viernes, 25 de marzo de 2016

¡No fue la muerte sino el amor el que nos ha salvado! El Papa Francisco preside la celebración de la Pasión del Señor

"Hay una sola cosa que puede salvar realmente el mundo, ¡la misericordia!" Lo aseguró el predicador de la Casa Pontificia, p. Raniero Cantalamessa la tarde del Viernes Santo en presencia del Papa Francisco durante la celebración de la Pasión del Señor en la Basílica de San Pedro, subrayando que el año de la misericordia es "la oportunidad de oro" para sacar a la luz la verdadera imagen del Dios bíblico, que no sólo tiene misericordia, sino que es misericordia. 
"¡Dios hace justicia, siendo misericordioso! Ésta es la gran revelación", aseguró el fraile capuchino subrayando que la Escritura explica claramente el concepto de ‘justicia de Dios’…  "Cuando se ha manifestado la bondad de Dios y de su amor por los hombres, Él nos ha salvado, no en virtud de las obras de justicia cumplidas por nosotros, sino por su misericordia".
"¿Qué sucedió en la cruz tan importante al punto de justificar este cambio radical en los destinos de la humanidad?", se preguntó más adelante el p. Cantalamessa, recordando que en su libro sobre Jesús de Nazaret, Benedicto XVI escribió: "La injusticia, el mal como realidad no puede simplemente ser ignorada, dejado de lado. Tiene que ser descargado, vencido. Ésta es la verdadera misericordia. Y que ahora, visto que los hombres no son capaces, lo haga el mismo Dios – ésta es la bondad incondicional de Dios". "Dios no se ha contentado de perdonar los pecados del hombre; ha hecho infinitamente más, los ha tomado sobre sí y se los ha endosado".

"Ya en la Edad Media había quien tenía dificultad en creer que Dios exigiese la muerte del Hijo para reconciliar el mundo así. San Bernardo le respondía: ‘No fue la muerte del Hijo que le gustó a Dios, mas bien su voluntad de morir espontáneamente por nosotros’: ‘Non mors placuit sed voluntas sponte morientis’. ¡No fue la muerte por lo tanto, sino el amor el que nos ha salvado!". Más adelante el predicador de la Casa Pontificia se detuvo a meditar sobre el odio y la brutalidad de los ataques terroristas en Bruselas que "nos ayudan a entender la fuerza divina contenida en las últimas palabras de Cristo: ‘Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen’". "Por grande que sea el odio de los hombres, el amor de Dios ha sido, y será, siempre más fuerte. A nosotros está dirigida, en las actuales circunstancias, la exhortación del apóstol Pablo: ‘No te dejes vencer  por el mal antes bien, vence al mal con el bien’". "Hay una sola cosa que puede salvar realmente el mundo, ¡la misericordia! La misericordia de Dios por los hombres y de los hombres entre ellos. Esa puede salvar, en particular, la cosa más preciosa y más frágil que hay en este momento, en el mundo, el matrimonio y la familia". El p. Cantalamessa finalizó su predicación pidiendo rezar al Padre Celeste, "por los méritos del Hijo tuyo que en la cruz ‘se hizo pecado’ por nosotros", para que haga "caer del corazón de las personas, de las familias y de los pueblos, el deseo de venganza" y nos haga "enamorar de la misericordia".

(RC-RV)

Los relatos evangélicos de la Pasión. "Los antiguos relatos no son morbosos, inciden más en los resultados, la resurrección"

La meditación de la Pasión del Señor es una práctica de la piedad cristiana, provechosa en todo tiempo pero muy especialmente en el llamado precisamente de Pasión. Sin embargo, el lector moderno puede sentirse decepcionado al leer los relatos evangélicos, porque su enfoque no coincide con el de los evangelistas.
El lector moderno está acostumbrado a los relatos y las imágenes de desgracias o de crímenes que difunden los medios de comunicación, relatos sensacionalistas y truculentos, y esperaría algo por el estilo en los evangelios de la Pasión. Incluso sin morbosidad, por devoción, el lector cristiano quisiera conocer los detalles de los sufrimientos de nuestro Redentor, y no los encuentra en los evangelios. Busca entonces comentarios históricos que los describan, pero no bastan.
Hay que situarse en el punto de vista de los apóstoles y los evangelistas y en la actitud de la primera generación cristiana. No tenían necesidad de que les explicaran en qué consistía la ejecución de la pena de crucifixión. Podían imaginarse muy bien lo que le hicieron a Jesús, pero no consideraban decoroso explicitarlo, ni con palabras ni con imágenes. La representación tal vez más antigua de Jesús en la cruz es un relieve de talla de madera en la puerta de la basílica de Santa Sabina, en Roma, del siglo V. Los cristianos no se atrevieron a representar al crucificado hasta que, cristianizado el imperio, la cruz era una joya en la corona de los emperadores. Antes, representaban la pasión y resurrección con simbolismos bíblicos, como Jonás saliendo del vientre de la ballena, o Daniel en el foso de los leones.

Lo que urgía a los primeros predicadores cristianos, ante el hecho histórico de todos conocido de la muerte en cruz del Señor, no era describir cómo se realizó, sino proclamar que después había resucitado, y que aquella muerte no fue un fallo en el plan divino de salvación, sino que estaba previsto y anunciado en las Escrituras. Así se expresa en el kerygma, el núcleo sintético de la buena noticia, tal como se lee en la predicación de Pedro y Pablo en los Hechos de los Apóstoles, o en las cartas paulinas; por ejemplo, 1 Corintios 15,3-4: "Cristo murió por nuestros pecados, como decían ya las Escrituras, y fue sepultado, y resucitó al tercer día, como decían ya las Escrituras".

