miércoles, 20 de enero de 2016

El Papa recuerda en su catequesis que el Bautismo es fuente de esperanza para todos.


Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Hemos estuchado el texto bíblico que este año guía la reflexión en la Semana de Oración para la unidad de los cristianos, que se celebra del 18 al 25 de enero. Esta semana. Tal pasaje de la Primera Carta de san Pedro ha sido elegido por un grupo ecuménico de Letonia, encargado por el Consejo Ecuménico de las Iglesias y por el Consejo Pontificio para la promoción de la unidad de los cristianos.
Al centro de la catedral luterana de Riga hay una fuente bautismal del siglo XII, el tiempo en que Letonia fue evangelizada por san Meinardo. Aquella fuente es un signo elocuente de un sólo origen de la fe reconocida por todos los cristianos de Letonia, católicos, luteranos y ortodoxos. Tal origen es nuestro Bautismo común. El Concilio Vaticano II afirma que «el Bautismo constituye el vínculo sacramental de la unidad vigente entre todos aquellos que por medio de él han sido regenerados» (Unitatis redintegratio, 22). La Primera Carta de Pedro está dirigida a la primera generación de los cristianos para hacerlos conscientes del don recibido con el Bautismo y de las exigencias que implica. También nosotros, en esta Semana de Oración, estamos invitados a redescubrir todo esto, y a hacerlo juntos, yendo más allá de nuestras divisiones.

En primer lugar, compartir el Bautismo significa que todos somos pecadores y tenemos necesidad de ser salvados, redimidos, liberados del mal. Es este el aspecto negativo, que la Primera Carta de Pedro llama «tinieblas» cuando dice: «[Dios] los ha llamado fuera de las tinieblas para conducirlos a su admirable luz». Esta es la experiencia de la muerte, que Cristo ha hecho propia, y que es simbolizada en el Bautismo al ser sumergidos en el agua, y a la cual sigue el resurgir, símbolo de la resurrección a la nueva vida en Cristo. Cuando nosotros cristianos decimos que compartimos un solo Bautismo, afirmamos que todos nosotros –católicos, protestantes y ortodoxos- compartimos la experiencia de estar llamados de las tinieblas feroces y alienantes al encuentro con el Dios vivo, pleno de misericordia. Todos de hecho, lamentablemente, tenemos experiencia del egoísmo, que genera división, cerrazón, desprecio. Volver a partir del Bautismo quiere decir reencontrar la fuente de la misericordia, fuente de esperanza para todos, porque ninguno está excluido de la misericordia de Dios, ninguno está excluido de la misericordia de Dios.
El compartir esta gracia crea un vínculo indisoluble entre nosotros los cristianos, así que, en virtud del Bautismo, podamos considerarnos todos realmente hermanos. Somos realmente pueblo santo de Dios, aunque si, a causa de nuestros pecados, no somos todavía un pueblo plenamente unido. La misericordia de Dios, que actúa en el Bautismo, es más fuerte de nuestras divisiones, es más fuerte. En la medida en que recibimos la gracia de la misericordia, nosotros nos transformamos siempre más plenamente en pueblo de Dios, y nos transformamos también en capaces de anunciar a todos sus obras maravillosas, precisamente a partir de un simple y fraterno testimonio de unidad. Nosotros cristianos podemos anunciar a todos la fuerza del Evangelio comprometiéndonos a compartir las obras de misericordia corporales y espirituales. Este es un testimonio concreto de unidad.
En conclusión, queridos hermanos y hermanas, todos nosotros cristianos, por la gracia del Bautismo, hemos obtenido misericordia de Dios y hemos sido recibidos en su pueblo. Todos, católicos, ortodoxos y protestantes, formamos un sacerdocio real y una nación santa. Esto significa que tenemos una misión común, que es aquella de transmitir la misericordia recibida a los otros, comenzando por los más pobres y abandonados. Durante esta Semana de Oración, rezamos para que todos nosotros discípulos de Cristo encontremos el modo de colaborar juntos para llevar la misericordia del Padre a cada parte de la tierra. Gracias.
(Traducción por Mercedes De La Torre – Radio Vaticano).

