domingo, 27 de diciembre de 2015

Osoro arrancó anoche un nuevo "maratón de bendiciones" a familias en La Almudena.

Los obispos españoles piden que la familia sea un "gran gimnasio de entrenamiento" para el perdón
"Que cada familia sea un hogar donde sanar las heridas del corazón", pide la CEE
Los obispos españoles piden que la familia se convierta “en un "gran gimnasio de entrenamiento" para el don y el perdón recíproco, sin el cual ningún amor puede durar mucho.
Con esta cita del Papa Francisco concluye el mensaje que la Conferencia Episcopal Española (CEE) ha elaborado para la Jornada de la Sagrada Familia, que se celebra este 27 de diciembre con el lema 'Familia, hogar de misericordia'.
"“Que cada familia, como Iglesia doméstica, se haga voz de cada hombre y mujer y sea un hogar donde sanar las heridas del corazón"”, añaden los prelados en el marco del recién comenzado Año Jubilar de la Misericordia.
Esta jornada, dicen, pretende ser “eco” de la “relación tan estrecha entre misericordia y familia”, en un contexto del que alertó el Papa Juan Pablo II de “crisis de cultura” que deja al hombre actual “a la intemperie engañándolo y prometiéndole abundancia, cuando en realidad lo que hace es empobrecerlo”. Todo ello se muestra en la "crisis del relativismo que vive la sociedad", ante la que la familia se presenta como “el verdadero santuario de la vida” para “renovar” esa sociedad.

Para el Episcopado, “la familia evangeliza cuando es hogar de misericordia” y se muestra “como un verdadero nido de amor, casa de acogida, misericordia, escuela de madurez humana y lugar propicio para cultivar las virtudes cristianas en los hijos”.
Por otro lado, el arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, recién llegado de participar en la toma de posesión de Juan José Omella, abrió las puertas de la catedral de La Almudena a última hora de la tarde de ayer, para bendecir a todas las familias que quieran acercarse al templo, como ya hiciera el año pasado, sustituyendo a las concentraciones en Colón organizadas por algunos grupos profamilia. Un auténtico "maratón de bendiciones", donde Osoro no parará ni a comer.
Desde las nueve de la mañana de este domingo, el prelado madrileño bendecirá personalmente a cada familia que acuda a la catedral. A las 12:00 horas se celebrará una solemne Eucaristía presidida por monseñor Osoro, que continuará bendiciendo familias de 14:30 a 19:00 horas. Si bien, a las 17:00 horas, el arzobispo impartirá también una bendición general para aquellas familias que lo deseen. A las 19:00 horas habrá rezo de Vísperas y bendición de los novios, para concluir con un recital del Coro de la JMJ.
En estas fechas navideñas, el arzobispo de Madrid ha pedido a las familias un gesto solidario, que consiste en una ofrenda económica a favor de las familias más necesitadas de nuestra diócesis. El dinero que se recaude en las parroquias con este motivo será entregado en la Misa que se celebre en la catedral el 27 de diciembre por una familia representante de cada una de las ocho vicarías de la diócesis. Además, aquellos que lo deseen podrán hacer su contribución económica durante toda la jornada, en la catedral. Cáritas Madrid se encargará de distribuir ese dinero entre familias en riesgo de desahucio.

Dichosos los que temen al Señor y siguen sus caminos.


Sal 127, 1-2. 3. 4-5  

Dichosos los que temen al Señor y siguen sus caminos.

Dichoso el que teme al Señor y sigue sus caminos.  
Comerás del fruto de tu trabajo, serás dichoso, te irá bien.

Dichosos los que temen al Señor y siguen sus caminos

Tu mujer, como parra fecunda, en medio de tu casa;  
tus hijos, como renuevos de olivo, alrededor de tu mesa.

Dichosos los que temen al Señor y siguen sus caminos

Ésta es la bendición del hombre que teme al Señor.  
Que el Señor te bendiga desde Sión,  
que veas la prosperidad de Jerusalén todos los días de tu vida.

Dichosos los que temen al Señor y siguen sus caminos
Lectura del santo evangelio según san Lucas 2, 41-52

Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén por las fiestas de Pascua.
Cuando Jesús cumplió doce años, subieron a la fiesta según la costumbre y, cuando terminó, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que lo supieran sus padres.

Éstos, creyendo que estaba en la caravana, hicieron una jornada y se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén en su busca.

