sábado, 26 de marzo de 2016

Para rezar en el silencio del Sábado Santo. Santa María la de Cleofás

Indudablemente que, en la vida diaria, uno ve cómo Dios llama a hombres y mujeres a tener un papel protagónico en la vida de las familias, de las comunidades y de los pueblos. A su vez, hay otros muchos hombres y mujeres que hacen el camino de la vida siendo "del montón", es decir, viven en lo cotidiano su fidelidad a Dios, a su familia, a la Iglesia y al pueblo.

Esas personas y comunidades son las que, en el Jueves Santo, se inclinan a lavarle los pies a los necesitados -sin manto de dignidad y con toalla de sirvientes-. Esas personas "de a pie", sin protagonismo, del montón, son la mayoría de la Iglesia y, en un altísimo por ciento, son mujeres. Por eso la comunidad católica es creíble, porque "los del montón" ofrecen "en la base" un testimonio de lo que es y de lo que puede el amor que se hace vida a través de sencillos gestos.

El Viernes Santo, en la lectura de la Pasión, sale a relucir el nombre de María la de Cleofás (Jn. 19,25) quien "junto a la cruz acompaña a María, la madre de Jesús, y a María Magdalena".

Esta mujer que estuvo presente en El Calvario, junto al sepulcro vacío en la mañana de Resurrección y en el Cenáculo en Pentecostés acompañando a María, la madre de Jesús, como miembro de la comunidad, fue capaz de sobrellevar a su marido Cleofás, el único que San Lucas identifica por su nombre de los dos peregrinos de Emaús que, de acuerdo a las características de la narración, tendrían que haber sido insoportables, analizándolo todo desde lo terrenal, a partir del juicio humano, y también un poco distante de la figura de la mujer, cuando dice: "Aunque algunas de nuestras mujeres nos han sorprendido, porque fueron temprano al sepulcro y no encontraron el cuerpo" (Lc. 24,22).

María la de Cleofás, en aquel momento fue del montón, pero al cabo de dos milenios, hay que reconocer que por su fidelidad y permanencia durante el histórico Triduo Pascual, también fue protagonista del cambio producido por Aquel que acostumbraba decir: "Han oído que se dijo:... pero yo les digo:..." (M.5, 27). 
Por eso, es justo y es bueno que, al igual que a la Virgen la tratamos con el título de "Santísima Virgen María", y de San José y de San Juan Bautista e, incluso, de Santa María Magdalena, ¿por qué no hacerlo con María la de Cleofás diciéndole: Santa María la de Cleofás?

Es más, ella puede ser el modelo a imitar por tantas mujeres de nuestras comunidades que son amas de casa y lo dejan todo preparado para ir a ocupar su tarea en la comunidad; que muchas veces aguantan al marido palabras, gestos, juicios muy lejanos de la fe que ellas profesan, enseñan y testifican; mujeres que, a pesar de lo que muchos digan, son incluyentes y saben acoger a las caras nuevas que se integran a la comunidad e incluso, son capaces de llamarlas "hermanas" sin riesgo a que nadie emita ningún juicio, porque todo el pueblo conoce bien cuál ha sido la trayectoria de cada una de ellas.


En este Santo Triduo Pascual, al fijarnos en las múltiples acciones que se realizan en nuestras comunidades, destaquemos la presencia de tantas seguidoras de "Santa María la de Cleofás". Y lo podemos hacer a modo de letanía. Miremos el ejemplo de ellas y recemos dando gracias.

Porque siempre están prontas para compartir el sufrimiento y dar una palabra de consuelo...
Porque continúan estando dispuestas a sonreírle a "los Pedros", acoger "a las Magdalenas", acompañar a los jóvenes "Juanes", no hacerle casos ni a "los Pilatos, ni a los Anás ni a los Caifás" porque ellas "no están en eso", sino que están "en los de ellas".
¡Gracias, Santa María la de Cleofás, porque laicas como tú son también las que necesitamos, capaces de hacer crecer en sus familias y comunidades, a los otros laicos capaces de también aportar su granito de sal, la luz de su vela y la pizca de levadura para que nuestro mundo se transforme desde adentro y cambie!.
Un día, a esos laicos se les llamará "protagonistas", mientras que ustedes seguirán siendo "del montón". No importa: ¡Cristo resucitó para todos y nos brinda su paz!
Amén.
(Emilio Aranguren, obispo de Holguín).

En la Cruz vemos el amor divino y la injusticia humana, el sacrificio por amor y el egoísmo extremo por necedad, dijo el Papa

