viernes, 10 de abril de 2015

El Dios en quien creo

De partida tenemos que decir que Dios es el Otro, que nos trasciende totalmente, y por tanto de El, desde nosotros mismos, poco podemos saber, y de lo poco que sabemos, sabemos poco.
Por tanto, nuestra vía para conocerlo va por otro camino: Jesús de Nazaret. El, con los hemos y palabras de su vida, nos ha descubierto quién es y debe ser Dios para nosotros. Es un tema muy amplio. Señalaremos solo unas líneas vertebrales, yendo más allá de la exacta literalidad histórica de las palabras para buscar su mensaje, que es lo importante; cada uno podemos sacar conclusiones bien concretas, correspondientes a la realidad de nuestro tiempo, para nosotros mismos y para el mundo en que vivimos, confrontando el Evangelio con la realidad de la vida, como un espejo que va reflejando en si mismo todo aquello por donde pasa, pues el Evangelio, donde quiera que sea, siempre tiene algo que decir, y por más veces que lo leas siempre descubres algo nuevo. Es así de maravilloso, porque maravilloso fue aquel gran Jesús de Nazaret que le dio origen.


1.- Creo en el Dios de Jesús que responde con hechos de liberación a los problemas, necesidades y sufrimientos de los hombres de su tiempo como debemos responder nosotros hoy a los de nuestro tiempo.

2.-Creo en el Dios de Jesús, que se enfrentó a las causas y a los causantes de la opresión político-religiosa de las gentes de su tiempo.

3.-Creo en el Dios de Jesús, cuya Religión es una Religión de Liberación contra toda opresión.

4.-Creo en el Dios de Jesús que tiene hambre y sed de justicia para este mundo, que nos pide que tengamos todos.

5.-Creo en el Dios de Jesús que tiene opción preferencial por los primidos y empobrecidos, que nos pide que tengamos todos, porque solo desde ellos es posible que sea nuestro el Reino de Dios.

6.-Creo en el Dios de Jesús que denuncia a los ricos y su riqueza para que se desprendan de ella y así formen parte del Reino de Dios. 

7.-Creo en el Dios de Jesús que presenta a Dios incompatible con el dinero.

8.-Creo en el Dios de Jesús que rechaza el poder como dominio de los demás.

9.-Creo en el Dios de Jesús que define la autoridad como servicio total.

10.-Creo en el Dios de Jesús de la misericordia y el perdón porque todos somos ontologicamente imperfectos. 

11.-Creo en el Dios de Jesús que no juzga, no condena, perdona, da generosamente.

12.-Creo en el Dios de Jesús que quiere la vida en plenitud para todos y para todo.

13.-Creo en el Dios de Jesús que está realmente presente en este mundo.

14.-Creo en el Dios de Jesús en las celebraciones de la Eucaristía cuando hay en ellas un compromiso real y liberador con los oprimidos del mundo

15.-Creo en el Dios de Jesús que es Padre/Madre de igualdad y fraternidad universal.

16.-Creo en el Dios de Jesús que es plenitud definitiva para todos y para todo. 

17.-Creo en el Dios de Jesús para quien la vida no tiene fin. 

18.-Creo en el Dios de Jesús para el cual morir es celebrar la vida, no la muerte.

19.-Creo en el Dios de Jesús para el cual el perdón de Dios pasa siempre a través del perdón a los demás.

20.-Creo en el Dios de Jesús que está en el pueblo, comprometido con el pueblo.

21.-Creo en el Dios humano de Jesús.

22.-Creo en el Dios de Jesús que está siempre presente donde hay alguien haciendo el bien.

 23.-Creo en el Dios de Jesús que denunció la falsedad, la inmoralidad, la corrupción, la avaricia, la hipocresía, de los fariseos, de los legisladores, de los jueces, de los senadores y sumos sacerdotes de su tiempo. 

24.-Credo en el Dios de Jesús que no va a la muerte a ciegas, que sabe bien lo que hace y lo que le espera, que sabe que seguirá vivo personalmente y en sus discípulos, que tiene conciencia muy crítica, política e histórica de realidad de su vida.

 25.-Creo en el Dios de Jesús que da la misma dignidad y valor a la mujer y al hombre. 