Así, en los relatos evangélicos de la Pasión no se describen con todos los pormenores las torturas que le aplicaron (que es lo que el lector moderno espera), sino tan solo aquellos detalles que se podían encontrar anunciados en las Escrituras, principalmente en los cantos del Siervo de Yahvé, de la segunda parte del libro de Isaías, y en algunos pasajes de los salmos del justo sufriente: que todos lo abandonaron, que fue contado entre los malhechores, que los soldados se repartieron sus vestidos y echaron suerte sobre su túnica, o que no le rompieron ningún hueso. Detalles todos que no son los que más interesan al lector actual.
Lo más importante de los relatos de la Pasión es el final: que terminan con la proclamación de la Resurrección. Los evangelistas no cayeron en la trampa de presentar a Jesús resucitando, sino resucitado. Desde el día de Pascua los apóstoles proclaman que el crucificado vive, y que les hace vivir a ellos con una vida nueva.

Sabemos que antes de la redacción de los cuatro evangelios canónicos circularon algunos primeros escritos, como por ejemplo colecciones de parábolas, o de disputas con los rabinos y fariseos, o de sentencias pronunciadas por el Maestro en distintas ocasiones y agrupadas en forma fácil de memorizar. Pero seguramente no existió nunca un relato de la Pasión sola, que no terminara y culminara en la Resurrección.
Nosotros estamos acostumbrados a la lectura litúrgica, que en la Semana Santa quiere seguir día por día y casi hora por hora lo que entonces sucedió, y así el Viernes Santo se lee la Pasión hasta la sepultura, y hasta la vigilia del domingo de Pascua no se continúa con la Resurrección, pero en los evangelios no se separaban.
El Cristo Majestad de las pinturas románicas expresa una visión de fe cuando, a diferencia de las imágenes góticas y sobre todo barrocas, hiperrealistas, vela (sin negarlos) los detalles cruentos y presenta a Jesucristo reinando desde la cruz, con corona no de espinas sino de rey, con manto real, y a veces hasta con casulla sacerdotal. Aquellos artistas, y los fieles que contemplaban sus obras, no desconocían la realidad de los sufrimientos del Redentor, pero por encima de lo que la visión material ofrecía, se elevaban a una visión de fe sobre el porqué y el final de la Pasión.
El relato de la Pasión según Juan abunda en esta visión de fe. No oculta la realidad material, pero presenta a Jesús glorioso en la Pasión y hasta en la cruz. La escena de Getsemaní, más que un prendimiento, en Juan es una entrega voluntaria, después de hacer retroceder a los que iban a prenderle. Ante Pilatos, se comporta con la mayor dignidad, como si fuera él quien juzga al gobernador romano. Desde la cruz, toma sus disposiciones sobre su madre y el discípulo, dice que todo se ha cumplido y, cuando quiere, "entrega el espíritu": exhala su último aliento, o sea, muere, pero a la vez Juan sugiere que desde la cruz emite el Espíritu, que da la verdadera vida. En los evangelios sinópticos, el reino de Dios se establecerá plenamente en el fin del mundo, con la segunda venida de Jesucristo. En las cartas paulinas, se da ya en este mundo, en la Iglesia. En Juan, en la cruz.
(Hilari Rager).

Viernes Santo: La fuerza de Dios


EL SECRETO DE SABER RESISTIR
Si has llegado al límite de tus fuerzas,
si te acosan las circunstancias negativas
si te cercan noticias adversas,
si tu mente te anticipa un resultado fatal,
si crees que no hay remedio, si te asalta la tentación de la desesperanza,
si cuanto sucede se opone a tu deseo,


EN ESA ENCRUCIJADA, TE RECOMIENDO:
Mira a Jesucristo en Getsemaní,
observa los movimientos del Maestro.
Fíjate que en su angustia se puso a orar.
Descubre el secreto de la fuerza de Jesús, su relación.
No te duermas para evadirte del problema.
No huyas ante la adversidad.
Contempla la reacción de quien sabemos que triunfó de la muerte.
OBSERVA LA ESCENA
- Jesús, en su angustia, acudió a su Padre.
- En medio de la noche recurrió a los suyos, pero no le acompañaron.
- En el silencio podemos escuchar las palabras más auténticas que pronunció:
“Abbá, que no se haga lo que yo quiero, sino lo que Tú quieres”, palabras que anticipan las que pronunció en la Cruz: “Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu”.
- Jesús se levanta, no hace violencia.
- Jesús se fía de su Padre.
- Jesús se entrega al misterio de la voluntad divina
- Jesús intercede por sus amigos.
PROPUESTA
Necesitamos confiar.
Necesitamos abandonarnos, como Jesús, en manos de Dios.
Necesitamos dar fe a la Palabra divina, que nos asegura su fuerza.
Necesitamos creer en la Providencia
Necesitamos asociarnos a Jesucristo.
Necesitamos atrevernos a pronunciar: “Hágase tu voluntad”.
Necesitamos sabernos mirados, acompañados, amados por Dios.

 Ángel Moreno de Buenafuente

VIERNES SANTO «EL VALOR DE LA SANGRE DE CRISTO»


¿Quieres saber el valor de la sangre de Cristo? Remontémonos a las figuras que la profetizaron y recorramos las antiguas Escrituras. Inmolad —dice Moisés— un cordero de un año; tomad su sangre y rociad las dos jambas y el dintel de la casa. «¿Qué dices, Moisés? La sangre de un cordero irracional, ¿puede salvar a los hombres dotados de razón?» «Sin duda —responde Moisés—: no porque se trate de sangre, sino porque en esta sangre se contiene una profecía de la sangre del Señor.» Si hoy, pues, el enemigo, en lugar de ver las puertas rociadas con sangre simbólica, ve brillar en los labios de los fieles, puertas de los templos de Cristo, la sangre del verdadero Cordero, huirá todavía más lejos. ¿Deseas descubrir aún por otro medio el valor de esta sangre? Mira de dónde brotó y cuál sea su fuente. Empezó a brotar de la misma cruz y su fuente fue el costado del Señor. 

Pues muerto ya el Señor, dice el Evangelio, uno de los soldados se acercó con la lanza y le traspasó el costado, y al punto salió agua y sangre: agua, como símbolo del bautismo; sangre, como figura de la eucaristía. El soldado le traspasó el costado, abrió una brecha en el muro del templo santo, y yo encuentro el tesoro escondido y me alegro con la riqueza hallada. Esto fue lo que ocurrió con el cordero: los judíos sacrificaron el cordero, y yo recibo el fruto del sacrificio. Del costado salió sangre y agua. No quiero, amable oyente, que pases con indiferencia ante tan gran misterio pues me falta explicarte aún otra interpretación mística.

