martes, 8 de diciembre de 2015

Francisco abre la Puerta Santa

El Papa inagura el Año de la misericordia con la apertura de la puerta santa Francisco: "El Jubileo nos obliga a no olvidar el espíritu del Vaticano II, el del samaritano"


Se respira el clima de las grandes ocasiones. Francisco inaugura en Roma el Año de la misericordia y abre la puerta santa, tras el prólogo de Bangui. Y, en la homilía, explica que, para Dios, lo primero es la misericordia, incluso antes que el juicio. Por eso, invita a la Iglesia a recuperar el "espíritu del samaritano del Vaticano II", para salir, de nuevo, a proclamar la alegría del amor al mundo.
El Papa concelebra rodeado de todos sus cardenales curiales, decenas de obispos y de sacerdotes en la Plaza de San Pedro. Al lado del altar, un icono de estilo oriental de la Virgen María, madre de la misericordia. En el otro lado, una peana con elEvangeliario del Año de la misericordia, abierto por la página de la Anunciación.
En el frontal de la Basílica que da a la plaza,el icono del año de la Misericordia, obra del artista jesuita padre Rupnik.
Entre los invitados, el prior de Taizé, el presidente de Italia, Matarella, o el primer ministro, Mateo Renzi.
Primera lectura del libro del Génesis en español: "La mujer que me diste como compañera me ofreció del fruto y comí"
Segunda lectura de la carta del apóstol Pablo a los Efesios, leída en inglés: "Nos eligió en Cristo antes de crear el mundo, para que fuésemos santos e irreprochables en el amor"
Lectura del pasaje del Evangelio de Lucas, cantado en italiano, del anuncio del ángel: "En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret...La Virgen se llamaba María..."

El Papa besa el Evangeliario, con el icono del Año jubilar, obra también del padre Rupnik y, a continuación el Evangelio queda expuesto en el altar.
La apertura de la puerta santa
Tras la misa, la apertura de la Puerta Santa del jubileo extraordinario de la misericordia.
El Papa, en procesión, se dirige a la puerta, revestido con una sencilla capa pluvial. Antes de situarse ante la puerta santa y hacer una oración, se detiene para abrazar al Papa emérito, Benedicto XVI, que quiso acompañarle en este momento solemne.

"Cristo es la puerta a través de la cual vamos a ti, belleza que no conoce ocaso...", reza el Papa. Y añade: Esta es la puerta del Señor, ábranme la puerta de la justicia"
El Papa empuja la puerta, cruza el umbral y se queda rezando de pie durante unos momentos. Tras él, el Papa Benedicto, acompañado de su secretario, monseñor Ganenswein.
Tras saludar de nuevo al Papa emérito, Francisco se dirige al altar de la basílica. El templo está vacío, mientras cruzan la puerta santa los cardenales, obispos, sacerdotes y fieles. De pié, ante el altar de la confesión, el Papa espera estoicamente la larga procesión de entrada en el templo de los clérigos. Algunso obispos y curas besan el umbral de la puerta santa, antes de cruzarlo.
Ante el altar, vuelve a hacer una oración litúrgica: "Concédenos hacer viva experiencia de tu termura paterna y dar testimonio, con palabras y obras, de Cristo"

Y, a continuación, la bendición papal, con la que concluye la eucaristía. Después, el Papa se dirige ante la imagen de la Virgen, mientras suena el Regina coeli.
Religión digital

El Papa rinde homenaje a la Inmaculada ante la embajada de España

Aclamado por el pueblo: "Papa Francisco estamos contigo"

En su oración, Francisco recordó a "aquellos que sienten más duro el camino" de la vida
 Tras la apertura de la puerta santa por la mañana, el Papa se fue por la tarde a rendir homenaje a la Inmaculada ante la embajada de España ante la Santa Sede. En ena ceremonia sencilla, pero llena de ternura y encanto, sobre todo cuando Francisco besa, abraza y acaricia a decenas de enfermos que esperan su bendición.

En su oración, Francisco recordó a "aquellos que sienten más duro el camino" de la vida como los enfermos, los presos y quienes "llegan de tierras lejanas en busca de paz y trabajo".

