domingo, 30 de agosto de 2015

La influencia de san Agustín en santa Teresa

El espíritu agustiniano y la lectura de las Confesiones de San Agustín influyeron, sin duda, en Santa Teresa suscitando poderosamente en ella dos de las llamadas ‘conversiones’ de la Santa. En el presente estudio intentamos esclarecer en qué sentido se puede hablar de influencia. Teresa ingresa como educanda interna seglar en el monasterio de las religiosas agustinas Ntra. Señora Santa María de Gracia, en Ávila.
Reside en él durante año y medio. Tenía entonces dieciséis años. Andaba con “niñerías nonada buenas” y había descuidado la religiosidad de la infancia. En aquel entorno agustiniano Teresa recupera su vida de piedad, pero no lo hace desde la espiritualidad agustiniana, sino desde ella misma y hacia la que ella siempre fue, animada, evidentemente, por el ejemplo de las religiosas.
En 1554, a los 39 años, conmocionada por una imagen del Cristo muy llagado lee, ocasionalmente, lasConfesiones de San Agustín. La conmovieron hondamente y decide entregarse enteramente a Dios, aunque en aquel momento no lo consiguiera plenamente. Agustín fue un poderoso y eficaz estímulo que movilizó definitivamente la vida de Teresa, pero no in fluyó doctrinalmente en ella, ni siquiera en la búsqueda de Dios en el interior del hombre, tema crucial y esencial en ambos. Teresa no es discípula de Agustín.

Coinciden sorprendentemente en la utilización de la imagen para pasar a la visión directa de Dios. Agustín lo hace, con la ayuda sobrenatural, contemplando el ser del hombre como imagen viva de Dios que vive incesante e inconscientemente a Dios. Teresa, por su parte, a través principalmente de imágenes de escenas de la vida de Jesucristo, revividas en su interior como algo que está sucediendo actualmente al mismo Jesucristo, pasa, con la gracia divina, a la experiencia directa de Dios. Es lo que nos proponemos mostrar en este estudio

sábado, 29 de agosto de 2015

RETORNO

(Dt 4, 1-4.6-8; Sal 14; Sant 1, 17-18,21-22.27; Mc 7, 1-8.14-15.21.23)
Este domingo, el calendario marca una fecha muy significativa para muchos, el fin de sus vacaciones. Cabe que se instale en el ánimo la tentación de la tristeza, al tener que comenzar de nuevo las tareas costosas, en unos casos, o en otros, la inseguridad laboral. Se le suele llamar “síndrome postvacacional”, y a él hay que enfrentarse como hoy nos aconseja la Palabra.
Los textos litúrgicos reiteran la llamada a escuchar. Así lo encontramos en la primera lectura - “Ahora, Israel, escucha los mandatos y decretos que yo os mando cumplir. Así viviréis y entraréis a tomar posesión de la tierra que el Señor, Dios de vuestros padres, os va a dar” (Dt 4, 1-2)-, y en el Evangelio: “Escuchad y entended todos: Nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre” (Mc 7, 15).
Es posible que asalte a la mente el aturdimiento por todo lo que hay que preparar al comenzar el curso, y domine el nerviosismo, y hasta el desajuste emocional, que se puede manifestar en irritabilidad, impaciencia o descontrol de carácter. Paradójicamente, a pesar de haber tenido un tiempo de descanso, si no se está advertido, se es víctima del cambio brusco que supone pasar de los espacios naturales a los urbanos; de jornadas sin horario, a tener que madrugar para fichar en el trabajo; de la convivencia amiga, a tener que soportar relaciones laborales difíciles. Y nos sorprendemos con sentimientos que afloran de manera descontrolada y pueden dañar la convivencia.
De alguna forma, cabría glosar la pregunta que se hace el salmista: “Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda?” (Sal 14), y decir: “Señor, quien puede retornar con paz y comenzar con sosiego la tarea, la vida familiar, el regreso a casa?” Y el mismo salmo indica las actitudes de honradez, justicia, respeto, generosidad.
En las circunstancias descritas, la enseñanza del apóstol Santiago parece oportuna: “Aceptad dócilmente la palabra que ha sido plantada y es capaz de salvaros. Llevadla a la práctica y no os limitéis a escucharla, engañándoos a vosotros mismos” (Sant 1, 21-22).
¡Ánimo! No sucumbas en la introversión, tienes ante ti un tiempo nuevo para imprimir el sello de tu bien hacer, y desarrollar los mejores dones, las obras buenas de que eres capaz. Combate todo lo que pueda estorbar la vida de familia. Vigila el corazón. El evangelista señala lo que cabe albergar dentro, si no se vigila: “Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los malos propósitos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, injusticias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad”.
¡Feliz comienzo de curso!
Ángel Moreno de Buenafuente.

