miércoles, 20 de abril de 2016

La sinceridad de nuestro arrepentimiento suscita en Dios su perdón incondicional

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Hoy queremos detenernos en un aspecto de la misericordia bien representado en el pasaje del Evangelio de Lucas que hemos escuchado. Se trata de un hecho sucedido a Jesús mientras era huésped de un fariseo de nombre Simón. Ellos habían querido invitar a Jesús a su casa porque había escuchado hablar bien de Él como un gran profeta. Y mientras estaban sentados almorzando, entra una mujer conocida por todos en la ciudad como una pecadora. Ésta, sin decir una palabra, se pone a los pies de Jesús y rompe en llanto; sus lágrimas lavan los pies de Jesús y ella los seca con sus cabellos, luego los besa y los unge con un aceite perfumado que ha traído consigo.
Resalta la confrontación entre las dos figuras: aquella de Simón, el celoso servidor de la ley, y aquella de la anónima mujer pecadora. Mientras el primero juzga a los demás por las apariencias, la segunda con sus gestos expresa con sinceridad su corazón. Simón, no obstante habiendo invitado a Jesús, no quiere comprometerse ni involucrar su vida con el Maestro; la mujer, al contrario, se abandona plenamente a Él con amor y con veneración.
El fariseo no concibe que Jesús se deja “contaminar” – entre comillas ¡Eh! – por los pecadores. Así pensaban ellos, ¡eh! Él piensa que si fuera realmente un profeta debería reconocerlos y tenerlos lejos para no ser contaminado, como si fueran leprosos. Esta actitud es típica de un cierto modo de entender la religión, y está motivada por el hecho que Dios y el pecado se oponen radicalmente. Pero la Palabra de Dios enseña a distinguir entre el pecado y el pecador: con el pecado no es necesario hacer compromisos, mientras los pecadores – es decir, ¡todos nosotros! – somos como enfermos, que necesitan ser curados, y para curarse es necesario que el médico los vea, los visite, los toque. ¡Y naturalmente el enfermo, para ser sanado, debe reconocer tener necesidad del médico!
Entre el fariseo y la mujer pecadora, Jesús se pone de parte de ésta última. Libre de prejuicios que impiden a la misericordia expresarse, el Maestro la deja hacer. Él, el Santo de Dios, se deja tocar por ella sin temer ser contaminado. Jesús es libre, libre porque es cercano a Dios que es Padre misericordioso. Y esta cercanía a Dios, Padre misericordioso, da a Jesús la libertad. Al contrario, entrando en relación con la pecadora, Jesús pone fin a aquella condición de aislamiento al cual el juicio despiadado del fariseo y de sus conciudadanos – los cuales la explotaban, ¡eh! – la condenaban: «Tus pecados te son perdonados» (v. 48). La mujer ahora puede “ir en paz”. El Señor ha visto la sinceridad de su fe y de su conversión; por eso delante a todos proclama: «Tu fe te ha salvado, vete en paz» (v. 50). De una parte aquella hipocresía del doctor de la ley, de otra parte la sinceridad, la humildad y la fe de la mujer. Todos nosotros somos pecadores, pero tantas veces caemos en la tentación de la hipocresía, de creernos mejores de los demás. “Pero mira tú pecado…”. Todos nosotros miramos nuestro pecado, nuestras caídas, nuestras equivocaciones y miramos al Señor. Esta es la línea de la salvación: la relación entre “yo” pecador y el Señor. Si yo me considero justo, esta relación de salvación no se da.
A este punto, una sorpresa aún más grande invade a todos los comensales: «¿Quién es este hombre, que llega hasta perdonar los pecados?» (v. 49). Jesús no da una respuesta explicita, sino la conversión de la pecadora está ante los ojos de todos y demuestra que en Él resplandece la potencia de la misericordia de Dios, capaz de transformar los corazones.
La mujer pecadora nos enseña la relación entre fe, amor y reconocimiento. Le han sido perdonados “muchos pecados” y por esto ama mucho; «Pero aquel a quien se le perdona poco, demuestra poco amor» (v. 47). Incluso el mismo Simón debe admitir que ama más aquel a quien se le perdona más. Dios ha puesto a todos en el mismo misterio de misericordia; y de este amor, que siempre nos precede, todos nosotros aprendemos a amar. Como recuerda San Pablo: «En Cristo, hemos sido redimidos por su sangre y hemos recibido el perdón de los pecados, según la riqueza de su gracia, que Dios derramó sobre nosotros, dándonos toda sabiduría y entendimiento» (Ef 1,7-8). En este texto, el término “gracia” es prácticamente sinónimo de misericordia, y es llamado “abundante”, es decir, más allá de nuestra expectativa, porque actúa el proyecto salvífico de Dios para cada uno de nosotros.
Queridos hermanos, ¡seamos gratificados por el don de la fe, agradezcamos al Señor por su amor tan grande y no merecido! Dejemos que el amor de Cristo se derrame en nosotros: de este amor el discípulo se nutre y en él se funda; de este amor cada uno de nosotros puede nutrirse y alimentarse. Así, en el amor agradecido que derramamos sobre nuestros hermanos, en nuestras casas, en la familia, en la sociedad se comunica a todos la misericordia del Señor. Gracias.
(Traducción del italiano, Renato Martinez – Radio Vaticano)