A los tres días, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas; todos los que le oían quedaban asombrados de su talento y de las respuestas que daba.
Al verlo, se quedaron atónitos, y le dijo su madre:
- «Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados.»

Él les contestó: « ¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?»

Pero ellos no comprendieron lo que quería decir.

Él bajó con ellos a Nazaret y siguió bajo su autoridad.
Su madre conservaba todo esto en su corazón.
Y Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres.
Palabra del Señor.

sábado, 26 de diciembre de 2015

SEÑOR, HAZ BRILLAR TU ROSTRO SOBRE TU SIERVO


Del Salmo 30:
 A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu
Sé la roca de mi refugio,
un baluarte donde me salve,
Tú que eres mi roca y mi baluarte;
por tu nombre dirígeme y guíame.
A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu
A tus manos encomiendo mi espíritu:
Tú, el Dios leal, me librarás.
Tu misericordia sea mi gozo y mi alegría.
Te has fijado en mi aflicción.
A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu
Líbrame de los enemigos que me persiguen;
haz brillar tu Rostro sobre tu siervo,
sálvame por tu misericordia.

A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu

EL QUE PERSEVERE HASTA EL FINAL SE SALVARÁ

Lectura del santo evangelio según san Mateo (10,17-22):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: «No os fiéis de la gente, porque os entregarán a los tribunales, os azotarán en las sinagogas y os harán comparecer ante gobernadores y reyes, por mi causa; así daréis testimonio ante ellos y ante los gentiles.

Cuando os arresten, no os preocupéis de lo que vais a decir o de cómo lo diréis: en su momento se os sugerirá lo que tenéis que decir; no seréis vosotros los que habléis, el Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros.

Los hermanos entregarán a sus hermanos para que los maten, los padres a los hijos; se rebelarán los hijos contra sus padres, y los matarán. Todos os odiarán por mi Nombre; el que persevere hasta el final se salvará.»

Palabra del Señor

El arzobispo de Canterbury advierte que el Estado Islámico quiere "eliminar" el Cristianismo

"Está encendiendo un sendero de miedo, violencia, odio y opresión"
El arzobispo de Canterbury, Justin Welby, máxima autoridad de la Iglesia de Inglaterra, advirtió hoy de que el Cristianismo se enfrenta a la "eliminación" en Oriente Medio, a manos del grupo terrorista Estado Islámico (EI), en su sermón de Navidad.
El reverendo, líder espiritual de 85 millones de anglicanos en todo el mundo, alertó de que el EI "está encendiendo un sendero de miedo, violencia, odio y opresión", y se refirió a la organización yihadista como "el Herodes de hoy".
"Confiados en que estos son los últimos días,empleando la fuerza y una crueldad indescriptible, el EI parece dar la bienvenida a toda oposición, seguros de que el conflicto desatado confirma que este es, de hecho, el final de los tiempos", señaló el religioso en su sermón en la Catedral de Canterbury.
El arzobispo remarcó que el EI "odia la diferencia, bien si son los musulmanes los que piensan de forma diferente, los yazidíes o cristianos, y por ellos los cristianos se enfrentan a la eliminación en la misma región en la que se originó la fe cristiana".
"A todos aquellos que han sido o están siendo deshumanizados por la tiranía y la crueldad de un Herodes o un EI, un Herodes de hoy, el juicio de Dios llega en forma de buenas noticias porque promete justicia", agregó en su mensaje.

(RD/Agencias)

Madre Teresa, ¿santa en Calcuta? Los obispos indios piden al Papa que celebre la canonización en el subcontinente

El Gobierno de Nueva Delhi invitará oficialmente a Francisco a visitar el país a mediados de enero

La "santa de los pobres" quiere serlo, además, entre los pobres.Madre Teresa de Calcuta, que será canonizada por el Papa Francisco el próximo mes de septiembre, en uno de los actos más emocionantes que se prevén del Año de la Misericordia, podría ser elevada a los altares en una ceremonia presidida por el Pontífice allí donde llevó a cabo su obra, y sus milagros: en los mismísimos slums de Calcuta.

