miércoles, 3 de junio de 2015

Oración y acción por las familias: que a nadie falte pan, trabajo, educación y sanidad. Catequesis del Papa

En el miércoles que precede la solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, el Papa Francisco anunció que con su reflexión de hoy se abre la consideración de las condiciones de vulnerabilidad que ponen a prueba a las familias. En esta ocasión, la pobreza.

Queridos hermanos y hermanas, en la catequesis de hoy nos referimos a la pobreza, comocondición de vida que pone a prueba la familia y la hace vulnerable. La pobreza azota a muchas familias en las periferias de las grandes ciudades y también en las zonas rurales. Muchas veces se ve agravada por la guerra, que es sin duda la madre de todas las pobrezas, depredadora de vidas, de almas y de los afectos más queridos”.
        
En el marco de situaciones de miseria y de degrado es casi un milagro la familia continúe a formarse y a conservar la especial humanidad de sus lazos, consideró el Papa Bergoglio:

“En medio de estas situaciones, muchas familias intentan vivir con dignidad, confiando en labendición de Dios, convirtiéndose así en una auténtica escuela de humanidad que salva a la sociedad de la barbarie. Pero este reconocimiento no nos exime de nuestra obligación de velar con la oración y con la acción para que a nadie falte el pan, el trabajo, la educación y la sanidad”.

La lección de estas familias, prosiguió el Papa en su catequesis en italiano, no debe “justificar nuestra indiferencia” sino “aumentar nuestra vergüenza” ante esta escuela de humanidad que“salva la sociedad de la barbarie”, un ejemplo, señaló el Papa, que “irrita” a los “planificadores del bienestar” que consideran los afectos, la generación, los lazos familiares como una “variable secundaria” de la calidad de vida.

Así es como la economía de hoy, especializada en el bienestar individual, no reconoce la inmensa labor de la familia, en cuyo pilar se sostiene precisamente la formación de la persona, y propone modelos basados en el culto del figurar y del consumismo, los cuales, difundidos por los medios de comunicación, causan daños que incrementan la disgregación de los lazos familiares.

“Es necesario que desde todas las instancias de la vida pública se pongan los medios para un nuevo orden social, que rompa la espiral perversa entre familia y pobreza que lleva la sociedad a la ruina”.
Los rostros de los niños desnutridos y enfermos y también de aquellos que felices y orgullosos muestran su cuaderno y lápiz en escuelas “hechas de nada”, nos recuerdan que “no se trata sólo de pan – dijo el Pontífice - sino también de trabajo, de instrucción y de sanidad”.

“También nosotros cristianos debemos estar cada vez más cerca de las familias que sufren la pobreza. La Iglesia madre no debe olvidar nunca este drama de sus hijos. Ella también está llamada a ser pobre, practicando la simplicidad en su propia vida, de manera que llegue a ser fecunda y pueda dar una respuesta a tanta miseria”.

La miseria social golpea a la familia y a veces la destruye”, remarcó el Papa Francisco, “la falta o la pérdida de trabajo y la precariedad ponen a dura prueba las relaciones”, así como las condiciones de vida en los barrios pobres con problemas de vivienda, de transporte, de servicios sociales, sanitarios y escolásticos, factores materiales a los cuales se suman las propuestas inalcanzables de bienestar individual ofrecidas por los medios de comunicación, "pseudo - modelos" que, a causa de la situación de vulnerabilidad en la que se encuentran las familias más pobres, influencia a estos sectores sociales incrementando la disgregación de los lazos familiares, que son fundamento y pilar de la sociedad.  
De ahí que se necesite del “ejemplo de la Iglesia”, “que practique la simplicidad en la propia vida”, en “las propias instituciones”, en “el estilo de vida de sus miembros” para “derribar los muros que separan, sobre todo, de los pobres”.

“Oración y acción” fue la premisa del Papa para los cristianos en su catequesis de hoy, sin olvidar que “el juicio de los necesitados, de los pequeños y de los pobres, anticipa el juicio de Dios”.
“Hijo mío, no prives al pobre de su sustento ni hagas languidecer los ojos del indigente. No hagas sufrir al que tiene hambre ni irrites al que está en la miseria. No exasperes más aún al que está irritado ni hagas esperar tu don al que lo necesita. No rechaces la súplica del afligido ni apartes tu rostro del pobre. No apartes tus ojos del indigente ni des lugar a que alguien te maldiga: porque si te maldice con amargura en el alma, su Creador escuchará su plegaria”. (Ecl, 4)
“Pidamos a Dios que sostenga a las familias sometidas a la dura prueba de la pobreza, para que puedan seguir siendo en el mundo lugar de acogida y escuelas de auténtica humanidad. Que Dios los bendiga”.

