miércoles, 25 de octubre de 2017

¿Por qué Dios permite el sufrimiento?

El arzobispo de La Plata en Argentina, monseñor Héctor Aguer, dio algunas luces ante la  experiencia humana de tener que sobrellevar el sufrimiento en la vida que parecieran contradecir el anhelo de felicidad hasta el punto de decir «¿Por qué Dios permite esto?».
«Parece que a algunos les va todo bien o la mayor parte de las cosas le salen bien, pero en cambio a otros parece que les va todo mal», inició su reflexión monseñor Aguer en su programa Claves Para un Mundo Mejor, el 20 de octubre.
Esta realidad tiene relación con la «fragilidad de nuestra existencia, con nuestros límites» continuó el arzobispo, «todos tenemos que sobrellevar cosas desagradables en la vida y nos 'estrellamos' muchas veces».
Entonces surge la pregunta: «¿Por qué Dios permite todo esto? ¿Por qué tengo yo que sobrellevar este sufrimiento, esta pena?».
Frente a esto, monseñor Aguer señaló que muchas veces se cree que «todo tiene que salir bien, todo a pedir de boca y no es así». La felicidad consiste precisamente en «el equilibrio de estas cosas».
La felicidad es «asumir con serenidad los elementos negativos que encontramos en la vida cotidiana», y esto implica reflexionar sobre la vida en su conjunto y ver «que todo aquello tuvo algún sentido».
Pero lo más importante, subrayó el arzobispo de La Plata, es que «esos sufrimientos, esas penas, tienen sentido para un cristiano porque nosotros las unimos a los sufrimientos de Cristo».
Por lo tanto «no hay que dramatizar demasiado», aconsejó. «No es que todos los días nos caiga encima una cruz enorme, pero crucecitas tenemos todos y hay una gran ocasión de comportarse como verdaderamente hombre o mujer».
Monseñor Aguer exhortó a ser cristianos que sepan reconocer sus límites y saber quiénes son y para qué están en el mundo. De esta manera, «unir estas cosas que parecen negativas al sufrimiento de Cristo porque la cruz es el camino para la resurrección».
«Estas cosas que nosotros ofrecemos a Dios sirven para la purificación de nuestros pecados y sirven también para adiestrar nuestra voluntad, para hacernos más libres y para ponernos en las manos de Dios con mayor confianza», concluyó su reflexión monseñor Aguer.
ACI

COMENTARIO AL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS (12,39-48) POR EL P. CANTALAMESSA O.F.M. Cap., PREDICADOR DE LA CASA PONTIFICIA:




¿Qué significa en este caso velar? Jesús lo explica aquí y en otros pasajes del Evangelio mediante algunas aproximaciones: “Velad y estad atentos”; “velad y vigilad” (Marcos 13, 33); “velad y orad” (Marcos 14, 38).

Estar atentos significa estar como “inclinados” o proclives hacia alguna cosa. Nosotros debemos ser como personas que se ponen un punto de mira, que se fijan un blanco, una meta. ¿Habéis visto alguna vez a un cazador en el momento de apuntar? ¡Qué atención y qué concentración! He aquí, cómo deberíamos estar nosotros. No para abatir a un pobre pájaro, sino para no fallar el blanco de toda una vida, que es la eternidad. 

En efecto, nosotros estamos destinados a la eternidad. ¿Para qué serviría vivir bien y durante prolongado tiempo, si no nos fuese dado vivir para siempre?

En cuanto al estar preparados, Jesús lo explica con la imagen del portero o del mayordomo de casa, que está siempre dispuesto o pronto a abrir apenas llega el amo de casa: “Es como uno que ha partido para un largo viaje y le ha ordenado al portero vigilar o velar”...

La oración, además, es el contenido principal de la vigilancia. Entre el rumor de las voces, que nos llegan de todas partes y nos distraen, velar o vigilar significa, en ciertos momentos, imponer silencio a todo y a todos, apagar todo “audio” o escucha, para situarse ante la presencia de Dios, volver a encontrarse consigo mismos y reflexionar sobre la propia vida. Orar es estar en el umbral desde donde se puede echar una mirada sobre el otro mundo, el mundo de Dios. Es “pasar de este mundo al Padre”.

La vigilancia toma valor a partir del motivo por el que se vela. Vigila también el mujeriego, decía san Agustín, y vigila el ladrón, pero ciertamente no es bueno su vigilar. Velan quienes pasan la noche en la discoteca, pero frecuentemente para enajenarse y no pensar. Ahora el motivo de la vigilancia está formulado así por Jesús: “Mirad, vigilad: pues no sabéis cuándo es el momento”.

