martes, 8 de septiembre de 2015

Nacimiento de la Virgen María

La celebración de la fiesta de la Natividad de la Santísima Virgen María, es conocida en Oriente desde el siglo VI. Fue fijada el 8 de septiembre, día con el que se abre el año litúrgico bizantino, el cual se cierra con la Dormición , en agosto. En Occidente fue introducida hacia el siglo VII y era celebrada con una procesión-letanía, que terminaba en la Basílica de Santa María la Mayor.

El Evangelio no nos da datos del nacimiento de María, pero hay varias tradiciones. Algunas, considerando a María descendiente de David, señalan su nacimiento en Belén. Otra corriente griega y armenia, señala Nazareth como cuna de María.

Sin embargo, ya en el siglo V existía en Jerusalén el santuario mariano situado junto a los restos de la piscina Probática, o sea, de las ovejas. Debajo de la hermosa iglesia románica, levantada por los cruzados, que aún existe - la Basílica de Santa Ana- se hallan los restos de una basílica bizantina y unas criptas excavadas en la roca que parecen haber formado parte de una vivienda que se ha considerado como la casa natal de la Virgen.

Esta tradición, fundada en apócrifos muy antiguos como el llamado Protoevangelio de Santiago (siglo II), se vincula con la convicción expresada por muchos autores acerca de que Joaquín, el padre de María, fuera propietario de rebaños de ovejas. Estos animales eran lavados en dicha piscina antes de ser ofrecidos en el templo. 

La criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo


Lectura del santo evangelio según san Mateo 1,1-16.18-23
El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera:
María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo.
José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo:
-«José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados.»
Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por el Profeta:
«Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Enmanuel, que significa "Díos-con-nosotros".»
Palabra del Señor

El Papa a las parroquias: 'Son una experiencia genuina de evangelización'



El papa Francisco se ha reunido este sábado en el Aula Pablo VI con miles de miembros de las Células Parroquiales de Evangelización, una realidad eclesial que fue fundada por el sacerdote italiano Pigi Perini, y cuyos estatutos han sido aprobados de manera definitiva por el Pontificio Consejo para los Laicos.

En su intervención, el Santo Padre ha dirigido unas palabras de agradecimiento al padre Perini, reconociendo el celo pastoral con el que ha trabajado, tratando de ser dócil al Espíritu Santo.
Además, ha manifestado su alegría por compartir con todos los presentes esta jornada de oración y reflexión, con la que celebran “el reconocimiento oficial que la Iglesia les ha ofrecido con la aprobación definitiva de sus estatutos”.
Acto seguido, el Pontífice ha dicho que “los estatutos ayudan a ir sobre el camino correcto, pero lo que hace la obra es el carisma”. “No sea que por cuidar demasiado los estatutos pierdan el carisma”, ha añadido.
En este sentido, ha explicado que su carisma está basado en “ser como una semilla mediante la cual la comunidad parroquial se interroga sobre su ser misionero, y por esto sienten irresistible dentro de ustedes la llamada a encontrarse todos para anunciar la belleza del Evangelio”.
El deseo misionero, ha advertido, “requiere ante todo escuchar la voz del Espíritu Santo, que continua hablando a su Iglesia y la empuja a recorrer senderos a la vez todavía poco conocidos, pero decisivos para la vía de la evangelización”.
Así, es necesario “ser fieles a la Palabra del Señor” y “permanecer siempre abiertos a esta escucha y tener cuidado de que no se agote nunca por el cansancio o las dificultades del momento”.
El Papa ha destacado que este carisma, con su trabajo cotidiano, ayuda a la comunidad parroquial a ser “una familia en la que se vuelve a encontrar la rica y multiforme realidad de la Iglesia”.
“Encontrarse en las casas para compartir las alegrías y las expectativas que están presentes en el corazón de cada persona es una experiencia genuina de evangelización que se asemeja mucho a lo que sucedía en los primeros tiempos de la Iglesia”, ha indicado.
Francisco ha animado a los participantes en el encuentro a desear la alegría y la simplicidad de corazón que los hará ser capaces “de acoger a todos sin juzgar a ninguno, para ofrecer la experiencia de la presencia de Dios y del amor de los hermanos”.
“Nuestro juicio es el Señor, y si te viene a la boca decir una palabra de juicio sobre el uno o el otro cierra la boca”, ha exhortado el Santo Padre, al tiempo que ha recordado que “el Señor nos ha dado el consejo: ‘No juzguen y no serán juzgados’”.
“La evangelización --ha proseguido el Pontífice-- siente fuertemente la exigencia de la acogida porque cada uno es uno de los primeros signos de la comunión que estamos llamados a testimoniar por haber encontrado a Cristo en nuestra vida”.
Por último, el Papa ha sugerido a los miembros de esta realidad eclesial que hagan de la Eucaristía “el corazón de vuestra misión de evangelización, para que cada Célula sea una comunidad eucarística donde la fracción del pan equivale a reconocer la presencia real de Jesucristo en medio de nosotros”. Y les ha invitado a “testimoniar siempre la ternura de Dios Padre y su cercanía a cada uno, sobre todo a quien es más débil y está solo”.