No aferrarnos a tradiciones humanas

Hay que "actualizar el proyecto del reino de Dios en la sociedad contemporánea.

Sería también hoy un grave error que la Iglesia quedara prisionera de tradiciones humanas de nuestros antepasados.

No sabemos cuándo ni dónde ocurrió el enfrentamiento. Al evangelista solo le interesa evocar la atmósfera en la que se mueve Jesús, rodeado de maestros de la ley, observantes escrupulosos de las tradiciones, que se resisten ciegamente a la novedad que el Profeta del amor quiere introducir en sus vidas.

Los fariseos observan indignados que sus discípulos comen con manos impuras. No lo pueden tolerar: «¿Por qué tus discípulos no siguen las tradiciones de los mayores?». Aunque hablan de los discípulos, el ataque va dirigido a Jesús. Tienen razón. Es Jesús el que está rompiendo esa obediencia ciega a las tradiciones al crear en torno suyo un «espacio de libertad» donde lo decisivo es el amor.
Aquel grupo de maestros religiosos no ha entendido nada del reino de Dios que Jesús les está anunciando. En su corazón no reina Dios. Siguen reinando la ley, las normas, los usos y las costumbres marcadas por las tradiciones. Para ellos lo importante es observar lo establecido por «los mayores». No piensan en el bien de las personas. No les preocupa «buscar el reino de Dios y su justicia».
El error es grave. Por eso, Jesús les responde con palabras duras: «Vosotros dejáis de lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres».
Los doctores hablan con veneración de «tradición de los mayores» y le atribuyen autoridad divina. Pero Jesús la califica de «tradición humana». No hay que confundir jamás la voluntad de Dios con lo que es fruto de los hombres.
Sería también hoy un grave error que la Iglesia quedara prisionera de tradiciones humanas de nuestros antepasados, cuando todo nos está llamando a una conversión profunda a Jesucristo, nuestro único Maestro y Señor. Lo que nos ha de preocupar no es conservar intacto el pasado, sino hacer posible el nacimiento de una Iglesia y de unas comunidades cristianas capaces de reproducir con fidelidad el Evangelio y de actualizar el proyecto del reino de Dios en la sociedad contemporánea.
Nuestra responsabilidad primera no es repetir el pasado, sino hacer posible en nuestros días la acogida de Jesucristo, sin ocultarlo ni oscurecerlo con tradiciones humanas, por muy venerables que nos puedan parecer.
José Antonio Pagola

Nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre

 Lectura del santo evangelio según san Marcos 7, 1-8. 14-15. 21-23
En aquel tiempo, se acercó a Jesús un grupo de fariseos con algunos escribas de Jerusalén, y vieron que algunos discípulos comían con manos impuras, es decir, sin lavarse las manos.
(Los fariseos, como los demás judíos, no comen sin lavarse antes las manos restregando bien, aferrándose a la tradición de sus mayores, y, al volver de la plaza, no comen sin lavarse antes, y se aferran a otras muchas tradiciones, de lavar vasos, jarras y ollas.)
Según eso, los fariseos y los escribas preguntaron a Jesús:
- « ¿Por qué comen tus discípulos con manos impuras y no siguen la tradición de los mayores?»
Él les contestó:
- «Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, como está escrito: "Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos." Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres.»
Entonces llamó de nuevo a la gente y les dijo:
- «Escuchad y entended todos: Nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre. Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los malos propósitos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, injusticias, -fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro.»

Palabra del Señor.