He dicho que esta agua y esta sangre eran símbolos del bautismo y de la eucaristía. Pues bien, con estos dos sacramentos se edifica la Iglesia: con el agua de la regeneración y con la renovación del Espíritu Santo, es decir, con el bautismo y la eucaristía, que han brotado ambas del costado. Del costado de Jesús se formó, pues, la Iglesia, como del costado de Adán fue formada Eva. Por esta misma razón, afirma san Pablo: Somos miembros de su cuerpo, formados de sus huesos, aludiendo ello al costado de Cristo. Pues del mismo modo que hizo a la mujer del costado de Adán, de igual manera Jesucristo nos dio el agua y la sangre salida de su costado para edificar la Iglesia.

Y de la misma manera que entonces Dios tomó la costilla de Adán, mientras éste dormía así también nos dio el agua y la sangre después que Cristo hubo muerto. Mirad de qué manera Cristo se ha unido a su esposa, considerad con qué alimento la nutre. Con un mismo alimento hemos nacido y nos alimentamos. De la misma manera que la mujer se siente impulsada por su misma naturaleza a alimentar con su propia sangre y con leche a aquel a quien ha dado a luz, así también Cristo alimenta siempre con su sangre

De las catequesis de san Juan Crisóstomo, obispo
(Catequesis 3, 13-19: SC 50, 174-177)

Fuente: News.va

Jueves Santo: Memoria de Jesús, amor concreto


"Acoger, servir, enseñar a los demás, procurar su dignidad"

Jueves Santo es el día de la Memoria de Dios, que se ha hecho presente en Jesús, aquel que habiendo amado a los suyos les amó hasta el extremo, es decir, hasta el fin, como dice Jn 13, 1. Así lo recoge la liturgia de este día, centrada en tres signos:

Primera memoria: Lavatorio de pies, servir a los demás. No es sólo acogerles en casa y enseñarles (en la línea de la tercera obra de misericordia de Mt 25, 31-36: acoger al extranjero, vestir al desnudo), sino también servirles, para que así puedan estar limpios, con vestido digno, esto es, con dignidad. Cuando estos días nos llegan las imágenes de las mil pateras perdidas en los mares, con el barrizal de Idoumene, recordamos lo que significa acoger, lavar los pies, la memoria de Jesús...

Segunda memoria: Cena fraterna... Esto es mi Cuerpo... Lavados los pies, acogidos en casa, los hermanos pueden comer... como hace Jesús con sus amigos, abriendo una mesa que empieza siendo de Doce, porque doce son todo el mundo, todas las tribus de Israel y de la tierra. Este día recordamos algo muy especial: La comida ha de ser de pan y vino, es decir, de alimentos materiales...(conforme a las dos primeras obras de misericordia de Mt 25, 31-46: Dar de comer, dar de beber...).Pero Jesús añade algo todavía más especial, que tendemos a olvidar: Sólo podemos dar de comer dando algo que es nuestro, nuestro propio cuerpo, nuestra propia vida. No podemos cenar Jesús, con Jesús, como Jesús si no convertimos nuestro cuerpo y nuestra sangre en comida para los demás.

Tercera memoria: Haced esto en memoria de mí, los hombres y mujeres del recuerdo... Es decir, lavaos los pies, acoger a los demás, dar de comer. Conforme a la tradición de la Iglesia, instituyendo la acogida (lavatorio de pies) y la comida fraterna (dar de comer, el propio cuerpo), Jesús instituyó la nueva gran función cristiana: Los hombres y mujeres de la memoria..., aquellos que mantienen vivo, de un modo especial, el recuerdo y la tarea de Jesús.

Esos hombres y mujeres de la memoria son en un sentido los presbíteros y obispos, pero lo son, de un modo aún más directo todos aquellos que acogen y visten, que lavan, cuidan y alimentan a los demás, realizando así la tarea de Dios sobre la tierra. Para leer el artículo completo, pinche aquí.

(Xabier Pikaza Ibarrondo).- 

Simón de Cirene. "Acompañante del dolor del mundo"


"Simón es joven y viejo, mujer y varón, sabio e ignorante, del norte y del sur, famoso y desconocido"

El hombre venía desde su cuna arrastrando una vida laboriosa. Labraba la tierra. Primero la acariciaba preparándola para la siembra. Después tiraba en los surcos la semilla que se iba a convertir en pan. Y esperaba. Cada luna nueva salía a contemplar el milagro de la vida: nacían los brotes así como le nacían los hijos. El los trataba con igual ternura. Todo era sangre de su sangre. Abrazaba a su mujer como hubiera querido abrazar el mundo entero, todo el espacio planetario, con sus montes altos y sus valles verdes. Para él todo era divino.

