miércoles, 13 de mayo de 2015

La Virgen de Fátima en la Audiencia General con el Papa

 Imitando a la Madre de Dios seamos instrumento de la misericordia y ternura de Dios. Cumpliendo un deseo del Papa Francisco, en el día en que se recuerda la primera aparición en Cova de Iría a los tres pastorcitos, una imagen - bendecida en el Santuario de Nuestra Señora del Rosario de Fátima - acompañó la cita semanal del Obispo de Roma con los peregrinos llegados de tantas partes del mundo. 
La iniciativa quiso ser un obsequio al Santo Padre, de parte de los chicos discapacitados asistidos por los voluntarios de UNITALSI, la Unión nacional italiana para el traslado de enfermos a Lourdes y a los santuarios internacionales.   
En este mes mariano de mayo unámonos en la oración a la Virgen María encomendándole en especial a nuestras familias, fue la entrañable exhortación del Papa Bergoglio, que antes de dar comienzo a la Audiencia General, se detuvo en oración ante la imagen. El Papa destacó la fecha del 13 de mayo:
«En este día de la Virgen de Fátima, los invito a multiplicar los gestos cotidianos de veneración e imitación de la Madre de Dios. Encomiéndenle todo lo que son y todo lo que tienen. Y así lograrán ser un instrumento de la misericordia y de la ternura de Dios para sus familiares, para todos los que los rodean y todos los amigos».
El Papa recordó a la Madre de Dios y madre nuestra también en sus palabras dedicadas a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados:
«Hoy es la memoria litúrgica de la Bienaventurada Virgen de Fátima. Queridos jóvenes, aprendan a cultivar la devoción a la Madre de Dios, con el rezo cotidiano del Rosario. Queridos enfermos, sientan a María presente en la hora de la cruz, y ustedes, queridos recién casados, récenle para que nunca falte en su hogar el amor y el respeto recíproco».
(CdM - RV) 


Que no falten en nuestro corazón, en nuestros hogares y en la convivencia civil las tres palabras: permiso, perdón y gracias. Catequesis del Papa

“Queridos hermanos y hermanas:
La catequesis de hoy quiere ser la puerta de una serie de reflexiones sobre la vida de la familia, la vida real, cotidiana. Sobre esta puerta están escritas tres palabras que ya hemos utilizado otras veces: permiso, gracias, perdón. Más fáciles de decir que de poner en la práctica, pero absolutamente necesarias. Son palabras vinculadas a la buena educación, en su sentido genuino de respeto y deseo del bien, lejos de cualquier hipocresía y doblez”.
Efectivamente, el Papa recordó a San Francisco de Sales que solía decir: “la buena educación ya es media santidad”. Pero aludiendo a la memoria histórica el Pontífice puso en guardia sobre el “formalismo de las buenas maneras”, que puede convertirse en una “máscara” que esconde “la aridez de ánimo y de desinterés por el otro”. De hecho, “el diablo que tienta a Jesús hace alarde de las buenas maneras y cita inclusive las Sagradas Escrituras” advirtió el Papa. “Su estilo aparece como correcto, pero su intento es el de desviar de la verdad del amor de Dios”.
Más íntimo y más profundo es el amor, más respeto exige
“La palabra Permiso nos recuerda que debemos ser delicados, respetuosos y pacientes con los demás, incluso con los que nos une una fuerte intimidad. Como Jesús, nuestra actitud debe ser la de quien está a la puerta y llama”.
Para entrar en la vida del otro aun cuando éste es parte de nuestra vida es necesaria la delicadeza de una actitud no invasiva, que renueva la confianza y el respeto - siguió diciendo Francisco – porque la confianza no autoriza a dar todo por descontado. Por eso cuando nos preocupamos por pedir gentilmente también aquello que tal vez pensamos que podemos pretender, ponemos al amparo el espíritu de la convivencia matrimonial y familiar.
La gratitud, una planta que crece en la tierra de las almas nobles
“Dar las Gracias parece un signo de contradicción para una sociedad recelosa, que lo ve como debilidad. Sin embargo, la dignidad de las personas y la justicia social pasan por una educación a la gratitud. Una virtud, que para el creyente, nace del corazón mismo de su fe”.
Muchas veces oímos decir malas palabras y utilizar malas maneras también públicamente, como si fueran un “signo de emancipación”, pero ésta es “una tendencia que debe ser combatida en el seno mismo de la familia”, porque “si la vida familiar descuida la educación a la gratitud y al reconocimiento, también la vida social lo perderá” argumentó el Papa.
Una palabra difícil y sin embargo tan necesaria