Oh Cruz de Cristo, símbolo del amor divino y de la injusticia humana, icono del supremo sacrificio por amor y del extremo egoísmo por necedad, instrumento de muerte y vía de resurrección, signo de la obediencia y emblema de la traición, patíbulo de la persecución y estandarte de la victoria.
Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo alzada en nuestras hermanas y hermanos asesinados, quemados vivos, degollados y decapitados por las bárbaras espadas y el silencio infame.
Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los rostros de los niños, de las mujeres y de las personas extenuadas y amedrentadas que huyen de las guerras y de la violencia, y que con frecuencia sólo encuentran la muerte y a tantos Pilatos que se lavan las manos.
Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los doctores de la letra y no del espíritu, de la muerte y no de la vida, que en vez de enseñar la misericordia y la vida, amenazan con el castigo y la muerte y condenan al justo. Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los ministros infieles que, en vez de despojarse de sus propias ambiciones, despojan incluso a los inocentes de su propia dignidad.
Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los corazones endurecidos de los que juzgan cómodamente a los demás, corazones dispuestos a condenarlos incluso a la lapidación, sin fijarse nunca en sus propios pecados y culpas. Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los fundamentalismos y en el terrorismo de los seguidores de cierta religión que profanan el nombre de Dios y lo utilizan para justificar su inaudita violencia.
Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los que quieren quitarte de los lugares públicos y excluirte de la vida pública, en el nombre de un cierto paganismo laicista o incluso en el nombre de la igualdad que tú mismo nos has enseñado. Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los poderosos y en los vendedores de armas que alimentan los hornos de la guerra con la sangre inocente de los hermanos.
Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los traidores que por treinta denarios entregan a la muerte a cualquier persona. Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los ladrones y en los corruptos que en vez de salvaguardar el bien común y la ética se venden en el miserable mercado de la inmoralidad. Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los necios que construyen depósitos para conservar tesoros que perecen, dejando que Lázaro muera de hambre a sus puertas.
Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los destructores de nuestra «casa común» que con egoísmo arruinan el futuro de las generaciones futuras. Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los ancianos abandonados por sus propios familiares, en los discapacitados, en los niños desnutridos y descartados por nuestra sociedad egoísta e hipócrita. Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en nuestro mediterráneo y en el Mar Egeo convertidos en un insaciable cementerio, imagen de nuestra conciencia insensible y anestesiada.
Oh Cruz de Cristo, imagen del amor sin límite y vía de la Resurrección, aún hoy te seguimos viendo en las personas buenas y justas que hacen el bien sin buscar el aplauso o la admiración de los demás. Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los ministros fieles y humildes que alumbran la oscuridad de nuestra vida, como candelas que se consumen gratuitamente para iluminar la vida de los últimos. Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en el rostro de las religiosas y consagrados –los buenos samaritanos– que lo dejan todo para vendar, en el silencio evangélico, las llagas de la pobreza y de la injusticia.
Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los misericordiosos que encuentran en la misericordia la expresión más alta de la justicia y de la fe. Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en las personas sencillas que viven con gozo su fe en las cosas ordinarias y en el fiel cumplimiento de los mandamientos. Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los arrepentidos que, desde la profundidad de la miseria de sus pecados, saben gritar: Señor acuérdate de mí cuando estés en tu reino.
Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los beatos y en los santos que saben atravesar la oscuridad de la noche de la fe sin perder la confianza en ti y sin pretender entender tu silencio misterioso. Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en las familias que viven con fidelidad y fecundidad su vocación matrimonial. Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los voluntarios que socorren generosamente a los necesitados y maltratados.
Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los perseguidos por su fe que con su sufrimiento siguen dando testimonio auténtico de Jesús y del Evangelio. Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los soñadores que viven con un corazón de niños y trabajan cada día para hacer que el mundo sea un lugar mejor, más humano y más justo.
En ti, Cruz Santa, vemos a Dios que ama hasta el extremo, y vemos el odio que domina y ciega el corazón y la mente de los que prefieren las tinieblas a la luz. Oh Cruz de Cristo, Arca de Noé que salvó a la humanidad del diluvio del pecado, líbranos del mal y del maligno. Oh Trono de David y sello de la Alianza divina y eterna, despiértanos de las seducciones de la vanidad. Oh grito de amor, suscita en nosotros el deseo de Dios, del bien y de la luz.
Oh Cruz de Cristo, enséñanos que el alba del sol es más fuerte que la oscuridad de la noche. Oh Cruz de Cristo, enséñanos que la aparente victoria del mal se desvanece ante la tumba vacía y frente a la certeza de la Resurrección y del amor de Dios, que nada lo podrá derrotar u oscurecer o debilitar. Amén.

(Mireia Bonilla, para Radio Vaticana)

Descenso del Señor a los infiernos

"¿Qué es lo que hoy sucede? Un gran silencio envuelve la tierra; un gran silencio porque el Rey duerme. «La tierra temió sobrecogida» porque Dios se durmió en la carne y ha despertado a los que dormían desde antiguo. Dios en la carne ha muerto y el Abismo ha despertado.

Va a buscar a nuestro primer padre como si fuera la oveja perdida. Quiere absolutamente visitar «a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte». El, que es al mismo tiempo Hijo de Dios, hijo de Eva, va a librar de su prisión y de sus dolores a Adán y a Eva.

El Señor, teniendo en sus manos las armas vencedoras de la cruz, se acerca a ellos. Al verlo nuestro primer padre Adán, asombrado por tan gran acontecimiento, exclama y dice a todos: Mi Señor esté con todos. Y Cristo, respondiendo, dice a Adán: Y con tu espíritu. Y tomándolo por la mano le añade: «Despierta tú que duermes, levántate de entre los muertos y Cristo será tu luz».

Yo soy tu Dios que por ti y por todos los que han de nacer de ti me he hecho tu hijo; y ahora te digo: tengo el poder de anunciar a los que están encadenados: Salid; y a los que se encuentran en las tinieblas: iluminaos; y a los que dormís: levantaos.

