jueves, 18 de febrero de 2016

COMENTARIO AL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO 7,7-12. POR BENEDICTO XVI


 En el Evangelio Jesús nos invita a orar: «Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá».

Estas palabras de Jesús son muy hermosas, porque expresan la verdadera relación entre Dios y el hombre, y porque responden a un problema fundamental en toda la historia de las religiones y de nuestra vida personal: ¿Está bien y es justo pedir a Dios cualquier cosa? ¿O bien la única respuesta hay que dejarla en manos de la trascendencia y grandeza de Dios? ¿No consiste la oración en glorificarle, adorarle, en darle gracias, es decir, en una oración que sería desinteresada?...

Jesús no conoce este temor. Jesús no enseña una religión para élites, totalmente desinteresada. La noción de Dios que Jesús no enseña es diferente: su Dios es muy humano; es un Dios bueno y poderoso. 

La religión de Jesús es muy humana, muy simple –es la religión de los sencillos: «Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra porque has escondido estas cosas a lo sabios e inteligentes y las has revelado a los humildes y sencillos» (Mt 11,25). 

Los pequeños, los que tienen necesidad de la ayuda de Dios y lo dicen, comprenden mucho mejor la verdad que los inteligentes, quienes, rechazando la oración de petición y no admitiendo más que la alabanza desinteresada a Dios, construyen en el hombre una autosuficiencia que no se corresponde con su indigencia, tal como lo expresan las palabras de Ester: «Mi Señor y Dios nuestro, Tú eres único. Protégeme, que estoy sola y no tengo otro defensor que Tú.» (Ester 14,4) 

Detrás de esta noble actitud que no quiere ser molesta a Dios con su pequeños males, se esconde la duda siguiente: ¿Puede Dios dar respuesta a las realidades de nuestra vida, puede cambiar nuestras situaciones y entrar en la realidad de nuestra vida terrena?...

Si Dios no actúa, si no tiene poder sobre los acontecimientos concretos de nuestra vida, ¿cómo sigue siendo Dios? Y si Dios es amor ¿no encontrará el amor una posibilidad de responder a la esperanza del que le ama? 

Si Dios es amor, y si no pudiera ayudarnos en nuestra vida concreta, el Amor no sería el último poder del mundo. 
(Cardenal Ratzinger -Benedicto XVI- sermón del retiro de Cuaresma, Vaticano, 1983).

PEDID Y SE OS DARÁ


Evangelio según San Mateo 7,7-12. 

Jesús dijo a sus discípulos: 

Pidan y se les dará; busquen y encontrarán; llamen y se les abrirá. 

Porque todo el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abrirá. 

¿Quién de ustedes, cuando su hijo le pide pan, le da una piedra? ¿O si le pide un pez, le da una serpiente? 

Si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre celestial dará cosas buenas a aquellos que se las pidan! 

Todo lo que deseen que los demás hagan por ustedes, háganlo por ellos: en esto consiste la Ley y los Profetas. 

"Construir el México que sabe reconocer en el otro la dignidad del Hijo de Dios". Invitación del Papa al mundo del trabajo.

 El encuentro y el diálogo para construir el mañana y reconstruir los vínculos sociales dañados por la falta de comunicación y de respeto a lo mínimo necesario para una convivencia saludable. De aquí partió el discurso del Papa Francisco dirigido al mundo del trabajo, penúltima cita de este viaje apostólico, que se llevó a cabo en el Colegio de Bachilleres del Estado de Chihuahua.
Dirigiéndose a las diversas organizaciones de trabajadores, representantes de cámaras y gremios empresariales, el Obispo de Roma les recordó la responsabilidad que los une, es decir, aquella de buscar generar espacios de trabajo digno y útil para la sociedad y en particular, para los jóvenes. De hecho, señaló que la desocupación genera pobreza, y esta última se convierte en “terreno fértil para el narcotráfico y la violencia”.
Aunque la mentalidad reinante propugna la mayor cantidad de ganancias posibles, “a cualquier tipo de costo y de manera inmediata”, recordó que la mejor inversión es aquella que se realiza en “la gente, en las personas, en sus familias”, en “crear oportunidades”. Y afirmando que el flujo del capital no puede determinar el flujo y la vida de las personas, advirtió que “Dios pedirá cuenta a los esclavistas de nuestros días”.
También indicó la importancia de la Doctrina Social de la Iglesia, cuya pretensión es la de velar por la integridad de las personas y de las estructuras sociales, y exhortó a luchar para que el trabajo sea una instancia de humanización y de futuro.
“¿Qué mundo queremos dejarles a nuestros hijos?”. Concluyendo el discurso el Papa preguntó si desean dejar a los hijos de la tierra mexicana como legado el mundo de la explotación, de los salarios insuficientes, del acoso laboral, o aquel del “trabajo digno, el  techo decoroso y la tierra para trabajar”, y, con la conciencia de que lo planteado por él mismo no es fácil, subrayó que peor es la falta de negociación y de valoración, porque “el lucro y el capital no son un bien por encima del hombre, sino que están al servicio del bien común”.
A todos, el Sucesor de Pedro invitó a soñar y a construir el México que sus hijos se merecen, es decir, “el México que sabe reconocer en el otro la dignidad del hijo de Dios”.


