domingo, 8 de marzo de 2015

UN TEMPLO NUEVO

Los cuatro evangelistas se hacen eco del gesto provocativo de Jesús expulsando del templo a «vendedores» de animales y «cambistas» de dinero. No puede soportar ver la casa de su Padre llena de gentes que viven del culto. A Dios no se le compra con «sacrificios».

Pero Juan, el último evangelista, añade un diálogo con los judíos en el que Jesús afirma de manera solemne que, tras la destrucción del templo, él «lo levantará en tres días». Nadie puede entender lo que dice. Por eso, el evangelista añade: «Jesús hablaba del templo de su cuerpo».

No olvidemos que Juan está escribiendo su evangelio cuando el templo de Jerusalén lleva veinte o treinta años destruido. Muchos judíos se sienten huérfanos. El templo era el corazón de su religión. ¿Cómo podrán sobrevivir sin la presencia de Dios en medio del pueblo?

El evangelista recuerda a los seguidores de Jesús que ellos no han de sentir nostalgia del viejo templo. Jesús, «destruido» por las autoridades religiosas, pero «resucitado» por el Padre, es el «nuevo templo». No es una metáfora atrevida. Es una realidad que ha de marcar para siempre la relación de los cristianos con Dios.

Para quienes ven en Jesús el nuevo templo donde habita Dios, todo es diferente. Para encontrarse con Dios, no basta entrar en una iglesia. Es necesario acercarse a Jesús, entrar en su proyecto, seguir sus pasos, vivir con su espíritu.

En este nuevo templo que es Jesús, para adorar a Dios no bastan el incienso, las aclamaciones ni las liturgias solemnes. Los verdaderos adoradores son aquellos que viven ante Dios «en espíritu y en verdad». La verdadera adoración consiste en vivir con el «Espíritu» de Jesús en la «Verdad» del Evangelio. Sin esto, el culto es «adoración vacía».

Las puertas de este nuevo templo que es Jesús están abiertas a todos. Nadie está excluido. Pueden entrar en él los pecadores, los impuros e, incluso, los paganos. El Dios que habita en Jesús es de todos y para todos. En este templo no se hace discriminación alguna. No hay espacios diferentes para hombres y para mujeres.

En Cristo ya «no hay varón y mujer». No hay razas elegidas ni pueblos excluidos. Los únicos preferidos son los necesitados de amor y de vida. Necesitamos iglesias y templos para celebrar a Jesús como Señor, pero él es nuestro verdadero templo.


José Antonio Pagola

Suprimid este santuario y en tres días lo levantaré.

JUAN 2, 13-25
Estaba cerca la Pascua de los Judíos y Jesús subió a Jerusalén. 

Encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas y a los cambistas instalados. Haciendo como un azote de cuerdas, a todos los echó del templo, lo mismo a las ovejas que a los bueyes; a los cambistas les desparramó las monedas y les volcó las mesas y a los que vendían palomas les dijo: Quitad eso de ahí: no convirtáis la casa de mi Padre en una casa de negocios.

 Se acordaron sus discípulos de que estaba escrito: «La pasión por tu casa me consumirá» (Sal 69,10). Respondieron entonces los dirigentes judíos, diciéndole: ¿Qué señal nos presentas para hacer estas cosas? Les replicó Jesús: Suprimid este santuario y en tres días lo levantaré. 

Repusieron los dirigentes: Cuarenta y seis años ha costado construir este santuario, y ¿tú vas a levantarlo en tres días? Pero él se refería al santuario de su cuerpo. Así, cuando se levantó de la muerte se acordaron sus discípulos de que había dicho esto y dieron fe a aquel pasaje y al dicho que había pronunciado Jesús. 

Mientras estaba en Jerusalén, durante las fiestas de Pascua, muchos prestaron adhesión a su figura al presenciar las señales que realizaba. Pero Jesús no se confiaba a ellos, por conocerlos a todos; no necesitaba que nadie lo informase sobre el hombre, pues él conocía lo que el hombre llevaba dentro.

Meditación del Papa Francisco

Cuando los que están en el Templo - sean sacerdotes, laicos, secretarios, pero que tienen que gestionar en el Templo la pastoral del Templo - se convierten en comerciantes, el pueblo se escandaliza. Y nosotros somos responsables de esto. También los laicos. Todos. Porque si yo veo que en mi parroquia se hace esto, debo tener la valentía de decírselo al párroco a la cara.