Fuente: Religión digital

Jesús se acercó, tomó el pan y se lo dio, e hizo lo mismo con el pescado.

Evangelio según San Juan 21,1-14.

Jesús se apareció otra vez a los discípulos a orillas del mar de Tiberíades. Sucedió así:
estaban juntos Simón Pedro, Tomás, llamado el Mellizo, Natanael, el de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo y otros dos discípulos.
Simón Pedro les dijo: "Voy a pescar". Ellos le respondieron: "Vamos también nosotros". Salieron y subieron a la barca. Pero esa noche no pescaron nada.
Al amanecer, Jesús estaba en la orilla, aunque los discípulos no sabían que era él.
Jesús les dijo: "Muchachos, ¿tienen algo para comer?". Ellos respondieron: "No".
El les dijo: "Tiren la red a la derecha de la barca y encontrarán". Ellos la tiraron y se llenó tanto de peces que no podían arrastrarla.
El discípulo al que Jesús amaba dijo a Pedro: "¡Es el Señor!". Cuando Simón Pedro oyó que era el Señor, se ciñó la túnica, que era lo único que llevaba puesto, y se tiró al agua.
Los otros discípulos fueron en la barca, arrastrando la red con los peces, porque estaban sólo a unos cien metros de la orilla.
Al bajar a tierra vieron que había fuego preparado, un pescado sobre las brasas y pan.
Jesús les dijo: "Traigan algunos de los pescados que acaban de sacar".
Simón Pedro subió a la barca y sacó la red a tierra, llena de peces grandes: eran ciento cincuenta y tres y, a pesar de ser tantos, la red no se rompió.
Jesús les dijo: "Vengan a comer". Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: "¿Quién eres", porque sabían que era el Señor.
Jesús se acercó, tomó el pan y se lo dio, e hizo lo mismo con el pescado.
Esta fue la tercera vez que Jesús resucitado se apareció a sus discípulos.

jueves, 9 de abril de 2015

CRISTO, AUTOR DE LA RESURRECCIÓN Y DE LA VIDA


La pasión del Salvador es la salvación de la vida de los hombres. Para esto quiso el Señor morir por nosotros, para que, creyendo en él, llegáramos a vivir eternamente. Quiso ser, por un tiempo, lo que somos nosotros, para que nosotros, participando de la eternidad prometida, viviéramos con él eternamente.

Ésta es la gracia de estos sagrados misterios, éste el don de la Pascua, éste el contenido de la fiesta anhelada durante todo el año, éste el comienzo de los bienes futuros. [...]

Pero, ¿de qué día se trata? Sin duda de aquél que es el origen de la vida, el principio de la luz, el autor de toda claridad, es decir, el mismo Señor Jesucristo; quien afirmó de sí mismo: Yo soy el día: si uno camina de día, no tropieza, es decir, quien sigue en todo a Cristo, caminando siempre tras sus huellas, llegará hasta aquel solio donde brilla la luz eterna; tal como el mismo Cristo, cuando vivía aún en su cuerpo mortal, oró por nosotros al Padre, diciendo: Padre, éste es mi deseo: que los que creyeron en mi estén conmigo donde yo estoy, como tú estás en mí y yo en ti: que también ellos estén en nosotros.
De una homilía pascual de un autor antiguo
(Sermón 35, 6-9: PL 17 [edición 1879], 696-697) Fuente: News.va


REVESTIDOS CON EL TRAJE DEL PRIMOGÉNITO

EL AMOR DE DIOS

Resulta sorprendente el relato bíblico en el que se narra cómo Jacob, el segundón, heredó la bendición de su padre Isaac Por la intervención de su madre, Jacob vistió el traje de su hermano Esaú, el primogénito, y el olor de la ropa confundió al padre.
En un principio, la escena parece un tanto inmoral cuando descubrimos que Jacob usurpó el derecho de su hermano con la estrategia del engaño desleal si tenemos en cuenta que Isaac, su padre anciano, estaba ciego.
Y, sin embargo, leído el acontecimiento a la luz del Nuevo Testamento, se descubre un sentido profético que revela nuestra dignidad y mayor esperanza, porque por Jesús, el Verbo hecho hombre, nacido de mujer, todos los humanos nos hemos revestido de la túnica del Hijo de María.

