jueves, 26 de octubre de 2017

El Papa en Santa Marta: hay que entrar en el misterio de Jesús


El centro del misterio de Jesucristo es que “me amó” y “se entregó a sí mismo” a la muerte, por mí. Lo recordó el Papa Francisco  en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta el cuarto martes de octubre. Y para entrar en este misterio sugirió meditar sobre la Pasión del Señor en el Vía Crucis. Está bien ir a Misa, rezar, ser buenos cristianos – dijo – pero la pregunta central es si hemos entrado en el misterio de Jesucristo.
El Santo Padre  comenzó su reflexión a partir de la Primera Lectura tomada de la Carta a los Romanos, en la que San Pablo usa contraposiciones – pecado, desobediencia; gracia, perdón – para tratar de “llevarnos a comprender algo”. Se siente “impotente” para explicar” lo que quiere decir.
Detrás de todo esto está la historia de la salvación. Y dado que no contaba con palabras suficientes para explicar a Cristo, Pablo “va más allá” – dijo Francisco – “nos arroja, para que caigamos en el misterio” de Cristo. Y añadió que estas contraposiciones son sólo pasos en el camino para sumergirnos en el misterio de Cristo, que no es fácil de entender, porque es “tan sobreabundante”, “tan generoso”, que no se puede comprender con argumentaciones porque éstas llevan hasta cierto punto. Mientras para entender “quién es Jesucristo para ti”, “para mí”, “para nosotros”, el Papa exhortó hundirnos en este misterio.
En otro pasaje, San Pablo mirando a Jesucristo dice: “Me amó y se entregó a sí mismo por mí”.  Y destacó que, difícilmente, se encuentra a alguien dispuesto a morir por una persona justa, pero sólo Jesucristo quiere dar la vida “por un pecador como yo”. Con estas palabras, San Pablo trata de hacernos entrar en el misterio de Cristo. No es fácil, “es una gracia”. No sólo los Santos canonizados lo entendieron, sino también tantos santos “escondidos en la vida cotidiana”, gente humilde que sólo pone su esperanza en el Señor. Y que entraron en el misterio de Jesucristo crucificado, “que es una locura”, dice Pablo, pero notando que si tuviera que vanagloriarse de algo, sólo podría vanagloriarse “de sus pecados y de Jesucristo crucificado”, no del estudio con Gamaliel en la sinagoga. “Otra contradicción”, ésta, que nos conduce al misterio de Jesús crucificado, “en diálogo con mis pecados”.
Francisco, evidenció asimismo que cuando vamos a Misa, sabemos que Él está en la Palabra, que Jesús viene, pero esto – advirtió el Papa – no es suficiente para poder entrar en el misterio:
“Entrar en el misterio de Jesucristo es algo más, es dejarse caer en aquel abismo de misericordia donde no hay palabras: sólo el abrazo del amor. El amor que lo condujo a la muerte por nosotros. Cuando nosotros vamos a confesarnos porque tenemos pecados – ‘sí, debo quitarme los pecados’, decimos; o ‘que Dios me perdone los pecados’ – decimos los pecados al confesor y estamos tranquilos y contentos. Si hacemos así, no hemos entrado en el misterio de Jesucristo. Si yo voy, voy a encontrar a Jesucristo, a entrar en el misterio de Jesucristo, a entrar en aquel abrazo de perdón del que habla Pablo; de aquella gratuidad del perdón.
A la pregunta acerca de “¿quién es Jesús para ti?”, se podría responder diciendo: “El Hijo de Dios”; se podría decir todo el Credo, todo el Catecismo, y es verdad, pero se llegaría a un punto en el que  no lograríamos explicar el centro del misterio de Jesucristo, aquel “me amó” y “se entregó a sí mismo por mí”. “Comprender el misterio de Jesucristo no es una cuestión de estudio” – advirtió el Papa – porque “a Jesucristo sólo se lo entiende por pura gracia”.
De ahí que el Obispo de Roma haya indicado un ejercicio de piedad que ayuda: el Vía Crucis, que consiste en caminar con Jesús en el momento en que nos da “el abrazo del perdón y de la paz”.
Es bello hacer el Vía Crucis. Hacerlo en casa, pensando en los momentos de la Pasión del Señor. También los grandes Santos aconsejaban siempre comenzar la vida espiritual con este encuentro con el misterio de Jesús Crucificado. Santa Teresa aconsejaba a sus monjas: para llegar a la oración de contemplación, la alta oración que ella tenía, comenzar con la meditación de la Pasión del Señor. La Cruz con CristoCristo en la Cruz. Comenzar y pensar. Y así tratar de comprender con el corazón que “me amó a mí y que se entregó por mí”, “se dio a sí mismo a la muerte por mí”.
El Papa Bergoglio reafirmó que en la Primera Lectura, San Pablo quiere llevarnos al abismo del misterio de Cristo:
“Yo soy un buen cristiano. Voy a Misa los domingos. Hago obras de misericordia. Rezo las oraciones. Educo bien a mis hijos. Esto está muy bien. Pero yo pregunto: “¿Tú haces todo esto, pero has entrado en el misterio de Jesucristo? ¿Aquello que tú no puedes controlar?... Pidamos a San Pablo, un verdadero testigo, uno que ha encontrado a Jesucristo y que se dejó encontrar por Él y que entró en el misterio de Jesucristo: pidámosle a él, a Pablo, que nos dé la gracia de entrar en el misterio de Jesucristo – que nos amó, que se entregó a sí mismo a la muerte por nosotros, que nos ha hecho justos ante Dios, que ha perdonado los pecados a todos, incluso las raíces del pecado – pidámosle entrar en el misterio del Señor”.
La invitación conclusiva del Obispo de Roma fue precisamente a mirar al Crucificado, “icono del mayor misterio de la creación, de todo”: “Cristo crucificado, centro de la historia, centro de mi vida”.
(María Fernanda Bernasconi).
(from Vatican Radio)