No sirve consolarse diciendo que nadie sabe cuándo será el fin del mundo. Hay una venida, un retorno de Cristo, que tiene lugar en la vida de cada persona, en el instante de su muerte. El mundo pasa, termina, para mí en el momento en que yo paso del mundo y termino de vivir. ¡Hay bastante más “fin del mundo” que esto! Hay tantos fines del mundo cuantas son las personas humanas, que dejan este mundo. Para millones de personas, el fin del mundo es hoy.

... ¿Quizás Dios nos amenaza, no nos quiere bien? No, es por amor, porque tiene miedo de perdernos. Lo peor que se puede hacer ante un peligro que nos sobreviene es cerrar los ojos y no mirar. 

La noche en que naufragó el Titanic he leído que tuvo lugar una cosa del género. Había habido mensajes vía radio por parte de otras naves que señalaban en la ruta a un iceberg. Pero, en el trasatlántico tenía lugar entonces una fiesta y un baile; no se quiso molestar a los pasajeros. Así que no se tomó ninguna precaución dejando cualquier decisión para la mañana siguiente. Mientras tanto, la nave y el iceberg estaban marchando a gran velocidad la una contra el otro, hasta que tuvo lugar durante la noche un tremendo choque y se inició el gran naufragio. 

Esto nos hace pensar en aquello que dijo Jesús en otra parte del Evangelio, hablando de la generación del diluvio: “La gente comía y bebía y se casaba hasta el día en que… llegó el diluvio y se los llevó a todos” (Mateo 24, 38-39).

Terminamos con una palabra de Jesús que, también en esta ocasión, nos abre el corazón a la confianza y a la esperanza: “Dichoso el criado a quien su amo al llegar lo encuentre portándose así. Os aseguro que lo pondrá al frente de todos sus bienes”.
(De la homilía para el I domingo de Adviento)

EVANGELIO DE HOY: AL QUE MUCHO SE LE DIÓ, MUCHO SE LE EXIGIRÁ




Lectura del santo evangelio según san Lucas (12,39-48):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, no le dejaría abrir un boquete. Lo mismo vosotros, estad preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre.»

Pedro le preguntó: «Señor, ¿has dicho esa parábola por nosotros o por todos?»

El Señor le respondió: «¿Quién es el administrador fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que les reparta la ración a sus horas? Dichoso el criado a quien su amo, al llegar, lo encuentre portándose así. Os aseguro que lo pondrá al frente de todos sus bienes. 

Pero si el empleado piensa: "Mi amo tarda en llegar", y empieza a pegarles a los mozos y a las muchachas, a comer y beber y emborracharse, llegará el amo de ese criado el día y a la hora que menos lo espera y lo despedirá, condenándolo a la pena de los que no son fieles. 

El criado que sabe lo que su amo quiere y no está dispuesto a ponerlo por obra recibirá muchos azotes; el que no lo sabe, pero hace algo digno de castigo, recibirá pocos. Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá; al que mucho se le confió, más se le exigirá.»

Palabra del Señor

martes, 24 de octubre de 2017

Bajo tu manto, Virgen de la Almudena



La imagen de la Virgen de la Almudena que tenemos hoy es de finales del siglo XV, y así se la contempló hasta el año 1640, en el que la reina Isabel de Borbón, esposa de Felipe IV de Austria, le donó su manto real. Así estuvo desde ese momento hasta el año 1890, en el que el cardenal Sancha, obispo de Madrid, ordenó de acuerdo con la Academia de Bellas Artes que se dejase a la imagen libre de vestimentas y se contemplase tal como era.
No está tan lejano el tiempo en que nuestras abuelas contemplaban a la Virgen vestida con sus mantos, según la podemos ver en los grabados del siglo XVIII y XIX que tenemos en el Museo Catedral.
Siguiendo el ejemplo de la reina Isabel, otras reinas y las damas de la corte fueron donando distintos vestidos y mantos así como joyas que enriquecían la imagen. La mayor parte procedían del juramento o toma de almohada que hacían la nuevas damas que entraban a formar parte del servicio de la reina; como era la ceremonia más importante en la vida de una dama, se ponían sus mejores galas y luego las donaban a la Virgen de la Almudena, patrona de Madrid.
Entre los mantos que conservó la Real Esclavitud cabe destacar el de la reina María Luisa de Parma, esposa de Carlos IV, realizado en tisú de seda con piedras y abalorios que donó en el año 1786 siendo princesa de Asturias; también el de la reina María Josefa Amalia de Sajonia, esposa de Fernando VII, realizado en raso bordado con guirnaldas de flores de azahar en oro; y los donados por la reina María Cristina de Borbón, también esposa de Fernando VII, realizados en tisú de plata y en tisú de oro con lazos azules. La reina Isabel II donó en el año 1854 un espectacular manto de raso de seda bordado en oro, que lucía la Virgen el día de su fiesta.
La camarera o encargada de vestir a la Virgen fue siempre una noble con grandeza de España y se seguía todo un ritual, que comenzaba en el palacio de la camarera, saliendo al frente de su servicio que llevaba las vestimentas necesarias así como las joyas y el manto con el que correspondía vestir a la imagen. El manto seguía los tiempos litúrgicos y cambiaba de color según estos. Hoy en día, el día de su fiesta, la imagen lleva por la parte trasera un manto distinto cada año, para que sea contemplado por el pueblo de Madrid que sale a venerar a su patrona.
Jesús Junquera
Alfa y Omega

