jueves, 24 de septiembre de 2015

Una Nación es considerada grande cuando defiende la libertad, el Papa al Congreso de los EEUU, “rostro de su pueblo”

“Ustedes son el rostro de su pueblo, sus representantes.Y están llamados a defender y custodiar la dignidad de sus conciudadanos en la búsqueda constante y exigente del bien común, pues éste es el principal desvelo de la política. 
Un pueblo con alma puede pasar por muchas encrucijadas, tensiones y conflictos, pero logra siempre encontrar los recursos para salir adelante y hacerlo con dignidad”, lo dijo el Papa Francisco en Washington, en un intenso discurso al Congreso de los EEUU. 
Recordando las viscisitudes de la historia contemporánea de la humanidad, el Obispo de Roma citó la historia política de los Estados Unidos, donde la democracia está radicada en la mente del Pueblo. “Toda actividad política debe servir y promover el bien de la persona humana y estar fundada en el respeto de su dignidad”, subrayó. “Si es verdad que la política debe servir a la persona humana, no puede ser esclava de la economía y de las finanzas
La política responde a la necesidad imperiosa de convivir para construir juntos el bien común posible, el de una comunidad que resigna intereses particulares para poder compartir, con justicia y paz, sus bienes, sus intereses, su vida social”
Más adelante en su intenso discurso el Papa observó que “el parámetro que usemos para los demás será el parámetro que el tiempo usará con nosotros. : queremos seguridad, demos seguridad; queremos vida, demos vida; queremos oportunidades, brindemos oportunidades”, para precisar que la regla de oro nos recuerda la responsabilidad que tenemos de custodiar y defender la vida humana en todas las etapas de su desarrollo
Citando personajes de la historia estadounidense el Santo Padre constató que una Nación es considerada grande cuando defiende la libertad, como hizo Abraham Lincoln o  cuando genera una cultura que permita a sus hombres “soñar” con plenitud de derechos para sus hermanos y hermanas, como intentó hacer Martin Luther King. Esbozando algunas de las riquezas del patrimonio cultural estadounidense, del alma de su pueblo que esta alma siga tomando forma y crezca, para que los jóvenes puedan heredar y vivir en una tierra que ha permitido a muchos soñar. Que Dios bendiga a América. Luego de esbozar “algunas de las riquezas del patrimonio cultural estadounidense, del alma de su pueblo” el Papa deseó “que esta alma siga tomando forma y crezca, para que los jóvenes puedan heredar y vivir en una tierra que ha permitido a muchos soñar”.

Jesús sigue golpeando nuestra puerta con el rostro del hermano, dijo el Papa a las personas sin techo


“Jesús sigue golpeando nuestra puerta en el rostro del hermano”: fueron las palabras del Papa Francisco al reunirse con las personas sin techo en el Centro Caritativo de la Parroquia de San Patricio de Washington. En su segundo día en los Estados Unidos, el Pontífice quiso hacer sentir su cercanía a las 200 personas sin hogar de la capital estadounidense, que lo estaban esperando.
Francisco comenzó su discurso recordando que en la vida de san José, hubo situaciones difíciles de enfrentar, como cuando Jesús estaba a punto de nacer y no tenía un techo, un alojamiento. “El Hijo de Dios supo lo que es comenzar la vida sin un techo”, recordó Obispo de Roma, invitándolos a imaginar las preguntas de José en ese momento tan delicado: ¿Cómo el Hijo de Dios no tiene un techo para vivir?
Tras afirmar que “las preguntas de José siguen presentes hoy, acompañando a todos los que a lo largo de la historia han vivido y están sin un hogar”, el Santo Padre subrayó que José era sobre todo un hombre de fe y esta fe le permitió encontrar luz en los momentos difíciles de su vida. “Ante situaciones injustas, dolorosas, la fe nos aporta esa luz que disipa la oscuridad” - dijo el Papa -  y al igual que a José “nos abre a la presencia silenciosa de Dios en toda vida”.
Refiriéndose a la falta de alojamiento como “situaciones injustas”, el Vicario de Cristo subrayó que Dios está sufriéndolas con nosotros y “no nos deja solos.”
“Es la fe que nos hace saber que Dios está con ustedes” – prosiguió el Papa – en medio nuestro, y su presencia nos moviliza a la caridad”. Y esta caridad nace de la llamada de Dios a nuestra puerta, “para invitarnos al amor, a la compasión, a la entrega de unos por otros”. “Jesús – afirmó– sigue golpeando nuestra puerta en el rostro del hermano, en el rostro del vecino, en el rostro del que está a nuestro lado”.
Francisco insistió entonces en la ayuda eficaz de la oración que hermana, la oración en la que se encuentra la fuerza para no volverse insensible ante las situaciones de injusticia.
Finalmente, el deseo del Papa de unirse a ellos, “necesito su apoyo – dijo – su cercanía”. Y la invitación a rezar juntos, para continuar “con este sostén que nos ayuda a vivir la alegría de saber que Jesús siempre está en medio nuestro”. 

(MCM-RV)

¡Basta con la discriminación contra las escuelas cristianas en Israel!