(GM – RV)

martes, 2 de junio de 2015

"Laudato sii", título de la próxima encíclica sobre Ecología de Francisco. "Si destruimos la creación, la creación nos destruirá a nosotros"

El texto, cuyo subtítulo será "Sobre el cuidado de la creación", verá la luz en dos semanas
En el texto ha colaborado un equipo de expertos, liderados por el cardenal Turkson y el teólogo de cabecera del Papa, Víctor Manuel Fernández, y expertos como Leonardo Boff. 
Francisco regresa a Francisco. El Papa que arrancó su pontificado hablando de la necesidad de convertirnos en "custodios de la creación", dedica su primera encíclica atribuíble única y exclusivamente a él -"Lumen Fidei" estuvo escrita a cuatro manos- al cuidado de la misma. Se llamará "Laudato sii" y verá la luz en estas dos semanas (entre el 5 y el 16 de junio, según distintas fuentes).
En este caso, la comparación con el santo de Asís no es baladí. "Laudato sii" es elcomienzo del famoso "Cántico de las criaturas", atribuido a San Francisco y que constituye el primer texto ecológico -y ecologista- de la historia. El Hermano Sol, la Hermana Luna, la Hermana Tierra, estarán presentes en el texto, y también el "hermano hombre", pues el cuidado de la creacióntambién abordará el drama del hambre, la desigualdad y el impacto de la deforestación o la esquilmación de los recursos naturales en la vida de los seres humanos.
Después de varios meses de rumores -y mucha polémica, especialmente desde grandes multinacionales-, y meses antes de que el Papa hable ante Naciones Unidas, el director de la Librería Editrice Vaticana,Giuseppe Costa, desveló el título ayer, durante la entrega del premio Cardenal Michele Giordano en Roma.
"Son muchas editoriales en el extranjero que se han interesado ya por la publicación de la encíclica en sus países", ha declarado el director de la editorial oficial del Vaticano, en declaraciones a la agencia SIR de la Conferencia Episcopal Italiana.
En el texto ha colaborado un equipo de expertos, liderados por el cardenal Turkson y el teólogo de cabecera del Papa, Víctor Manuel Fernández. Según reveló el teólogo brasileño Leonardo Boff, Francisco le pidió material para la misma.
"La naturaleza no es una propiedad de la que podamos abusar a nuestro antojo, ni mucho menos es la propiedad de unos pocos, sino un don de todos, que debemos custodiar. Si destruimos la creación, la creación nos destruirá a nosotros. ¡Nunca lo olvides!", ha señalado en algunas ocasiones Francisco, quien, rotundo, ha afirmado que "Dios perdona siempre; los hombres, algunas veces; la naturaleza, nunca".
Jesús Bastante, 31 de mayo de 2015 

Lo esencial del Credo

o    Santísima Trinidad  (Mateo 28,16-20)

A lo largo de los siglos, los teólogos cristianos han elaborado profundos estudios sobre laTrinidad. Sin embargo, bastantes cristianos de nuestros días no logran captar qué tienen que ver con su vida esas admirables doctrinas. Al parecer, hoy necesitamos oír hablar de Dios con palabras humildes y sencillas, que toquen nuestro pobre corazón, confuso y desalentado, y reconforten nuestra fe vacilante. Necesitamos, tal vez, recuperar lo esencial de nuestro credo para aprender a vivirlo con alegría nueva.
«Creo en Dios Padre, creador del cielo y de la tierra». No estamos solos ante nuestros problemas y conflictos. No vivimos olvidados, Dios es nuestro «Padre» querido. Así lo llamaba Jesús y así lo llamamos nosotros. Él es el origen y la meta de nuestra vida. Nos ha creado a todos solo por amor, y nos espera a todos con corazón de Padre al final de nuestra peregrinación por este mundo. Su nombre es hoy olvidado y negado por muchos. Nuestros hijos se van alejando de él, y los creyentes no sabemos contagiarles nuestra fe, pero Dios nos sigue mirando a todos con amor. Aunque vivamos llenos de dudas, no hemos de perder la fe en un Dios Creador y Padre pues habríamos perdido nuestra última esperanza.
«Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor». Es el gran regalo que Dios ha hecho al mundo. Él nos ha contado cómo es el Padre. Para nosotros, Jesús nunca será un hombre más. Mirándolo a él, vemos al Padre: en sus gestos captamos su ternura y comprensión. En él podemos sentir a Dios humano, cercano, amigo. Este Jesús, el Hijo amado de Dios, nos ha animado a construir una vida más fraterna y dichosa para todos. Es lo que más quiere el Padre. Nos ha indicado, además, el camino a seguir: «Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo». Si olvidamos a Jesús, ¿quién ocupará su vacío?, ¿quién nos podrá ofrecer su luz y su esperanza?
«Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida». Este misterio de Dios no es algo lejano. Está presente en el fondo de cada uno de nosotros. Lo podemos captar como Espíritu que alienta nuestras vidas, como Amor que nos lleva hacia los que sufren. Este Espíritu es lo mejor que hay dentro de nosotros.
José Antonio Pagola

Sagrado Corazón de Jesús


Junio mes en que tradicionalmente la Iglesia lo dedica al Sagrado Corazón de Jesús, un corazón tan grande y misericordioso y muchas veces olvidado. Acompañalo en el Sagrario.
Adoramos el Corazón de Cristo porque es el corazón del Verbo encarnado, del Hijo de Dios hecho hombre.

