lunes, 6 de junio de 2016

Desde un susurro divino



Dios habla de muchas maneras. Una puede pasar casi inadvertida, como si fuese un susurro suave y discreto.
¿Cuándo ocurre eso? Cuando en lo íntimo de la conciencia escucho una voz tranquila y constante que me invita a dejar comportamientos dañinos para escoger el camino del Evangelio.
Esa voz no amenaza, no interrumpe, no se impone. Aparece y desaparece como una señal amable, como una invitación respetuosa.
De esta manera, Dios pone ante los ojos de mi alma un camino nuevo. Camino de esperanza, de fe, de amor, de alegría. Camino de renuncia: Cristo lo pide todo, porque antes lo ha dado todo.
Un susurro divino ha llegado a mi existencia. Puedo seguir como si nada hubiera ocurrido, pero también reconozco que Dios lo merece todo.
La invitación ha quedado sobre la mesa de mi corazón. Dios espera, sin prisas, con el anhelo de un Padre que suplica la respuesta de uno de sus hijos.
Si me atrinchero en mis problemas, si me sumerjo en mis planes personales, si me excuso bajo el escudo de mi personalidad, no se producirá el milagro. Dios llorará, en silencio, ante mi dureza y mi apatía.

En cambio, si acojo ese susurro, hoy será el día del gran cambio. Acoger la invitación de Dios me lanzará a un horizonte nuevo, me hará saltar hacia el misterio de la fe, me ayudará a romper con el egoísmo, empezaré la aventura del amor.
P. Fernando Pasual

La ignominia de occidente. "Sigue encerrada en una cárcel indecente, por beber en un vaso de agua"


Una mujer cristiana en Pakistán bebe agua de un vaso con el que también han bebido algunas mujeres musulmanas y, por este motivo, es acusada de grave blasfemia que la puede llevar hasta la muerte por ser cristiana. Si sucediera esto mismo en un país occidental nos reiríamos de que eso sea considerado un delito.
Pues esta mujer a la que se le ocurre beber agua en un vaso ha sufrido ya cientos de días de cárcel, en unas condiciones inhumanas. No ha matado a nadie, no ha robado nada, no ha hecho mal a nadie pero su blasfemia es imperdonable y el calvario que está pasando es una atrocidad que convierte en fanáticos peligrosos a los que la han condenado y en cómplices a los que apenas decimos nada.
Hay toda una legión de fanáticos musulmanes -a modo de cruzada- intentando matarla de la manera que sea.

Yo he conocido personalmente a su esposo y a una de sus hijas y me parecieron la bondad personificada. Expresaron el dolor de que muy pocos en el occidente cristiano se han movilizado para intentar presionar al gobierno de Paquistán para exigir su inmediata liberación o la conmutación de su injusta condena a muerte. Y esta mujer, Asia Bibi, sigue allí encerrada en una cárcel indecente, por beber en un vaso de agua. Si esta historia no fuera verdad, sería hilarante.

Mientras tanto en occidente nos llenamos la boca hablando de derechos humanos, de libertades y de solidaridad; hacemos conciertos y festivales benéficos, y los famosos acuden a galas para concienciar a la gente sobre diversas injusticias y violaciones de derechos en nuestro mundo ¡Y hacen muy bien! Pero ni una sola palabra, ni un solo gesto, ni un solo recuerdo por esta mujer; ni siquiera organizaciones que tienen como objetivos trabajar por los derechos humanos han tenido una palabra o han programado una acción por esta mujer abandonada de todos.

Las organizaciones feministas tan activas en algunas causas, no se han enterado, o no han querido enterarse, de que ahora una mujer está condenada a la horca y en una cárcel por beber un vaso de agua y acusada de blasfemar contra el profeta Mahoma. ¡Ya está bien!

Es que hay mujeres que merecen todo el esfuerzo de las organizaciones de derechos humanos, pero ésta como es cristiana no tiene derecho a nada más que a morir por haber bebido agua donde no debía. La misma iglesia guarda un silencio sobrecogedor e inexplicable sobre este caso que tiene visos de terminar en martirio porque Asia Bibi tiene unas sólidas convicciones cristianas que ya quisieran muchos cristianos de toda la vida.

Y el mundo sigue cada día mirando a otro lado como si no pasara nada. Pues yo también me declaro nazareno como ella y siento que soy Asia Bibi por si alguien lo lee y decide ser también Asia Bibi. No dejemos que estas realidades, impropias del siglo XXI, tomen carta de ciudadanía, ni allí ni aquí no sea que algún día todos seamos Asia Bibi y el mundo nos ignore.


(Alejandro Fdez. Barrajón)

Bienaventurados los pobres en el espíritu


Lectura del santo Evangelio según san Mateo 5, 1-12
En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió al monte, se sentó, y se acercaron sus discípulos; y, abriendo su boca, les enseñaba diciendo:
«Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.
Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra.
Bienaventurados los que lloran , porque ellos serán consolados
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados.
Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán la misericordia.
Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.
Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán los Hijos de Dios.
Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.
Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo, que de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros».
Palabra del Señor.

domingo, 5 de junio de 2016

¿Cómo ayudar a alguien que llora?