Las escuelas cristianas que funcionan en el territorio de Israel están llevando a cabo desde hace dos semanas una huelga general para protestar contra las políticas discriminatorias aplicadas por el gobierno israelí contra ellas, informó la agencia Fides.
Los patriarcas y jefes de las 13 iglesias cristianas en Jerusalén emitieron un comunicado en el que manifiestan que la lucha de las instituciones educativas cristianas que desde el inicio del año escolar aún no han abierto las escuelas a sus estudiantes para protestar por el recorte de los fondos estatales dispuesto por el gobierno israelí, es una batalla para defender la educación, “derecho humano fundamental que no se debe negar a ningún joven”.
“Nos duele -dicen los líderes cristianos en el comunicado- ver a 33.000 estudiantes de todos los credos y confesiones que se quedan fuera de las clases”, mientras que cientos de profesores y empleados pasan sus días de movilización en las escuelas vacías.
La declaración señala que la batalla de la justicia contra la discriminación de las escuelas cristianas comenzó hace dos años, cuando el gobierno impuso severos recortes presupuestarios que llevaron a muchas escuelas cristianas a una situación de déficit financiero y las soluciones propuestas por el Ministerio israelí para salir de la crisis son definidas como poco realistas o incluso peyorativas.
“Durante cientos de años -dice el comunicado- nuestras escuelas han ofrecido una educación de alto nivel. Nuestro compromiso al servicio de la educación y la promoción de nuestra sociedad se basa en nuestra propia misión y nuestra visión”.
El comunicado pide al Ministerio de Educación y al Gobierno de Israel que ponga en marcha medidas que conduzcan a la suspensión inmediata de la huelga, respondiendo a las demandas justas y nada pretenciosas de las escuelas cristianas. Los Patriarcas y Jefes de las Iglesias de Jerusalén esperan que esta historia termine con la restauración plena de los derechos y del respeto debido a las escuelas cristianas”, para que puedan continuar su misión educativa, para la gloria de Dios y al servicio de la humanidad”.
En la base de la protesta están las limitaciones presupuestarias impuestas por el gobierno israelí, que ponen en peligro la supervivencia misma de las instituciones educativas dirigidas por las Iglesias y comunidades cristianas en Israel. En pocos años, las subvenciones del gobierno a las escuelas cristianas disminuyeron en más del 45%, obligando a las instituciones a aumentar los gastos de escolaridad abonados por las familias, que con frecuencia tienen ingresos por debajo del promedio nacional.
A las 47 escuelas cristianas en Israel asisten 33.000 estudiantes (de los cuales sólo la mitad son bautizados) y dan trabajo a 3.000 profesores. Los subsidios estatales, que hasta hace unos años cubrían el 65% de los honorarios, se redujeron drásticamente y ahora ni siquiera cubren el 30% de los gastos de gestión.


Francisco: "El pueblo de Dios no teme al error, teme al encierro, a las élites, a las propias seguridades"

El Papa canoniza a fray Junípero Serra, "que fue siempre adelante, porque el Señor espera, el hermano espera"


«Alégrense siempre en el Señor. Repito: Alégrense» (Flp 4,4). Una invitación que golpea fuerte nuestra vida. «Alégrense» nos dice Pablo con una fuerza casi imperativa. Una invitación que se hace eco del deseo que todos experimentamos a una vida plena, a una vida con sentido, a una vida con alegría. Es como si Pablo tuviera la capacidad de escuchar cada uno de nuestros corazones y pusiera voz a lo que sentimos y vivimos. Hay algo dentro de nosotros que nos invita a la alegría y a no conformarnos con placebos que simplemente quieren contentarnos.

Pero a su vez, vivimos las tensiones de la vida cotidiana. Son muchas las situaciones que parecen poner en duda esta invitación. La propia dinámica a la que muchas veces nos vemos sometidos parece conducirnos a una resignación triste que poco a poco se va transformando en acostumbramiento, con una consecuencia letal: anestesiarnos el corazón.

No queremos que la resignación sea el motor de nuestra vida, ¿o lo queremos?; no queremos que el acostumbramiento se apodere de nuestros días, ¿o sí?. Por eso podemos preguntarnos, ¿cómo hacer para que no se nos anestesie el corazón? ¿Cómo profundizar la alegría del Evangelio en las diferentes situaciones de nuestra vida?


Jesús lo dijo a los discípulos de ayer y nos lo dice a nosotros hoy: ¡vayan!, ¡anuncien! La alegría del evangelio se experimenta, se conoce y se vive tan solo dándola, dándose.

El espíritu del mundo nos invita al conformismo, a la comodidad; frente a este espíritu humano «hace falta volver a sentir que nos necesitamos unos a otros, que tenemos una responsabilidad por los demás y por el mundo» (Laudato si', 229). Tenemos la responsabilidad de anunciar el mensaje de Jesús. Porque la fuente de nuestra alegría «nace de ese deseo inagotable de brindar misericordia, fruto de haber experimentado la infinita misericordia del Padre y su fuerza difusiva» (Evangelii gaudium, 24). Vayan a todos a anunciar ungiendo y a ungir anunciando.

A esto el Señor nos invita hoy y nos dice: La alegría el cristiano la experimenta en la misión: «Vayan a las gentes de todas las naciones» (Mt 28,19).

La alegría el cristiano la encuentra en una invitación: Vayan y anuncien.

La alegría el cristiano la renueva, la actualiza con una llamada: Vayan y unjan.