La imagen del Sagrado Corazón de Jesús nos recuerda el núcleo central de nuestra fe: todo lo que Dios nos ama con su Corazón y todo lo que nosotros, por tanto, le debemos amar. Jesús tiene un Corazón que ama sin medida.
Y tanto nos ama, que sufre cuando su inmenso amor no es correspondido.
La Iglesia dedica todo el mes de junio al Sagrado Corazón de Jesús, con la finalidad de que los católicos lo veneremos, lo honremos y lo imitemos especialmente en estos 30 días.

Esto significa que debemos vivir este mes demostrándole a Jesús con nuestras obras que lo amamos, que correspondemos al gran amor que Él nos tiene y que nos ha demostrado entregándose a la muerte por nosotros, quedándose en la Eucaristía y enseñándonos el camino a la vida eterna.
Todos los días podemos acercarnos a Jesús o alejarnos de Él. De nosotros depende, ya que Él siempre nos está esperando y amando.

Debemos vivir recordándolo y pensar cada vez que actuamos: ¿Qué haría Jesús en esta situación, qué le dictaría su Corazón? Y eso es lo que debemos hacer (ante un problema en la familia, en el trabajo, en nuestra comunidad, con nuestras amistades, etc.).
Debemos, por tanto, pensan si las obras o acciones que vamos a hacer nos alejan o acercan a Dios.

Tener en casa o en el trabajo una imagen del Sagrado Corazón de Jesús, nos ayuda a recordar su gran amor y a imitarlo en este mes de junio y durante todo el año.



PAPA FRANCISCO: EL PERDÓN DE DIOS NOS DA NUEVA VIDA Y VALOR PARA MIRAR AL FUTURO CON ESPERANZA

"La misericordia es la viga maestra que sostiene la vida de la Iglesia. Todo en su acción pastoral debería estar revestida por la ternura con la que se dirige a los creyentes; nada en su anuncio y en su testimonio hacia el mundo puede carecer de misericordia.
La credibilidad de la Iglesia pasa a través del camino del amor misericordioso y compasivo. La Iglesia « vive un deseo inagotable de brindar misericordia ».
Tal vez por mucho tiempo nos hemos olvidado de indicar y de andar por la vía de la misericordia. Por una parte, la tentación de pretender siempre y solamente la justicia ha hecho olvidar que ésta es el primer paso, necesario e indispensable, pero que la Iglesia necesita ir más lejos para alcanzar una meta más alta y más significativa.
Por otra parte, es triste constatar cómo la experiencia del perdón en nuestra cultura se desvanece cada vez más. Incluso la palabra misma en algunos momentos parece evaporarse. Sin el testimonio del perdón, sin embargo, queda solo una vida infecunda y estéril, como si se viviese en un desierto desolado.
Ha llegado de nuevo para la Iglesia el tiempo de encargarse del anuncio alegre del perdón. Es el tiempo de retornar a lo esencial para hacernos cargo de las debilidades y dificultades de nuestros hermanos. El perdón es una fuerza que resucita a una vida nueva e infunde el valor para mirar el futuro con esperanza".
Acojamos nuevamente estas palabras de san Juan Pablo II: «La Iglesia vive una vida auténtica cuando profesa y proclama la misericordia – el atributo más estupendo del Creador y del Redentor – y cuando acerca a los hombres a las fuentes de la misericordia del Salvador, de las que es depositaria y dispensadora».
"Francisco, obispo de Roma, siervo de los siervos de Dios, a cuantos lean esta carta: gracia, misericordia y paz".

(De la Bula Misericordiae Vultus -El rostro de la misericordia-, mediante la que el Papa convocó el Jubileo de la Misericordia el pasado 11 de abril).
News.va

DOMINGO DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD

Hoy, como culmen de la celebración de los misterios pascuales, celebramos la solemnidad de la Santísima Trinidad. Es día de profesar la fe en el Dios revelado. “Reconoce, pues, hoy y medita en tu corazón, que el Señor es el único Dios, allá arriba en el cielo, y aquí abajo en la tierra; no hay otro” (Dt 4,39).
No creemos en un Dios lejano, abstracto, proyección de nuestra necesidad religiosa. Hemos recibido el Espíritu, que nos relaciona con un Dios personal, entrañable, amigo, hermano. “Ese Espíritu y nuestro espíritu dan un testimonio concorde: que somos hijos de Dios; y, si somos hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo” (Rom 8,17).
El privilegio de la fe nos debe suscitar el movimiento difusivo de anunciar la verdad revelada: que el hombre ha sido creado por Dios, redimido por Jesucristo, y sostenido y acompañado por el Espíritu. No estamos solos, Dios nos habita; Jesús permanece con nosotros; su Espíritu se convierte en nuestro acompañante interior. Es de justicia anunciar con alegría el Evangelio, la Buena Nueva. Jesús nos envía: “Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado” (Mt 28, 19).
Este día coincide con el 31 de mayo, jornada que culmina el mes dedicado a honrar a la Madre de Jesús, la coronada en el cielo como Señora de todo lo creado. Con la certeza del amor de Dios, nos inunda de alegría, porque no hay dimensión humana que no esté invitada a una relación trascendente y amorosa, pues el Creador, por los méritos de Jesucristo, nos ha hecho hijos y amigos suyos, hermanos y templos sagrados. Contemplando a la Madre de Dios coronada de gloria, sabemos que en ella se nos anticipa nuestro propio destino.
Quizá, ante la sublimidad del misterio divino, tan solo tenemos la experiencia de la fe, de creer sin sentir, de creer sin ver, fiados de la Palabra, y consolados con el testimonio de los santos. Santa Teresa nos deja el de su visión: “Aquí es de otra manera: quiere ya nuestro buen Dios quitarla las escamas de los ojos y que vea y entienda algo de la merced que le hace, aunque es por una manera extraña; y metida en aquella morada, por visión intelectual, por cierta manera de representación de la verdad, se le muestra la Santísima Trinidad, todas tres personas, con una inflamación que primero viene a su espíritu a manera de una nube de grandísima claridad, y estas Personas distintas, y por una noticia admirable que se da al alma, entiende con grandísima verdad ser todas tres Personas una sustancia y un poder y un saber y un solo Dios; de manera que lo que tenemos por fe, allí lo entiende el alma, podemos decir, por vista, aunque no es vista con los ojos del cuerpo, porque no es visión imaginaria. Aquí se le comunican todas tres Personas, y la hablan, y la dan a entender aquellas palabras que dice el Evangelio que dijo el Señor: que vendría El y el Padre y el Espíritu Santo a morar con el alma que le ama y guarda sus mandamientos” (Moradas VII, 1, 6).

