miércoles, 8 de julio de 2015

«BUSQUE CADA UNO NO SÓLO SU PROPIO INTERÉS, SINO TAMBIÉN EL DE LA COMUNIDAD»

¿A qué vienen entre vosotros contiendas y riñas, banderías, escisiones y guerras? ¿O es que no tenemos un solo Dios y un solo Cristo y un solo Espíritu de gracia que fue derramado sobre nosotros? ¿No es uno solo nuestro llamamiento en Cristo? ¿A qué fin desgarramos y despedazamos los miembros de Cristo y nos sublevamos contra nuestro propio cuerpo, llegando a tal punto de insensatez que nos olvidamos de que somos los unos miembros de los otros?

Acordaos de las palabras de Jesús, nuestro Señor. Él dijo, en efecto: ¡Ay de aquel hombre! Más le valiera no haber nacido, que escandalizar a uno solo de mis escogidos. Mejor le fuera que le colgaran una piedra de molino al cuello y lo hundieran en el mar, que no extraviar a uno solo de mis escogidos. Vuestra escisión extravió a muchos, desalentó a muchos, hizo dudar a muchos, nos sumió en la tristeza a todos nosotros. Y, sin embargo, vuestra sedición es contumaz.
Tomad en vuestra mano la carta del bienaventurado Pablo, apóstol. ¿Cómo os escribió en los comienzos del Evangelio? A la verdad, divinamente inspirado, os escribió acerca de sí mismo, de Cefas y de Apolo, como quiera que ya desde entonces fomentabais las parcialidades. Mas aquella parcialidad fue menos culpable que la actual, pues al cabo os inclinabais a apóstoles acreditados por Dios y a un hombre acreditado por éstos. Arranquemos, pues, con rapidez ese escándalo y postrémonos ante el Señor, suplicándole con lágrimas sea propicio con nosotros, nos reconcilie consigo y nos restablezca en el sagrado y puro comportamiento de nuestra fraternidad. 
De la carta de san Clemente primero, papa, a los Corintios
(Caps. 46, 2-47, 4; 48,1-6: Funk 1,119-123)

Fuente: News.va

Es urgente no dar la espalda a los hermanos y a la tierra, llamamiento del Papa


¡Cultivar y cuidar! ¡Permanece siempre esta invitación y misión, que Dios le susurra al hombre ya desde el Génesis!

En el penúltimo encuentro, con el mundo de la escuela y de la universidad, de la intensa jornada del martes en Quito, en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, el Papa Francisco reiteró la importancia de escuchar la invitación del Creador al hombre. «No solo le da la vida, le da la tierra, la creación. No solo le da una pareja y un sinfín de posibilidades: le da una misión. Lo invita a ser parte de su obra creadora».

Haciendo hincapié en que la creación es un regalo de Dios para ser compartido y en la responsabilidad de hacer crecer la obra creadora, así como de custodiarla, el Papa enfatizó que «hoy esta invitación  se nos impone a la fuerza»«como una exigencia», por el daño causado, al «sentirnos que éramos sus propietarios y dominadores, autorizados quizás a expoliarla… por eso entre los pobres más abandonados y maltratados que hay hoy en el mundo, está nuestra oprimida y devastada tierra». (Laudato si’ 2).

Tras destacar que existe una relación entre nuestra vida y la de nuestra madre la tierra, el Obispo de Roma señaló que es «una relación que guarda una posibilidad, tanto de apertura, de transformación, de vida como de destrucción, de muerte».

«Hay algo que es claro, no podemos seguir dándole la espalda a nuestra realidad, a nuestros hermanos a nuestra madre tierra», recordó, para luego subrayar que «no nos es lícito, más aún no es humano entrar en el juego de la cultura del descarte».


Después de recordar que Jesús no buscaba «doctorear», por lo contrario, quiere llegar al corazón del hombre, a su inteligencia a su vida, para que ésta dé fruto, el Santo Padre presentó una vez más la pregunta de Dios a Caín: «¿Dónde está tu hermano?» Pregunta que nos debemos plantear en todo momento, también en el contexto de la educación y de la universidad. Tanto por parte de los educadores como de los estudiantes.