Me da miedo querer ser yo el pacificador de sus almas, sólo Dios puede hacerlo

Jesús se detiene hoy ante una mujer que llora delante de su hijo muerto. Le da lástima oír su llanto y se conmueve: “Al verla, le dio lástima y le dijo: – No llores”.
Siempre me conmueve cuando Jesús se conmueve. Me emocionan sus lágrimas, su pena, su tristeza honda y auténtica. Sufre por esa mujer viuda que ha perdido lo único que la ataba a la vida. Lo único que la mantenía con vida. ¿Qué será de ella ahora?
Muchas veces yo no me detengo ante la mujer que llora en su angustia. Paso de largo. Veo llorar al que sufre y sigo mi camino. Tal vez ver tanto dolor ha anestesiado mi corazón. Me gustaría detenerme ante el dolor del hombre. Como lo hace Jesús. Detenerme y llorar yo conmovido al ver llorar a alguien.
No quiero permanecer indiferente ante el que sufre a mi lado. Quiero ser como Jesús y no lo logro. Me gustaría poder yo también decirle eso al que llora delante de mí: “No llores”.
No puedo cambiar su vida. Lo sé. Pero no quiero que llore. No tengo el poder para devolverle la salud. Pero que no siga llorando. La realidad seguirá siendo la misma. ¿Cómo se puede entonces dejar de llorar?
A veces me gustaría tener una varita mágica. En ocasiones la vamos buscando. Buscamos una receta que me quite la pena, las lágrimas, el llanto. Una solución a los problemas. Una forma nueva para enfrentar la vida. Una madurez para recomponer el alma rota. Unas herramientas para darle sentido a todo lo que me sucede.
En ocasiones me veo exigido a dar soluciones, herramientas, varitas mágicas. Hay personas que llegan pidiéndome ese milagro. Necesito. Quiero. Espero. Deseo. Y yo caigo en el mismo juego. Tengo. Lee. Busca. Haz.
Y las personas se van convencidas. Tienen su varita mágica, su receta, su libro de autoayuda perfectamente diseñado. Ya nada puede salirles mal. Ante la próxima adversidad sabrán perfectamente cómo reaccionar. Ya no habrá eslabones rotos en la historia de sus vidas.
Ya el mal tendrá un sentido. Y la desgracia y la pérdida. Todo tendrá una lógica humana que lo hará más llevadero. Tendrán la varita para transformar la realidad.
Y buscarán milagros extraordinarios. Oraciones fuera de lo normal. Actos sobrenaturales que refuercen su fe. Descubrirán en su historia una huella más de Dios. Y sentirán que tienen su vida bajo control. Todo dominado. Todo asegurado.
Me da miedo caer en ese juego de buscar recetas. Pretender yo tener esas respuestas que buscan. Ser yo ese mago capaz de cambiar sus vidas y hacerlas diferentes, mejores, más plenas. Lograr que su mirada sea capaz de cambiarlo todo.
Sólo yo con mi sabiduría. Sólo yo con mis palabras llenas de vida. Con mis recetas. Con mis consejos. Me da miedo querer ser yo el pacificador de sus almas. Sólo Dios puede hacerlo. No hay varitas mágicas. Ni recetas.

Sólo la fe y el esfuerzo al caminar por la vida de la mano de Dios. Eso es lo importante. En la rutina de la vida. Sin pretender milagros a cada paso, más que el milagro de mi mirada y de mi corazón enamorado de mi vida.
FUENTE: ALETEIA. CARLOS PADILLA ESTEBAN

11 consejos de Santa Teresa para una vida de oración, Claves sencillas y eficaces para quien quiere crecer en la intimidad con Dios


1. Dirige a Dios cada uno de tus actos; ofréceselos y pídele que sea para Su honra y gloria.
2. Ofrécete a Dios cincuenta veces al día, y que sea con gran fervor y deseo de Dios.
3. En todas las cosas, observa la providencia de Dios y Su sabiduría, en todo, alábale.
4. En tiempos de tristeza y de inquietud, no abandones ni las obras de oración, ni la penitencia a la que estás habituado. Antes, intensifícalas, y verás con qué prontitud el Señor te sustentará.
5. Nunca hables mal de quien quiera que sea, ni jamás lo escuches. A no ser que se trate de ti mismo. Y progresarás mucho, el día en que te alegres de ello.
6. No digas nunca, de ti mismo, algo que merezca admiración, ni sobre tus conocimientos, tus virtudes, tu nacimiento, a no ser para prestar un servicio. Y en este caso, que sea con humildad, y considerando que esos dones vienen de las manos de Dios.
7. No veas en ti sino el siervo de todos, y en todos contempla a Cristo Nuestro Señor; así le respetarás y le venerarás.
8. Respecto a las cosas que no te conciernen, no muestres curiosidad, ni de cerca, ni de lejos, ni con comentarios, ni con preguntas.
9. Muestra tu devoción interior sólo en caso de necesidad urgente. Recuerda lo que decían San Francisco y San Bernardo: “Mi secreto me pertenece a mi”.
10. Cumple con todo como si Él estuviese realmente visible; actuando así, mucho ganará tu alma.
11. Que tu deseo sea ver a Dios. Tu temor, perderle. Tu dolor, no complacerle en su presencia. Tu satisfacción, lo que puede llevarte a Él. Y vivirás en una gran paz.
(Santa Teresa De Ávila)