24 de octubre: san Antonio María Claret, arzobispo y fundador


Muy cercano a nuestra época, el último confesor regio, precisamente el confesor de la reina Isabel II que bien debía necesitarlo, es uno de esos hombres especiales; quiso y supo ser fiel a sus principios y a su ministerio; no hizo política, pero la proximidad con el centro de la corte isabelina le hizo ser considerado como motor de la política nacional que no le perdonaron los políticos contrarios. Tanto que la historia y la literatura actuales aún no han sido capaces de independizarse totalmente de la ponzoña y detrito que arrojaron las calumnias sobre su persona.
Pero su vida es mucho más rica que el período madrileño.
Antonio Adiutorio Juan nació en Sallent (Barcelona) en 1807 y lo bautizaron al día siguiente. Luego añadiría el nombre de María a su nombre porque la Santísima Virgen estuvo en el comienzo, en el desarrollo y en el culmen de toda su vida. Aprendió el oficio de su padre que tenía un telar; y adquirió tal experiencia que llegaron a proponerlo como director de fábricas textiles, cuando solo había cumplido los veinte años, porque además de su conocimiento sin secretos, hablaba con soltura francés e inglés. Pero cambió el telar por los latines.
Con veintidós años se replanteó su antiguo deseo de entrega y se sentó en los bancos junto a los pequeños alumnos del seminario de Vich. El 13 de junio de 1835 se ordenó sacerdote y lo nombran párroco de Sallent. Luego va a Roma al Colegio de Propaganda Fide, pero ingresa en el noviciado de los jesuitas y regresa a España.
Pasa siete años en correrías apostólicas por el nordeste peninsular, predicando de seis a ocho horas diarias y confesando a miles de personas, siempre sin cobrar un céntimo. Adquiere fama y hay conversiones sinceras. Cuentan sus biógrafos que no le agradaba esta labor al demonio que más de una vez intentó acabar con él con desprendimiento de piedras y por fuego, pero que la Virgen velaba por él.
El éxito apostólico en el año que estuvo en Canarias en 1848 es de apoteosis, llegando a no bastar los templos para albergar a la gente que quiere oírle y tiene que hacerlo repetidas veces en las plazas públicas o a la orilla del mar.
De nuevo en la península, pone por obra su antiguo sueño de fundar algo que favorezca el apostolado misionero, en torno a la Virgen y según él lo entendía. En el seminario de Vich, reunido con siete sacerdotes, funda la Congregación de los Misioneros Hijos del Corazón de María, vulgo claretianos, el 16 de julio de 1849.
Nombrado inesperadamente arzobispo de Santiago de Cuba al mes siguiente, tienen que obligarlo para aceptar, porque lo que él pretende es asentar la nueva fundación, dotarla de los instrumentos jurídicos adecuados y continuar con la pastoral de la predicación.
En la isla caribeña continúa sus correrías apostólicas con predicaciones abundantes, llegó a culminar cuatro visitas pastorales a su diócesis, se preocupó de organizar la instrucción de sus fieles, arregló gran cantidad de matrimonios amancebados y sofocó más de una revuelta popular solo con la predicación de los principios de caridad cristiana. Pero son tiempos de levantamientos y revoluciones; al fin y al cabo él, aunque arzobispo, procede de España y están presentes intereses extranjeros. No le faltaron persecuciones, como la de Holguín, en donde le apuñalaron; pero perdonó a su agresor, lo sacó de la cárcel y aun le pagó el pasaje a su país.
La reina lo manda llamar en 1857 sin decirle el motivo. Lo nombra su confesor; solo accede con la condición doble de no estar obligado a residir en palacio y no verse impedido para su ministerio.
Fueron diez años en los que alternó la presencia oficial en los actos públicos de palacio con tandas de ejercicios espirituales a todo tipo de personas, publicaciones, mucho confesonario, y respuesta personal a las más de cien cartas diarias que recibe. También saca tiempo para el hobby de un empedernido lector.
La calumnia anticlerical azuzada por los opuestos al régimen se ceba en él. Artículos de periódicos, libros escritos bajo su nombre, teatro, revistas, panfletos, hojas volanderas y hasta en las cajas de fósforos van dejando una calumnia baja y soez, sistemáticamente programada contra su persona. Toda la trama termina con el destierro de la reina Isabel II y el suyo propio.
Desde Francia se traslada a Roma al concilio Vaticano I en donde intervino como defensor firme e incondicional de la infalibilidad del Sumo Pontífice. A su regreso murió en la abadía cisterciense de Carcasona el 24 de octubre de 1870. Luego, los Misioneros trasladaron sus restos a su iglesia de Vich.
Lo canonizó el papa Pío XII el 7 de mayo de 1950. Es el primer santo del concilio Vaticano I.
Aunque fue un formidable catequista de la pluma, taumaturgo, fundador, vidente y apóstol infatigable, no se vio libre de la persecución, de la calumnia, de los atentados y del destierro. Ser fiel a Dios en el resbaladizo terreno del poder, tan discutido y frecuentemente corrupto, tiene sus riesgos.
Archimadrid.org