Papa: Donde está Jesús, está la misericordia y la felicidad

 
En su Audiencia General del cuarto miércoles de octubre el Santo Padre concluyó su serie de catequesis sobre la esperanza cristiana, centrándose en el paraíso, cual meta de nuestra esperanza.
Hablando en italiano, el Francisco explicó que precisamente “paraíso” es una de las últimas palabras que Jesús pronunció en la cruz al dirigirse al “buen ladrón”. Invitando a la audiencia a detenerse en esa escena, el Papa destacó que el Señor no estaba solo en la cruz, puesto que tanto a la derecha como a la izquierda había dos malhechores. Y agregó que es posible que al pasar ante las tres cruces izadas sobre el Gólgota, algunas personas hayan pensado que finalmente se hacía justicia.
Al recordar que junto a Jesús se encontraba un delincuente que había reconocido merecer aquel terrible suplicio, el Papa Bergoglio afirmó que lo llamamos “el buen ladrón”, en contraposición al otro puesto que dice: “Recibimos lo que nos hemos merecido por nuestras acciones”, tal como se lee en el Evangelio de San Lucas.
Refiriéndose a aquel viernes trágico y santo en el CalvarioFrancisco dijo que Jesús llega al punto máximo de su encarnación y de su solidaridad con nosotros que somos pecadores. Y también allí el Señor tiene la última cita con un pecador, para abrirle de par en par, también a él, las puertas de su Reino.
De hecho – prosiguió explicando el Santo Padre – es la única vez que la palabra “paraíso” aparece en los Evangelios. Y el Hijo de Dios lo promete a un “pobre diablo” que en el madero de la cruz tuvo el valor de dirigirle la más humilde de las peticiones: “Acuérdate de mí cuando entrarás en tu Reino”. Naturalmente el Papa destacó que no tenía obras de bien para hacer valer y, sin embargo, se encomienda a Jesús, reconociéndolo inocente, bueno y tan diverso de él. Por esta razón – dijo Francisco – fue suficiente aquella palabra de humilde arrepentimiento, para tocar el corazón de Jesús.
Por eso el “buen ladrón” nos recuerda nuestra verdadera condición ante Dios. La de ser sus hijos por quienes tiene compasión y a quien desarmaos cada vez que le manifestamos la nostalgia de su amor. Sí, como sucede en las tantas habitaciones de los hospitales o en las celdas de las cárceles. Se trata de un verdadero “milagro” que se repite constantemente puesto que no hay una sola persona, por más mal que haya vivido, que permanezca sola con su desesperación dado que a la gracia es para todos.
Después de destacar que ante Dios nos presentamos todos con las manos vacías, como aquel publicano de la parábola que se había detenido a rezar en el fondo del templo, el Papa Bergoglio afirmó que “cada vez que un hombre, haciendo el último examen de conciencia de su vida, descubre que sus faltas superan tanto las obras de bien, no debe desanimarse, sino encomendarse a la misericordia de Dios.
Por otra parte, debemos comprender que Dios es Padre y, como tal, espera hasta el último instante para que regresemos a Él, como el hijo pródigo que cuando comienza a confesar sus culpas, el padre le tapa la boca con un abrazo.
Del paraíso Francisco explicó que no es un lugar de fábula ni un jardín encantado; sino el abrazo con Dios, Amor infinito, en el que entramos gracias a Jesús, que murió en la cruz por nosotros.
Donde está Jesús, está la misericordia y la felicidad. Sin Él hay frío y tinieblas. En la hora de la muerte – dijo también el Papa Francisco – el cristiano repite a Jesús: “Acuérdate de mí”. Y si no hubiera nadie que se acordara de nosotros – añadió – Jesús estará allí, junto a nosotros. Si creemos esto – concluyó diciendo el Santo Padre – dejaremos de temer la muerte y podemos esperar también en partir de este mundo con serenidad y tanta confianza.
(María Fernanda Bernasconi - RV). 
(from Vatican Radio)

miércoles, 25 de octubre de 2017

Agua y clima: El Papa anima a promover una “cultura del cuidado”


Del 23 al 25 de octubre se celebra en Roma la Cumbre Internacional “Agua y Clima. Encuentro de los grandes ríos del mundo”.
El deseo del papa Francisco –expone el cardenal Mons. Pietro Parolin– es que “vuestro” esfuerzo conjunto “ponga de relieve la necesidad de un enfoque más integrado con el fin de promover el desarrollo y la difusión de una ” `cultura del cuidado´ ” (Laudato si ‘, n. ° 231).
En particular, el Papa Francisco confía en que la amenaza que representa el cambio climático para nuestros hermanos y hermanas en los países más vulnerables “pueda encontrar respuestas oportunas y efectivas”, declaró Mons. Parolin a los participantes en la Cumbre.
Ayer, 23 de octubre de 2017, durante la apertura, el cardenal Secretario de Estado, Pietro Parolin, leyó el mensaje enviado por el Santo Padre Francisco a los participantes en el evento y pronunció el discurso que publicamos a continuación.
Discurso del Cardenal Secretario de Estado
Señor Presidente del Consejo,
Sres. Ministros,
Excelencias,
Señoras y señores,