"Vengo en nombre de las familias, con sus alegrías y penas; de los niños y jóvenes, abiertos a la vida; de los ancianos, llenos de experiencia", dijo el pontífice a los pies de la estatua de la Inmaculada Concepción, en la plaza de España de Roma.

Francisco dijo representar en modo particular a "los enfermos y a los encarcelados, a quienes sienten más duro el camino".
"Como pastor vengo también en nombre de aquellos que han llegado desde tierras lejanas en busca de paz y de trabajo", proclamó.
"Bajo tu manto hay lugar para todos porque eres la madre de la Misericordia. Tu corazón está lleno de ternura hacia todos tus hijos: la ternura de Dios, que contigo se hizo carne y se convirtió en nuestro hermano, Jesús, salvador de cada hombre y mujer", dijo.

El pontífice llegó a la plaza de España de Roma a las 15.48 hora local (14.48 GMT) y allí le esperaban miles de fieles, romanos y turistas que le recibieron al grito de "Viva el papa" y que también corearon su nombre al final de la celebración, cuando el pontífice argentino se acercó a saludarles.

Jorge Bergoglio pronunció la oración a los pies de la escultura de la Virgen, dondedepositó una franja de flores blancas y amarillas, los colores de la bandera vaticana.
La tradición papal de la ofrenda de flores se remonta a 1857, tres años después de la definición dogmática de la Concepción Inmaculada de la Virgen María.
Por voluntad de Pío IX se erigió este monumento en la romana Plaza de España y fue él quien lo bendijo el 8 de septiembre de 1857 desde el balcón central de la embajada española ante la Santa Sede.
Después de la oración, Francisco permaneció varios minutos en silencio y en meditación frente a la escultura, mientras se escuchaban las letanías a la Virgen.
Al acto acudieron diversas autoridades políticas como el comisario de Roma, Franco Paolo Tronca, y una comitiva de la Embajada de España ante la Santa Sede encabezada por el embajador Eduardo Gutiérrez Sáenz de Buruaga.

Una larga letanía, mientras el Papa, de pié, reza con la cabeza baja. Los balcones de la embajada española están repletos de gente, al igual que en las aceras de la Plaza de España y aledaños.
Tras las letanías, el Papa imparte su bendición y el coro entona el 'Tota pulchra est Maria'.
Y, a continuación, el saludo a las autoridades, entre ellas, el cardenal Filoni,vecino de la Plaza de España, y el embajador español ante la Santa Sede.

Terminada la ceremonia oficial, el Papa se detiene a besar y saludar a los enfermos. Decenas de enfermos que se han reunido allí con sus cuidadores. La gente le aclama, le llama, llora a su paso.
Tras la larga fila de enfermos, saluda a la gente, pero tadavía hay más. Y sigue saludando, a cada uno, con delicadeza, con misericordia. Mientras la gente grita su nombre como un talismán. Y la cola es interminable. El Ppaa lleva una hora saludaando y bendiciendo a los enfermos, sus preferidos.
Y el Papa no se cansa. Está con los suyos. No tiene prisa.Y la gente le devuelve su ternura: 'Viva el Papa' y 'Francesco, Francesco'. Y el Papa se deja querer, besar y acariciar. "Viva el Papa. Estamos siempre contigo", le dice la gente.
Y Francisco se introduce en su pequeño Fiat azul oscuro y se dirige a Santa María la Mayor.

José Manuel Vidal

Monseñor Osoro recuerda que «María, con su sí, abrió el Cielo en esta tierra» en la Gran Vigilia de la Inmaculada

Como antesala del Año Santo de la Misericordia, que se inicia precisamente mañana, festividad de la Inmaculada Concepción, se ha celebrado en todas las diócesis españolas y en muy diversos países la Gran Vigilia de la Inmaculada. En Madrid han sobresalido tres celebraciones: en la catedral de la Almudena, en la basílica de la Merced y en el santuario de María Auxiliadora. Todas han comenzado a las 21:00 horas y se han caracterizado por la gran afluencia de público, con especial presencia de familias y jóvenes.
En su homilía en la catedral, monseñor Osoro ha resaltado que «María Inmaculada, con su sí, abrió el Cielo en esta tierra». «El ser humano puede experimentar el Cielo aquí si acoge con todas las consecuencias la vida que el hijo de Dios nos ha regalado», como hizo la Virgen, que «solo contenía a Dios» y ofrece «el rico fruto que la Gracia de Dios ha dado en su vida», ha señalado el prelado, antes de explicar que «la Inmaculada Concepción nos hace la gran pregunta, nos da la gran respuesta y nos entrega la misión».