“Tengan los sentimientos de Jesús”, el Papa en la misa por la evangelización de los pueblos en Quito


El Papa Francisco durante la misa celebrada la tarde del martes en el Parque del Bicentenario de Quito y dedicada  a la evangelización de los pueblos, profundizó en dos conceptos fundamentales a la hora de llevar la Buena Nueva: la libertad y la unidad.
Explicó que la evangelización puede ser “vehículo de unidad, de aspiraciones, sensibilidades, ilusiones” y en este contexto animó a los fieles diciendo ¡Eso creemos, eso gritamos!. Y citó la exhortación Evangelii Gaudium: «Mientras en el mundo, especialmente en algunos países, reaparecen diversas formas de guerras y enfrentamientos, los cristianos insistimos en nuestra propuesta de reconocer al otro, de sanar las heridas, de construir puentes, de estrechar lazos y de ayudarnos “mutuamente a llevar las cargas”».
Francisco invitó a los fieles al desafío de dar a conocer la Palabra de Dios,  no con términos “altisonantes, ni con complicados, sino haciendo que nazcan de la alegría del Evangelio
Y volvió a la importancia del término ‘unidad’ para “que el mundo crea”. “La evangelización no consiste en hacer proselitismo, sino en atraer con nuestro testimonio a los alejados, en acercarse humildemente a aquellos que se sienten lejos de Dios y de la Iglesia, a los que son temerosos o a los indiferentes para decirles”:

«El Señor también te llama a ser parte de tu pueblo y lo hace con gran respeto y amor» (Evangelii gaudium 113). Porque nuestro Dios nos respeta hasta en nuestras bajezas y en nuestro pecado. Este llamamiento del Señor con qué humildad y con qué respeto lo describe en el texto del Apocalipsis: “Mira, estoy a la puerta y llamo, ¿si querés abrir? no fuerza, no hace saltar la cerradura, simplemente, toca el timbre, golpea suavemente y espera ¡ése es nuestro Dios! , aseguró.

El Santo Padre relacionó "el grito" de lo que creemos, con el lugar donde se celebró la misa, el Parque del Bicentenario que recuerda los dos siglos de independencia republicana, y explicó que evangelizar es tan urgente y apremiante como aquellos deseos de independencia.

Lo más bello para la familia está por venir. Papa Francisco

La familia también forma una pequeña Iglesia, una«Iglesia doméstica»que, junto con la vida, encauza la ternura y la misericordia divina.En la familia la fe se mezcla con la leche materna:experimentando el amor de los padres se siente cercano el amor de Dios. 

Y en la familia los milagros se hacen con lo que hay, con lo que somos, con lo que uno tiene a mano... muchas veces no es el ideal, no es lo que soñamos, ni lo que«debería ser».El vino nuevo de las bodas de Caná nace de las tinajas de purificación, es decir, del lugar donde todos habían dejado su pecado...«donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia»(Rm5,20). 

En la familia de cada uno de nosotros y en la familia común que formamos todos, nada se descarta, nada es inútil. Poco antes de comenzar el Año Jubilar de la Misericordia, la Iglesia celebrará el Sínodo Ordinario dedicado a las familias, para madurar un verdadero discernimiento espiritual y encontrar soluciones concretas a las muchas dificultades e importantes desafíos que la familia debe afrontaren nuestros días. Les invito a intensificar su oración por esta intención, para que aun aquello que nos parezca impuro, nos escandalice o espanta, Dios-haciéndolo pasar por su«hora»-lo pueda transformar en milagro. 

Todo comenzó porque «no tenían vino», y todo se pudo hacer porque una mujer-la Virgen-estuvo atenta, supo poner en manos de Dios sus preocupaciones, y actuó con sensatez y coraje. Pero no es menor el dato final: gustaron el mejor de los vinos. Y esa es la buena noticia: el mejor de los vinos está por ser tomado, lo más lindo, profundo y bello para la familia está por venir. 