lunes, 7 de septiembre de 2015

Cristianos perseguidos hoy, en el silencio de las potencias, dijo el Papa en Santa Marta

Hoy tantos cristianos continúan siendo perseguidos, en el silencio cómplice de tantas potencias: afirmó el Papa Francisco durante la Misa matutina en la Casa de Santa Marta.
Estaba presente el nuevo Patriarca de Cilicia de los Armenios, Gregorio Pierre XX Ghabroyan, a quien el Papa concedió la Comunión Eclesiástica con una Carta del 25 de julio pasado y que concelebró junto al Pontífice realizando el rito del intercambio de las Especies Sagradas, como confirmación de la raíz Eucarística de la comunión entre el Obispo de Roma, que preside en la caridad, y la Iglesia Patriarcal de Cilicia de los Armenios. Entre los concelebrantes se encontraba también el Cardenal Leonardo Sandri, Prefecto de la Congregación para las Iglesias Orientales y todos los Obispos miembros del Sínodo de la Iglesia Patriarcal Armenio Católica.
Escribas y fariseos están fuera de sí por la cólera porque Jesús ha realizado un milagro el sábado y discuten acerca de cómo matarlo. Basándose sobre el Evangelio del día, el Papa Francisco habla de las persecuciones que sufren los cristianos hoy “quizás más que en los primeros tiempos”. Son “perseguidos, asesinados, expulsados, despojados, sólo por ser cristianos”:
“Queridos hermanos y hermanas, ¡no hay cristianismo sin persecución! Recuerden la última de las Bienaventuranzas: cuando los llevarán a las sinagogas, los perseguirán, los insultarán: éste es el destino del cristiano. Y hoy, ante este hecho que sucede en el mundo, con el silencio cómplice de tantas potencias que podían detenerlo, estamos ante este destino cristiano. Ir por el mismo camino de Jesús”.
El Papa recuerda “una de las tantas persecuciones, aquella del pueblo armenio”:
“La primera nación que se convirtió al cristianismo: la primera. Perseguida solamente por el hecho de ser cristianos. Nosotros hoy, en los periódicos, sentimos horror por lo que han hecho algunos grupos terroristas, que degüellan a la gente sólo por ser cristianos… Pensemos en estos mártires egipcios, últimamente, en las costas líbicas, que fueron degollados mientras pronunciaban el nombre de Jesús”.
“El pueblo armenio – prosiguió el Pontífice – ha sido perseguido, expulsado de su patria, sin ayuda, en el desierto”. Esta historia – observó – comenzó con Jesús: aquello que han hecho “con Jesús, durante la historia ha sido hecho con su Cuerpo que es la Iglesia. Hoy quisiera – dijo el Papa Francisco – en este día de nuestra primera Eucaristía, como hermanos Obispos, a ti, querido hermano Patriarca y a todos ustedes Obispos y fieles y sacerdotes armenios, abrazarlos y recordar esta persecución que han sufrido y recordar sus santos, ¡tantos santos muertos de hambre, de frío, en la tortura, en el desierto, por ser cristianos!”
Que el Señor – es la oración del Papa – “nos de una plena inteligencia para conocer el Misterio de Dios que está en Cristo” y “lleva la Cruz, la Cruz de la persecución, la Cruz del odio, la Cruz de aquello que viene de la cólera” de los perseguidores que es suscitada por el “padre del mal”.
“Que el Señor hoy nos haga sentir en el Cuerpo de la Iglesia el amor por nuestros mártires y también nuestra vocación martirial. Nosotros no sabemos qué sucederá aquí. ¡No lo sabemos! Pero si un día sucediera esta persecución aquí, que el Señor nos de la gracia del coraje y del testimonio que tuvieron estos cristianos mártires y, especialmente, los cristianos del pueblo armenio”.
(María Cecilia Mutual - RV)