La pregunta que nos hace, según ha afirmado monseñor Osoro, es «¿dónde estamos?». «¿Qué contiene nuestra vida?, ¿quién es el que orienta nuestra vida?, ¿quién es el que nos marca la dirección de nuestra existencia?, ¿en qué palabra confiamos nosotros para adentrarnos en este mundo?», ha abundado. «No me digáis que no tiene una fuerza extraordinaria para nosotros el que nos reunamos aquí esta noche en esta catedral dedicada a la Virgen, en esta fiesta, para que nos hagamos estas preguntas. [...] Ella da la respuesta: nos enseña a cantar un cántico nuevo. Ella es maestra. María es la Madre de Misericordia, la que entrega a esta tierra la misericordia, la desmedida del amor de Dios», ha aseverado el arzobispo, para luego concluir que ahí nace «nuestra gran misión». La Virgen, según ha remarcado, «es Madre de Misericordia en todas las circunstancias»; «nos dice dónde se encuentra la Gloria y alabanza». «Decimos a María que nos ayude para decir a Dios sí, siempre a Dios sí, nunca a Dios no. Tenemos que decir no a todo aquello que no nos lleva a tener la riqueza que tan plenamente vivió la Inmaculada Concepción».

El dogma de la Inmaculada Concepción de María


La Inmaculada Concepción de María es el dogma de fe que declara que por una gracia singular de Dios, María fue preservada de todo pecado, desde su concepción. 

El dogma fue proclamado por el Papa Pío IX el 8 de diciembre de 1854 , en su bula Ineffabilis Deus.


"...declaramos, proclamamos y definimos que la doctrina que sostiene que la beatísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de la culpa original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Cristo Jesús Salvador del género humano, está revelada por Dios y debe ser por tanto firme y constantemente creída por todos los fieles..." 

(Pío IX, Bula Ineffabilis Deus, 8 de diciembre de 1854)

La Inmaculada Concepción de la Virgen María. De los sermones de san Anselmo, obispo


El cielo, las estrellas, la tierra, los ríos, el día y la noche, y todo cuanto está sometido al poder o utilidad de los hombres, se felicitan de la gloria perdida, pues una nueva gracia inefable, resucitada en cierto modo por ti ¡oh Señora!, les ha sido concedida. [...]


Por la plenitud de tu gracia, lo que estaba cautivo en el infierno se alegra por su liberación, y lo queestaba por encima del mundo se regocija por su restauración. En efecto, por el poder del Hijo glorioso de tu gloriosa virginidad, los justos que perecieron antes de la muerte vivificadora de Cristo se alegran de que haya sido destruida su cautividad, y los ángeles se felicitan al ver restaurada su ciudad medio derruida.



¡Oh mujer llena de gracia, sobreabundante de gracia, cuya plenitud desborda a la creación entera y la hace reverdecer! ¡Oh Virgen bendita, bendita por encima de todo por tu bendición queda bendita toda criatura, no sólo la creación por el Creador, sino también el Creador por la criatura!

Dios entregó a María su propio Hijo, el único igual a él, a quien engendra de su corazón como amándose a sí mismo. Valiéndose de María, se hizo Dios un Hijo, no distinto, sino el mismo, para que realmente fuese uno y el mismo el Hijo de Dios y de María. Todo lo que nace es criatura de Dios, y Dios nace de María. Dios creó todas las cosas, y María engendró a Dios. Dios, que hizo todas las cosas, se hizo a sí mismo mediante María; y, de este modo, volvió a hacer todo lo que había hecho. El que pudo hacer todas las cosas de la nada no quiso rehacer sin María lo que había sido manchado.

Dios es, pues, el padre de las cosas creadas; y María es la madre de las cosas recreadas. Dios es el padre a quien se debe la constitución del mundo; y María es la madre a quien se debe su restauración. Pues Dios engendró a aquel por quien todo fue hecho; y María dio a luz a aquel por quien todo fue salvado. Dios engendró a aquel sin el cual nada existe; y María dio a luz a aquel sin el cual nada subsiste. ¡Verdaderamente el Señor está contigo, puesto que ha hecho que toda criatura te debiera tanto como a él!