Está por venir el tiempo donde gustamos el amor cotidiano, donde nuestros hijos redescubren el espacio que compartimos, y los mayores están presentes en el gozo de cada día. El mejor de los vinos está por venir para cada persona que se arriesga al amor. Y está por venir aunque todas las variables y estadísticas digan lo contrario; el mejor vino está por venir en aquellos que hoy ven derrumbarse todo. Murmúrenlo hasta creérselo: el mejor vino está por venir,y susúrrenselo a los desesperados o desamorados.

Dios siempre se acerca a las periferias de los que se han quedado sin vino, los que sólo tienen para beber desalientos; Jesús siente debilidad por derrochar el mejor de los vinos con aquellos a los que por una u otra razón, ya sienten que se les han roto todas las tinajas. 

Como María nos invita, hagamos «lo que él nos diga» y agradezcamos que en este nuestro tiempo y nuestra hora, el vino nuevo, el mejor, nos haga recuperar el gozo de ser familia. 

martes, 7 de julio de 2015

San Fermin

Según la leyenda, nació en Pompaelo (la actual Pamplona), hijo de un senador pagano de nombre Firmo, un alto funcionario de la administración romana que gobernó Pamplona en el siglo III. La predicación de Honesto, quien había marchado a la península tras ser milagrosamente liberado de su prisión en Carcasona, conmovió a sus padres, quienes sin embargo no se convirtieron hasta oír a san Saturnino de Tolosa. El santo habría bautizado a Fermín y a sus padres en el lugar que hoy se llama popularmente pocico de San Cernín.

Bajo la tutela de Honesto el joven Fermín aprendió la religión y el arte de la prédica. A los 18 años fue enviado a Tolosa, donde sería ordenado. Tras predicar en Navarra, marchó a Francia, donde se asentó en Amiens. Habiendo organizado la construcción de la iglesia local, fue nombrado obispo a los 24 años. La oposición oficial a la doctrina cristiana le granjeó la cárcel, donde, tras negarse a cesar su prédica, fue decapitado.
En 1186 el obispo Pedro de París llevó de Amiens a Pamplona una reliquia de la cabeza de Fermín.
Actualmente su santoral se celebra el 7 de julio. En Pamplona se conmemora con unas fiestas de fama internacional, los Sanfermines, en las que destacan los encierros.

Es además patrono de las cofradías de boteros, vinateros y panaderos.

Las mies es abundante, pero los trabajadores son pocos

Lectura del santo evangelio según san Mateo 9, 32-38
En aquel tiempo, presentaron a Jesús un endemoniado mudo. Echó al demonio, y el mudo habló.
La gente decía admirada:
-«Nunca se ha visto en Israel cosa igual.»
En cambio, los fariseos decían:
-«Éste echa los demonios con el poder del jefe de los demonios. »
Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, anunciando el Evangelio del reino y curando todas las enfermedades y todas las dolencias.
Al ver a las gentes, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, como ovejas que no tienen pastor.
Entonces dijo a sus discípulos:
-«Las mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies.»
Palabra del Señor


Y yo ¿de qué me tengo que confesar?

Mucha gente se plantea esta pregunta.
Hay quien la dice como dando a entender que no tiene pecados, así que ¿de qué se tiene que confesar?, y hay quien la dice porque quiere confesarse pero no sabe de qué.

Para ambos hay semejante respuesta, pero antes de darla cabe aclarar que quien cree que no tiene pecados, suele considerar que ser católico consiste simplemente en ir a Misa dominical y si ha cumplido con eso, tiene ‘palomita’ de asistencia y está en orden. Se equivoca. Si la Iglesia nos pide ir a Misa no es para que pasemos ‘lista’, sino para que recibamos toda la ayuda celestial que necesitamos para poder cumplir el único mandamiento que nos dejó Jesús: que nos amemos unos a otros como Él nos ama (ver Jn 15,12).

Los católicos vamos a Misa no como un fin en sí mismo, sino porque allí nos encontramos con Jesús que nos abraza, nos perdona, nos habla, nos comunica Su paz y se nos da en alimento que nos fortalece y capacita para poder amar con el amor con que nos ama (de ahí que la Iglesia considere pecado grave faltar a Misa sin razón, dejarlo plantado, despreciar Su ayuda, y nos pide que la siguiente vez que asistamos a Misa no comulguemos si antes no le hemos pedido perdón en la Confesión).