El Papa denuncia la inseguridad y restricción de derechos en Tierra Santa



Francisco ha recibido a Teófilo III, patriarca greco-ortodoxo de Jerusalén. Si en esta ciudad no se convive respetando el “status quo”, ha pronosticado, «continuará la interminable espiral de sufrimiento»
El Papa Francisco ha reiterado este lunes su petición a todos los implicados en el conflicto palestino-israelí «que intensifiquen sus esfuerzos para lograr una paz estable basada en la justicia y en el reconocimiento de los derechos de todos».
Al recibir en audiencia a Teófilo III, patriarca greco-ortodoxo de Jerusalén, el Pontífice ha lamentado que «la incertidumbre de la situación y la falta de entendimiento entre las partes continúa creando inseguridad, la restricción de derechos fundamentales y la huida de muchos de su tierra».
Por ello, ha rechazado toda violencia, discriminación o intolerancia contra los fieles y los lugares de culto judíos, cristianos y musulmanesJerusalén, «cuyo “status quo” debe ser defendido y preservado, debería ser un sitio donde todos puedan vivir juntos en paz; de lo contrario, la interminable espiral de sufrimiento continuará para todos», ha insistido.
La contribución cristiana
Para el Pontífice, es fundamental que los miembros de las distintas comunidades cristianas «sigan siendo reconocidos como parte integral de la sociedad y que, como ciudadanos y creyentes, puedan continuar contribuyendo sin descanso al bien común y la expansión de la paz» y la reconciliación.
Este papel, ha matizado, solo se realizará si hay armonía entre las distintas iglesias. En dicha cooperación entre iglesias, debe ser una prioridad apoyar a las familias y jóvenes cristianos para que no emigren.
Avanzar hacia la unidad plena
Con todo, más allá de la colaboración, el Papa ha subrayado su deseo de que se siga avanzando en el camino hacia la unidad plena. «No es posible cambiar el pasado, pero, sin olvidar las graves faltas de caridad a lo largo de los siglos, miremos a un futuro de reconciliación plena y comunión fraterna».
No hacerlo hoy sería incluso más grave que en el pasado, porque ignoraría tanto la llamada de Cristo como «los signos de los tiempos que el Espíritu siembra en el camino de la Iglesia».
Agradeciendo la acogida a él mismo y al patriarca de Constantinopla Bartolomé durante su visita a Tierra Santa en mayo de 2014, Francisco ha reconocido que «todavía me conmuevo cuando pienso en nuestro momento de oración en el edículo de la tumba vacía».
Su reciente restauración, en la que han colaborado ortodoxos, católicos y armenios, «no ha asegurado simplemente la integridad de un monumento histórico, sino ha permitido que la tumba vacía continúa testificando que “Ha resucitado; no está aquí”».
Alfa y Omega

El Seminario Conciliar acoge el Encuentro Diocesano de Niños este sábado



El Encuentro Diocesano de Niños (EDN) es un acontecimiento anual en el que niños y niñas de todas las parroquias, colegios, movimientos, asociaciones... se juntan para celebrar su identidad de ser Iglesia diocesana.
A lo largo de estos años son muchos los niños que han participado en estos encuentros. Y muchos de esos niños y niñas son hoy jóvenes comprometidos con la Iglesia, y participan en sus parroquias o en distintos movimientos y asociaciones.
El principal objetivo de la Delegación de Infancia y Juventud al convocar esta actividad es que los niños de Madrid vean que existen otros como ellos que también quieren ser amigos de Jesús en la escuela de María.
Este año, el Encuentro Diocesano de Niños tiene como lema Hijos de María. Con él se pretende hacer partícipes a los niños de Madrid del gran acontecimiento del centenario de las apariciones de la Virgen María en Fátima, para que de su mano se acerquen más a Jesús. Se desarrollará este sábado, 28 de octubre, de 10:30 a 17:30 horas, en el Seminario Conciliar (c/San Buenaventura, 9). Por la mañana se realizarán diversas actividades y dinámicas con los niños. Por la tarde, el cardenal Carlos Osoro, arzobispo de Madrid, celebrará la Eucaristía.
Destinatarios
Como otros años, el EDN está pensado para niños en edad catequética según el plan diocesano actual: niños de 3º a 6º de Primaria.
La inscripción se hha realizado por grupos (parroquias, asociaciones, movimientos, etc.). La fecha tope para apuntarse era el domingo 22 de octubre.
Previamente, el lunes 16 de octubre hubo una reunión informativa de los responsables de los grupos inscritos. Se celebrará a partir de las 19.00 en los salones de la Delegación (Plaza San Juan de la Cruz, 2 B-1ª planta).
Voluntarios
La Delegación de Infancia y Juventud invita a los jóvenes a participar en este encuentro, con el fin de ayudar a hacer más rica la experiencia y seguir abriendo caminos de comunión.
Los que quieran participar como voluntarios pueden enviar un mail a deleju@archimadrid.es indicando el grupo de pertenencia. La reunión de formación para los voluntarios será este miércoles, 25 de octubre.
Infomadrid