En primer lugar, me complace leer el Mensaje que el Papa Francisco ha enviado a esta Cumbre:
Su Santidad el Papa Francisco dirige su saludo a todos los participantes en la Cumbre Internacional “Agua y Clima. Encuentro de los grandes ríos del mundo”, junto con sus mejores deseos para los trabajos, destinados a identificar las formas de preservar el precioso don del agua para el futuro de la humanidad. Su deseo es que vuestro esfuerzo conjunto para sensibilizar la conciencia de la comunidad internacional acerca de los problemas urgentes de las principales cuencas fluviales del mundo no sólo lleve a soluciones prácticas, sino que también ponga de relieve la necesidad de un enfoque más integrado con el fin de promover el desarrollo y la difusión de una “cultura del cuidado” (Laudato si ‘, n. ° 231). En particular, el Papa Francisco confía en que la amenaza que representa el cambio climático para nuestros hermanos y hermanas en los países más vulnerables pueda encontrar respuestas oportunas y efectivas. Encomendando las deliberaciones de la Cumbre a la guía del Todopoderoso, Su Santidad invoca bendiciones de sabiduría y perseverancia para los participantes y para todos los comprometidos en el progreso de una mayor atención a nuestra casa común.
Permítanme, que después de las palabras de Francisco, aborde brevemente algunos aspectos de la reunión de hoy, centrada en un recurso esencial como el agua, que San Francisco en su Cántico de las criaturas llama “hermana agua” y define “muy útil, humilde, preciosa y casta “.
No es necesario, por una parte, subrayar la importancia del agua, un elemento indispensable para los seres humanos en todos los ámbitos de la vida.
Por otra parte, todos somos conscientes de que el aumento constante de la demanda de agua, agravada por el cambio climático, es uno de desafíos más serios de hoy y de mañana que se plantean a la comunidad internacional.
Esto requiere que todos nosotros aumentemos de manera responsable nuestros esfuerzos para profundizar de manera más amplia el tema del agua, en sus diferentes significados. Pienso por ejemplo:
– El agua como componente esencial para la vida humana y los ecosistemas terrestres y acuáticos, que se refiere a ese derecho humano al acceso al agua cada vez más debatido en numerosos foros . El acceso al agua es, de hecho, uno de los derechos inalienables de todo ser humano, ya que es un requisito previo para el ejercicio de la mayoría de los otros derechos humanos (ver. Laudato si ‘,’no. 30), tales como el derecho a la vida, a la alimentación y a la salud. En esta perspectiva, la gestión del agua, bien común de la humanidad, debe permitir el acceso de todos, especialmente de aquellos que viven en la pobreza;
– El agua como un elemento al que no pocas religiones han atribuido una valencia “espiritual” y “simbólica”; baste pensar en el papel de “purificación” del agua tan bien delineado en muchas de ellas;
– El agua como factor clave para el desarrollo. La escasez de agua o su mala gestión, constituyen, efectivamente, un “factor limitante” del desarrollo humano: incluso en la presencia de otros factores (trabajo, tierra, minerales y otros recursos naturales) la escasez o la mala gestión del agua impiden una vida digna, la agricultura, la ganadería, las actividades productivas, el saneamiento adecuado y comportan desigualdades y migración forzada;
– El agua también como un elemento destructivo de la vida en la Tierra, a través de diversos fenómenos naturales extremos relacionados con su abundancia o su escasez, por desgracia fenómenos que ocurren cada vez con más intensidad y frecuencia;
– El agua como causa potencial de “conflicto” o, por el contrario, de solidaridad, especialmente cuando existen recursos hídricos compartidos entre dos o más estados.
Y precisamente sobre dos últimos puntos me gustaría reflexionar brevemente, ya que están estrechamente relacionados con el tema de nuestra Cumbre: el vínculo entre agua y clima y la gestión de los recursos hídricos compartidos.
Hablando de la relación entre agua y clima, no se puede negar que el problema del agua como un “factor limitante” del desarrollo está aún más acentuado por el problema del cambio climático, que afecta al ciclo hidrogeológico y depende no sólo de elementos naturales, sino también de actividades antrópicas mal administradas que pueden crear alteraciones y desequilibrios en el mismo ciclo. Considerad, por ejemplo, la contaminación de las faldas acuíferas o de los ríos, o la destrucción de los bosques. Por otra parte, existe un fuerte nexo entre el cambio climático y los desastres relacionados con el agua: se estima que alrededor del 90% de los principales eventos extremos producidos en los últimos treinta años se puede atribuir al agua. En esta perspectiva, una gestión integrada de los recursos hídricos es una de las principales herramientas para fortalecer la resiliencia y la adaptación al cambio climático.
En segundo lugar, el agua puede ser objeto de conflicto y contiendas (cada vez están más generalizadas las llamadas “guerras del agua”), especialmente en presencia de ríos, lagos o embalses hidrográficos compartido entre varias naciones. Sin embargo, adoptando un cambio de perspectiva orientado hacia el futuro, el agua puede verse como un elemento de colaboración y diálogo, oportunidad para la paz y la solidaridad a través de acuerdos políticos o tecnológicos, iluminados y responsables, de gestión participativa en función del valor precioso de “compartir”. Los recursos hídricos transfronterizos, “compartidos” por varios Estados, ofrecen oportunidades tanto de competición y conflicto como de cooperación y solidaridad, ya que son un factor clave para la estabilidad económica de cada Estado. Se están desarrollando conceptos como “hidro-solidaridad” o “hidro-diplomacia”. En la segunda mitad del siglo XX se negociaron más de 200 tratados sobre el agua, demostrando a menudo que la cooperación transfronteriza en el ámbito del agua es un buen ejemplo de la prevención a largo plazo de conflictos, ya que los países dotados de mecanismos de cooperación en este ámbito raramente han recurrido a la guerra.
Hacen falta, pues, nuevos enfoques sobre el agua, de carácter legislativo, institucional , político, económico, técnico y ético, y por lo tanto también educativo y cultural (cf. Laudato si ‘, n 30), basados en la certeza de que el tema del agua requiere una visión a largo plazo, en la perspectiva de esa ecología integral tan bien delineada por el Papa Francisco en Laudato si ‘,.Es necesario asumir el compromiso de incluir el tema “agua” en todos los debates sobre el desarrollo en el escenario mundial: en los próximos años serán necesarias nuevas inversiones financieras destinadas sea a aumentar la resiliencia y reducir así los riesgos de desastres naturales sea a favorecer la promoción de un verdadero desarrollo humano integral; es bueno que el acceso al agua y la gestión integrada de los recursos hídricos sean elementos centrales de las reflexiones encaminadas a determinar esas inversiones.
La necesidad de identificar enfoques innovadores también requiere nuevas formas de cooperación entre público y privado, nuevos modelos de asociación, en el ámbito de una planificación racional del agua, que tengan en cuenta fenómenos como el cambio climático, la difusión y asimilación de información entre la población, la modificación a largo plazo de los comportamientos y de los usos con respecto al agua. En la base de estos enfoques, debe estar la prioridad de la satisfacción de las necesidades de seguridad hídrica de los pobres a través de políticas hídricas a favor de los pobres, así como la revitalización del ámbito local mediante la promoción de la descentralización, es decir , de la subsidiariedad, de la valoración de los conocimientos y experiencias de las poblaciones y de las comunidades locales.
Espero que de la Cumbre que comienza hoy, surjan nuevos elementos para desarrollar estas formas de solidaridad y “diplomacia transfronteriza” basadas en el agua. Gracias.
ZENIT