Es curioso: el pueblo de Dios sabe perdonar a sus sacerdotes, cuando tienen una debilidad, resbalan sobre un pecador... saben perdonar. Pero hay dos cosas que el pueblo de Dios no puede perdonar: un sacerdote apegado al dinero y un sacerdote que maltrata a la gente. ¡No consigue perdonar! Y el escándalo, cuando el Templo, la Casa de Dios, se convierte en una casa de negocios.

Jesús no estaba enfadado, es la ira de Dios, es el celo por la Casa de Dios, porque no se pueden servir a dos amos: o rindes culto al Dios viviente, o rindes culto al dinero.

¿Por qué Jesús se la toma contra el dinero? Porque la redención es gratuita, Él viene a traernos la gratuidad de Dios, la gratuidad total del amor de Dios. Cuando en la Iglesia o las iglesias se hacen negocios, se ve que no es tan gratuita la salvación... Y por esto Jesús toma la fusta en la mano para hacer todo este rito de purificación en el Templo. (Cf Homilía de S.S. Francisco, 21 de noviembre de 2014, en Santa Marta).

El ayuno

El AYUNO
que Dios quiere:

que no hagas gastos superfluos y compartas tus ahorros con los pobres
que prefieras pasar tú necesidad, antes de que la pase tu hermano
 que ofrezcas tu tiempo al que te lo pida 
que prefieras servir a ser servido
 que tengas hambre y sed de justicia
 que te comprometas en la lucha contra toda marginación
 que esperes cada día una nueva humanidad
La ABSTINENCIA
que Dios quiere: 

que no seas esclavo del consumo, el sexo, las marcas y las modas, del salir, ni de nada;
que no dejes que la televisión, el ordenador o la play te roben tiempo para estar con los demás;
que no utilices la violencia, incluso la verbal, como forma para resolver los problemas;
que respetes a todos los seres, amando la vida y defendiéndola;
que no uses palabras necias y te alimentes de la Palabra de Dios.
La CENIZA
que Dios quiere:

que no te consideres dueño de nada, sino humilde administrador;
que no presumas de tus talentos, sino que los pongas al servicio de los demás;
que no te creas santo porque santo y grande sólo es Dios;
que no te deprimas ni te acobardes, porque Dios está contigo;
que aprecies el valor de las cosas sencillas;
que no temas al dolor o a la muerte porque siempre es Pascua.

viernes, 6 de marzo de 2015

Teresa de Jesús, mujer fuerte, valiente

En relación al Día Internacional de la Mujer que celebramos este domingo, hoy os traemos, de nuevo de la mano de Margarita Alcalde, un nueva reflexión de la figura de Santa Teresa como ¡mujer fuerte, valiente!
Y por lo tanto, apóstol.
Escuchemos lo que el Papa Francisco dice de ella en la carta que escribió al obispo de Ávila con motivo de la apertura del Año Centenario el 15 de octubre pasado:
“Ella vivió las dificultades de su tiempo -tan complicado-, sin ceder a la tentación del lamento amargo, sino más bien aceptándolas en la fe como una oportunidad para dar un paso más en el camino… ¡Éste es el realismo teresiano, que exige obras en lugar de emociones, y amor en vez de ensueños, el realismo del amor humilde frente a un ascetismo afanoso!… Cuando arde el mundo, no se puede perder el tiempo en negocios de poca importancia. ¡Ojalá contagie a todos esta santa prisa por salir a recorrer los caminos de nuestro propio tiempo, con el Evangelio en la mano y el Espíritu en el corazón! ¡Ya es tiempo de caminar!”
Y oigamos lo que ella misma nos dice en el libro de las Fundaciones (F 2,7):
“¡Oh grandeza de Dios! ¡Y cómo mostráis vuestro poder en dar osadía a una hormiga! ¡Y cómo, Señor mío, no queda por Vos el no hacer grandes obras los que os aman, sino por nuestra cobardía y pusilanimidad! Como nunca nos determinamos, sino llenos de mil temores y prudencias humanas, así, Dios mío, no obráis Vos vuestras maravillas y grandezas. ¿Quién más amigo de dar, si tuviese a quién, ni de recibir servicios a su costa? Plega a Vuestra Majestad que os haya yo hecho alguno y no tenga más cuenta que dar de lo mucho que he recibido. Amén”.
Por fin, escuchemos su palabra y la Palabra de Dios, como dichas hoy para nosotros:
“Esme gran lástima, porque conozco muchas almas que llegan aquí; y que pasen de aquí, como han de pasar, son tan pocas que se me hace vergüenza decirlo. Querríalas mucho avisar que miren no escondan el talento, pues que parece las quiere Dios escoger para provecho de otras muchas, en especial en estos tiempos que son menester amigos fuertes de Dios para sustentar los flacos”. (V. 15, 5)
“No os inquietéis. Confiad en Dios y confiad también en mí”. (Jn. 14, 1)