Fuente:   Aleteia
Tomado del libro: “Oraciones de todos los tiempos de la Iglesia”. Prof. Felipe Aquino (org). Ed. Cléofas.

Gotas de sangre como pétalos arrojados al silencio

"Nuestra tierra se ha convertido en acogida asquerosa de muertes y expulsiones injustas"


Y por recoger un texto "católico" pensando en los inmigrantes de los muchos que deberían acogerse a la necesaria hospitalidad (desde luego bastantes más de los vergonzosos números oficialmente acogidos), escojo el episodio de Abraham narrado en el libro del Genesis, (Gn 18.1-3) que hace fecunda la hospitalidad . En dicho pasaje Abraham acoge junto a su tienda, al mediodía, cuando más calentaba el sol, a los tres misteriosos personajes, que, en premio a la acogida, dejaron para él y su esposa la bendición de la fecundidad. Aludiendo a este hecho, la Carta a los Hebreos recomienda la hospitalidad y añade: "Algunos, sin saberlo, hospedaron a ángeles" (Hb. 13,2)

Convertise en tierra hospitalaria es convertirse en tierra fecunda . Además la hospitalidad es exigencia de humanidad, tanto para quien recibe como para el que es recibido, y por tanto, exige de ambos que sean ante todo humanos y renuncien a su inhumanidad. No conoce límites ni fronteras. Comporta acoger al prójimo cercano, pero también al extraño, al lejano, al desconocido, al extranjero y, en nuestro caso, al inmigrante y/o refugiado con quien tenemos el deber inmediato de, al menos, de saber su nombre y su historia; saber las causas por las que huye (hambre y/o guerra, ¡me da lo mismo!) . Todos ellos entran en mi mundo y se convierten en prójimos-próximos. La hospitalidad moviliza procesos de reconocimiento recíprocos. Siquiera por este motivo es la forma primera y última del respeto a los derechos humanos.

"La hospitalidad de hecho, vive del dar y del recibir". Dice el papa en su mensaje de Migraciones de 2016. Y la "Hospitalidad y Dignidad", unidas ambas, las quiere subrayar también la Comisión Episcopal de Migraciones enredada con Caritas, Confer , Sector Social de la Compañía de Jesus , y Justicia Paz en una estrategia común para reconocer, proteger y defender a los refugiados y emigrantes. Todos con derechos.


Me sumo y firmo esta campaña ( #YoSoyTierraDeAcogida) porque yo mismo también soy tierra de acogida. La semilla liberadora de Jesucristo acompasada, en mi caso, al ritmo y a la respiración de Ignacio de Loyola prendió un día en mi vida y quiere seguir creciendo y multiplicándose - con mis compañeros jesuitas y con la humanidad entera - regada por el Espiritu.
(José Luis Pinilla sj.)

Papa: dos nuevos santos testigos ejemplares del poder de la resurrección de Jesús y ternura de Dios, como María