Colaborar juntos para llevar la misericordia, es deseo del Papa en la semana por la unidad de los cristianos


En la Semana de Oración por la unidad de los cristianos que se desarrolla del 18 al 25 de enero, en la catequesis del 20 de enero de 2016, el Papa invitó a pedir que todos los discípulos de Cristo encontremos el modo de colaborar juntos para llevar la misericordia del Padre a cada rincón de la tierra.
Francisco dijo que todos estamos llamados a redescubrir nuestro bautismo, y a hacerlo juntos todos los cristianos, católicos, protestantes y ortodoxos, dejando atrás lo que nos divide. “Compartir el Bautismo significa que todos somos pecadores y que necesitamos la salvación que Dios nos ofrece, todos experimentamos la misma llamada a salir de las tinieblas e ir al encuentro de Dios lleno de misericordia. Precisamente en el bautismo, nos sumergimos en la fuente de la misericordia y de la esperanza, de la que nadie está excluido, esta experiencia de gracia crea un vínculo indisoluble entre los bautizados, de modo que nos consideremos realmente hermanos y miembros de un solo pueblo de Dios, capaz de anunciar las maravillas que él ha obrado a partir del testimonio sencillo y fraterno de la unidad, así como del compromiso mutuo de poner en práctica las obras de misericordia corporales y espirituales, realizando así nuestra común misión de transmitir a los otros la misericordia recibida, empezando por los pobres y abandonados”.

Poner en práctica las obras de misericordia espirituales y corporales, testimonio concreto de la unidad de los cristianos

El don del Bautismo, común a todos los cristianos, y su significado. “Queridos hermanos y hermanas: el texto de la primera carta de san Pedro que hemos escuchado, centra la reflexión de la Semana de Oración para la Unidad de los Cristianos. En él, el Apóstol se dirige a la primera generación de fieles para que tomen conciencia del don que han recibido por el bautismo. Del mismo modo, todos nosotros, durante esta Semana de Oración, estamos llamados a redescubrir nuestro bautismo, y a hacerlo juntos todos los cristianos, católicos, protestantes y ortodoxos, dejando atrás lo que nos divide”.
“Compartir el Bautismo significa que todos somos pecadores y que necesitamos la salvación que Dios nos ofrece, todos experimentamos la misma llamada a salir de las tinieblas e ir al encuentro de Dios lleno de misericordia”.
Somos realmente pueblo santo de Dios, aunque si a causa de nuestros pecados, aún no estamos plenamente unidos. Todos hacemos experiencia del egoísmo, que genera división, cerrazón y desprecio, observó el Papa en su catequesis impartida en italiano, de ahí que redescubrir el Bautismo signifique “reencontrar la fuente de la misericordia y de esperanza para todos” porque – recalcó - “nadie está excluido de la misericordia de Dios”.
“Precisamente en el bautismo, nos sumergimos en la fuente de la misericordia y de la esperanza, de la que nadie está excluido, esta experiencia de gracia crea un vínculo indisoluble entre los bautizados, de modo que nos consideremos realmente hermanos y miembros de un solo pueblo de Dios, capaz de anunciar las maravillas que él ha obrado a partir del testimonio sencillo y fraterno de la unidad, así como del compromiso mutuo de poner en práctica las obras de misericordia corporales y espirituales, realizando nuestra común misión de transmitir a los otros la misericordia que hemos recibido, empezando por los pobres y abandonados”.
La misericordia de Dios es más fuerte que nuestras divisiones. En la medida en que recibimos la gracia de la misericordia, dijo Francisco, “nos convertimos siempre más plenamente en pueblo de Dios”. “Los cristianos podemos anunciar a todos la fuerza del Evangelio, comprometiéndonos a compartir las obras de misericordia corporales y espirituales, que son un testimonio concreto de unidad”.
“En esta Semana de Oración  -concluyó el pontífice - pidamos que todos los discípulos de Cristo encontremos el modo de colaborar juntos para llevar la misericordia del Padre a cada rincón de la tierra. Que Dios los bendiga”.
(GM - RV)

¡Bendito el Señor, mi alcázar!


Sal 143, 1. 2. 9-10 
¡Bendito el Señor, mi alcázar!
Bendito el Señor, mi Roca, 
que adiestra mis manos para el combate, 
mis dedos para la pelea.
¡Bendito el Señor, mi alcázar!
Mi bienhechor, mi alcázar, 
baluarte donde me pongo a salvo, 
mi escudo y refugio, 
que me somete los pueblos.
¡Bendito el Señor, mi alcázar!
Dios mío, te cantaré un cántico nuevo, 
tocaré para ti el arpa de diez cuerdas: 
para ti que das la victoria a los reyes 
y salvas a David, tu siervo, de la espada maligna.
¡Bendito el Señor, mi alcázar!

¿Está permitido en sábado salvarle la vida a un hombre o dejarlo morir?