Trabajen para que esta sociedad usa y tira no siga cobrando víctimas, el Papa a los detenidos en Ciudad Juárez

Después más de dos horas de vuelo desde Ciudad de México, el Papa Francisco llegó al extremo norte de país, para visitar a los detenidos del Centro de Readaptación Social Estatal N. 3, CeReSo N. 3, de Ciudad Juárez, en el estado de Chihuahua, a orillas del río Bravo. 

Francisco quiso llegar allí, al límite fronterizo con los Estados Unidos, donde los migrantes tratan de salir del país en busca de una vida mejor, para saludar a los excluidos de la sociedad y celebrar con ellos el Jubileo de la Misericordia.

Celebrar el Jubileo de la Misericordia con ustedes – dijo el Papa dirigiéndose a los 700 detenidos presentes - es recordar el camino urgente que debemos tomar para romper los círculos de la violencia y de la delincuencia”. Francisco insistió en que los que los problemas no se resuelven aislando, apartando o encarcelando: “Nos hemos olvidado – insistió – de concentrarnos en lo que debe ser nuestra verdadera preocupación: “la vida de las personas” y de sus familias.

Es la misericordia divina, puntualizó el Pontífice, que nos recuerda  “que las cárceles son un síntoma de cómo está la sociedad, de los silencios y omisiones que provocan la cultura del descarte”; la que nos recuerda que la reinserción no comienza entre paredes sino afuera, en las calles de la ciudad, con la creación de un sistema de “salud social” que no enferme a la sociedad sino que ayude a prevenir el deterioro del tejido social y beneficie una mejor convivencia. “En la capacidad que tenga una sociedad de incluir a sus pobres, sus enfermos o sus presos – afirmó - está la posibilidad de que ellos puedan sanar sus heridas y ser constructores de una buena convivencia”.

El Santo Padre alentó a los detenidos del Centros de Readaptación a “escribir una nueva historia hacia adelante”, a luchar desde ‘aquí adentro’ “para revertir las situaciones que generan más exclusión” contando su experiencia, para frenar “el círculo de la violencia y la exclusión”, a trabajar para que “esta sociedad usa y tira no siga cobrándose víctimas”.

(MCM-RV)