Así pues, quien se pregunta de qué se tiene que confesar (sea porque cree que no tiene pecados o porque sabe que tiene pero no cuáles son) debe examinarse en el amor.

Hay que hacer un examen de conciencia y preguntarse si desde su última Confesión todo lo que ha pensado, dicho, hecho y dejado de hacer, ha sido sólo por amor, y si no es así, si a veces estuvo motivado por algo (o mucho) de egoísmo, soberbia, envidia, ira, rencor, pereza, gula, deseos de desquitarse, indiferencia hacia los sufrimientos ajenos, apego desordenado al placer, al dinero, al poder, , ... entonces debe pedirle perdón a Dios, confesarse.



Jesús instituyó la Confesión cuando les dio a Sus apóstoles el poder de perdonar los pecados (ver Jn 20,22-23; Mt 16,19 y 2Cor 5,18).Es un Sacramento, es decir, un signo sensible del amor de Dios, por medio del cual recibimos la gracia divina que necesitamos para santificarnos. Nos ayuda a reconocer nuestras miserias, desahogarnos confesándoselas al sacerdote de quien sabemos que nos comprende, porque él también comete faltas, nos aconseja, porque ha oído de todo y tiene más experiencia que nosotros, no se las puede contar a nadie porque está impedido por el secreto de Confesión, y tiene la autoridad para perdonarnos en nombre de Dios. ¡Es algo maravilloso, verdaderamente sanador, restaurador!

Hay quien dice que prefiere ‘confesarse directo con Dios’, pero desperdicia la ayuda que le ofrece el Señor y además queda siempre con la duda de si recibió Su perdón. ¡Nada se compara con escuchar las palabras de la absolución mientras el sacerdote traza sobre ti la señal de la cruz. Sales sintiéndote realmente perdonado, liberado!

Hay quien dice: ‘¿y por qué tengo que confesarme con uno que tal vez es igual o peor pecador que yo?’. A lo que cabe responder que no es a título personal que te perdona, sino en nombre de Dios; y el hecho de que sea pecador le permite comprenderte mejor. San Pedro, el primer Papa de la historia, cometió pecados, negó a su Señor, y sin duda sus caídas le permitieron ser más compasivo con otros que también cayeron.

La Iglesia nos invita a confesarnos cuando menos una vez al año, de preferencia durante la Cuaresma. Ojalá no nos atengamos a ese mínimo, sino acudamos con mayor frecuencia a recibir el abrazo del Señor que viene siempre a nuestro encuentro para perdonarnos y arroparnos en Su amor.

Artículo originalmente publicado por Desde la fe
  

Papa Francisco tampoco es un profeta bien visto en su tierra


El Papa es más profeta fuera de su tierra (fuera de la Iglesia) que en su propia casa. ¿Por qué?

¿Por qué Ezequiel es un profeta? ¿Por qué san Pablo es un profeta? ¿Por qué Jesús es “el profeta” por antonomasia? ¿Por qué los profetas incomodan? ¿Dónde esta su fuerza? ¿Por qué tu también eres profeta?

La misión del profeta esta clara en Ezequiel, y se repite a lo largo de toda la historia de la Salvación: “te hagan o no te hagan caso, sabrán que hubo un profeta en medio de ellos”. 

El profeta no es un vendedor ni un conseguidor, ni un embaucador, sino un testigo. En esta sociedad del éxito el profeta por tanto es un loco, un fracasado. Desde la fe el profeta además de auténtico y valiente, es un servidor fiel, que podrá decir a su Dios: “siervo inútil soy, he hecho lo que tenía que hacer”.

El profeta sólo pone su confianza en Dios. Todo lo demás, y todos los demás, le pueden fallar, pero Dios no falla nunca. El profeta, como reza el salmo 122, tiene sus ojos puestos en su Señor, y por eso puede soportar “el sarcasmo de los satisfechos y el desprecio de los orgullosos”.