Jesús los envía a todas las naciones. A todas las gentes. Y en ese «todos» de hace dos mil años estábamos también nosotros. Jesús no da una lista selectiva de quién sí y quién no, de quiénes son dignos o no de recibir su mensaje, su presencia. Por el contrario, abrazó siempre la vida como ésta se le presentaba. Con rostro de dolor, hambre, enfermedad, pecado. Con rostro de heridas, de sed, de cansancio. Con rostro de dudas y de piedad. Lejos de esperar una vida maquillada, decorada, trucada, la abrazó como venía a su encuentro. Aunque fuera una vida que muchas veces se presenta derrotada, sucia, destruida. A «todos» dijo Jesús vayan y anuncien; a toda esa vida como está y no como nos gustaría que fuese, vayan y abracen en mi nombre. Vayan al cruce de los caminos, vayan... a anunciar sin miedo, sin prejuicios, sin superioridad, sin purismos a todo aquel que ha perdido la alegría de vivir, vayan a anunciar el abrazo misericordioso del Padre. Vayan a aquellos que viven con el peso del dolor, del fracaso, del sentir una vida truncada y anuncien la locura de un Padre que busca ungirlos con el óleo de la esperanza, de la salvación. Vayan a anunciar que el error, las ilusiones engañosas, las equivocaciones, no tienen la última palabra en la vida de una persona. Vayan con el óleo que calma las heridas y restaura el corazón.

La misión no nace nunca de un proyecto perfectamente elaborado o de un manual muy bien estructurado y planificado; la misión siempre nace de una vida que se sintió buscada y sanada, encontrada y perdonada. La misión nace de experimentar una y otra vez la unción misericordiosa de Dios.

La Iglesia, el Pueblo santo de Dios, sabe transitar los caminos polvorientos de la historia atravesados tantas veces por conflictos, injusticias, violencia para ir a encontrar a sus hijos y hermanos. El santo Pueblo fiel de Dios, no le teme al error; le teme al encierro, a la cristalización en elites, al aferrarse a las propias seguridades. Sabe que el encierro en sus múltiples formas es la causa de tantas resignaciones.

Por eso, «salgamos, salgamos a ofrecer a todos la vida de Jesucristo» (Evangelii gaudium, 49). El Pueblo de Dios sabe involucrarse porque es discípulo de Aquel que se puso de rodillas ante los suyos para lavarles los pies (cf. ibíd., 24).

Hoy estamos aquí porque hubo muchos que se animaron a responder a esta llamada, muchos que creyeron que «la vida se acrecienta dándola y se debilita en el aislamiento y la comodidad» (Documento de Aparecida, 360). Somos hijos de la audacia misionera de tantos que prefirieron no encerrarse «en las estructuras que nos dan una falsa contención... en las costumbres donde nos sentimos tranquilos, mientras afuera hay una multitud hambrienta» (Evangelii gaudium, 49). Somos deudores de una tradición, de una cadena de testigos que han hecho posible que la Buena Nueva del Evangelio siga siendo generación tras generación Nueva y Buena.

Y hoy recordamos a uno de esos testigos que supo testimoniar en estas tierras la alegría del Evangelio, Fray Junípero Serra. Supo vivir lo que es «la Iglesia en salida», esta Iglesia que sabe salir e ir por los caminos, para compartir la ternura reconciliadora de Dios. Supo dejar su tierra, sus costumbres, se animó a abrir caminos, supo salir al encuentro de tantos aprendiendo a respetar sus costumbres y peculiaridades. Aprendió a gestar y a acompañar la vida de Dios en los rostros de los que iba encontrando haciéndolos sus hermanos. Junípero buscó defender la dignidad de la comunidad nativa, protegiéndola de cuantos la habían abusado. Abusos que hoy nos siguen provocando desagrado, especialmente por el dolor que causan en la vida de tantos.

Tuvo un lema que inspiró sus pasos y plasmó su vida: supo decir, pero especialmente supo vivir diciendo: «siempre adelante». Esta fue la forma que Junípero encontró para vivir la alegría del Evangelio, para que no se le anestesiara el corazón. Fue siempre adelante, porque el Señor espera; siempre adelante, porque el hermano espera; siempre adelante, por todo lo que aún le quedaba por vivir; fue siempre adelante. Que, como él ayer, hoy nosotros podamos decir: «siempre adelante».



A Juan lo mandé decapitar yo. ¿Quién es éste de quien oigo semejantes cosas?



Lectura del santo evangelio según san Lucas 9, 7-9

En aquel tiempo, el virrey Herodes se enteró de lo que pasaba y no sabía a qué atenerse, porque unos decían que Juan había resucitado, otros que había aparecido Elías, y otros que había vuelto a la vida uno de los antiguos profetas.

Herodes se decía: -«A Juan lo mandé decapitar yo. ¿Quién es éste de quien oigo semejantes cosas?»

Y tenía ganas de ver a Jesús.

Palabra del Señor
News.va

miércoles, 23 de septiembre de 2015

"Pastores y nada más que pastores", el Papa a los obispos de EE.UU.


El Papa Francisco agradeció a Dios por “el dinamismo del Evangelio” que ha hecho que la Iglesia de Cristo haya continuado creciendo a lo largo de la historia y hoy. Lo dijo ante más de 400 obispos de EE.UU. en la catedral de San Mateo Apóstol en Washington, la mañana de este miércoles en un encuentro en el que se vivieron muchas emociones y en el que el Santo Padre insistió en el reto que supone el sembrar el Evangelio en el corazón de hombres de mundos tan diferentes.

Con la humildad que le caracteriza, Francisco dijo a los obispos que iba a compartir con ellos unas reflexiones que consideraba oportunas pero subrayó que su intención no es trazar un programa ni impartir lecciones. Habló del significado de ser pastores, “y nada más que pastores”, y que la esencia de su identidad se tiene que buscar en la oración asidua, “La vida del pastor se alimenta de esta intimidad de Cristo”. En este sentido, aseguró el Vicario de Cristo que son muchos los desafíos con lo que se encuentran, pero por eso recordó: “somos artífices de la cultura del encuentro”, “somos testigos del abajamiento y la condescendencia de Dios”. El Papa invitó a los obispos a que siempre utilicen la vía del diálogo y que sea con un lenguaje de bondad y de amor.  
Finalmente, hablando de la realidad de los inmigrantes en este país, el Papa Francisco agradeció y animó a las diócesis de EE.UU. por su actitud, y les pidió que les sigan ofreciendo “el calor del amor de Cristo”. 