Hoy recordamos de manera especial a los contemplativos, testigos vivientes de quienes no se conforman sino con solo Dios. Ellos rezan por nosotros. Recemos hoy por ellos.
Angel Moreno de Buenafuente

LA CENA DEL SEÑOR

Mt 28, 16-20
Los estudios sociológicos lo destacan con datos contundentes: los cristianos de nuestras iglesias occidentales están abandonando la misa dominical. La celebración, tal como ha quedado configurada a lo largo de los siglos, ya no es capaz de nutrir su fe ni de vincularlos a la comunidad de Jesús.

Lo sorprendente es que estamos dejando que la misa «se pierda» sin que este hecho apenas provoque reacción alguna entre nosotros. ¿No es la eucaristía el centro de la vida cristiana? ¿Cómo podemos permanecer pasivos, sin capacidad de tomar iniciativa alguna? ¿Por qué la jerarquía permanece tan callada e inmóvil? ¿Por qué los creyentes no manifestamos nuestra preocupación con más fuerza y dolor?

La desafección por la misa está creciendo incluso entre quienes participan en ella de manera responsable e incondicional. Es la fidelidad ejemplar de estas minorías la que está sosteniendo a las comunidades, pero ¿podrá la misa seguir viva solo a base de medidas protectoras que aseguren el cumplimiento del rito actual?

Las preguntas son inevitables: ¿No necesita la Iglesia en su centro una experiencia más viva y encarnada de la cena del Señor que la que ofrece la liturgia actual? ¿Estamos tan seguros de estar haciendo hoy bien lo que Jesús quiso que hiciéramos en memoria suya?
¿Es la liturgia que nosotros venimos repitiendo desde siglos la que mejor puede ayudar en estos tiempos a los creyentes a vivir lo que vivió Jesús en aquella cena memorable donde se concentra, se recapitula y se manifiesta cómo y para qué vivió y murió? ¿Es la que más nos puede atraer a vivir como discípulos suyos al servicio de su proyecto del reino del Padre?

Hoy todo parece oponerse a la reforma de la misa. Sin embargo, cada vez será más necesaria si la Iglesia quiere vivir del contacto vital con Jesucristo. El camino será largo. La transformación será posible cuando la Iglesia sienta con más fuerza la necesidad de recordar a Jesús y vivir de su Espíritu. Por eso también ahora lo más responsable no es ausentarse de la misa, sino contribuir a la conversión a Jesucristo.

José Antonio Pagola


lunes, 1 de junio de 2015

«LUZ, RESPLANDOR Y GRACIA EN LA TRINIDAD Y POR LA TRINIDAD»

De las Cartas de san Atanasio, obispo
Carta 1 a Serapión, 28-30: PG 26, 594-595. 599) 
Existe, pues, una Trinidad, santa y perfecta, de la cual se afirma que es Dios en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, que no tiene mezclado ningún elemento extraño o externo, que no se compone de uno que crea y de otro que es creado, sino que toda ella es creadora, es consistente por naturaleza y su actividad es única. 
El Padre hace todas las cosas a través del que es su Palabra, en el Espíritu Santo. 
De esta manera queda a salvo la unidad de la santa Trinidad. Así, en la Iglesia se predica un solo Dios, que lo trasciende todo, y lo penetra todo, y lo invade todo. Lo trasciende todo, en cuanto Padre, principio y fuente; lo penetra todo, por su Palabra; lo invade todo, en el Espíritu Santo
San Pablo, hablando a los corintios acerca de los dones del Espíritu, lo reduce todo al único Dios Padre, como al origen de todo, con estas palabras: Hay diversidad de dones, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de servicios, pero un mismo Señor; y hay diversidad de funciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos.
El Padre es quien da, por mediación de aquel que es su Palabra, lo que el Espíritu distribuye a cada uno. Porque todo lo que es del Padre es también del Hijo; por esto, todo lo que da el Hijo en el Espíritu es realmente don del Padre. De manera semejante, cuando el Espíritu está en nosotros, lo está también la Palabra, de quien recibimos el Espíritu, y en la Palabra está también el Padre, realizándose así aquellas palabras: El Padre y yo vendremos a fijar en él nuestra morada. Porque donde está la luz, allí está también el resplandor; y donde está el resplandor, allí está también su eficiencia y su gracia esplendorosa.(from Vatican Radio)