Pero la tarde en que regresaba, contento de su oficio de labrador, se vio obligado a ayudar a un condenado a muerte: los soldados lo empujaron, lo marcaron y le pusieron sobre sus espaldas anchas la cruz que el hombre que iba a morir ya no podía sostener.
Simón de Cirene se convirtió así en acompañante del dolor del mundo.
El hombre que iba a ser crucificado le agradeció desde el fondo de su alma humillada y de su cuerpo roturado ese gesto solidario: al comienzo fue de contratiempo para el labriego, y en el camino al Calvario, descubrió que ayudar a un hombre era más importante que roturar la tierra.
Porque el crecimiento de los trigos los da Dios por medio de los soles y las lluvias. Pero la ayuda a un martirizado la da el hombre. En eso se juega el honor de ser persona.
Desde entonces, Simón no conoció jamás el descanso. El hombre de la cruz le dio, en agradecimiento, el don de tener siempre un corazón solidario.
Desde entonces, anda por todos los caminos de la tierra, lanzando semillas de esperanza. No hay dolor en el mundo que no tenga la solidaridad de un Cireneo.
Los que entran a la mar en busca de Lampedusa, los que tratan de esquivar los muros fronterizos, los que deben abandonar su tierra, su cielo y su cultura, los que son rechazados por el sistema que cobija dictaduras y ampara a los depredadores de gentes y paisajes, los que son mirados con sospecha o con burla porque pertenecen a minorías religiosas, sexuales, culturales...pueden encontrar un Cireneo
Desde entonces, Simón no tiene patria, ni religión, ni condición social, política o cultural. Tampoco tiene edad ni nombre propio: una vez se llamó Antonio Montesinos, otras veces Teresa de Calcuta. En ocasiones ha sido estrella de cine y en otras aparece como médico de pueblos pobres. Se ha contagiado con el ébola en Africa y siempre resucita convertido en vecino solidario, en mujer que recoge como suyos los hijos de la calle. Vive en todas las fronteras donde los comensales de la gran mesa de los opulentos dejan arrinconados a los que tienen hambre. Visita a los encarcelados y acompaña los funerales de los que mueren solos.
Todos los que tienen ojos para ver y oídos para escuchar pueden dar testimonio de este labriego convertido en hermano. En nuestros países latinoamericanos y del Caribe se le ha visto recorrer las calles, entrar en los tugurios, abrazar a los enfermos, defender a los que la injusticia institucionalizada de nuestras democracias formales persigue y condena.
Simón es joven y viejo, es mujer y varón, es sabio e ignorante, es del norte y del sur, es famoso y desconocido.
Y como no piensa en sus intereses sino en la vida de los demás, hasta se le puede haber olvidado que ese don de la solidaridad se lo debe a un hombre que una vez encontró en su camino: fue cuando volvía del campo y unos soldados lo cargaron con la cruz del condenado a muerte.

(Agustín Cabré).

Jesús crucificado: denuncia sí, venganza no. "El modo de vivir y de morir de Jesús es una denuncia frente a toda opresión"

A lo largo del Antiguo Testamento encontramos textos que pueden considerarse una profecía de lo que siglos más tarde se manifestará en la crucifixión de Cristo.

Según el libro de la Sabiduría (2,12-22), el justo, con su modo de vivir, y aunque no lo pretenda, es una denuncia para los impíos. Al ver la vida del justo, los impíos tienen una experiencia de contraste y esta experiencia no les gusta, porque, en cierto modo, es una crítica de su modo de vivir, de pensar y de obrar. Entonces, añade el libro de la Sabiduría, los impíos someten al justo a la prueba de la afrenta y la tortura, para ver hasta dónde llega su paciencia y moderación y comprobar si Dios está con él. Según los impíos la prueba de que Dios está con el justo es que le librará de sus enemigos y del poder de la muerte. Algo parecido ocurrió al pié de la cruz, cuando los enemigos de Jesús le provocan diciéndole que pida a Dios que le salve de la cruz, porque esa será la prueba de que Dios es su Padre.
Por su parte, el libro de Jeremías (11,18-20) se refiere al cordero manso que es llevado al matadero. Pero en los versículos citados se manifiestan los límites del Antiguo Testamento, pues el manso cordero sacrificado, tras encomendarse a Dios que juzga rectamente, pide la venganza contra sus enemigos.
Esta última actitud no es de Jesús de Nazaret. Al contrario, en la cruz, Jesús invoca a su Padre pidiendo el perdón y la misericordia para aquellos que le crucifican. Así se comprenden las palabras que en cada Eucaristía el sacerdote pronuncia sobre la copa: esta es la sangre de la nueva alianza derramada por todos los hombres para el perdón de los pecados. "Por todos", o sea, también por los que le crucifican, porque si no, no estarían todos.

El modo de vivir y de morir de Jesús es una denuncia frente a toda opresión, toda maldad, todo lo que atenta contra la dignidad y el bien de las personas. En este sentido Jesús nos llama a todos a la conversión. Pero esta denuncia, en Jesús, nunca se traduce como venganza, porque si así fuera resultaría incoherente con el Dios de perdón y misericordia que colmaba su vida, que él anunciaba y que él hacia presente.

La denuncia no es una amenaza, sino una invitación a la conversión, resultado de un testimonio de vida. Hay personas que son una fuerte llamada para quienes las observan, y que no dejan a nadie indiferente. Mientras unos se burlan de estas vidas, otros se convierten. Es exactamente lo que ocurrió al pié de la cruz: las autoridades judías se mofaban de Jesús, pero los soldados romanos que estaban vigilando el lugar, encabezados por su centurión (Mt 27,54), al ver su modo de morir (Mc 15,39), dijeron:"ciertamente este hombre era justo" (Lc 23,47).
Reconocer a Jesús como "justo" por su modo de vivir y de morir, es el paso que permite luego confesarle como "hijo de Dios" (que es la confesión ya desarrollada que ofrecen Mc 15,39 y Mt 27,54.


Martín Gelabert Ballester

jueves, 24 de marzo de 2016

El Papa pide a los curas, en la misa crismal, que sean "ministros de misericordia y consolación"