Lectura del santo evangelio según san Marcos 3, 1-6

En aquel tiempo, entró Jesús otra vez en la sinagoga, y había allí un hombre que tenía una mano paralizada. Lo estaban observando, para ver si lo curaba en sábado y acusarlo.
Entonces le dice al hombre que tenía la mano paralizada:
-«Levántate y ponte ahí en medio.»
Y a ellos les preguntó:
-«¿Qué está permitido en sábado?, ¿hacer lo bueno o lo malo?, ¿salvarle la vida a un hombre o dejarlo morir?»
Ellos callaban. Echando en torno una mirada de ira y dolido por la dureza de su corazón, dice al hombre:
-«Extiende la mano».
La extendió y su mano quedó restablecida.
En cuanto salieron, los fariseos se confabularon con los herodianos para acabar con él.
Palabra del Señor.

martes, 19 de enero de 2016

Papa: no hay Santo sin pecado, ni pecador sin futuro

Dios no se detiene ante las apariencias, sino que ve con el corazón, señaló el Papa Francisco en su homilía, en la Misa matutina, en la capilla de la Casa de Santa Marta. Reflexionando sobre la primera lectura, que narra la elección del joven David como rey de Israel, el Santo Padre destacó que también en la vida de los Santos hay tentaciones y pecados, como muestra precisamente la vida de David, pero que nunca hay que usar a Dios para vencer una causa propia.
El Señor rechaza a Saúl «porque tenía el corazón cerrado, no había obedecido al Señor» y piensa elegir a otro rey, recordó el Papa, con el primer Libro de Samuel.
El Señor ve el corazón, no se detiene ante las apariencias
Una elección que se aparta de los criterios humanos, porque David era el más joven de los hijos de Jesé, era un chiquillo. Pero el Señor hace comprender al profeta Samuel que para Él las apariencias no cuentan. «El Señor ve con el corazón»:
«Nosotros, tantas veces, somos esclavos de las apariencias, esclavos de lo que parece y nos dejamos llevar por estas cosas: ‘Pero, así parece…’ Sin embargo, el Señor sabe la verdad. Como en esta historia. Pasan los siete hijos de Jesé y el Señor no elige a ninguno, los deja pasar. Samuel se siente algo incómodo y le dice al Padre: ¿ni siquiera a éste ha elegido? ¿Están aquí todos los muchachos? ‘Queda todavía el más joven, que no cuenta, que está apacentando el rebaño’. Ante los ojos de los hombres, este jovencito no cuenta».
David reconoce su pecado y pide perdón
No contaba para los hombres, pero el Señor lo elige y manda a Samuel que lo unja. Y «el Espíritu del Señor descendió sobre David». Y, desde ese día, toda la vida de David fue la vida un hombre ungido por el Señor, elegido por el Señor», reiteró el Papa Francisco, y después de preguntar: ¿entonces, el Señor lo hizo Santo?, respondió: «No, el Rey David es el Santo Rey David, es verdad, pero solo después de una vida larga» y una vida con pecados:
«Santo y pecador. Un hombre que ha sabido unir el Reino, ha sabido llevar adelante al pueblo de Israel. Pero tenía sus tentaciones… tenía sus pecados: fue también un asesino. Para encubrir su lujuria, el pecado de adulterio, mandó… mandó matar. ¡Él! El Santo Rey David mató Pero cuando Dios envió al profeta Natán para hacer ver esta realidad, porque no se había dado cuenta de la barbarie que había ordenado, reconoció ‘he pecado’ y pidió perdón»
Recordando la vida del Rey David que «nunca utilizó a Dios para vencer una causa propia» y que cuando lo insultaban, pensaba para sí mismo: me lo merezco, el Papa hizo hincapié en que «el Santo Rey David era un gran pecador, pero se arrepintió» y señaló que le conmueve la vida de este hombre, que nos ayuda a pensar en la nuestra:
«Todos nosotros hemos sido elegidos por el Señor a través del Bautismo, para estar en su pueblo, para ser Santos; hemos sido consagrados por el Señor, en este camino de la santidad. Leyendo esta vida de un niño – no, era más bien un joven – luego de joven a viejo, que hizo tantas cosas buenas y otras no tan buenas, se me ocurre pensar que en el camino cristiano, en el camino que el Señor nos ha invitado a recorrer, se me ocurre pensar que no hay ningún Santo sin pasado, y tampoco un pecador sin futuro»
(CdM – RV)


REFLEXIÓN DE SAN JUAN PABLO II a Marcos (2,23-28)

(…) El « shabbat », día séptimo bendecido y consagrado por Dios, a la vez que concluye toda la obra de la creación, se une inmediatamente a la obra del sexto día, en el cual Dios hizo al hombre « a su imagen y semejanza » (cf. Gn 1,26). (…)
El « día de Dios » tendrá así para siempre una relación directa con el « día del hombre ». Cuando el mandamiento de Dios dice: « Acuérdate del día del sábado para santificarlo » (Ex 20,8), el descanso mandado para honrar el día dedicado a él no es, para el hombre, una imposición pesada, sino más bien una ayuda para que se dé cuenta de su dependencia del Creador vital y liberadora, y a la vez la vocación a colaborar en su obra y acoger su gracia. 