Santa Marta: Meditar el Vía Crucis, “centro del misterio de Cristo”

El Papa sugirió meditar sobre la Pasión de Jesucristo en el Via Crucis. El Papa ha indicado que el “centro del misterio de Jesucristo” es que “me amó” y “se entregó a sí mismo” a la muerte, por mí.
El Santo Padre comenzó su homilía en la misa celebrada esta mañana en Santa Marta con una reflexión a partir de la Primera Lectura tomada de la Carta a los Romanos, en la que San Pablo usa contraposiciones – pecado, desobediencia; gracia, perdón – para tratar de “llevarnos a comprender algo”. Se siente “impotente” para “explicar” lo que quiere decir.
“Detrás de todo esto está la historia de la salvación” –ha aclarado el Papa– Pablo “va más allá”, nos arroja, para que “caigamos en el misterio” de Cristo. Y añadió que estas contraposiciones son sólo pasos en el camino para sumergirnos en el misterio de Cristo, que no es fácil de entender, porque es “tan sobreabundante”, “tan generoso”, que no se puede comprender con argumentaciones porque éstas llevan hasta cierto punto.
“Está bien ir a Misa, rezar, ser buenos cristianos –dijo Francisco– pero la pregunta central es si hemos entrado en el misterio de Jesucristo” y explicó que “Entrar en el misterio de Jesucristo es dejarse caer en aquel abismo de misericordia donde no hay palabras: sólo el abrazo del amor.
El amor que lo condujo a la muerte por nosotros. Cuando nosotros vamos a confesarnos porque tenemos pecados – ‘sí, debo quitarme los pecados’, decimos; o ‘que Dios me perdone los pecados’ – decimos los pecados al confesor y estamos tranquilos y contentos. Si hacemos así, no hemos entrado en el misterio de Jesucristo. Si yo voy, voy a encontrar a Jesucristo, a entrar en el misterio de Jesucristo, a entrar en aquel abrazo de perdón del que habla Pablo; de aquella gratuidad del perdón”.
Por ello, el Pontífice ha invitado a realizar un ejercicio de piedad que ayuda: el Vía Crucis, que consiste en caminar con Jesús en el momento en que nos da “el abrazo del perdón y de la paz”.
“Es bello hacer el Vía Crucis. Hacerlo en casa, pensando en los momentos de la Pasión del Señor. También los grandes Santos aconsejaban siempre comenzar la vida espiritual con este encuentro con el misterio de Jesús Crucificado. Santa Teresa aconsejaba a sus monjas: para llegar a la oración de contemplación, la alta oración que ella tenía, comenzar con la meditación de la Pasión del Señor. La Cruz con Cristo. Cristo en la Cruz. Comenzar y pensar. Y así tratar de comprender con el corazón que me amó a mí y que se entregó por mí, se dio a sí mismo a la muerte por mí”.
Así, la invitación conclusiva del Papa fue precisamente a mirar al Crucificado, “icono del mayor misterio de la creación, de todo”: “Cristo crucificado, centro de la historia, centro de mi vida”.
ZENIT

¿Han aumentado los católicos en el mundo?


El número de católicos en el mundo aumentó en 12 millones 529 mil personas alcanzando la cifra de 1.284.810.000 católicos a día 31 de diciembre de 2015. Pese al aumento numérico, el porcentaje de católicos en el mundo disminuyó un 0,05% situándose ahora en el 17,72%, de la población mundial que también se ha incrementado.
Según datos del Anuario Estadístico de la Iglesia actualizados en esa fecha, recogidos por la Agencia Fides con motivo de la Jornada Mundial de las Misiones, el crecimiento del número de católicos se produjo en todos los continentes excepto en Europa, donde se registraron 1 millón 344 mil católicos menos.
Por continentes, África es donde más creció el número de católicos, 7.411.000; seguida por América con 4.756.000 católicos más; África con 7.411.000 nuevos católicos; y Oceanía con 123 mil.
Según indica el Anuario Estadístico, la población mundial también registró un importante crecimiento llegando a las 7.248.941.000 personas, lo que significa un aumento de la población mundial de 88 millones 202 mil respecto al año anterior. Este aumento se produjo en todos los continentes, incluida Europa después de varios años de disminución demográfica.
Según los datos estadísticos, el número de obispos en el mundo aumentó en 67, alcanzando la cifra de 5.302. También aumentaron los sacerdotes en 136 nuevos presbíteros, para alcanzar la cifra total de 416.656, de los cuales 281.514 son diocesanos y 134.142 sacerdotes religiosos.
Por el contrario, el número de religiosos no sacerdotes disminuyó por tercer año consecutivo. Según el Anuario, en diciembre de 2015 había 54.229 religiosos, 330 menos que en el registro anterior. También disminuyó el número de religiosas, 12.399 menos, hasta situarse en la cifra de 670.330.
Esa misma tendencia se registró en el número de misioneros laicos al disminuir en 16.723 personas hasta situarse en 351.797.
Por su parte, el número de catequistas en el mundo disminuyó un total de 142.115 personas, por lo que en diciembre de 2015 había en el mundo 3.122.653 catequistas.
Aunque el número de seminaristas mayores volvió a disminuir globalmente como en años precedentes, el descenso se ha contenido. La disminución respecto al año anterior es de 96, por lo que el número de seminaristas en el mundo en la fecha del estudio fue de 116.843.
ACI/Miguel Pérez Pichel

¿Por qué Dios permite el sufrimiento?