Por eso el profeta sabe como san Pablo, que le basta la gracia de Dios. ¡Cuantos profetas cristianos a lo largo de los siglos habrán podido exclamar con las palabras de Pablo: “Vivo contento en medio de mis debilidades, de los insultos, las privaciones, las persecuciones y las dificultades por Cristo, porque cuando soy débil, entonces soy fuerte!” (2 Cor. 12, 10).

Por eso, como nos relata el evangelio de Marcos (6, 1-6), los paisanos de Jesús no dan crédito. Se hicieron con el Hijo de Dios lo mismo que con todos los profetas antes de Jesús y después de Jesús, las preguntas de rigor de quienes no quieren oír la verdad, y que se resumen a la postre en una: ¿Y éste quién se ha creído que es?

Seguramente por eso no nos atrevemos a responder a nuestra llamada de “ser profetas” que recibimos en el bautismo, cuando fuimos constituidos en Cristo sacerdotes, profetas y reyes: 

Sacerdotes porque todos somos “puente” entre Dios y los hombres a través de la oración por los demás y del amor al prójimo; 

Profetas porque todos estamos llamados a dar testimonio de Cristo de palabra y de obra, así como a transformar y mejorar este mundo en camino hacia el Reino de Dios, Reino de justicia, de amor y de paz. 

Y Reyes, porque el único título de un cristiano es el de hijo de Dios, que nos hace libres de todo vasallaje ante cualquier rey terrenal, y por tanto “reyes” por fraternidad con el “único Rey”, Cristo Jesús.

Y hablando de profetas, confieso que a muchos nos preocupa la ola de desafección interna con la que se le critica al Papa Francisco. Al igual que el Señor, el Papa es más profeta fuera de su tierra (fuera de la Iglesia) que en su propia casa. ¿Por qué?

En primer lugar porque cuando guiada por el Espíritu Santo la Iglesia eligió a un Papa iberoamericano, nos dejó bien claro que ella se toma muy en serio la igualdad de sus hijos. 

Y por eso muchos –y no sólo los que compaginan su pertenencia a la Iglesia con el llamar sudacas a los emigrantes latinos-, no han asimilado aún la procedencia y el estilo personal del Papa. Ninguno de los últimos papas ha sido un papa elitista, pero a este es imposible disfrazarlo.

En segundo lugar el Papa Francisco no tiene pelos en la lengua: pone en cuestión todos los dogmas de la mentalidad individualista reinante, como la idolatría de la economía de mercado. Y da testimonio de una tal sencillez, que pone en jaque tanto a honorables eclesiásticos que creen que seguimos en el Renacimiento, como a respetables cristianos acomodados que creen que solo pecan contra el sexto mandamiento. 

Y en tercer lugar, el Papa “profeta” Francisco es rechazado por el síndrome del hermano mayor de la Parábola del hijo prodigo, es decir, por el empeño del Papa en tender su mano a todos los alejados de la Iglesia y mostrarles el rostro de su misericordia que quiere curar sus heridas y no hurgar en ellas.

Porque, como reza el inicio de la constitución Gaudium et spes  del Concilio Vaticano II, “los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo. Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón”.
 
Autor: Manuel Bru Fuente: Aleteia

Francisco: "La familia constituye la gran riqueza social, que debe ser ayudada y potenciada"

Misa de multitudes del Papa en Guayaquil, la "perla del Pacífico", en la inmensidad del Parque Samanes, que acoge a unas 600.000 personas. El Papa Francisco, ante esta marea humana, ensalza a María, intercesora ante el Hijo en las bodas de Caná. Y lanza un canto a la familia, que es "una gran riqueza social", la primera escuela, el primer hospital y la primera iglesia, donde "la fe se mezcla con la leche materna".
"Arriba corazon
es, ya viene el papamóvil", dicen los speakers. Y llega el Papa en su pequeño automóvil a una inmensidad de parque. "Francisco en Guayaquil, quedáte siempre aquí", gritan los animadores. "Francisco, amigo, estoy haciendo lío", añaden. Y "arriba las banderas".
Y el coro canta: "Bienvenido, Santo Padre, mensajero del Señor". Antes de la llegada del Papa, la animadora, entre canto y canto, señala que, para comulgar, hay que guardar al menos una hora de ayuno y que se comulgue con el debido respeto, a la hora de hacerlo.
El altar, coronado por una cruz con los colores blanco y amadillo del Vaticano. Elegante, pero recargado, al estilo ecuatoriano y al estilo litúrgico del arzobispo de lugar, monseñor Arregui, del Opus Dei. Incluso la casulla papal bordada en oro. Y la sede, un tanto fastuosa, con partes dorados.
En el centro del altar una curz con un Cristo realista. A la derecha, un gran cuadro de la Virgen con el niño en brazos.
Libro del Eclesiástico: "Hijo, cuida de tu padre en su vejez, aunque chochee...El bien hecho al padre no quedará en el olvido"
Lectura de San Pablo: "Mujeres respeten la autoridad de sus maridos...padres no exijan demasiado a sus hijos, para que no se depriman".