Al honrar el « descanso » de Dios, el hombre se encuentra plenamente a sí mismo, y así el día del Señor se manifiesta marcado profundamente por la bendición divina y, gracias a ella, dotado de una especie de « fecundidad »... 

El cristiano debe recordar, pues, que, si para él han decaído las manifestaciones del sábado judío, superadas por el « cumplimiento » dominical, son válidos los motivos de fondo que imponen la santificación del « día del Señor », indicados en la solemnidad del Decálogo, pero que se han de entender a la luz de la teología y de la espiritualidad del domingo: 

« Guardarás el día del sábado para santificarlo, como te lo ha mandado el Señor tu Dios. Seis días trabajarás y harás todas tus tareas, pero el día séptimo es día de descanso para el Señor tu Dios. No harás ningún trabajo, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu buey, ni tu asno, ni ninguna de tus bestias, ni el forastero que vive en tus ciudades; de modo que puedan descansar, como tú, tu siervo y tu sierva. Recuerda que fuiste esclavo en el país de Egipto y que el Señor tu Dios te sacó de allí con mano fuerte y tenso brazo; por eso el Señor tu Dios te ha mandado guardar el día del sábado » (Dt 5,12-15). La observancia del sábado aparece aquí íntimamente unida a la obra de liberación realizada por Dios para su pueblo.

Cristo vino a realizar un nuevo « éxodo », a dar la libertad a los oprimidos. El obró muchas curaciones el día de sábado (cf. Mt 12,9-14 y paralelos), ciertamente no para violar el día del Señor, sino para realizar su pleno significado: « El sábado ha sido instituido para el hombre y no el hombre para el sábado » (Mc 2, 27). 
Oponiéndose a la interpretación demasiado legalista de algunos contemporáneos suyos, y desarrollando el auténtico sentido del sábado bíblico, Jesús, « Señor del sábado » (Mc 2,28), orienta la observancia de este día hacia su carácter liberador, junto con la salvaguardia de los derechos de Dios y de los derechos del hombre. 

Así se entiende por qué los cristianos, anunciadores de la liberación realizada por la sangre de Cristo, se sintieran autorizados a trasladar el sentido del sábado al día de la resurrección. En efecto, la Pascua de Cristo ha liberado al hombre de una esclavitud mucho más radical de la que pesaba sobre un pueblo oprimido: la esclavitud del pecado, que aleja al hombre de Dios, lo aleja de sí mismo y de los demás, poniendo siempre en la historia nuevas semillas de maldad y de violencia. 
De la Carta Apostólica “Dies Domini”, de san Juan Pablo II

El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado


Lectura del santo evangelio según san Marcos 2, 23-28
Sucedió que un sábado Jesús atravesaba un sembrado, y sus discípulos, mientras caminaban, iban arrancando espigas.
Los fariseos le preguntan:
-«Mira, ¿por qué hacen en sábado lo que no está permitido?»
Él les responde:
-« ¿No habéis leído nunca lo que hizo David, cuando él y sus hombres se vieron faltos y con hambre como entró en la casa de Dios, en tiempo del sumo sacerdote Abiatar, comió de los panes de la proposición, que solo está permitido comer a los sacerdotes, y se los dio también a quienes estaban con él».
Y les decía:
-«El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado; así que el Hijo del hombre es señor también del sábado.»
Palabra del Señor.

lunes, 18 de enero de 2016

Fidelidad como amor continuado

Ser fieles tiene sentido desde el amor y para amor. Porque la fidelidad no es simplemente seguir adelante en unos propósitos concretos: eso puede ser cabezonería. La verdadera fidelidad surge cuando existe un amor continuado.
Ese amor, en ocasiones, sufre heridas. En todos los seres humanos está agazapado un mal que nos lleva al egoísmo, a la avaricia, a la desgana, a la tibieza. Por eso caemos tantas veces en el pecado.
Pero el amor verdadero pide perdón, se levanta, reconstruye lazos, vuelve incluso con más entusiasmo a entregarse. Porque el ser amado lo merece todo, y porque la vida verdaderamente hermosa es la que mantiene encendida la llama del amor.
En un mundo lleno de divorcios, de traiciones, de engaños, de fraudes, de pseudoamores frágiles e inconstantes, produce una gran alegría encontrar esposos fieles, sacerdotes generosos, profesionistas que afrontan seriamente sus deberes de cada día.
Cristo alabó la hermosa virtud de la fidelidad, en lo pequeño y en lo grande. "¡Bien, siervo bueno y fiel!; en lo poco has sido fiel, al frente de lo mucho te pondré..." (cf. Mt 25,21). "Al vencedor, al que se mantenga fiel a mis obras hasta el fin, le daré poder sobre las naciones”(Ap 2,26).
Desde la fidelidad surge el testimonio: "La fidelidad de los bautizados es una condición primordial para el anuncio del Evangelio y para la misión de la Iglesia en el mundo” ("Catecismo de la Iglesia Católica”, n. 2044). Solo si somos fieles seremos creíbles.
La fidelidad, en definitiva, es la respuesta del auténtico enamorado, que sabe unirse a Cristo, Hijo del Padre y Salvador del mundo, para permitir que nuestro tiempo sea transformado por un torrente de esperanza, de belleza y de amor perenne y contagioso.