“Y les dijo: -Id por todo el mundo y proclamad la buena noticia a toda criatura”. (Mc. 16, 15)

UNIRSE A DIOS, ÚNICO BIEN VERDADERO



Donde está el corazón del hombre allí está también su tesoro; pues el Señor no suele negar la dádiva buena a los que se la han pedido. Y ya que el Señor es bueno, y mucho más bueno todavía para con los que le son fieles, abracémonos a él, estemos de su parte con toda nuestra alma, con todo el corazón, con todo el empuje de que seamos capaces, para que permanezcamos en su luz, contemplemos su gloria y disfrutemos de la gracia del deleite sobrenatural. [...]

Huyamos de aquí. Puedes huir en espíritu, aunque sigas retenido en tu cuerpo; puedes seguir estando aquí, y estar, al mismo tiempo, junto al Señor, si tu alma se adhiere a él, si andas tras sus huellas con tus pensamientos, si sigues sus caminos con la fe y no a base de apariencias, si te refugias en él, ya que él es refugio y fortaleza, como dice David: A ti, Señor, me acojo: no quede yo derrotado para siempre.

Del tratado de san Ambrosio, obispo, sobre la huida del mundo
(Caps. 6, 36; 7, 44; 8, 45; 9, 52: CSEL 32,192.198-199. 204)
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LA EXPERIENCIA INTERIOR DE TERESA DE AVILA

Cautiva ese su decir en letras que hablan, humanizan y elevan; que nos invitan a participar de su diálogo a lo divino: abierto, cálido, vivaz. Practicado no con un Dios lejano o descomprometido, sino encarnado, humano. Diálogo entrañable y vigoroso tanto al abordar lo cotidiano como al tratar de empresas difíciles, la búsqueda de un rostro nítido para la Iglesia, por ejemplo. Porque Teresa de Avila sufrió desde dentro el dolor por las luchas ideológicas, el desconcierto y las rupturas al interior de la Iglesia.

            En este diálogo ininterrumpido, en el cual también Jesús se confiesa a Teresa como suyo, le comunica aquellos misterios ocultos desde los siglos en Dios y que sólo se revelan a los pequeños. Como a Ghandy quien después de recorrer el camino ascéptico y probar la experiencia contemplativa sólo afirma con seguridad que sus experimentos son “correctos”, no definitivos, menos aún únicos o exclusivos.

 Así es Teresa de Jesús, a quien debemos la más docta definición de humildad, “andar en verdad”. En sus diálogos está totalmente ella, la monja abierta a la modernidad, tan bien enraizada en el contexto histórico-espacial que le tocó vivir; encarnando los valores del humanismo hispano tanto como la tradición medieval, si bien elevándose por encima de sus condicionamientos.

            El lenguaje con el cual construye su obra literaria es el de la experiencia, por eso no dirá nada fuera de los que haya vivido. Aquí radica la actualidad y simpatía de su lenguaje para el hombre (la mujer)  de hoy a quien se le ha agotado la capacidad receptora de palabras y al parecer no soporta una más. En Teresa de Avila la palabra es vida, pues ella misma se nos comunica en sus escritos e insistentemente invita, sobre todo a quien no le crea, a emprender el camino y probar por sí mismo.

            Ahora bien ¿qué puede transmitir Teresa de lo experimentado, ella que como San Juan de la Cruz, tiene que inventar además el lenguaje que pueda aproximarse a sus vivencias? Porque resulta que ni los ojos ni el oído ni la mente humana están capacitados para captar aquellas dulzuras y paz y contento que Jesús quiso regalarle. Pero en un esfuerzo por transmitir estos estados de conciencia dirá:


Acaeciame… venirme a deshora un sentimiento de la presencia de Dios que en ninguna manera podía dudar que estaba dentro de mí, o yo toda engolfada en El. Esto no era manera de visión… Suspende el alma de suerte, que parecía estar fuera de sí. Ama la voluntad; la memoria me parece está casi perdida, el entendimiento no discurre , a mi parecer, mas no se pierde; mas como digo, no obra si no está como espantado de lo mucho que entiende; porque quiere Dios entienda que de aquello que su Majestad le presenta, ninguna cosa entiende.