«La Palabra de Dios que hemos escuchado nos conduce al acontecimiento central de la fe: La victoria de Dios sobre el dolor y la muerte. Es el Evangelio de la esperanza que surge del Misterio Pascual de Cristo, que se irradia desde su rostro, revelador de Dios Padre y consolador de los afligidos. Es una palabra que nos llama a permanecer íntimamente unidos a la pasión de nuestro Señor Jesús, para que se manifieste en nosotros el poder de su resurrección.
En efecto, en la Pasión de Cristo está la respuesta de Dios al grito angustiado y a veces indignado que provoca en nosotros la experiencia del dolor y de la muerte. Se trata de no escapar de la cruz, sino de permanecer ahí, como hizo la Virgen Madre, que sufriendo junto a Jesús recibió la gracia de esperar contra toda esperanza (cf. Rm 4,18).
Ésta ha sido también la experiencia de Estanislao de Jesús María y de María Isabel Hesselblad, que hoy son proclamados santos: han permanecido íntimamente unidos a la pasión de Jesús y en ellos se ha manifestado el poder de su resurrección.
La primera Lectura y el Evangelio de este domingo nos presentan dos signos prodigiosos de resurrección, el primero obrado por el profeta Elías, el segundo por Jesús. En los dos casos, los muertos son hijos muy jóvenes de mujeres viudas que son devueltos vivos a sus madres.
La viuda de Sarepta —una mujer no judía, que sin embargo había acogido en su casa al profeta Elías— está indignada con el profeta y con Dios porque, precisamente cuando Elías era su huésped, su hijo se enfermó y después murió en sus brazos. Entonces Elías dice a esa mujer: «Dame a tu hijo» «Dame a tu hijo» (1 R 17,19). Esta es una palabra clave: manifiesta la actitud de Dios ante nuestra muerte (en todas sus formas); no dice: «tenla contigo, arréglatelas», sino que dice: «Dámela». En efecto, el profeta toma al niño y lo lleva a la habitación de arriba, y allí, él solo, en la oración, «lucha con Dios», presentándole el sinsentido de esa muerte. Y el Señor escuchó la voz de Elías, porque en realidad era él, Dios, quien hablaba y el que obraba en el profeta. Era él que, por boca de Elías, había dicho a la mujer: «Dame a tu hijo». Y ahora era él quien lo restituía vivo a su madre.
La ternura de Dios se revela plenamente en Jesús. Hemos escuchado en el Evangelio (Lc 7,11-17), cómo él experimentó «mucha compasión» (v.13) por esa viuda de Naín, en Galilea, que estaba acompañando a la sepultura a su único hijo, aún adolescente. Pero Jesús se acerca, toca el ataúd, detiene el cortejo fúnebre, y seguramente habrá acariciado el rostro bañado de lágrimas de esa pobre madre. «No llores», le dice (Lc 7,13). Como si le pidiera: «Dame a tu hijo». Jesús pide para sí nuestra muerte, para librarnos de ella y darnos la vida. Y en efecto, ese joven se despertó como de un sueño profundo y comenzó a hablar. Y Jesús «lo devuelve a su madre» (v. 15). No es un mago. Es la ternura de Dios encarnada, en él obra la inmensa compasión del Padre.
Una especie de resurrección es también la del apóstol Pablo, que de enemigo y feroz perseguidor de los cristianos se convierte en testigo y heraldo del Evangelio (cf. Ga 1,13-17). Este cambio radical no fue obra suya, sino don de la misericordia de Dios, que lo «eligió» y lo «llamó con su gracia», y quiso revelar «en él» a su Hijo para que lo anunciase en medio de los gentiles (vv. 15-16). Pablo dice que Dios Padre tuvo a bien manifestar a su Hijo no sólo a él, sino en él, es decir, como imprimiendo en su persona, carne y espíritu, la muerte y la resurrección de Cristo. De este modo, el apóstol no será sólo un mensajero, sino sobre todo un testigo.
Y también con los pecadores, a todos y cada uno, Jesús no cesa de hacer brillar la victoria de la gracia que da vida. Y hoy y todos los días, le dice a la Madre Iglesia: «Dame a tus hijos», que somos todos nosotros. Él toma consigo todos nuestros pecados, los borra y nos devuelve vivos a la misma Iglesia. Y esto sucede de modo especial durante este Año Santo de la Misericordia.
La Iglesia nos muestra hoy a dos hijos suyos que son testigos ejemplares de este misterio de resurrección. Ambos pueden cantar por toda la eternidad con las palabras del salmista: «Cambiaste mi luto en danzas, / Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre» (Sal 30,12). Y todos juntos nos unimos diciendo: «Te ensalzaré, Señor, porque me has librado» (Respuesta al Salmo Responsorial)».
Culminando la celebración con el rezo a la Madre de Dios, saludando a las delegaciones oficiales - polaca y sueca - que, junto con numerosos peregrinos participaron en la canonización, el Obispo de Roma deseó que «por intercesión de los nuevos santos el Señor bendiga a sus naciones».
E introduciendo el rezo mariano del Ángelus, el Papa invitó a pedirle «a la Virgen María que nos guíe siempre en el camino de la santidad y nos sostenga en construir día tras día lajusticia y la paz».
(RC - RV)
Voz del Papa Francisco antes del rezo del Ángelus:

Presentación en la iglesia de San Antón del libro de versos y fotografías 'Casaldáliga' de +Claret. Mensajeros de la Paz homenajeará el martes que viene al obispo poeta


El próximo martes 7 de junio a las 20 horas tendrá lugar en la madrileña iglesia de San Antón (C/Hortaleza, núm. 63) un acto homenaje al obispo poeta, Pedro Casaldáliga. Con Fernando Prado, director de Publicaciones Claretianas, como moderador, se presentará el libro "Casaldáliga", editado por +Claret y formado por fotografías de Joan Guerrero y versos del propio Casaldáliga. La selección de versos la llevó a cabo Eduardo Lallana, el presidente de la Asociación Tierra Sin Males.

Tierra Sin Males, que trabaja en pos de la erradicación de la pobreza y se identifica con Pedro Casaldáliga, su gente y sus causas, tiene 16 años de recorrido. "Pedro nos abre su alma y nos muestra sus opciones: por los pobres, por la Justicia, la Libertad, la Paz, así como su vivencia espiritual mística", opina Lallana, que en su intervención hablará principalmente de la grabación del documental Casaldáliga poeta. Un corazón lleno de nombres, que se proyectará para cerrar el acto.