Madre Teresa de Calcuta, viva en el recuerdo


18 años de la muerte de la santa de los pobres
En el Angelus del domingo día 6 de septiembre, el Papa Francisco, junto con temas tan tristemente actuales como el drama de los refugiados sirios en busca de de alojamiento, recordó haber sido, el día anterior, el aniversario de la muerte de la Madre Teresa de Calcuta.
Hizo bien, ni que decir tiene, el primer Papa jesuita latinoamericano y otras cosas más, todas positivas que le han granjeado la simpatía de medio mundo y del otro medio, con evocar la imagen viva de la Madre Teresa de Calcuta y del mundo entero. ¡Y muy hasta de España, ni que decir tiene!
Sus hijas, Misioneras de la Caridad, están presentes en España (Madrid, Barcelona, Sabadell, Murcia) con una presencia activa y ejemplar que se remonta a momentos (1982) en que la Madre Teresa fuera distinguida con el Nobel de la Paz.
Las Misioneras de la Caridad están presentes y... "actuantes" en España con religiosas indias y de otras procedencias. Por supuesto, con bastantes de ellas también españolas. De hecho un cierto número de Misioneras de la Caridad españolas, formadas aquí, han sido destinadas y desempeñan generosamente la misión que ha establecido, para sus hijas, la ya declarada beata que en vida gozó fama sincera de santa, Madre Teresa de Calcuta.
Lo dicho: en el Angelus del Domingo día 6, el Papa Francisco recordó que el día anterior se había celebrado el décimoctavo aniversario de la muerte de la Madre Teresa. Algunos que lo escucharon confesaron haber sospechado que al generoso, bueno y muy sincero Papa que se presentó, el día de su elección, como "llegado del fin del mundo", se le fuera a escapar el anuncio de que al término del Año de la Misericordia la Madre Teresa de Calcuta sería declarada santa.
Lo cual, dicho sea en confianza, tampoco es urgente. A la Madre Teresa, lo mismo que en otro momento al Papa Juan XXIII, los buenos cristianos (¡y acaso los que no lo son!) no esperan a la declaración oficial desde Roma para considerarla santa ya que, en el "foro interno", lo es para todos.
La tarde anterior al anuncio del Papa -el sábado 5 de septiembre- la memoria de la Fundadora de las Misioneras de la Caridad había sido objeto de homenajes íntimos y auténticos por parte de muchos que no han dejado de venerarla desde que aún estaba viva, pero aún más después de su muerte.
Sus Hijas, que siguen aumentando y cumpliendo la Regla de Vida que les enseñó su Madre Fundadora, la veneran con humilde y fiel discreción mientras tan humilde y discreta veneración es compartida por muchos que no dejan de recordarla.
El día antes de que el Papa Francisco evocara el recuerdo de la Madre Teresa, sólo en Madrid, en un ambiente que respira el perfume de santidad de la Madre Fundadora a través de sus hijas y devotos, tuvo lugar una evocación espiritual, auténtica e íntima de la Madre Teresa. Oraciones sencillas, espontáneas y sinceras; cantos ejecutados con buen gusto y armonía exquisita por un coro juvenil mixto de Majadahonda (CMT: Campos de Misioneros de Trabajo).
Se trató de un acto protagonizado como mínimo por un millar aproximado de personas, en gran parte jóvenes, acudidos con espontaneidad, sin que hubiese estado precedido por ninguna ruidosa convocación.
Janet Nora Playfoot Paige 

Estaban al acecho para ver si curaba en sábado

Lectura del santo evangelio según san Lucas 6, 6-11
Un sábado, entró Jesús en la sinagoga a enseñar.
Había allí un hombre que tenía parálisis en el brazo derecho.
Los escribas y los fariseos estaban al acecho para ver si curaba en sábado, y encontrar de qué acusarlo.
Pero él, sabiendo lo que pensaban, dijo al hombre del brazo paralítico:
-«Levántate y ponte ahí en medio.»
Él se levantó y se quedó en pie.
Jesús les dijo:
-«Os voy a hacer una pregunta: ¿Qué está permitido en sábado, hacer el bien o el mal, salvar a uno o dejarlo morir?»
Y, echando en torno una mirada a todos, le dijo al hombre:
-«Extiende el brazo.»
Él lo hizo, y su brazo quedó restablecido.
Ellos se pusieron furiosos y discutían qué había que hacer con Jesús.