Con su gran amor, Dios saca la salvación del desecho. Reitera el Papa

Demasiadas veces le decimos ‘vete’ a Jesús, sin darnos cuenta de que eso es un fracaso. Pero la ‘victoria del amor de Dios’ para el hombre se manifiesta precisamente en el aparente ‘fracaso’
de la Cruz de su Hijo. Es lo que destacó el Papa Francisco, reflexionando sobre la parábola de los viñeros homicidas, en la Misa, en la Casa de Santa Marta.

De su Hijo desechado, Dios saca la salvación para todos, reiteró el Papa, recordando lo que parece el fracaso del sueño de amor, de la historia de amor de Dios con su pueblo:
«Los profetas, los hombres de Dios que hablaron al pueblo, que no han sido escuchados, que han sido desechados, serán su gloria. El Hijo, el último enviado, que ha sido desechado, juzgado, no escuchado y matado, se ha vuelto la piedra angular. Esta historia, que comienza con un sueño de amor, y que parece ser una historia de amor, pero luego parece terminar en una historia de fracasos, acaba con el gran amor de Dios, que del desecho saca la salvación; de su Hijo desechado, nos salva a todos».
No olvidemos la Cruz
La lógica del fracaso acaba siendo todo lo contrario. Y Jesús lo recuerda a los jefes del pueblo, citando las Escrituras: «la piedra que desecharon los constructores es ahora la piedra angular». Es lo que ha hecho el Señor y es una maravilla para nuestros ojos, señaló el Obispo de Roma, evocando también ‘los lamentos de Dios’, del Padre que ‘llora’ cuando el pueblo ‘no sabe obedecer a Dios, porque quiere volverse ‘dios, él mismo’:
«El camino de nuestra redención es un camino de tantos fracasos. También el último, el de la cruz, es un escándalo. Pero, precisamente allí, el amor vence. Y esa historia que comienza con un sueño de amor y sigue con una historia de fracasos, acaba en la victoria del amor: la cruz de Jesús. No debemos olvidar este camino, es un camino difícil ¡también el nuestro! Si cada uno de nosotros hace un examen de conciencia, verá cuántas veces, cuántas veces ha echado a los profetas. Cuántas veces le ha dicho a Jesús: ‘vete’, cuántas veces se ha querido salvar a sí mismo, cuántas veces hemos pensado que nosotros éramos los justos».
Memoria de esa semilla de amor
Recordemos siempre que en la muerte en la cruz del Hijo se manifiesta ‘el amor de Dios para su pueblo’ alentó el Papa Francisco:
«Nos hará bien hacer memoria, memoria de esta historia de amor, que parece un fracaso, pero al fin vence. Es la historia de hacer memoria en la historia de nuestra vida, esa semilla de amor que Dios ha sembrado en nosotros y de cómo ha ido. Y hacer lo mismo que ha hecho Jesús en nombre nuestro: se humilló».

(CdM – RV)

La señal de la Cruz nos recuerda que el Misterio de la Trinidad abraza nuestro ser y nuestra vida, dijo el Papa