miércoles, 17 de febrero de 2016

Piden al papa que hable de migración en la valla fronteriza

Los inmigrantes indocumentados envían una carta a Francisco
Donald Trump los acusa de delincuentes en su campaña política
En la víspera de la visita del papa Franciscoa Ciudad Juárez, cientos de personas, entre ellos familias de inmigrantes indocumentados, se reunieron hoy en su honor en la localidad fronteriza de Sunland Park, en Nuevo México, para pedirle que aborde en su mensaje el tema de la inmigración.
En la ceremonia de reunificación en esta localidad situada a 15 kilómetros de El Paso (Texas), organizada por la Red Fronteriza por los Derechos Humanos, se leyó una carta dirigida al pontífice en la que los inmigrantes indocumentados expusieron las condiciones adversas en las que tienen que vivir en Estados Unidos.
"Somos los que con nuestro sudor y sangre construimos este país de Norteamérica. Los mismos que ahora somos perseguidos y atacados, a los que ahora nos llaman violadores y criminales por el simple hecho de cruzar esta frontera buscando una mejor vida para nuestras familias", leyó una de las portavoces de la agrupación.
Los autores de la carta se referían, sin citarlo, al candidato presidencial republicano,Donald Trump, que desde el comienzo de su campaña acusó a México de enviar delincuentes a los Estados Unidos, al tiempo que propuso construir un muro en la frontera.
La misiva, previamente enviada al papa Francisco, está escrita a nombre de las familias de indocumentados participantes, cuyo estatus migratorio les impide acudir a la misa papal del lado mexicano.
En su mensaje, los inmigrantes, que se vieron acompañados por personas congregadas al otro lado de la valla fronteriza en un acto de reunificación, exhortaron al papa a incluir el tema migratorio en su discurso.
En una emotiva ceremonia, los participantes soltaron globos rojos y blancos, como símbolo de la esperanza y la sangre de los inmigrantes en este país.
El evento fue organizado dentro de las actividades que la agrupación defensora de los derechos de los inmigrantes ha anunciado con motivo de la visita que el miércoles realizará el líder de la Iglesia católica a Ciudad Juárez, al otro lado de la frontera, donde pondrá fin a su primera visita a México como sumo pontífice.
El papa Francisco recordó este sábado en su discurso ante los obispos y el clero mexicano los riesgos y la integración, a veces difícil, de los migrantes que van al norte en busca de una vida mejor.
En la catedral de Ciudad de México, en el encuentro con los obispos y religiosos, Francisco expresó su apreció por todo lo que están haciendo "para afrontar el desafío"de una "época representada en las migraciones".
"Son millones los hijos de la Iglesia que hoy viven en la diáspora o en tránsito, peregrinando hacia el norte en búsqueda de nuevas oportunidades", explicó.
Francisco destacó cómo "muchos de ellos dejan atrás las propias raíces para aventurarse, aun en la clandestinidad que implica todo tipo de riesgos, en búsqueda de la luz verde que juzgan como su esperanza".

(RD/Agencias)

Salmo de misericordia

Salmo 18, 2

2 Señor, no me reprendas por tu enojo
ni me castigues por tu indignación.

3 Ten piedad de mí, porque me faltan las fuerzas;
sáname, porque mis huesos se estremecen.

4 Mi alma está atormentada,
y tú, Señor, ¿hasta cuándo...?

5 Vuélvete, Señor, rescata mi vida,
sálvame por tu misericordia,

6 porque en la Muerte nadie se acuerda de ti,
¿y quién podrá alabarte en el Abismo?

7 Estoy agotado de tanto gemir:
cada noche empapo mi lecho con llanto,
inundo de lágrimas mi cama.

8 Mis ojos están extenuados por el pesar
y envejecidos a causa de la opresión.

9 Apártense de mí todos los malvados,
porque el Señor ha oído mis sollozos.

10 El Señor ha escuchado mi súplica,
el Señor ha aceptado mi plegaria.

11 ¡Que caiga sobre mis enemigos la confusión y el terror,

y en un instante retrocedan avergonzados!

ü  El orante

o   Abatido, extrema necesidad
§  Huesos, alma, ojos

o   Suplica y apela
§     ¿Hasta cuándo?

o   El orante confía
ü  Dios
o   Escucha
o   Fiel y misericordioso.
o   Pedagogo y educador, no juez.

Jóvenes con testimonio y esperanza hacen lío en Morelia



Aleteia

Francisco advierte a los jóvenes contra el narcotráfico: “Jesús nunca nos invitaría a ser sicarios”