Un puñado de irreductibles franciscanos se mantienen en Alepo (Siria) atendiendo a pobres y enfermos cristianos que no pueden escapar.

El padre Ibrahim es uno de los trece franciscanos que aún permanecen en la castigada ciudad de Alepo, (Siria) y que ha contado en directo, vía videoconferencia como se vive en esta ciudad casi destruida por la guerra y dónde quedan muy pocos cristianos que no hayan huido de las matanzas del Daesh.  “Los cristianos en Alepo somos cada vez menos, pero dispuestos a resistir”: Fray Ibrahim.

Según informa el digital Religión Confidencial, una pequeña comunidad de franciscanos se enfrenta en Alepo al terror de la guerra y a sus consecuencias más nefastas. “No tenemos agua, llevamos cuatro días sin electricidad. No tenemos comida. Los bombardeos habían cesado pero han vuelto con fuerza”, ha relatado durante la clausura del Encuentro Madrid.

El franciscano ha afirmado que su misión es permanecer en un lugar en el que “los únicos que quedan son los pobres y los enfermos que no pueden escapar. Nosotros hemos decidido permanecer aquí y ayudar, en la medida de nuestras posibilidades, a los afectados por la guerra. Permanecer aquí es testimoniar a Cristo”.

Estos trece franciscanos de Alepo se centra en tres necesidades: el agua, la salud y la compañía. “Hemos abierto nuestro pozo que se ha convertido en un oasis en mitad del desierto: a él acuden niños y ancianos, hombres y mujeres, musulmanes y cristianos. Hemos conseguido traer medicinas, pero lo más importante que tenemos que ofrecer es nuestra paz”.

El problema es el islam que promueve un sistema político
Para Martino Diez, director científico de la Fundación Oasis, “el mayor conflicto se encuentra en la concepción del Islam: no es sólo una cuestión religiosa, sino que promueve un sistema político”.
Diez es un gran conocedor del mundo árabe, especialmente de Siria, y ha estudiado en profundidad los movimientos de las primaveras árabes. “Cuando comenzaron las revoluciones, había dos teorías sobre quién las llevaba a cabo: la primera dice que eran personas favorables a la democracia que querían acabar con los regímenes dictatoriales (por ejemplo, Siria); la segunda dice que eran, en realidad, terroristas, fundamentalistas, que querían implantar el Estado Islámico. La verdad está a medio camino entre ambas teorías”, afirma.
En septiembre de 2011 este movimiento de protesta se convirtió en un movimiento armado, y por lo tanto ha comenzado lo que es claramente una guerra civil en Siria.  Este devenir histórico y la post-revolución ha provocado que existan más de 60 millones de desplazados forzosos en el mundo y que seis de ellos sean sirios, explicó en el encuentro Pablo Llano, director de la ONG Cesal.
Desde Cesal, que trabaja especialmente en los 26 campos de refugiados existentes en el Líbano, se han centrado en dos puntos: en la educación, “para que pueda existir un futuro”, y en la creación depuestos de trabajo, “porque la gente necesita volver a sentirse útil, pensar que puede construir su propio futuro”.
En este sentido, ambos ponentes han expresado que “la religión, como punto de encuentro entre personas, forma parte de la solución, no del problema”.
VoxTempli 

«LA CRUZ DE CRISTO, SALVACIÓN DEL GÉNERO HUMANO»


Nuestro Señor fue conculcado por la muerte, pero Él, a su vez, conculcó la muerte, pasando por ella como si fuera un camino. Se sometió a la muerte y la soportó deliberadamente para acabar con la obstinada muerte. [...] 

La muerte, en efecto, no hubiera podido devorarle si Él no hubiera tenido un cuerpo, ni el abismo hubiera podido tragarle si Él no hubiera estado revestido de carne; por ello quiso el Señor descender al seno de una virgen para poder ser arrebatado en su ser carnal hasta el reino de la muerte. Así, una vez que hubo asumido el cuerpo, penetró en el reino de la muerte y lo destruyó. [...]