"Mantenernos siempre entre la digna vergüenza y una digniad que sabe avergonzarse"
Solemne misa crismal en la Basílica vaticana, presidida por el Papa, rodeado de cardenales y cientos de sacerdotes. A los sacerdotes, precisamente, les insta a ser "ministros de misericordia y de consolación" para cada persona, pero especialmente para "el pueblo descartado, multitud de personas pobres que se encuentran en esa situación, porque otros los oprimen"
Algunas frases de la homilía del Papa
"¿No eres tú el hijo de José, el carpintero?"
"Será signo de contradicción"
"Llamados a combatir contra el demonio, enemigo de la Humanidad"
"Jesús no combate para consolidar un espacio de poder"
"La misericordia sana, libera y proclama el año de gracia del Señor"
"La misericordia de nuestro Dios es inefable y siempre mayor"
"Una misericordia en camino, que busca cada día dar un paso adelante"
"Ésta fue la dinámica del buen samaritano que practicó la misericordia"
"Hacer un ejercicio con la memoria y descubrir la misericordia de Dios en nosotros"
"Y pedirle que haga un pequeño paso más"
"Para romper los esquemas estrechos en los que a veces encerramos la misericordia de su corazón"
"Como sacerdotes, somos testimonios y ministros de la misericordia cada vez mayor de nuestro Padre"
"Tenemos la obligación de encarnarla, como hizo Jesús"
"De mil maneras, para que llegue a todos"
"Contribuir a inculturarla, para que cada persona la reciba en su vida"
"Me gustaría hablarles de dos ámbitos en los que el Señor nos brinda su misericordia"
"Un ámbito es el del encuentro y el otro el de su perdón, que nos hace avergonzar y nos aporta dignidad"
"Dios, en cada encuentro, pasa de inmediato a celebrar una fiesta"
"Como en la parábola del Hijo pródigo"
"No debemos tener miedo de exagerar en nuetra acción de gracias"
"Como el leproso que vuelve a dar gracias a Jesús"
"La misericordia restaura todo y restituye a la persona a su dignidad original"
"Hay que ir pronto a la fiesta y dejar de lado el rencor del hijo mayor"
"¿Tras haberme confesado, festejo o paso a otra cosa?"
"¿Cuándo doy limosna, festejo la sonrisa del pobre o me voy rápidamente?"
"El otro ámbito es el del mismo perdón"
"El Señor deja que la pecadora perdonada le lave los pies con sus lágrimas"
"Nosotros, en cambio, tendemos a separar las cosas. Cuando nos avergonzamos del pecado, nos escondemos y andamos con la cabeza baja. Cuando somos elevados a cualquier dignidad, nos gusta pavonearnos"
"Mantenernos siempre entre la digna vergüenza y una digniad que sabe avergonzarse"
"El modelo que el Evangelio consagra es el de Pedro"
"La dignidad que sabe avergonzarse"
"Es el pueblo residual y descartado el que el Señor transforma en pueblo sacerdotal"
"Como sacerdotes nos identificamos con el pueblo descartado"
"Multitud de personas pobres que se encuentran en esa situación, porque otros los oprimen"
"Un exceso de teología y de complicación"
"Un exceso de espiritualidad superficial y light"
"Prisioneros de una mundanidad virtual que se abre y se cierra con un simple clic"
"Jesús viene a rescatarnos, a hacernos salir"
"Ministros de misericordia y consolación"
"La misericordia de la carne herida de nuestro Señor Jesucristo"

(José M. Vidal)

Carlos Osoro: "'El 'arma' para cambiar este mundo es el amor"


El arzobispo de Madrid asegura que "la Iglesia no es enemiga del hombre"
El arzobispo de Madrid, monseñor Carlos Osoro, ha afirmado este miércoles que "la Iglesia no es enemiga del hombre" y que su labor, que "se manifiesta en régimen de libertad total, sin prohibiciones ni persecuciones", está dirigida a promover "el desarrollo integral del hombre".
Así lo ha explicado Osoro en su misiva dedicada a la Semana Santa, en la que ha indicado que el hombre "necesita de Dios", ya que un "desarrollo auténtico exige una visión trascendente de la persona". "Os invito a que contempléis a un Dios que enriquece plenamente al hombre", ha añadido en referencia a las celebraciones de esta semana.
El arzobispo ha explicado que la Iglesia "abre al hombre a la plenitud" y que "urge hacer ver a la humanidad la necesidad de la perspectiva de la vida eterna para no encerrar al ser humano en la historia". "En esta Semana Santa, recordad que el Bautismo fue la primera y fundamental relación vital entre la Pascua del Señor y nuestra Pascua", ha añadido.
En su carta, Osoro ha animado a los madrileños a descubrir "la riqueza" que trae Jesucristo. "El Domingo de Ramos descubríamos cómo entró en Jerusalén en un borrico que nadie había montado", explica. Este "detalle" de que "nadie lo había montado" significa que "Él viene sin la fuerza de la violencia, sin imposiciones", según el arzobispo.
Otro de los mensajes que traslada es que "el arma" para "cambiar este mundo" es el "amor". Osoro indica que Jesús "es insultado, ultrajado, azotado" y "el arma que Él utiliza" es el "su amor". "Atrevámonos a acoger ese amor", añade.

Osoro ha finalizado su carta pidiendo que "tengamos el atrevimiento de encontrarnos con Él para saber dónde está la fuente de la alegría". "Utilicemos el arma de su Amor", finaliza.(RD/Ep)
Misa crismal
El bonus odor Christi se hace vida hoy de una manera real, visible, latente, en las manos sacerdotales de los que un día decidieron poner su corazón en las manos de un Dios que prometió compensarles su entrega con el ciento por uno. Esta mañana, la catedral de Santa María la Real de la Almudena ha sido testigo de la Misa Crismal que, un año más, sirve para renovar las promesas bautismales del presbiterio que peregrina en Madrid ante su Pastor, el arzobispo de Madrid.
Acompañado por el arzobispo emérito de Madrid, el cardenal Antonio María Rouco Varela; el nuncio de Su Santidad en España, monseñor Renzo Fratini; el obispo auxiliar de Madrid, monseñor Juan Antonio Martínez Camino, SJ; el vicario general y los vicarios episcopales, y numerosos sacerdotes, monseñor Osoro ha presidido esta celebración en la que ha consagrado el Santo Crisma y, además, ha bendecido los restantes óleos o aceites (destinados a los enfermos y a los catecúmenos).
In persona Christi
En su homilía, el prelado ha afirmado que a los sacerdotes no se les pide más que lo que, «con gran acierto», formula el Papa Francisco: «que seamos expertos en ser rostros vivos de la misericordia». Jesús, ha dicho, «nos muestra ese rostro en una de las parábolas de la misericordia», donde «nos hace ver el ministerio sacerdotal como el de unos hombres con un corazón en salida, que busca a los hombres y que lo hace bombeando tres esencias: alegría, esperanza y misericordia».
En una catedral repleta de sacerdotes y de fieles, ha aseverado que por la ordenación sacerdotal «hemos sido revestidos de Cristo», para «actuar in persona Christi». La imagen que mejor describe esto, ha continuado, «es la parábola de la oveja perdida, una de las parábolas de la misericordia». En la misma, «se nos muestra con una belleza extraordinaria la tarea y misión de Jesucristo como Buen Pastor y se nos regala la identidad que como pastores hemos de vivir». Una misión que, según el arzobispo, «se resume en tres expresiones: 1. Mirar con los ojos de Jesús; 2. Aprender a actuar y a vivir como Jesús; y 3. Jesús es pastor que se expone para atraerlos».
La dulce y confortadora alegría de evangelizar
Este Año de la Misericordia, ha subrayado, «nos invita a que nuestro corazón bombee tres esencias que dan un perfume nuevo a la existencia de los hombres», que se hacen realidad «recordando siempre cómo se inició nuestro ministerio, cómo se tiene que mantener y cómo se ha de promover». Jesucristo, les ha recordado a los presbíteros, «nos dice: "Id y haced discípulos en todos los pueblos"», por lo que «nos quiere misioneros, saliendo a buscar a la gente donde esté y regalando en cercanía el fervor de los primeros cristianos, que experimentaban, junto a los apóstoles -como nos decía el beato Pablo VI-, "la dulce y confortadora alegría de evangelizar".
El prelado, además, ha asegurado que el anuncio «hay que realizarlo en clave misionera», sabiendo que «estamos llamados a promover la cultura del encuentro, eliminando todo intento de hacer cultura de la exclusión o del descarte, siendo servidores de la cultura de la comunión con la certeza de haber sido alcanzados y transformados por Cristo».