Jefes de las Iglesias de Jerusalén condenan la violencia en la Explanada de las Mezquitas


Jefes de las Iglesias de Jerusalén condenan la violencia en la Explanada de las Mezquitas

Los Jefes de las Iglesias de Jerusalén han expresado su “grave preocupación” por la reciente violencia ocurrida en la Explanada de las Mezquitas en los enfrentamientos entre la policía israelí y los musulmanes palestinos. Asimismo han manifestado su “firme condena de las iniciativas con las que se pretende alterar las reglas codificadas que rigen el acceso y la gestión de los Lugares Santos”. Así lo ha indicado la agencia Fides, en una nota en la que recuerdan que en los últimos días “las fuerzas de seguridad israelíes habían permitido el acceso sólo a los adultos mayores de cuarenta años”.
En la nota publicada en la página web del Patriarcado Latino de Jerusalén, los Jefes de las Iglesias de Jerusalén recuerdan que “los musulmanes tienen derecho al libre acceso y de culto en la mezquita de Al Aqsa”. Asimismo creen que “todos los Lugares Santos necesitan de protección y vigilancia constante para que se pueda mantener el acceso razonable a ellos, de acuerdo con el actual Statu Quo de las tres religiones abrahámicas”.
Por ello, su llamado a “que el existente Statu Quo acordado que rige estos sitios, debe ser respetado plenamente por el bien de toda la comunidad”.

El comunicado está firmado por 13 patriarcas, obispos y jefes de las iglesias y comunidades cristianas presentes en Jerusalén, incluidos el patriarca greco ortodoxo Teófilo III, el patriarca latino Fouad Twal y el padre Pierbattista Pizzaballa, OFM, Custodio de Tierra Santa.

Carlos Osoro en Cope: "Francisco es un Papa de puentes"

Considera que el Papa ha supuesto un "consuelo práctico" para los cubanos"

"La Iglesia está poniendo todo a disposición de esta tragedia de los refugiados"

 Ser cristiano no es dar al que me da, si fuéramos así no habríamos salido de Palestina

El arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, ha comentado en "Herrera en COPE" el viaje que está realizando el Papa por Cuba y EEUU. Un viaje, asegura, en el que "no hay que desperdiciar ninguna de las palabras que ha dicho". Ha declarado que aunque algunos querrían que hiciese rupturas y le pidan cosas que no puede hacer "hay que dar cercanía. Francisco es un Papa de puentes y tiene que hacer todo lo posible para crear unidad".

Monseñor Carlos Osoro ha insistido en que "lo más grande que nos ha dado Dios es la capacidad de entendernos entre nosotros".Considera que el Papa ha supuesto un "consuelo práctico" para los cubanos porque "ha hecho posible que se establezcan relaciones que hacía años no existían" y señala la importancia de las palabras del Papa Francisco a los niños y jóvenes cubanos porque "son los que tienen más capacidad de dialogar".

En cuanto a la crisis migratoria que está sufriendo Europa, el vicepresidente de la Conferencia Episcopal Española afirma que la Iglesia está poniendo "todo a disposición de esta tragedia. Es una realidad para todos". Ha recalcado que una de las funciones más importantes que tendrá la institución será la de acompañar a los refugiados después de los seis meses que pasen en el país.

Monseñor  Osoro ha dicho que a pesar del trato que reciben los cristianos en algunas zonas de Oriente Medio "tenemos que ayudar a todos vengan de donde vengan. El que excluye ya no es cristiano, es otra cosa". Ha añadido que "ser cristiano no es dar al que me da, si fuéramos  así no habríamos salido de Palestina. Es necesario decir a los hombres que se abran".

El vicepresidente de la Conferencia Episcopal en España ha dicho que aunque ser obispo es lo mismo en uno u otro sitio "en Madrid hay otras realidades a las que hay que responder" e insiste en "observar la realidad y los problemas con hondura porque todo prójimo es imagen de Dios"

"Tengo grandes esperanzas en su País", dijo el Papa en la Ceremonia de Bienvenida en la Casa Blanca