“Finalmente, el Perdón es el mejor remedio para impedir que nuestra convivencia se agriete y llegue a romperse. El Señor nos lo enseña en el Padrenuestro, aceptar nuestro error y proponer corregirnos es el primer paso para la sanación. Esposos, no terminen nunca el día sin reconciliarse”.
Esta palabra difícil pero a la vez tan necesaria, a la vez que nos hace dignos del perdón, dijo el Pastor de la Iglesia Universal, abre el camino para sanar las muchas heridas de los afectos y desgarros en las familias que comienzan cuando se pierde esta palabra preciosa: “En los hogares en los que no se piden disculpas comienza a faltar el aire, y las aguas se estancan”, por eso “¡nunca terminar el día en familia sin hacer las paces!”; basta una caricia, un pequeño gesto, una palabra, y así: “¡la vida será más bella!”
“Que el Señor nos ayude a colocar estas tres palabras en su justo lugar, en nuestro corazón, en nuestra casa, y también en nuestra convivencia civil. Muchas gracias”.
(GM – RV)


martes, 12 de mayo de 2015

“Quien vive la misión de Caritas es un testigo de Cristo”, el Papa en la Misa de inauguración de la Asamblea de Caritas Internationalis


La Lectura de los Hechos de los Apóstoles que hemos escuchado (16,22-34) presenta a un personaje un poco especial. Es el carcelero de la cárcel de Filipos, donde Pablo y Silas fueron encerrados después del amotinamiento de la gente contra ellos. Los magistrados primero ordenan que les azoten y luego los mandan a la prisión, ordenando al carcelero de hacer buena guardia. Es por esto que aquel hombre, en la noche, oído el terremoto y viendo las puertas de la cárcel abiertas, se desespera y piensa en suicidarse. Pero Pablo lo consuela y él, temeroso y lleno de maravilla, pide de rodillas la salvación.
La narración nos dice que aquel hombre da enseguida los pasos esenciales del camino de fe y de salvación: escucha la Palabra del Señor, junto a sus familiares; lava las llagas de Pablo y Silas; recibe el Bautismo con todos los suyos; y finalmente recibe a Pablo y Silas en su casa, prepara la mesa y les da de comer, lleno de alegría. Todo el camino de fe.
El Evangelio, cuando se anuncia y se cree en él, impulsa a lavar los pies y las llagas de los que sufren y a preparar para ellos la mesa. Simplicidad de gestos, donde la acogida de la Palabra y del sacramento del Bautismo se acompaña de la acogida del hermano, casi como si se tratara de un gesto único: acoger a Dios y acoger al otro; acoger al otro con la gracia de Dios; acoger a Dios y manifestarlo en el servicio al hermano. Palabra, Sacramentos y servicio están en interrelación y se alimentan entre ellos, como se ve ya en este testimonio de la Iglesia de los orígenes.
Podemos ver en este gesto todo el significado de Caritas. Caritas es una gran Confederación, reconocida ampliamente en el mundo por el trabajo que realiza. Caritas es la Iglesia presente en muchas partes del mundo, y todavía debe lograr mayor difusión incluso en las diferentes parroquias y comunidades, para renovar lo que sucedió en los primeros años de la Iglesia. De hecho, la raíz de todo su servicio está presente en la acogida, sencilla y obediente, de Dios y del prójimo. Esta es la raíz. Si se quita esta raíz, Caritas muere. Y esta acogida se cumple personalmente en ustedes, para que después vayan por el mundo, y lo sirvan en el nombre de Cristo a quien han encontrado y que encuentran en cada hermano y hermana a los cuales están cerca; y así se evita el hecho de limitarse a ser una simple organización humanitaria. Y Caritas en cada una de las Iglesias particulares, aunque la más pequeña, es la misma: no existen Caritas grandes y Caritas pequeñas, todas son iguales. Pidamos al Señor la gracia de entender la verdadera dimensión de Caritas; la gracia de no caer en el engaño de creer que un centralismo bien organizado sea el camino; la gracia de entender que Caritas está siempre en la periferia, en cada Iglesia particular; y la gracia de creer que Caritas central es solamente de ayuda, servicio y experiencia de comunión pero no es el jefe de todas.
Quien vive la misión de Caritas no es un simple agente, sino un testigo de Cristo. Una persona que busca a Cristo y se deja buscar por Cristo; una persona que ama con el espíritu de Cristo, el espíritu de la gratuidad, el espíritu de la entrega. Todas nuestras estrategias y planificaciones se quedan vacías si no llevamos en nosotros éste amor. No nuestro amor, sino el Suyo. O mejor dicho, el nuestro purificado y fortalecido por el Suyo.
Y de este modo se puede servir a todos y preparar la mesa para todos. Esta también es una bella imagen que la Palabra de Dios nos ofrece hoy: preparar la mesa. Dios nos prepara la mesa de la Eucaristía, también ahora. Caritas prepara muchas mesas para quienes tienen hambre. En estos meses han desarrollado la gran campaña “Una familia humana, comida para todos”. Mucha gente espera también hoy comer lo suficiente. El planeta tiene alimentos para todos, pero parece que falta la voluntad de compartirla con todos. Preparar la mesa para todos, y pedir que haya una mesa para todos. Hagamos todo lo que podamos para que todos tengan que comer, pero también recordar a los poderosos de la tierra que un día Dios los llamará a su juicio, y se manifestará si de verdad han buscado proveer los alimentos para Él en cada persona (cfr. Mt 25,35) y si han actuado para que no se destruya el ambiente, sino para que se pueda producir este alimento.
Y pensando a la mesa de la Eucaristía, no podemos olvidar a nuestros hermanos cristianos que han sido privados por la violencia sea de los alimentos para el cuerpo sea de aquellos para el alma: han sido echados de sus casas y de sus iglesias, tantas veces destruidas. Renuevo, una vez más,  el llamamiento a no olvidar estas personas y estas intolerables injusticias.
Junto a tantos otros organismos de caridad de la Iglesia, Caritas revela por lo tanto la fuerza del amor cristiano y el deseo de la Iglesia de salir al encuentro de Jesús en cada persona, sobre todo cuando es pobre y sufre. Este es el camino que tenemos delante y con este horizonte auguro que puedan desarrollar los trabajos en estos días. Los encomiendo a la Virgen María, que ha hecho de la acogida de Dios y del prójimo el criterio fundamental de su vida. Precisamente mañana celebraremos la Virgen de Fátima, que se apareció para anunciar la victoria sobre el mal. Con un apoyo tan grande no tenemos miedo de continuar nuestra misión.
Así sea.