Palabra del Señor.

domingo, 6 de septiembre de 2015

Francisco pide a obispos, parroquias, monasterios y santuarios de Europa que acojan a una familia de refugiados

El Evangelio nos llama a dar una esperanza concreta, no solamente pedirles valor y paciencia.

Porque "la misericordia es el segundo nombre del amor", el Papa Francisco pidió "un gesto concreto" durante el rezo del Angelus de hoy. "Que cada parrroquia, cada comunidad religiosa, cada monasterio, cada monasterio de Europa,acoja a una familia de prófugos, comenzando por mi diócesis de Roma", señaló el Papa, quien también pidió lo propio a "mis hermanos obispos de Europa".
Decenas de miles de seres humanos huyen "de la guerra y del hambre", recordó el Papa, quien señaló que "la esperanza cristiana es combativa". "Frente a la tragedia de decenas de miles de prófugos, que huyen de la muerte por la guerra y por el hambre, y están en camino hacia una esperanza de vida, el Evangelio nos llama, nos pide ser prójimos de los más pequeños y abandonados, a darles una esperanza concreta, no solamente pedirles valor y paciencia", sostuvo el pontífice, que apunta esta acción como preludio al Jubileo de la Misericordia.
La petición del Papa supondrá que la gran mayoría de los refugiados que han llegado en las últimas semanas a Europa puedan ser acogidos en instituciones de la Iglesia. En esta ocasión, la respuesta de la Iglesia ha sido rotunda: de acogida y misericordia. Las dos parroquias del Vaticano también acogerán a una familia, y no es de extrañar que el propio Francisco reciba en Santa Marta a algunos de estos hombres y mujer.
Francisco también se dirigió, en español, a las autoridades de Venezuela y Colombia,que en los últimos días han visto crecer la tensión en sus fronteras. "En estos días -dijo- los obispos de Venezuela y Colombia se han reunido para examinar juntos la dolorosa situación que ha creado en la frontera entre ambos países. Veo en este ecuentro un claro signo de esperanza. Invito a todos, en particular a los amados pueblos venezolano y colombiano a rezar para que con un espíritu de solidaridad se puedan superar las actuales dificultades".
El Pontífice también tuvo un recuerdo para el aniversario de la muerte de Madre Teresa de Calcuta y para la beatificación que tuvo lugar ayer en Gerona. Las tres religiosas "muertas por fidelidad a Cristo y a la Iglesia. No obstante las amenazas, permanecieron valientemente en su lugar para asistir a los enfermos confiando en Dios". "Que su heroico testimonio dé fuerza y esperanzas por cuantos son perseguidos hoy a causa de la fe de Cristo. Y nosotros sabemos que hay muchos", concluyó Bergoglio.
Durante el Angelus, el Papa se refirió al Evangelio de Marcos en el capítulo 7, del domingo 6 de setiembre de 2015. La sordera "expresa la incapacidad de escuchar y de comprender no solamente las palabras de los hombres, sino también la Palabra de Dios", explicó.
Francisco afirmó que "Dios no está cerrado en sí mismo, sino que se abre y se pone en comunicación con la humanidad. En su inmensa misericordia, supera el abismo de la infinita diferencia entre él y nosotros, y viene a nuestro encuentro... Jesús es el gran constructor de puentes. Construye en sí mismo el gran puente de la comunión plena con el Padre".
El Sucesor en la Cátedra de Pedro dijo que "muchas veces nosotros estamos replegados en nosotros mismos y creamos tantas islas inaccesibles e inhabitables", incapaces de apertura recíproca "en la pareja cerrada, en la familia cerrada, en el grupo cerrado, en la parroquia cerrada, en la patria cerrada, y esto no es de Dios".

Y el Vicario de Cristo proclamó que precisamente "en el origen de nuestra vida cristiana, en el Bautismo, están los gestos y esta palabra de Jesús: "¡Effatá!, ¡Abrete!". Y el milagro se realiza: Somos curados de la sordera del egoísmo y del mutismo de la cerrazón en sí mismos, y fuimos inseridos en la gran familia de la Iglesia. Podemos ecuchar a Dios que nos habla y comunicar su Palabra a cuantos no la han escuchado, o a quienes la han olvidado o sepultado bajo las espinas de las preocupaciones y de los engaños del mundo".

«SOBRE LOS GRADOS DE LA CONTEMPLACIÓN» San Bernardo.