85.000 jóvenes. Un estadio abarrotado. El "José María Morelos y Pavón" nunca se vio en otra. El Papa Francisco se encontró con toda la juventud mexicana, ansiosa por escuchar sus palabras. Bergoglio dijo tres: "riqueza, esperanza dignidad", y advirtió a los jóvenes contra la "mentira" de que "la única forma de vivir, de poder ser joven es dejando la vida en manos del narcotráfico o de todos aquellos que lo único que están haciendo es sembrar destrucción y muerte". "Jesús nunca nos invitaría a ser sicarios, nos llama discípulos, nos llama amigos".
El Papa llegó con adelanto a la cita, subido en una suerte de mini-golf, junto al arzobispo de Morelia. Apenas cabían los dos, que sonreían divertidos ante la ocurrencia de la organización. Los jóvenes le recibieron con efusión, con locura, incluso con algún conato de tumulto, provocado por las ganas del Papa de estar cerca de ellos. Representantes de todos los estados mexicanos se encontraban en el estadio de Morelia, y hubo representaciones de las culturas, danzas y tradiciones indígenas del país, un tanto caótico: debió ser imposible que Francisco se fijara en todas a la vez.
Dos chicas con síndrome de Down, una de ellas voluntaria de la organización, se saltaron el cordón de seguridad y corrieron a abrazar y besar al Papa. Es fascinante el poder de atracción del sucesor de Pedro. Aquel momento era una fiesta, aunque pocos prestaban atención de los testimonios de los jóvenes elegidos, atareados en contemplar el espectáculo o en "hacer la ola", un invento muy mexicano, en el estadio de fútbol.
Francisco sí escuchaba. Es más, pidió un bloc para tomar notas, y se saltó el discurso preparado por primera vez en este viaje. Antes de comenzar, envió un saludo y una bendición a los miles de jóvenes de Guadalajara reunidos en una plaza. "Somos dos estadios: la plaza Juan Pablo II y noostros aquí, y después, tantos otros por el pueblo".
El Papa comenzó reconociendo que conocía lo que los jóvenes le iban a decir, porque "me habían hecho llegar el borrador de lo que iban a decir. Es verdad, para qué les iba a mentir". Aun así, quiso improvisar. "Uno de los mayores tesoros de esta tierra mexicana tiene rostro joven", subrayó Bergoglio, quien insistió que "ustedes, jóvenes, son la riqueza de esta tierra (...). Pero esa riqueza hay que transformarla en esperanza con el trabajo".
"Todos podemos vivir, pero no podemos vivir sin esperanza", destacó el Papa, quien pidió "construir esperanza, con mis manos, con mi corazón y con mi mente". Y es que "la esperanza nace cuando se puede experimentar que no todo está perdido. Y para eso hay que empezar por sí mismo. No estoy perdido, yo valgo, yo valgo mucho".
"La principal amenaza a la esperanza -denunció- son los discursos que te desvalorizan, que te van como chupando el valor, y terminás.... como caído, ¿no es cierto? Como arrugado, con el corazón triste". Discursos "que te hacen sentir de segunda, o de cuarta. La principal amenaza contra la esperanza es cuando sentís que no le importás a nadie, o sentís que te dan de lado. Y eso es duro, pero eso sucede, ¿sí o no? Eso sucede"
Esa sensación "mata, nos aniquila, y es la puerta de ingreso para tanto dolor", lamentó el Papa. "Pero hay otra principal amenaza para la esperanza, y es hacerte creer que empezás a ser valioso cuando te disfrazás de ropas, marcas de último grito de la moda, o cuando te volvés prestigio importante por tener dinero, pero en el fondo tu corazón no cree que seas digno de cariño o de amor, y eso tu corazón lo intuye".
Así, "la esperanza está amordazada por lo que te hacen creer. No te la dejan surgir. La principal amenaza es cuando uno siente que tiene que tener plata para comprar incluso el cariño de los demás (...). Ustedes son la riqueza de México, son la riqueza de la Iglesia... y no los estoy sobando el lomo, no los estoy adulando. Y entiendo quemuchas veces se vuelve difícil sentirse la riqueza cuando nos vemos continuamente expuestos a la pérdida de amigos o de familiares en manos del narcotráfico, de las drogas, de organizaciones criminales que siembran el terror".
"Es difícil sentirse la riqueza cuando no se tienen oportunidades de trabajo digno, posibilidades de estudio y capacitación", apuntó el Papa, cuando "no se sienten reconocidos los derechos que terminan impulsándolos a situaciones límites. Es difícil sentirse la riqueza de un lugar cuando por ser jóvenes se les usa para fines mezquinos, con promesas que no son reales, son pompas de jabón. La riqueza la llevan en el corazón".
"Perdimos el encanto de disfrutar el encuentro", parafraseó el Papa, apuntando una frase de uno de los jóvenes. "Perdimos el encanto de caminar juntos, el encanto de soñar juntos. Y para que esta riqueza, movida por la esperanza vaya adelante hay que caminar juntos, hay que encontrarse, hay que soñar. Atrévanse a soñar".
¿Por qué este convencimiento? "Porque, como ustedes, creo en Jesucristo: es él quien renueva continuamente la esperanza, es él quien renueva continuamente mi mirada, es él quien despierta en mí, en cada uno, el encanto de disfrutar, de soñar, el encanto de trabajar juntos. Es él quien me invita a convertir el corazón".
Y es de la mano de Jesús mediante la que "podemos hacer camino, que una y otra vez podamos volver a empezar, que podamos decir que es mentira que la única forma de vivir es dejando la vida del narcotráfico o de todos aquellos que lo único que están haciendo es sembrar injusticia y muerte. ¡Eso es mentira!, y lo decimos de la mano de Jesús".