¡QUIERO SER COMO TÚ, MARIA!


Alegre, para que los que viven junto a mí sean más felices.

Prudente, para que  mis palabras no causen heridas.

Orante, para escuchar la voz del Señor.

Sencillo, para no dejarme engañar por el escaparate de la sociedad.

Valiente, para no acobardarme ante las dificultades.

Con las manos abiertas, para dar aquello que otros necesiten.

Afable, para tratar a los demás con respeto y cariño.

Limpio, para no juzgar por las apariencias.

Con esperanza, para huir del pesimismo.

Oyente, para conducirme por la Palabra de Dios.

Te ofrezco, María, mi DEBILIDAD.

Que Tú la transformes en algo agradable a Dios.

Fuente: Reflejos de Luz

Aún hoy se asesinan a los cristianos en nombre de Dios, dijo el Papa en su homilía

Aún hoy se asesinan a los cristianos en nombre de Dios, pero el Espíritu Santo da la fuerza para testimoniar hasta el martirio. Lo dijo el Papa Francisco durante su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta.  

También hoy hay quien mata a los cristianos creyendo dar culto a Dios


En el Evangelio del día, Jesús anuncia a los discípulos la venida del Espíritu Santo: “Yo tengo tantas cosas que decirles, pero en este momento ustedes no son capaces de llevar el peso; pero cuando vendrá el Paráclito, el Espíritu de la verdad, Él los guiará hacia toda la verdad”. El Señor “habla del futuro, de la cruz que nos espera, y nos habla del Espíritu, que nos prepara a dar el testimonio cristiano”.

Habla “del escándalo de las persecuciones”, del “escándalo de la Cruz”. “La vida de la Iglesia – observó el Papa –  es un camino guiado por el Espíritu” que nos recuerda las palabras de Jesús y “nos enseña las cosas que aún Jesús no ha podido decirnos”: “Es compañero del camino” y “también nos defiende” del “escándalo de la Cruz”.