Llevó su cruz a las moradas de la muerte, que todo lo devoraban, y condujo así a todo el género humano a la mansión de la vida. Y la humanidad entera, que a causa de un árbol había sido precipitada en el abismo inferior, por otro árbol, el de la cruz, alcanzó la mansión de la vida. [...]

¡A ti la gloria, a ti que con tu cruz elevaste un puente sobre la misma muerte, para que las almas pudieran pasar por él desde la región de la muerte a la región de la vida!

¡A ti la gloria, a ti que asumiste un cuerpo mortal e hiciste de él fuente de vida para todos los mortales!... Los que te dieron muerte se comportaron como los agricultores: enterraron la vida en el sepulcro, como el grano de trigo se entierra en el surco, para que luego brotara y resucitara llevando consigo a otros muchos.

Venid, hagamos de nuestro amor una ofrenda grande y universal; elevemos cánticos y oraciones en honor de Aquél que, en la cruz, se ofreció a Dios como holocausto para enriquecernos a todos.

De los sermones de san Efrén, diácono (siglo IV)
Fuente: News. Va


EL SEÑOR TENGA PIEDAD DE NOSOTROS Y NOS BENDIGA

Del Salmo 66:

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben
Que Dios tenga piedad y nos bendiga,
haga brillar su rostro sobre nosotros,
para que en la tierra se conozca su camino,
y su salvación entre las naciones.
Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben
¡Que los pueblos te den gracias, oh Dios,
que todos los pueblos te den gracias!
Que canten de alegría las naciones,
porque gobiernas a los pueblos con justicia
y guías a las naciones de la tierra.
Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben
¡Que los pueblos te den gracias, oh Dios,
que todos los pueblos te den gracias!
Que Dios nos bendiga,
y lo teman todos los confines de la tierra.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben

YO SOY LA LUZ DEL MUNDO


Evangelio según San Juan 12,44-50. 

Jesús exclamó: "El que cree en mí, en realidad no cree en mí, sino en Aquél que me envió. Y el que me ve, ve al que me envió.
 

Yo soy la luz, y he venido al mundo para que todo el que crea en mí no permanezca en las tinieblas. 

Al que escucha mis palabras y no las cumple, yo no lo juzgo, porque no vine a juzgar al mundo, sino a salvarlo. 

El que me rechaza y no recibe mis palabras, ya tiene quien lo juzgue: la palabra que yo he anunciado es la que lo juzgará en el último día. 

Porque yo no hablé por mí mismo: el Padre que me ha enviado me ordenó lo que debía decir y anunciar; y yo sé que su mandato es Vida eterna. 

Las palabras que digo, las digo como el Padre me lo ordenó". 

martes, 19 de abril de 2016

Papa: un cristiano que no se deja atraer por Dios es huérfano

“Un cristiano que no se deja atraer por el Padre hacia Jesús es un cristiano que vive como huérfano”. Lo afirmó el Papa en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta. Un corazón abierto a Dios – dijo Francisco – es capaz de aceptar las “novedades” que trae el Espíritu.  
Milagros, signos prodigiosos, palabras jamás escuchadas antes y después casi siempre la misma pregunta: “¿Eres tú el Cristo?”. El Papa comenzó su homilía a partir del escepticismo invencible que los judíos tienen hacia Jesús y que surge también en el pasaje del Evangelio del día.
El Padre atrae a los corazones
Aquella pregunta – “¿hasta cuándo nos mantendrás en la incertidumbre? Si tú eres el Cristo, dínoslo a nosotros abiertamente” – que escribas y fariseos repetirán muchas veces de diversas formas, en la práctica nace  – tal como observa Francisco – de un corazón ciego. Una ceguera de fe, y Jesús mismo explica a sus interlocutores: “Ustedes no creen porque no forman parte de mis ovejas”. Formar parte del rebaño de Dios es una gracia, pero que tiene necesidad de un corazón disponible:
“‘Mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy la vida eterna y no perecerán eternamente y nadie las arrebatará de mi mano’. Estas ovejas ¿han estudiado para seguir a Jesús y después han creído? No. ‘Mi Padre que me las dio es mayor que todos’. Es precisamente el Padre quien da las ovejas al pastor. Es el Padre quien atrae los corazones hacia Jesús”.
Como huérfanos
La dureza del corazón de escribas y fariseos, que ven las obras realizadas por Jesús, pero que no quieren reconocer en Él al Mesías, es “un drama” – afirmó el Obispo de Roma – que “va adelante hasta el Calvario”. Es más, prosigue también después de la Resurrección, cuando a los soldados de guardia en el sepulcro se les sugiere admitir – recordó el Papa – que se han adormecido para acreditar el robo del cuerpo de Cristo por parte de los discípulos. Ni siquiera el testimonio de quien ha asistido a la Resurrección hace que cambie el punto de vista de quien rechaza creer. Esto tiene una consecuencia. “Son huérfanos” – reafirmó el Pontífice – “porque han renegado a su Padre”:
“Estos doctores de la ley tenían el corazón cerrado, se sentían dueños de sí mismos y, en realidad, eran huérfanos, porque no tenían relación con el Padre. Hablaban, sí, de sus Padres – nuestro padre Abraham, los Patriarcas… – hablaban, pero como figuras lejanas. En su corazón eran huérfanos, vivían en estado de orfandad, en condición de huérfanos, y preferían esto a dejarse atraer por el Padre. Y éste es el drama del corazón cerrado de esta gente”.
“Atraerme hacia Jesús”