Vigilemos en pie, apoyándonos con todas nuestras fuerzas en la roca firmísima que es Cristo, como está escrito: Afianzó mis pies sobre roca, y aseguró mis pasos. Apoyados y afianzados en esta forma, veamos qué nos dice y qué decimos a quien nos pone objeciones. Amadísimos hermanos, éste es el primer grado de la contemplación: pensar constantemente qué es lo que quiere el Señor, qué es lo que le agrada, qué es lo que resulta aceptable en su presencia. Y, pues todos faltamos a menudo, y nuestro orgullo choca contra la rectitud de la voluntad del Señor, y no puede aceptarla ni ponerse de acuerdo con ella, humillémonos bajo la poderosa mano del Dios altísimo y esforcémonos en poner nuestra miseria a la vista de su misericordia, con estas palabras: Sáname, Señor, y quedaré sano; sálvame y quedaré a salvo. [...]

En estos dos grados está todo el resumen de nuestra vida espiritual: Que la propia consideración ponga quietud y tristeza en nuestra alma, para conducir a la salvación, y que nos hallemos como en nuestro elemento en la consideración divina, para lograr el verdadero consuelo en el gozo del Espíritu Santo. Por el primero, nos fundaremos en el santo temor y en la verdadera humildad; por el segundo, nos abriremos a la esperanza y al amor.


De los sermones de san Bernardo, abad
(Sermón 5 sobre diversas materias, 4-5: Opera omnia, edición cisterciense, 6,1 [1970] 103-104)
Fuente: News.va

LLAMADOS A LA CONFIANZA

Quizá no sea tu caso, pero es muy posible que el comienzo del mes de septiembre sea para muchos el momento de reiniciar las tareas, de comenzar el curso escolar, de retornar de los días pasados en la montaña, en el medio rural, o junto al mar. En cualquier caso, a todos, en algún momento de la vida nos puede asaltar la pereza y el bloqueo ante el trabajo que tenemos por delante. De aquí que nos venga bien la lectura del profeta Isaías: “Decid a los cobardes de corazón: «Sed fuertes, no temáis. Mirad a vuestro Dios que trae el desquite, viene en persona, resarcirá y os salvará».” (Isa 34, 4)
Hace poco he practicado los Ejercicios Espirituales, y en una de las meditaciones contemplaba la opción de Jesucristo de venir a nuestro lado, de ser nuestro compañero de camino. Pocas certezas hay mayores que la que nos da la afirmación bíblica sobre la fidelidad divina. El salmista nos asegura: “El Señor mantiene su fidelidad perpetuamente, hace justicia a los oprimidos” (Sal 145).
Ante el mensaje optimista y esperanzado que ofrece la Liturgia de la Palabra de este domingo, cabe la reacción, aparentemente honesta, de resistirse, porque uno se siente débil, pecador, pequeño. Y ante esta posible reacción, que encubre amor propio y cierta soberbia, el Apóstol Santiago argumenta: “¿Acaso no ha elegido Dios a los pobres del mundo para hacerlos ricos en la fe y herederos del reino que prometió a los que lo aman?” (Sant 2, 5).
Déjate acompañar, perdonar, curar. Jesús abre los ojos al ciego, devuelve la capacidad auditiva al sordo, y el habla al mundo. En una frase apodíctica del Evangelio que hoy se proclama, se resume el quehacer del Señor: “Todo lo ha hecho bien” (Mc 1, 37).
Normalmente, aplicamos la Palabra a nuestra vida, pero también cabe personalizar el texto, y asumir que también nosotros estamos llamados a pasar por nuestro mundo haciendo el bien, y siendo motivo de esperanza para muchos. ¡Cuántas veces depende de nuestra actitud y del modo como nos situemos ante los acontecimientos, que los que nos rodean sientan fuerza, ánimo, alegría e ilusión!
De ti y de mi depende que en nuestros ambientes más cercanos se experimente la certeza de la Palabra, porque somos fortaleza para los débiles, y manos alargadas en servicio de quienes lo necesitan.
Todo gesto solidario, toda sonrisa que envíes, el menor acto bondadoso que podamos tener, se convierten en semilla de esperanza y en confirmación de la fidelidad de Dios, pues Él nos hace mediación suya para los más necesitados.