Quiero que ahora mismo me des en una bandeja la cabeza de Juan, el Bautista



Lectura del santo evangelio según san Marcos 6, 17-29
En aquel tiempo, Herodes había mandado prender a Juan y lo había metido en la cárcel, encadenado.
El motivo era que Herodes se había casado con Herodías, mujer de su hermano Filipo, y Juan le decía que no le era lícito tener la mujer de su hermano.
Herodías aborrecia a Juan y quería quitarlo de en medio; no acababa de conseguirlo, porque Herodes respetaba a Juan, sabiendo que era un hombre honrado y santo, y lo defendía. Cuando lo escuchaba, quedaba desconcertado, y lo escuchaba con gusto.
La ocasión llegó cuando Herodes, por su cumpleaños, dio un banquete a sus magnates, a sus oficiales y a la gente principal de Galilea.
La hija de Herodías entró y danzó, gustando mucho a Herodes y a los convidados. El rey le dijo a la joven:
-«Pídeme lo que quieras, que te lo doy.»
Y le juró:
-«Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino.»
Ella salió a preguntarle a su madre:
-«¿Qué le pido?»
La madre le contestó:
-«La cabeza de Juan, el Bautista.»
Entró ella en seguida, a toda prisa, se acercó al rey y le pidió:
-«Quiero que ahora mismo me des en una bandeja la cabeza de Juan, el Bautista.»
El rey se puso muy triste; pero, por el juramento y los convidados, no quiso desairarla. En seguida le mandó a un verdugo que trajese la cabeza de Juan. Fue, lo decapitó en la cárcel, trajo la cabeza en una bandeja y se la entregó a la joven; la joven se la entregó a su madre.
Al enterarse sus discípulos, fueron a recoger el cadáver y lo enterraron.
Palabra del Señor.


viernes, 28 de agosto de 2015

El papa sigue con "viva preocupación" el "éxodo bíblico" de los inmigrantes

Pide ser "más generosos y más cercanos a las familias pobres"

El papa Francisco sigue "con viva preocupación" el problema de la crisis migratoria y "el éxodo bíblico" que afecta a miles de personas y sus familias que buscan en Europa un futuro mejor, informó hoy Radio Vaticana.
"El papa Francisco sigue con viva preocupación el drama que afecta a miles de personas que huyen de sus tierras. Se trata de un éxodo bíblico que obliga a familias enteras a arriesgar su vida en busca de un futuro lejos de la guerra, del hambre y de cualquier tipo de violencia", indicó el portal de noticias vaticano.
Recordó además el mensaje publicado hoy en el perfil oficial del papa Francisco en Twitter, en el que pide a Dios ayuda "para ser más generosos y siempre más cercanos a las familias pobres".
La Central Operativa de la Guardia Costera en Italia informó del rescate de 1.430 inmigrantes y de la recuperación de dos cadáveres en diversas operaciones desplegadas en las últimas horas en el Mediterráneo. (RD/Agencias)

Porque no muero

"Vivo sin vivir en mí Y tan alta vida espero Que muero porque no muero".

Del disco Clásicos in versos (Saga, 89)de El silbo vulnerado. Música: Luisfelipe Alegre. Canta Carmen Orte. Carátula: Germán Díez 


La oración: el amor es el que habla

Esta frase del libro de la vida de Santa Teresa nos ayuda a comprender lo que es la oración. Ella encuentra en Toledo a un Padre dominico conocido que no ve desde hace mucho tiempo. Le cuenta bajo secreto de confesión todo lo que le pasa a su alma y las penas sufridas por la reforma del Carmelo.
 El religioso la escucha, la consuela y le pide que no deje de pedir por él. Teresa, agradecida, confía al Señor el alma de este sacerdote. Ella va al lugar a donde solía orar y allí se queda "muy recogida, con un estilo "abovado" que muchas veces, sin saber lo que digo, trato". Y añade: "que es el amor que habla" (Libro de la Vida, 34, 8).

 Orar es dejar que hable el amor. ¡Cuántas veces le tenemos miedo al amor, no dejamos que el amor hable! Sino que preferimos que hable sólo nuestra razón o nuestra mera capacidad humana de entender las cosas. Muchas veces reprimimos el amor como si fuera muestra de debilidad como si también en la oración tuviéramos que demostrar los fuertes e inteligentes que somos. Sin embargo la oración, sin dejar impedirnos usar nuestro entendimiento, es el momento explayar el corazón, y de dejar que el Amor divino nos inunde y nos queme con sus rayos. En una sociedad más racionalista y secularizada, nos da vergüenza de liberar la parte más noble de nosotros mismos, nuestra capacidad de amar y ser amados. Y vivimos como mutilados, no respirando a pleno pulmón, caminando sólo al ritmo que nos permite nuestras convenciones humanas o nuestro miedo de amar demasiado.