COMENTARIO AL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS (12,35-38) POR EL PAPA FRANCISCO:




Jesús invita a sus discípulos a ser como los siervos que esperan vigilantes el regreso del señor de las bodas. ¿Pero quién es ese dueño y señor que viene de la fiesta de bodas, a altas horas de la noche? La respuesta la da Jesús mismo: «Soy yo, que he venido para servirte».

Jesús —lo confirma también san Pablo en la Carta a los Efesios (2, 12-22)— es Aquel que «vino a servir, no a ser servido». Y el primer regalo que hemos recibido de Él es el de una identidad. Jesús nos ha dado una ciudadanía, la pertenencia a un pueblo, nombre, apellido. El apóstol recuerda a los paganos que cuando estaban sin Cristo estaban «excluidos de la ciudadanía»: Sin Cristo no tenemos una identidad.

Gracias a Él, en efecto, pasamos de estar divididos a convertimos en un «pueblo». Éramos enemigos, sin paz, aislados, pero Jesús con su sangre nos unió. San Pablo escribe en la Carta a los Efesios: «Él es nuestra paz; el que de los dos pueblos ha hecho uno, derribando en su cuerpo de carne el muro que los separaba». Todos sabemos que cuando no estamos en paz con las personas, hay un muro que nos divide. Pero gracias a Jesús podemos encontrarnos.

De pueblo disgregado, compuesto por hombres aislados los unos de los otros, Jesús con su servicio nos acercó a todos, nos hizo un solo cuerpo. Y lo hizo reconciliándonos a todos en Dios. Así, de enemigos llegamos a ser amigos, y de «extraños» ahora podemos sentirnos «hijos».

La condición para llegar a ser «conciudadanos de los santos» es tener la confianza en el regreso del señor de las bodas, en el regreso de Jesús. Es necesario esperarlo y estar siempre preparados: Quien no espera a Jesús, cierra la puerta a Jesús, no le deja hacer esta obra de paz, de comunidad, de darnos ese nombre que nos recuerda lo que realmente somos: hijos de Dios.

Por eso, el cristiano es un hombre o una mujer de esperanza, porque sabe que el Señor vendrá. Y cuando esto suceda, aunque no sabemos el día ni la hora, no querrá encontrarnos aislados, enemigos, sino como Él nos ha hecho gracias a su servicio: amigos, vecinos, en paz.

Es importante preguntarse: ¿Cómo espero a Jesús?. Pero sobre todo: ¿Espero o no espero a Jesús? Muchas veces, en efecto, también nosotros cristianos nos comportamos como paganos y vivimos como si nada debiera suceder. 

Tenemos que estar atentos a no ser como el egoísta pagano, que actúa como si él mismo fuera un dios y piensa: yo me las apaño solo. Quien actúa de esta manera acaba mal, termina sin nombre, sin cercanía, sin ciudadanía. 

En cambio, cada uno de nosotros se debe preguntar: ¿Creo en esta esperanza de que Él vendrá?. Y aún más: ¿Tengo el corazón abierto, para oír el ruido cuando toca a la puerta, cuando abre la puerta?
(De la homilía en santa Marta el 21 de octubre de 2014)

EVANGELIO DE HOY: ESTEMOS PREPARADOS PARA CUANDO LLEGUE EL SEÑOR



Lectura del santo evangelio según san Lucas (12,35-38):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: 

«Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas. Vosotros estad como los que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame. 

Dichosos los criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela; os aseguro que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo. Y, si llega entrada la noche o de madrugada y los encuentra así, dichosos ellos.»

