jueves, 21 de enero de 2016

SANTA INÉS. «NO TENÍA AÚN EDAD DE SER CONDENADA, PERO ESTABA YA MADURA PARA LA VICTORIA»


Celebramos hoy el nacimiento para el cielo de una virgen, imitemos su integridad; se trata también de una mártir, ofrezcamos el sacrificio. Es el día natalicio de santa Inés. Sabemos por tradición que murió mártir a los doce años de edad. Destaca en su martirio, por una parte, la crueldad que no se detuvo ni ante una edad tan tierna; por otra, la fortaleza que infunde la fe, capaz de dar testimonio en la persona de una jovencita. [...]

Todos lloraban, menos ella. Todos se admiraban de que, con tanta generosidad, entregara una vida de la que aún no había comenzado a gozar, como si ya la hubiese vivido plenamente. Todos se asombraban de que fuera ya testigo de Cristo una niña que, por su edad, no podía aún dar testimonio de sí misma. Resultó así que fue capaz de dar fe de las cosas de Dios una niña que era incapaz legalmente de dar fe de las cosas humanas, porque el Autor de la naturaleza puede hacer que sean superadas las leyes naturales.

El verdugo hizo lo posible para aterrorizarla, para atraerla con halagos, muchos desearon casarse con ella. Pero ella dijo: «Sería una injuria para mi Esposo esperar a ver si me gusta otro; él me ha elegido primero, él me tendrá. ¿A qué esperas, verdugo, para asestar el golpe? Perezca el cuerpo que puede ser amado con unos ojos a los que yo no quiero.» Se detuvo, oró, doblegó la cerviz.

Hubieras visto cómo temblaba el verdugo, como si él fuese el condenado; cómo temblaba su diestra al ir a dar el golpe, cómo palidecían los rostros al ver lo que le iba a suceder a la niña, mientras ella se mantenía serena. En una sola víctima tuvo lugar un doble martirio: el de la castidad y el de la fe. Permaneció virgen y obtuvo la gloria del martirio.


Del tratado de san Ambrosio, obispo, sobre las vírgenes 

(Libro 1, Caps. 2. 5. 7-9: PL 16 [edición 1845],189-191)

Fuente: News. Va

La comunidad musulmana de Italia invita formalmente a Francisco a visitar la Mezquita de Roma

Será la primera vez que un Papa acuda al mayor centro islámico de Europa
El Papa Francisco ha recibido este miércoles en audiencia privada a una delegación de la comunidad musulmana de Italia que ha invitado al Pontífice a visitar la Mezquita de Roma. Los musulmanes, que han mantenido un encuentro con el Pontífice en el Aula Pablo VI del Vaticano, han trasladado al Papa la invitación oficial para que conozca el templo al que acuden a orar los creyentes del Islam, según informa la Santa Sede.
En cuanto a la posible fecha en la que podría tener lugar esta visita, el padre Federico Lombardi, director de la oficina de prensa del Vaticano, ha pedido a los periodistas ser prudentes y no anticiparse, tal y como había sucedido en algunos medios, que apuntaban a la posibilidad del 27 de enero. Por lo tanto el Santo Padre acoge la invitación, lo toma en consideración y habrá que esperar para ver lo que decide él.
El encuentro tiene lugar unos días después de que Francisco visitara la sinagoga de Roma, tras haber aceptado la invitación del Rabino Jefe de la Comunidad Judía de Roma, Riccardo Di Segni.
La Mezquita de Roma, inaugurada en 1995, tiene unos 30.000 metros cuadrados y es la más grande de Europa. Está situada en la ladera de las Colinas de Parioli y representa un lugar de referencia para los musulmanes de la capital.

El templo es además el centro cultural islámico de Italia, y no sólo acoge a los fieles para rezar y asistir a los sermones de los viernes y durante el Ramadán sino también para lacelebración de matrimonios y funerales.

El Papa Francisco ya visitó otra mezquita el pasado mes de noviembre, en el marco de su viaje a África, la mezquita de Koudoukou (Bangui), en República Centroafricana, desde donde pidió paz.

En Dios confío y no temo.

Sal 55, 2-3. 9-10. 11-12. 13 
En Dios confío y no temo.
Misericordia, Dios mío, que me hostigan, 

me atacan y me acosan todo el día; 
todo el día me hostigan mis enemigos, 
me atacan en masa, oh, Altísimo.

En Dios confío y no temo.
Anota en tu libro mi vida errante, 

recoge mis lágrimas en tu odre, Dios mío,
mis fatigas en tu libo.
Que te retrocedan mis enemigos 
cuando te invoco.

En Dios confío y no temo.
Así sabré que res mi Dios.

En Dios, cuya promesa alabo, 
en el Señor, cuya promesa alabo.