A ti te mando: «despierta tú que duermes», pues no te creé para que permanezcas cautivo en el Abismo; «levántate de entre los muertos», pues yo soy la vida de los muertos. Levántate, obra de mis manos; levántate, imagen mía, creado a mi semejanza. Levántate, salgamos de aquí porque tú en mí, y yo en ti, formamos una sola e indivisible persona.

Por ti yo, tu Dios, me he hecho tu hijo; por ti yo, tu Señor, he revestido tu condición servil; por ti yo, que estoy sobre los cielos, he venido a la tierra y he bajado al Abismo; por ti me he hecho hombre, «semejante a un inválido que tiene su cama entre los muertos»; por ti que fuiste expulsado del huerto he sido entregado a los judíos en el huerto, y en el huerto he sido crucificado. Contempla los salivazos de mi cara que he soportado para devolverte tu primer aliento de vida; contempla los golpes de mis mejillas que he soportado para reformar de acuerdo con mi imagen tu imagen deformada.

Contempla los azotes en mis espaldas que he aceptado para aliviarte del peso de los pecados que habían sido cargados sobre tu espalda. Contempla los clavos que me han sujetado fuertemente al madero; por ti los he aceptado, que maliciosamente extendiste una mano al árbol.

Dormí en la cruz y la lanza atravesó mi costado por ti, que en el paraíso dormiste y de tu costado diste origen a Eva. Mi costado ha curado el dolor del costado. Mi sueño te saca del sueño del Abismo. Mi lanza eliminó aquella espada que te amenazaba en el paraíso.

Levántate, salgamos de aquí. El enemigo te sacó del paraíso; yo te coloco no ya en el paraíso, sino en el trono celeste. Te prohibí que comieras del árbol de la vida, que no era sino imagen del verdadero árbol; yo soy el verdadero árbol, yo que soy la vida y que estoy unido a ti. Coloqué un querubín que fielmente te vigilará; ahora te concedo que el querubín, reconociendo tu dignidad, te sirva.


El trono de los querubines está preparado, los portadores atentos y preparados, el tálamo construido, los alimentos prestos, se han embellecido los eternos tabernáculos y las moradas, los tesoros abiertos y el reino de los cielos que existe antes de los siglos está preparado. "

De una homilía antigua sobre el grande y santo Sábado (PG 43, 439. 451. 462-463)

Dolor de la Virgen


"Llegan pues el mismo día sobre aquella tarde aquellos dos santos varones, José y Nicodemus, y arrimadas las escaleras a la cruz descienden en brazos el cuerpo del Salvador.

Como la Virgen vio que, acabada la tormenta de la cruz, llegaba el sagrado cuerpo a tierra, aparéjase ella para darle puerto seguro en sus pechos y recibirlo de los brazos de la cruz en los suyos. Pide, pues, con grande humildad a aquella noble gente, que pues no se había despedido de su hijo, ni recibido de Él los postreros abrazos en la cruz, al tiempo de su partida la dejan ahora llegar a Él si no quieren que por todas partes crezca su desconsuelo, si habiéndosele quitado por un cabo los enemigos vivo, ahora los amigos se le quitan muerto.

¡Oh por todas partes desconsolada Señora! Porque si te niegan lo que pides, desconsolarte has, y si te lo dan como lo pides, no menos te desconsolarás. No tienen tus males consuelo, sino en sola tu paciencia. Si por una parte quieres excusar un dolor, por otra parte se dobla. Pues ¿qué haréis santos varones? ¿Qué consejo tomaréis? Negar a tales lágrimas y a tal Señora cosa que pide es acabarle la vida. Teméis por una parte desconsolarla, teméis por otra, no seáis por ventura homicidas de la Madre, como lo fueron los enemigos del Hijo.  Finalmente vence la piadosa porfía de la Virgen y pareció a aquella noble gente, según eran grandes sus gemidos, que sería mayor crueldad quitarle el hijo que quitarle la vida, y así se lo hubieron de entregar.

Pues cuando la Virgen lo tuvo en sus brazos ¿qué lengua podría explicar lo que sintió? Angeles de paz, llorad con esta Sagrada Virgen, llorad cielos, llorad estrellas del cielo y todas las criaturas del mundo acompañad el llanto de María. Abrázase la madre con el cuerpo despedazado Virgen y pareció a aquella noble gente, según eran grandes sus gemidos, que sería mayor crueldad quitarle el hijo que quitarle la vida, y así se lo hubieron de entregar., apriétale fuertemente en sus pechos (para esto sólo le quedan fuerzas), mete su cara entre las espinas de la sagrada cabeza, júntase rostro con rostro, tiñese la cara de la madre con la sangre del Hijo, y riégase la del Hijo con las lágrimas de la madre"
Fray Luis de Granada

viernes, 25 de marzo de 2016

¡No fue la muerte sino el amor el que nos ha salvado! El Papa Francisco preside la celebración de la Pasión del Señor