En efecto, la Cruz es un escándalo para los judíos que “piden signos” y necedad para “los griegos, es decir, los paganos” que “piden sabiduría, ideas nuevas”. Los cristianos, en cambio, predican a Cristo crucificado. De este modo, Jesús prepara a los discípulos para que no se escandalicen de la Cruz de Cristo: “Los expulsarán de las sinagogas – dice Jesús –  es más viene la hora en que cualquiera los matará, creyendo que rinde culto a Dios”:

“Hoy somos testigos de estos que matan a los cristianos en nombre de Dios, porque son incrédulos, según ellos. Ésta es la Cruz de Cristo: ‘Harán eso porque no han conocido ni al Padre ni a mí’. ‘Esto que me ha sucedido a mí – dice Jesús – también les sucederá a ustedes – las persecuciones, las tribulaciones – pero, por favor, no se escandalicen; será el Espíritu el que los guiará les hará entender’”.

La fuerza del Espíritu de los fieles coptos degollados en la playa

En este contexto, el Papa Francisco recordó la conversación telefónica mantenida el día anterior con el Patriarca copto Tawadros, “porque era el día de la amistad copto-católica”:
“Pero yo recordaba a sus fieles, que han sido degollados en la playa por ser cristianos. Estos fieles, por la fuerza que les ha dado el Espíritu Santo, no se escandalizaron. Morían con el nombre de Jesús en sus labios. Es la fuerza del Espíritu. El testimonio. Es verdad, esto es precisamente el martirio, el testimonio supremo”.

El testimonio de cada día

“Pero también está el testimonio de cada día  –  prosiguió diciendo el Papa –  el testimonio de hacer presente la fecundidad de la Pascua” que “nos da el Espíritu Santo, que nos guía hacia la verdad plena, la entera verdad, y nos hace recordar lo que Jesús nos dice”:
“Un cristiano que no toma seriamente esta dimensión ‘martirial’ de la vida no ha entendido aún el camino que Jesús nos ha enseñado: camino ‘martirial’ de cada día; camino ‘martirial’ en el defender los derechos de las personas; camino ‘martirial’ en el defender a los hijos: papás, mamás, que defienden su familia; camino ‘martirial’ de tantos, tantos enfermos que sufren por amor de Jesús. Todos nosotros tenemos la posibilidad de llevar adelante esta fecundidad pascual por este camino ‘martirial’, sin escandalizarnos”.
“Pidamos al Señor – dijo el Papa  al concluir –  la gracia de recibir al Espíritu Santo que nos hará recordar las cosas de Jesús, que nos guiará a la verdad total y nos preparará cada día para dar este testimonio, para dar este pequeño martirio de cada día o un gran martirio, según la voluntad del Señor”.

(María Fernanda Bernasconi - RV).

lunes, 11 de mayo de 2015

AMADOS DE DIOS

Pocos días como hoy concurren las lecturas con tanta fuerza y evidencia para afirmar el núcleo de la revelación: “Dios es amor” (1Jn 4, 7). 
Quizá no valoramos la expresión suficientemente, por ser manida y estar un tanto gastada, como si fuera fórmula aprendida del catecismo.
Y sin embargo, cuando uno experimenta en propia carne que Dios no lleva cuentas del mal, que perdona y “no hace distinciones” (Act 10, 34 ), seas de la nación que seas, que te quiere por ti mismo, se llega a ser consciente de que el amor de Dios no depende de la propia respuesta, ni siquiera de la fidelidad que tengamos, porque “en esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como victima de propiciación por nuestros pecados (1Jn 4,10).
Si descubres que el amor con el que eres amado, no es de compromiso, ni pasajero, sino que Jesucristo afirma: “Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor” (Jn 15, 9), ¿qué resistencia cabe ante tal derroche de amor y declaración de fidelidad?
Te puedo asegurar que si en algún momento de tu vida percibes en tu corazón la brisa del amor divino, quedarás conmovido como el profeta, postrado por sobrecogimiento, al mismo tiempo que sentirás la anchura interior y el abrazo envolvente de la misericordia.
Deja que entre en ti la declaración de amor más sincera, estable, gratuita, regeneradora, fiel, permanente, la declaración divina, y nada será igual. La existencia de cada uno de nosotros transcurre en la diferencia entre mendigar amor o en sabernos amados, en caminar heridos de nostalgia, o remecidos de agradecimiento.
¡Que distinto es levantarse cada mañana, sabiendo que alguien te mira, te espera, te acompaña, te quiere, de no saber para qué ni para quién vives!
“Tú eres amado”. Te puedo asegurar que estas palabras cambiaron mi vida, aunque por torpeza a veces las olvide, pero cuando se han grabado en el corazón en momentos de intensa soledad, siempre cabe volver a ellas. Se reconoce que son sinceras, restauradoras, discretas y, como cuando después de una gran sequía vuelven las lluvias suaves y templadas, todo el ser se estremece y le parece soñar, pero es verdad. ¡Somos amados!