El rumor es, en realidad, un deseo de todos los católicos del subcontinente indio, y también de la Conferencia Episcopal del país, que de acuerdo con las Misioneras de la Caridad, ya ha escrito una misiva al Santo Padre invitándole a visitar la India en septiembre de 2016, y presidir allí la canonización de Madre Teresa.
La noticia ha sido confirmada por Sunil Lucas, presidente de la Asociación de la Asociación Católica Mundial para la Comunicación: "Si el Papa hace el viaje, será un merecido homenaje a la Madre Teresa. Ella no es una santa que pertenece al pasdo. Madre Teresa vivió y trabajó en Calcuta, y se mantiene viva en los corazones de la gente de la ciudad y el resto de la India".
"Sería ideal que la canonización se celebrara en Calcuta, en lugar del Vaticano. Sólo así la ciudad tendrá la oportunidad de celebrar la santidad de la Madre, y desempeñar un papel en ella, en lugar de ver la ceremonia por televisión". La posibilidad es real y, de hecho, el Gobierno de Nueva Delhi invitará formalmente al Papa a visitar el país a mediados de enero.

De aceptar el reto, el simbolismo sería innegable: el Papa de la misericordia canonizando a la santa de los pobres en mitad de uno de los rincones con mayor miseria de la Tierra. Un auténtico aldabonazo a despertar las conciencias del mundo rico, como ya hiciera en vida Madre Teresa, y como se empeña en repetir una y otra vez Bergoglio.
Jesús Bastante

La Natividad del Señor. San León Magno


Hoy, queridos hermanos, ha nacido nuestro Salvador; alegrémonos. No puede haber lugar para la tristeza, cuando acaba de nacer la vida; la misma que acaba con el temor de la mortalidad, y nos infunde la alegría de la eternidad prometida.
Nadie tiene por qué sentirse alejado de la participación de semejante gozo, a todos es común la razón para el júbilo: porque nuestro Señor, destructor del pecado y de la muerte, como no ha encontrado a nadie libre de culpa, ha venido para liberarnos a todos. Alégrese el santo, puesto que se acerca a la victoria; regocíjese el pecador, puesto que se le invita al perdón; anímese el gentil, ya que se le llama a la vida.
Pues el Hijo de Dios, al cumplirse la plenitud de los tiempos, establecidos por los inescrutables y supremos designios divinos, asumió la naturaleza del género humano para reconciliarla con su Creador, de modo que el demonio, autor de la muerte, se viera vencido por la misma naturaleza gracias a la cual había vencido.
Por eso, cuando nace el Señor, los ángeles cantan jubilosos: Gloria a Dios en el cielo, y anuncian: y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor. Pues están viendo cómo la Jerusalén celestial se construye con gentes de todo el mundo; ¿cómo, pues, no habrá de alegrarse la humildad de los hombres con tan sublime acción de la piedad divina, cuando tanto se entusiasma la sublimidad de los ángeles?
Demos, por tanto, queridos hermanos, gracias a Dios Padre por medio de su Hijo, en el Espíritu Santo, puesto que se apiadó de nosotros a causa de la inmensa misericordia con que nos amó; estando nosotros muertos por los pecados; nos ha hecho vivir con Cristo, para que gracias a él fuésemos una nueva criatura, una nueva creación.
Despojémonos, por tanto, del hombre viejo con todas sus obras y, ya que hemos recibido la participación de la generación de Cristo, renunciemos a las obras de la carne.
Reconoce, cristiano, tu dignidad y, puesto que has sido hecho partícipe de la naturaleza divina, no pienses en volver con un comportamiento indigno a las antiguas vilezas. Piensa de qué cabeza y de qué cuerpo eres miembro. No olvides que fuiste liberado del poder de las tinieblas y trasladado a la luz y al reino de Dios.

Gracias al sacramento del bautismo te has convertido en templo del Espíritu Santo; no se te ocurra ahuyentar con tus malas acciones a tan noble huésped, ni volver a someterte a la servidumbre del demonio: porque tu precio es la sangre de Cristo.
De los sermones de san León Magno, papa
(Sermón 1 en la Natividad del Señor, 1-3: PI. 54,190-193)
Fuente: News va.

El patriarca de Jerusalén pide por "los millones de refugiados que viven en campamentos y chabolas"

Twal preside la Misa del Gallo en Belén entre fuertes medidas de seguridad.