Le agradezco mucho la bienvenida que me ha dispensado en nombre de todos los ciudadanos estadounidenses. Como hijo de una familia de inmigrantes, me alegra estar en este país, que ha sido construido en gran parte por tales familias. En estos días de encuentro y de diálogo, me gustaría escuchar y compartir muchas de las esperanzas y sueños del pueblo norteamericano.
Durante mi visita, voy a tener el honor de dirigirme al Congreso, donde espero, como un hermano de este País, transmitir palabras de aliento a los encargados de dirigir el futuro político de la Nación en fidelidad a sus principios fundacionales. También iré a Filadelfia con ocasión del Octavo Encuentro Mundial de las Familias, para celebrar y apoyar a la institución del matrimonio y de la familia en este momento crítico de la historia de nuestra civilización.
Señor Presidente, los católicos estadounidenses, junto con sus conciudadanos, están comprometidos con la construcción de una sociedad verdaderamente tolerante e incluyente, en la que se salvaguarden los derechos de las personas y las comunidades, y se rechaze toda forma de discriminación injusta
Como a muchas otras personas de buena voluntad, les preocupa también que los esfuerzos por construir una sociedad justa y sabiamente ordenada respeten sus más profundas inquietudes y su derecho a la libertad religiosa. Libertad, que sigue siendo una de las riquezas más preciadas de este País. Y, como han recordado mis hermanos Obispos de Estados Unidos, todos estamos llamados a estar vigilantes, como buenos ciudadanos, para preservar y defender esa libertad de todo lo que pudiera ponerla en peligro o comprometerla.
Señor Presidente, me complace que usted haya propuesto una iniciativa para reducir la contaminación atmosférica. Reconociendo la urgencia, también a mí me parece evidente que el cambio climático es un problema que no se puede dejar a la próxima generación. Con respecto al cuidado de nuestra «casa común», estamos viviendo en un momento crítico de la historia. Todavía tenemos tiempo para hacer los cambios necesarios para lograr «un desarrollo sostenible e integral, pues sabemos que las cosas pueden cambiar» (Laudato si’, 13). Estos cambios exigen que tomemos conciencia seria y responsablemente, no sólo del tipo de mundo que podríamos estar dejando a nuestros hijos, sino también de los millones de personas que viven bajo un sistema que les ha ignorado. Nuestra casa común ha formado parte de este grupo de excluidos, que clama al cielo y afecta fuertemente a nuestros hogares, nuestras ciudades y nuestras sociedades. Usando una frase significativa del reverendo Martin Luther King, podríamos decir que hemos incumplido un pagaré y ahora es el momento de saldarlo.
La fe nos dice que «el Creador no nos abandona, nunca hizo marcha atrás en su proyecto de amor, no se arrepiente de habernos creado. La humanidad aún posee la capacidad de colaborar para construir nuestra casa común» (Laudato si', 13). Como cristianos movidos por esta certeza, queremos comprometernos con el cuidado consciente y responsable de nuestra casa común.
Los esfuerzos realizados recientemente para reparar relaciones rotas y abrir nuevas puertas a la cooperación dentro de nuestra familia humana constituyen pasos positivos en el camino de la reconciliación, la justicia y la libertad. Me gustaría que todos los hombres y mujeres de buena voluntad de esta gran Nación apoyaran las iniciativas de la comunidad internacional para proteger a los más vulnerables de nuestro mundo y para suscitar modelos integrales e inclusivos de desarrollo, para que nuestros hermanos y hermanas en todas partes gocen de la bendición de la paz y la prosperidad que Dios quiere para todos sus hijos.
Señor Presidente, una vez más, le agradezco su acogida, y tengo puestas grandes esperanzas en estos días en su País. ¡Que Dios bendiga a América!

(from Vatican Radio)

Les envió a proclamar el Reino de Dios y a curar a los enfermos

Lectura del santo evangelio según san Lucas 9, 1-6
En aquel tiempo, Jesús reunió a los Doce y les dio poder y autoridad sobre toda clase de demonios y para curar enfermedades.
Luego los envió a proclamar el reino de Dios y a curar a los enfermos, diciéndoles:
-«No llevéis nada para el camino: ni bastón ni alforja, ni pan ni dinero; tampoco llevéis túnica de repuesto.
Quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio.
Y si alguien no os recibe, al salir de aquel pueblo sacudíos el polvo de los pies, para probar su culpa. »
Ellos se pusieron en camino y fueron de aldea en aldea, anunciando el Evangelio y curando en todas partes.
Palabra del Señor

martes, 22 de septiembre de 2015

Las familias, escuelas de humanidad que debemos cuidar, dijo el Papa en la Catedral de Santiago

“La familia es escuela de humanidad, que enseña a poner el corazón en las necesidades de los otros”: con estas las palabras el Papa se dirigió a las familias, llegadas numerosas para para reunirse con el Sucesor de Pedro en la Catedral Nuestra Señora de la Asunción, en la ciudad de Santiago, última etapa de su visita a Cuba. “Estamos en familia. Y cuando uno está en familia se siente en casa”  afirmó el Pontífice, agradeciendo a las familias cubanas por hacerlo “sentir en casa”.
Tras hacer referencia pasaje del Evangelio de Juan, que presenta el primer acontecimiento público de Jesús de las Bodas de Caná, el Pontífice recordó que Jesús comenzó su vida pública en una boda, comenzó su vida en el interior de una familia. Y explicó que es “en el seno de nuestros hogares donde continuamente se sigue introduciendo, para mostrarnos el amor de Dios”. “Es en casa, prosiguió el Papa, donde aprendemos la fraternidad, la solidaridad, a no ser avasalladores, el perdón”. De ahí que la comunidad cristiana llame a las familias iglesias domésticas, porque es en el calor del hogar donde la fe empapa cada rincón, y se construye comunidad.
El Sucesor de Pedro precisó que “la familia nos salva de dos fenómenos actuales: lafragmentación y la masificación, transformando a las personas en individuos aislados, fáciles de manipular y de gobernar. Las sociedades divididas o altamente masificadas – afirmó – son consecuencia de la ruptura de los lazos familiares, que nos enseñan a ser personas.
El Papa exhortó entonces a no olvidar, que no obstante las dificultades, “las familias no son un problema sino una oportunidad” que hay que cuidar, proteger, acompañar. E invitó a “dejar un mundo con familias”, porque son “verdaderos centros de humanidad”.
Antes de finalizar, Francisco quiso mencionar la Eucaristía. “Jesús – dijo – es el Pan de Vida de nuestras familias”, que nos alimenta con su amor y nos sostiene con su fe.
Finalmente, la invitación del Papa a rezar por el Encuentro Mundial de las Familias en Filadelfia y el Sínodo de Obispos de octubre, que tiene como tema la Familia, “para que sepamos entre todos ayudarnos a cuidar a la familia”.
(MCM-RV)

"El Norte no es inocente". La invasión de los "bárbaros" del Sur

En 1991, después de la caída del comunismo del Este, un brillante ensayista francés, Jean Christophe Rufin, comparó la entonces incipiente invasión de los pueblos del Sur al Norte con la invasión de los bárbaros del Norte que acabaron con el Imperio Romano.Como Roma impuso una especie de muro de contención en sus fronteras (limes), ahora en el Norte se construyen "muros" para evitar las invasiones de mexicanos, de africanos, de asiáticos o de refugiados del Oriente Medio.