Se canta el pasaje evangélico de las bodas de Caná.
Homilía del Papa: 
El pasaje del Evangelio que acabamos de escuchar es el primer signo portentoso que se realiza en la narración del Evangelio de Juan. La preocupación de María, convertida en súplica a Jesús: «No tienen vino» y la referencia a «la hora» se comprenderá, en los relatos de la Pasión.
Está bien que sea así, porque eso nos permite ver el afán de Jesús por enseñar, acompañar, sanar y alegrar desde ese clamor de su madre: «No tienen vino».
Las bodas de Caná se repiten con cada generación, con cada familia, con cada uno de nosotros y nuestros intentos por hacer que nuestro corazón logre asentarse en amores duraderos, fecundos y alegres. Demos un lugar a María, «la madre» como lo dice el evangelista. Hagamos con ella el itinerario de Caná.
María está atenta en esas bodas ya comenzadas, es solícita a las necesidades de los novios. No se ensimisma, no se enfrasca en su mundo, su amor la hace «ser hacia» los otros. Y por eso se da cuenta de la falta de vino. El vino es signo de alegría, de amor, de abundancia. Cuántos de nuestros adolescentes y jóvenes perciben que en sus casas hace rato que ya no lo hay. Cuánta mujer sola y entristecida se pregunta cuándo el amor se fue, se escurrió de su vida. Cuántos ancianos se sienten dejados fuera de la fiesta de sus familias, arrinconados y ya sin beber del amor cotidiano. También la carencia de vino puede ser el efecto de la falta de trabajo, enfermedades, situaciones problemáticas que nuestras familias atraviesan. María no es una madre «reclamadora», no es una suegra que vigila para solazarse de nuestras impericias, errores o desatenciones. ¡María es madre!: Ahí está, atenta y solícita.
Pero María acude con confianza a Jesús, María reza. No va al mayordomo; directamente le presenta la dificultad de los esposos a su Hijo. La respuesta que recibe parece desalentadora: «¿Qué podemos hacer tú y yo? Todavía no ha llegado mi hora» (Jn 2,4). Pero, entre tanto, ya ha dejado el problema en las manos de Dios. Su premura por las necesidades de los demás apresura la «hora» de Jesús. María es parte de esa hora, desde el pesebre a la cruz. Ella que supo «transformar una cueva de animales en la casa de Jesús, con unos pobres pañales y una montaña de ternura» (Evangelii gaudium, 286) y nos recibió como hijos cuando una espada le atravesaba el corazón, nos enseña a dejar nuestras familias en manos de Dios; rezar, encendiendo la esperanza que nos indica que nuestras preocupaciones son también preocupaciones de Dios.

lunes, 6 de julio de 2015

«MI SACRIFICIO ES UN ESPÍRITU QUEBRANTADO». SAN AGUSTÍN.

Yo reconozco mi culpa, dice el salmista. Si yo la reconozco, dígnate tú perdonarla. No tengamos en modo alguno la presunción de que vivimos rectamente y sin pecado. Lo que atestigua a favor de nuestra vida es el reconocimiento de nuestras culpas. Los hombres sin remedio son aquellos que dejan de atender a sus propios pecados para fijarse en los de los demás. No buscan lo que hay que corregir, sino en qué pueden morder. Y, al no poderse excusar a sí mismos, están siempre dispuestos a acusar a los demás. No es así como nos enseña el salmo a orar y dar a Dios satisfacción, ya que dice: Pues yo reconozco mi culpa, tengo siempre presente mi pecado. El que así ora no atiende a los pecados ajenos, sino que se examina a sí mismo, y no de manera superficial, como quien palpa, sino profundizando en su interior. No se perdona a sí mismo, y por esto precisamente puede atreverse a pedir perdón.