Palabra del Señor

lunes, 23 de octubre de 2017

Francisco denuncia "una idolatría que mata, que hace sacrificios humanos"



"Hay una idolatría que mata, que hace sacrificios humanos". El Papa Francisco criticó hoy la "idolatría que hace morir de hambre a tanta gente, a tantos niños", durante su homilía en la misa de Santa Marta.
En sus palabras, Bergoglio puso el ejemplo de los 200.000 niños rohingyás en los campos de refugiados de Myanmar. "Allí hay 800.000 personas, 200.000 son niños, sin apenas qué comer, desnutridos, sin medicamentos".
"También hoy sucede esto. No es una cosa que el Señor dice de aquellos tiempos: no. ¡Hoy! Y nuestra oración debe ser fuerte: Señor, por favor, toca el corazón de estas personas que adoran al dios, al dios dinero. Toca también mi corazón para que yo no caiga en eso, para que yo sepa ver", pidió el Papa. "Que Dios convierta el corazón de los hombres, para que conozcan al Señor y no adoren al dios dinero".
"Es Dios quien pone el límite a este apego al dinero, cuando el hombre se vuelve esclavo del dinero. Y ésta no es una fábula que Jesús se inventa: ésta es la realidad. Es la realidad de hoy. Es la realidad de hoy. Tantos hombres que viven para adorar el dinero, para hacer del dinero su propio dios. Tantas personas que viven sólo por esto y la vida no tiene sentido. ‘Así es quien acumula tesoros para sí - dice el Señor - y no se enriquece ante Dios': no saben qué es enriquecerse en Dios".
El Santo Padre mencionó un episodio acaecido hace años en Argentina - en "la otra diócesis", tal como suele definir a Buenos Aires - cuando un rico empresario, aun sabiendo que estaba gravemente enfermo, compró tercamente una casa sin pensar, en cambio, que en breve tiempo habría tenido que presentarse "ante Dios". Y también hoy existen estas personas hambrientas de dinero y bienes terrenales, gente que tiene "muchísimo", frente a "los niños hambrientos que no tienen medicamentos, que no tienen educación, o que están abandonados": se trata - dijo Francisco sin dudar - de "una idolatría que mata", que hace "sacrificios humanos".
Otra "consecuencia" - prosiguió explicando el Pontífice - es la guerra; incluso la que se desata en las familias:
"Todos nosotros conocemos qué sucede cuando está en juego una herencia: las familias se dividen y terminan en el odio. El Señor subraya con suavidad, al final: ‘Quien no se enriquece ante Dios'. Ese es el único camino. La riqueza, pero en Dios. Y no es un desprecio por el dinero, no. Es precisamente la avidez, come dice Él: la codicia. Vivir apegados al dios dinero".
Jesús Bastante

Osoro defiende que la Iglesia está para "unir y no poner fronteras"


El cardenal arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, ha asegurado este lunes que la Iglesia está "para unir, crear puentes, no poner fronteras y hacer ver a los hombres que todos son hermanos", en alusión a la situación política en Cataluña.
Osoro ha participado en Logroño en un encuentro con un centenar de sacerdotes, al que también ha asistido el obispo de la Diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño, Carlos Escribano, y pronuncia esta tarde una conferencia sobre su carta apostólica "Iglesia: ¡Anuncia Jesucristo! Eres luz y sal del mundo".
"Cuando hay hermanos que sufren, unos por una cosa y otros por otra, tiene que afectar a todos", ha recalcado, y la situación política en Cataluña afecta a todos los miembros de la Iglesia.
A su juicio, "en la actualidad hay un cambio de época, con muchas ofertas, la Iglesia no ofrece ideas, sino a una personaque supera las ideas y transforma el corazón de quien se encuentra con él".
Ha añadido que los católicos cuentan con alguien "excepcional", como el Papa Francisco, quien anima permanentemente a todos los cristianos, y ha asegurado que, "a su lado, la gente siente algo especial" porque "da ánimo y aliento".
(RD/Agencias)