 Por esta verdad, Dios, al mirarnos, nos bendice como a su Hijo único y nosotros nos convertimos en coherederos con Cristo, y en herederos de Dios, según expresión paulina. “Pues no recibisteis un espíritu de esclavos para recaer en el temor; antes bien, recibisteis un espíritu de hijos adoptivos que nos hace exclamar: ¡Abbá, Padre! El Espíritu mismo se une a nuestro espíritu para dar testimonio de que somos hijos de Dios. Y, si hijos, también herederos: herederos de Dios y coherederos de Cristo, ya que sufrimos con él, para ser también con él glorificados” (Rom 8, 15-17).
Sorprende, además, que la narración de Génesis 27, no sea un texto aislado, sino que al comprobar las concurrencias bíblicas relacionadas con el vestido que pone Rebeca a Jacob, encontramos el término “estole”, que es el mismo que usa el evangelista san Lucas en la parábola del “hijo pródigo”, cuando describe el vestido que manda traer el padre (Lc 15) para cubrir al hijo que ha vuelto. Es vestido de fiesta, vestido real, el mismo que se quita el rey de Nínive (Jon 3, 6). Vestido sagrado, al coincidir con el que lleva el personaje celeste, según el evangelio de Marcos, en la mañana de Pascua (Mc 16, 5).
Desde una lectura sapiencial más amplia, podemos concluir que el ser humano es revestido con la túnica sagrada de la Humanidad de Cristo, la que nos hace semejantes al Hijo de Dios, al Primogénito de toda criatura. Estamos revestidos con la naturaleza humana del Hijo de María, por la que nos podemos comprender en verdad creados a semejanza de Dios, de su Hijo primogénito.

 P. Ángel Moreno de Buenafuent

Resurrección de Cristo, ¿un hecho histórico? "Una cosa es 'lo histórico' y otra cosa es 'lo trascendente'"

Se puede afirmar con seguridad es que un hecho se puede considerar como histórico cuando ese hecho sucede dentro de la historia. Lo que le ocurra (o le pueda ocurrir) a un ser humano después de su muerte, eso ya no está, ni puede estar dentro de la historia, sino más allá de la historia. En tal caso, ya no estamos hablando de lo "histórico", sino de lo "meta-histórico". 

Por supuesto, puede haber personas (y las hay en abundancia) que, por sus creencias (religiosas, filosóficas o de otra índole), están persuadidos de que un difunto vive, ya sea en el cielo, junto a Dios, en la eternidad o en alguna otra modalidad que los humanos podemos imaginar o idealizar. Pero, cuando esto sucede, ya no estamos hablando de la historia, sino de lo que trasciende la historia. En otras palabras, una cosa es "lo histórico" y otra cosa es "lo trascendente". Que puede ser "real", pero no es "histórico".

Esto supuesto, para un historiador, lo histórico de un sujeto se acaba con la muerte del sujeto. Lo cual no quiere decir que con la muerte se acabe la realidad de ese sujeto. Puede haber personas que, por sus creencias, están persuadidos de que el difunto vive en "otra vida", que ya no está en la historia, sino más allá de la historia. Pero no digamos nunca que lo que sucede después de la muerte es "histórico".


Entonces, ¿qué decimos de las apariciones del Resucitado que se nos relatan en los evangelios? Esos relatos testifican que hubo creyentes (algunos discípulos, algunas mujeres...) que tuvieron, sintieron y vieron experiencias según las cuales a ellos les constaba que Jesús vivía, porque había sido resucitado por Dios. Eso es histórico: que aquellas mujeres y aquellos hombres aseguraron que ellos lo había visto, lo habían sentido... Pero también es cierto que, al relatar las experiencias que habían vivido, las contaron de manera que no concuerdan unas con otras en datos y detalles importantes. Por ejemplo, para Mateo y Marcos, las apariciones ocurrieron en Galilea, mientras que para Lucas y Juan, sucedieron en Jerusalén. También fue una experiencia lo que vio y sintió el apóstol Pablo en el camino de Damasco.


 Al hablar de la resurrección, hablamos de un hecho trascendente. Y lo trascendente, por su misma definición, es real (para quienes creen en la trascendencia), pero no es, ni puede ser, histórico. Ya sé que todo esto es una reflexión elemental. Pero también es verdad que sólo cuando tenemos claro lo elemental, podremos ponernos a hablar de lo demás. En este caso, de la resurrección de Jesús el Señor.
Religión digital.