Fuente: News.Va

HÁGASE EN MÍ SEGÚN TU PALABRA


Lectura del santo evangelio según san Lucas (1.26-38):
En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María.
El ángel, entrando en su presencia, dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.»
Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél.
El ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.»
Y María dijo al ángel: «¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?»
El ángel le contestó: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.»
María contestó: «Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.»

lunes, 7 de diciembre de 2015

El Papa en conexión con Asís: Navidad es abrirse al perdón

Abrir el corazón a la misericordia, frente a las desgracias que padecen los emigrantes en el mar, “no fáciles de perdonar”. Es la invitación que hizo el Papa Francisco mediante una video conexión con Asís. En efecto, desde la Ciudad del Vaticano, la tarde del II Domingo de Adviento, el Pontífice encendió, simbólicamente, el Pesebre y el Árbol de Navidad frente a la Basílica de San Francisco de Asís, ambos símbolos dedicados a los emigrantes.
Antes de la conexión con el Obispo de Roma, Monseñor  Georg Gänswein, Prefecto de la Casa Pontificia, celebró la Santa Misa en la Basílica Inferior de Asís, en cuya homilía invitó a ponerse a la escucha de la Palabra del Señor, recorriendo tres vías siguiendo el ejemplo de San Juan Bautista, a saber: el desierto, o sea el lugar de la oración y de la reflexión; la conversión, que cambia radicalmente nuestra vida a través de la caridad y la esperanza y, en fin, la misión, porque el cristiano no debe tener miedo de hablar de Cristo.
Monseñor Gänswein bendijo el Pesebre que fue preparado en una barca de siete metros de longitud, que navegó por el mar Mediterráneo y que en marzo de 2014 permitió el traslado de nueve tunecinos a la isla italiana de Lampedusa.
Durante la ceremonia también asistieron 31 prófugos hospedados por la Caritas diocesana procedentes de Afganistán, Camerún, Irán y Nigeria y un oficial de la Marina Militar que participó en las operaciones de salvataje de los emigrantes en el canal de Sicilia.
Hablando espontáneamente, el Papa Francisco dijo:
“Mirando aquella barca…  Jesús siempre está con nosotros, también en los momentos difíciles. ¡Cuántos hermanos y hermanas se han ahogado en el mar! Están con el Señor, ahora. Él ha venido a darnos esperanza, y debemos tomar esta esperanza. Ha venido para decirnos que Él es más fuerte que la muerte, que Él es más grande que toda maldad. Ha venido para decirnos que es misericordioso, todo misericordia; y en esta Navidad los invito a abrir el corazón a la misericordia, al perdón. Pero no es fácil perdonar estas matanzas. No es fácil”.
El Santo Padre agradeció de corazón a las mujeres y a los hombres que componen la Guardia Costera, porque han sido instrumento de la esperanza que nos trae Jesús. Y añadió que han sido sembradores de esperanza, de la esperanza de Jesús.
Tras agradecer las palabras de uno de los emigrantes que la tierra italiana ha recibido generosamente, Francisco añadió que el Sur de Italia ha sido un ejemplo de solidaridad para todo el mundo. Y manifestó su deseo de que al ver ese Pesebre todos puedan decirle a Jesús: “¡También yo he dado una mano para que tú seas un signo de esperanza”!
A todos los refugiados el Papa Francisco les dijo, con las palabras del Profeta: “Levanten la cabeza, el Señor está cerca. Y con Él la fuerza, la salvación, la esperanza. El corazón, quizás, afligido, pero la cabeza alta en la esperanza del Señor.
Y concluyó diciendo:
“A todos ustedes refugiados, y a todos ustedes de la Guardia Costera, les agrazo y les deseo una Santa Navidad, llena de esperanza, y con tantas caricias del Señor”.
(María Fernanda Bernasconi - RV).