No desperdicies la generosidad de Dios, de ella depende que gustes la felicidad posible en esta vida. Te lo deseo.
José Moreno de Buenafuente

NO DESVIARNOS DEL AMOR


El evangelista Juan pone en boca de Jesús un largo discurso de despedida en el que se recogen, con una intensidad especial, algunos rasgos fundamentales que han de recordar sus discípulos a lo largo de los tiempos para ser fieles a su persona y a su proyecto. También en nuestros días.

«Permaneced en mi amor». Es lo primero. No se trata solo de vivir en una religión, sino de vivir en el amor con que nos ama Jesús, el amor que recibe del Padre. Ser cristiano no es en primer lugar un asunto doctrinal, sino una cuestión de amor. A lo largo de los siglos, los discípulos conocerán incertidumbres, conflictos y dificultades de todo orden. Lo importante será siempre no desviarse del amor.

Permanecer en el amor de Jesús no es algo teórico ni vacío de contenido. Consiste en «guardar sus mandamientos», que él mismo resume enseguida en el mandato del amor fraterno: «Este es mi mandamiento; que os améis unos a otros como yo os he amado». El cristiano encuentra en su religión muchos mandamientos. Su origen, su naturaleza y su importancia son diversos y desiguales. Con el paso del tiempo, las normas se multiplican. Solo del mandato del amor dice Jesús: «Este mandato es el mío». En cualquier época y situación, lo decisivo para el cristianismo es no salirse del amor fraterno.

Jesús no presenta este mandato del amor como una ley que ha de regir nuestra vida haciéndola más dura y pesada, sino como una fuente de alegría: «Os hablo de esto para que mi alegría esté en vosotros y vuestra alegría llegue a plenitud». Cuando entre nosotros falta verdadero amor, se crea un vacío que nada ni nadie puede llenar de alegría.

Sin amor no es posible dar pasos hacia un cristianismo más abierto, cordial, alegre, sencillo y amable donde podamos vivir como «amigos» de Jesús, según la expresión evangélica. No sabremos cómo generar alegría. Aún sin quererlo, seguiremos cultivando un cristianismo triste, lleno de quejas, resentimientos, lamentos y desazón.

A nuestro cristianismo le falta, con frecuencia, la alegría de lo que se hace y se vive con amor. A nuestro seguimiento a Jesucristo le falta el entusiasmo de la innovación, y le sobra la tristeza de lo que se repite sin la convicción de estar reproduciendo lo que Jesús quería de nosotros.


José Antonio Pagola

domingo, 10 de mayo de 2015

El corazón de Cristo ama a todos, cultos e ignorantes, ricos y pobres, justos y pecadores, dijo el Papa