"Hay una sola cosa que puede salvar realmente el mundo, ¡la misericordia!" Lo aseguró el predicador de la Casa Pontificia, p. Raniero Cantalamessa la tarde del Viernes Santo en presencia del Papa Francisco durante la celebración de la Pasión del Señor en la Basílica de San Pedro, subrayando que el año de la misericordia es "la oportunidad de oro" para sacar a la luz la verdadera imagen del Dios bíblico, que no sólo tiene misericordia, sino que es misericordia. 
"¡Dios hace justicia, siendo misericordioso! Ésta es la gran revelación", aseguró el fraile capuchino subrayando que la Escritura explica claramente el concepto de ‘justicia de Dios’…  "Cuando se ha manifestado la bondad de Dios y de su amor por los hombres, Él nos ha salvado, no en virtud de las obras de justicia cumplidas por nosotros, sino por su misericordia".
"¿Qué sucedió en la cruz tan importante al punto de justificar este cambio radical en los destinos de la humanidad?", se preguntó más adelante el p. Cantalamessa, recordando que en su libro sobre Jesús de Nazaret, Benedicto XVI escribió: "La injusticia, el mal como realidad no puede simplemente ser ignorada, dejado de lado. Tiene que ser descargado, vencido. Ésta es la verdadera misericordia. Y que ahora, visto que los hombres no son capaces, lo haga el mismo Dios – ésta es la bondad incondicional de Dios". "Dios no se ha contentado de perdonar los pecados del hombre; ha hecho infinitamente más, los ha tomado sobre sí y se los ha endosado".

"Ya en la Edad Media había quien tenía dificultad en creer que Dios exigiese la muerte del Hijo para reconciliar el mundo así. San Bernardo le respondía: ‘No fue la muerte del Hijo que le gustó a Dios, mas bien su voluntad de morir espontáneamente por nosotros’: ‘Non mors placuit sed voluntas sponte morientis’. ¡No fue la muerte por lo tanto, sino el amor el que nos ha salvado!". Más adelante el predicador de la Casa Pontificia se detuvo a meditar sobre el odio y la brutalidad de los ataques terroristas en Bruselas que "nos ayudan a entender la fuerza divina contenida en las últimas palabras de Cristo: ‘Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen’". "Por grande que sea el odio de los hombres, el amor de Dios ha sido, y será, siempre más fuerte. A nosotros está dirigida, en las actuales circunstancias, la exhortación del apóstol Pablo: ‘No te dejes vencer  por el mal antes bien, vence al mal con el bien’". "Hay una sola cosa que puede salvar realmente el mundo, ¡la misericordia! La misericordia de Dios por los hombres y de los hombres entre ellos. Esa puede salvar, en particular, la cosa más preciosa y más frágil que hay en este momento, en el mundo, el matrimonio y la familia". El p. Cantalamessa finalizó su predicación pidiendo rezar al Padre Celeste, "por los méritos del Hijo tuyo que en la cruz ‘se hizo pecado’ por nosotros", para que haga "caer del corazón de las personas, de las familias y de los pueblos, el deseo de venganza" y nos haga "enamorar de la misericordia".

(RC-RV)

Los relatos evangélicos de la Pasión. "Los antiguos relatos no son morbosos, inciden más en los resultados, la resurrección"

La meditación de la Pasión del Señor es una práctica de la piedad cristiana, provechosa en todo tiempo pero muy especialmente en el llamado precisamente de Pasión. Sin embargo, el lector moderno puede sentirse decepcionado al leer los relatos evangélicos, porque su enfoque no coincide con el de los evangelistas.
El lector moderno está acostumbrado a los relatos y las imágenes de desgracias o de crímenes que difunden los medios de comunicación, relatos sensacionalistas y truculentos, y esperaría algo por el estilo en los evangelios de la Pasión. Incluso sin morbosidad, por devoción, el lector cristiano quisiera conocer los detalles de los sufrimientos de nuestro Redentor, y no los encuentra en los evangelios. Busca entonces comentarios históricos que los describan, pero no bastan.
Hay que situarse en el punto de vista de los apóstoles y los evangelistas y en la actitud de la primera generación cristiana. No tenían necesidad de que les explicaran en qué consistía la ejecución de la pena de crucifixión. Podían imaginarse muy bien lo que le hicieron a Jesús, pero no consideraban decoroso explicitarlo, ni con palabras ni con imágenes. La representación tal vez más antigua de Jesús en la cruz es un relieve de talla de madera en la puerta de la basílica de Santa Sabina, en Roma, del siglo V. Los cristianos no se atrevieron a representar al crucificado hasta que, cristianizado el imperio, la cruz era una joya en la corona de los emperadores. Antes, representaban la pasión y resurrección con simbolismos bíblicos, como Jonás saliendo del vientre de la ballena, o Daniel en el foso de los leones.

Lo que urgía a los primeros predicadores cristianos, ante el hecho histórico de todos conocido de la muerte en cruz del Señor, no era describir cómo se realizó, sino proclamar que después había resucitado, y que aquella muerte no fue un fallo en el plan divino de salvación, sino que estaba previsto y anunciado en las Escrituras. Así se expresa en el kerygma, el núcleo sintético de la buena noticia, tal como se lee en la predicación de Pedro y Pablo en los Hechos de los Apóstoles, o en las cartas paulinas; por ejemplo, 1 Corintios 15,3-4: "Cristo murió por nuestros pecados, como decían ya las Escrituras, y fue sepultado, y resucitó al tercer día, como decían ya las Escrituras".