Nuestro Señor viene y nos salvará


Sal 84, 9ab-10. 11-12.13-14 
Nuestro Señor viene y nos salvará.
Voy a escuchar lo que dice el Señor: 
«Dios anuncia la paz 
a su pueblo y a sus amigos.» 
La salvación está ya cerca de sus fieles, 
y la gloria habitará en nuestra tierra.
Nuestro Señor viene y nos salvará.
La misericordia y la fidelidad se encuentran, 
la justicia y la paz se besan; 
la fidelidad brota de la tierra, 
y la justicia mira desde el cielo.
Nuestro Señor viene y nos salvará.
El Señor nos dará la lluvia, 
y nuestra tierra dará su fruto. 
La justicia marchará ante él, 
la salvación seguirá sus pasos
Nuestro Señor viene y nos salvará.


Hoy hemos visto cosas admirables


Lectura del santo evangelio según san Lucas 5, 17-26

Un día estaba Jesús enseñando, y estaban sentados unos fariseos y maestros de la ley, venidos de todas las aldeas de Galilea, Judea y Jerusalén. Y el poder del Señor lo impulsaba a curar.
Llegaron unos hombres que traían en una camilla a un paralítico y trataban de introducirlo para colocarlo delante de él. No encontrando por donde introducirlo, a causa del gentío, subieron a la azotea y, separando las losetas, lo descolgaron con la camilla hasta el centro, delante de Jesús. Él, viendo la fe que tenían, dijo:
- «Hombre, tus pecados están perdonados.»
Los escribas y los fariseos se pusieron a pensar:
- «¿Quién es éste que dice blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados más que Dios?»
Pero Jesús, leyendo sus pensamientos, les replicó:
- «¿Qué pensáis en vuestro interior? ¿Qué es más fácil: decir "tus pecados quedan perdonados", o decir levántate y anda,'?
Pues, para que veáis que el Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar pecados - dijo al paralítico-: A ti te lo digo, ponte en pie, toma tu camilla y vete a tu casa.»
El, levantándose al punto, a la vista de ellos, tomó la camilla donde estaba tendido y se marchó a su casa dando gloria a Dios
Todos quedaron asombrados, y daban gloria a Dios, diciendo llenos de temor:
- «Hoy hemos visto cosas admirables.»
Palabra del Señor.

domingo, 6 de diciembre de 2015

Convertirnos de la presunción de que no necesitamos convertirnos, expresó Francisco en el ángelus

 Flash reflexión pre-Ángelus: “La voz del Bautista grita todavía en los modernos desiertos de la humanidad que son las mentes cerradas y los corazones duros. Y nos provoca preguntarnos si efectivamente estamos recorriendo el camino justo, viviendo una vida según el Evangelio”, dijo el Obispo de Roma.

Inspirado en la lectura del Evangelio de Lucas, del 2do domingo de adviento, en el que Juan Bautista predica “un bautismo de conversión para el perdón de los pecados” (Lc. 3,3), Francisco ha dicho que tenemos que convertirnos de la presunción de que tenemos todo en regla, de la suposición de que está bien así y que no tenemos necesidad de ninguna conversión.

Hagamos la prueba de preguntarnos si en las distintas situaciones y circunstancias de la vida tenemos siempre los mismos sentimientos de Jesús, si cuando sufrimos algún problema logramos reaccionar sin animosidad y perdonamos de corazón al que nos pide disculpas. Si cuando somos llamados a compartir alegrías y dolores sabemos llorar con los que lloran y reír con los que ríen. Si cuando debemos expresar nuestra fe sabemos hacerlo con valentía y simplicidad sin avergonzarnos del Evangelio.

“Debemos ser valientes: abajar las montañas del orgullo y la rivalidad, rellenar los huecos escavados por la indiferencia y la apatía, enderezar los senderos de nuestras perezas y de nuestras componendas”, insistió Francisco. jesuita Guillermo Ortiz - Radio Vaticana