Las lágrimas de un Papa arrodillado a los pies de la Humanidad

"El amor de Jesús no tiene límites, no se cansa de amar. A ninguno"


 Francisco ha lavado los pies de doce presos, hombres y mujeres, hijos todos del mismo Dios que muere, y que resucitará, por el Amor con mayúsculas
(Jesús Bastante).- El día del Amor Fraterno. Dios se hace hombre, se hace rotundamente humano, y nos lava, y nos besa los pies. Se hace uno con nuestro sufrimiento, sea cual sea. No importa su origen, sus pecados, su pasado. Sólo importa el Amor. Lágrimas, emoción, mucha emoción. Esta fue la principal sensación que un cronista saca después de seguir la ceremonia del Lavatorio de los Pies de este Jueves Santo, en el que el Papa Francisco ha lavado los pies de doce presos, hombres y mujeres, hijos todos del mismo Dios que muere, y que resucitará, por el Amor con mayúsculas.
Francisco no pudo evitar emocionarse cuando se arrodilló, no sin esfuerzo, a lavar los pies de seis hombres, seis mujeres y un pequeño niño negro, en la parroquia del Padre Nuestro de Rebbibia. Presos, presas, voluntarios, sufrientes en los márgenes, que sintieron la acogida y la cercanía de un Papa que, hoy más que nunca, se hizo presente en una emotiva ceremonia, que hizo saltar sus propias lágrimas, y las de todos cuanto participaban en la misma.
Unos 300 presos participaron en la ceremonia que recuerda el momento en que Jesús instituyó la Eucaristía y lavó los pies de sus discípulos. No sólo se lavó a hombres, como estipulaban las normas vaticanas -aduciendo que los discípulos, como los sacerdotes, eran sólo varones-: hubo mitad hombres, mitad mujeres, incluso un niño, al que el Papa lavó el pie derecho mientras su madre y una reclusa cercana estallaban en lágrimas.
"Jesús, habiendo amado a los suyos, los amó hasta el extremo", dijo el Papa en su homilía previa al gesto del lavado de pies. Y es que, recordó Francisco, "el amor de Jesús por nosotros no tiene límites. Siempre más, siempre más. No se cansa de amar. A ninguno".
"Nos ama a todos nosotros, hasta el punto de dar la vida por nosotros, por todos nosotros" añadió Bergoglio. "Da la vida por cada uno de nosotros. Por cada uno. Cada uno podemos decir: fue por mí. Porque su amor es así, personal. El amor de Jesús no desilusiona nunca, porque él no se cansa de amar. Como no se cansa de perdonar, de abrazarnos.".
"Jesús se ha hecho esclavo para servirnos, para curarnos, para pulirnos", sostuvo el Santo Padre, quien explicó el gesto que, posteriormente, llevó a cabo. "La Iglesia quiere que el sacerdote lave los pies de doce personas en memoria de los 12 apóstoles. Pero en nuestro corazón tenemos que tener la certeza, la seguridad de que cuando el Señor nos lava los pies nos lava enteros, nos purifica. Nos hace sentir otra vez su amor".
Una iglesia hospital de campaña, que no se olvida de ninguno de sus hijos, esté en prisión, perdido o renegado. "¿Puede una madre olvidarse de su hijo? Si una madre se olvidara de su hijo, yo nunca me olvidaré de ti. Así es el amor de Dios con nosotros", insistió el Papa, quien apuntó que "hoy lavaré los pies de doce de vosotros, y en esos hermanos y hermanas estáis todos vosotros, todos los que vivís aquí. Representáis a todos ellos"

"También yo necesito ser lavado por el Señor, y por esto rezad durante la misa, para que el Señor también lave mi suciedad. Para que yo me vuelva más esclavo vuestro, más esclavo en el servicio de la gente, como lo ha sido Jesús", terminó el Papa, antes de arremangarse y colocarse un delantal blanco para, con ayuda de un par de acólitos, arrodillarse y levantarse doce -contando al niño, trece- veces para lavar los pies de estos presos. Y, con ellos, los de toda la Humanidad.
Jesús Bastante,

Especial oración del Papa por los niños del mundo

Oremos por todos los niños que sufren! Invitó el Papa Francisco alentando a rezar en especial por las víctimas más pequeñas e indefensas en los problemas familiares, en las guerras y en las persecuciones.