En un viaje a esas tierras brasileñas, Guerrero contempló de cerca la "vida en medio del pueblo" del obispo poeta. "Lo que más me impactó de vivir con Pedro fue comprobar que su poética y su fe están entregadas a las mismas luchas", dice el fotógrafo. "Fue como estar ante un Machado y un Che Guevara a la vez. Como trabajar con Luther King".

Mientras Guerrero dará su visión de fotógrafo, Marcel·lí López explicará los logros de la edición de Casaldáliga, una edición de calidad escrita en castellano, brasileño y catalán. "Trabajar desde la imagen, desde una imagen evocadora, llena de vida, ha sido una experiencia única", dice el editor. "Conjugarlas con las palabras de Pedro, que dan voz a la esperanza, ha resultado una experiencia intensa y sobre todo gratificante".

Vinculado a diversas ONG que defienden los valores humanos, Miguel Ángel Mesa hablará de la experiencia de haber conocido al poeta íntimamente. El escritor mantiene desde hace unos 25 años una relación epistolar y de amistad con el obispo, que le llevó a publicar, tras una visita a Sao Félix, el libro de reflexiones Los cinco minutos con Pedro Casaldáliga.

Por último, participará el Padre Ángel, fundador y presidente de la ONG Mensajeros de la Paz. "San Antón es la iglesia de los marginados, abierta las 24 horas del día", declara el sacerdote. "Para nosotros es un privilegio poder homenajear aquí a Pedro, que es el obispo de los pobres y también como poeta defiende a los sin voz y sin vez".

Desde la iglesia de los sintecho, Mensajeros invita a conocer mejor a Pedro Casaldáliga, a través de la imagen evocadora, de su palabra que convoca y de cada uno de sus gestos de muchísimo valor.


(Mensajeros de la Paz)

EN LA EXTREMA DESOLACIÓN

Pocos cuadros más expresivos que los que nos muestran los dos textos de la Liturgia de hoy. En ellos coinciden las escenas de dos mujeres viudas a las que se les muere el hijo.
Sin duda que son textos que inspiran compasión, y al contemplar el final de los relatos, se siente alivio y gratitud, al ver que los dos hijos recobran la vida.
“-«Señor, Dios mío, ¿también a esta viuda que me hospeda la vas a castigar, haciendo morir a su hijo?»

Después se echó tres veces sobre el niño, invocando al Señor: -«Señor, Dios mío, que vuelva al niño la respiración.» El Señor escuchó la súplica de Elías: al niño le volvió la respiración y revivió.”

“Al verla el Señor, le dio lástima y le dijo: -«No llores.»

Se acercó al ataúd, lo toco (los que lo llevaban se pararon) y dijo: -«¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate!»
El muerto se incorporó y empezó a hablar, y Jesús se lo entregó a su madre.”

La muerte del hijo único varón coloca en máxima pobreza a la madre viuda, porque queda sin la cobertura legal del cabeza de familia, y se ve expuesta a la indigencia o a la vejación. El que tanto el profeta como Jesús hayan realizado este prodigio, son ejemplo de la cercanía y de la misericordia de Dios para con los más desvalidos.
Al comparar el texto del libro de los Reyes con el Evangelio, se puede observar la intención del evangelista de argumentar que el nuevo profeta es Jesús. Hace ver, además, que el poder de Jesús es mayor, pues el profeta devuelve la vida a un niño recién muerto, y Jesús interviene cuando ya iban a enterrar al hijo de viuda de Naím.
Si la concordancia de los textos tiene un significado catequético, podemos, sin embargo, sentirnos fuera del relato, por más que lo valoremos. Mas, si traemos la confesión de San Pablo que nos ofrece la Liturgia de la Palabra, en la que se refiere a la entrañas maternas - “Pero, cuando aquel que me escogió desde el seno de mi madre y me llamó por su gracia se dignó revelar a su Hijo en mi, para que yo lo anunciara a los gentiles…”-, cada uno podemos sentir espiritualmente la invitación de Jesús: “Muchacho, a ti te lo digo, levántate”.
Levantarse es volver a la vida, convertirse, no pactar con la inercia, con la apatía, con el argumento de que se ha caído muchas veces. Hoy puedes sentir la misericordia del Señor.
Ángel Moreno de Buenafuente