¿Quieres aplacar a Dios? Conoce lo que has de hacer contigo mismo para que Dios te sea propicio. Atiende a lo que dice el mismo salmo: Los sacrificios no te satisfacen: si te ofreciera un holocausto, no lo querrías. Por tanto, ¿es que has de prescindir del sacrificio? ¿Significa esto que podrás aplacar a Dios sin ninguna oblación? ¿Qué dice el salmo? Los sacrificios no te satisfacen: si te ofreciera un holocausto, no lo querrías. Pero continúa y verás que dice: Mi sacrificio es un espíritu quebrantado; un corazón quebrantado y humillado, tú no lo desprecias. Dios rechaza los antiguos sacrificios, pero te enseña qué es lo que has de ofrecer. Nuestros padres ofrecían víctimas de sus rebaños, y éste era su sacrificio. Los sacrificios no te satisfacen, pero quieres otra clase de sacrificios. Si te ofreciera un holocausto -dice-, no lo querrías. Si no quieres, pues, holocaustos, ¿vas a quedar sin sacrificios? De ningún modo. Mi sacrificio es un espíritu quebrantado; un corazón quebrantado y humillado, tú no lo desprecias. Éste es el sacrificio que has de ofrecer. No busques en el rebaño, no prepares navíos para navegar hasta las más lejanas tierras a buscar perfumes. Busca en tu corazón la ofrenda grata a Dios. 

El corazón es lo que hay que quebrantar. Y no temas perder el corazón al quebrantarlo, pues dice también el salmo: Oh Dios, crea en mi un corazón puro. Para que sea creado este corazón puro, hay que quebrantar antes el impuro.
De los sermones de san Agustín, obispo
(Sermón 19, 2-3: CCL 41, 252-254
Fuente: News.Va

“El Evangelio nos da las claves para afrontar los desafíos actuales”. El Papa Francisco ya está en Ecuador

Este domingo 5 de julio, después de 13 horas de vuelo y haber recorrido más de 10.000 kilómetros, el avión que lleva al Papa Francisco aterrizó en Quito aproximadamente a las 15.00 hora local, dando inicio así a su 9° Viaje Apostólico a Latinoamérica. A su llegada a la capital ecuatoriana tuvo lugar la ceremonia de bienvenida en el aeropuerto internacional "Mariscal Sucre", donde el Pontífice fue recibido por las autoridades de este país y pronunció su primer discurso.
El Santo Padre recordó con gratitud y alegría las «distintas ocasiones en las cuales ha visitado Ecuador; así también hoy, dijo el Papa, vengo como testigo de la misericordia de Dios y de la fe en Jesucristo. La misma fe que durante siglos ha modelado la identidad de este pueblo y dado tan buenos frutos, entre los que destacan figuras preclaras como Santa Mariana de Jesús, el santo hermano Miguel Febres, santa Narcisa de Jesús o la beata Mercedes de Jesús Molina, beatificada en Guayaquil hace treinta años durante la visita del Papa san Juan Pablo II».
También hoy, precisó el Obispo de Roma, «podemos encontrar en el Evangelio las claves que nos permitan afrontar los desafíos actuales, valorando las diferencias, fomentando el diálogo y la participación sin exclusiones, para que los logros en progreso y desarrollo que se están consiguiendo garanticen un futuro mejor para todos, poniendo una especial atención en nuestros hermanos más frágiles y en las minorías más vulnerables».
En este sentido, el Papa Francisco expresó su ilusión y esperanza al inicio de su Peregrinación apostólica a América Latina. «En Ecuador, puntualizó el Sucesor de Pedro, está el punto más cercano al espacio exterior: es el Chimborazo, llamado por eso al lugar más cercano al sol, a la luna y las estrellas. Por ello dijo Francisco, que en estos días todos puedan sentir la cercanía de Cristo, la cercanía “del sol que nace de lo alto”, y que seamos reflejo de su luz, de su amor».
Finalmente, el Pontífice invitó a todo el pueblo ecuatoriano «a no perder jamás la capacidad de dar gracias a Dios por lo que hizo y hace por ustedes, la capacidad de proteger lo pequeño y lo sencillo, de cuidar de sus niños y ancianos, de confiar en la juventud, y de maravillarse por la nobleza de su gente y la belleza singular de su País».
(Renato Martinez – RV)