«Queridos amigos, cuidar a los niños significa creer que cada uno de ellos es un don de Dios al mundo. No escatimemos esfuerzos con el fin de que puedan sentirse siempre acogidos y amados en nuestras familias y en nuestras comunidades», dijo el Obispo de Roma dirigiéndose a los miles de peregrinos de todo el mundo, y en particular a los de lengua árabe, provenientes de Irak y de Oriente Medio:

«Los niños son a menudo las primeras víctimas de los problemas familiares, de los conflictos, de las guerras y de las persecuciones. Oremos por todos los niños que sufren, rogando al Señor que los custodie de todo mal, que despierte las conciencias adormecidas y que convierta los corazones de piedra para que nunca falte a ningún niño amor y cuidados ¡Que el Señor bendiga a todos los niños y los proteja del maligno!»

En su audiencia general de la Octava de Pascua, renovando sus mejores deseos en este tiempo de alegría pascual, el Papa Francisco, agradeciendo los mensajes que le llegaron de todo el mundo, reiteró a los miles de peregrinos su exhortación a ser verdaderos testigos de Cristo Resucitado, en las familias y todos los ámbitos de la vida, deseando que el Señor Resucitado confirme a todos en la fe y los haga testimonios de su amor y de su misericordia:

«Queridos hermanos y hermanas, en este periodo pascual les deseo que la paz y la alegría de la resurrección de nuestro Señor esté siempre presente en cada uno de ustedes, en sus familias y en sus comunidades. Les agradezco por todas las felicitaciones y expresiones de cercanía espiritual que me han llegado en ocasión de la Santa Pascua. Me encomiendo a sus oraciones,  asegurando asimismo las mías por todos, y rogando al Señor que derrame con abundancia su gracia y bendición».

El Papa Bergoglio dirigió un saludo especial también a los peregrinos croatas. En particular a los jóvenes voluntarios de la Diócesis de Dubrovnik, acompañados por su Pastor, Mons. Mate Uzinic:

«Queridos amigos, ustedes son hijos de la Iglesia que es Madre y Maestra. Así como la Iglesia consuela a tantos que están en la necesidad, también ustedes con su celo fraterno edifiquen el mundo en el que viven. Sepan encontrar su lugar en la Iglesia y en la sociedad, asumiendo generosamente los compromisos que ahora les han sido encomendados en sus familias y en todos los ambientes. ¡Que su juventud se fortalezca y se alimente sólo en la fe! ¡Sólo así encontrarán en sus vidas a Cristo Resucitado, que nos ha liberado de la muerte! ¡Les agradezco su compromiso en la Iglesia y los bendigo! ¡Alabados sean Jesús y María!»
A los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados les deseó que «el anuncio pascual siga haciendo arder nuestro corazón, como a los discípulos de Emaús».


«Queridos jóvenes, sólo el Señor Jesús puede responder completamente a los anhelos de felicidad y de bien en sus vidas. Queridos enfermos, no hay consolación más bella ante el sufrimiento que la certeza de la Resurrección de Cristo. Queridos recién casados, vivan su matrimonio en concreta adhesión a Cristo y a las enseñanzas del Evangelio»

Papa Francisco: "Un niño nunca puede ser considerado un error"

En su catequesis de la audiencia general, celebrada el miércoles de la Octava de Pascua, en una soleada Plaza de San Pedro y ante varios miles de fieles y peregrinos procedentes de numerosos países, el Papa Francisco, en el ámbito de sus reflexiones sobre la familia, completó el tema de los niños que si bien representan el fruto más bello de la bendición que el Creador ha dato al hombre y a la mujer, muchos de ellos, suelen sufrir auténticas “historias de pasión”.

Francisco invitó a pensar en los hijos no deseados o abandonados, en los niños de la calle, sin educación ni atención sanitaria, en los chicos maltratados, a los que les roban su infancia y su juventud, lo que constituye – dijo – una vergüenza para la sociedad y un grito de dolor dirigido directamente al corazón del Padre.