En Dios confío y no temo.
En Dios confío y no temo; 

¿qué podrá hacerme un hombre?

En Dios confío y no temo.
Te debo, Dios mío, los votos que hice, 

los cumpliré con acción de gracias.

En Dios confío y no temo.

Los espíritus inmundos gritaban: «Tú eres el Hijo de Dios», pero él les prohibía que lo diesen a conocer


Lectura del santo evangelio según san Marcos 3, 7-12
En aquel tiempo, Jesús se retiró con sus discípulos a la orilla del mar y lo siguió una gran muchedumbre de Galilea.
Al enterarse de las cosas que hacia, acudía mucha gente de Judea, de Jerusalén, Idumea, Transjordania y cercanías de Tiro y Sidón.
Encargó a sus discípulos que le tuviesen preparada una barca, no lo fuera a estrujar el gentío.
Como había curado a muchos, todos los que sufrían de algo se le echaban encima para tocarlo.
Los espíritus inmundos, cuando lo veían, se postraban ante él, y gritaban:
- «Tú eres el Hijo de Dios.»
Pero él les prohibía severamente que lo diesen a conocer
Palabra del Señor.

Julio Martínez, rector de Comillas: "Europa necesita un suplemento de alma con los refugiados""Ningún país europeo que se precie puede mirar hacia otro lado"

"La foto del niño Aylan ha producido solidaridad emotiva y de fogonazo, sin compromiso"