 Orar, "es el amor que habla". Santa Teresa cuenta que, dejando al religioso, comenzó a hablar con Dios con toda sencillez, como ella solía hacer, dejando que el amor hablase. No sólo el amor que su alma nutría hacia Dios, sino también "comprendiendo el amor que Dios le tiene a ella". La oración usa un lenguaje de amor. Y el lenguaje de amor es especial, es único, tiene su lógica, su gramática y su sintaxis. Lo entienden los que aman. Basta un gesto, una mirada, un movimiento, una sonrisa. Dejemos que el amor hable en nosotros. Dejemos que el Amor nos hable. Dejémonos conducir por el Espíritu Santo que es la persona de la Trinidad que es el Amor del Padre al Hijo y del Hijo al Padre.

Cuando aprendamos el lenguaje del amor que nos enseña el Espíritu Santo, lenguaje hecho de sencillez y espontaneidad, que cualquiera que tenga un corazón puede aprender, entonces comprenderemos que la oración no es sino un ejercicio de amor, es una expresión de amor, es un grito de amor, es una súplica de amor.


La mística Teresa continua diciendo que el Amor que Dios tiene al alma hace que ésta se olvide de sí y "le parece está en Él". Nada la separa de Él. La sencillez del amor logra el mejor estado de unión. Entonces el alma orante "habla desatinos". Comienza a usar el lenguaje más elevado y puro, el lenguaje del amor, porque, como diría San Juan de la Cruz, "ya sólo en amar es mi ejercicio" (Cántico Espiritual, 95).

Autor: P. Pedro Barrajón

Con los refugiados sirios o iraquíes. Cardenal Rodríguez Maradiaga

Querido amigo:
Escapan de una matanza que amenaza la vida de su hijo pequeño. Hicieron un largo viaje desde su casa hasta un lugar seguro, pero un lugar de exilio, lejos de todo lo que conocían.
Como los refugiados sirios o iraquíes hoy —como la gente que escapa del conflicto en Sudán del Sur y la República Democrática del Congo —lo primero que necesitaba la Sagrada Familia era comida. Durante su difícil travesía y en su incierta vida lejos de casa, alguien se acercó a ellos. Alguien les ayudo a encontrar su pan de cada día.
Los refugiados viven hoy en la confusa espiral del exilio—cada día tienen que hacer frente a nuevas costumbres, nuevas dificultades. Para muchos, ya les resultaba difícil ganarse la vida incluso en su propio país. Por eso, en un sitio nuevo, sin contactos, luchan duramente por encontrar un trabajo. Porque de alguna manera deben encontrar un modo para dar de comer a sus hijos.
Caritas llega a familias que lo han perdido todo – hogares, medios de sustento, pertenencias. En todo el mundo, Caritas distribuye alimentos tras una emergencia y luego trabaja, con las personas, para ayudarlas a ayudarse a sí mismas.
Recientemente, en el Líbano, el personal de Caritas llevó comida a un campamento de refugiados, cerca de la frontera con Siria, devastada por la guerra. Muchos refugiados sirios, se deciden al final a desplazarse a pie a ciudades como Beirut. Recientemente, un programa de Caritas ayudó a las mujeres refugiadas a desarrollar una mini-empresa para preparar y vender platos de su cocina tradicional.
Por supuesto, Caritas también ayuda a las familias que, aunque se vieron obligadas a huir de sus hogares, se enfrentan cotidianamente a la pobreza extrema y el hambre. Por eso,en Beirut, las mujeres libanesas también forman parte del programa ayuda alimentaria.
Asegurarse de que los padres pueden alimentar a sus hijos es un objetivo clave para Caritas “Una sóla familia humana, alimentos para todos” es el tema de la campaña contra el hambre, lanzada por el Papa Francisco, en diciembre de 2013. Dicha iniciativa, de 18 meses de duración, es una ocasión para que el personal de Caritas y sus simpatizantes, de todo el mundo, se centren en lo que funciona para detener el hambre, y cómo podemos llegar a las familias más necesitadas y hambrientas, como la Sagrada Familia.
Durante todo este año, ha sido conmovedor ver la dedicación y creatividad del personal de Caritas, en su lucha contra el hambre. Entre los programas especiales de la campaña, podemos incluir proyectos de semillas, en Brasil, de capacitación agrícola, en Tailandia, comidas para niños de la calle, en África oriental, los bancos de alimentos, en Europa, y otros muchos.