Al contrario – señaló el Papa refiriéndose a la Primera lectura – la noticia que llega a Jerusalén, de que muchos paganos se abrían a la fe gracias a la predicación de los discípulos que se habían sentido impulsados hasta Fenicia, Chipre y Antioquía – noticia que en primer lugar había causado mucho temor a los discípulos, demuestra lo que significa tener un corazón abierto a Dios. Un corazón como el de Bernabé quien, enviado a Antioquía a verificar las voces, no se escandaliza por la efectiva conversión, incluso de los paganos, y esto porque – concluyó el Santo Padre – Bernabé “aceptó la novedad”, se “dejó atraer por el Padre hacia Jesús”:
“Jesús nos invita a ser sus discípulos, pero para serlo, debemos dejarnos atraer por el Padre hacia Él. Y la oración humilde del hijo, que nosotros podemos hacer, es: ‘Padre, atráeme hacia Jesús; Padre, llévame a conocer a Jesús’, y el Padre enviará al Espíritu a abrirnos los corazones y nos llevará hacia Jesús. Un cristiano que no se deja atraer por el Padre hacia Jesús es un cristiano que vive en condición de huérfano; y nosotros tenemos un Padre, no somos huérfanos”.
(María Fernanda Bernasconi - RV).

Francisco pide perdón a los refugiados "por la cerrazón y la indiferencia" de la Unión Europea

Videomensaje del Papa a los internos del centro Astalli de los jesuitas italianos

"Sois tratados como un peso, como un problema y un gasto, y sin embargo sois un don"
El papa Francisco ha pedido perdón a los refugiados "por la cerrazón y la indiferencia de nuestras sociedades", en un vídeomensaje enviado al centro Astalli, sede italiana del servicio de inmigración de los jesuitas, por su 35 aniversario.
Según el mensaje del papa, esa indiferencia se debe a que las sociedades "temen el cambio de vida y de mentalidad que requiere" la presencia de la inmigración.
"Sois tratados como un peso, como un problema y un gasto, y sin embargo sois un don. Sois el testimonio de cómo Dios clemente y misericordioso sabe transformar el mal y la injusticia que sufrís en un bien para todos", se lee en la transcripción del mensaje difundido por la oficina de prensa de la Santa Sede.

Francisco, que el pasado sábado viajó a laisla griega de Lesbos y se trajo a Roma en el avión a doce refugiados sirios, aseguró en su mensaje "que cada uno puede ser un puente que une a los pueblos lejanos y que hace posible el encuentro entre culturas y religiones diferentes".
A los refugiados les dice que su experiencia de dolor y de esperanza "recuerda que todos somos extranjeros y peregrinos en esta Tierra, acogidos por alguien con generosidad y sin ningún mérito".
El papa argentino dice que se debe considerar como "un hermano con quien compartir el pan" a todos los que han "huido de su propia tierra a causa de la opresión, la guerra, la naturaleza atacada por la contaminación y la desertificación o por la injusta distribución de los bienes del planeta".
Al Centro Astalli les animó a continuar su camino y "ayudar a la sociedad a escuchar las voces de los refugiados" y a "continuar y caminar con ellos al lado porque los refugiados conocen el camino que lleva a la paz pues conocen el olor acre de la guerra".
Texto completo del vídeo mensaje del Papa:

«Queridos refugiados, queridos voluntarios, operadores y amigos del Centro Astalli
En este año de la Misericordia se celebran 35 años del Servicio de los Jesuitas a Refugiados en Italia, actividad que ha sido, ante todo, un caminar juntos, como único pueblo. ¡Y esto es bello y justo!
Hay que proseguir con valentía: «Era forastero y me han acogido» (cfr. Mt 25, 35)
Era forastero... Cada uno de ustedes, los refugiados que llaman a nuestras puertas tiene el rostro de Dios, es carne de Cristo. Su experiencia de dolor y de esperanza nos recuerda que todos somos extranjeros y peregrinos en esta Tierra, acogidos por alguien con generosidad y sin mérito alguno. Aquel que, como ustedes, ha huido de su propia tierra a causa de la opresión, de la guerra, de una naturaleza desfigurada por la contaminación y la desertificación, o de la injusta distribución de los recursos del planeta, es un hermano con el cual compartir el pan, la casa, la vida.
¡Demasiadas veces no los hemos acogido! Perdonen la cerrazón y la indiferencia de nuestras sociedades que temen el cambio de vida que su presencia requiere. Tratados como un peso, un problema, un costo, sin embargo, ustedes son un don. Son el testimonio de cómo nuestro Dios clemente y misericordioso sabe transformar el mal y la injusticia que sufren en un bien para todos. Porque cada uno de ustedes puede ser un puente que une a pueblos lejanos, que hace posible el encuentro entre culturas y religiones diversas, un camino para redescubrir nuestra humanidad común.
... y me han acogido. Era forastero y me han acogido. Sí, el Centro Astalli es el ejemplo concreto y cotidiano de esta acogida nacida de la visión profética del padre Pedro Arrupe. Fue su canto del cisne, en un centro de refugiados en Asia.
Gracias a todos ustedes, mujeres y hombres, laicos y religiosos, operadores y voluntarios, porque muestran en los hechos que si se camina juntos, el camino da menos miedo.
Los aliento a proseguir. Treinta y cinco años son sólo el comienzo de un camino que se hace cada vez más necesario, único camino para una convivencia reconciliada. Sean siempre testimonio de la belleza del encuentro. Ayuden a nuestra sociedad a escuchar la voz de los refugiados.
Sigan caminando con valentía a su lado, acompáñenlos y háganse guiar por ellos: los refugiados conocen los caminos que llevan a la paz porque conocen el olor acre de la guerra».


En memoria de la hermana Clare (1982-2016)

La hermana Clare Crockett, Sierva del Hogar de la Madre, tenía 33 años cuando murió el sábado 16 de abril a causa del derrumbamiento de la casa donde vivía su comunidad, provocado por el terremoto que sacudió la costa ecuatoriana.


Nació en Derry, en Irlanda del Norte, en una familia católica, pero en un contexto «donde los términos “católico” y “protestante” eran solamente políticos. Nacer en una familia católica no significaba necesariamente que fueras a Misa o recibieras formación en la fe católica. Los católicos, que querían una Irlanda unida, mataban a los protestantes; y los protestantes, que no querían una Irlanda unida, mataban a los católicos. Para mí, eso es lo que significaba ser católica. Dios no tenía ningún papel en mi vida. En una sociedad donde prevalecía el odio, no había sitio para Dios».
Así hablaba la hermana Clare de sus orígenes en un breve testimonio, publicado en la web de su congregación, http://www.hogardelamadre.org.
«Desde pequeña quería ser actriz», confesaba la religiosa, que, como misionera, siguió manteniendo sus dotes para el espectáculo, como se aprecia en el vídeo. Presentó programas de televisión, ganó algunos premios y, a los 18, logró un papel en una película.
El tiempo libre lo dedicaba a irse de fiesta. «Mis fines de semana consistían en emborracharme con mis amigos. Gastaba todo mi dinero en alcohol y tabaco», contaba Clare.
Un día, una amiga le propuso un viaje a España. Gratis. «¡Un viaje gratis a España! –pensé–, diez días de fiesta en España con el sol. ¡Por supuesto que quería ir!»
Cuando se enteró de que tal viaje consistía en un retiro de Semana Santa, intentó escaparse, pero ya había un billete de avión a su nombre.

Con el Hogar de la Madre, empezó a descubrir su vocación, que fue haciéndose cada día más clara, mientras, al mismo tiempo, despegaba su carrera como actriz. Finalmente, llegó el día en que tuvo que elegir.