Francisco pide convertir el corazón de los "cegados por el fundamentalismo cruel"


Insta a "unánime condena de estos crueles hechos que sólo causan muerte, terror y horror"
El papa Francisco pidió hoy rezar para "convertir los corazones de estas personas cegadas por el fundamentalismo cruel" al recordar los últimos atentados y en particular los de ayer en Bruselas.
Durante los saludos en varios idiomas tras la audiencia general, Francisco explicó que ha seguido con "el corazón dolido" las tristes noticias sobre los atentados en Bruselas y expresó su cercanía y oración a toda la población belga y a los familiares de las víctimas y a los heridos.
Después realizó un llamamiento "a todas las personas de buena voluntad" para que se unan "a la unánime condena de estos crueles hechos abominables que sólo causan muerte, terror y horror".
Francisco instó a "perseverar" en la oración y pedir que "el Señor en esta Semana Santa conforte los corazones afligidos y convierta los corazones de estas personas cegadas por el fundamentalismo cruel".
El Vaticano difundió ayer el telegrama de pésame enviado por Francisco tras los atentados en Bruselas que causaron al menos 31 muertos y en los que se condenaba "la violencia ciega que causa tanto sufrimiento".
"Tres días intensos que nos hablan de la misericordia de Dios, pues hacen visible hasta dónde puede llegar su amor por nosotros", así describió el Papa Francisco el Triduo Pascual que celebraremos en este Año de la Misericordia.
Durante su catequesis semanal en la plaza de San Pedro ante miles de peregrinos, el Obispo de Roma animó a que en estos días santos "acojamos en nuestro corazón lagrandeza del amor divino en el misterio de la Muerte y Resurrección del Señor".
Además, el Papa recordó las palabras del Evangelio de Juan que son "la clave para comprender el sentido profundo" de estos días: «Jesús, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo» y añadió que el Triduo Pascual "es el memorial de un drama de amor que nos da la certeza de que nunca seremos abandonados en las pruebas de la vida".
Posteriormente, el Pontífice explicó que el Jueves Santo, con la institución de la Eucaristía y el lavatorio de los pies "Jesús nos enseña que la Eucaristía es el amor que se hace servicio" y el Viernes Santo es un "momento culminante del amor, un amor que quiere abrazar a todos sin excluir a nadie con una entrega absoluta".

Por último, el Papa destacó que el Sábado Santo "es el día del silencio de Dios" que es un "gran misterio de amor y de misericordia" y que "nuestras palabras son pobres e insuficientes para expresarlo con plenitud" ya que Jesús "comparte con toda la humanidad el drama de la muerte, no dejando ningún espacio donde no llegue la misericordia infinita de Dios" y agregó que "en este día, el amor no duda, sino que espera confiado en la palabra del Señor hasta que Cristo resucite esplendente el día de la pascua".

«EL CORDERO INMACULADO NOS SACÓ DE LA MUERTE A LA VIDA»


Muchas predicciones nos dejaron los profetas en torno al misterio de Pascua, que es Cristo; a él la gloria por los siglos de los siglos. Amén. Él vino desde los cielos a la tierra a causa de los sufrimientos humanos; se revistió de la naturaleza humana en el vientre virginal y apareció como hombre; hizo suyas las pasiones y sufrimientos humanos con su cuerpo, sujeto al dolor, y destruyó las pasiones de la carne, de modo que quien por su espíritu no podía morir acabó con la muerte homicida. Se vio arrastrado como un cordero y degollado como una oveja, y así nos redimió de idolatrar al mundo, el que en otro tiempo libró a los israelitas de Egipto, y nos salva de la esclavitud diabólica, como en otro tiempo a Israel de la mano del Faraón; y marcó nuestras almas con su propio Espíritu, y los miembros de nuestro cuerpo con su sangre.

Éste es el que cubrió a la muerte de confusión y dejó sumido al demonio en el llanto, como Moisés al Faraón. Este es el que derrotó a la iniquidad y a la injusticia, como Moisés castigó a Egipto con la esterilidad. Éste es el que nos sacó de la servidumbre a la libertad, de las tinieblas a la luz, de la muerte a la vida, de las tinieblas al recinto eterno, e hizo de nosotros un sacerdocio nuevo y un pueblo elegido y eterno. Él es la Pascua nuestra salvación. Éste es el que tuvo que sufrir mucho y en muchas ocasiones: el mismo que fue asesinado en Abel y atado de manos en Isaac, el mismo que peregrinó en Jacob y vendido en José, expuesto en Moisés y sacrificado en el cordero, perseguido en David y deshonrado en los profetas. Éste es el que se encarnó en la Virgen, fue colgado en el madero y fue sepultado en tierra, y el que, resucitado de entre los muertos, subió al cielo. 