El sufrimiento ha de ser tomado en serio


Jesús llega a Naín cuando en la pequeña aldea se está viviendo un hecho muy triste. Jesús viene del camino, acompañado de sus discípulos y de un gran gentío. De la aldea sale un cortejo fúnebre camino del cementerio. Una madre viuda, acompañada por sus vecinos, lleva a enterrar a su único hijo.
En pocas palabras, Lucas nos ha descrito la trágica situación de la mujer. Es una viuda, sin esposo que la cuide y proteja en aquella sociedad controlada por los varones. Le quedaba solo un hijo, pero también este acaba de morir. La mujer no dice nada. Solo llora su dolor. ¿Qué será de ella?
El encuentro ha sido inesperado. Jesús venía a anunciar también en Naín la Buena Noticia de Dios. ¿Cuál será su reacción? Según el relato, «el Señor la miró, se conmovió y le dijo: No llores». Es difícil describir mejor al Profeta de la compasión de Dios.
No conoce a la mujer, pero la mira detenidamente. Capta su dolor y soledad, y se conmueve hasta las entrañas. El abatimiento de aquella mujer le llega hasta dentro. Su reacción es inmediata: «No llores». Jesús no puede ver a nadie llorando. Necesita intervenir.
No lo piensa dos veces. Se acerca al féretro, detiene el entierro y dice al muerto: «Muchacho, a ti te lo digo, levántate». Cuando el joven se reincorpora y comienza a hablar, Jesús «lo entrega a su madre» para que deje de llorar. De nuevo están juntos. La madre ya no estará sola.
Todo parece sencillo. El relato no insiste en el aspecto prodigioso de lo que acaba de hacer Jesús. Invita a sus lectores a que vean en él la revelación de Dios como Misterio de compasión y Fuerza de vida, capaz de salvar incluso de la muerte. Es la compasión de Dios la que hace a Jesús tan sensible al sufrimiento de la gente.
En la Iglesia hemos de recuperar cuanto antes la compasión como el estilo de vida propio de los seguidores de Jesús. La hemos de rescatar de una concepción sentimental y moralizante que la ha desprestigiado. La compasión que exige justicia es el gran mandato de Jesús: «Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo».
Esta compasión es hoy más necesaria que nunca. Desde los centros de poder, todo se tiene en cuenta antes que el sufrimiento de las víctimas. Se funciona como si no hubiera dolientes ni perdedores. Desde las comunidades de Jesús se tiene que escuchar un grito de indignación absoluta: el sufrimiento de los inocentes ha de ser tomado en serio; no puede ser aceptado socialmente como algo normal pues es inaceptable para Dios. Él no quiere ver a nadie llorando.
José Antonio Pagola

Joven, yo te lo ordeno, levántate



Evangelio según San Lucas 7,11-17. 

Jesús se dirigió a una ciudad llamada Naím, acompañado de sus discípulos y de una gran multitud. 
Justamente cuando se acercaba a la puerta de la ciudad, llevaban a enterrar al hijo único de una mujer viuda, y mucha gente del lugar la acompañaba. 
Al verla, el Señor se conmovió y le dijo: "No llores". 
Después se acercó y tocó el féretro. Los que lo llevaban se detuvieron y Jesús dijo: "Joven, yo te lo ordeno, levántate". 
El muerto se incorporó y empezó a hablar. Y Jesús se lo entregó a su madre. 
Todos quedaron sobrecogidos de temor y alababan a Dios, diciendo: "Un gran profeta ha aparecido en medio de nosotros y Dios ha visitado a su Pueblo". 
El rumor de lo que Jesús acababa de hacer se difundió por toda la Judea y en toda la región vecina. 

“Como una madre amorosa”, Motu proprio del Papa refuerza compromiso en la protección de los menores

La “tarea de protección y de cuidado compete a la Iglesia en su totalidad, pero es especialmente a través de sus Pastores que debe ser ejercitada”.  Lo escribe el Papa Francisco en el Motu Proprio con el que refuerza la protección de los menores, publicado el sábado 4 de junio, subrayando la responsabilidad de los Obispos diocesanos – de los Eparcas  así como de los Superiores Mayores de Institutos Religiosos y de las Sociedades de vida apostólica de derecho pontificio -  a “emplear una particular diligencia en el proteger a aquellos que son los más débiles entre las personas a ellos confiadas”.  El Papa recuerda que el Derecho Canónico prevé ya “la posibilidad de remover del encargo eclesiástico por causas graves”. Con el Motu Proprio, afirma Francisco, “pretendo precisar” que entre tales causas se encuentra también “la negligencia de los Obispos” relativa “a los casos de abusos sexuales cometidos con menores y adultos vulnerables” como previsto por el Motu Proprio de San Juan Pablo II, Sacramentorum Sanctitatis Tutela, actualizado por Benedicto XVI.
Con el documento firmado este sábado por el Papa se establece desde  el primero de los 5 artículos que el obispo diocesano (o el eparca o aquel que tiene una responsabilidad temporal de una Iglesia particular) puede ser “legítimamente removido de su encargo, si haya, por negligencia, realizado u omitido actos que hayan provocado un daño grave a otros”, sean personas o comunidades.  Además se especifica que este daño puede ser “físico, moral, espiritual o patrimonial”.  El obispo (al cual son equiparados los Superiores Mayores), continua el artículo 1, puede ser removido solamente si “haya objetivamente faltado de forma muy grave a la diligencia que le ha sido requerida por su oficio pastoral, también sin grave culpa moral por parte suya”. Sin embargo, en caso de abusos sobre menores, “es suficiente que la falta de diligencia sea grave”.
En el caso de que los indicios sean “serios”, prosigue el artículo 2 del Motu Proprio, la competente Congregación de la Curia Romana puede “iniciar una investigación en mérito”  dando noticia al interesado que tiene “la posibilidad de defenderse” con los “medios previstos por el derecho”. A continuación  a los argumentos presentados por el obispo,  la Congregación puede “decidir una investigación suplementaria”. En los artículos 3, 4 y 5 el Motu Proprio establece por tanto el procedimiento con el que se decide la eventual remoción del encargo. La Congregación que asume tal decisión, en Sesión ordinaria, puede disponer si dar “en el más breve tiempo posible, el decreto de remoción” o exhortar al obispo “a presentar su renuncia en un lapso de 15 días ”, concluido el cual el Dicasterio podrá “emitir el decreto”. En el último artículo se establece que la decisión final deberá ser “sometida a la aprobación especifica del Romano Pontífice” que, “antes de asumir una decisión definitiva se hará asistir por un idóneo Colegio de juristas”.
Nota del Padre Lombardi
Sobre este tema el director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, Padre Federico Lombardi,  ha subrayado que el procedimiento al que se refiere el Motu Proprio "no encausa a la Congregación para la Doctrina de la Fe, porque no se trata de delitos de abuso, sino de negligencia en el cargo".  Por lo tanto no se trata de "procedimiento penal", puntualiza el padre Lombardi, porque no se trata de un "delito cumplido, sino de casos de negligencia". Tratándose de decisiones importantes sobre los Obispos, continúa Lombardi, "la aprobación específica depende del Santo Padre". Esto no representa una novedad, mientras " sí lo es la constitución de un especial Colegio de juristas que asistirá al Papa antes de que asuma una decisión definitiva". Se puede prever, concluye  el director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, que tal Colegio "esté constituido por cardenales y obispos".
(RC-RV)