P. Fernando Pascual 

Homilía del Papa: No cerrar el corazón a las sorpresas del Espíritu Santo

Los cristianos detenidos al “se ha hecho siempre así” tienen un corazón cerrado a las sorpresas del Espíritu Santo y jamás llegarán a la plenitud de la verdad porque son idólatras y rebeldes. Lo afirmó el Papa Francisco en su homilía de la Misa matutina celebrada en la Capilla de la Casa de Santa Marta.
En la primera lectura Saúl es rechazado por Dios como rey de Israel porque prefiere escuchar al pueblo más que la voluntad del Señor y desobedece. El pueblo, después de una victoria en una batalla, quería realizar un sacrificio a Dios con las mejores cabezas de ganado porque, dice, “siempre se ha hecho así”.
Pero Dios, esta vez no quería. El Profeta Samuel reprocha a Saúl: “¿Acaso al Señor le agradan los holocaustos y los sacrificios cuanto la obediencia a la voz del Señor?”. “Lo mismo – observó el Papa – nos enseña Jesús en el Evangelio”: los doctores de la ley le reprochan que sus discípulos no ayunaban como hasta ese momento se había hecho siempre. Y Jesús responde “con este principio de vida”: “Nadie le echa un remiendo de paño sin remojar a un manto pasado; porque la pieza tira del manto, lo nuevo de lo viejo, y deja un roto peor. Nadie echa vino nuevo en odres viejos; porque revientan los odres, y se pierden el vino y los odres; ¡a vino nuevo, odres nuevos!”.
“¿Qué significa esto? ¿Que cambia la ley? ¡No! Que la ley está al servicio del hombre, que está al servicio de Dios y por esto el hombre debe tener el corazón abierto. El ‘siempre ha sido hecho así’ es de un corazón cerrado y Jesús nos ha dicho: ‘Les enviaré al Espíritu Santo y Él los conducirá a la verdad plena’. Si tú tienes el corazón cerrado a las novedades del Espíritu, ¡jamás llegarás a la verdad plena! Y tu vida cristiana será una vida a medias, una vida emparchada, remendada con cosas nuevas, pero sobre una estructura que no está abierta a la voz del Señor. Un corazón cerrado, porque no eres capaz de cambiar los odres”.
El Papa subrayó que éste es el pecado del rey Saúl, por el que ha sido rechazado. Es el pecado de tantos cristianos que se aferran a lo que se ha hecho siempre y no permiten que se cambien los odres. Y terminan con una vida a medias, emparchada, remendada, sin sentido. El pecado “es un corazón cerrado” – dijo – que “no escucha la voz del Señor, que no está abierto a la novedad del Señor, al Espíritu que siempre nos sorprende”. La rebelión  – dice Samuel – es “pecado de adivinación”, la  obstinación es idolatría:

“Los cristianos obstinados en el ‘siempre se ha hecho así’, ‘éste es el camino’, ‘ésta es la senda’, pecan: pecan de adivinación. Es como si fueran a ver a una adivina: ‘Es más importante lo que se ha dicho y que no cambia; lo que siento yo – por mi parte y de mi corazón cerrado – que la Palabra del Señor’. También es un pecado de idolatría la obstinación: el cristiano que se obstina, ¡peca! Peca de idolatría. ‘¿Y cuál es el camino, Padre?’: abrir el corazón al Espíritu Santo, discernir cuál es la voluntad de Dios”.
El Papa explicó asimismo que en tiempos de Jesús era habitual que los buenos israelíes ayunaran. Pero hay otra realidad: está el Espíritu Santo que nos conduce a la verdad plena. Y por esta razón Él tiene necesidad de corazones abiertos, de corazones que no estén obstinados en el pecado de idolatría de sí mismos, porque es más importante lo que yo pienso que aquella sorpresa del Espíritu Santo”:
“Este es el mensaje que hoy nos da la Iglesia. Esto es lo que Jesús dice con tanta fuerza: ‘Vino nuevo en odres nuevos’. A las novedades del Espíritu, a las sorpresas de Dios, incluso las costumbres deben renovarse. Que el Señor nos dé la gracia de un corazón abierto, de un corazón abierto a la voz del Espíritu, que sepa discernir lo que ya no debe cambiar, porque es un cimiento, de lo que debe cambiar para poder recibir la novedad del Espíritu Santo”.
(María Fernanda Bernasconi - RV).