(Jesús Bastante).-

Misa del Papa en Morelia: ¡Dios, Papá nuestro, no nos dejes caer en la tentación!

«Hay un dicho, entre nosotros que dice así: «Dime cómo rezas y te diré cómo vives, dime cómo vives y te diré cómo rezas», porque mostrándome cómo rezas, aprenderé a descubrir el Dios que vives y, mostrándome cómo vives, aprenderé a creer en el Dios al que rezas»; porque nuestra vida habla de la oración y la oración habla de nuestra vida; porque nuestra vida habla en la oración y la oración habla en nuestra vida. 

A rezar se aprende, como aprendemos a caminar, a hablar, a escuchar. La escuela de la oración es la escuela de la vida y en la escuela de la vida es donde vamos haciendo la escuela de la oración. Y Pablo, a su discípulo predilecto Timoteo, cuando le enseñaba o lo exhortaba a vivir la fe le decía “acordate de tu madre y de tu abuela”, y a los seminaristas cuando entran al seminario muchas veces me preguntaban… Padre pero yo quisiera tener una oración más profunda más mental … mirá seguí rezando como te enseñaron en tu casa y después poco a poco tu oración irá creciendo como tu vida fue creciendo. A rezar se aprende. Como en la vida.

  Jesús quiso introducir a los suyos en el misterio de la Vida, en el misterio de su vida. Les mostró comiendo, durmiendo, curando, predicando, rezando, qué significa ser Hijo de Dios. Los invitó a compartir su vida, su intimidad y estando con Él, los hizo tocar en su carne la vida del Padre. Los hace experimentar en su mirada, en su andar la fuerza, la novedad de decir: «Padre nuestro». En Jesús, esta expresión, Padre Nuestro, no tiene el «gustillo» de la rutina o de la repetición, al contrario, tiene sabor a vida, a experiencia, a autenticidad. Él supo vivir rezando y rezar viviendo, diciendo: Padre nuestro.


   Y nos ha invitado a nosotros a lo mismo. Nuestra primera llamada es a hacer experiencia de ese amor misericordioso del Padre en nuestra vida, en nuestra historia. Su primera llamada es introducirnos en esa nueva dinámica de amor, de filiación. Nuestra primera llamada es aprender a decir «Padre nuestro», como Pablo insiste, Abba. ¡Ay de mí sino evangelizara!, dice Pablo. ¡Ay de mí! porque evangelizar, prosigue, no es motivo de gloria sino de necesidad (cf. 1 Co 9,16). 
Nos ha invitado a participar de su vida, de la vida divina, ay de nosotros consagrados, consagradas, seminaristas, sacerdotes, obispos, ay de nosotros si no la compartimos, ay de nosotros si no somos testigos de lo que hemos visto y oído, ay de nosotros.

No queremos ser funcionarios de lo divino, no somos ni queremos ser nunca empleados de la empresa de Dios, porque somos invitados a participar de su vida, somos invitados a introducirnos en su corazón, un corazón que reza y vive diciendo: «Padre nuestro». ¿Y qué es la misión sino decir con nuestra vida, desde el principio hasta el final, como nuestro hermano Obispo que murió anoche, qué es la misión sino decir con nuestra vida «Padre nuestro»?