Dar a Dios lo que le pertenece


En tiempos de Jesús Palestina formaba parte del Imperio romano. Esto implicaba que los judíos debían pagar tributo al César. Esta imposición no solo tenía consecuencias económicas, sino que era considerada como una humillación para los habitantes de esta región. Aparte de las connotaciones económicas, sociales o políticas, para los judíos fervientes esta obligación representaba también un problema religioso, debido al hecho de tributar en beneficio de un emperador pagano. Por eso, la pregunta trata de poner contra las cuerdas a Jesús, ya que justificar el impuesto al César supondría considerar al Señor traidor a Dios y al pueblo elegido, y cómplice del poder pagano; por el contrario, rechazar este pago acarrearía la denuncia de Jesús ante las autoridades romanas por subversión. De hecho, en el relato de la Pasión de San Lucas se acusa precisamente a Jesús de esto. Pero el Señor, lejos de amedrentarse ante esta pregunta capciosa, les devuelve la cuestión, haciéndoles ver que también ellos se aprovechan de la dominación, usando el dinero romano para su vida cotidiana. Además introduce un elemento inesperado en su respuesta: «a Dios lo que es de Dios». Con esta respuesta, no centra la cuestión solo en la dimensión política o en la relación que debe existir entre la esfera civil y la religiosa.
El hombre, imagen de Dios
Si ponemos en Evangelio de este domingo en relación con la primera lectura, tomada de la profecía de Isaías, observamos que Dios aparece como quien dirige la historia, con independencia de la época, los gobiernos o los acontecimientos concretos que la conforman. Por eso, ningún poder terreno puede ponerse en el lugar de Dios. Así se explicita al afirmar el Señor varias veces que «yo soy el Señor y no hay otro fuera de mí». Incluso el emperador persa Ciro es, sin saberlo, instrumento de un plan más grande, que solo Dios conoce y lleva a cabo. Por otro lado, con la afirmación de Jesús sobre la necesidad de a «dar a Dios lo que es de Dios» se pone de manifiesto que, al igual que la moneda lleva la efigie del César, el hombre lleva plasmada la imagen de Dios, tal como aparece en el relato de la creación, del libro del Génesis. Por lo tanto, Dios ha escogido al hombre, por Él creado, para reflejar su imagen, es decir, su gloria. De este modo se pone en evidencia que la misión del Evangelio y de la Iglesia no es únicamente recordar la justa distinción entre la esfera política y la religiosa, sino esencialmente la de hablar de Dios y recordar a los hombres el derecho de Dios sobre lo que le pertenece, es decir, sobre nuestra vida. Puesto que Dios es santo, nos corresponde a nosotros reflejar la imagen de su santidad.
Vivir integrados en la sociedad
Desde los primeros momentos de la vida de la Iglesia no se distinguió al cristiano por su rebelión frente a los poderes políticos establecidos, sino por su empeño por integrarse en la sociedad concreta de la que formaba parte, tratando de transformarla a la luz del Evangelio. Es lo que ocurría en los primeros siglos y es la misión que tenemos por delante. La constitución pastoral Gaudium et spes del Concilio Vaticano II nos ayuda a comprender también cuál ha de ser hoy la función del creyente en medio de la cultura en la que vive. Sin embargo, la autonomía de las realidades temporales no significa que el cristiano deba renunciar a participar de los asuntos de la vida política o que deba esconder su condición de creyente ante los demás. Aceptando los legítimos poderes, el cristiano tiene también la misión de manifestar en su vida pública y privada lo que es y lo que piensa.
Daniel A. Escobar Portillo
Delegado episcopal de Liturgia adjunto de Madrid

El Papa convoca un mes misionero extraordinario




La iniciativa, para octubre de 2019, debe servir para evitar «cualquier nostalgia estéril del pasado» y poner a la Iglesia en un «estado permanente de misión»
Con una carta enviada al prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, el cardenal Filoni, el Papa ha anunciado este domingo la convocatoria de un mes misionero extraordinario en octubre de 2019 «con el fin de despertar aún más la conciencia misionera de la missio ad gentes y de retomar con un nuevo impulso la transformación misionera de la vida y de la pastoral». La misiva está datada en el Domingo Mundial de las Misiones y en el día de la memoria litúrgica de san Juan Pablo II, varias veces citado en el texto.
El mes misionero extraordinario es una propuesta del dicasterio que preside Filoni para conmemorar el centenario de la Carta apostólica Maximum illud del Papa Benedicto XV. Francisco acogió favorablemente esta idea durante la audiencia a los participantes en la Asamblea General de las Pontificias Obras Misionales celebrada el pasado mes de junio.
Jorge Bergoglio recuerda en su carta que «corría el año 1919 cuando el Papa, tras un tremendo conflicto mundial que él mismo definió como una “matanza inútil”, comprendió la necesidad de dar una impronta evangélica a la misión en el mundo, para purificarla de cualquier adherencia colonial y apartarla de aquellas miras nacionalistas y expansionistas que causaron tantos desastres».
La actividad misionera sigue representando hoy «el mayor desafío para la Iglesia», añade Francisco. Y citando su exhortación programática, Evangelii gaudium, pide que «todas las comunidades procuren poner los medios necesarios para avanzar en el camino de una conversión pastoral y misionera, que no puede dejar las cosas como están». Hoy «ya no nos sirve una “simple administración”», añade el Papa, animando a la Iglesia a ponerse en un «estado permanente de misión» sin miedo a asumir «una opción misionera capaz de transformarlo todo, para que las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda estructura eclesial se conviertan en un cauce adecuado para la evangelización del mundo actual más que para la autopreservación» de las estructuras eclesiales.