Mitigar los impactos del cambio climático, contrastar la pobreza y hacer florecer la dignidad humana. Palabras del Papa después del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas,
Sigo con gran atención los trabajos de la Conferencia sobre el clima en curso en París, y me vuelve a la mente una pregunta que hice en la encíclica Laudato si ''¿Qué tipo de mundo queremos dejar a quienes nos sucedan, a los niños que están creciendo?'' (n. 160). Por el bien de la casa común, de todos nosotros y de las futuras generaciones, en París todo el esfuerzo debe estar dirigido a la mitigación de los impactos de los cambios climáticos y, al mismo tiempo, a contrastar la pobreza para que florezca la dignidad humana. Recemos para que el Espíritu Santo ilumine a todos los que están llamados a tomar decisiones tan importantes y les dé el coraje de tener siempre como criterio de elección el bien mayor para la familia humana.
Mañana se celebra el quincuagésimo aniversario de un acontecimiento memorable entre católicos y ortodoxos. El 7 de diciembre de 1965, en la vigilia de la conclusión del Concilio Vaticano II, con una Declaración común del Papa Pablo VI y del Patriarca Ecuménico Atenágoras, se eliminaban de la memoria las sentencias de excomunión intercambiadas entre la Iglesia de Roma y la de Constantinopla en 1054. Es realmente providencial que aquel gesto histórico de reconciliación, que ha creado las condiciones para un nuevo diálogo entre ortodoxos y católicos en el amor y la verdad, sea recordado precisamente en el inicio del Jubileo de la Misericordia. No hay un auténtico camino hacia la unidad sin un pedido de perdón a Dios y entre nosotros, por el pecado de la división. Recordemos en nuestras oraciones al querido Patriarca Ecuménico Bartolomé y a los demás jefes de las Iglesias ortodoxas, y pidamos al Señor que las relaciones entre católicos y ortodoxos se inspiren siempre en el amor fraterno.   
Ayer, en Chimbote (Perú), fueron proclamados beatos Michael Tomaszek y Zbigniew Strzałkowski, Franciscanos Conventuales, y Alessandro Dordi, sacerdote fidei donum, asesinados por odio a la fe en 1991. Que la fidelidad de estos mártires en el seguimiento de Cristo dé la fuerza a todos nosotros, pero especialmente a los cristianos perseguidos en diferentes partes del mundo, para dar testimonio valiente del Evangelio.
Saludo a todos ustedes, peregrinos que han venido de Italia y de diversos países; ¡hay muchas banderas! En particular al coro litúrgico de Milherós de Poiares y a los fieles de Casal de Cambra, Portugal. Saludo a los participantes en el Congreso del Movimiento de Compromiso Educativo de Acción Católica, a los fieles de Biella, Milán, Cusano Milanino, Neptuno, Rocca di Papa y Foggia; a los confirmandos de Roncone y de Settimello, a la Banda de Calangianus y al Coro de Taio.
Les deseo a todos un buen domingo y una buena preparación para el inicio del Año de la Misericordia. Por favor no se olviden de rezar por mí. ¡Buen almuerzo y hasta la vista!

Traducción del italiano: Griselda Mutual, Radio Vaticana

LLAMADA A LA ALEGRÍA

Puede parecer una invitación algo sarcástica la propuesta que hoy nos hace la Palabra, si tenemos en cuenta el ambiente de inseguridad, violencia y miedo que se está extendiendo en la sociedad a causa del terrorismo.
Y sin embargo, es el momento más oportuno para elevar la voz esperanzada como ofrecimiento, o pequeña semilla, parábola que anime, testimonio de fe.
Acabo de llegar de Jerusalén, donde he peregrinado, como cada año, con un buen grupo de amigos, y uno de los días, al rayar el alba, nos echamos a las calles entonando el cántico de los peregrinos: “¡Qué alegría cuando me dijeron!”, e inundando las bóvedas de las calles enclaustradas con el deseo de paz para todos los habitantes de la Ciudad Santa: “Desead la paz a Jerusalén, haya paz dentro de tus muros”. Y sentíamos que ese canto era nuestra pequeña contribución contra el ambiente violento.
El profeta Baruc nos ofrece su visión: “Jerusalén, despójate de tu vestido de luto y aflicción y vístete las galas perpetuas de la gloria que Dios te da”. Y el salmista se hace eco, en la memoria de la acción providente que realizó Dios con su pueblo: “Cuando el Señor cambió la suerte de Sión, nos parecía soñar: la boca se nos llenaba de risas, la lengua de cantares”.
Da alegría traer a la memoria a tantas personas de buena voluntad que en medio de noticias terribles permanecen serenas. San Pablo testimonia: “Siempre que rezo por todos vosotros, lo hago con gran alegría”, expresión que nos permite el gozo interior por la certeza de que hay muchos que, de manera discreta, anónima y humilde hacen posible la convivencia social y familiar, que nos permite, al orar, sentir la comunión con quienes son motivo de esperanza.
El Evangelio de San Lucas nos brinda la mayor razón de alegría cuando nos adelanta: “Todos verán la salvación de Dios”. A las puertas del Año de la Misericordia, tiempo de gracia, las lecturas de este domingo nos anticipan la acogida gozosa al ofrecimiento que el papa Francisco nos hace a los creyentes, a la vez que nos invita a convertirnos en mediadores de paz, de alegría, de perdón, de misericordia, con lo que se difundirá la razón de cantar, y de sentir, a pesar de todo, la esperanza.