El rector de la Universidad Pontificia Comillas, Julio Martínez, está convencido de que "Europa necesita un suplemento de alma" para asimilar y asumir la llamada 'crisis de los refugiados'. Un suplemento de alma que nos conduzca a ser más hospitalarios, a no mirar hacia otro lado y a poner coto a la xenofobia, "uno de los peligros del momento". Un suplemento de alma al que las religiones y la propia Iglesia católica pueden aportar mucho.
"La crisis de los refugiados desde la ética y la espiritualidad". Éste fue el título de la ponencia que el rector de Comillas, Julio Martínez, pronunció en el marco de la jornada sobre los Refugiados, celebrada en la sede del ICAI-ICADE de la Universidad pontificia Comillas. Una ponencia, para abordar la temática desde la ética católica (de la que el rector es especialista) y desde la Doctrina Social de la Iglesia.
Y tras avisar que la temática es seria y profunda y no se puede abordar desde la "demagogia y el populismo", quiso acercarse a ella "con cabeza fría y corazón caliente". Julio Martínez comenzó reconociendo que, además, la cuestión de los refugiados, ya de por sí, muy dura, se está complicando, al mezclarse con la explosión del fenómeno del yihadismo Porque, "ambos temas tienen un potencial desestabilizador enorme, que plantea a los europeos preguntas radicales".
Tan radicales son esas preguntas que atañen al corazón y a los cimientos de la Unión Europea: la conquista de los derechos y libertades. Para comenzar a contestar a esos interrogantes troncales, Julio Martínez recurrió a una frase de Ortega y Gasset: "Europa recoge las peores consecuencias de su vacío espiritual".
La frase pronunciada por el célebre filósofo en vísperas de la llegada al poder de Hitler, se puede aplicar, según el rector, al momento presente, porque, como asegura el Papa Francisco, en la Laudato sii, "la cultura europea se ha convertido en tecnocracia".
De ahí, su reacción ante la crisis de los refugiados. Y es que, como dice, el profesor Vallespín, prestigioso politólogo español, "Europa se ha convertido en una jaula de oro, que trata de excluir a los que llaman a su puerta". Una política, la europea, que, según Julio Martínez, se está mostrando "incapaz de actuar".
Frente a esta incapacidad de la políticas europea, el rector de Comillas, planteó las exigencias que surgen desde la ética. Y una de ellas es que "ante los refugiados, ningún país europeo que se precie puede mirar hacia otro lado y, sin embargo, lo estamos haciendo".
Para encontrar una vía de escape a este impasse europeo, el profesor Martínez, ofrece la salida de la recuperación de "la laicidad positiva" en Europa, lo que significa "separación y colaboración con las religiones".
Suplemento de alma
O dicho de otra forma y con una expresión utilizadas por Robert Schumann, uno de los padres europeos de formación cristiana: "Europa necesita un suplemento de alma". Y para conseguir ese suplemento, el cristianismo tiene mucho que decir". Y la Iglesia católica, especialmente.
Una Iglesia que también está pasando cierta crisis (desde la falta de vocaciones a la pérdida del sentido del pecado, pasando por el descenso de la práctica religiosa) y en la que "tenemos muy buenos documentos y declaraciones, pero nos falta llevarlos a la vida y a la acción".
Por eso, al igual que Francisco, el rector de Comillas apuesta por una "Iglesia en salida", que vuelva a recuperar su profundo sentido de la hospitalidad. Porque, como dice la Biblia, "cuando somos hospitalarios, recibimos a los ángeles".
O dicho de otra forma, "convertir la riqueza doctrinal en espiritualidad". Porque la migraciones nos abren al universalismo y, por eso, los católicos tenemos que vivirlas como un don, "el don de la oportunidad concreta de vivir la catolicidad". Además, desde la espiritualidad de Pentecostés, los católicos podemos vivir "la ética del encuentro y de la comunión en la diversidad".
Y es que, para conseguir una convivencia pacífica, es "indispensable que caigan barreras, prejuicios y miedos, que son muy fáciles de agitar". Sobre todo, en un momento de cambio de época en el que hasta las instituciones y la propia democracia europea está en crisis.
Para cambiar esta dinámica y pasar "de la desconfianza al respeto", el profesor jesuita apuesta más que por los grandes gestos mediáticos, por los gestos diarios. Porque, "la foto del niño Aylan ha producidos solidaridad emotiva y de fogonazo, que no se ha transformado en carácter y, por lo tanto, nos ha perjudicado". Y es que "el fogonazo mediático, si no genera compromiso, se queda en una dinámica interrupta".
Repensar el modelo de integración
Para el rector Martínez, tanto el modelo asimilacionista francés como el multicultural inglés han fracasado. Por eso, apuesta por un modelo en ciernes como es el multicultural mediterráneo, que va más allá de la asimilación o de la mera conservación de la cultura. Para conseguir, por ejemplo que los musulmanes que están en España "asuman la democracia y las instituciones de libertad que tenemos".
Tras abogar por no reducir el concepto y la realidad de los refugiados a los refugiados de guerra, sino también a los económicos (porque "los indocumentados son muertos sociales"), Julio Martínez abogó porque Europa se abra "al principio de la ciudadanía mundial" y al de la "ciudadanía europea, que quedó en vía muerta".
Además, para reparar el alma de la sociedad europea, el profesor jesuita instó a recuperar el papel de la familia. Porque, "mientras otras instituciones se desploman públicamente, la familia sigue creciendo en prestigio". Por eso, pidió el derecho a la reagrupación familiar y que "el emigrante pase de ser forastero a ser vecino".
Por último, Julio Martínez planteo tres motivaciones desde las que los cristianos deben abordar el tema de los emigrantes y de los refugiados. La primera es la "cristológica", como la definía el cardenal Martini. Porque Cristo fue refugiado y pobre y sintió compasión por los desamparados y predicó la Buena Noticia a los pobres y, en el juicio final, nos juzgará por el cumplimiento o no de las obras de misericordia.
La segunda motivación es la de la caridad que, a juicio del rector, "no se puede separar nunca de la justicia". Porque la "caridad no es sentimentalismo, sino política". Y la tercera motivación es "escatológica", es decir de los cielos nuevos y la tierra nueva, porque "todos somos forasteros y peregrinos de paso por el mundo".
Según Martínez, "estas tres motivaciones confluyen en la hospitalidad, porque la solidaridad no puede ser sólo individual y no obligante". Y añadió que la solidaridad tiene tres niveles: personal, cultural y político".
Sólo así podremos hacer frente a la xenofobia, "uno de los grandes peligros del momento, porque prende fácilmente y porque los partidos políticos sacan réditos de ella". De ahí que el rector de Comillas concluyese asegurando que "es la hora para no pasar de largo y la hora de la política con mayúscula, como construcción de la casa común a cuya puerta vienen a llamar también los de fuera".
Además, de la conferencia del rector de Comillas, en la Jornada se analizaron las políticas europeas de inmigración y asilo para 2016, y los desafíos a los que se enfrenta la Unión Europea para este periodo.

La cita, organizada con la colaboración del Servicio Jesuita al Migrante y de la Facultad de Teología de Comillas ICAI-ICADE, contó con la presencia de representantes de diferentes organismos. Acudieron José Luis Pinilla, SJ, Director de la Comisión Episcopal de Migraciones de la Conferencia Episcopal Española; Miguel González, coordinador del Servicio Jesuita a Migrantes y Director de la Fundación Ellacuría (Bilbao), Pablo Gómez Tavira, Director General de Servicios Sociales e Integración Social de la Consejería de Políticas Sociales y Familia de la Comunidad de Madrid, y Cristina Manzanedo y Alberto Ares del Servicio Jesuita a Migrantes (España).
La jornada también contó con investigadores del IUEM, como Cristina Gortázar, (Directora de la Cátedra Jean Monet de Refugio y Asilo en la UE), José Manuel Aparicio y Juan 

(José M. Vidal).

miércoles, 20 de enero de 2016

El Papa recuerda en su catequesis que el Bautismo es fuente de esperanza para todos.


Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Hemos estuchado el texto bíblico que este año guía la reflexión en la Semana de Oración para la unidad de los cristianos, que se celebra del 18 al 25 de enero. Esta semana. Tal pasaje de la Primera Carta de san Pedro ha sido elegido por un grupo ecuménico de Letonia, encargado por el Consejo Ecuménico de las Iglesias y por el Consejo Pontificio para la promoción de la unidad de los cristianos.
Al centro de la catedral luterana de Riga hay una fuente bautismal del siglo XII, el tiempo en que Letonia fue evangelizada por san Meinardo. Aquella fuente es un signo elocuente de un sólo origen de la fe reconocida por todos los cristianos de Letonia, católicos, luteranos y ortodoxos. Tal origen es nuestro Bautismo común. El Concilio Vaticano II afirma que «el Bautismo constituye el vínculo sacramental de la unidad vigente entre todos aquellos que por medio de él han sido regenerados» (Unitatis redintegratio, 22). La Primera Carta de Pedro está dirigida a la primera generación de los cristianos para hacerlos conscientes del don recibido con el Bautismo y de las exigencias que implica. También nosotros, en esta Semana de Oración, estamos invitados a redescubrir todo esto, y a hacerlo juntos, yendo más allá de nuestras divisiones.

En primer lugar, compartir el Bautismo significa que todos somos pecadores y tenemos necesidad de ser salvados, redimidos, liberados del mal. Es este el aspecto negativo, que la Primera Carta de Pedro llama «tinieblas» cuando dice: «[Dios] los ha llamado fuera de las tinieblas para conducirlos a su admirable luz». Esta es la experiencia de la muerte, que Cristo ha hecho propia, y que es simbolizada en el Bautismo al ser sumergidos en el agua, y a la cual sigue el resurgir, símbolo de la resurrección a la nueva vida en Cristo. Cuando nosotros cristianos decimos que compartimos un solo Bautismo, afirmamos que todos nosotros –católicos, protestantes y ortodoxos- compartimos la experiencia de estar llamados de las tinieblas feroces y alienantes al encuentro con el Dios vivo, pleno de misericordia. Todos de hecho, lamentablemente, tenemos experiencia del egoísmo, que genera división, cerrazón, desprecio. Volver a partir del Bautismo quiere decir reencontrar la fuente de la misericordia, fuente de esperanza para todos, porque ninguno está excluido de la misericordia de Dios, ninguno está excluido de la misericordia de Dios.
El compartir esta gracia crea un vínculo indisoluble entre nosotros los cristianos, así que, en virtud del Bautismo, podamos considerarnos todos realmente hermanos. Somos realmente pueblo santo de Dios, aunque si, a causa de nuestros pecados, no somos todavía un pueblo plenamente unido. La misericordia de Dios, que actúa en el Bautismo, es más fuerte de nuestras divisiones, es más fuerte. En la medida en que recibimos la gracia de la misericordia, nosotros nos transformamos siempre más plenamente en pueblo de Dios, y nos transformamos también en capaces de anunciar a todos sus obras maravillosas, precisamente a partir de un simple y fraterno testimonio de unidad. Nosotros cristianos podemos anunciar a todos la fuerza del Evangelio comprometiéndonos a compartir las obras de misericordia corporales y espirituales. Este es un testimonio concreto de unidad.
En conclusión, queridos hermanos y hermanas, todos nosotros cristianos, por la gracia del Bautismo, hemos obtenido misericordia de Dios y hemos sido recibidos en su pueblo. Todos, católicos, ortodoxos y protestantes, formamos un sacerdocio real y una nación santa. Esto significa que tenemos una misión común, que es aquella de transmitir la misericordia recibida a los otros, comenzando por los más pobres y abandonados. Durante esta Semana de Oración, rezamos para que todos nosotros discípulos de Cristo encontremos el modo de colaborar juntos para llevar la misericordia del Padre a cada parte de la tierra. Gracias.
(Traducción por Mercedes De La Torre – Radio Vaticano).

Colaborar juntos para llevar la misericordia, es deseo del Papa en la semana por la unidad de los cristianos


En la Semana de Oración por la unidad de los cristianos que se desarrolla del 18 al 25 de enero, en la catequesis del 20 de enero de 2016, el Papa invitó a pedir que todos los discípulos de Cristo encontremos el modo de colaborar juntos para llevar la misericordia del Padre a cada rincón de la tierra.
Francisco dijo que todos estamos llamados a redescubrir nuestro bautismo, y a hacerlo juntos todos los cristianos, católicos, protestantes y ortodoxos, dejando atrás lo que nos divide. “Compartir el Bautismo significa que todos somos pecadores y que necesitamos la salvación que Dios nos ofrece, todos experimentamos la misma llamada a salir de las tinieblas e ir al encuentro de Dios lleno de misericordia. Precisamente en el bautismo, nos sumergimos en la fuente de la misericordia y de la esperanza, de la que nadie está excluido, esta experiencia de gracia crea un vínculo indisoluble entre los bautizados, de modo que nos consideremos realmente hermanos y miembros de un solo pueblo de Dios, capaz de anunciar las maravillas que él ha obrado a partir del testimonio sencillo y fraterno de la unidad, así como del compromiso mutuo de poner en práctica las obras de misericordia corporales y espirituales, realizando así nuestra común misión de transmitir a los otros la misericordia recibida, empezando por los pobres y abandonados”.