 A este Padre nuestro es a quien rezamos con insistencia todos los días: y qué le decimos en una de esas cosas,  no nos dejes caer en la tentación. El mismo Jesús lo hizo. Él rezó para que sus discípulos —de ayer y de hoy— no cayéramos en la tentación. ¿Cuál puede ser una de las tentaciones que nos pueden asediar? ¿Cuál puede ser una de las tentaciones que brota no sólo de contemplar la realidad sino de caminarla? ¿Qué tentación nos puede venir de ambientes muchas veces dominados por la violencia, la corrupción, el tráfico de drogas, el desprecio por la dignidad de la persona, la indiferencia ante el sufrimiento y la precariedad? ¿Qué tentación podemos tener nosotros una y otra vez, nosotros llamados a la vida consagrada, al Presbiterado, al Episcopado, qué tentación podemos tener frente a todo esto, frente a esta realidad que parece haberse convertido en un sistema inamovible?

 Creo que la podríamos resumir con una sola palabra: resignación. Y frente a esta realidad nos puede ganar una de las armas preferidas del demonio, la resignación. ¿Y qué le vas a hacer? La vida es así. Una resignación que nos paraliza, una resignación que nos impide, no sólo caminar, sino también hacer camino; una resignación que no sólo nos atemoriza, sino que nos atrinchera en nuestras «sacristías» y aparentes seguridades; una resignación que no sólo nos impide anunciar, sino que nos impide alabar, nos quita la alegría, el gozo de la alabanza. Una resignación que no sólo nos impide proyectar, sino que nos frena para arriesgar y transformar. Por eso, Padre nuestro, no nos dejes caer en la tentación. 
Qué bien nos hace apelar en los momentos de tentación a nuestra memoria. Cuánto nos ayuda el mirar la «madera» de la que fuimos hechos. No todo ha comenzado con nosotros, y tampoco todo terminará con nosotros, por eso cuánto bien nos hace recuperar la historia que nos ha traído hasta aquí.
 Y, en este hacer memoria, no podemos saltearnos a alguien que amó tanto este lugar que se hizo hijo de esta tierra. A alguien que supo decir de sí mismo: «Me arrancaron de la magistratura y me pusieron en el timón del sacerdocio, por mérito de mis pecados. A mí, inútil y enteramente inhábil para la ejecución de tan grande empresa; a mí, que no sabía manejar el remo, me eligieron primer Obispo de Michoacán» (Vasco Vázquez de Quiroga, Carta pastoral, 1554).
 Agradezco, paréntesis, al Señor Cardenal Arzobispo que haya querido que se celebrase esta Eucaristía con el báculo de este hombre y el Cáliz de él. Con ustedes quiero hacer memoria de este evangelizador, conocido también como Tata Vasco, como «el español que se hizo indio». La realidad que vivían los indios Purhépechas descritos por él como «vendidos, vejados y vagabundos por los mercados, recogiendo las arrebañaduras tiradas por los suelos», lejos de llevarlo a la tentación y de la acedia de la resignación, movió su fe, movió su vida, movió su compasión y lo impulsó a realizar diversas propuestas que fuesen de «respiro» ante esta realidad tan paralizante e injusta. El dolor del sufrimiento de sus hermanos se hizo oración y la oración se hizo respuesta. Y eso le ganó el nombre entre los indios del «Tata Vasco», que en lengua purhépecha significa: Papá.
Padre, papá, Tata, abba. Esa es la oración, esa es la expresión a la que Jesús nos invitó.
 Padre, papá, abba, no nos dejes caer en la tentación de la resignación, no nos dejes caer en la tentación de la acedia, no nos dejes caer en la tentación de la  pérdida de la memoria, no nos dejes caer en la tentación de olvidarnos de nuestros mayores que nos enseñaron con su vida a decir: Padre Nuestro».

A esta generación no se le dará más signo que el signo de Jonás



Evangelio según San Lucas 11,29-32. 


Al ver Jesús que la multitud se apretujaba, comenzó a decir: "Esta es una generación malvada. Pide un signo y no le será dado otro que el de Jonás. 

Así como Jonás fue un signo para los ninivitas, también el Hijo del hombre lo será para esta generación. 