Curar nuestra sordera

Los profetas de Israel usaban con frecuencia la «sordera» como una metáfora provocativa para hablar de la cerrazón y la resistencia del pueblo a su Dios. Israel «tiene oídos pero no oye» lo que Dios le está diciendo. Por eso, un profeta llama a todos a la conversión con estas palabras: «Sordos, escuchad y oíd».

En este marco, las curaciones de sordos, narradas por los evangelistas, pueden ser leídas como «relatos de conversión» que nos invitan a dejarnos curar por Jesús de sorderas y resistencias que nos impiden escuchar su llamada al seguimiento. En concreto, Marcos ofrece en su relato matices muy sugerentes para trabajar esta conversión en las comunidades cristianas.

·El sordo vive ajeno a todos. No parece ser consciente de su estado. No hace nada por acercarse a quien lo puede curar. Por suerte para él, unos amigos se interesan por él y lo llevan hasta Jesús. Así ha de ser la comunidad cristiana: un grupo de hermanos y hermanas que se ayudan mutuamente para vivir en torno a Jesús dejándose curar por él.

·La curación de la sordera no es fácil. Jesús toma consigo al enfermo, se retira a un lado y se concentra en él. Es necesario el recogimiento y la relación personal. Necesitamos en nuestros grupos cristianos un clima que permita un contacto más íntimo y vital de los creyentes con Jesús. La fe en Jesucristo nace y crece en esa relación con él.

·Jesús trabaja intensamente los oídos y la lengua del enfermo, pero no basta. Es necesario que el sordo colabore. Por eso, Jesús, después de levantar los ojos al cielo, buscando que el Padre se asocie a su trabajo curador, le grita al enfermo la primera palabra que ha de escuchar quien vive sordo a Jesús y a su Evangelio: «Ábrete».

Es urgente que los cristianos escuchemos también hoy esta llamada de Jesús. No son momentos fáciles para su Iglesia. Se nos pide actuar con lucidez y responsabilidad. Sería funesto vivir hoy sordos a su llamada, desoír sus palabras de vida, no escuchar su Buena Noticia, no captar los signos de los tiempos, vivir encerrados en nuestra sordera. La fuerza sanadora de Jesús nos puede curar.
José Antonio Pagola


«VAMOS A SUBIR AL MONTE DEL SEÑOR» SAN AGUSTÍN.


Mira a aquel cuyas manos y pies fueron traspasados por los clavos, cuyos huesos pudieron contarse cuando pendía en la cruz, cuyas vestiduras fueron sorteadas; mira cómo reina ahora el mismo que ellos vieron pendiente de la cruz. Ve cómo se cumplen aquellas palabras: Lo recordarán y volverán al Señor hasta de los confines del orbe; en su presencia se postrarán las familias de los pueblos. Y, viendo esto, exclama lleno de gozo: Lo que habíamos oído lo hemos visto. Con razón se aplican a la Iglesia llamada de entre los gentiles las palabras del salmo: Escucha, hija, mira: olvida tu pueblo y la casa paterna. Escucha y mira: primero escuchas lo que no ves, luego verás lo que escuchaste. Un pueblo extraño —dice otro salmo— fue mi vasallo; me escuchaban y me obedecían. Si obedecían porque escuchaban es señal de que no veían. 

¿Y cómo hay que entender aquellas palabras: Verán algo que no les ha sido anunciado y entenderán sin haber oído? Aquellos a los que no habían sido enviados los profetas, los que anteriormente no pudieron oírlos, luego, cuando los oyeron, los entendieron y se llenaron de admiración. Aquellos otros, en cambio, a los que habían sido enviados, aunque tenían sus palabras por escrito, se quedaron en ayunas de su significado y, aunque tenían las tablas de la ley, no poseyeron la heredad. [...]

No se engrían los que dicen: El Mesías está aquí o está allí. El que dice: Está aquí o está allí induce a división. Dios ha prometido la unidad: los reyes se alían, no se dividen en facciones. 


De los comentarios de san Agustín, obispo, sobre los salmos
(Salmo 47, 7: CCL 38, 543-545)

Hace oír a los sordos y hablar a los mudos.


Lectura del santo Evangelio según san Marcos 7, 31-37

En aquel tiempo, dejó Jesús el territorio de Tiro, pasó por Sidón, camino del lago de Galilea, atravesando la Decápolis. Y le presentaron un sordo que, además, apenas podía hablar; y le piden que le imponga las manos. Él, apartándolo de la gente a un lado, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua. Y, mirando al cielo, suspiró y le dijo:


–Effetá, esto es: Ábrete.

Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba sin dificultad. El les mandó que no lo dijeran a nadie; pero, cuanto más se lo mandaba, con más insistencia lo proclamaban ellos. Y en el colmo del asombro decían:

–Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos.

sábado, 5 de septiembre de 2015

Pablo D'Ors: "Hoy puedo decir que tengo un corazón sacerdotal, me preocupa el destino de mis semejantes"

"Yo he sido llamado por Dios y solo en Él quiero descansar; este es mi deseo más profundo"
 Todo comenzó cuando sentí que mi vida quedaba en suspenso y que, de dar un paso, me precipitaría en el abismo. Pero di ese paso adelante convencido de que aquel abismo, aunque oscuro y peligroso, era Dios. Y caí en él sintiendo, mientras me desplomaba, una felicidad inaudita, casi insoportable.
- Sí, sí, sí -alcancé a decir mientras era absorbido por aquel abismo, hasta que de pronto, sin saber cómo ni por qué, volví a encontrarme arriba, como si nunca hubiera empezado a caer en sus manos divinas y como si todo aquello fuera un sueño del que ahora me despertaba para volver a la normalidad.
La opción por Dios pasa necesariamente por la perdición humana: no podemos llegar a Él sin vaciarnos o renunciar a lo que somos. Ese momento de renuncia, olvido o vaciamiento es muy raro en la vida de los hombres, pero cuando se produce, aunque sea por pocos segundos, se experimenta algo que a falta de otro nombre habrá que llamar milagro.
Mi acceso a Dios no fue un ascenso, como otros lo describen, sino más bien una caída en el abismo de sus manos. Él puso ese abismo ante mí y yo, evitando el pensamiento, di en un segundo el paso decisivo: "Sí, sí, sí". Aún resuenan en mí aquellas tres palabras que dije; y dije "sí", porque aquello que me estaba sucediendo lo deseaba ardientemente.
Desde entonces, aunque luego volviera a la superficie, entre Dios y yo quedó sellada una unión aún superior. Y supe entonces que ningún otro ideal del mundo, por sublime que fuera, satisfaría mi corazón.
Yo he sido llamado por Dios y solo en Él quiero descansar; este es mi deseo más profundo. Me pregunto cómo llegar a esta meta lo mejor y lo antes posible y, mientras tanto, visito a los enfermos y escribo mis libros, predico sobre el silencio y hago meditación. Mi corazón está en ese abismo por el que un día empecé a caer y por el que, según presumo, caeré también en el instante de mi muerte. Meditar es acercarse a ese abismo, convocarlo. Pero el abismo aparece cuando quiere y a nosotros compete tan solo, llegado el momento, dar un solo paso. Uno solo. Es así de sencillo. Toda la vida caminando para poder dar, en el instante cumbre, un solo paso.
 Hoy puedo decir que tengo un corazón sacerdotal, pues percibo cómo me preocupa el destino de mis semejantes y cómo les miro y hablo como si fueran hijos que necesitan del cariño, protección y consejo de un padre. Nunca me he sentido padre hasta ahora; me entristece y enfada ver cómo se pierde la gente tomando derroteros equivocados e insensatos. "No lo hagas, por favor", les digo.
Me alegro cuando les va bien y me sonrío con indulgencia cuando veo cómo ponen su esperanza en cosas hermosas, sí, pero que pronto les decepcionarán. Lloro cuando lloran porque se han perdido y no les puedo ayudar. Tengo, por primera vez en casi 25 años de sacerdocio, un corazón auténticamente paternal. Será que me he hecho viejo, me digo, burlándome de mí. Pero no es eso. Es solo que hacen falta décadas para empezar a ser aquello a lo que habíamos sido llamados.
Hoy veo a mis semejantes sentados en los bancos de la Iglesia, o en los asientos del metro, o incluso en la calle, corriendo quién sabe adónde, y tengo ganas de decirles: "Venid a mí los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré". Así lo pienso, tal cual, como si yo fuera Cristo, sin ningún pudor. ¿Y qué haría si vinieran? ¿Qué hago, de hecho, cuando vienen? Les doy el único nombre que nos puede salvar, el de Cristo. Les digo que repitan esa palabra, solo "Jesucristo", y que esa palabra, sin nada más, les purificará.
Hoy soy un apóstol de la oración del corazón, en eso me he convertido. Y reparto estampas de la Virgen a los enfermos. ¡Yo, que nunca imaginé que repartiría estampas! Y rezo el rosario por las noches, caminando de un lado al otro en la iglesia de la que soy capellán. Me he convertido en un cura de los de antes, pienso. Y sonrío al comprender que hay que vivir tanto para volver al punto en el que fuimos engendrados en el Espíritu.
Un corazón sacerdotal. Solo con escribirlo me emociono como si fuera un niño. Ese corazón mío ha dejado por fin de ser duro y frío y es ahora, por fin, ¡qué tarde, Dios mío!, sencillamente el corazón de un hombre sencillo.
 Fuente: Religión Digital

¿Siembro paz o cizaña?