Podemos sumarnos a los que se dejan contagiar por el pesimismo o, por el contrario, a quienes se atreven, en medio de la dificultad, a anticipar tiempos de bonanza, porque se convierten ellos mismos en sembradores de paz.
Ángel Moreno de Buenafuente

En el marco del desierto. José Antonio Pagola

Lucas tiene interés en precisar con detalle los nombres de los personajes que controlan en aquel momento las diferentes esferas del poder político y religioso. Ellos son quienes lo planifican y dirigen todo. Sin embargo, el acontecimiento decisivo de Jesucristo se prepara y acontece fuera de su ámbito de influencia y poder, sin que ellos se enteren ni decidan nada.

Así aparece siempre lo esencial en el mundo y en nuestras vidas. Así penetra en la historia humana la gracia y la salvación de Dios. Lo esencial no está en manos de los poderosos. Lucas dice escuetamente que «la Palabra de Dios vino sobre Juan en el desierto», no en la Roma imperial ni en el recinto sagrado del Templo de Jerusalén.

En ninguna parte se puede escuchar mejor que en el desierto la llamada de Dios a cambiar el mundo. El desierto es el territorio de la verdad. El lugar donde se vive de lo esencial. No hay sitio para lo superfluo. No se puede vivir acumulando cosas sin necesidad. No es posible el lujo ni la ostentación. Lo decisivo es buscar el camino acertado para orientar la vida.
Por eso, algunos profetas añoraban tanto el desierto, símbolo de una vida más sencilla y mejor enraizada en lo esencial, una vida todavía sin distorsionar por tantas infidelidades a Dios y tantas injusticias con el pueblo. En este marco del desierto, el Bautista anuncia el símbolo grandioso del «Bautismo», punto de partida de conversión, purificación, perdón e inicio de vida nueva.

¿Cómo responder hoy a esta llamada? El Bautista lo resume en una imagen tomada de Isaías: «Preparad el camino del Señor». Nuestras vidas están sembradas de obstáculos y resistencias que impiden o dificultan la llegada de Dios a nuestros corazones y comunidades, a nuestra Iglesia y a nuestro mundo. Dios está siempre cerca. Somos nosotros los que hemos de abrir caminos para acogerlo encarnado en Jesús.

Las imágenes de Isaías invitan a compromisos muy básicos y fundamentales: cuidar mejor lo esencial sin distraernos en lo secundario; rectificar lo que hemos ido deformando entre todos; enderezar caminos torcidos; afrontar la verdad real de nuestras vidas para recuperar un talante de conversión. Hemos de cuidar bien los bautizos de nuestros niños, pero lo que necesitamos todos es un «bautismo de conversión».

José Antonio Pagola

Preparad el camino del Señor


Lectura del santo evangelio según san Lucas 3, 1-6


En el año quince del reinado del emperador Tiberio, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea, y Herodes virrey de Galilea, y su hermano Felipe virrey de Iturea y Traconítide, y Lisanio virrey de Abilene, bajo el sumo sacerdocio de Anás y Caifás, vino la palabra de Dios sobre Juan, hijo de Zacarías, en el desierto.


Y recorrió toda la comarca del Jordán, predicando un bautismo de conversión para perdón de los pecados, como está escrito en el libro de los oráculos del profeta Isaías:


«Una voz grita en el desierto: Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos; elévense los valles, desciendan los montes y colinas; que lo torcido se enderece, lo escabroso se iguale. Y todos verán la salvación de Dios.»

Palabra del Señor.