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
El Evangelio de hoy  – Juan, capítulo 15 – nos vuelve a llevar al Cenáculo, donde escuchamos el mandamiento nuevo de Jesús. Dice así: “Este es mi mandamiento: ámense los unos a los otros, como yo los he amado” (v. 12). Y, pensando en el sacrificio de la cruz ya inminente, añade: “No hay amor más grande que dar la vida por los amigos. Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando” (vv.13-14).
Estas palabras, pronunciadas durante la última Cena, resumen todo el mensaje de Jesús; es más, resumen todo lo que Él ha hecho: Jesús ha dado la vida por sus amigos. Amigos que no lo habían comprendido, que en el momento crucial lo han abandonado, traicionado y renegado. Esto nos dice que Él nos ama aun no siendo merecedores de su amor: ¡así nos ama Jesús!
De este modo, Jesús nos muestra el camino para seguirlo, el camino del amor. Su mandamiento no es un simple precepto, que permanece siempre como algo abstracto o exterior a la vida. El mandamiento de Cristo es nuevo, porque Él, en primer lugar, lo ha realizado, le ha dado carne, y así la ley del amor es escrita una vez para siempre en el corazón del hombre (Cfr. Jer 31,33). ¿Y cómo está escrita? Está escrita con el fuego del Espíritu Santo. Y con este mismo Espíritu, que Jesús nos da, ¡podemos caminar también nosotros por este camino!
Es un camino concreto, un camino que nos conduce a salir de nosotros mismo para ir hacia los demás. Jesús nos ha mostrado que el amor de Dios se realiza en el amor al prójimo. Ambos van juntos. Las páginas del Evangelio están llenas de este amor: adultos y niños, cultos e ignorantes, ricos y pobres, justos y pecadores han tenido acogida en el corazón de Cristo.
Por tanto, esta Palabra del Señor nos llama a amarnos unos a otros, incluso si no siempre nos entendemos, no siempre vamos de acuerdo… pero es precisamente allí donde se ve el amor cristiano. Un amor que también se manifiesta si existen diferencias de opinión o de carácter, ¡pero el amor es más grande que estas diferencias! Éste es el amor que nos ha enseñado Jesús. Es un amor nuevo porque ha sido renovado por Jesús y por su Espíritu. Es un amor redimido, liberado del egoísmo. Un amor que da la alegría a nuestro corazón, como dice el mismo Jesús: “Les he dicho esto para que mi gozo sea el de ustedes, y ese gozo sea perfecto” (v.11).
Es precisamente el amor de Cristo, que el Espíritu Santo derrama en nuestros corazones, el que realiza cada día prodigios en la Iglesia y en el mundo. Son tantos pequeños y grandes gestos que obedecen al mandamiento del Señor: “Ámense los unos a los otros, como yo los he amado” (Cfr. Jn 15,12).
Gestos pequeños, de todos los días, gestos de cercanía a un anciano, a un niño, a un enfermo, a una persona sola y con dificultades, sin casa, sin trabajo, inmigrada, refugiada… Gracias a la fuerza de esta Palabra de Cristo, cada uno de nosotros puede estar cerca del hermano y de la hermana que encuentra. Gestos de cercanía, de proximidad. En estos gestos se manifiesta el amor que Cristo nos ha enseñado.
Que en esto nos ayude nuestra Madre Santísima, para que en la vida cotidiana de  cada uno de nosotros el amor de Dios y el amor del próximo estén siempre unidos.


DIOS NOS HA RECONCILIADO POR MEDIO DE CRISTO


Del comentario de san Cirilo de Alejandría, obispo, sobre la segunda carta a los Corintios (Caps. 5, 5-6, 2: PG 74, 942-943)

«La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros», y, para que nosotros tuviésemos vida, sufrió la muerte según la carne, y así es como conocimos a Cristo; sin embargo, ahora ya no es así como lo conocemos. Pues, aunque retiene su cuerpo humano, ya que resucitó al tercer día y vive en el cielo junto al Padre, no obstante, su existencia es superior a la meramente carnal, puesto que murió de una vez para siempre y ya no muere más; la muerte ya no tiene dominio sobre él, porque su morir fue un morir al pecado de una vez para siempre; y su vivir es un vivir para Dios. 

Si tal es la condición de aquel que se convirtió para nosotros en abanderado y precursor de la vida, es necesario que nosotros, siguiendo sus huellas, formemos parte de los que viven por encima de la carne, y no en la carne. Por esto, dice con toda razón san Pablo: El que es de Cristo es una criatura nueva. Lo antiguo ha pasado, lo nuevo ha comenzado.