Recuerda a "los propietarios de casas demolidas en Jerusalén y las tierras confiscadas en Palestina"

El patriarca latino de Jerusalén, Fuad Twal, recordó a los refugiados del mundo y pidió misericordia para ellos en su tradicional homilía de Nochebuena en la ciudad de Belén, durante un servicio en el que participaron el presidente palestino Mahmud Abás y el primer ministro Rami Hamdala.
"Nuestros corazones están con los millones de refugiados que viven en campamentos y chabolas, sufriendo por el frío penetrante; las personas que huyen de las zonas de conflicto, muchos están a la deriva en la inmensidad de sus aguas a bordo de frágiles embarcaciones, y el mar convirtiéndose en un cementerio colectivo", dijo Twal.
El arzobispo, que dirigió la Misa del Galloantes miles de palestinos cristianos y peregrinos de todo el mundo llegados especialmente a la cuna del cristianismo, recordó que "en el pasado reciente, ha habido muchos incidentes desgarradores por todo el mundo".
"Estamos tristes de decir que hemos perdido nuestra humanidad y los valores espirituales, la religión se ha convertido en un motivo para matar en nombre de Dios, en vez de ser una motivación para la empatía y la fraternidad. En estos días y el tiempo, sufrimos de falta de compasión en nuestros corazones - como si la venida de Jesucristo y el mensaje de la Navidad fueron en vano".
Por ello, insistió en el mensaje del papa Francisco de dedicar el año 2016 a "meditar sobre la misericordia divina en todas sus dimensiones" y anunció la dedicación de una de las puertas de la Iglesia de Santa Catalina, adyacente a la Basílica de la Natividad, como Puerta de la misericordia, "confiando en que muchos peregrinos y fieles pasarán a través de él durante este año jubilar".

"La misericordia debe incluir a todas las personas cercanas y lejanas, personas a las que nos gusta y disgusta", subrayó Twal para quien es "fácil de mostrar misericordia a aquellos con los que estamos relacionados por la sangre, el parentesco, la religión y la raza".
"Sin embargo, es difícil extender la relación para incluir a los presos pobres y marginados, a los prisioneros y a las víctimas de la violencia y el terrorismo en Palestina y en nuestros países vecinos", señaló en alusión a los conflictos en la región y al que enfrenta a palestinos e israelíes.
En la ola de violencia que sacude la región desde octubre han muerto al menos 135 palestinos, más de la mitad en ataques o supuestos ataques contra israelíes, que han dejado 24 personas muertas entre estos últimos.
Dentro de este espíritu de misericordia, mencionó que "pensamos en los propietarios de casas demolidas en Jerusalén y las tierras confiscadas en Palestina, los afectados por los castigos colectivos y de los niños y jóvenes privados de un futuro brillante".
Y exhortando a la calma agregó que "también pensamos en las víctimas de todas las formas de terrorismo en todas partes. No importa quiénes son y de dónde vienen, estas personas son todos nuestros hermanos y hermanas en la humanidad".

Donde nace Dios, nace la paz y no hay lugar para odio ni guerra: Mensaje Urbi et Orbi