El Papa entronca una analogía entre el momento actual, marcado también por «la tragedia de las guerras», con los tiempos de Benedicto XV, el Pontífice que trató de detener la I Guerra Mundial. Con la carta apostólica Maximum illud, Giacomo Paolo Giovanni Battista della Chiesa «exhortó, con espíritu profético y franqueza evangélica, a salir de los confines de las naciones para testimoniar la voluntad salvífica de Dios a través de la misión universal de la Iglesia», recuerda Francisco. «Que la fecha ya cercana del centenario de esta carta sea un estímulo para superar la tentación recurrente que se esconde en toda clase de introversión eclesial, en la clausura autorreferencial en la seguridad de los propios confines, en toda forma de pesimismo pastoral, en cualquier nostalgia estéril del pasado, para abrirnos en cambio a la gozosa novedad del Evangelio».
Ricardo Benjumea

El Papa anima a comprometerse con los misioneros con «ayuda concreta y oración»




Francisco pide la intercesión de los 109 mártires beatificados en Barcelona para sostener a «los cristianos que también en nuestros días sufren discriminaciones y persecuciones»
En la Jornada Misionera Mundial, celebrada este domingo con el lema La misión en el corazón de la Iglesia, el Papa exhortó durante el rezo del Ángelus a «vivir la alegría de la misión testimoniando el Evangelio en los ambientes en los que cada uno vive y obra».
«Al mismo tiempo –añadió–, estamos llamados a apoyar con el afecto, la ayuda concreta y la oración a los misioneros que han partido para anunciar a Cristo a aquellos que todavía no lo conocen».
Francisco recordó que en octubre de 2019 se celebrará un Mes Misionero Extraordinario, «con el propósito de alimentar el ardor de la actividad evangelizadora de la Iglesia ad gentes», que encomendó a «san Juan Pablo II, Papa misionero», en el día de su memoria litúrgica.
El Pontífice aludió además a la situación política en Kenia, país que visitó en 2015 «y por el que rezo para que sepa enfrentar las actuales dificultades en un clima de diálogo constructivo, teniendo en el corazón la búsqueda del bien común».
Previamente, el Papa había recordado la beatificación este sábado en Barcelona de Mateo Casals, Teófilo Casajús, Fernando Saperas y 106 compañeros mártires claretianos «asesinados por odio a la fe durante la Guerra Civil Española», y deseó que «su heroico ejemplo y su intercesión apoyen a los cristianos que también en nuestros días, en diversas partes del mundo, sufren discriminaciones y persecuciones».
Al comentar el pasaje evangélico de este domingo, en el que un grupo de fariseos le preguntan a Jesús si es lícito pagar impuestos, el Papa diferenció entre la idolatría al poder y pagar los impuestos, que es «un acto debido a la autoridad terrena».
Pero Jesús al mismo tiempo remite a «la primacía de Dios», a quien se le debe cuanto le corresponde «en cuanto Señor de la vida del hombre y de la historia».
«Jesús –explicó el Papa– extrae de la pregunta planteada por los fariseos un interrogativo más radical y vital para cada uno de nosotros, un interrogativo que podemos plantearnos: ¿A quién pertenezco? ¿A la familia, a la ciudad, a los amigos, a la escuela, al trabajo, a la política, al Estado? Sí, es cierto. Pero ante todo –nos recuerda Jesús– tú perteneces a Dios. Ésta es la pertenencia fundamental. Es Él el que te ha dado todo lo que eres y tienes. Y por lo tanto, nuestra vida, día tras día, podemos y debemos vivirla en el reconocimiento de esta nuestra pertenencia fundamental y en el reconocimiento del corazón hacia nuestro Padre, que crea a cada uno de nosotros singularmente, irrepetible, pero siempre según la imagen de su Hijo amado, Jesús. Es un misterio estupendo».
Por ello, «el cristiano está llamado a comprometerse concretamente en las realidades humanas y sociales sin contraponer a ‘Dios’ y a ‘César’», contraposición que «sería una actitud fundamentalista». «El cristiano está llamado a comprometerse concretamente en las realidades terrenas, pero iluminando las realidades terrenas con la luz que viene de Dios. La consagración prioritaria a Dios y la esperanza en Él no conllevan una fuga de la realidad, sino aún más un restituir operosamente a Dios lo que le pertenece. Es por ello que el creyente mira a la realidad futura, la de Dios, para vivir la vida terrena en plenitud y responder con valentía a sus desafíos».
Ricardo Benjumea

El vicario Juan Pedro Gutiérrez habla del Sínodo de jóvenes en el Aula de Teología de Nuestra Señora de Europa



Este lunes, 23 de octubre, a las 20:00 horas, dará comienzo la programación del Aula de Teología de la parroquia Nuestra Señora de Europa (paseo Doctor Vallejo Nájera, 23). El vicario episcopal de la V, Juan Pedro Gutiérrez, hablará del Sínodo de la Juventud: el papel de los jóvenes en la Iglesia.
Infomadrid