Fuente: News.va

Juan de Ávila y la crítica a la limpieza de sangre

Teresa de Jesús contó con el privilegio del magisterio espiritual de Juan de Ávila, cuya fiesta litúrgica se celebra hoy. Este hecho sería decisivo para respaldar su experiencia de Dios y abrirle confiadamente al camino de la contemplación mística.
Muchos puntos de contacto encontramos entre ambos, pero hoy vamos a resaltar uno muy concreto: ambos eran cristianos nuevos, con antepasados conversos, lo que constituía un inconveniente o una lacra social que les cerraba muchas puertas. Bien lo pudo comprobar Teresa en su fundación de Toledo.
Ser cristiano nuevo o amigo de judeoconversos en una sociedad en la que se iban imponiendo los “estatutos de limpieza de sangre” era algo socialmente deshonroso. A ambos su experiencia de Dios les liberó de prejuicios en este tema, y les llevó a criticar abiertamente cuestiones de “honra”: «Siempre he estimado en más la virtud que el linaje» –afirmará Teresa con rotunda claridad. Y no tiene miedo a declarar que no posee nobleza por razón de su origen familiar. Así, a propósito de la fundación de Sevilla, recalca que el apoyo de Dios a su obra es por pura gracia: «pues no sería por ser de sangre ilustre el hacerme honra» (27, 12).
Presentamos a continuación un trabajo  de Juan Ignacio Pulido Serrano, de la Universidad de Alcalá de Henares, sobre Juan de Ávila donde muestra que el hecho de ser descendiente de judíos, por vía paterna, algo que fue bien conocido por sus contemporáneos, y presenta su singular postura frente al problema converso, que le causó distintos problemas, entre otros, un proceso inquisitorial ante el tribunal de Sevilla. En este artículo se analiza la huella que dejaron estas experiencias en sus principales obras (Audi, filia, sermones,Epistolario espiritual), enlas que se expresa su actitud y su pensamiento sobre la polémica cuestión de la limpieza de sangre.

Leer el artículo en la revista Sefarad, Vol 73, No 2 (2013): Juan de Ávila: su crítica a la limpieza de sangre y su condición conversa”
Fuente: Blog Para Vos Nací

ASIA/SIRIA - El obispo caldeo Audo: en las guerras sucias de Oriente Medio hay quieres instrumentalizan los sufrimientos de los cristianos

Alepo - “Diariamente estamos bajo las bombas. Creo que muchos cristianos huirán de Alepo y buscarán refugio en la zona costera, pero lo harán cuando se cierren las escuelas y universidades, después de los exámenes. Es paradójico, pero en el desastre en el que vivimos, este año en los distritos centrales de Alepo las escuelas y universidades han permanecido abiertas. Y quienes han podido no han dejado de ir a clase y de hacer los exámenes, mostrando que todavía creen que el estudio es importante para el futuro. Y todo esto, mientras se vive en una ciudad que parece no tener futuro”. Con estas palabras, el jesuita sirio Antoine Audo, obispo caldeo de Alepo, explica a la Agencia Fides los sentimientos compartidos por las familias cristianas de la ciudad mártir.
En las últimas horas, según las noticias relanzadas por los organismos internacionales, en la región de Alepo las milicias yihadistas parecen haber consolidado sus posiciones, intimidando a la rendición a dos mil soldados del ejército gubernamental que han quedado atrapados en la zona. “En realidad”, dice el obispo Audo “desde hace más de tres años para salir de Alepo no utilizamos los aeropuertos, que están todos en zonas en disputa. La impresión es que se está llevando a cabo una fuerte propaganda y guerra psicológica contra el gobierno, orquestada también a nivel internacional con el uso pilotado de la información. Hablan de un ataque a Alepo, dicen que Alepo está acabada. Tal vez están preparando algo”.
Las noticias acerca de los cristianos, según el obispo caldeo de Alepo, también se utilizan a menudo en clave instrumental: “hace tres semanas”, señala el obispo Audo “los grupos armados anti-gobierno realizaron ataques muy fuertes contra los distritos donde se concentran las Catedrales cristianas y luego también atacaron el distrito Suleimanya, donde viven muchos cristianos. Tal vez la intención era la de impresionar a la opinión pública internacional y justificar las respuestas militares. Desde el principio, han hecho todo lo posible para presentar este conflicto como un enfrentamiento religioso entre cristianos y musulmanes, o entre chiitas y sunitas. Por supuesto, los cristianos son el grupo más indefenso, no tienen armas, tienen miedo. Pero ciertas consignas y determinadas interpretaciones dirigidas y pilotadas, sólo sirven para ocultar las verdaderas razones y la dinámica real de la guerra. Hay quienes quieren dividir toda la zona en pequeñas entidades sectarias, como trataron de hacer también en Iraq, para poner unos contra otros y continuar dominando todo”. 
Fuente: News.va

Hoy celebramos a San Isaías, profeta. El gran profeta que predijo la muerte de Cristo en la Cruz

No todos los profetas nos dejaron sus visiones en forma de escritos. De Elías y Eliseo, por ejemplo, sólo sabemos lo que nos narran los libros históricos del Antiguo Testamento, principalmente los libros de Samuel y de los Reyes.
 