Éste es el cordero que enmudecía y que fue inmolado; el mismo que nació de María, la hermosa cordera; el mismo que fue arrebatado del rebaño, empujado a la muerte, inmolado al atardecer y sepultado por la noche; aquel que no fue quebrantado en el leño, ni se descompuso en tierra; el mismo que resucitó de entre los muertos e hizo que el hombre surgiera desde lo más hondo del sepulcro.

De la homilía de Melitón de Sardes, obispo, sobre la Pascua (s. II)
(Núms. 65-71: SC 123, 95-101).  Fuente: News. va

Jueves Santo. Lectura de la Pasión



Evangelio según San Juan 18,1-40.19,1-42. 

Jesús fue con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón. Había en ese lugar una huerta y allí entró con ellos. 
Judas, el traidor, también conocía el lugar porque Jesús y sus discípulos se reunían allí con frecuencia. 
Entonces Judas, al frente de un destacamento de soldados y de los guardias designados por los sumos sacerdotes y los fariseos, llegó allí con faroles, antorchas y armas. 
Jesús, sabiendo todo lo que le iba a suceder, se adelantó y les preguntó: "¿A quién buscan?". 
Le respondieron: "A Jesús, el Nazareno". El les dijo: "Soy yo". Judas, el que lo entregaba, estaba con ellos. 
Cuando Jesús les dijo: "Soy yo", ellos retrocedieron y cayeron en tierra. 
Les preguntó nuevamente: "¿A quién buscan?". Le dijeron: "A Jesús, el Nazareno". 
Jesús repitió: "Ya les dije que soy yo. Si es a mí a quien buscan, dejEn que estos se vayan". 
Así debía cumplirse la palabra que él había dicho: "No he perdido a ninguno de los que me confiaste".
Entonces Simón Pedro, que llevaba una espada, la sacó e hirió al servidor del Sumo Sacerdote, cortándole la oreja derecha. El servidor se llamaba Malco. 
Jesús dijo a Simón Pedro: "Envaina tu espada. ¿ Acaso no beberé el cáliz que me ha dado el Padre?". 
El destacamento de soldados, con el tribuno y los guardias judíos, se apoderaron de Jesús y lo ataron. 
Lo llevaron primero ante Anás, porque era suegro de Caifás, Sumo Sacerdote aquel año. 
Caifás era el que había aconsejado a los judíos: "Es preferible que un solo hombre muera por el pueblo". 
Entre tanto, Simón Pedro, acompañado de otro discípulo, seguía a Jesús. Este discípulo, que era conocido del Sumo Sacerdote, entró con Jesús en el patio del Pontífice, 
mientras Pedro permanecía afuera, en la puerta. El otro discípulo, el que era conocido del Sumo Sacerdote, salió, habló a la portera e hizo entrar a Pedro. 
La portera dijo entonces a Pedro: "¿No eres tú también uno de los discípulos de ese hombre?". El le respondió: "No lo soy". 
Los servidores y los guardias se calentaban junto al fuego, que habían encendido porque hacía frío. Pedro también estaba con ellos, junto al fuego. 
El Sumo Sacerdote interrogó a Jesús acerca de sus discípulos y de su enseñanza. 
Jesús le respondió: "He hablado abiertamente al mundo; siempre enseñé en la sinagoga y en el Templo, donde se reúnen todos los judíos, y no he dicho nada en secreto. 
¿Por qué me interrogas a mí? Pregunta a los que me han oído qué les enseñé. Ellos saben bien lo que he dicho". 
Apenas Jesús dijo esto, uno de los guardias allí presentes le dio una bofetada, diciéndole: "¿Así respondes al Sumo Sacerdote?". 
Jesús le respondió: "Si he hablado mal, muestra en qué ha sido; pero si he hablado bien, ¿por qué me pegas?". 
Entonces Anás lo envió atado ante el Sumo Sacerdote Caifás. 
Simón Pedro permanecía junto al fuego. Los que estaban con él le dijeron: "¿No eres tú también uno de sus discípulos?". El lo negó y dijo: "No lo soy". 
Uno de los servidores del Sumo Sacerdote, pariente de aquel al que Pedro había cortado la oreja, insistió: "¿Acaso no te vi con él en la huerta?". 
Pedro volvió a negarlo, y en seguida cantó el gallo. 
Desde la casa de Caifás llevaron a Jesús al pretorio. Era de madrugada. Pero ellos no entraron en el pretorio, para no contaminarse y poder así participar en la comida de Pascua. 
Pilato salió a donde estaban ellos y les preguntó: "¿Qué acusación traen contra este hombre?". Ellos respondieron: 
"Si no fuera un malhechor, no te lo hubiéramos entregado". 
Pilato les dijo: "Tómenlo y júzguenlo ustedes mismos, según la Ley que tienen". Los judíos le dijeron: "A nosotros no nos está permitido dar muerte a nadie". 
Así debía cumplirse lo que había dicho Jesús cuando indicó cómo iba a morir. 
Pilato volvió a entrar en el pretorio, llamó a Jesús y le preguntó: "¿Eres tú el rey de los judíos?". 
Jesús le respondió: "¿Dices esto por ti mismo u otros te lo han dicho de mí?". 
Pilato replicó: "¿Acaso yo soy judío? Tus compatriotas y los sumos sacerdotes te han puesto en mis manos. ¿Qué es lo que has hecho?". 
Jesús respondió: "Mi realeza no es de este mundo. Si mi realeza fuera de este mundo, los que están a mi servicio habrían combatido para que yo no fuera entregado a los judíos. Pero mi realeza no es de aquí". 
Pilato le dijo: "¿Entonces tú eres rey?". Jesús respondió: "Tú lo dices: yo soy rey. Para esto he nacido y he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. El que es de la verdad, escucha mi voz". 
Pilato le preguntó: "¿Qué es la verdad?". Al decir esto, salió nuevamente a donde estaban los judíos y les dijo: "Yo no encuentro en él ningún motivo para condenarlo. 
Y ya que ustedes tienen la costumbre de que ponga en libertad a alguien, en ocasión de la Pascua, ¿quieren que suelte al rey de los judíos?". 