El Obispo de Roma destacó asimismo que un niño nunca puede ser considerado un error, puesto que el error es del mundo de los adultos y del sistema que genera bolsas de pobreza y violencia, en las que los más débiles son los más perjudicados. Y tras afirmar que los niños son responsabilidad de todos, el Papa destacó que los padres no deberían sentirse solos en su tarea, teniendo en cuenta que tratándose de niños, ningún sacrificio es demasiado costoso.

Dios no se olvida de ninguno de sus hijos más pequeños, dijo también el Santo Padre recordando que Jesús los trató con especial predilección, imponiéndoles las manos, bendiciéndolos y afirmando que el Reino de los cielos es de quienes se hacen como ellos; mientras la Iglesia siempre se ha puesto al servicio de los niños y sus familias con solicitud maternal y defendiendo sus derechos.

(María Fernanda Bernasconi - RV).

martes, 7 de abril de 2015

¡ Raboni!


Evangelio según San Juan 20,11-18.

María se había quedado afuera, llorando junto al sepulcro. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro
y vio a dos ángeles vestidos de blanco, sentados uno a la cabecera y otro a los pies del lugar donde había sido puesto el cuerpo de Jesús.


Ellos le dijeron: "Mujer, ¿por qué lloras?". María respondió: "Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto".


Al decir esto se dio vuelta y vio a Jesús, que estaba allí, pero no lo reconoció.


Jesús le preguntó: "Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?". Ella, pensando que era el cuidador de la huerta, le respondió: "Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo iré a buscarlo".


Jesús le dijo: "¡María!". Ella lo reconoció y le dijo en hebreo: "¡Raboní!", es decir "¡Maestro!".


Jesús le dijo: "No me retengas, porque todavía no he subido al Padre. Ve a decir a mis hermanos: 'Subo a mi Padre, el Padre de ustedes; a mi Dios, el Dios de ustedes'".


María Magdalena fue a anunciar a los discípulos que había visto al Señor y que él le había dicho esas palabras.

PRESENTACIÓN DEL CRISTO DE SANTA TERESA DE GIL DE SILOE

lunes, 6 de abril de 2015

"No nos cansemos de repetir que Cristo ha resucitado", el Papa el Lunes del Ángel

Queridos hermanos y hermanas, buenos días y todavía ¡Felices Pascuas!
El lunes después de la Pascua, el Evangelio (Cfr. Mt 28,8-15) nos presenta la narración de las mujeres que, fueron al sepulcro de Jesús, lo encuentran vacío y ven un Ángel que les anuncia que Él ha resucitado. Y mientras ellas corren para transmitir la noticia a los discípulos, encuentran a Jesús mismo que les dice: «Vayan a anunciar a mis hermanos que suban a Galilea: allí me verán» (v. 10). Galilea es la “periferia” donde Jesús había iniciado su predicación; y de allí reiniciará en Evangelio de la Resurrección, para que sea anunciado a todos, y para que cada uno pueda encontrar a Él, al Resucitado, presente y operante en la historia. También hoy Él está con nosotros aquí en la plaza.
Por lo tanto, éste es el anuncio que la Iglesia repite desde el primer día: “¡Cristo ha resucitado!”. Y, en Él, por el Bautismo, también nosotros hemos resucitado, hemos pasado de la muerte a la vida, de la esclavitud del pecado a la libertad del amor. Ésta es la buena noticia que estamos llamados a anunciar a los demás y en todo ambiente, animados por el Espíritu Santo. La fe en la resurrección de Jesús y la esperanza que Él nos ha traído es el don más bello que el cristiano puede y debe ofrecer a sus hermanos. A todos y cada uno, entonces, no nos cansemos de repetir: ¡Cristo ha resucitado! Repitámoslo todos juntos hoy aquí en la plaza: ¡Cristo ha resucitado! ¡Todos! ¡Cristo ha resucitado! Una vez más: ¡Cristo ha resucitado! Repitámoslo con las palabras, pero sobre todo con el testimonio de nuestra vida. La alegre noticia de la Resurrección debería manifestarse en nuestro rostro, en nuestros sentimientos y actitudes, en el modo con el cual tratamos a los demás.

