaticano)

domingo, 2 de octubre de 2016

2 de octubre: Santos Ángeles Custodios. Ángel de mi guarda, dulce compañía


«Ángel de mi guarda, dulce compañía, no me desampares ni de noche ni de día, no me dejes solo que me perdería». Millones de niños en todo el mundo han recitado y recitan esta oración junto con sus padres antes de irse a dormir. El 2 de octubre se celebra la fiesta de los Santos Ángeles Custodios, una festividad que se universalizó en el siglo XVII, y que conmemora a los ángeles de la guarda.
Los custodios aparecen ya en el salmo 90: «No te alcanzará ningún mal, ninguna plaga se acercará a tu carpa, porque él te encomendó a sus ángeles para que te cuiden en todos tus caminos». Aunque los primeros vestigios de la fiesta aparecen en el siglo V, en España y Francia, donde ya se celebraba de forma particular.
La historia de los Santos Ángeles Custodios se fue extendiendo poco a poco y apareció de nuevo de forma generalizada en el año 800 en Inglaterra. Fue en 1670 cuando el Papa Clemente X estableció oficialmente el 2 de octubre como el día de la celebración de la fiesta para los Santos Ángeles de la Guarda, la fiesta de los ángeles particulares de cada persona.
Uno de los grandes santos que tuvo un especial peso en la difusión de la fiesta fue san Bernardo, quien en el año 1010 hizo un famoso sermón acerca del Ángel de la Guarda. San Bernardo asegura que los cristianos, sobre los ángeles de la guarda, respetamos su presencia, agradecemos sus favores y confiamos en su ayuda.
José Calderero @jcalderero
Alfa y Omega

TENTACIONES EN LA ORACIÓN

En momentos difíciles, una actitud religiosa es recurrir a la súplica, al grito de auxilio, a la oración para pedir que se resuelva la prueba, sane el enfermo, se reconcilien las personas… Y si no sucede según nuestra necesidad y solicitud, es posible que surja la duda sobre la eficacia de la oración, y hasta la duda de la fe en la bondad de Dios. Así habla el profeta en su desesperanza: “¿Hasta cuándo clamaré, Señor, sin que me escuches? ¿Te gritaré: «Violencia», sin que me salves? ¿Por qué me haces ver desgracias, me muestras trabajos, violencias y catástrofes, surgen luchas, se alzan contiendas?”

Pero quizá, lo más cierto es que seamos nosotros los que no sepamos comprender el mensaje que contiene el acontecimiento que nos parece negativo. El salmista nos invita a estar atentos: “Ojalá escuchéis hoy su voz: «No endurezcáis el corazón como en Meribá, como el día de Masá en el desierto; cuando vuestros padres me pusieron a prueba y me tentaron, aunque habían visto mis obras.”
La duda y hasta la tentación de pensar que Dios no nos oye cuando le exponemos nuestras necesidades, cabe que se convierta en denuncia, según el Evangelio. “Los apóstoles le pidieron al Señor: -«Auméntanos la fe.» El Señor contestó: -«Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera: "Arráncate de raíz y plántate en el mar." Y os obedecería”.
La fe es la que mueve las montañas; por su fe los patriarcas y los profetas obtuvieron la bendición de Dios. María es la mujer creyente, que se convirtió en Madre de Dios por su fe en la Palabra. El ciego de Jericó, el leproso samaritano, la mujer cananea, el criado del centurión se curaron por la fe que tuvieron en Jesús.
San Pablo, en su carta a Timoteo, amonesta al discípulo con palabras que bien podríamos aplicarnos: “Reaviva el don de Dios, que recibiste cuando te impuse las manos”. Aunque el apóstol se puede referir al ministerio ordenado, todos hemos recibido en el bautismo el don de la fe, y si hemos sido confirmados, también se nos impusieron las manos para confirmarnos en ella.
Cuando parece que Dios no nos oye, o tarda en responder, es momento de acrisolar la fe, de dar crédito a la bondad divina, de no dudar de su misericordia, de gozar la experiencia de que tratamos con Él por amor, y con confianza.
Ángel Moreno de Buenafuente