Así, en los relatos evangélicos de la Pasión no se describen con todos los pormenores las torturas que le aplicaron (que es lo que el lector moderno espera), sino tan solo aquellos detalles que se podían encontrar anunciados en las Escrituras, principalmente en los cantos del Siervo de Yahvé, de la segunda parte del libro de Isaías, y en algunos pasajes de los salmos del justo sufriente: que todos lo abandonaron, que fue contado entre los malhechores, que los soldados se repartieron sus vestidos y echaron suerte sobre su túnica, o que no le rompieron ningún hueso. Detalles todos que no son los que más interesan al lector actual.
Lo más importante de los relatos de la Pasión es el final: que terminan con la proclamación de la Resurrección. Los evangelistas no cayeron en la trampa de presentar a Jesús resucitando, sino resucitado. Desde el día de Pascua los apóstoles proclaman que el crucificado vive, y que les hace vivir a ellos con una vida nueva.

Sabemos que antes de la redacción de los cuatro evangelios canónicos circularon algunos primeros escritos, como por ejemplo colecciones de parábolas, o de disputas con los rabinos y fariseos, o de sentencias pronunciadas por el Maestro en distintas ocasiones y agrupadas en forma fácil de memorizar. Pero seguramente no existió nunca un relato de la Pasión sola, que no terminara y culminara en la Resurrección.
Nosotros estamos acostumbrados a la lectura litúrgica, que en la Semana Santa quiere seguir día por día y casi hora por hora lo que entonces sucedió, y así el Viernes Santo se lee la Pasión hasta la sepultura, y hasta la vigilia del domingo de Pascua no se continúa con la Resurrección, pero en los evangelios no se separaban.
El Cristo Majestad de las pinturas románicas expresa una visión de fe cuando, a diferencia de las imágenes góticas y sobre todo barrocas, hiperrealistas, vela (sin negarlos) los detalles cruentos y presenta a Jesucristo reinando desde la cruz, con corona no de espinas sino de rey, con manto real, y a veces hasta con casulla sacerdotal. Aquellos artistas, y los fieles que contemplaban sus obras, no desconocían la realidad de los sufrimientos del Redentor, pero por encima de lo que la visión material ofrecía, se elevaban a una visión de fe sobre el porqué y el final de la Pasión.
El relato de la Pasión según Juan abunda en esta visión de fe. No oculta la realidad material, pero presenta a Jesús glorioso en la Pasión y hasta en la cruz. La escena de Getsemaní, más que un prendimiento, en Juan es una entrega voluntaria, después de hacer retroceder a los que iban a prenderle. Ante Pilatos, se comporta con la mayor dignidad, como si fuera él quien juzga al gobernador romano. Desde la cruz, toma sus disposiciones sobre su madre y el discípulo, dice que todo se ha cumplido y, cuando quiere, "entrega el espíritu": exhala su último aliento, o sea, muere, pero a la vez Juan sugiere que desde la cruz emite el Espíritu, que da la verdadera vida. En los evangelios sinópticos, el reino de Dios se establecerá plenamente en el fin del mundo, con la segunda venida de Jesucristo. En las cartas paulinas, se da ya en este mundo, en la Iglesia. En Juan, en la cruz.
(Hilari Rager).

Viernes Santo: La fuerza de Dios


EL SECRETO DE SABER RESISTIR
Si has llegado al límite de tus fuerzas,
si te acosan las circunstancias negativas
si te cercan noticias adversas,
si tu mente te anticipa un resultado fatal,
si crees que no hay remedio, si te asalta la tentación de la desesperanza,
si cuanto sucede se opone a tu deseo,


EN ESA ENCRUCIJADA, TE RECOMIENDO:
Mira a Jesucristo en Getsemaní,
observa los movimientos del Maestro.
Fíjate que en su angustia se puso a orar.
Descubre el secreto de la fuerza de Jesús, su relación.
No te duermas para evadirte del problema.
No huyas ante la adversidad.
Contempla la reacción de quien sabemos que triunfó de la muerte.
OBSERVA LA ESCENA
- Jesús, en su angustia, acudió a su Padre.
- En medio de la noche recurrió a los suyos, pero no le acompañaron.
- En el silencio podemos escuchar las palabras más auténticas que pronunció:
“Abbá, que no se haga lo que yo quiero, sino lo que Tú quieres”, palabras que anticipan las que pronunció en la Cruz: “Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu”.
- Jesús se levanta, no hace violencia.
- Jesús se fía de su Padre.
- Jesús se entrega al misterio de la voluntad divina
- Jesús intercede por sus amigos.
PROPUESTA
Necesitamos confiar.
Necesitamos abandonarnos, como Jesús, en manos de Dios.
Necesitamos dar fe a la Palabra divina, que nos asegura su fuerza.
Necesitamos creer en la Providencia
Necesitamos asociarnos a Jesucristo.
Necesitamos atrevernos a pronunciar: “Hágase tu voluntad”.
Necesitamos sabernos mirados, acompañados, amados por Dios.