Poner en práctica las obras de misericordia espirituales y corporales, testimonio concreto de la unidad de los cristianos

El don del Bautismo, común a todos los cristianos, y su significado. “Queridos hermanos y hermanas: el texto de la primera carta de san Pedro que hemos escuchado, centra la reflexión de la Semana de Oración para la Unidad de los Cristianos. En él, el Apóstol se dirige a la primera generación de fieles para que tomen conciencia del don que han recibido por el bautismo. Del mismo modo, todos nosotros, durante esta Semana de Oración, estamos llamados a redescubrir nuestro bautismo, y a hacerlo juntos todos los cristianos, católicos, protestantes y ortodoxos, dejando atrás lo que nos divide”.
“Compartir el Bautismo significa que todos somos pecadores y que necesitamos la salvación que Dios nos ofrece, todos experimentamos la misma llamada a salir de las tinieblas e ir al encuentro de Dios lleno de misericordia”.
Somos realmente pueblo santo de Dios, aunque si a causa de nuestros pecados, aún no estamos plenamente unidos. Todos hacemos experiencia del egoísmo, que genera división, cerrazón y desprecio, observó el Papa en su catequesis impartida en italiano, de ahí que redescubrir el Bautismo signifique “reencontrar la fuente de la misericordia y de esperanza para todos” porque – recalcó - “nadie está excluido de la misericordia de Dios”.
“Precisamente en el bautismo, nos sumergimos en la fuente de la misericordia y de la esperanza, de la que nadie está excluido, esta experiencia de gracia crea un vínculo indisoluble entre los bautizados, de modo que nos consideremos realmente hermanos y miembros de un solo pueblo de Dios, capaz de anunciar las maravillas que él ha obrado a partir del testimonio sencillo y fraterno de la unidad, así como del compromiso mutuo de poner en práctica las obras de misericordia corporales y espirituales, realizando nuestra común misión de transmitir a los otros la misericordia que hemos recibido, empezando por los pobres y abandonados”.
La misericordia de Dios es más fuerte que nuestras divisiones. En la medida en que recibimos la gracia de la misericordia, dijo Francisco, “nos convertimos siempre más plenamente en pueblo de Dios”. “Los cristianos podemos anunciar a todos la fuerza del Evangelio, comprometiéndonos a compartir las obras de misericordia corporales y espirituales, que son un testimonio concreto de unidad”.
“En esta Semana de Oración  -concluyó el pontífice - pidamos que todos los discípulos de Cristo encontremos el modo de colaborar juntos para llevar la misericordia del Padre a cada rincón de la tierra. Que Dios los bendiga”.
(GM - RV)

¡Bendito el Señor, mi alcázar!


Sal 143, 1. 2. 9-10 
¡Bendito el Señor, mi alcázar!
Bendito el Señor, mi Roca, 
que adiestra mis manos para el combate, 
mis dedos para la pelea.
¡Bendito el Señor, mi alcázar!
Mi bienhechor, mi alcázar, 
baluarte donde me pongo a salvo, 
mi escudo y refugio, 
que me somete los pueblos.
¡Bendito el Señor, mi alcázar!
Dios mío, te cantaré un cántico nuevo, 
tocaré para ti el arpa de diez cuerdas: 
para ti que das la victoria a los reyes 
y salvas a David, tu siervo, de la espada maligna.
¡Bendito el Señor, mi alcázar!

¿Está permitido en sábado salvarle la vida a un hombre o dejarlo morir?