sábado, 4 de junio de 2016

Una Iglesia en camino. Reflexiones del obispo de San Cristobal de las Casas.

VER
En nuestra diócesis, hemos realizado la asamblea anual, con participación de 263 personas, laicos, religiosas y sacerdotes. El objetivo fue concluir la actualización del Plan Diocesano de Pastoral. El anterior, era del año 2004. Tuvimos que ponerlo al día, pues en Chiapas ha habido muchos cambios sociales, políticos, económicos, educativos, ecológicos y religiosos, que son un reto a la pastoral evangelizadora, litúrgica y social.
Desde que llegué a esta Iglesia, en mayo del 2000, decreté la validez del III Sínodo Diocesano, elaborado en tiempos de mi predecesor, Don Samuel Ruiz García, porque lo consideré un camino conforme al Evangelio y a la doctrina y praxis de la Iglesia. Nos marca las líneas fundamentales por las que hemos optado. Son como los pilares, u horcones, que nos sostienen y nos dan identidad. Queremos ser una Iglesia autóctona, liberadora, evangelizadora, servidora, en comunión y bajo la guía del Espíritu Santo.
La vida no se detiene y no podemos anclarnos en el pasado, sino responder a lo que el tiempo actual reclama. El nuevo Plan Pastoral nos orienta en el camino a seguir en los años venideros. Cuando suceda el cambio de obispo diocesano, se harán las adecuaciones necesarias, pero hay ruta, hay historia, hay vida. El Espíritu no deja a su Iglesia.
PENSAR
El Papa Francisco, en su Exhortación La alegría del Evangelio, dice: “La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría. Quiero invitarlos a una nueva etapa evangelizadora marcada por esa alegría, e indicar caminos para la marcha de la Iglesia en los próximos años” (1).
“El gran riesgo del mundo actual, con su múltiple y abrumadora oferta de consumo, es una tristeza individualista que brota del corazón cómodo y avaro, de la búsqueda enfermiza de placeres superficiales, de la conciencia aislada. Cuando la vida interior se clausura en los propios intereses, ya no hay espacio para los demás, ya no entran los pobres, ya no se escucha la voz de Dios, ya no se goza la dulce alegría de su amor, ya no palpita el entusiasmo por hacer el bien. Los creyentes también corren ese riesgo, cierto y permanente. Muchos caen en él y se convierten en seres resentidos, quejosos, sin vida. Ésa no es la opción de una vida digna y plena, ése no es el deseo de Dios para nosotros, ésa no es la vida en el Espíritu que brota del corazón de Cristo resucitado” (2).