El arzobispo de La Plata en Argentina, monseñor Héctor Aguer, dio algunas luces ante la  experiencia humana de tener que sobrellevar el sufrimiento en la vida que parecieran contradecir el anhelo de felicidad hasta el punto de decir «¿Por qué Dios permite esto?».
«Parece que a algunos les va todo bien o la mayor parte de las cosas le salen bien, pero en cambio a otros parece que les va todo mal», inició su reflexión monseñor Aguer en su programa Claves Para un Mundo Mejor, el 20 de octubre.
Esta realidad tiene relación con la «fragilidad de nuestra existencia, con nuestros límites» continuó el arzobispo, «todos tenemos que sobrellevar cosas desagradables en la vida y nos 'estrellamos' muchas veces».
Entonces surge la pregunta: «¿Por qué Dios permite todo esto? ¿Por qué tengo yo que sobrellevar este sufrimiento, esta pena?».
Frente a esto, monseñor Aguer señaló que muchas veces se cree que «todo tiene que salir bien, todo a pedir de boca y no es así». La felicidad consiste precisamente en «el equilibrio de estas cosas».
La felicidad es «asumir con serenidad los elementos negativos que encontramos en la vida cotidiana», y esto implica reflexionar sobre la vida en su conjunto y ver «que todo aquello tuvo algún sentido».
Pero lo más importante, subrayó el arzobispo de La Plata, es que «esos sufrimientos, esas penas, tienen sentido para un cristiano porque nosotros las unimos a los sufrimientos de Cristo».
Por lo tanto «no hay que dramatizar demasiado», aconsejó. «No es que todos los días nos caiga encima una cruz enorme, pero crucecitas tenemos todos y hay una gran ocasión de comportarse como verdaderamente hombre o mujer».
Monseñor Aguer exhortó a ser cristianos que sepan reconocer sus límites y saber quiénes son y para qué están en el mundo. De esta manera, «unir estas cosas que parecen negativas al sufrimiento de Cristo porque la cruz es el camino para la resurrección».
«Estas cosas que nosotros ofrecemos a Dios sirven para la purificación de nuestros pecados y sirven también para adiestrar nuestra voluntad, para hacernos más libres y para ponernos en las manos de Dios con mayor confianza», concluyó su reflexión monseñor Aguer.
ACI

COMENTARIO AL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS (12,39-48) POR EL P. CANTALAMESSA O.F.M. Cap., PREDICADOR DE LA CASA PONTIFICIA:




¿Qué significa en este caso velar? Jesús lo explica aquí y en otros pasajes del Evangelio mediante algunas aproximaciones: “Velad y estad atentos”; “velad y vigilad” (Marcos 13, 33); “velad y orad” (Marcos 14, 38).

Estar atentos significa estar como “inclinados” o proclives hacia alguna cosa. Nosotros debemos ser como personas que se ponen un punto de mira, que se fijan un blanco, una meta. ¿Habéis visto alguna vez a un cazador en el momento de apuntar? ¡Qué atención y qué concentración! He aquí, cómo deberíamos estar nosotros. No para abatir a un pobre pájaro, sino para no fallar el blanco de toda una vida, que es la eternidad. 

En efecto, nosotros estamos destinados a la eternidad. ¿Para qué serviría vivir bien y durante prolongado tiempo, si no nos fuese dado vivir para siempre?

En cuanto al estar preparados, Jesús lo explica con la imagen del portero o del mayordomo de casa, que está siempre dispuesto o pronto a abrir apenas llega el amo de casa: “Es como uno que ha partido para un largo viaje y le ha ordenado al portero vigilar o velar”...

La oración, además, es el contenido principal de la vigilancia. Entre el rumor de las voces, que nos llegan de todas partes y nos distraen, velar o vigilar significa, en ciertos momentos, imponer silencio a todo y a todos, apagar todo “audio” o escucha, para situarse ante la presencia de Dios, volver a encontrarse consigo mismos y reflexionar sobre la propia vida. Orar es estar en el umbral desde donde se puede echar una mirada sobre el otro mundo, el mundo de Dios. Es “pasar de este mundo al Padre”.

La vigilancia toma valor a partir del motivo por el que se vela. Vigila también el mujeriego, decía san Agustín, y vigila el ladrón, pero ciertamente no es bueno su vigilar. Velan quienes pasan la noche en la discoteca, pero frecuentemente para enajenarse y no pensar. Ahora el motivo de la vigilancia está formulado así por Jesús: “Mirad, vigilad: pues no sabéis cuándo es el momento”.

No sirve consolarse diciendo que nadie sabe cuándo será el fin del mundo. Hay una venida, un retorno de Cristo, que tiene lugar en la vida de cada persona, en el instante de su muerte. El mundo pasa, termina, para mí en el momento en que yo paso del mundo y termino de vivir. ¡Hay bastante más “fin del mundo” que esto! Hay tantos fines del mundo cuantas son las personas humanas, que dejan este mundo. Para millones de personas, el fin del mundo es hoy.

... ¿Quizás Dios nos amenaza, no nos quiere bien? No, es por amor, porque tiene miedo de perdernos. Lo peor que se puede hacer ante un peligro que nos sobreviene es cerrar los ojos y no mirar. 

La noche en que naufragó el Titanic he leído que tuvo lugar una cosa del género. Había habido mensajes vía radio por parte de otras naves que señalaban en la ruta a un iceberg. Pero, en el trasatlántico tenía lugar entonces una fiesta y un baile; no se quiso molestar a los pasajeros. Así que no se tomó ninguna precaución dejando cualquier decisión para la mañana siguiente. Mientras tanto, la nave y el iceberg estaban marchando a gran velocidad la una contra el otro, hasta que tuvo lugar durante la noche un tremendo choque y se inició el gran naufragio. 