Queridos hermanos y hermanas, feliz Navidad.
Cristo nos ha nacido, exultemos en el día de nuestra salvación.
Abramos nuestros corazones para recibir la gracia de este día, que es Él mismo: Jesús es el «día» luminoso que surgió en el horizonte de la humanidad. El día de la misericordia, en el cual Dios Padre ha revelado a la humanidad su inmensa ternura. Día de luz que disipa las tinieblas del miedo y de la angustia. Día de paz, en el que es posible encontrarse, dialogar, sobre todo, reconciliarse. Día de alegría: una «gran alegría» para los pequeños y los humildes, para todo el pueblo (cf. Lc 2,10).
En este día, ha nacido de la Virgen María Jesús, el Salvador. El pesebre nos muestra la «señal» que Dios nos ha dado: «un niño recién nacido envuelto en pañales y acostado en un pesebre» (Lc 2,12). Como los pastores de Belén, también nosotros vamos a ver esta señal, este acontecimiento que cada año se renueva en la Iglesia. La Navidad es un acontecimiento que se renueva en cada familia, en cada parroquia, en cada comunidad que acoge el amor de Dios encarnado en Jesucristo. Como María, la Iglesia muestra a todos la «señal» de Dios: el niño que ella ha llevado en su seno y ha dado a luz, pero que es el Hijo del Altísimo, porque «proviene del Espíritu Santo» (Mt 1,20). Por eso es el Salvador, porque es el Cordero de Dios que toma sobre sí el pecado del mundo (cf. Jn 1,29). Junto a los pastores, postrémonos ante el Cordero, adoremos la Bondad de Dios hecha carne, y dejemos que las lágrimas del arrepentimiento llenen nuestros ojos y laven nuestro corazón.
Sólo Él, sólo Él nos puede salvar. Sólo la misericordia de Dios puede liberar a la humanidad de tantas formas de mal, a veces monstruosas, que el egoísmo genera en ella. La gracia de Dios puede convertir los corazones y abrir nuevas perspectivas para realidades humanamente insuperables.
Donde nace Dios, nace la esperanza. Donde nace Dios, nace la paz. Y donde nace la paz, no hay lugar para el odio ni para la guerra. Sin embargo, precisamente allí donde el Hijo de Dios vino al mundo, continúan las tensiones y las violencias y la paz queda como un don que se debe pedir y construir. Que los israelíes y palestinos puedan retomar el diálogo directo y alcanzar un entendimiento que permita a los dos pueblos convivir en armonía, superando un conflicto que les enfrenta desde hace tanto tiempo, con graves consecuencias para toda la región.
Pidamos al Señor que el acuerdo alcanzado en el seno de las Naciones Unidas logre cuanto antes acallar el fragor de las armas en Siria y remediar la gravísima situación humanitaria de la población extenuada. Es igualmente urgente que el acuerdo sobre Libia encuentre el apoyo de todos, para que se superen las graves divisiones y violencias que afligen el país. Que toda la Comunidad internacional ponga su atención de manera unánime en que cesen las atrocidades que, tanto en estos países como también en Irak, Yemen y en el África subsahariana, causan todavía numerosas víctimas, provocan enormes sufrimientos y no respetan ni siquiera el patrimonio histórico y cultural de pueblos enteros. Quiero recordar también a cuantos han sido golpeados por los atroces actos terroristas, particularmente en las recientes masacres sucedidas en los cielos de Egipto, en Beirut, París, Bamako y Túnez.
Que el Niño Jesús les dé consuelo y fuerza a nuestros hermanos, perseguidos por causa de su fe en distintas partes del mundo.
Pidamos Paz y concordia para las queridas poblaciones de la República Democrática del Congo, de Burundi y del Sudán del Sur para que, mediante el diálogo, se refuerce el compromiso común en vista de la edificación de sociedades civiles animadas por un sincero espíritu de reconciliación y de comprensión recíproca.
Que la Navidad lleve la verdadera paz también a Ucrania, ofrezca alivio a quienes padecen las consecuencias del conflicto e inspire la voluntad de llevar a término los acuerdos tomados, para restablecer la concordia en todo el país.
Que la alegría de este día ilumine los esfuerzos del pueblo colombiano para que, animado por la esperanza, continúe buscando con tesón la anhelada paz.
Donde nace Dios, nace la esperanza¸ y donde nace la esperanza, las personas encuentran la dignidad. Sin embargo, todavía hoy muchos hombres y mujeres son privados de su dignidad humana y, como el Niño Jesús, sufren el frío, la pobreza y el rechazo de los hombres. Que hoy llegue nuestra cercanía a los más indefensos, sobre todo a los niños soldado, a las mujeres que padecen violencia, a las víctimas de la trata de personas y del narcotráfico.
Que no falte nuestro consuelo a cuantos huyen de la miseria y de la guerra, viajando en condiciones muchas veces inhumanas y con serio peligro de su vida. Que sean recompensados con abundantes bendiciones todos aquellos, personas privadas o Estados, que trabajan con generosidad para socorrer y acoger a los numerosos emigrantes y refugiados, ayudándoles a construir un futuro digno para ellos y para sus seres queridos, y a integrarse dentro de las sociedades que los reciben.
Que en este día de fiesta, el Señor vuelva a dar esperanza a cuantos no tienen trabajo, que son muchos, y sostenga el compromiso de quienes tienen responsabilidades públicas en el campo político y económico para que se empeñen en buscar el bien común y tutelar la dignidad toda vida humana.
Donde nace Dios, florece la misericordia. Este es el don más precioso que Dios nos da, particularmente en este año jubilar, en el que estamos llamados a descubrir la ternura que nuestro Padre celestial tiene con cada uno de nosotros. Que el Señor conceda, especialmente a los presos, la experiencia de su amor misericordioso que sana las heridas y vence el mal.
Y de este modo, hoy todos juntos exultemos en el día de nuestra salvación. Contemplando el portal de Belén, fijemos la mirada en los brazos de Jesús que nos muestran el abrazo misericordioso de Dios, mientras escuchamos el gemido del Niño que nos susurra: «Por mis hermanos y compañeros voy a decir: “La paz contigo”» (Sal 121 [122], 8).
Después del mensaje Urbi et Orbi el Papa dedicó unas palabras a los fieles presentes en la Plaza de San Pedro y a los que le siguieron por los medios de comunicación:
A ustedes, queridos hermanos y hermanas, llegados de diferentes partes del mundo en esta Plaza, y a los que desde diversos países están conectados con la radio, la televisión y los otros medios de comunicación, les envío mi cordial felicitación.
Es la Navidad del Año Santo de la Misericordia, por eso deseo a todo que puedan acoger en su propia vida la misericordia de Dios, que Jesucristo nos ha donado, por ser misericordiosos con nuestros hermanos. ¡Así haremos crecer la paz!