«¡Queridos hermanos y hermanas, buenos días! Y ¡Buen domingo!
Hoy celebramos la fiesta de la Santísima Trinidad, que nos recuerda el misterio del único Dios en tres Personas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. La Trinidad es comunión de Personas divinas, las cuales son una con la otra, una para la otra y una en la otra: esta comunión es la vida de Dios, el misterio de amor del Dios Vivo. Y Jesús nos ha enseñado este misterio. Él nos ha hablado de Dios como Padre; nos ha hablado del Espíritu; y nos ha hablado de Sí mismo como Hijo de Dios. Y así nos ha revelado este misterio.  Y cuando, resucitado, ha enviado a los discípulos a evangelizar a todos los pueblos  les dijo que los bautizaran «en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo» (Mt 28,19)
Este mandato, Cristo lo encomienda en todo tiempo a la Iglesia, que ha heredado de los Apóstoles el mandato misionero. Lo dirige también a cada uno de nosotros, que, gracias al Bautismo, formamos parte de su Comunidad.
Por lo tanto, la solemnidad litúrgica de hoy, al tiempo que nos hace contemplar el misterio estupendo - del cual provenimos y hacia el cual vamos - nos renueva la misión de vivir la comunión con Dios y vivir la comunión entre nosotros, sobre el modelo de esa comunión de Dios. No estamos llamados a vivir ‘los unos sin los otros, encima o contra los otros’, sino ‘los unos con los otros, por los otros y en los otros’. Ello significa acoger y testimoniar concordes la belleza del Evangelio; vivir el amor recíproco y hacia todos, compartiendo alegrías y sufrimientos, aprendiendo a pedir y conceder el perdón, valorizando los diversos carismas, bajo la guía de los Pastores. En una palabra, se nos encomienda la tarea de edificar comunidades eclesiales que sean cada vez más familia, capaces de reflejar el esplendor de la Trinidad y de evangelizar, no sólo con las palabras, sino con la fuerza del amor de Dios, que habita en nosotros.
La Trinidad, como había empezado a decir, es también el fin último hacia el cual está orientada nuestra peregrinación terrenal. El camino de la vida cristiana es, en efecto, un camino esencialmente ‘trinitario’: el Espíritu Santo nos guía al conocimiento pleno de las enseñanzas de Cristo. Y también nos recuerda lo que Jesús nos ha enseñado. Su Evangelio; y Jesús, a su vez, ha venido al mundo para hacernos conocer al Padre, para guiarnos hacia Él, para reconciliarnos con Él. Todo, en la vida cristiana, gira alrededor del misterio trinitario y se cumple en orden a este misterio infinito. Intentemos pues, mantener siempre elevado el ‘tono’ de nuestra vida, recordándonos para qué fin, para cuál gloria nosotros existimos, trabajamos, luchamos, sufrimos. Y a cuál inmenso premio estamos llamados.
Este misterio abraza toda nuestra vida y todo nuestro ser cristiano. Lo recordamos, por ejemplo, cada vez que hacemos la señal de la cruz: en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Y ahora los invito a hacer todos juntos – y con voz fuerte - la señal de la cruz ¡todos juntos! En nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
En este último día del mes de mayo, el mes mariano, nos encomendamos a la Virgen María. Que Ella - que más que cualquier otra criatura, ha conocido, adorado, amado el misterio de la Santísima Trinidad - nos guíe de la mano; nos ayude a percibir, en los eventos del mundo, los signos de la presencia de Dios, Padre Hijo y Espíritu Santo; nos obtenga amar al Señor Jesús con todo el corazón, para caminar hacia la visión de la Trinidad, meta maravillosa a la cual tiende nuestra vida. Le pedimos también que ayude a la Iglesia a ser, misterio de comunión, a ser siempre una Iglesia comunidad hospitalaria, donde toda persona, especialmente pobre y marginada, pueda encontrar acogida y sentirse hija de Dios, querida y amada».

(Traducción del italiano: Cecilia de Malak)

sábado, 30 de mayo de 2015

El Misterio de Dios

En el día que celebramos la fiesta de la Santísima Trinidad, el hombre moderno podría preguntarse: ¿esperar que hoy se crea en este misterio no es una pretensión excesiva? Pero planteado así, la pretensión excesiva sería pensar que hasta ahora todos han sido unos crédulos y al fin llegamos nosotros que aplicamos la racionalidad y la crítica.
Desde los comienzos mismos de la Iglesia no ha sido fácil aceptar este misterio. Ha necesitado de mucha reflexión y de los primeros concilios ecuménicos, que abordaron esta cuestión, hasta llegar a la fórmula del Símbolo niceno-constantinopolitano, en el siglo IV: «Creo en Dios Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra; y en Jesucristo, su único Hijo, Señor nuestro, el cual fue concebido por obra del Espíritu Santo, nació de María Virgen…».
Esta es la fe de la Iglesia, de raíces claramente cristológicas, ya que fue Jesucristo quien nos habló de Dios como su Padre y del Espíritu Santo que sería enviado. Y así lo entendió Pedro cuando confesó: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo».
Si Dios no fuese en sí un misterio no hubiéramos tenido necesidad de la autorrevelación en el Hijo. Es Jesucristo quien nos revela que Dios es un Padre que nos ama y que confirma su enseñanza sublime con numerosos milagros y con su propia resurrección, sin la cual, en palabras de san Pablo, «vana sería nuestra fe».
Volviendo a la dificultad inicial que puede plantear el hombre moderno, algunas personas, con buena intención pero con falta de doctrina, podrían pensar que no conviene hablar hoy de la Santísima Trinidad, para así hacer la fe más aceptable. Con ironía ya escribió Frossard: «El gran descubrimiento del apostolado moderno es que, ahora, todo es mucho más fácil de creer, cuando no hay nada que creer».
Esta actitud chocaría con la sagrada obligación de mantener las verdades de la fe sin recortarlas según las modas de cada época. No son enseñanzas que procedan de Platón, de Hegel o de Darwin, sino de Jesucristo, ya que sólo él nos ha enseñado algo del pensamiento divino y de la esencia más verdadera de Dios.
La racionalidad, lejos de llevarnos a rechazar las enseñanzas de Cristo, nos lleva a aceptarlas, con la actitud humilde, eso sí, de quien se sabe a sí mismo un ser creado, no el orgulloso intelectual que merece ser el juez de la historia.
† Jaume Pujol Balcells
Arzobispo metropolitano de Tarragona y primado


La diversidad no es una amenaza

VER 
Caín no aceptó que su hermano Abel fuera diferente, y lo mató. Esto nos hace pensar que llevamos en lo más profundo de nuestra humanidad la tendencia a rechazar a quienes piensan y actúan en forma distinta. En vez de respetarnos, tolerarnos, sobrellevarnos, valorarnos y apreciarnos como un enriquecimiento mutuo, convivir e incluso amarnos, nos condenamos unos a otros, nos excluimos, nos ofendemos, nos consideramos únicos poseedores de la verdad y cerramos las puertas del corazón a los otros. Pareciera que es “normal” el competir entre todos y destruirnos. Esto se vive a veces desde la misma familia, cuando los esposos no asumen como un valor las diferencias entre ellos y cuando los hijos compiten negativamente entre sí por sus normales diferencias.