La Sagrada Familia es nuestra familia. Así como usted habría ayudado a esa familia asustada, hace más de 2000 años, ahora está intentando ayudar a familias necesitadas de hoy, a través de su apoyo de Caritas. “Una sola familia humana” ya es realidad, hagamos que “alimentos para todos” también lo sea.
Cardenal Rodríguez Maradiaga

«¡No abandonemos Tierra Santa!

El custodio de Tierra Santa, fray Pierbattista Pizzaballa hace un llamado a los fieles 

Desde hace tiempo, sobre todo a causa del miedo generado por las guerras en Oriente Medio y los atentados perpetrados por los grupos fundamentalistas que han golpeado incluso a los países de Occidente, las peregrinaciones a Tierra Santa han disminuido drásticamente. Se estima que, solo desde Italia, en el último año han caído más del 40 por ciento. A pesar de alguna tímida señal de reanudación, el temor a acercarse a esta Tierra bendita sigue siendo grande. Sabiendo interpretar la voz de las distintas comunidades cristianas que viven en Israel y Palestina, quisiera deciros: «No abandonéis a la Tierra Santa". No existe motivo razonable para no organizar una peregrinación a los Santos Lugares. La seguridad en los santuarios y en las zonas frecuentadas por los peregrinos está garantizada, y nosotros, los cristianos, necesitamos más que nunca de la presencia y apoyo de los peregrinos que se acercan hasta aquí en oración de todas las partes del mundo.
Vivir como cristianos en Tierra Santa significa tener una vocación particular y universal. Aquí la Iglesia latina se compone esencialmente de tres grupos: las comunidades de cristianos árabes locales, el antiguo grupo de palestinos que representan la presencia cristiana tradicional en estos lugares; la quehilá de lengua hebrea, una iglesia nueva, en fermento, que aglutina con sus propias especificidades a evangelistas, judíos mesiánicos y católicos y que celebra la liturgia en lengua hebrea; la comunidad internacional, que comprende a muchos trabajadores extranjeros, sobre todo filipinos, hispanoamericanos e indios, que residen establemente en Tierra Santa, y algunos otros grupos de distinta procedencia que, por múltiples razones y distintos motivos, transcurren aquí períodos más o menos largos. Junto a la Iglesia latina viven y operan otras importantes realidades cristianas, entre las que destaca la Iglesia greco-ortodoxa, la Iglesia armenia y la copta. Incluso dentro del mundo católico existen grupos con ritos distintos del latino.
Jerusalén y los Santos Lugares cristianos han sido hasta hoy un signo fundamental de la fe, testimonio de la vida, muerte y resurrección de Jesús que, precisamente aquí, realmente se han cumplido. Todos los cristianos, incluso los más alejados, miran a Tierra Santa para encontrar en estos signos sus propias raíces y el sentido auténtico de su misión en todo el mundo. En Tierra Santa se puede leer la vida de Jesús, escuela de Evangelio. Aquí se puede aprender a mirar, escuchar, meditar y saborear el silencio para alcanzar el significado profundo y misterioso de su paso. El ambiente que enmarca su estancia entre nosotros evoca lugares, costumbres, colores y perfumes; los mismos que Jesús conoció cuando se reveló al mundo.
En Tierra Santa los cristianos han sido siempre minoría, una presencia exigua pero de corazón ardiente, y jamás han desaparecido. Están llamados a dar un alto testimonio de fe, a ser una presencia viva, enamorada de su propia historia y de sus propias ideas, a no temer los cambios y los encuentros con la diversidad, sino a estar abiertos, serenos, libres, positivos y, al mismo tiempo, claros, enraizados en su propio sentido de identidad y pertenencia, caminando hacia el futuro, activos en la custodia de los Santos Lugares, que son depositarios de la tradición y la memoria de toda la cristiandad.
Precisamente para salvaguardar esta presencia (y si es posible reforzarla) invito una vez más a todas las diócesis, parroquias y movimientos a no abandonarnos, es más, a trabajar para que la peregrinación a Tierra Santa sea un testimonio de paz y diálogo. Estoy convencido de que este llamamiento será acogido por muchos fieles que aman Tierra Santa, y que pronto por las calles que Jesús recorrió pueda nuevamente crecer la presencia de quien se pone en camino para encontrarse con Aquél que vino para nuestra salvación.
Fray Pierbattista Pizzaballa - Custodio de Tierra Santa

De la carta de san Agustín , obispo, a Proba

Quizá me preguntes aún por qué razón dijo el Apóstol que no sabemos pedir lo que nos conviene, siendo así que podemos pensar que tanto el mismo Pablo como aquellos a quienes él se dirigía conocían la oración dominical.