¡Feliz Navidad!

viernes, 25 de diciembre de 2015

La nostalgia de la Navidad ".La vida no es como quisiéramos, pero no sabemos hacerla mejor"

La Navidad es una fiesta llena de nostalgia. Se canta la paz, pero no sabemos construirla. Nos deseamos felicidad, pero cada vez parece más difícil ser feliz. Nos compramos mutuamente regalos, pero lo que necesitamos es ternura y afecto. Cantamos a un niño Dios, pero en nuestros corazones se apaga la fe. La vida no es como quisiéramos, pero no sabemos hacerla mejor.
No es solo un sentimiento de Navidad. La vida entera está transida de nostalgia. Nada llena enteramente nuestros deseos. No hay riqueza que pueda proporcionar paz total. No hay amor que responda plenamente a los deseos más hondos. No hay profesión que pueda satisfacer del todo nuestras aspiraciones. No es posible ser amados por todos.
La nostalgia puede tener efectos muy positivos. Nos permite descubrir que nuestros deseos van más allá de lo que hoy podemos poseer o disfrutar. Nos ayuda a mantener abierto el horizonte de nuestra existencia a algo más grande y pleno que todo lo que conocemos.
Al mismo tiempo, nos enseña a no pedir a la vida lo que no nos pueda dar, a no esperar de las relaciones lo que no nos pueden proporcionar. La nostalgia no nos deja vivir encadenados solo a este mundo.
Es fácil vivir ahogando el deseo de infinito que late en nuestro ser. Nos encerramos en una coraza que nos hace insensibles a lo que puede haber más allá de lo que vemos y tocamos. La fiesta de la Navidad, vivida desde la nostalgia, crea un clima diferente: estos días se capta mejor la necesidad de hogar y seguridad. A poco que uno entre en contacto con su corazón, intuye que el misterio de Dios es nuestro destino último.
Si uno es creyente, la fe le invita estos días a descubrir ese misterio, no en un país extraño e inaccesible, sino en un niño recién nacido. Así de simple y de increíble. Hemos de acercarnos a Dios como nos acercamos a un niño: de manera suave y sin ruidos; sin discursos solemnes, con palabras sencillas nacidas del corazón. Nos encontramos con Dios cuando le abrimos lo mejor que hay en nosotros.
A pesar del tono frívolo y superficial que se crea en nuestra sociedad, la Navidad puede acercar a Dios. Al menos, si la vivimos con fe sencilla y corazón limpio.

José Antonio Pagola

No estamos ya solos ni abandonados. Tiene que cesar el miedo y el temor, porque la luz nos señala el camino, afirmó el Papa en Navidad