Mucho se ha ponderado el estilo suelto, gracioso y espontáneo de Santa Teresa, empezando por Fray Luis de León -primer editor de sus obras- a quien le resultaba “la misma elegancia desafeitada”. Sin embargo, poco se ha ahondado en cuáles son los elementos que están en juego y de cuya combinación resulta ese estilo libre y provocador de la Santa. Alicia Alamo Bartolomé en La Andariega esboza algunos elementos de análisis del lenguaje que pueden servir como punto de partida para un trabajo más amplio y fundamentado.

           Por otra parte, la plática coloquial, íntima, de Teresa de Jesús con el Dios de rostro humano, hace que a través de ella también lo podamos reconocer como asequible, muy cercano y vulnerable, tanto que se deja aprisionar por ella:

                          Esta divina prisión
                          del amor en que yo vivo
ha hecho a Dios mi cautivo
y libre mi corazón
y causa en mi tal pasión
ver a Dios mi prisionero,
que muero porque no muero.

            Por su parte ya hacía tiempo que Teresa de Avila había determinado donarse por entero a El y a sus cosas y en esa unidad profunda, su historial personal no la vive sino como la historia de las misericordias de Dios. La exquisitez de sus diálogos llega a momentos cumbres cuando la experiencia se vuelve poesía:

                        Tirome con una fecha
                        enerbolada de amor
                        y mi alma quedó hecha
                        una con su criador.
                        Ya yo no quiero otro amor
                        pues a mi Dios me ha entregado,
                        que es mi Amado para mí
                        y yo soy para mi Amado.

            La inagotable capacidad relacional de Teresa de Jesús, quien era además muy amiga de sus amigos, permite al lector/ra ser copartícipe de su experiencia, no solamente por conocerla sino porque ella, persuadiendo con suavidad lo introduce en su aventura subyugante. Es entonces cuando nos sentimos atrapados/as en su vuelo e intuimos estar inmersos/as en algo más que la lectura. Esto es así porque , como hemos señalado, el arte de escribir en Teresa de Ahumada, forma parte de la propia vivencia.

            El mundo lingüístico creado por ella  representa el todo armónico que logró construir en la integración de las distintas facetas de su personalidad. Y la unificación se la da el amor: por él, muerte y vida ya no existen separadamente; su sentido eclesial ha encontrado canales de realización muy concretos; contemplación y servicio incondicional al hombre no tienen fronteras; experiencia mística y literatura aluden a la misma realidad.

            Teresa de Avila, mujer de fé, se lanzó a la aventura de lo absoluto y humanizada en la divinidad, ha sido definitivamente devuelta a los hombres.    


jueves, 5 de marzo de 2015

La mundanidad anestesia el alma, dijo el Papa en su homilía


Al comentar la parábola del rico epulón, un hombre vestido “de púrpura y lino finísimo” que “cada día se concedía banquetes opulentos”, el Papa Francisco observó que no se dice de él que era una persona mala; es más, “quizás era un hombre religioso, a modo suyo. Tal vez rezaba alguna oración y dos o tres veces al año iba al Templo para cumplir los sacrificios y daba grandes ofertas a los sacerdotes, y ellos, con esa pusilanimidad clerical, se lo agradecían y le daban un puesto de honor para sentarse”. Pero no se daba cuenta de que en su puerta había un pobre mendicante, Lázaro, hambriento, todo llagado, “símbolo de la extrema necesidad que tenía”.

El Santo Padre explicó la situación del hombre rico con estas palabras:

“Cuando salía de su casa, y  no… tal vez el auto con el que salía tenía los vidrios oscurecidos para no ver afuera… tal vez, no lo sé. Pero seguramente sí, su alma, los ojos de su alma, estaban oscurecidos para no ver. Sólo veía su vida, y no se daba cuenta de lo que le había sucedido a este hombre, que no era malo: estaba enfermo. Enfermo de mundanidad. Y la mundanidad trasforma las almas, hace perder la conciencia de la realidad: viven en un mundo artificial, hecho por ellos… La mundanidad anestesia el alma. Y por esta razón, este hombre mundano, no era capaz de ver la realidad”.