Pero a diferencia de los pueblos germánicos que invadieron el Imperio Romano con armas y ejércitos, el Sur que ahora invade el Norte es un conglomerado de hombres pobres y desnutridos, de mujeres y niños, incluso de ancianos, que huyen de la guerra, del hambre y de la miseria de sus países, y buscan una nueva patria donde sobrevivir. Muchos mueren en el intento, víctimas de los traficantes humanos, víctimas de naufragios o de disparos de policías fronterizos...

A esto se añade otra diferencia respecto de la invasión de los bárbaros del Norte. El Norte no es inocente frente a lo que ahora está sucediendo; el Norte es en gran parte responsable del drama actual, pues han sido las grandes potencias europeas las que han colonizado y explotado los continentes de África, Asia y América, los intereses económicos del Norte prevalecen sobre los humanos en Oriente Medio. ¿Quiénes venden armas a los países en guerra? ¿Quiénes fabrican minas antipersonales? El armamentismo del Norte se enriquece con las sangrientas guerras del Sur.

Pero además hay que pensar que, así como el decadente Imperio Romano a la larga se enriqueció con la savia de los pueblos germánicos, también la vieja Europa se puede enriquecer con la fuerza, el talento, la cultura y la religiosidad de los pueblos del Sur.
Estamos ante una inmensa tragedia, ante una oleada de refugiados, no vista desde la segunda guerra mundial. No valen excusas, ni defensas, ni silencios cómplices, es cuestión de humanidad, de solidaridad, más allá de la diferencia de razas, culturas o credos. No es simple sentimentalismo ante la foto del niño sirio-kurdo muerto en la playa de Turquía, no es asistencialismo, es cuestión de justicia.

Los cristianos no podemos olvidar que en el Antiguo Testamento, el huérfano, la viuda y el forastero eran los predilectos del Dios de Israel. Y según el Nuevo Testamento, Jesús está presente en los pobres y excluidos, que serán nuestros jueces en el juicio final. Es totalmente coherente con el evangelio que el Papa Francisco -que en su visita a Lampedusa había lanzado un grito profético a favor de los migrantes y había criticado la indiferencia de quienes viven en la burbuja del bienestar-, ahora haya pedido a las parroquias, monasterios y comunidades religiosas que acojan a las familias de refugiados.
Afortunadamente crece en muchos lugares la solidaridad y la acogida.
Los "bárbaros" del Sur son en gran parte víctimas del Norte. Y podemos preguntarnos¿quiénes son hoy los "bárbaros"...?


Me gustan tus gestos, Papa Francisco.

Queridos diocesanos: Mientras leía un sencillo y bello libro, que tiene por título "Lectio divina sobre los gestos de Jesús", recordé lo que a veces sucede entre nosotros: últimamente, en diversas ocasiones me preguntáis, del mismo modo que yo también os lo pregunto: ¿Qué le parece a usted el Papa Francisco?
Enseguida me vino a la memoria que solemos evocar sus gestos. Es por eso que me permito ahora poner por escrito una síntesis de nuestros comentarios. Lo voy a hacer con una carta, en la que juntos nos dirigiremos al Santo Padre con sencillez y familiaridad. Aunque sabemos que nunca la llegará a leer, nos sumamos, con ella, a los que le alientan en su ministerio.

"Nos gustan tus gestos, Papa Francisco. En ellos, que son bellísimos, humanos y muy "divinos", vemos el reflejo de tu vida interior, de tus convicciones de fe, de tu modo de sentirte cristiano entre tus hermanos, sacerdote a su servicio y Papa para darle un nuevo rumbo a la Iglesia. Tus gestos son un estilo nuevo para el anuncio del Evangelio, en el que el testimonio tiene una fuerza especial. Tus gestos son la expresión de una existencia cercana, sencilla, a pie de calle, como la del Maestro. No entendemos por qué se arma tanto alboroto porque hagas lo que hace todo el mundo y vayas a graduarte la vista a una óptica de la ciudad en la que vives.

Te podemos asegurar que los sencillos te entienden desde el primer día, desde que te vieron en aquel balcón del Vaticano, que siempre recordaremos tan cercano y entrañable. Créetelo, cuando hablamos de ti en nuestra diócesis, enseguida se descubre que todos vamos guardando, como un tesoro, las imágenes de lo que te vemos hacer; todos vemos en ti lo que sólo los humildes pueden ver: esas cosas que están ocultas a los sabios y a los poderosos. Todos entendemos que con tus gestos anuncias, pero también denuncias. Con cada uno de ellos mueves más conciencias que con montañas de palabras. Con cada gesto preparas la reforma de la Iglesia, la que estás haciendo con una extraordinaria prudencia, al tiempo que con una no menor y extraordinaria audacia.
Quizás por eso, tus gestos sorprendentes son siempre una señal para el debate, ese que nunca estuvo tan abierto y nunca fue tan directo a la persona del Papa, como lo está siendo en este momento. Supongo que sabes que algunos no te entienden; pero estamos convencidos de que tú consideras que están en su derecho. Nosotros pensamos lo mismo; pero les recomendaríamos que vieran en lo que haces tu aportación, como maestro y pastor, al anuncio del Reino. Así te entenderían mejor.
Para aquellos a los que les cuesta entenderte, es posible que tus gestos sólo sean anécdotas; y de un modo especial para los que se empeñan también en quitarle valor a tus palabras, siempre tan claras y transparentes. Según parece, para éstos lo sencillo está reñido con el magisterio. Sin embargo, son muchos más los que saben que hay una maravillosa coherencia entre lo que haces y lo que dices, sobre todo cuando utilizas ese lenguaje coloquial, tan cercano al sensus fidei de la gente, con el que a veces llega tu palabra.