Esto nos hace pensar en aquello que dijo Jesús en otra parte del Evangelio, hablando de la generación del diluvio: “La gente comía y bebía y se casaba hasta el día en que… llegó el diluvio y se los llevó a todos” (Mateo 24, 38-39).

Terminamos con una palabra de Jesús que, también en esta ocasión, nos abre el corazón a la confianza y a la esperanza: “Dichoso el criado a quien su amo al llegar lo encuentre portándose así. Os aseguro que lo pondrá al frente de todos sus bienes”.
(De la homilía para el I domingo de Adviento)

EVANGELIO DE HOY: AL QUE MUCHO SE LE DIÓ, MUCHO SE LE EXIGIRÁ




Lectura del santo evangelio según san Lucas (12,39-48):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, no le dejaría abrir un boquete. Lo mismo vosotros, estad preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre.»

Pedro le preguntó: «Señor, ¿has dicho esa parábola por nosotros o por todos?»

El Señor le respondió: «¿Quién es el administrador fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que les reparta la ración a sus horas? Dichoso el criado a quien su amo, al llegar, lo encuentre portándose así. Os aseguro que lo pondrá al frente de todos sus bienes. 

Pero si el empleado piensa: "Mi amo tarda en llegar", y empieza a pegarles a los mozos y a las muchachas, a comer y beber y emborracharse, llegará el amo de ese criado el día y a la hora que menos lo espera y lo despedirá, condenándolo a la pena de los que no son fieles. 

El criado que sabe lo que su amo quiere y no está dispuesto a ponerlo por obra recibirá muchos azotes; el que no lo sabe, pero hace algo digno de castigo, recibirá pocos. Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá; al que mucho se le confió, más se le exigirá.»

Palabra del Señor

martes, 24 de octubre de 2017

Bajo tu manto, Virgen de la Almudena



La imagen de la Virgen de la Almudena que tenemos hoy es de finales del siglo XV, y así se la contempló hasta el año 1640, en el que la reina Isabel de Borbón, esposa de Felipe IV de Austria, le donó su manto real. Así estuvo desde ese momento hasta el año 1890, en el que el cardenal Sancha, obispo de Madrid, ordenó de acuerdo con la Academia de Bellas Artes que se dejase a la imagen libre de vestimentas y se contemplase tal como era.
No está tan lejano el tiempo en que nuestras abuelas contemplaban a la Virgen vestida con sus mantos, según la podemos ver en los grabados del siglo XVIII y XIX que tenemos en el Museo Catedral.
Siguiendo el ejemplo de la reina Isabel, otras reinas y las damas de la corte fueron donando distintos vestidos y mantos así como joyas que enriquecían la imagen. La mayor parte procedían del juramento o toma de almohada que hacían la nuevas damas que entraban a formar parte del servicio de la reina; como era la ceremonia más importante en la vida de una dama, se ponían sus mejores galas y luego las donaban a la Virgen de la Almudena, patrona de Madrid.
Entre los mantos que conservó la Real Esclavitud cabe destacar el de la reina María Luisa de Parma, esposa de Carlos IV, realizado en tisú de seda con piedras y abalorios que donó en el año 1786 siendo princesa de Asturias; también el de la reina María Josefa Amalia de Sajonia, esposa de Fernando VII, realizado en raso bordado con guirnaldas de flores de azahar en oro; y los donados por la reina María Cristina de Borbón, también esposa de Fernando VII, realizados en tisú de plata y en tisú de oro con lazos azules. La reina Isabel II donó en el año 1854 un espectacular manto de raso de seda bordado en oro, que lucía la Virgen el día de su fiesta.
La camarera o encargada de vestir a la Virgen fue siempre una noble con grandeza de España y se seguía todo un ritual, que comenzaba en el palacio de la camarera, saliendo al frente de su servicio que llevaba las vestimentas necesarias así como las joyas y el manto con el que correspondía vestir a la imagen. El manto seguía los tiempos litúrgicos y cambiaba de color según estos. Hoy en día, el día de su fiesta, la imagen lleva por la parte trasera un manto distinto cada año, para que sea contemplado por el pueblo de Madrid que sale a venerar a su patrona.
Jesús Junquera
Alfa y Omega