Y la realidad – dijo el Papa – es la de tantos pobres que viven junto a nosotros:

“Tantas personas que viven su vida de manera difícil, de modo difícil; pero si yo tengo un corazón mundano, jamás comprenderé esto. Con el corazón mundano no se puede entender la necesidad y la necesidad de los demás. Con el corazón mundano se puede ir a la iglesia, se puede rezar, se pueden hacer tantas cosas. Pero Jesús, en la Última Cena, en la oración al Padre, ¿qué ha rezado? ‘Pero, por favor, Padre, custodia a estos discípulos, para que no caigan en el mundo, para que no caigan en la mundanidad’. Es un pecado sutil, es más que un pecado: es un estado pecador del alma”.

En estas dos historias – afirmó el  Papa – hay dos juicios: una maldición para el hombre que confía en el mundo y una bendición para quien confía en el Señor. El hombre rico aleja su corazón de Dios: “Su alma está desierta”, una “tierra de salobridad donde nadie puede vivir”, “porque los mundanos, a decir verdad, están solos con su egoísmo”. Tenía “el corazón enfermo, tan apegado a este modo de vivir mundano que difícilmente se podía curar”. Además – añadió el Pontífice mientras el pobre tenía un nombre, Lázaro, el rico no lo tiene: “No tenía nombre, porque los mundanos pierden el nombre. Son sólo uno de la multitud pudiente, que no necesita nada. Los mundanos pierden el nombre”.
Refiriéndose a la petición del hombre rico – que ya en medio de los tormentos del infierno, pide que se envíe a alguien de entre los muertos a exhortar a los familiares que aún viven, y Abraham responde que si no escucharon a Moisés y a los Profetas ni siquiera serán persuadidos si uno resurge de los muertos – el Papa afirmó que los mundanos quieren manifestaciones extraordinarias, y sin embargo, “en la Iglesia todo es claro. Jesús ha hablado claramente: ese es el camino. Pero al final, hay una palabra de consuelo”:
“Cuando aquel pobre hombre mundano, en los tormentos, pide que se envíe a Lázaro con poco de agua para ayudarlo, ¿cómo responde Abraham? Abraham es la figura de Dios, delPadre. ¿Cómo responde?: Hijo, acuérdate…’. Los mundanos han perdido el nombre; también nosotros, si tenemos el corazón mundano, hemos perdido el nombre. Pero no somos huérfanos. Hasta el final, hasta el último momento existe la seguridad de que tenemos un Padre que nos espera. Encomendémonos a Él. ‘Hijo’. Nos dice ‘hijo’, en medio de aquella mundanidad: ‘Hijo’. No somos huérfanos”.
(María Fernanda Bernasconi - RV).


El abandono es la enfermedad más grave de los ancianos


''Los cuidados paliativos expresan la actitud humana de cuidar unos de otros, especialmente de los que sufren y atestiguan que la persona es siempre preciosa, también cuando es anciana o está enferma.La persona, en cualquier circunstancia, es un bien para sí misma y para los demás y Dios la ama. Por eso cuando su vida se vuelve muy frágil y se acerca el final de la existencia terrenal, sentimos la responsabilidad de asistirla y acompañarla de la mejor manera'', dijo el Papa recibiendo esta mañana en audiencia a los miembros de la Academia para la Vida, con motivo de su asamblea general dedicada al tema ''Asistencia al anciano y cuidados paliativos''.

''El mandamiento bíblico que nos pide que honremos a nuestros padres, en sentido lato,nos recuerda el honor que debemos a todas las personas ancianas. A este mandamiento Dios asocia una doble promesa: ''Para que tus días se alarguen en la tierra que Yahveh, tu Dios te dará''. La fidelidad a este mandamiento asegura no solamente el don de la tierra sino, sobre todo, la posibilidad de disfrutarla... El precepto nos revela -explicó el Santo Padre- la relación pedagógica fundamental entre padres e hijos, entre los ancianos y los jóvenes, en relación con la custodia y la transmisión de la enseñanza religiosa y sapiencial a las generaciones futuras. Honrar esta enseñanza y a los que la transmiten es fuente de vida y bendición. Al contrario, la Biblia reserva una severa admonición a los que abandonan o maltratan a los padres''.