De cualquier modo, querido Papa Francisco, gracias por ser libre. Eso siempre es muy difícil, y lo es mucho más cuando el ministerio tiene tantos condicionantes históricos, sociales, rituales y un larguísimo etcétera. Hablando, por cierto, de la libertad, nos consta que tú le sueles decir a quienes tienen que intervenir en ciertos eventos eclesiales que sean libres en sus juicios y en sus opiniones. Eso evidentemente es de un extraordinario valor humano y, por supuesto, social. Pero tú quieres que la libertad sea un valor espiritual. En la marcha de la Iglesia, la libertad ha sido, es y será siempre una condición imprescindible para la fidelidad al Espíritu Santo, hacedor de todas las decisiones. Es verdad que en ocasiones la libertad se ha reprimido; y, por ello, se ha tenido que pedir perdón tantas veces.

Dentro de muy poco tiempo se va a celebrar un Sínodo, en el que estamos convencidos de que se van a hacer importantísimas reflexiones pastorales y del que llegarán nuevas orientaciones y opciones para el desarrollo de la vocación y misión de la familia en la Iglesia y en el mundo contemporáneo. Preparando ese acontecimiento, llevamos ya mucho tiempo en plena "precampaña". De un lado y de otro se está tirando de la cuerda con criterios e ideas y, por supuesto, se están creando tensiones, como siempre ha sucediendo en cada uno de los eventos que se han celebrado en la Iglesia: concilios, sínodos, asambleas, etc. No le quitamos ningún valor a lo que se está haciendo, ni siquiera al interés de algunos por condicionar este acontecimiento eclesial. Seguramente eso va a provocar una reflexión más matizada y perfilada.

Tú has sido el primero que les has pedido a los padres sinodales que sean libres cuando tengan que plantear los problemas y hacer sus propuestas. Con ello, queremos interpretar que les has recordado que no se olviden de que ellos tienen la gracia y el honor de ser el penúltimo eslabón de una gestión que el Espíritu Santo hace continuamente en la Iglesia; también con la convocatoria, desarrollo y celebración del Sínodo de los Obispos. Teniendo esto en cuenta, algo fallaría en el sínodo si no hubiera espacio para la "parresía" y, si llegara, para la sorpresa, consecuencias ambas de la libertad del Espíritu.

De cualquier modo, Santo Padre, volvemos al comienzo de esta carta: sentimos que suceda lo que suceda en el sínodo, por tu ejemplo, lo que salga de él va a aproximar un poco más el amor de Dios a la tierra, a la vida, a los sentimientos, a los dolores, a las inquietudes, al camino errante, y también errabundo, de los seres humanos. Porque, eso sí: se haga lo que se haga en la Iglesia en favor del hombre, ya no va a faltar nunca la compasión, la entrañable misericordia que tú nos estás mostrando."
Espero que estéis de acuerdo conmigo en lo que le digo al Papa Francisco en nombre de todos, y deseo que el afecto y el respeto que le profesa vuestro obispo nunca le falte de vuestra parte. Con mi afecto y bendición.

+ Amadeo Rodríguez Magro
Obispo de Plasencia
Fuente: Religión digital


«JESÚS LO VIO Y, PORQUE LO AMÓ, LO ELIGIÓ»


De las homilías de san Beda el Venerable, presbítero
(Homilía 21: CCL 122,149-151)

Jesús vio a un hombre llamado Mateo, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: "Sígueme." Lo vio más con la mirada interna de su amor que con los ojos corporales. Jesús vio al publicano y, porque lo amó, lo eligió, y le dijo: Sígueme. Sígueme, que quiere decir: "Imítame". Le dijo: Sígueme, más que con sus pasos, con su modo de obrar. Porque, quien dice que permanece en Cristo debe vivir como vivió él.

Él —continúa el texto sagrado— se levantó y lo siguió. No hay que extrañarse del hecho de que aquel recaudador de impuestos, a la primera indicación imperativa del Señor, abandonase su preocupación por las ganancias terrenas y, dejando de lado todas sus riquezas, se adhiriese al grupo que acompañaba a aquel que él veía carecer en absoluto de bienes.

Es que el Señor, que lo llamaba por fuera con su voz, lo iluminaba de un modo interior e invisible para que lo siguiera, infundiendo en su mente la luz de la gracia espiritual, para que comprendiese que aquel que aquí en la tierra lo invitaba a dejar sus negocios temporales era capaz de darle en el cielo un tesoro incorruptible. Y, estando en la mesa en casa de Mateo, muchos publicanos y pecadores, que habían acudido, se sentaron con Jesús y sus discípulos. 

La conversión de un solo publicano fue una muestra de penitencia y de perdón para muchos otros publicanos y pecadores. Ello fue un hermoso y verdadero presagio, ya que Mateo, que estaba destinado a ser apóstol y maestro de los gentiles, en su primer trato con el Señor arrastró en pos de sí por el camino de la salvación a un considerable grupo de pecadores. 