 Ángel Moreno de Buenafuente

VIERNES SANTO «EL VALOR DE LA SANGRE DE CRISTO»


¿Quieres saber el valor de la sangre de Cristo? Remontémonos a las figuras que la profetizaron y recorramos las antiguas Escrituras. Inmolad —dice Moisés— un cordero de un año; tomad su sangre y rociad las dos jambas y el dintel de la casa. «¿Qué dices, Moisés? La sangre de un cordero irracional, ¿puede salvar a los hombres dotados de razón?» «Sin duda —responde Moisés—: no porque se trate de sangre, sino porque en esta sangre se contiene una profecía de la sangre del Señor.» Si hoy, pues, el enemigo, en lugar de ver las puertas rociadas con sangre simbólica, ve brillar en los labios de los fieles, puertas de los templos de Cristo, la sangre del verdadero Cordero, huirá todavía más lejos. ¿Deseas descubrir aún por otro medio el valor de esta sangre? Mira de dónde brotó y cuál sea su fuente. Empezó a brotar de la misma cruz y su fuente fue el costado del Señor. 

Pues muerto ya el Señor, dice el Evangelio, uno de los soldados se acercó con la lanza y le traspasó el costado, y al punto salió agua y sangre: agua, como símbolo del bautismo; sangre, como figura de la eucaristía. El soldado le traspasó el costado, abrió una brecha en el muro del templo santo, y yo encuentro el tesoro escondido y me alegro con la riqueza hallada. Esto fue lo que ocurrió con el cordero: los judíos sacrificaron el cordero, y yo recibo el fruto del sacrificio. Del costado salió sangre y agua. No quiero, amable oyente, que pases con indiferencia ante tan gran misterio pues me falta explicarte aún otra interpretación mística.

He dicho que esta agua y esta sangre eran símbolos del bautismo y de la eucaristía. Pues bien, con estos dos sacramentos se edifica la Iglesia: con el agua de la regeneración y con la renovación del Espíritu Santo, es decir, con el bautismo y la eucaristía, que han brotado ambas del costado. Del costado de Jesús se formó, pues, la Iglesia, como del costado de Adán fue formada Eva. Por esta misma razón, afirma san Pablo: Somos miembros de su cuerpo, formados de sus huesos, aludiendo ello al costado de Cristo. Pues del mismo modo que hizo a la mujer del costado de Adán, de igual manera Jesucristo nos dio el agua y la sangre salida de su costado para edificar la Iglesia.

Y de la misma manera que entonces Dios tomó la costilla de Adán, mientras éste dormía así también nos dio el agua y la sangre después que Cristo hubo muerto. Mirad de qué manera Cristo se ha unido a su esposa, considerad con qué alimento la nutre. Con un mismo alimento hemos nacido y nos alimentamos. De la misma manera que la mujer se siente impulsada por su misma naturaleza a alimentar con su propia sangre y con leche a aquel a quien ha dado a luz, así también Cristo alimenta siempre con su sangre

De las catequesis de san Juan Crisóstomo, obispo
(Catequesis 3, 13-19: SC 50, 174-177)

Fuente: News.va

Jueves Santo: Memoria de Jesús, amor concreto


"Acoger, servir, enseñar a los demás, procurar su dignidad"

Jueves Santo es el día de la Memoria de Dios, que se ha hecho presente en Jesús, aquel que habiendo amado a los suyos les amó hasta el extremo, es decir, hasta el fin, como dice Jn 13, 1. Así lo recoge la liturgia de este día, centrada en tres signos:

Primera memoria: Lavatorio de pies, servir a los demás. No es sólo acogerles en casa y enseñarles (en la línea de la tercera obra de misericordia de Mt 25, 31-36: acoger al extranjero, vestir al desnudo), sino también servirles, para que así puedan estar limpios, con vestido digno, esto es, con dignidad. Cuando estos días nos llegan las imágenes de las mil pateras perdidas en los mares, con el barrizal de Idoumene, recordamos lo que significa acoger, lavar los pies, la memoria de Jesús...

Segunda memoria: Cena fraterna... Esto es mi Cuerpo... Lavados los pies, acogidos en casa, los hermanos pueden comer... como hace Jesús con sus amigos, abriendo una mesa que empieza siendo de Doce, porque doce son todo el mundo, todas las tribus de Israel y de la tierra. Este día recordamos algo muy especial: La comida ha de ser de pan y vino, es decir, de alimentos materiales...(conforme a las dos primeras obras de misericordia de Mt 25, 31-46: Dar de comer, dar de beber...).Pero Jesús añade algo todavía más especial, que tendemos a olvidar: Sólo podemos dar de comer dando algo que es nuestro, nuestro propio cuerpo, nuestra propia vida. No podemos cenar Jesús, con Jesús, como Jesús si no convertimos nuestro cuerpo y nuestra sangre en comida para los demás.

Tercera memoria: Haced esto en memoria de mí, los hombres y mujeres del recuerdo... Es decir, lavaos los pies, acoger a los demás, dar de comer. Conforme a la tradición de la Iglesia, instituyendo la acogida (lavatorio de pies) y la comida fraterna (dar de comer, el propio cuerpo), Jesús instituyó la nueva gran función cristiana: Los hombres y mujeres de la memoria..., aquellos que mantienen vivo, de un modo especial, el recuerdo y la tarea de Jesús.

Esos hombres y mujeres de la memoria son en un sentido los presbíteros y obispos, pero lo son, de un modo aún más directo todos aquellos que acogen y visten, que lavan, cuidan y alimentan a los demás, realizando así la tarea de Dios sobre la tierra. Para leer el artículo completo, pinche aquí.