24 de octubre: san Antonio María Claret, arzobispo y fundador


Muy cercano a nuestra época, el último confesor regio, precisamente el confesor de la reina Isabel II que bien debía necesitarlo, es uno de esos hombres especiales; quiso y supo ser fiel a sus principios y a su ministerio; no hizo política, pero la proximidad con el centro de la corte isabelina le hizo ser considerado como motor de la política nacional que no le perdonaron los políticos contrarios. Tanto que la historia y la literatura actuales aún no han sido capaces de independizarse totalmente de la ponzoña y detrito que arrojaron las calumnias sobre su persona.
Pero su vida es mucho más rica que el período madrileño.
Antonio Adiutorio Juan nació en Sallent (Barcelona) en 1807 y lo bautizaron al día siguiente. Luego añadiría el nombre de María a su nombre porque la Santísima Virgen estuvo en el comienzo, en el desarrollo y en el culmen de toda su vida. Aprendió el oficio de su padre que tenía un telar; y adquirió tal experiencia que llegaron a proponerlo como director de fábricas textiles, cuando solo había cumplido los veinte años, porque además de su conocimiento sin secretos, hablaba con soltura francés e inglés. Pero cambió el telar por los latines.
Con veintidós años se replanteó su antiguo deseo de entrega y se sentó en los bancos junto a los pequeños alumnos del seminario de Vich. El 13 de junio de 1835 se ordenó sacerdote y lo nombran párroco de Sallent. Luego va a Roma al Colegio de Propaganda Fide, pero ingresa en el noviciado de los jesuitas y regresa a España.
Pasa siete años en correrías apostólicas por el nordeste peninsular, predicando de seis a ocho horas diarias y confesando a miles de personas, siempre sin cobrar un céntimo. Adquiere fama y hay conversiones sinceras. Cuentan sus biógrafos que no le agradaba esta labor al demonio que más de una vez intentó acabar con él con desprendimiento de piedras y por fuego, pero que la Virgen velaba por él.
El éxito apostólico en el año que estuvo en Canarias en 1848 es de apoteosis, llegando a no bastar los templos para albergar a la gente que quiere oírle y tiene que hacerlo repetidas veces en las plazas públicas o a la orilla del mar.
De nuevo en la península, pone por obra su antiguo sueño de fundar algo que favorezca el apostolado misionero, en torno a la Virgen y según él lo entendía. En el seminario de Vich, reunido con siete sacerdotes, funda la Congregación de los Misioneros Hijos del Corazón de María, vulgo claretianos, el 16 de julio de 1849.
Nombrado inesperadamente arzobispo de Santiago de Cuba al mes siguiente, tienen que obligarlo para aceptar, porque lo que él pretende es asentar la nueva fundación, dotarla de los instrumentos jurídicos adecuados y continuar con la pastoral de la predicación.
En la isla caribeña continúa sus correrías apostólicas con predicaciones abundantes, llegó a culminar cuatro visitas pastorales a su diócesis, se preocupó de organizar la instrucción de sus fieles, arregló gran cantidad de matrimonios amancebados y sofocó más de una revuelta popular solo con la predicación de los principios de caridad cristiana. Pero son tiempos de levantamientos y revoluciones; al fin y al cabo él, aunque arzobispo, procede de España y están presentes intereses extranjeros. No le faltaron persecuciones, como la de Holguín, en donde le apuñalaron; pero perdonó a su agresor, lo sacó de la cárcel y aun le pagó el pasaje a su país.
La reina lo manda llamar en 1857 sin decirle el motivo. Lo nombra su confesor; solo accede con la condición doble de no estar obligado a residir en palacio y no verse impedido para su ministerio.
Fueron diez años en los que alternó la presencia oficial en los actos públicos de palacio con tandas de ejercicios espirituales a todo tipo de personas, publicaciones, mucho confesonario, y respuesta personal a las más de cien cartas diarias que recibe. También saca tiempo para el hobby de un empedernido lector.
La calumnia anticlerical azuzada por los opuestos al régimen se ceba en él. Artículos de periódicos, libros escritos bajo su nombre, teatro, revistas, panfletos, hojas volanderas y hasta en las cajas de fósforos van dejando una calumnia baja y soez, sistemáticamente programada contra su persona. Toda la trama termina con el destierro de la reina Isabel II y el suyo propio.
Desde Francia se traslada a Roma al concilio Vaticano I en donde intervino como defensor firme e incondicional de la infalibilidad del Sumo Pontífice. A su regreso murió en la abadía cisterciense de Carcasona el 24 de octubre de 1870. Luego, los Misioneros trasladaron sus restos a su iglesia de Vich.
Lo canonizó el papa Pío XII el 7 de mayo de 1950. Es el primer santo del concilio Vaticano I.
Aunque fue un formidable catequista de la pluma, taumaturgo, fundador, vidente y apóstol infatigable, no se vio libre de la persecución, de la calumnia, de los atentados y del destierro. Ser fiel a Dios en el resbaladizo terreno del poder, tan discutido y frecuentemente corrupto, tiene sus riesgos.
Archimadrid.org

El Papa denuncia la inseguridad y restricción de derechos en Tierra Santa



Francisco ha recibido a Teófilo III, patriarca greco-ortodoxo de Jerusalén. Si en esta ciudad no se convive respetando el “status quo”, ha pronosticado, «continuará la interminable espiral de sufrimiento»
El Papa Francisco ha reiterado este lunes su petición a todos los implicados en el conflicto palestino-israelí «que intensifiquen sus esfuerzos para lograr una paz estable basada en la justicia y en el reconocimiento de los derechos de todos».
Al recibir en audiencia a Teófilo III, patriarca greco-ortodoxo de Jerusalén, el Pontífice ha lamentado que «la incertidumbre de la situación y la falta de entendimiento entre las partes continúa creando inseguridad, la restricción de derechos fundamentales y la huida de muchos de su tierra».
Por ello, ha rechazado toda violencia, discriminación o intolerancia contra los fieles y los lugares de culto judíos, cristianos y musulmanesJerusalén, «cuyo “status quo” debe ser defendido y preservado, debería ser un sitio donde todos puedan vivir juntos en paz; de lo contrario, la interminable espiral de sufrimiento continuará para todos», ha insistido.
La contribución cristiana
Para el Pontífice, es fundamental que los miembros de las distintas comunidades cristianas «sigan siendo reconocidos como parte integral de la sociedad y que, como ciudadanos y creyentes, puedan continuar contribuyendo sin descanso al bien común y la expansión de la paz» y la reconciliación.
Este papel, ha matizado, solo se realizará si hay armonía entre las distintas iglesias. En dicha cooperación entre iglesias, debe ser una prioridad apoyar a las familias y jóvenes cristianos para que no emigren.
Avanzar hacia la unidad plena
Con todo, más allá de la colaboración, el Papa ha subrayado su deseo de que se siga avanzando en el camino hacia la unidad plena. «No es posible cambiar el pasado, pero, sin olvidar las graves faltas de caridad a lo largo de los siglos, miremos a un futuro de reconciliación plena y comunión fraterna».
No hacerlo hoy sería incluso más grave que en el pasado, porque ignoraría tanto la llamada de Cristo como «los signos de los tiempos que el Espíritu siembra en el camino de la Iglesia».
Agradeciendo la acogida a él mismo y al patriarca de Constantinopla Bartolomé durante su visita a Tierra Santa en mayo de 2014, Francisco ha reconocido que «todavía me conmuevo cuando pienso en nuestro momento de oración en el edículo de la tumba vacía».
Su reciente restauración, en la que han colaborado ortodoxos, católicos y armenios, «no ha asegurado simplemente la integridad de un monumento histórico, sino ha permitido que la tumba vacía continúa testificando que “Ha resucitado; no está aquí”».
Alfa y Omega