 En esta noche brilla una «luz grande» (Is 9,1); sobre nosotros resplandece la luz del nacimiento de Jesús. Qué actuales y ciertas son las palabras del profeta Isaías, que acabamos de escuchar: «Acrecentaste la alegría, aumentaste el gozo» (Is 9,2). Nuestro corazón estaba ya lleno de alegría mientras esperaba este momento; ahora, ese sentimiento se ha incrementado hasta rebosar, porque la promesa se ha cumplido, por fin se ha realizado. El gozo y la alegría nos aseguran que el mensaje contenido en el misterio de esta noche viene verdaderamente de Dios. No hay lugar para la duda; dejémosla a los escépticos que, interrogando sólo a la razón, no encuentran nunca la verdad. No hay sitio para la indiferencia, que se apodera del corazón de quien no sabe querer, porque tiene miedo de perder algo. La tristeza es arrojada fuera, porque el Niño Jesús es el verdadero consolador del corazón.
Hoy ha nacido el Hijo de Dios: todo cambia. El Salvador del mundo viene a compartir nuestra naturaleza humana, no estamos ya solos ni abandonados. La Virgen nos ofrece a su Hijo como principio de vida nueva. La luz verdadera viene a iluminar nuestra existencia, recluida con frecuencia bajo la sombra del pecado. Hoy descubrimos nuevamente quiénes somos. En esta noche se nos muestra claro el camino a seguir para alcanzar la meta. Ahora tiene que cesar el miedo y el temor, porque la luz nos señala el camino hacia Belén. No podemos quedarnos inermes. No es justo que estemos parados. Tenemos que ir y ver a nuestro Salvador recostado en el pesebre. Este es el motivo del gozo y la alegría: este Niño «ha nacido para nosotros», «se nos ha dado», como anuncia Isaías (cf. 9,5). Al pueblo que desde hace dos mil años recorre todos los caminos del mundo, para que todos los hombres compartan esta alegría, se le confía la misión de dar a conocer al «Príncipe de la paz» y ser entre las naciones su instrumento eficaz.
Cuando oigamos hablar del nacimiento de Cristo, guardemos silencio y dejemos que ese Niño nos hable; grabemos en nuestro corazón sus palabras sin apartar la mirada de su rostro. Si lo tomamos en brazos y dejamos que nos abrace, nos dará la paz del corazón que no conoce ocaso. Este Niño nos enseña lo que es verdaderamente importante en nuestra vida. Nace en la pobreza del mundo, porque no hay un puesto en la posada para Él y su familia. Encuentra cobijo y amparo en un establo y viene recostado en un pesebre de animales. Y, sin embargo, de esta nada brota la luz de la gloria de Dios. Desde aquí, comienza para los hombres de corazón sencillo el camino de la verdadera liberación y del rescate perpetuo. De este Niño, que lleva grabados en su rostro los rasgos de la bondad, de la misericordia y del amor de Dios Padre, brota para todos nosotros sus discípulos, como enseña el apóstol Pablo, el compromiso de «renunciar a la impiedad» y a las riquezas del mundo, para vivir una vida «sobria, justa y piadosa» (Tt 2,12).

En una sociedad frecuentemente ebria de consumo y de placeres, de abundancia y de lujo, de apariencia y de narcisismo, Él nos llama a tener un comportamiento sobrio, es decir, sencillo, equilibrado, lineal, capaz de entender y vivir lo que es importante. En un mundo, a menudo duro con el pecador e indulgente con el pecado, es necesario cultivar un fuerte sentido de la justicia, de la búsqueda y el poner en práctica la voluntad de Dios. Ante una cultura de la indiferencia, que con frecuencia termina por ser despiadada, nuestro estilo de vida ha de estar lleno de piedad, de empatía, de compasión, de misericordia, que extraemos cada día del pozo de la oración.

Que, al igual que los pastores de Belén, nuestros ojos se llenen de estupor y maravilla al contemplar en el Niño Jesús al Hijo de Dios. Y que, ante Él, brote de nuestros corazones la invocación: «Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación» (Sal 85,8).