“La vida se acrecienta dándola y se debilita en el aislamiento y la comodidad. Los que más disfrutan de la vida son los que dejan la seguridad de la orilla y se apasionan en la misión de comunicar vida a los demás. Cuando la Iglesia convoca a la tarea evangelizadora, no hace más que indicar a los cristianos el verdadero dinamismo de la realización personal: La vida se alcanza y madura a medida que se la entrega para dar vida a los otros… Recobremos y acrecentemos el fervor, la dulce y confortadora alegría de evangelizar, incluso cuando hay que sembrar entre lágrimas. Ojalá el mundo actual pueda recibir la Buena Nueva no a través de evangelizadores tristes y desalentados, impacientes o ansiosos, sino a través de ministros del Evangelio, cuya vida irradia el fervor de quienes han recibido, ante todo en sí mismos, la alegría de Cristo” (10).
“Cristo es el Evangelio eterno. Su riqueza y su hermosura son inagotables. Él siempre puede, con su novedad, renovar nuestra vida y nuestra comunidad. Aunque atraviese épocas oscuras y debilidades eclesiales, la propuesta cristiana nunca envejece. Jesucristo también puede romper los esquemas aburridos en los cuales pretendemos encerrarlo y nos sorprende con su constante creatividad divina. Cada vez que intentamos volver a la fuente y recuperar la frescura original del Evangelio, brotan nuevos caminos, métodos creativos, otras formas de expresión, signos más elocuentes, palabras cargadas de renovado significado para el mundo actual” (11).
ACTUAR
Que el Espíritu Santo nos ayude a estar con el corazón muy cercano a nuestro pueblo, para vibrar con sus dolores y esperanzas, y muy a los pies del Sagrario, para ser servidores de vida en Cristo.
Felipe Arizmendi Esquivel


"Hay que garantizar la asistencia a todo el mundo" . Madrid sí cuida


"He visto la chapa blanca y rosa: yo sí atiendo, yo sí acompaño"

Un catarro primaveral me ha obligado a ir al Centro de salud. Hacía meses que no visitaba ninguno. Sin embargo desde que se aprobó el Real Decreto16/2012,más conocido por el decreto de exclusión sanitaria,ha sido uno de los lugares de mi barrio que más me ha tocado visitar. Como yo, muchas personas hemos formado parte de los grupos de acompañamiento de la plataforma yo si sanidad universal.Cuyo objetivo era y sigue siendo intentar garantizar la asistencia a todo el mundo, animar a la desobediencia al decreto e informar a los profesionales sobre cómo hacerlo.
En nuestra tarea como acompañantes hemos visto de todo: el miedo de las personas sin papeles a ir al médico por temor a ser facturados, y sus consecuencias a la hora de solicitar la residencia, como le pasó a un amigo paquistaní, vendedor de agua, que una noche fue atropellado y no conseguimos de ninguna manera llevarle a urgencias. O un inolvidable 30 de Diciembre en el que a un amigo senegalés que se le había roto una mano, en el centro de salud de su barrio le negaron las curas, aun a riesgo de perderla, por no tener papeles, hasta que un administrativo desobediente consiguió meterle en el sistema informático y conseguir así que le atendieran.Hasta incluso muertes,como la de Janet Beltran una compañera empleada de hogar nicaragüense que murió al no ser atendida en el hospital de Toledo.
Pero también hemos visto la creatividad y la complicidad de muchas personas: sanitarios, administrativos, vecinos, etc, que nos reconocíamos en los hospitales o en los centros de salud por la chapa blanca y rosa con los lemas: Yo sí atiendo, yo si acompaño o la pegatina si la salud es un derecho a tener es una obligación.
En mi visita reciente al médico el otro día, por motivos de mi catarro, me di cuenta gratamente que las cosas han cambiado desde hace un año en los centros de salud. A su entrada, me sorprendieron, para empezar, dos grandes carteles: Sí, tienes derechos, seguidos del lema de la campaña puesta en marcha por Javier Barbero "Madrid sí cuida - Madrid Libre de Exclusión Sanitaria". La presencia de inmigrantes sin papeles que acudían su médico con toda naturalidad previa solicitud del DAR, que les garantiza también derecho a la receta y al derivación a los centros de especialidades me pareció un pequeño milagro no caído del cielo, sino de la solidaridad y las luchas ciudadanas.
Pepa Torres


Evangelio según San Lucas 2,41-51. 

Los padres de Jesús iban todos los años a Jerusalén en la fiesta de la Pascua. 
Cuando el niño cumplió doce años, subieron como de costumbre, 
y acabada la fiesta, María y José regresaron, pero Jesús permaneció en Jerusalén sin que ellos se dieran cuenta. 
Creyendo que estaba en la caravana, caminaron todo un día y después comenzaron a buscarlo entre los parientes y conocidos. 
Como no lo encontraron, volvieron a Jerusalén en busca de él. 
Al tercer día, lo hallaron en el Templo en medio de los doctores de la Ley, escuchándolos y haciéndoles preguntas. 
Y todos los que lo oían estaban asombrados de su inteligencia y sus respuestas. 
Al verlo, sus padres quedaron maravillados y su madre le dijo: "Hijo mío, ¿por qué nos has hecho esto? Piensa que tu padre y yo te buscábamos angustiados". 
Jesús les respondió: "¿Por qué me buscaban? ¿No sabían que yo debo ocuparme de los asuntos de mi Padre?". 
Ellos no entendieron lo que les decía. 
El regresó con sus padres a Nazaret y vivía sujeto a ellos. Su madre conservaba estas cosas en su corazón.