De este modo, ya en los inicios de su fe, comienza su ministerio de evangelizador que luego, llegado a la madurez en la virtud, había de desempeñar. Pero, si deseamos penetrar más profundamente el significado de estos hechos debemos observar que Mateo no sólo ofreció al Señor un banquete corporal en su casa terrena, sino que le preparó, por su fe y por su amor, otro banquete mucho más grato en la casa de su interior, según aquellas palabras del Apocalipsis: Estoy a la puerta llamando: si alguien oye y me abre, entraré y comeremos juntos. 

Nosotros escuchamos su voz, le abrimos la puerta y lo recibimos en nuestra casa, cuando de buen grado prestamos nuestro asentimiento a sus advertencias, ya vengan desde fuera, ya desde dentro, y ponemos por obra lo que conocemos que es voluntad suya. Él entra para comer con nosotros, y nosotros con él, porque, por el don de su amor, habita en el corazón de los elegidos, para saciarlos con la luz de su continua presencia, haciendo que sus deseos tiendan cada vez más hacia las cosas celestiales y deleitándose él mismo en estos deseos como en un manjar sabrosísimo.
News.Va

A los sacerdotes, seminaristas y religiosos y religiosas: “Pobreza y misericordia: ahí está Jesús”

Hay una frase de San Ambrosio que conmueve mucho al Santo Padre, ‘donde hay misericordia está el Espíritu de Jesús, donde hay rigidez están solamente sus ministros’. Él mismo lo ha contado en su homilía en la oración de las vísperas en la Catedral de la Inmaculada Concepción y San Cristóbal en La Habana, con los sacerdotes, religiosos, religiosas y seminaristas. Y esta idea ha sido la conclusión de su discurso, en el que reflexionó sobre pobreza y misericordia.
Al llegar a la Catedral, y tras saludar y bendecir a los fieles reunidos en la plaza, el Santo Padre ha sido acogido por el rector, quien le acompañó a la Capilla del Santísimo.
En primer lugar intervino el cardenal Jaime Lucas Ortega y Alamino, a continuación una religiosa ha dado su testimonio y finalmente se ha rezado vísperas y el Papa ha pronunciado unas palabras.
Sor Yaileny Ponce Torres, hija de la caridad, ha hablado de su servicio en el Hogar de impedidos físicos y mentales “La Edad de Oro”. La religiosa ha indicado que el gesto de corazón que cada día quieren vivir en el trato con los pacientes y personal de servicio es “descalzarnos ante el misterio de Dios latente en la vida de aquellos, que a los ojos de muchos son invisibles, no cuentan, son valorados como carga inútil o despreciados por ser diferentes”.
Mientras, el cardenal Ortega quiso mencionar algo muy propio de la Iglesia de este país, “la Iglesia que vive en Cuba es una Iglesia pobre, y el abnegado testimonio de pobreza de nuestros sacerdotes diocesanos o religiosos, de los diáconos y las personas consagradas, es admirable”. Quizás, ha asegurado, sea precisamente la pobreza la que contribuye de modo singular a la solidaridad y fraternidad entre todos.
El Santo Padre, ha reconocido que tanto el cardenal como la religiosa han hablado “como profetas” y por eso ha decido dejar de lado el discurso que llevaba preparado e improvisar.
A propósito de la pobreza, el Papa ha señalado que el espíritu mundano no la conoce, no la quiere, la esconde, no por pudor, sino por desprecio. Ha advertido que “el espíritu del mundo no ama el camino del Hijo de Dios, que se vació a sí mismo, se hizo pobre, se hizo nada, se humilló para ser uno de nosotros”.
Del mismo modo ha hablado del peligro de estar apegado a la “mundanidad”. Y ha añadido que “la riqueza pauperiza, pero pauperiza mal, nos quita lo mejor que tenemos, nos hace pobres. Pobres en la única riqueza que vale la pena, para poner la seguridad en lo otro”.
El Santo Padre ha recordado el espíritu de pobreza, el espíritu de despojo, el espíritu de dejarlo todo para seguir a Jesús y “este dejarlo todo no lo invento yo, varias veces aparece en Evangelio”.
Asimismo, ha asegurado que “nuestra Santa Madre Iglesia es pobre. Dios la quiere pobre como quiso pobre a nuestra Santa Madre María”. Por eso les ha invitado a amar la pobreza como a madre.
Haciendo referencia al testimonio previo de la religiosa, el Pontífice ha hablado de “los últimos”, los “más pequeños”. Que --ha afirmado-- aunque sean grandes unos terminan tratándolos como niños, porque se presentan como niños. Así, ha explicado que aunque haya servicios pastorales más gratificantes, cuando uno busca en la preferencia interior al más pequeño, al más abandonado, al más enfermo, al que nadie tiene en cuenta, al que nadie quiere, “cuando sirve al más pequeño, está sirviendo a Jesús de manera superlativa”.
Estos lugares son “donde la ternura y la misericordia del Padre se hace más patente, donde la ternura y la misericordia de Dios se hace caricia”, ha observado. Ha propósito ha reconocido "cuántas religiosas y religiosos queman y repito el verbo, queman, su vida acariciando material de descarte”.
Por todo ello, el Santo Padre ha dado las gracias a todos los consagrados que dedican sus vidas a los “más pequeños”.
También ha dedicado una reflexión a los sacerdotes. A ellos les ha pedido que no se cansen de perdonar. Les ha invitado a pensar cuando están en el confesionario que tienen “un tesoro en las manos que es la misericordia del Padre”.