Lectura del santo evangelio según san Marcos 3, 1-6

En aquel tiempo, entró Jesús otra vez en la sinagoga, y había allí un hombre que tenía una mano paralizada. Lo estaban observando, para ver si lo curaba en sábado y acusarlo.
Entonces le dice al hombre que tenía la mano paralizada:
-«Levántate y ponte ahí en medio.»
Y a ellos les preguntó:
-«¿Qué está permitido en sábado?, ¿hacer lo bueno o lo malo?, ¿salvarle la vida a un hombre o dejarlo morir?»
Ellos callaban. Echando en torno una mirada de ira y dolido por la dureza de su corazón, dice al hombre:
-«Extiende la mano».
La extendió y su mano quedó restablecida.
En cuanto salieron, los fariseos se confabularon con los herodianos para acabar con él.
Palabra del Señor.

martes, 19 de enero de 2016

Papa: no hay Santo sin pecado, ni pecador sin futuro

Dios no se detiene ante las apariencias, sino que ve con el corazón, señaló el Papa Francisco en su homilía, en la Misa matutina, en la capilla de la Casa de Santa Marta. Reflexionando sobre la primera lectura, que narra la elección del joven David como rey de Israel, el Santo Padre destacó que también en la vida de los Santos hay tentaciones y pecados, como muestra precisamente la vida de David, pero que nunca hay que usar a Dios para vencer una causa propia.
El Señor rechaza a Saúl «porque tenía el corazón cerrado, no había obedecido al Señor» y piensa elegir a otro rey, recordó el Papa, con el primer Libro de Samuel.
El Señor ve el corazón, no se detiene ante las apariencias
Una elección que se aparta de los criterios humanos, porque David era el más joven de los hijos de Jesé, era un chiquillo. Pero el Señor hace comprender al profeta Samuel que para Él las apariencias no cuentan. «El Señor ve con el corazón»:
«Nosotros, tantas veces, somos esclavos de las apariencias, esclavos de lo que parece y nos dejamos llevar por estas cosas: ‘Pero, así parece…’ Sin embargo, el Señor sabe la verdad. Como en esta historia. Pasan los siete hijos de Jesé y el Señor no elige a ninguno, los deja pasar. Samuel se siente algo incómodo y le dice al Padre: ¿ni siquiera a éste ha elegido? ¿Están aquí todos los muchachos? ‘Queda todavía el más joven, que no cuenta, que está apacentando el rebaño’. Ante los ojos de los hombres, este jovencito no cuenta».
David reconoce su pecado y pide perdón
No contaba para los hombres, pero el Señor lo elige y manda a Samuel que lo unja. Y «el Espíritu del Señor descendió sobre David». Y, desde ese día, toda la vida de David fue la vida un hombre ungido por el Señor, elegido por el Señor», reiteró el Papa Francisco, y después de preguntar: ¿entonces, el Señor lo hizo Santo?, respondió: «No, el Rey David es el Santo Rey David, es verdad, pero solo después de una vida larga» y una vida con pecados:
«Santo y pecador. Un hombre que ha sabido unir el Reino, ha sabido llevar adelante al pueblo de Israel. Pero tenía sus tentaciones… tenía sus pecados: fue también un asesino. Para encubrir su lujuria, el pecado de adulterio, mandó… mandó matar. ¡Él! El Santo Rey David mató Pero cuando Dios envió al profeta Natán para hacer ver esta realidad, porque no se había dado cuenta de la barbarie que había ordenado, reconoció ‘he pecado’ y pidió perdón»
Recordando la vida del Rey David que «nunca utilizó a Dios para vencer una causa propia» y que cuando lo insultaban, pensaba para sí mismo: me lo merezco, el Papa hizo hincapié en que «el Santo Rey David era un gran pecador, pero se arrepintió» y señaló que le conmueve la vida de este hombre, que nos ayuda a pensar en la nuestra:
«Todos nosotros hemos sido elegidos por el Señor a través del Bautismo, para estar en su pueblo, para ser Santos; hemos sido consagrados por el Señor, en este camino de la santidad. Leyendo esta vida de un niño – no, era más bien un joven – luego de joven a viejo, que hizo tantas cosas buenas y otras no tan buenas, se me ocurre pensar que en el camino cristiano, en el camino que el Señor nos ha invitado a recorrer, se me ocurre pensar que no hay ningún Santo sin pasado, y tampoco un pecador sin futuro»
(CdM – RV)


REFLEXIÓN DE SAN JUAN PABLO II a Marcos (2,23-28)

(…) El « shabbat », día séptimo bendecido y consagrado por Dios, a la vez que concluye toda la obra de la creación, se une inmediatamente a la obra del sexto día, en el cual Dios hizo al hombre « a su imagen y semejanza » (cf. Gn 1,26). (…)
El « día de Dios » tendrá así para siempre una relación directa con el « día del hombre ». Cuando el mandamiento de Dios dice: « Acuérdate del día del sábado para santificarlo » (Ex 20,8), el descanso mandado para honrar el día dedicado a él no es, para el hombre, una imposición pesada, sino más bien una ayuda para que se dé cuenta de su dependencia del Creador vital y liberadora, y a la vez la vocación a colaborar en su obra y acoger su gracia. 

Al honrar el « descanso » de Dios, el hombre se encuentra plenamente a sí mismo, y así el día del Señor se manifiesta marcado profundamente por la bendición divina y, gracias a ella, dotado de una especie de « fecundidad »... 