(Xabier Pikaza Ibarrondo).- 

Simón de Cirene. "Acompañante del dolor del mundo"


"Simón es joven y viejo, mujer y varón, sabio e ignorante, del norte y del sur, famoso y desconocido"

El hombre venía desde su cuna arrastrando una vida laboriosa. Labraba la tierra. Primero la acariciaba preparándola para la siembra. Después tiraba en los surcos la semilla que se iba a convertir en pan. Y esperaba. Cada luna nueva salía a contemplar el milagro de la vida: nacían los brotes así como le nacían los hijos. El los trataba con igual ternura. Todo era sangre de su sangre. Abrazaba a su mujer como hubiera querido abrazar el mundo entero, todo el espacio planetario, con sus montes altos y sus valles verdes. Para él todo era divino.

Pero la tarde en que regresaba, contento de su oficio de labrador, se vio obligado a ayudar a un condenado a muerte: los soldados lo empujaron, lo marcaron y le pusieron sobre sus espaldas anchas la cruz que el hombre que iba a morir ya no podía sostener.
Simón de Cirene se convirtió así en acompañante del dolor del mundo.
El hombre que iba a ser crucificado le agradeció desde el fondo de su alma humillada y de su cuerpo roturado ese gesto solidario: al comienzo fue de contratiempo para el labriego, y en el camino al Calvario, descubrió que ayudar a un hombre era más importante que roturar la tierra.
Porque el crecimiento de los trigos los da Dios por medio de los soles y las lluvias. Pero la ayuda a un martirizado la da el hombre. En eso se juega el honor de ser persona.
Desde entonces, Simón no conoció jamás el descanso. El hombre de la cruz le dio, en agradecimiento, el don de tener siempre un corazón solidario.
Desde entonces, anda por todos los caminos de la tierra, lanzando semillas de esperanza. No hay dolor en el mundo que no tenga la solidaridad de un Cireneo.
Los que entran a la mar en busca de Lampedusa, los que tratan de esquivar los muros fronterizos, los que deben abandonar su tierra, su cielo y su cultura, los que son rechazados por el sistema que cobija dictaduras y ampara a los depredadores de gentes y paisajes, los que son mirados con sospecha o con burla porque pertenecen a minorías religiosas, sexuales, culturales...pueden encontrar un Cireneo
Desde entonces, Simón no tiene patria, ni religión, ni condición social, política o cultural. Tampoco tiene edad ni nombre propio: una vez se llamó Antonio Montesinos, otras veces Teresa de Calcuta. En ocasiones ha sido estrella de cine y en otras aparece como médico de pueblos pobres. Se ha contagiado con el ébola en Africa y siempre resucita convertido en vecino solidario, en mujer que recoge como suyos los hijos de la calle. Vive en todas las fronteras donde los comensales de la gran mesa de los opulentos dejan arrinconados a los que tienen hambre. Visita a los encarcelados y acompaña los funerales de los que mueren solos.
Todos los que tienen ojos para ver y oídos para escuchar pueden dar testimonio de este labriego convertido en hermano. En nuestros países latinoamericanos y del Caribe se le ha visto recorrer las calles, entrar en los tugurios, abrazar a los enfermos, defender a los que la injusticia institucionalizada de nuestras democracias formales persigue y condena.
Simón es joven y viejo, es mujer y varón, es sabio e ignorante, es del norte y del sur, es famoso y desconocido.
Y como no piensa en sus intereses sino en la vida de los demás, hasta se le puede haber olvidado que ese don de la solidaridad se lo debe a un hombre que una vez encontró en su camino: fue cuando volvía del campo y unos soldados lo cargaron con la cruz del condenado a muerte.

(Agustín Cabré).

Jesús crucificado: denuncia sí, venganza no. "El modo de vivir y de morir de Jesús es una denuncia frente a toda opresión"

A lo largo del Antiguo Testamento encontramos textos que pueden considerarse una profecía de lo que siglos más tarde se manifestará en la crucifixión de Cristo.

Según el libro de la Sabiduría (2,12-22), el justo, con su modo de vivir, y aunque no lo pretenda, es una denuncia para los impíos. Al ver la vida del justo, los impíos tienen una experiencia de contraste y esta experiencia no les gusta, porque, en cierto modo, es una crítica de su modo de vivir, de pensar y de obrar. Entonces, añade el libro de la Sabiduría, los impíos someten al justo a la prueba de la afrenta y la tortura, para ver hasta dónde llega su paciencia y moderación y comprobar si Dios está con él. Según los impíos la prueba de que Dios está con el justo es que le librará de sus enemigos y del poder de la muerte. Algo parecido ocurrió al pié de la cruz, cuando los enemigos de Jesús le provocan diciéndole que pida a Dios que le salve de la cruz, porque esa será la prueba de que Dios es su Padre.
Por su parte, el libro de Jeremías (11,18-20) se refiere al cordero manso que es llevado al matadero. Pero en los versículos citados se manifiestan los límites del Antiguo Testamento, pues el manso cordero sacrificado, tras encomendarse a Dios que juzga rectamente, pide la venganza contra sus enemigos.
Esta última actitud no es de Jesús de Nazaret. Al contrario, en la cruz, Jesús invoca a su Padre pidiendo el perdón y la misericordia para aquellos que le crucifican. Así se comprenden las palabras que en cada Eucaristía el sacerdote pronuncia sobre la copa: esta es la sangre de la nueva alianza derramada por todos los hombres para el perdón de los pecados. "Por todos", o sea, también por los que le crucifican, porque si no, no estarían todos.