Fuente:Alfa y Omega

Yo y el Padre somos uno


Lectura del santo Evangelio según san Juan 10, 22-30
Se celebraba en Jerusalén la fiesta de la Dedicación del templo. 
Era invierno, y Jesús se paseaba en el templo por el pórtico de Salomón. 
Los judíos, rodeándolo, le preguntaban: 
- «¿Hasta cuando nos vas a tener en suspenso? Si tú eres el Mesías, dínoslo francamente». 
Jesús les respondió: - «Os lo he dicho, y no creéis; las obras que yo hago en nombre de mi Padre, ésas dan testimonio de mi. Pero vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas. 
Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano. 
Lo que mi Padre me ha dado, es más que todas las cosas, y nadie puede arrebatar nada de la mano de mi Padre. Yo y el Padre somos uno».
Palabra del Señor.

lunes, 18 de abril de 2016

Testimonio de Julio Parrilla Díaz, obispo de Riobamba. El terremoto desde la Iglesia de Ecuador



"Es el momento en el que Dios nos quiere humildes, resistentes, solidarios y fraternos"


El terremoto que ha asolado nuestra costa del Pacífico, fue el sábado, día 16 de abril, a las 7,00 h de la tarde. De noche. Las sombras envolvían el desastre y sólo en la mañana del domingo nos dimos cuenta de sus dimensiones...
Especialmente, la provincia de Manabí aparecía devastada. Portoviejo, la capital, se llenaba de escombros: casas, hoteles, centros comerciales, se vinieron abajo y hoy esconden cantidad de cadáveres y alguna gente con vida que grita y pide socorro. La cifra oficial de muertos, en este momento, llega a los 272, pero serán muchos más. Los heridos pasan de 3.000 y la gente que necesita ayuda ronda las 100.000 personas. Son las cifras del momento. El futuro inmediato irá desvelando la realidad.

Este flagelo ocurre en momentos complicados para el país. Los excesos de la naturaleza nos acompañan siempre: antes eran las inundaciones por el invierno. Y, poco antes también, la erupción del Cotopaxi. Ahora este terrible seismo que deja al país en situación crítica. Económicamente, la recesión por la caída del precio del petróleo nos había puesto contra las cuerdas. Así que llueve sobre mojado... Será duro salir adelante y afrontar de forma eficaz este enorme agujero que se abre bajo nuestros pies.
Como ocurre siempre entre nosotros, el dolor deja también en evidencia la solidaridad. Pasado el momento álgido del desastre, todo el mundo participa y trata de dar una respuesta. Emociona el ver a tanta gente movilizada. Todo el mundo quiere hacer algo, aunque no se sepa bien qué es lo más urgente. Poco a poco, la solidaridad entrará por los cauces de una mayor racionalidad y organización. En países como el nuestro la capacidad de reacción es siempre lenta y deslavazada, pero el alma ecuatoriana está ahí presente, compartiendo dolores y necesidades.
La Iglesia trata de hacer su parte, acompañando al pueblo. Este es nuestro signo distintivo: acompañar, en lo bueno y en lo malo, en la salud y en la enfermedad, en la vida y en la muerte. En estos dos escasos días (ayer, domingo, la gente copaba las iglesias) hemos repetido insistentemente que hay que fomentar cuatro actitudes:confianza en Dios, que no abandona a su pueblo, unidad, manos a la obra y oración.
Son esos momentos en que las diferencias y los colores políticos, sociales o económicos quedan relativizados y diluidos en medio de la tragedia. Es el momento de sentirnos hermanos, amigos y compañeros. Es el momento en el que Dios nos quiere humildes, resistentes, solidarios y fraternos. Es el momento de sembrar esperanza.
 A lo largo de estos días nos uniremos a tantas iniciativas de ayuda. Todas las diócesis organizaremos colectas, recogida de víveres no perecibles, ropa, kits de aseo, etc. Por desgracia, somos expertos en aguantar. Así, poco a poco, la desgracia se va convirtiendo en gracia. La emoción por el dolor es sustituida por la emoción de colaborar y de hacer todo lo posible por sacar el país adelante.
No dejen de ayudarnos. En momentos así, la aldea global se convierte en una inmensa oportunidad para decirnos a nosotros mismos que somos humanos, que no dejamos de serlo, a pesar de la dureza de la vida, de la política o de los intereses inmediatos.

 (Julio Parrilla Díaz, Obispo de Riobamba en el Ecuador)

Homilía del Papa: quien sigue a Jesús no se equivoca

Si escuchamos la voz de Jesús y lo seguimos, no nos equivocaremos de camino. Fue el núcleo de la homilía del Papa Francisco durante la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta. El Pontífice subrayó que el Señor, el “Buen Pastor”, es la única puerta que nos puede hacer entrar en el recinto de la vida eterna. De ahí su admonición a no fiarse de supuestos videntes y cartománticos que nos llevan por un camino equivocado.