''La palabra de Dios -subrayó- está siempre viva y nos damos cuenta de cómo ese mandamiento es de acuciante actualidad para la sociedad contemporánea donde la lógica de la utilidad predomina sobre la de la solidaridad y la gratuidad, incluso dentro de las familias...Hoy ''honrar'' podría traducirse también como el deber de respetar profundamente y cuidar de los que, por su condición física o social podrían dejarse morir o hacer que mueran. Toda la medicina juega un papel especial en la sociedad como testigo del honor que se debe a la persona anciana y a cada ser humano. La evidencia y la eficiencia no pueden ser los únicos criterios que gobiernen la acción de los médicos, ni tampoco las reglas de los sistemas sanitarios, ni el beneficio económico. Un Estado no puede pensar en sacar beneficio de la medicina''.

El Obispo de Roma recordó que la asamblea de la Academia para la Vida ha estudiado nuevos sectores de aplicación de los cuidados paliativos que, si hasta ahora estaban destinadas sobre todo a los pacientes oncológicos, en la actualidad interesan también a las personas, sobre todo ancianos, con patologías caracterizadas de una degeneración crónica progresiva. ''Los ancianos necesitan en primer lugar los cuidados de los familiares cuyo afecto no pueden sustituir ni siquiera las estructuras más eficientes o los agentes sanitarios más competentes y caritativos'', reiteró. ''Los cuidados paliativos son pues, ''una ayuda importante, especialmente para los ancianos, que con el pretexto de su edad, reciben cada vez menos atención por parte de la medicina curativa y a menudo están abandonados. El abandono es la enfermedad más grave del anciano y también la injusticia más grande que pueda padecer: los que nos han ayudado a crecer no deben abandonarse cuando necesitan nuestra ayuda, nuestro amor, nuestra ternura''.

Francisco finalizó su discurso animando a los profesionales y a los estudiantes de medicina a especializarse en este tipo de asistencia ''que no posee menos valor por el hecho de que ''no salva la vida''. Los cuidados paliativos hacen algo igualmente importante: valorizan a la persona. Por eso exhorto a todos los que, de diversas formas, trabajan en este sector a mantener ese compromiso conservando íntegro el espíritu de servicio y recordando que cualquier conocimiento médico es realmente ciencia, en su significado más noble, sólo si se considera como una ayuda para el bien del ser humano, un bien que no se alcanza nunca ''en contra'' de su vida y de su dignidad''.


«IMITEMOS EL ESTILO PASTORAL QUE EMPLEÓ EL MISMO SEÑOR»

Si queréis emular a Dios, puesto que habéis sido creados a su imagen, imitad su ejemplo. Vosotros, que sois cristianos, que con vuestro mismo nombre estáis proclamando la bondad, imitad la caridad de Cristo.

Pensad en los tesoros de su benignidad, pues, habiendo de venir como hombre a los hombres, envió previamente a Juan como heraldo y ejemplo de penitencia, y, por delante de Juan, envió a todos los profetas, para que indujeran a los hombres a convertirse, a volver al buen camino y a vivir una vida fecunda.

Luego, se presentó Él mismo, y clamaba con su propia voz: Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. ¿Y cómo acogió a los que escucharon su voz? Les concedió un pronto perdón de sus pecados, y los liberó en un instante de sus ansiedades: la Palabra los hizo santos, el Espíritu los confirmó, el hombre viejo quedó sepultado en el agua, el nuevo hombre floreció por la gracia. Y qué ocurrió a continuación? El que había sido enemigo se convirtió en amigo, el extraño resultó ser hijo, el profano vino a ser sagrado y piadoso. Imitemos el estilo pastoral que empleó el mismo Señor; contemplemos los evangelios, y, al ver allí, como en un espejo, aquel ejemplo de diligencia y benignidad, tratemos de aprender estas virtudes.

De las homilías de san Asterio de Amasea, obispo
(Homilía 13: PG 40, 355-358. 362)
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Bienaventuranzas de la Cuaresma (contra un corazón de piedra)

Felices quienes recorren el camino cuaresmal con una sonrisa en el rostro y sienten cómo brota de su corazón un sentimiento de alegría incontenible.

Felices quienes durante el tiempo de Cuaresma, y en su vida diaria,practican el ayuno del consumismo, de los programas basura de la televisión, de las críticas, de la indiferencia.

Felices quienes intentan en la cotidianidad ir suavizando su corazón de piedra, para dar paso a la sensibilidad, la ternura, la com-pasión, la indignación teñida de propuestas.