El modo de vivir y de morir de Jesús es una denuncia frente a toda opresión, toda maldad, todo lo que atenta contra la dignidad y el bien de las personas. En este sentido Jesús nos llama a todos a la conversión. Pero esta denuncia, en Jesús, nunca se traduce como venganza, porque si así fuera resultaría incoherente con el Dios de perdón y misericordia que colmaba su vida, que él anunciaba y que él hacia presente.

La denuncia no es una amenaza, sino una invitación a la conversión, resultado de un testimonio de vida. Hay personas que son una fuerte llamada para quienes las observan, y que no dejan a nadie indiferente. Mientras unos se burlan de estas vidas, otros se convierten. Es exactamente lo que ocurrió al pié de la cruz: las autoridades judías se mofaban de Jesús, pero los soldados romanos que estaban vigilando el lugar, encabezados por su centurión (Mt 27,54), al ver su modo de morir (Mc 15,39), dijeron:"ciertamente este hombre era justo" (Lc 23,47).
Reconocer a Jesús como "justo" por su modo de vivir y de morir, es el paso que permite luego confesarle como "hijo de Dios" (que es la confesión ya desarrollada que ofrecen Mc 15,39 y Mt 27,54.


Martín Gelabert Ballester

jueves, 24 de marzo de 2016

El Papa pide a los curas, en la misa crismal, que sean "ministros de misericordia y consolación"

"Mantenernos siempre entre la digna vergüenza y una digniad que sabe avergonzarse"
Solemne misa crismal en la Basílica vaticana, presidida por el Papa, rodeado de cardenales y cientos de sacerdotes. A los sacerdotes, precisamente, les insta a ser "ministros de misericordia y de consolación" para cada persona, pero especialmente para "el pueblo descartado, multitud de personas pobres que se encuentran en esa situación, porque otros los oprimen"
Algunas frases de la homilía del Papa
"¿No eres tú el hijo de José, el carpintero?"
"Será signo de contradicción"
"Llamados a combatir contra el demonio, enemigo de la Humanidad"
"Jesús no combate para consolidar un espacio de poder"
"La misericordia sana, libera y proclama el año de gracia del Señor"
"La misericordia de nuestro Dios es inefable y siempre mayor"
"Una misericordia en camino, que busca cada día dar un paso adelante"
"Ésta fue la dinámica del buen samaritano que practicó la misericordia"
"Hacer un ejercicio con la memoria y descubrir la misericordia de Dios en nosotros"
"Y pedirle que haga un pequeño paso más"
"Para romper los esquemas estrechos en los que a veces encerramos la misericordia de su corazón"
"Como sacerdotes, somos testimonios y ministros de la misericordia cada vez mayor de nuestro Padre"
"Tenemos la obligación de encarnarla, como hizo Jesús"
"De mil maneras, para que llegue a todos"
"Contribuir a inculturarla, para que cada persona la reciba en su vida"
"Me gustaría hablarles de dos ámbitos en los que el Señor nos brinda su misericordia"
"Un ámbito es el del encuentro y el otro el de su perdón, que nos hace avergonzar y nos aporta dignidad"
"Dios, en cada encuentro, pasa de inmediato a celebrar una fiesta"
"Como en la parábola del Hijo pródigo"
"No debemos tener miedo de exagerar en nuetra acción de gracias"
"Como el leproso que vuelve a dar gracias a Jesús"
"La misericordia restaura todo y restituye a la persona a su dignidad original"
"Hay que ir pronto a la fiesta y dejar de lado el rencor del hijo mayor"
"¿Tras haberme confesado, festejo o paso a otra cosa?"
"¿Cuándo doy limosna, festejo la sonrisa del pobre o me voy rápidamente?"
"El otro ámbito es el del mismo perdón"
"El Señor deja que la pecadora perdonada le lave los pies con sus lágrimas"
"Nosotros, en cambio, tendemos a separar las cosas. Cuando nos avergonzamos del pecado, nos escondemos y andamos con la cabeza baja. Cuando somos elevados a cualquier dignidad, nos gusta pavonearnos"
"Mantenernos siempre entre la digna vergüenza y una digniad que sabe avergonzarse"
"El modelo que el Evangelio consagra es el de Pedro"
"La dignidad que sabe avergonzarse"
"Es el pueblo residual y descartado el que el Señor transforma en pueblo sacerdotal"
"Como sacerdotes nos identificamos con el pueblo descartado"
"Multitud de personas pobres que se encuentran en esa situación, porque otros los oprimen"
"Un exceso de teología y de complicación"
"Un exceso de espiritualidad superficial y light"
"Prisioneros de una mundanidad virtual que se abre y se cierra con un simple clic"
"Jesús viene a rescatarnos, a hacernos salir"
"Ministros de misericordia y consolación"
"La misericordia de la carne herida de nuestro Señor Jesucristo"

(José M. Vidal)