Durante este tiempo de campañas electorales, basta ver un poco los medios informativos, y nos apena que los partidos y sus candidatos, al presentarse como la óptima opción, condenen a los otros. Y si pueden encontrarles defectos, fallas o posibles errores, los explotan no como una corrección fraterna, sino para exhibirlos ante el público y descalificarlos. Muchas veces sus datos son verídicos; otros pueden ser falsos o mal interpretados. Lo que les importa es derribar las otras opciones y presentarse a sí mismos como lo mejor.

Lo más doloroso es que lo mismo sucede al interior de las comunidades creyentes. En vez de reconocer y valorar que hay varios modos de seguir a Jesús, nos creemos los únicos verdaderos cristianos y católicos. Como si no fuera algo claro y evidente que los apóstoles escogidos por Jesús son diferentes entre ellos. Los Evangelios son distintos entre sí, y los cuatro son valiosísimos y auténticos. Cada evangelista resalta algún aspecto de Jesús y entre todos se complementan. Marcos y Juan son muy diferentes, pero ambos nos llevan a Jesús.
PENSAR
El Papa Francisco dijo en Sri Lanka: “Una tragedia constante en nuestro mundo es que tantas comunidades estén en guerra entre sí. La incapacidad para conciliar diferencias y desacuerdos, ya sean antiguos o nuevos, ha dado lugar a tensiones étnicas y religiosas, acompañadas con frecuencia por brotes de violencia. No es tarea fácil superar el amargo legado de injusticias, hostilidad y desconfianza que dejó el conflicto. Esto sólo se puede conseguir venciendo el mal con el bien y mediante el cultivo de las virtudes que favorecen la reconciliación, la solidaridad y la paz. El proceso de recuperación debe incluir también la búsqueda de la verdad, no con el fin de abrir viejas heridas, sino más bien como un medio necesario para promover la justicia, la recuperación y la unidad.
Para que este proceso tenga éxito, todos los miembros de la sociedad deben trabajar juntos; todos han de tener voz. Todos han de sentirse libres de expresar sus inquietudes, sus necesidades, sus aspiraciones y sus temores. Pero lo más importante es que todos deben estar dispuestos a aceptarse mutuamente, a respetar las legítimas diferencias y aprender a vivir como una única familia. Siempre que las personas se escuchan unos a otros con humildad y franqueza, sus valores y aspiraciones comunes se hacen más evidentes. La diversidad ya no se ve como una amenaza, sino como una fuente de enriquecimiento” (13-I-2015).
ACTUAR
Esposa: la forma de ser de tu esposo, que es distinta a la tuya, te atrajo mucho cuando eran novios y, por esa diferencia, te entusiasmaste por él y quisiste hacer tu vida con él. ¿Por qué ahora sólo le ves defectos y lo rechazas? Y lo mismo preguntaría al esposo.
Hijos: entre hermanas y hermanos, hay estilos, gustos, caracteres, cualidades, modos de ser que les hacen ser diferentes entre ustedes. ¿Qué aburrida sería una familia donde todos son idénticos! La variedad los hace complementarse, si aprenden a valorarse.
Lo mismo habría que decir a los contrincantes de los partidos, a las organizaciones, a las comunidades eclesiales: veamos las diferencias como un enriquecimiento mutuo, siempre y cuando todos nos esforcemos por moldear nuestra forma de ser por el Evangelio de Jesús, centrado en amar a Dios y amarnos como hermanos.
+ Felipe Arizmendi Esquivel

Obispo de San Cristóbal de Las Casas

viernes, 29 de mayo de 2015

Delicadeza de María

Eres, María;
delicadeza en la dureza
delicadeza cuando asoman las pruebas
delicadeza cuando llama Dios
delicadeza cuando te llaman los hombres.
Eres, María;
delicadeza en el trato con Dios
delicadeza con las necesidades de los hombres.
Eres, María;
delicadeza para embellecer nuestra fe
delicadeza para profundizar en nuestra oración
delicadeza que nos ayuda en la Eucaristía
delicadeza para escuchar la Palabra de Dios.
Eres, María;
flor delicada y cortada para Dios
flor con  aroma de servicio
flor sin miedo a la espina de dolor
flor que, cuanto más se aprieta, más fragancia ofrece.
Eres, María;
delicadeza que se compromete
delicadeza que sabe darse
delicadeza que sabe respetar
delicadeza que sabe amar.
Eres, María;
un jardín donde crece la flor del gusto
tal vez, por eso mismo,
no quiso pasar de largo.
Amén.
Ave María y canto
J.Leoz
Publicado por Reflejos de Luz 

El Papa exhorta a no ser indiferentes ante los inmigrantes, mientras se avecina la fecha límite del 17 de junio

 “La atención pastoral y caritativa de los inmigrantes, sobre todo a los provenientes de la vecina Haití, que buscan mejores condiciones de vida en territorio dominicano, no admite la indiferencia de los pastores de la Iglesia. Es necesario seguir colaborando con las autoridades civiles para alcanzar soluciones solidarias a los problemas de quienes son privados de documentos o se les niega sus derechos básicos. Es inexcusable no promover iniciativas de fraternidad y paz entre ambas naciones, que conforman esta bella Isla del Caribe”: son las palabras del Santo Padre Francisco en el discurso a la Conferencia Episcopal de la República Dominicana, a la que ha recibido ayer 28 de mayo, con motivo de su visita Ad Limina. 