Felices quienes creen que el perdón, en todos los ámbitos, es uno de los ejes centrales en la puesta en práctica del Evangelio de Jesús, para conseguir un mundo reconciliado.

Felices quienes se aíslan de tanto ruido e información vertiginosa, y hacen un espacio en el desierto de su corazón para que el silencio se transforme en soledad sonora.

Felices quienes recuerdan la promesa de su buen Padre y Madre Dios, quienes renuevan a cada momento su alianza de cercanía y presencia alentadora hacia todo el género humano.

Felices quienes cierran la puerta a los agoreros, a la tristeza y al desencanto, y abren todas las ventanas de su casa al sol de la ilusión, del encanto, de la belleza, de la solidaridad.

Felices quienes emplean sus manos, su mente, sus pies en el servicio gozoso de los demás, quienes más allá de todas las crisis, mantienen, ofrecen y practican la esperanza de la resurrección a todos los desvalidos, marginados y oprimidos del mundo. Entonces sí que habrá brotado la flor de la Pascua al final de un gozoso sendero cuaresmal.


Miguel Ángel Mesa (Bienaventuranzas de la Vida -PPC-)

miércoles, 4 de marzo de 2015

PAPA FRANCISCO: "UNA SOCIEDAD EN LA QUE NO HAY LUGAR PARA LOS ANCIANOS LLEVA CONSIGO EL VIRUS DE LA MUERTE"

«Queridos hermanos y hermanas ¡buenos días!
La catequesis de hoy y la del miércoles próximo están dedicadas a los ancianos que, en el ámbito de la familia, son los abuelos, tíos abuelos. Hoy reflexionamos sobre la problemática
condición actual de los ancianos; y la próxima vez, es decir, el próximo miércoles, más en positivo, sobre la vocación contenida en esta edad de la vida.
Gracias a los progresos de la medicina la vida se ha prolongado. ¡Pero la sociedad no se ha “ensanchado” para acoger la vida! El número de los ancianos se ha multiplicado, pero nuestras sociedades no se han organizado suficientemente para hacerles lugar, con justo respeto y concreta consideración por su fragilidad y su dignidad.
Mientras somos jóvenes, tenemos la tendencia a ignorar la vejez, como si fuera una enfermedad, una enfermedad que hay que tener lejos. Luego, cuando nos volvemos ancianos, especialmente si somos pobres, estamos enfermos, estamos solos, experimentamos las lagunas de una sociedad programada sobre la eficacia, que en consecuencia, ignora a los ancianos. Y los ancianos son una riqueza, no se pueden ignorar.
Benedicto XVI, visitando una casa para ancianos, usó palabras claras y proféticas: “La calidad de una sociedad, quisiera decir de una civilización, se juzga también por cómo se trata a los ancianos y por el lugar que se les reserva en la vida en común” (12 de noviembre 2012).
Es verdad, la atención a los ancianos hace la diferencia de una civilización. ¿En una civilización hay atención al anciano? ¿Hay lugar para el anciano? Esta civilización seguirá adelante porque sabe respetar la sabiduría, la sabiduría de los ancianos. Una civilización en la que no hay lugar para los ancianos, en la que son descartados porque crean problemas... es una sociedad que lleva consigo el virus de la muerte.
En occidente, los estudiosos presentan el siglo actual como el siglo del envejecimiento: los hijos disminuyen, los viejos aumentan. Este desequilibrio nos interpela, es más, es un gran desafío para la sociedad contemporánea. Sin embargo una cierta cultura del provecho insiste en hacer ver a los viejos como un peso, una “lastre”. No sólo no producen sino que son una carga.