El Seminario Conciliar acoge el Encuentro Diocesano de Niños este sábado



El Encuentro Diocesano de Niños (EDN) es un acontecimiento anual en el que niños y niñas de todas las parroquias, colegios, movimientos, asociaciones... se juntan para celebrar su identidad de ser Iglesia diocesana.
A lo largo de estos años son muchos los niños que han participado en estos encuentros. Y muchos de esos niños y niñas son hoy jóvenes comprometidos con la Iglesia, y participan en sus parroquias o en distintos movimientos y asociaciones.
El principal objetivo de la Delegación de Infancia y Juventud al convocar esta actividad es que los niños de Madrid vean que existen otros como ellos que también quieren ser amigos de Jesús en la escuela de María.
Este año, el Encuentro Diocesano de Niños tiene como lema Hijos de María. Con él se pretende hacer partícipes a los niños de Madrid del gran acontecimiento del centenario de las apariciones de la Virgen María en Fátima, para que de su mano se acerquen más a Jesús. Se desarrollará este sábado, 28 de octubre, de 10:30 a 17:30 horas, en el Seminario Conciliar (c/San Buenaventura, 9). Por la mañana se realizarán diversas actividades y dinámicas con los niños. Por la tarde, el cardenal Carlos Osoro, arzobispo de Madrid, celebrará la Eucaristía.
Destinatarios
Como otros años, el EDN está pensado para niños en edad catequética según el plan diocesano actual: niños de 3º a 6º de Primaria.
La inscripción se hha realizado por grupos (parroquias, asociaciones, movimientos, etc.). La fecha tope para apuntarse era el domingo 22 de octubre.
Previamente, el lunes 16 de octubre hubo una reunión informativa de los responsables de los grupos inscritos. Se celebrará a partir de las 19.00 en los salones de la Delegación (Plaza San Juan de la Cruz, 2 B-1ª planta).
Voluntarios
La Delegación de Infancia y Juventud invita a los jóvenes a participar en este encuentro, con el fin de ayudar a hacer más rica la experiencia y seguir abriendo caminos de comunión.
Los que quieran participar como voluntarios pueden enviar un mail a deleju@archimadrid.es indicando el grupo de pertenencia. La reunión de formación para los voluntarios será este miércoles, 25 de octubre.
Infomadrid

COMENTARIO AL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS (12,35-38) POR EL PAPA FRANCISCO:




Jesús invita a sus discípulos a ser como los siervos que esperan vigilantes el regreso del señor de las bodas. ¿Pero quién es ese dueño y señor que viene de la fiesta de bodas, a altas horas de la noche? La respuesta la da Jesús mismo: «Soy yo, que he venido para servirte».

Jesús —lo confirma también san Pablo en la Carta a los Efesios (2, 12-22)— es Aquel que «vino a servir, no a ser servido». Y el primer regalo que hemos recibido de Él es el de una identidad. Jesús nos ha dado una ciudadanía, la pertenencia a un pueblo, nombre, apellido. El apóstol recuerda a los paganos que cuando estaban sin Cristo estaban «excluidos de la ciudadanía»: Sin Cristo no tenemos una identidad.

Gracias a Él, en efecto, pasamos de estar divididos a convertimos en un «pueblo». Éramos enemigos, sin paz, aislados, pero Jesús con su sangre nos unió. San Pablo escribe en la Carta a los Efesios: «Él es nuestra paz; el que de los dos pueblos ha hecho uno, derribando en su cuerpo de carne el muro que los separaba». Todos sabemos que cuando no estamos en paz con las personas, hay un muro que nos divide. Pero gracias a Jesús podemos encontrarnos.

De pueblo disgregado, compuesto por hombres aislados los unos de los otros, Jesús con su servicio nos acercó a todos, nos hizo un solo cuerpo. Y lo hizo reconciliándonos a todos en Dios. Así, de enemigos llegamos a ser amigos, y de «extraños» ahora podemos sentirnos «hijos».

La condición para llegar a ser «conciudadanos de los santos» es tener la confianza en el regreso del señor de las bodas, en el regreso de Jesús. Es necesario esperarlo y estar siempre preparados: Quien no espera a Jesús, cierra la puerta a Jesús, no le deja hacer esta obra de paz, de comunidad, de darnos ese nombre que nos recuerda lo que realmente somos: hijos de Dios.

Por eso, el cristiano es un hombre o una mujer de esperanza, porque sabe que el Señor vendrá. Y cuando esto suceda, aunque no sabemos el día ni la hora, no querrá encontrarnos aislados, enemigos, sino como Él nos ha hecho gracias a su servicio: amigos, vecinos, en paz.

Es importante preguntarse: ¿Cómo espero a Jesús?. Pero sobre todo: ¿Espero o no espero a Jesús? Muchas veces, en efecto, también nosotros cristianos nos comportamos como paganos y vivimos como si nada debiera suceder. 

Tenemos que estar atentos a no ser como el egoísta pagano, que actúa como si él mismo fuera un dios y piensa: yo me las apaño solo. Quien actúa de esta manera acaba mal, termina sin nombre, sin cercanía, sin ciudadanía. 

En cambio, cada uno de nosotros se debe preguntar: ¿Creo en esta esperanza de que Él vendrá?. Y aún más: ¿Tengo el corazón abierto, para oír el ruido cuando toca a la puerta, cuando abre la puerta?
(De la homilía en santa Marta el 21 de octubre de 2014)

EVANGELIO DE HOY: ESTEMOS PREPARADOS PARA CUANDO LLEGUE EL SEÑOR



Lectura del santo evangelio según san Lucas (12,35-38):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: 

«Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas. Vosotros estad como los que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame. 

Dichosos los criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela; os aseguro que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo. Y, si llega entrada la noche o de madrugada y los encuentra así, dichosos ellos.»

Palabra del Señor