El cristiano debe recordar, pues, que, si para él han decaído las manifestaciones del sábado judío, superadas por el « cumplimiento » dominical, son válidos los motivos de fondo que imponen la santificación del « día del Señor », indicados en la solemnidad del Decálogo, pero que se han de entender a la luz de la teología y de la espiritualidad del domingo: 

« Guardarás el día del sábado para santificarlo, como te lo ha mandado el Señor tu Dios. Seis días trabajarás y harás todas tus tareas, pero el día séptimo es día de descanso para el Señor tu Dios. No harás ningún trabajo, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu buey, ni tu asno, ni ninguna de tus bestias, ni el forastero que vive en tus ciudades; de modo que puedan descansar, como tú, tu siervo y tu sierva. Recuerda que fuiste esclavo en el país de Egipto y que el Señor tu Dios te sacó de allí con mano fuerte y tenso brazo; por eso el Señor tu Dios te ha mandado guardar el día del sábado » (Dt 5,12-15). La observancia del sábado aparece aquí íntimamente unida a la obra de liberación realizada por Dios para su pueblo.

Cristo vino a realizar un nuevo « éxodo », a dar la libertad a los oprimidos. El obró muchas curaciones el día de sábado (cf. Mt 12,9-14 y paralelos), ciertamente no para violar el día del Señor, sino para realizar su pleno significado: « El sábado ha sido instituido para el hombre y no el hombre para el sábado » (Mc 2, 27). 
Oponiéndose a la interpretación demasiado legalista de algunos contemporáneos suyos, y desarrollando el auténtico sentido del sábado bíblico, Jesús, « Señor del sábado » (Mc 2,28), orienta la observancia de este día hacia su carácter liberador, junto con la salvaguardia de los derechos de Dios y de los derechos del hombre. 

Así se entiende por qué los cristianos, anunciadores de la liberación realizada por la sangre de Cristo, se sintieran autorizados a trasladar el sentido del sábado al día de la resurrección. En efecto, la Pascua de Cristo ha liberado al hombre de una esclavitud mucho más radical de la que pesaba sobre un pueblo oprimido: la esclavitud del pecado, que aleja al hombre de Dios, lo aleja de sí mismo y de los demás, poniendo siempre en la historia nuevas semillas de maldad y de violencia. 
De la Carta Apostólica “Dies Domini”, de san Juan Pablo II

El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado


Lectura del santo evangelio según san Marcos 2, 23-28
Sucedió que un sábado Jesús atravesaba un sembrado, y sus discípulos, mientras caminaban, iban arrancando espigas.
Los fariseos le preguntan:
-«Mira, ¿por qué hacen en sábado lo que no está permitido?»
Él les responde:
-« ¿No habéis leído nunca lo que hizo David, cuando él y sus hombres se vieron faltos y con hambre como entró en la casa de Dios, en tiempo del sumo sacerdote Abiatar, comió de los panes de la proposición, que solo está permitido comer a los sacerdotes, y se los dio también a quienes estaban con él».
Y les decía:
-«El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado; así que el Hijo del hombre es señor también del sábado.»
Palabra del Señor.

lunes, 18 de enero de 2016

Fidelidad como amor continuado

Ser fieles tiene sentido desde el amor y para amor. Porque la fidelidad no es simplemente seguir adelante en unos propósitos concretos: eso puede ser cabezonería. La verdadera fidelidad surge cuando existe un amor continuado.
Ese amor, en ocasiones, sufre heridas. En todos los seres humanos está agazapado un mal que nos lleva al egoísmo, a la avaricia, a la desgana, a la tibieza. Por eso caemos tantas veces en el pecado.
Pero el amor verdadero pide perdón, se levanta, reconstruye lazos, vuelve incluso con más entusiasmo a entregarse. Porque el ser amado lo merece todo, y porque la vida verdaderamente hermosa es la que mantiene encendida la llama del amor.
En un mundo lleno de divorcios, de traiciones, de engaños, de fraudes, de pseudoamores frágiles e inconstantes, produce una gran alegría encontrar esposos fieles, sacerdotes generosos, profesionistas que afrontan seriamente sus deberes de cada día.
Cristo alabó la hermosa virtud de la fidelidad, en lo pequeño y en lo grande. "¡Bien, siervo bueno y fiel!; en lo poco has sido fiel, al frente de lo mucho te pondré..." (cf. Mt 25,21). "Al vencedor, al que se mantenga fiel a mis obras hasta el fin, le daré poder sobre las naciones”(Ap 2,26).
Desde la fidelidad surge el testimonio: "La fidelidad de los bautizados es una condición primordial para el anuncio del Evangelio y para la misión de la Iglesia en el mundo” ("Catecismo de la Iglesia Católica”, n. 2044). Solo si somos fieles seremos creíbles.
La fidelidad, en definitiva, es la respuesta del auténtico enamorado, que sabe unirse a Cristo, Hijo del Padre y Salvador del mundo, para permitir que nuestro tiempo sea transformado por un torrente de esperanza, de belleza y de amor perenne y contagioso.