La puerta, el camino y la voz. Partiendo del Evangelio del día, el Pontífice se refirió al pasaje del Buen Pastor, para detenerse en tres realidades determinantes para la vida del cristiano. Y observó, ante todo, la advertencia de Jesús: “El que no entra en el recinto de las ovejas por la puerta”, sino que lo hace por otra parte, “es un ladrón y un bandido”. Porque Él es la puerta, y “no hay otra”.

Preguntémonos siempre si tomamos decisiones en nombre de Jesús

“Jesús  – destacó el Obispo de Roma – siempre hablaba a la gente con imágenes sencillas: toda aquella gente sabía cómo era la vida de un pastor”. Y aprendieron que “sólo se entra por la puerta del recinto de las ovejas”. Los que quieren entrar por otra parte, por la ventana o por otra parte, en cambio, son delincuentes:

“De manera tan clara habla el Señor. No se puede entrar en la vida eterna por otra parte que no sea la puerta, es decir, que no sea Jesús’. Es la puerta de nuestra vida y no sólo de la vida eterna, sino también de nuestra vida cotidiana. Esta decisión, por ejemplo, ¿yo la tomo en nombre de Jesús, por la puerta de Jesús, o la tomo un poco – digámoslo con un lenguaje sencillo – la tomo de contrabando? ¡Sólo se entra en el recinto por la puerta, que es Jesús!”

Seguir a Jesús, no a los cartománticos y supuestos videntes

Por tanto Jesús – prosiguió explicando el Pontífice – habla del camino. El pastor conoce a sus ovejas y las conduce afuera: “Camina delante de ellas y las ovejas lo siguen”. El camino es precisamente esto – dijo también el Papa Bergoglio – “seguir a Jesús” en el “camino de la vida, de la vida de todos los días”. Y añadió que no es posible equivocarse, porque “Él va por delante y nos indica el camino”:
“¡Quien siegue a Jesús no se equivoca! ‘Eh, Padre, sí, pero las cosas son difíciles… Tantas veces yo no veo claro qué cosa hacer… Me dijeron que allá había una vidente  y fui allá, o allí; fui a lo del cartomántico, que me tiró las cartas…’ – ‘¡Si tú haces esto, no sigues a Jesús! Sigues a otro que te da otro camino, diverso. Él delante indica el camino. No hay otro que pueda indicar el camino’. Jesús nos ha avisado: ‘Vendrán otros que dirán: el camino del Mesías es esto, esto… ¡No lo escuchen! No los escuchen a ellos. ¡El camino soy Yo!’. Jesús es la puerta y también el camino. Si lo seguimos a Él no nos equivocaremos”.

Podemos escuchar la voz de Jesús en las Bienaventuranzas


Francisco se detuvo por último en la voz del Buen Pastor.  Y señaló que “las ovejas lo siguen porque conocen su voz”. A la vez que se preguntó ¿cómo podemos conocer la voz de Jesús, e incluso defendernos “de la voz de aquellos que no son Jesús, que entran por la ventana, que son delincuentes, que destruyen, que engañan?”:
"‘Yo te daré la receta, sencilla. Tú encontrarás la voz de Jesús en las Bienaventuranzas. El que te enseñe un camino contrario a las Bienaventuranzas, es uno que ha entrado por la ventana: ¡no es Jesús!’. Segundo: ‘¿Tú conoces la voz de Jesús? Tú puedes conocerla cuando nos habla de las obras de misericordia. Por ejemplo, en el capítulo 25 de San Mateo: ‘Si alguien te dice aquello que Jesús dice allí, es la voz de Jesús’. Y tercero: ‘Tú puedes conocer la voz de Jesús cuando te enseña a decir ‘Padre’, es decir, cuando te enseña a rezar el Padrenuestro”.

“Es tan fácil la vida cristiana – comentó el Santo Padre al concluir – Jesús es la puerta; Él nos guía en el camino y nosotros conocemos su voz en las Bienaventuranzas, en las obras de misericordia y cuando nos enseña a decir ‘Padre’. Acuérdense – terminó diciendo el Papa – ‘la puerta, el camino y la voz. Que el Señor nos haga entender esta imagen de Jesús, este icono: el pastor, que es puerta, indica el camino y nos enseña a nosotros a escuchar su voz’”.
(María Fernanda Bernasconi - RV).