En el diálogo judío-cristiano hay un ligamen único y peculiar en virtud de las raíces judías del cristianismo, el Papa en Sinagoga de Roma

El día que Italia celebra la Jornada de diálogo entre judíos y cristianos, 17 de enero de 2016, el Papa visitó la Sinagoga de Roma. Francisco dijo estar feliz de encontrarse en ese Templo Mayor y que extendía su saludo de toda la Iglesia católica a toda la comunidad judía. Bergoglio aseguró que tiene en el corazón estas relaciones ya desde Buenos Aires, con sus visitas a la sinagoga y siguiendo las fiestas y conmemoraciones de las comunidades allí reunidas para dar gracias al Señor que nos da la vida y nos acompaña en el camino de la historia.
Como tercer pontífice que atraviesa la puerta de este Templo Mayor, Francisco recordó que el 13 de abril de 1986 el Papa Juan Pablo II, en visita a la misma sinagoga, acuño la bella expresión “hermanos mayores”. “De hechos ustedes son nuestros hermanos y hermanas mayores en la fe –dijo-. Todos pertenecemos a una única familia, la familia de Dios, el cual nos acompaña y nos protege como su pueblo. Juntos, como judíos y como católicos, estamos llamados a sumir nuestras responsabilidades en esta ciudad, aportando nuestra contribución sobretodo espiritual y favoreciendo la resolución de diversos problemas actuales.”

Después de referirse a la conmemoración del 50 aniversario de la Declaración “Nostra aetate” del Concilio Vaticano II, que hizo posible el diálogo sistemático en la Iglesia católica y el judaísmo, el Obispo de Roma dijo que, “junto con las cuestiones teológicas, no debemos perder de vista los grandes desafíos que el mundo de hoy tiene que afrontar. Aquella de una ecología integral es prioritaria, y como cristianos y judíos podemos y debemos ofrecer a la humanidad entera el menaje de la Biblia a cerca del cuidado de la creación. Conflictos, guerras, violencias y injusticias abren heridas profundas en la humanidad que nos llaman a reforzar el compromiso por la paz y la justicia. La violencia del hombre sobre el hombre es una contradicción en cada religión digna de este nombre, y en particular en las tres grandes religiones monoteístas. La vida es sagrada, como don de Dios. El quinto mandamiento del Decálogo es: “No matarás” (Éxodo 20,13). Dios es el Dios de la vida y quiere promoverla y defenderla siempre; y nosotros, creados a su imagen y semejanza, estamos llamados a hacer lo mismo. Cada ser humano en cuanto creatura de Dios es nuestro hermano, independientemente de su origen y de su pertenencia religiosa… Allí donde la vida está en peligro estamos llamados todavía más a protegerla. Ni la violencia ni la muerte tendrán jamás la última palabra frente a Dios, que es el Dios del amor y de la vida. Tenemos que pedirle con insistencia para que nos ayude a practicar en Europa, en Tierra Santa, en Oriente Medio, en África y en cada parte del mundo la lógica de la paz, de la reconciliación, del perdón y de la vida”.

Francisco expresó que “el pueblo judío, en su historia, ha debido experimentar la violencia y la persecución, hasta el exterminio de los judíos europeos durante la Shoah. Seis millones de personas, solo porque pertenecían al pueblo judío, fueron víctimas de la más inhumana barbarie, perpetrada en nombre de una ideología que pretendía poner al hombre en lugar de Dios. El 16 de octubre de 1943, más de mil hombres, mujeres y niños de la comunidad judía de Roma fueron deportados a Auschwitz. Hoy deseo recordarlos de modo particular: sus sufrimientos, sus angustias, sus lágrimas no deben jamás ser olvidadas. Y el pasado nos debe servir de lección para el presente y para el futuro. La Shoah nos enseña que es necesaria siempre la máxima vigilancia para poder intervenir tempestivamente en defensa de la dignidad humana y de la paz. Quisiera expresar mi cercanía a cada testigo de la Shoah todavía viviente…”.