El encuentro ha tenido lugar mientras se acercaba la fecha límite, fijada para el 17 de junio de 2015, dentro de la cual se ha dado la posibilidad a miles de inmigrantes haitianos de regularizar su situación en la República Dominicana. Ya que incluso muchos haitianos nacidos en la República Dominicana están en riesgo de expulsión. 

Según la información recogida por la Agencia Fides, el nuevo Canciller de Haití, Lener Renauld, se reunió ayer en Santo Domingo con el Canciller de la República Dominicana, Andres Navarro, con el cual ha discutido sobre los progresos del plan nacional de regulación de los extranjeros sin documentos (PNRE), que las autoridades de la República Dominicana han iniciado en 2013 y que afecta a miles de inmigrantes haitianos residentes en este país (CE).

Urgente llamada para la Iglesia: transmitir la Misericordia al mundo de hoy, que tanto la necesita, reitera el Papa

Asegurando su «cercanía y apoyo en una tarea tan urgente», y poniendo de relieve la importancia para la vida de la Iglesia del tema que han tratado: relación entre evangelización y catequesis, el Papa Francisco dio su cordial bienvenida a los participantes en la Plenaria del Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización y al Consejo que está trabajando en la preparación del Jubileo Extraordinario de la Misericordia:
«Un Año Santo que les he encomendado a ustedes para que sea más evidente que el don de la misericordia es el anuncio que la Iglesia está llamada a transmitir en su obra de evangelización en este tiempo de grandes cambios».
¡Cuántos pobres esperan el Evangelio que libera! ¡Cuántos hombres y mujeres, en las periferias existenciales generadas por la sociedad consumista»
Los cambios son «una feliz provocación para percibir los signos de los tiempos que el Señor ofrece a la Iglesia para que sea capaz – como ha sabido hacer a lo largo de dos mil años – de llevar a Jesucristo a los hombres de nuestro tiempo, reiteró el Obispo de Roma, dejando que claro que «la misión es siempre idéntica, pero el lenguaje con el cual anunciar el Evangelio  pide ser renovado, con sabiduría pastoral»:
«Esto es esencial, para que nuestros contemporáneos nos comprendan y también para que la Tradición católica pueda hablar a las culturas del mundo de hoy y ayudarlas, para que se abran a la perenne fecundidad del mensaje de Cristo. Son tiempos de grandes desafíos, que debemos asumir sin temores. En efecto, sólo en la medida en que los asumiremos, seremos capaces de ofrecer respuestas coherentes, elaboradas a la luz de Evangelio. Es lo que los hombres de hoy esperan de la Iglesia: que sepa caminar con ellos ofreciendo la compañía del testimonio de la fe, que nos hace solidarios con todos, en especial con los más solos y marginados. ¡Cuántos pobres – también pobres en la fe - esperan el Evangelio que libera! ¡Cuántos hombres y mujeres, en las periferias existenciales generadas por la sociedad consumista y atea esperan nuestra cercanía y solidaridad! El Evangelio es el anuncio del amor de Dios que en Jesucristo, nos llama a participar de su vida.»
Haciendo hincapié en la catequesis como espacio en el que la vida de los cristianos madura, experimentando de forma concreta y no como idea abstracta,  la misericordia de Dios, el Santo Padre recordó que «el Espíritu Santo, que es el protagonista de la evangelización, es también el artífice del crecimiento de la Iglesia en comprender la verdad de Cristo».
Cristo está vivo y obra en su Iglesia
El Papa destacó que la pregunta sobre «cómo estamos educando a la fe, no es retórica, sino esencial»:
«La respuesta requiere coraje, creatividad y decisión para emprender nuevos caminos, a veces inexplorados. La catequesis,  como componente del proceso de evangelización, necesita ir más allá de la simple esfera escolar, para educar a los creyentes, desde niños, a encontrar a Cristo, vivo y operante en su Iglesia. Es el encuentro con Él el que suscita el anhelo de conocerlo mejor y de seguirlo para ser discípulos suyos. Por lo tanto, el desafío de la nueva evangelización y de la catequesis se juega sobre este punto fundamental: cómo encontrar a Cristo, cuál es el lugar más coherente para encontrarlo y seguirlo.
Les aseguro mi cercanía y mi apoyo en esta tarea tan urgente para nuestras comunidades. Los encomiendo a la Virgen Madre de la Misericordia, para que su amparo e intercesión los ayude en este compromiso. Los bendigo de corazón y les pido, por favor, que recen por mí».
(CdM – RV)