Nosotros anunciamos la resurrección de Cristo cuando su luz ilumina los momentos oscuros de nuestra existencia y podemos compartirla con los demás; cuando sabemos sonreír con quien sonríe y llorar con quien llora; cuando caminamos junto a quien está triste y corre el riesgo de perder la esperanza; cuando transmitimos nuestra experiencia de fe a quien está en búsqueda de sentido y de felicidad. Y ahí con nuestra actitud, con nuestro testimonio, con nuestra vida decimos “Jesús ha resucitado”, con todo el alma.

Estamos en los días de la Octava de Pascua – ocho días –, durante los cuales nos acompaña el clima gozoso de la Resurrección. Es curioso, la Liturgia considera la entera Octava como un único día, para ayudarnos a entrar en el misterio, para que su gracia penetre en nuestro corazón y en nuestra vida. La Pascua es el evento que ha traído la novedad radical para todo ser humano, para la historia y para el mundo: es el triunfo de la vida sobre la muerte; es la fiesta del renacer y de la regeneración. ¡Dejemos que nuestra existencia sea conquistada y transformada por la Resurrección!

Pidamos a la Virgen Madre, testigo silenciosa de la muerte y de la resurrección de su Hijo, incrementar en nosotros el gozo pascual. Lo haremos ahora con la oración del Regina Coeli, que durante el tiempo pascual sustituye la oración del Ángelus. En esta oración, marcada por el Aleluya, nos dirigimos a María invitándola a alegrarse, porque a quien llevó en su vientre ha resucitado como había prometido, y nos encomendamos a su intercesión. En realidad, nuestra alegría es un reflejo de la alegría de María, porque es Ella que ha cuidado y conserva con fe los eventos de Jesús. Recitamos pues esta oración con los sentimientos de hijos que son felices porque su Madre es feliz.
(Traducción del italiano, Renato Martinez - Radio Vaticano)

(from Vatican Radio)



El Papa pide a la comunidad internacional que no permanezca muda ante los crímenes

Después de la oración a la Madre de Dios, el Papa Francisco saludó detalladamente a diferentes grupos de peregrinos e hizo una mención especial al Movimiento Shalom y su misión ante la persecución de los cristianos en el mundo, y pidió a la comunidad internacional que no mire hacia otro lado antes los conflictos que se están viviendo en diversos países del mundo. “Que no permanezca muda e inerte ante tales inaceptables crímenes, que constituyen una preocupante violación de los derechos humanos fundamentales. Pido verdaderamente que la comunidad internacional no mire hacia otro lado”, insistió.
Palabras del Papa después de la oración mariana:
En esta bonita atmósfera pascual, saludo cordialmente a todos ustedes, queridos peregrinos llegados de Italia y de diversas partes del mundo para participar en este momento de oración. En especial, tengo el gusto de recibir a la delegación del Movimiento Shalom, que ha llegado a la última etapa de la difusión solidaria para sensibilizar a la opinión pública sobre las persecuciones de los cristianos en el mundo. Su itinerario en las calles ha terminado, pero debe continuar por parte de todos el camino espiritual de oración, intensa oración, de participación concreta y ayuda tangible en defensa y protección de nuestros hermanos y de nuestras hermanas, perseguidos, exiliados, asesinados, decapitados, por el solo hecho de ser cristianos. Ellos son nuestros  mártires de hoy y son muchos; podemos decir que son más numerosos que en los primeros siglos. Pido que la comunidad internacional no permanezca muda e inerte frente a tales inaceptables crímenes, que constituyen una preocupante violación de los derechos humanos fundamentales. Pido verdaderamente que la comunidad internacional no mire hacia otro lado.
A cada uno de ustedes, les deseo transcurrir en el gozo y la serenidad esta Semana pascual en la cual se prolonga la alegría de la Resurrección de Cristo. Y para vivir más intensamente este periodo- y vuelvo siempre sobre el mismo argumento-, nos hará bien leer cada día un pasaje del Evangelio en el cual se habla del evento de la Resurrección. Cada día, un pequeño pasaje del Evangelio, donde se habla del evento de la Resurrección; léanlo todos los días, les hará bien.
¡Buena y Santa Pascua a todos! Por favor, no se olviden de rezar por mí. ¡Buen almuerzo y hasta la vista!