El Papa concluyó: "Queridos hermanos mayores, tenemos que estar verdaderamente agradecidos por todo lo que se ha sido posible realizar en los últimos 50 años, porque entre nosotros han crecido y se han profundizado la comprensión recíproca, la mutua confianza y la amistad. Recemos juntos al Señor, para que conduzca nuestro camino hacia un futuro bueno, mejor. Dios tiene para nosotros proyectos de salvación…” jesuita Guillermo Ortiz - RADIO VATICANA

"Muerte a los paganos cristianos, enemigos de Israel" La Abadía de la Dormición en Jerusalén profanada con pintadas anticristianas

La policía israelí ha abierto una investigación.La Abadía de la Dormición, a las afueras de la vieja ciudadela amurallada de Jerusalén, amaneció esta mañana con pintadas con lemas contra los cristianos, informó la Policía israelí, que ha abierto una investigación.
Las pintadas en el edificio, que pertenece a una orden benedictina alemana, dicen: "Muerte a los paganos cristianos, enemigos de Israel", "Sea su nombre borrado" y "Los cristianos al infierno".

La Abadía se levanta en el conocido comoMonte Sión y, según la tradición cristiana, fue erigida en el lugar donde María pasó su última noche antes de morir. En su cripta tiene una estatua de María dormida y está muy cerca del Cenáculo, otro lugar emblemático para el cristianismo, que considera que en ese lugar Jesús cenó la última noche antes de ser crucificado.

El papa Francisco ofició una misa en 2014 en la abadía, que también fue visitada por el papa Pablo VI durante su peregrinación a Tierra Santa en 1964, informó el diario Haaretz.

Este incidente se enmarca en una cadena de ataques en los últimos años de extremistas judíos contra símbolos religiosos cristianos y musulmanes, entre los que se cuenta también el incendio provocado el pasado junio en la iglesia de los Panes y los Peces, en la Galilea, que quedó gravemente dañada.

El ministro de Seguridad Pública, Gilad Erdan, condenó el suceso, ordenó a la Policía dar prioridad a su investigación y señaló que su departamento tendrá "tolerancia cero para quien daña los cimientos democráticos del estado de Israel y la libertad religiosa". "Cogeremos a quienes cometieron este acto", prometió.
(RD/Agencias)

Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios.



Sal 49, 8-9. 16bc-17. 21 y 23 
 Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios.
No te reprocho tus sacrificios,
pues siempre están tus holocaustos ante mí.
Pero no aceptaré un becerro de tu casa,
ni un cabrito de tus rebaños.
Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios.
¿Por qué recitas mis preceptos 
y tienes siempre en la boca mi alianza, 
tú que detestas mi enseñanza 
y te echas a la espalda mis mandatos?
Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios.
Esto haces, ¿y me voy a callar? 
¿Crees que soy como tú? 
Te acusaré, te lo echaré en cara. 
El que me ofrece acción de gracias, 
ése me honra; 
al que sigue buen camino 
le haré ver la salvación de Dios.
Al que sigue buen camino le haré ver la salvación de Dios.

El esposo está con ellos



Lectura del santo evangelio según san Marcos 2, 18-22
En aquel tiempo, como los discípulos de Juan y los fariseos estaban de ayunando, vinieron unos y le preguntaron a Jesús:
-«Los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan. ¿Por qué los tuyos no?»
Jesús les contestó:
-«¿Es que pueden ayunar los amigos del esposo, mientras el esposo está con ellos? Mientras el esposo está con ellos, no pueden ayunar.
Llegarán días en que les arrebatarán al esposo; y entonces ayunarán en aquel día.
Nadie echa un remiendo de paño sin remojar a un manto pasado; porque la pieza tira del manto - lo nuevo de lo viejo - y deja un roto peor.
Nadie echa vino nuevo en odres viejos; porque el vino revienta los odres, y se pierden el vino y los odres; a vino nuevo, odres nuevos. »
Palabra del Señor.

Amar a los enemigos en tiempos de terrorismo. "¿Seríamos capaces, si nos tocara de cerca?"