Ellos comenzaron a gritar, diciendo: "¡A él no, a Barrabás!". Barrabás era un bandido. 
Pilato mandó entonces azotar a Jesús. 
Los soldados tejieron una corona de espinas y se la pusieron sobre la cabeza. Lo revistieron con un manto rojo, 
y acercándose, le decían: "¡Salud, rey de los judíos!", y lo abofeteaban. 
Pilato volvió a salir y les dijo: "Miren, lo traigo afuera para que sepan que no encuentro en él ningún motivo de condena". 
Jesús salió, llevando la corona de espinas y el manto rojo. Pilato les dijo: "¡Aquí tienen al hombre!". 
Cuando los sumos sacerdotes y los guardias lo vieron, gritaron: "¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!". Pilato les dijo: "Tómenlo ustedes y crucifíquenlo. Yo no encuentro en él ningún motivo para condenarlo". 
Los judíos respondieron: "Nosotros tenemos una Ley, y según esa Ley debe morir porque él pretende ser Hijo de Dios". 
Al oír estas palabras, Pilato se alarmó más todavía. 
Volvió a entrar en el pretorio y preguntó a Jesús: "¿De dónde eres tú?". Pero Jesús no le respondió nada. 
Pilato le dijo: "¿No quieres hablarme? ¿No sabes que tengo autoridad para soltarte y también para crucificarte?". 
Jesús le respondió: " Tú no tendrías sobre mí ninguna autoridad, si no la hubieras recibido de lo alto. Por eso, el que me ha entregado a ti ha cometido un pecado más grave". 
Desde ese momento, Pilato trataba de ponerlo en libertad. Pero los judíos gritaban: "Si lo sueltas, no eres amigo del César, porque el que se hace rey se opone al César". 
Al oír esto, Pilato sacó afuera a Jesús y lo hizo sentar sobre un estrado, en el lugar llamado "el Empedrado", en hebreo, "Gábata". 
Era el día de la Preparación de la Pascua, alrededor del mediodía. Pilato dijo a los judíos: "Aquí tienen a su rey". 
Ellos vociferaban: "¡Que muera! ¡Que muera! ¡Crucifícalo!". Pilato les dijo: "¿Voy a crucificar a su rey?". Los sumos sacerdotes respondieron: "No tenemos otro rey que el César". 
Entonces Pilato se lo entregó para que lo crucificaran, y ellos se lo llevaron. 
Jesús, cargando sobre sí la cruz, salió de la ciudad para dirigirse al lugar llamado "del Cráneo", en hebreo "Gólgota". 
Allí lo crucificaron; y con él a otros dos, uno a cada lado y Jesús en el medio. 
Pilato redactó una inscripción que decía: "Jesús el Nazareno, rey de los judíos", y la hizo poner sobre la cruz. 
Muchos judíos leyeron esta inscripción, porque el lugar donde Jesús fue crucificado quedaba cerca de la ciudad y la inscripción estaba en hebreo, latín y griego. 
Los sumos sacerdotes de los judíos dijeron a Pilato: "No escribas: 'El rey de los judíos', sino: 'Este ha dicho: Yo soy el rey de los judíos'. 
Pilato respondió: "Lo escrito, escrito está". 
Después que los soldados crucificaron a Jesús, tomaron sus vestiduras y las dividieron en cuatro partes, una para cada uno. Tomaron también la túnica, y como no tenía costura, porque estaba hecha de una sola pieza de arriba abajo, 
se dijeron entre sí: "No la rompamos. Vamos a sortearla, para ver a quién le toca". Así se cumplió la Escritura que dice: Se repartieron mis vestiduras y sortearon mi túnica. Esto fue lo que hicieron los soldados. 
Junto a la cruz de Jesús, estaba su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. 
Al ver a la madre y cerca de ella al discípulo a quien él amaba, Jesús le dijo: "Mujer, aquí tienes a tu hijo". 
Luego dijo al discípulo: "Aquí tienes a tu madre". Y desde aquel momento, el discípulo la recibió en su casa. 
Después, sabiendo que ya todo estaba cumplido, y para que la Escritura se cumpliera hasta el final, Jesús dijo: Tengo sed. 
Había allí un recipiente lleno de vinagre; empaparon en él una esponja, la ataron a una rama de hisopo y se la acercaron a la boca. 
Después de beber el vinagre, dijo Jesús: "Todo se ha cumplido". E inclinando la cabeza, entregó su espíritu. 
Era el día de la Preparación de la Pascua. Los judíos pidieron a Pilato que hiciera quebrar las piernas de los crucificados y mandara retirar sus cuerpos, para que no quedaran en la cruz durante el sábado, porque ese sábado era muy solemne. 
Los soldados fueron y quebraron las piernas a los dos que habían sido crucificados con Jesús. 
Cuando llegaron a él, al ver que ya estaba muerto, no le quebraron las piernas, 
sino que uno de los soldados le atravesó el costado con la lanza, y en seguida brotó sangre y agua. 
El que vio esto lo atestigua: su testimonio es verdadero y él sabe que dice la verdad, para que también ustedes crean. 
Esto sucedió para que se cumpliera la Escritura que dice: No le quebrarán ninguno de sus huesos. 
Y otro pasaje de la Escritura, dice: Verán al que ellos mismos traspasaron. 
Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús -pero secretamente, por temor a los judíos- pidió autorización a Pilato para retirar el cuerpo de Jesús. Pilato se la concedió, y él fue a retirarlo. 
Fue también Nicodemo, el mismo que anteriormente había ido a verlo de noche, y trajo una mezcla de mirra y áloe, que pesaba unos treinta kilos. 
Tomaron entonces el cuerpo de Jesús y lo envolvieron con vendas, agregándole la mezcla de perfumes, según la costumbre de sepultar que tienen los judíos. 
En el lugar donde lo crucificaron había una huerta y en ella, una tumba nueva, en la que todavía nadie había sido sepultado. 
Como era para los judíos el día de la Preparación y el sepulcro estaba cerca, pusieron allí a Jesús.