Bendición, paz y esperanza. Telegramas del Papa Francisco

 Al sobrevolar el territorio colombiano, para dar comienzo a su Visita Pastoral a Ecuador, Bolivia y Paraguay, el Obispo de Roma, en un telegrama enviado al Presidente de la República de Colombia, reiteró su cercanía y afecto al pueblo de este país: «para el que pido al Señor» - se lee textualmente - «abundantes gracias que lo hagan progresar en los valores humanos y espirituales, que lo caracterizan, en la reconciliación y la convivencia pacífica, deseándole al mismo tiempo una creciente prosperidad».
El enviado al presidente colombiano fue el último de los telegramas del Papa dirigidos, como es tradicional – recordamos -  durante los viajes pontificios,  a los mandatarios de los países que sobrevoló el avión que le llevó desde Roma a Quito.
Empezando por Italia. Al presidente Mattarella, en el momento en que emprendía su viaje, «para sostener la misión de la Iglesia local y llevar un mensaje de esperanza». Con sus mejores deseos asimismo para el pueblo italiano y su bienestar espiritual, civil y social.
Al sobrevolar el territorio español, el Santo Padre envió asimismo su cordial saludo al Rey de España, con su cercanía al pueblo español, para el que pide «al Señor copiosas gracias y un creciente progreso espiritual y social en pacífica convivencia».
Al presidente de Portugal, aseguró que invoca «la benevolencia divina», también para el pueblo de esta nación, «para que sea consolidada en la esperanza y alegría de vivir en armonía bienestar de todos sus hijos».
Al presidente venezolano, con un cordial saludo, manifestó su afecto y cercanía» al pueblo de Venezuela, a la vez que pide «al Señor abundantes gracias que lo ayuden a progresar cada día más en solidaridad y pacífica convivencia».
(CdM – RV)

DIOS MÍO, CONFÍO EN TI

Del salmo 90: 

Dios mío, confío en ti

Tú que habitas al amparo del Altísimo,
que vives a la sombra del Omnipotente,
di al Señor: «Refugio mío, alcázar mío,
Dios mío, confío en ti.»

Dios mío, confío en ti

Él te librará de la red del cazador,
de la peste funesta.
Te cubrirá con sus plumas,
bajo sus alas te refugiarás.

Dios mío, confío en ti
«Se puso junto a mí: lo libraré;
lo protegeré porque conoce mi Nombre,
me invocará y lo escucharé.
Con él estaré en la tribulación.»

Dios mío, confío en ti

TU FE TE HA SALVADO


Evangelio según San Mateo 9,18-26. 

Mientras Jesús les estaba diciendo estas cosas, se presentó un alto jefe y, postrándose ante Él, le dijo: 

"Señor, mi hija acaba de morir, pero ven a imponerle tu mano y vivirá". 

Jesús se levantó y lo siguió con sus discípulos. 
Entonces se le acercó por detrás una mujer que padecía de hemorragias desde hacía doce años, y le tocó los flecos de su manto, pensando: "Con sólo tocar su manto, quedaré curada". 

Jesús se dio vuelta, y al verla, le dijo: "Ten confianza, hija, tu fe te ha salvado". Y desde ese instante la mujer quedó curada. 

Al llegar a la casa del jefe, Jesús vio a los que tocaban música fúnebre y a la gente que gritaba, y dijo: "Retírense, la niña no está muerta, sino que duerme". 

Y se reían de Él. 

Cuando hicieron salir a la gente, Él entró, la tomó de la mano, y ella se levantó. 

Y esta noticia se divulgó por aquella región.