El día del Juicio, la Reina del Sur se levantará contra los hombres de esta generación y los condenará, porque ella vino de los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón y aquí hay alguien que es más que Salomón. 

El día del Juicio, los hombres de Nínive se levantarán contra esta generación y la condenarán, porque ellos se convirtieron por la predicación de Jonás y aquí hay alguien que es más que Jonás. 

martes, 16 de febrero de 2016

El Papa en Tuxtla Gutiérrez: “que la Familia, no se pierda por la precariedad y la soledad”

“Prefiero una familia herida, que intenta todos los días conjugar el amor, a una sociedad enferma por el encierro y la comodidad del miedo a amar. Prefiero una familia que una y otra vez intenta volver a empezar a una sociedad narcisista y obsesionada por el lujo y el confort”, lo dijo el Papa Francisco en su discurso en el Encuentro con las Familias celebrado en el Estadio «Víctor Manuel Reyna», de Tuxtla Gutiérrez en México.
En su discurso, el Santo Padre señaló que es necesario seguir confiando en Dios pata tener “motivos para seguir apostando, soñando y construyendo una vida que tenga sabor a hogar, a familia”. Porque su nombre es amor, su nombre es donación, su nombre es entrega, su nombre es misericordia. Porque Él es capaz, dijo el Papa, “de transformar nuestras miradas, nuestras actitudes, nuestros sentimientos muchas veces aguados en vino de fiesta”.
Respondiendo a las dificultades que las familias deben afrontar en nuestros días, el Obispo de Roma señaló que debemos luchar contra la precariedad y la soledad. Sobre todo contra la precariedad que nace de la soledad y el aislamiento. Y para ello, se necesita “legislaciones que protejan y garanticen los mínimos necesarios para que cada hogar y para que cada persona pueda desarrollarse por medio del estudio y un trabajo digno. Por otro lado, transmitir el amor de Dios que habían experimentado en el servicio y en la entrega a los demás. Leyes y compromiso personal – dijo el Papa – son un buen binomio para romper la espiral de la precariedad”.

(Renato Martinez – Radio Vaticano)