Entre los vates cuyos escritos poseemos es, sin duda, el mayor Isaías, hijo de Amós, de la tierra de Judá, quien fue llamado al duro cargo de profeta en el año 738 a.C., y cuya muerte ocurrió probablemente bajo el rey Manasés (693-639).

Según una antigua tradición judía, murió aserrado por la mitad, a manos de verdugos de este impío rey. En 442 d. C. su restos fueron transportados a Contantinopla. La Iglesia celebra su memoria el 6 de julio.
 
Isaías es el primero de los profetas del Antiguo Testamento, desde luego por lo acabado de su lenguaje que representa el siglo de oro de la literatura hebrea, mas sobre todo por la importancia de los vaticinios que se refieren al pueblo de Israel, a los pueblos paganos y a los tiempos mesiánicos y escatológicos.

Ningún otro profeta vio con tanta claridad al futuro Redentor, y nadie, como él, recibió tantas ilustraciones acerca de la salvación mesiánica, de manera que san Jerónimo no vacila en llamarlo "el Evangelista entre los Profetas".
 
Distínguense en el Libro de Isaías un Prólogo (cap. 1) y dos partes principales. La primera (cap. 2 a 35) es una colección de profecías, exhortaciones y amonestaciones, que tienen como punto de partida el peligro asirio, y contiene vaticinios sobre Judá e Israel (2, 1 a 12, 6), oráculos contra las naciones paganas (13, 1 a 23, 18); profecías escatológicas (24, 1 a 27, 13); amenazas contra la falsa seguridad (28, 1 a 33, 24), y la promesa de salvación de Israel (34, 1 a 35, 10).

Entre los profetas descuellan las consignadas en los capítulos 7 a 12. Fueron pronunciadas en tiempo de Acaz y tienen por tema la encarnación del Hijo de Dios, por lo cual son también llamadas El Libro de Emmanuel.
 
Entre la primera y segunda parte media un trozo de cuatro capítulos (36 - 39), que forma algo así como un bosquejo histórico.
 
El capítulo 40 da comienzo a la parte segunda del libro (cap. 40 a 66), que trae veintisiete discursos, cuyo fin inmediato es consolar con las promesas divinas a los que iban a ser desterrados a Babilonia, como expresa El Eclesiástico (48, 27 s.).
 
Fuera de eso, su objeto principal es anunciar el misterio de la Redención y de la salvación mesiánica, a la cual precede la pasión del siervo de Dios, que se describe proféticamente con la más sorprendente claridad.
 
No es de extrañar que la crítica racionalista haya atacado la auntenticidad de esta segunda parte, atribuyéndola a otro autor posterior al cautiverio babilónico. Contra tal teoría, que se apoya casi exclusivamente en criterios internos y linguísticos, se levanta no sólo la tradición judía, cuyo primer testigo es Jesús, hijo de Sirac, (Ecli. 48, 25 ss.), sino también toda la tradición cristiana.
 
Para la interpretación del profeta Isaías y de todos los profetas hay que tener presente el decreto de la Pontificia Comisión Bíblica, del 29 de junio de 1908, que establece los siguientes principios:
 
1. No es lícito considerar las profecías como productos de la historiografía post eventum, es decir, compuestos después de los acontecimientos que se pretende vaticinar.
 
2. La opinión de que Isaías y los demás profetas sólo anunciaron cosas fáciles de conjeturar, no se compagina con las profecías, especialmente con las mesiánicas y escatológicas; ni con la opinión general de los Santos Padres.
 
3. No se puede admitir que los profetas debieran hablar siempre en forma inteligible, y que por esto la segunda parte del libro, en la cual el profeta consuela a las futuras generaciones, como si viviese en medio de ellas, no pueda tener por autor a Isaías.
 
4. La prueba filológica, sacada del lenguaje y estilo, para combatir la identidad del autor del libro de Isaías, no es de tal índole que obligue a reconocer la pluralidad de autores.
 
El creyente que lea este divino libro con espíritu de oración, no tardará en descubrir que las profecías no son simples anuncios, sino que contienen ricas enseñanzas de vida espiritual, preciosas para anunciar nuestra fe y esperanzas.
 
Artículo publicado originalmente por evangeliodeldia.org