«Señor tú has dado tu vida, dame la gracia de pacificar, de reconciliar. Tú has derramado tu sangre, que no me importe que se me hinche la lengua un poco si me muerdo antes que hablar mal de los demás».
En la Carta a los Colosenses san Pablo muestra la tarjeta de identidad de Jesús: es el primogénito de Dios, es Dios mismo. El Padre lo ha enviado a “reconciliar y pacificar” a la humanidad después del pecado. “La paz es obra de Jesús”, dijo el Papa, de su “abajarse para obedecer hasta la muerte y muerte de cruz”. “Y cuando hablamos de paz o reconciliación”, aunque sean pequeñas paces, pequeñas reconciliaciones, tenemos que pensar en la “gran paz y en la gran reconciliación” que hizo Jesús”. “Sin Él la paz no es posible. Sin Él no es posible la reconciliación”. “Nuestra tarea - dijo el Papa Francisco - es la de ser “hombres y mujeres de paz, hombres y mujeres de reconciliación”, en medio de las noticias de guerras, de odio, “incluso en las familias”.
«Y nos hará bien preguntarnos: ¿Yo siembro paz? Por ejemplo, con mi lengua, ¿siembro paz o siembro cizaña?¿Cuántas veces hemos oído decir de una persona: “Pero, ¡tiene una lengua de serpiente!”, porque hace siempre lo que hizo la serpiente con Adán y Eva, ha destruido la paz. Y esto es un mal, esta es una enfermedad en nuestra Iglesia: sembrar división, sembrar el odio, no sembrar la paz. Es bueno para nosotros que cada día nos hagamos esta pregunta: '¿Hoy sembré paz o sembré cizaña?'. 'Pero, a veces, hay que decir las cosas, porque aquél y aquella…': con esta actitud, ¿qué siembras tú?»
Quien trae paz es santo, quien habla mal, es un terrorista
Los cristianos, por lo tanto, están llamados a ser como Jesús, que “vino a nosotros para pacificar y reconciliar”:
«Si una persona, durante su vida, no hace otra cosa que reconciliar y pacificar, se la puede canonizar: esa persona es santa. Pero, debemos crecer en esto, debemos convertirnos: nunca una palabra que sea para dividir, nunca. Nunca una palabra que traiga guerra, pequeñas guerras, nunca las habladurías. Yo pienso: ¿qué son las habladurías? 'Eh, nada, decir una palabrita contra otro o contar una historia: hizo esto…' ¡No! Decir habladurías es terrorismoporque el que las hace es como un terrorista que tira una bomba y se va, destruye: con la lengua destruye, no hace la paz. Pero, ¿es vivo eh? No es un terrorista suicida, no, no, él se cuida bien».
Hay que morderse la lengua
El Santo Padre repitió entonces una pequeña exhortación:
«Cada vez que me viene a la boca decir algo que sea sembrar cizaña y división y hablar mal del otro... ¡morderse la lengua! Se los aseguro, ¿eh? Que si ustedes hacen este ejercicio de morderse la lengua en lugar de sembrar cizaña, las primeras veces se les hinchará la lengua, herida, porque el diablo nos ayuda en esto porque es su trabajo, su oficio: dividir».
(GM - RV)
(from Vatican Radio)

El Hijo del Hombre es señor del sábado.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 6, 1-5 

Un sábado, Jesús atravesaba un sembrado; sus discípulos arrancaban espigas y, frotándolas con las manos, se comían el grano. Unos fariseos les preguntaron:


–¿Por qué hacéis en sábado lo que no está permitido?


Jesús les replicó:


–¿No habéis leído lo que hizo David, cuando él y sus hombres sintieron hambre?


Entró en la casa de Dios, tomó los panes presentados –que sólo pueden comer los sacerdotes–, comió él y les dio a sus compañeros. Y añadió:


–El Hijo del Hombre es señor del sábado.