Porque el Apóstol experimentó seguramente su incapacidad de orar como conviene, por eso quiso manifestarnos su ignorancia; en efecto, cuando, en medio de la sublimidad de sus revelaciones, le fue dado el aguijón de su carne, el ángel de Satanás que lo apaleaba, desconociendo la manera conveniente de orar, Pablo pidió tres veces al Señor que lo librara de esta aflicción. Y oyó la respuesta de Dios y el porqué no se realizaba ni era conveniente que se realizase lo que pedía un hombre tan santo: Te basta mi gracia: la fuerza se realiza en la debilidad.

Ciertamente, en aquellas tribulaciones que pueden ocasionarnos provecho o daño no sabemos cómo debemos orar; pues como dichas tribulaciones nos resultan duras y molestas y van contra nuestra débil naturaleza, todos coincidimos naturalmente en pedir que se alejen de nosotros. 

Pero, por el amor que nuestro Dios y Señor nos tiene, no debemos pensar que si no aparta de nosotros aquellos contratiempos es porque nos olvida; sino más bien, por la paciente tolerancia de estos males, esperemos obtener bienes mayores, y así la fuerza se realiza en la debilidad. 

Esto, en efecto, fue escrito para que nadie se enorgullezca si, cuando pide con impaciencia, es escuchado en aquello que no le conviene, y para que nadie decaiga ni desespere de la misericordia divina si su oración no es escuchada en aquello que pidió y que, posiblemente, o bien le sería causa de un mal mayor o bien ocasión de que, engreído por la prosperidad, corriera el riesgo de perderse. En tales casos, ciertamente, no sabemos pedir lo que nos conviene.

Por tanto, si algo acontece en contra de lo que hemos pedido, tolerémoslo con paciencia y demos gracias a Dios por todo, sin dudar en lo más mínimo de que lo más conveniente para nosotros es lo que acaece según la voluntad de Dios y no según la nuestra. De ello nos dio ejemplo aquel divino Mediador, el cual dijo en su pasión: Padre, si es posible, que pase y se aleje de mi ese cáliz, pero, con perfecta abnegación de la voluntad humana que recibió al hacerse hombre, añadió inmediatamente: Pero no se haga lo que yo quiero, sino lo que tú quieres. Por lo cual, entendemos perfectamente que por la obediencia de uno todos se convertirán en justos.


¡Que llega el esposo, salid a recibirlo!


Lectura del santo evangelio según san Mateo 25, 1-13
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:
-«Se parecerá el reino de los cielos a diez doncellas que tomaron sus lámparas y salieron a esperar al esposo.
Cinco de ellas eran necias y cinco eran sensatas.
Las necias, al tomar las lámparas, se dejaron el aceite; en cambio, las sensatas se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas.
El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron.
A medianoche se oyó una voz: - ¨¡ Que llega el esposo, salid a recibirlo!
Entonces se despertaron todas aquellas doncellas y se pusieron a preparar sus lámparas.
Y las necias dijeron a las sensatas: - "Dadnos un poco de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas."
Pero las sensatas contestaron: -"Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis."
Mientras iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta.
Más tarde llegaron también las otras doncellas, diciendo: - "Señor, señor, ábrenos."
Pero él respondió: - "Os lo aseguro: no os conozco."
Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora.»
Palabra del Señor.

jueves, 27 de agosto de 2015

Me dio luz en todo’. Teresa de Jesús y fray Pedro de Alcántara

Con estas palabras, nos habla Teresa de Jesús la relación que tuvo con fray Pedro de Alcántara, reformador franciscano y consejero suyo:
Este santo hombre me dio luz en todo y me lo declaró, y dijo que no tuviese pena, sino que alabase a Dios y estuviese tan cierta que era espíritu suyo, que, si no era la fe, cosa más verdadera no podía haber, ni que tanto pudiese creer. Y él se consolaba mucho conmigo y hacíame todo favor y merced, y siempre después tuvo mucha cuenta conmigo y daba parte de sus cosas y negocios. Y como me veía con los deseos que él ya poseía por obra -que estos dábamelos el Señor muy determinados- y me veía con tanto ánimo, holgábase de tratar conmigo; que a quien el Señor llega a este estado no hay placer ni consuelo que se iguale a topar con quien le parece le ha dado el Señor principios de esto; que entonces no debía yo tener mucho más, a lo que me parece, y plega al Señor lo tenga ahora.