Homilía del Papa en Chiapas: Vencer la injusticia con la solidaridad

Li smantal Kajvaltike toj lek – la ley del Señor es perfecta del todo y reconforta el alma, así comenzaba el salmo que hemos escuchado. La ley del Señor es perfecta; y el salmista se encarga de enumerar todo lo que esa ley genera al que la escucha y la sigue: reconforta el alma, hace sabio al sencillo, alegra el corazón, es luz para alumbrar el camino.
Esa es la ley que el Pueblo de Israel había recibido de mano de Moisés, una ley que ayudaría al Pueblo de Dios a vivir en la libertad a la que habían sido llamados. Ley que quería ser luz para sus pasos y acompañar el peregrinar de su Pueblo. Un Pueblo que había experimentado la esclavitud y el despotismo del Faraón, que había experimentado el sufrimiento y el maltrato hasta que Dios dice basta, hasta que Dios dice: ¡No más! He visto la aflicción, he oído el clamor, he conocido su angustia (cf. Ex 3,9). Y ahí se manifiesta el rostro de nuestro Dios, el rostro del Padre que sufre ante el dolor, el maltrato, la inequidad en la vida de sus hijos; y su Palabra, su ley, se volvía símbolo de libertad, símbolo de alegría, sabiduría y luz. Experiencia, realidad que encuentra eco en esa expresión que nace de la sabiduría acunada en estas tierras desde tiempos lejanos, y que reza en el Popol Vuh de la siguiente manera: El alba sobrevino sobre todas las tribus juntas. La faz de la tierra fue enseguida saneada por el sol(33). El alba sobrevino para los pueblos que una y otra vez han caminado en las distintas tinieblas de la historia.
En esta expresión, hay un anhelo de vivir en libertad, hay un anhelo que tiene sabor a tierra prometida donde la opresión, el maltrato y la degradación no sean la moneda corriente. En el corazón del hombre y en la memoria de muchos de nuestros pueblos está inscrito el anhelo de una tierra, de un tiempo donde la desvalorización sea superada por la fraternidad, la injusticia sea vencida por la solidaridad y la violencia sea callada por la paz.
Nuestro Padre no sólo comparte ese anhelo, Él mismo lo ha estimulado y lo estimula al regalarnos a su hijo Jesucristo. En Él encontramos la solidaridad del Padre caminando a nuestro lado. En Él vemos cómo esa ley perfecta toma carne, toma rostro, toma la historia para acompañar y sostener a su Pueblo; se hace Camino, se hace Verdad, se hace Vida, para que las tinieblas no tengan la última palabra y el alba no deje de venir sobre la vida de sus hijos.
De muchas maneras y de muchas formas se ha querido silenciar este anhelo, de muchas maneras han intentado anestesiarnos el alma, de muchas formas han pretendido aletargar y adormecer la vida de nuestros niños y jóvenes con la insinuación de que nada puede cambiar o de que son sueños imposibles. Frente a estas formas, la creación también sabe levantar su voz; «esta hermana clama por el daño que le provocamos a causa del uso irresponsable y del abuso de los bienes que Dios ha puesto en ella. Hemos crecido pensando que éramos sus propietarios y dominadores, autorizados a expoliarla. La violencia que hay en el corazón humano, herido por el pecado, también se manifiesta en los síntomas de enfermedad que advertimos en el suelo, en el agua, en el aire y en los seres vivientes. Por eso, entre los pobres más abandonados y maltratados, está nuestra oprimida y devastada tierra, que “gime y sufre dolores de parto” (Rm 8,22)» (Laudato si’, 2).
El desafío ambiental que vivimos, y sus raíces humanas, nos impactan a todos (cf. Laudato si’,14) y nos interpelan. Ya no podemos hacernos los sordos frente a una de las mayores crisis ambientales de la historia.
En esto ustedes tienen mucho que enseñarnos, que enseñar a la humanidad. Sus pueblos, como han reconocido los obispos de América Latina, saben relacionarse armónicamente con la naturaleza, a la que respetan como «fuente de alimento, casa común y altar del compartir humano» (Aparecida, 472).
Sin embargo, muchas veces, de modo sistemático y estructural, vuestros pueblos han sido incomprendidos y excluidos de la sociedad. Algunos han considerado inferiores sus valores, su
cultura, sus tradiciones. Otros, mareados por el poder, el dinero y las leyes del mercado, los han despojado de sus tierras o han realizado acciones que las contaminaban. ¡Qué tristeza! Qué bien nos haría a todos hacer un examen de conciencia y aprender a decir: ¡Perdón! Perdón hermanos, el mundo de hoy, despojado por la cultura del descarte, los necesita a ustedes.
Los jóvenes de hoy, expuestos a una cultura que intenta suprimir todas las riquezas y características diversidades culturales en pos de un mundo homogéneo, necesitan que no se pierda la sabiduría de sus ancianos.
El mundo de hoy, preso del pragmatismo, necesita reaprender el valor de la gratuidad.
Estamos celebrando la certeza de que «el Creador no nos abandona, nunca hizo marcha atrás en su proyecto de amor, que no se arrepiente de habernos creado» (Laudato si’, 13). Celebramos que Jesucristo sigue muriendo y resucitando en cada gesto que tengamos con el más pequeño de sus hermanos. Animémonos a seguir siendo testigos de su Pasión, de su Resurrección haciendo carne Li smantal Kajvaltike toj lek – la ley del Señor que es perfecta del todo y reconforta el alma.

Jesús les enseñó a orar al Padre.

Evangelio según San Mateo 6,7-15.

Jesús dijo a sus discípulos: 

Cuando oren, no hablen mucho, como hacen los paganos: ellos creen que por mucho hablar serán escuchados. 

No hagan como ellos, porque el Padre que está en el cielo sabe bien qué es lo que les hace falta, antes de que se lo pidan. 

Ustedes oren de esta manera: 

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre,
que venga tu Reino, que se haga tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día.
Perdona nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a los que nos han ofendido.
No nos dejes caer en la tentación, sino líbranos del mal.
Si perdonan sus faltas a los demás, el Padre que está en el cielo también los perdonará a ustedes.
Pero si no perdonan a los demás, tampoco el Padre los perdonará a ustedes.