"Nuestra vida cristiana pasa por el Sermón de la Montaña"

Hace unos días, en la presentación del libro del Papa Francisco sobre la misericordia, el cineasta Roberto Begnini dijo lo siguiente: "Amar al enemigo es la frase más importante de la Humanidad". ¡Impresionante!
Un buen amigo creyente, a raíz de los atentados de París y del yihadismo, en un tono de ira me interrogaba sobre el amor a los enemigos: ¿Qué hacemos con esa página? A bote pronto le respondí no la podemos borrar. Ahí me quedé.
Humanamente no hay nada más antinatural que amar a los enemigos. Y lo de rezar por ellos es de nota. Pero este mandamiento está en el Sermón de la Montaña de Jesús, corazón de la vida cristiana y del carácter revolucionario de su mensaje (Mt 5, 43-45). Nuestra vida cristiana pasa por esa página como por otras que nos pueden parecer incomprensibles desde criterios puramente humanos.
Varias veces, Benedicto XVI, comentó este texto del evangelio: "¿Por qué Jesús nos pide amar a nuestros enemigos, es decir, un amor que sobrepasa nuestras capacidades humanas?". Se preguntaba en un Angelus en 2007. "En realidad, la proposición de Cristo es realista pues tiene en cuenta que en el mundo existe demasiada violencia, demasiada injusticia y que en consecuencia solamente podemos superar esta situación oponiendo un "plus" de amor y de bondad".
¿Qué significa tener la audacia de amar y rezar por el enemigo en tiempos de terrorismo? ¿Cómo se nos puede pedir amar y rezar por seres humanos que han destrozados impunemente vidas humanas inocentes? ¿Seríamos capaces de hacerlo si nos tocara de cerca? Muchas imágenes de barbaries cometidas nos vienen a la mente y al corazón al hacernos estas preguntas. Incluso, a muchos cristianos estas reflexiones les pueden parecer una frivolidad o un sarcasmo, después de algunos acontecimientos recientes o hechos históricos. Sin embargo, no podemos arrancar ciertas hojas del evangelio, que pueden molestarnos o inco modarnos.
Después de los atentados del 13 de noviembre en Paris, el grupo de Facebook, "Adopta un soldado de Daesh" ha tenido un éxito fulgurante. La página propone adoptar en su corazón un "yihadista" para rezar por él y para que se convierta al "amor". La idea es de una joven francesa, sin duda, atrevida.
Evidentemente, la dimensión afectiva y espiritual, que encarnan el amor y la oración, están profundamente enraizadas en la historia personal y colectiva de cada ser humano. Amar al enemigo no es una tendencia natural de ser humano, probablemente es más cierto lo contrario, el ojo por ojo, el odio y el deseo de venganza. El hombre sólo es difícil que pueda dar este paso hacia quien le ha hecho daño o desea hacérselo a él o a los suyos. Y, sin embargo Jesús insiste en el amor a los enemigos. ¿Cómo poder hacerlo? En primer lugar, reconocer nuestra incapacidad ontológica. Únicamente la obra transformadora de la "gracia" de Dios puede posibilitar esta acción. Vencer esa repugnancia es sólo obra del Espíritu Santo en nosotros, de manera procesual.
El primer paso podría empezar al cambiar nuestra mirada hacia la persona. Y este cambio podría ser la puerta del amor al enemigo, que sería pasar primero por la comprensión, no todavía la justificación. La comprensión es el camino hacia la "empatía" cristiana: ponerse en el lugar del otro, que es también hijo de Dios. Desde esta perspectiva se puede entender la oración por el enemigo. Es pedir que Dios cambie o haya cambiado su corazón para que no siga actuando de la misma manera. Así se convertirá en sujeto de la misericordia de Dios, como cada uno de nosotros lo hemos sido en otras circunstancias. Esta es la lógica cristiana de este mandamiento que nos resulta tan difícil.
El Papa Francisco, en una de sus homilías en Santa Marta nos dice: "Jesús nos pide amar a los enemigos -insistió-. ¿Cómo se puede hacer? Jesús nos dice: rezad, rezad por vuestros enemigos. La oración hace milagros; y esto vale no sólo cuando tenemos enemigos; sino también cuando percibimos alguna antipatía, alguna pequeña enemistad».
San Agustín (354-430), obispo de Hipona, en un discurso sobre la Cuaresma aconseja: "Invoca al Padre que está en los cielos y reza por tus enemigos, pues Saulo también era un enemigo de la Iglesia: rezaron por él y se convirtió en un amigo. Y si quieres saber la verdad, rezaron contra él, es decir contra su maldad, pero no contra su naturaleza. Reza tú también contra la maldad de tu enemigo, para que ella muera y pueda vivir él".
Evidentemente la lógica cristiana no pretende ser el Código Penal de una sociedad determinada. -en todo caso inspirarlo desde sus valores-. Por eso, las personas, que han tenido comportamientos terribles desde cualquier punto de vista, tendrán que asumir sus penas y el castigo que la sociedad les imponga. Pero en cristiano, aunque se encuentren en la cárcel, no podemos negarles el derecho al arrepentimiento y a la conversión, aunque la traducción de esto en términos carcelarios pertenecerá, lógicamente, a los jueces.

(José Luis Ferrando Lada).-