Libro de la Vida, 30, 5
Blog: Para Nos Nací
Lectura del santo evangelio según san Mateo 24, 42-51
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
-«Estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor.
Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora de la noche viene el ladrón, estaría en vela y no dejarla abrir un boquete en su casa.
Por eso, estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre.
¿Dónde hay un criado fiel y cuidadoso, a quien el amo encarga de dar a la servidumbre la comida a sus horas?
Pues, dichoso ese criado, si el amo, al llegar, lo encuentra portándose así. Os aseguro que le confiará la administración de todos sus bienes.
Pero si el criado es un canalla y, pensando que su amo tardará, empieza a pegar a sus compañeros, y a comer y a beber con los borrachos, el día y la hora que menos se lo espera, llegará el amo y lo hará pedazos, mandándolo a donde se manda a los hipócritas.
Allí será el llanto y el rechinar de dientes.»
Palabra del Señor

Santa Mónica, con su testimonio logró convertir a su marido, a su suegra y a su hijo, San Agustín

Mónica, la madre de San Agustín, nació en Tagaste (África del Norte) a unos 100 km de la ciudad de Cartago en el año 332. 

 Ella deseaba dedicarse a la vida de oración y de soledad pero sus padres dispusieron que tenía que esposarse con un hombre llamado Patricio. Este era un buen trabajador, pero de genio terrible, además mujeriego, jugador y pagano, que no tenía gusto alguno por lo espiritual. Tuvieron tres hijos : dos varones y una mujer. Los dos menores fueron su alegría y consuelo, pero el mayor Agustín, la hizo sufrir por varias décadas. 

Patricio no era católico, y aunque criticaba el mucho rezar de su esposa y su generosidad tan grande hacia los pobres, nunca se opuso a que dedicará de su tiempo a estos buenos oficios.y Quizás, el ejemplo de vida de su esposa logro su conversión. Mónica rezaba y ofrecía sacrificios por su esposo y al fin alcanzó de Dios la gracia de que en el año de 371 Patricio se hiciera bautizar, y que lo mismo hiciera su suegra. Un año después de su bautizo, Patricio murió, dejando a la pobre viuda con el problema de su hijo mayor
Cuando murió su padre, Agustín tenía 17 años y empezaron a llegarle a Mónica noticias cada vez más preocupantes del comportamiento de su hijo. Adoptó las creencias y prácticas de una la secta Maniquea. Y Mónica, que era bondadosa pero no cobarde, ni débil de carácter, al volver su hijo de vacaciones y escucharle argumentar falsedades contra la verdadera religión, lo echó sin más de la casa y cerró las puertas, porque bajo su techo no albergaba a enemigos de Dios.

En Milán; Mónica conoce al santo más famoso de la época en Italia, el célebre San Ambrosio, Arzobispo de la ciudad. En él encontró un verdadero padre, lleno de bondad y sabiduría que le impartió sabios. Además de Mónica, San Ambrosio también tuvo un gran impacto sobre Agustín, a quien atrajo inicialmente por su gran conocimiento y poderosa personalidad. Poco a poco comenzó a operarse un cambio notable en Agustín, escuchaba con gran atención y respeto a San Ambrosio, desarrolló por él un profundo cariño y abrió finalmente su mente y corazón a las verdades de la fe católica. 

En el año 387, ocurrió la conversión de Agustín, se hizo instruir en la religión y en la fiesta de Pascua de Resurrección de ese año se hizo bautizar. 

Agustín, ya convertido, dispuso volver con su madre y su hermano, a su tierra, en África, y se fueron al puerto de Ostia a esperar el barco. Pero Mónica ya había conseguido todo lo que anhelaba es esta vida, que era ver la conversión de su hijo. Ya podía morir tranquila. Murió a los 55 años de edad del año 387.