miércoles, 23 de diciembre de 2015

Turrón con sabor a Papa Francisco.Juan José Aguirre, obispo de Bangassou

Este año el mejor regalo de Navidad que hemos recibido en Centroáfrica ha sido el Papa Francisco. El eco de su visita todavía resuena en nuestros oídos. Llegó como un ángel blanco con zapatos negros y gastados y, con solo su estar, sonreír y acariciar, hizo saltar de un plumazo los negros augurios que pronosticaban una visita saboteada y rota.
Cuando acarició a su niño, una madre se echó a llorar de emoción. El de la foto de abajo es de un campo de desplazados que visitó justo después de la acogida ritual con fanfarrias en el palacio presidencial.
Del abrazo de ministros y funcionarios (también ellos muy felices con su visita) se marchó al otro extremo: a la dura vida del día a día, del sobrevivir con menos que nada en un campo de gentes en donde todos lo habían perdido todo.
Cuando vieron al Papa paseando junto a ellos, buscándolos incluso para poder acariciar sus cabezas apenas trenzadas al estilo africano, sintieron que no lo habían perdido todo, porque tenían sonrisas a raudales por sentirse bendecidos con la sola experiencia de las yemas de sus dedos.
El Papa Francisco se pateó el campo de desplazados de arriba a abajo. Creo que tocó a más de 400 personas, la mayoría niños. Bajo un sol de plomo porque era ya medio día. Sonrió a las madres, acarició los niños, con el mismo cariño que acabará acariciando el niño Jesús de su Belén en Santa Marta.
Los niños que el Papa Francisco tocó en Bangui, sin mediar palabra, justo con un intercambio de miradas cómplices, era ya un deseo de Feliz Navidad.
Luego se acercó a acariciar a aquella mujer en el pediátrico de Bangui. Podría haber sido en el "Buen Samaritano" en Bangassou, tantas veces hemos visto esa escena repetida.
Esa mujer, que todo el mundo vino a saludar al día siguiente porque la habían visto en la prensa junto al Papa, es, junto al niño, el segundo símbolo de nuestra navidad. ¡Feliz navidad a todos los amigos de la Fundación Bangassou!
Algunos creyeron que era un niño. Si nos fijamos, es una mujer de 25-30 años, de 35-40 kilos de peso corporal, con una enfermedad en fase terminal, seguramente Sida, sobre abiertos los ojos, menguados sus pechos, como vaciada de vísceras, reducida a un amasijo de huesos y humanidad... Papa Francisco le coge la mano, luego alarga la otra hacia su frente...
Ella mira a la cruz como desangelada y él baja la mirada pudoroso al encontrarse junto a un misterio. El misterio del sufrimiento llevado a límites fuera de lo normal, una serie interminable de píldoras amargas que han llevado a esa joven a ese extremo de desamparo...
Finalmente, aparezco en otra foto junto al Papa. Después del campamento de desplazados, quiso encontrar a los 10 obispos de Centroáfrica. Nos saludó uno a uno. Yo le hablé en español mientras que el Nuncio traducía en francés para los otros obispos.

Le hablé de Bangassou, de los peregrinos que han hecho tres días de camión por pistas llenas de violentos para venir a verlo y de que después nos tocaba la vuelta. Pero que todo era poco por el placer de oír su mensaje y ver sus gestos de coraje que buscan la fraternidad en una sociedad huérfana de guiños de amor.
Me dijo que estaba impresionado de ver que 2.800 jóvenes scouts habían hecho como "un muro" para que nadie entrara por donde su coche iba a pasar. ¡Los jóvenes de Bangui protegiendo al Papa Francisco! Feliz Navidad a todos y próspero año 2016....

Juan José Aguirre, obispo de Bangassou
Fuente: Religión digital

Levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación

Sal 24, 4-5ab. 8-9. 10 y 14
Levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación
Señor, enséñame tus caminos, 
instrúyeme en tus sendas: 
haz que camine con lealtad; 
enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador.
Levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación
El Señor es bueno y es recto, 
y enseña el camino a los pecadores; 
hace caminar a los humildes con rectitud,
enseña su camino a los humildes.
Levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación
Las sendas del Señor son misericordia y lealtad 
para los que guardan su alianza y sus mandatos. 
El Señor se confía con sus fieles 
y les da a conocer su alianza.
Levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación

El nacimiento de Juan Bautista


Lectura del santo evangelio según san Lucas 1,57-66
A Isabel se le cumplió el tiempo del parto y dio a luz un hijo. Se enteraron sus vecinos y parientes de que el Señor le había hecho una gran misericordia, y la felicitaban.
A los ocho días fueron a circuncidar al niño, y lo llamaban Zacarías, como a su padre. La madre intervino diciendo:
- «¡No! Se va a llamar Juan.»
Le replicaron:
-«Ninguno de tus parientes se llama así.»
Entonces preguntaban por señas al padre cómo quería que se llamase. Él pidió una tablilla y escribió: «Juan es su nombre.» Todos se quedaron extrañados.
Inmediatamente se le soltó la boca y la lengua, y empezó a hablar bendiciendo a Dios.
Los vecinos quedaron sobrecogidos, y corrió la noticia por toda la montaña de Judea. Y todos los que lo oían reflexionaban diciendo:
- «¿Qué va a ser este niño?»
Porque la mano del Señor estaba con él.
Palabra del Señor.