P. Fernando Pascual 

Homilía del Papa: No cerrar el corazón a las sorpresas del Espíritu Santo

Los cristianos detenidos al “se ha hecho siempre así” tienen un corazón cerrado a las sorpresas del Espíritu Santo y jamás llegarán a la plenitud de la verdad porque son idólatras y rebeldes. Lo afirmó el Papa Francisco en su homilía de la Misa matutina celebrada en la Capilla de la Casa de Santa Marta.
En la primera lectura Saúl es rechazado por Dios como rey de Israel porque prefiere escuchar al pueblo más que la voluntad del Señor y desobedece. El pueblo, después de una victoria en una batalla, quería realizar un sacrificio a Dios con las mejores cabezas de ganado porque, dice, “siempre se ha hecho así”.
Pero Dios, esta vez no quería. El Profeta Samuel reprocha a Saúl: “¿Acaso al Señor le agradan los holocaustos y los sacrificios cuanto la obediencia a la voz del Señor?”. “Lo mismo – observó el Papa – nos enseña Jesús en el Evangelio”: los doctores de la ley le reprochan que sus discípulos no ayunaban como hasta ese momento se había hecho siempre. Y Jesús responde “con este principio de vida”: “Nadie le echa un remiendo de paño sin remojar a un manto pasado; porque la pieza tira del manto, lo nuevo de lo viejo, y deja un roto peor. Nadie echa vino nuevo en odres viejos; porque revientan los odres, y se pierden el vino y los odres; ¡a vino nuevo, odres nuevos!”.
“¿Qué significa esto? ¿Que cambia la ley? ¡No! Que la ley está al servicio del hombre, que está al servicio de Dios y por esto el hombre debe tener el corazón abierto. El ‘siempre ha sido hecho así’ es de un corazón cerrado y Jesús nos ha dicho: ‘Les enviaré al Espíritu Santo y Él los conducirá a la verdad plena’. Si tú tienes el corazón cerrado a las novedades del Espíritu, ¡jamás llegarás a la verdad plena! Y tu vida cristiana será una vida a medias, una vida emparchada, remendada con cosas nuevas, pero sobre una estructura que no está abierta a la voz del Señor. Un corazón cerrado, porque no eres capaz de cambiar los odres”.
El Papa subrayó que éste es el pecado del rey Saúl, por el que ha sido rechazado. Es el pecado de tantos cristianos que se aferran a lo que se ha hecho siempre y no permiten que se cambien los odres. Y terminan con una vida a medias, emparchada, remendada, sin sentido. El pecado “es un corazón cerrado” – dijo – que “no escucha la voz del Señor, que no está abierto a la novedad del Señor, al Espíritu que siempre nos sorprende”. La rebelión  – dice Samuel – es “pecado de adivinación”, la  obstinación es idolatría:

“Los cristianos obstinados en el ‘siempre se ha hecho así’, ‘éste es el camino’, ‘ésta es la senda’, pecan: pecan de adivinación. Es como si fueran a ver a una adivina: ‘Es más importante lo que se ha dicho y que no cambia; lo que siento yo – por mi parte y de mi corazón cerrado – que la Palabra del Señor’. También es un pecado de idolatría la obstinación: el cristiano que se obstina, ¡peca! Peca de idolatría. ‘¿Y cuál es el camino, Padre?’: abrir el corazón al Espíritu Santo, discernir cuál es la voluntad de Dios”.
El Papa explicó asimismo que en tiempos de Jesús era habitual que los buenos israelíes ayunaran. Pero hay otra realidad: está el Espíritu Santo que nos conduce a la verdad plena. Y por esta razón Él tiene necesidad de corazones abiertos, de corazones que no estén obstinados en el pecado de idolatría de sí mismos, porque es más importante lo que yo pienso que aquella sorpresa del Espíritu Santo”:
“Este es el mensaje que hoy nos da la Iglesia. Esto es lo que Jesús dice con tanta fuerza: ‘Vino nuevo en odres nuevos’. A las novedades del Espíritu, a las sorpresas de Dios, incluso las costumbres deben renovarse. Que el Señor nos dé la gracia de un corazón abierto, de un corazón abierto a la voz del Espíritu, que sepa discernir lo que ya no debe cambiar, porque es un cimiento, de lo que debe cambiar para poder recibir la novedad del Espíritu Santo”.
(María Fernanda Bernasconi - RV).