El Papa consagra a 11 diáconos y les pide: ‘Sean misericordiosos, muy misericordiosos’

En una solemne ceremonia en el Vaticano que coincide con la 53° jornada mundial de oración por las vocaciones
 (ZENIT – Ciudad del Vaticano).- El Papa Francisco presidió en este cuarto domingo de Pascua la santa misa en la basílica de San Pedro, en la que confirió la ordenación presbiterial a 11 diáconos.
En la solemne ceremonia en el Vaticano que coincide con la 53° jornada mundial de oración por las vocaciones, el Santo Padre vestía paramentos crema y dorado, color predominante de los concelebrantes, entres los cuales estaban el cardenal Agostino Vallini, vicario generale del Papa para la diocesi di Roma, y los superiores y los párrocos de los seminaristas ordenados.
El orden sagrado es uno de los siete sacramentos de la Iglesia, que se confiere en la ceremonia de consagración a quienes que han recibido un particular llamado de Dios para ser sacerdotes y que exige la dedicación plena y libre disposición.
La emotiva ceremonia de ordenación que incluyó diversos ritos como la postración, la imposición de las manos y la consagración de las manos, fue acompañada con la música polifónica y gregoriana del Coro Pontificio de la Capilla Sixtina.
De los 11 diáconos ordenados, 9 provienen de seminarios romanos: Pontificio Seminario Romano Mayor, Almo Colegio Capránica, Colegio Diocesano Redemptoris Mater, Seminario de Nuestra Señora del Divino Amor. Em cambio los dos restantes provienen de otros Colegios.
La homilía que el Santo Padre ha pronunciado, es en sustancia la ritual prevista en la edición italiana del Pontifical Romano para la ordenación de los presbíteros. En las partes en las que Francisco añadió o improvisó, invitó a los nuevos ordenados a “leer y meditar asiduamente la palabra del Señor para creer en lo que ha leído, enseñar lo que han aprendido de la fe, vivir lo que han enseñado”. Y añadió” Hagan memoria de vuestra historia, de aquel don de la palabra que el Señor les dio, a través de la mamá, de la abuela, de los catequistas, de toda la Iglesia”.
“Por favor –exhortó el Papa– pido en nombre de Cristo y de la Iglesia les pido de sean misericordiosos, muy misericordiosos”. Les subrayó también: “No se olviden de esto, elegidos. Es el Señor que les ha llamado uno a uno” y que han sido constituidos “a favor de ellos, no a favor de uno mismo”. La homilía concluyó invitando a tener  siempre delante de los ojos el ejemplo del Buen Pastor, “que no ha venido para ser servido, sino para servir, no para quedarse en sus comodidades sino para salir y buscar salvar lo que estaba perdido”.
Después de la consagración de los nuevos presbíteros el Santo Padre visiblemente emocionado les saludó uno a uno.
Concluida la santa misa, la ceremonia concluyó con el canto del Regina Coeli.

MI ALMA TIENE SED DE TI, SEÑOR , DIOS MÍO

Mi alma tiene sed de ti, Dios vivo

Como busca la cierva corrientes de agua,
así mi alma te busca a ti, Dios mío;
tiene sed de Dios, del Dios vivo:
¿cuándo entraré a ver el Rostro de Dios?

Mi alma tiene sed de ti, Dios vivo

Envía tu luz y tu verdad:
que ellas me guíen
y me conduzcan hasta tu monte santo,
hasta tu morada.

Mi alma tiene sed de ti, Dios vivo

Que yo me acerque al altar de Dios,
al Dios de mi alegría;
que te dé gracias al son de la cítara,
Dios, Dios mío.

Mi alma tiene sed de ti, Dios vivo

HE VENIDO PARA QUE TENGAN VIDA EN ABUNDANCIA

Evangelio según San Juan 10,1-10.

Jesús dijo a los fariseos: "Les aseguro que el que no entra por la puerta en el corral de las ovejas, sino por otro lado, es un ladrón y un asaltante.

El que entra por la puerta es el pastor de las ovejas.
El guardián le abre y las ovejas escuchan su voz. El llama a cada una por su nombre y las hace salir.

Cuando las ha sacado a todas, va delante de ellas y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz. Nunca seguirán a un extraño, sino que huirán de él, porque no conocen su voz".

Jesús les hizo esta comparación, pero ellos no comprendieron lo que les quería decir.

Entonces Jesús prosiguió: "Les aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. Todos aquellos que han venido antes de mí son ladrones y asaltantes, pero las ovejas no los han escuchado.

Yo soy la puerta. El que entra por mí se salvará; podrá entrar y salir, y encontrará su alimento. El ladrón no viene sino para robar, matar y destruir. Pero yo he venido para que las ovejas tengan Vida, y la tengan en abundancia."