¿Cuál es el resultado de pensar así? Hay que descartarlos. ¡Es feo ver a los ancianos descartados, es una cosa fea, es pecado! ¡No nos atrevemos a decirlo abiertamente, pero se hace! Hay algo vil en este acostumbrarse a la cultura del descarte. Pero nosotros estamos acostumbrados a descartar a la gente.
Queremos eliminar nuestro acrecentado miedo a la debilidad y a la vulnerabilidad; pero de este modo aumentamos en los ancianos la angustia de ser mal soportados y abandonados.
Ya en mi ministerio en Buenos Aires toqué con la mano esta realidad con sus problemas: «Los ancianos son abandonados, y no sólo en la precariedad material. Son abandonados en la egoísta incapacidad de aceptar sus limitaciones que reflejan las nuestras, en los numerosos escollos que hoy deben superar para sobrevivir en una civilización que no los deja participar, opinar ni ser referentes según el modelo consumista de “sólo la juventud es aprovechable y puede gozar”.
Esos ancianos que deberían ser, para la sociedad toda, la reserva sapiencial de nuestro pueblo. ¡Los ancianos son la reserva sapiencial de nuestro pueblo! ¡Con qué facilidad, cuando no hay amor, se adormece la conciencia!» (Sólo el amor nos puede salvar, Ciudad del Vaticano 2013, p. 83).
Y esto sucede. Recuerdo cuando visitaba las casas de ancianos, hablaba con cada uno de ellos y muchas veces escuché esto: “Ah, ¿cómo está usted? ¿Y sus hijos? - Bien, bien - ¿Cuántos tiene? - Muchos.- ¿Y vienen a visitarla? - Sí, sí, siempre. Vienen, vienen.- ¿Y cuándo fue la última vez que vinieron?” Y así la anciana, recuerdo especialmente una que dijo: “Para Navidad”. ¡Y estábamos en agosto! Ocho meses sin ser visitada por sus hijos, ¡ocho meses abandonada! Esto se llama pecado mortal, ¿se entiende?
Una vez, siendo niño, la abuela nos contó una historia de un abuelo anciano que cuando comía se ensuciaba porque no podía llevarse bien la cuchara a la boca, con la sopa. Y el hijo, es decir, el papá de la familia, tomó la decisión de pasarlo de la mesa común a una pequeña mesita de la cocina, donde no se veía, para que comiera solo.
Pocos días después, llegó a casa y encontró a su hijo más pequeño que jugaba con la madera, el martillo y clavos, y hacía algo ahí. Entonces le pregunta: "Pero, ¿qué cosa haces?– Hago una mesa, papá.- ¿Una mesa para qué? - Para cuando tú te vuelvas anciano, así puedes comer ahí”. ¡Los niños tienen más conciencia que nosotros!
En la tradición de la Iglesia hay un bagaje de sabiduría que siempre ha sostenido una cultura de cercanía a los ancianos, una disposición al acompañamiento afectuoso y solidario en esta parte final de la vida.
Tal tradición está arraigada en la Sagrada Escritura, como lo demuestran, por ejemplo, estas expresiones del libro del Eclesiástico: «No te apartes de la conversación de los ancianos, porque ellos mismos aprendieron de sus padres: de ellos aprenderás a ser inteligente y a dar una respuesta en el momento justo» (Ecl 8,9).
La Iglesia no puede y no quiere adecuarse a una mentalidad de intolerancia, y menos aún de indiferencia y desprecio a los mayores. Debemos despertar el sentido colectivo de gratitud, de aprecio, de acogida, que haga sentir al anciano parte viva de su comunidad.
Los ancianos son hombres y mujeres, padres y madres que nos han precedido en nuestras mismas calles, en nuestra misma casa, en nuestra batalla cotidiana por una vida digna. Son hombres y mujeres de quienes hemos recibido mucho.
El anciano no es un extraterrestre. El anciano somos nosotros: dentro de poco, dentro de mucho, inevitablemente de todos modos, aunque no lo pensemos. Y si nosotros no aprendemos a tratar bien a los ancianos, así nos tratarán a nosotros.
Frágiles, somos un poco todos los viejos. Algunos, sin embargo, son particularmente débiles, muchos están solos, y marcados por la enfermedad. Algunos dependen de cuidados indispensables y de la atención de los demás. ¿Haremos por ello un paso atrás? ¿Los abandonaremos a su destino?
Una sociedad sin proximidad, en donde la gratuidad y el afecto sin compensación - incluso entre extraños - van desapareciendo, es una sociedad perversa.
La Iglesia, fiel a la Palabra de Dios, no puede tolerar estas degeneraciones. Una comunidad cristiana en la cual la proximidad y gratuidad dejaran de ser consideradas indispensables, perdería con ellas su alma. Donde no hay honor para los ancianos, no hay futuro para los jóvenes».

(Traducción del italiano: María Cecilia Mutual, Griselda Mutual - Radio Vaticano)

Si feministas conocieran a Santa Teresa sería su paradigma de mujer, asegura experto

LIMA, 04 Mar. 15  “Si las mujeres feministas de hoy tuvieran un poco más de cultura, ya hace tiempo que la hubieran elegido (a Santa Teresa de Jesús) como prototipo y paradigma de la mujer de nuestros días”, afirmó el P. Herráiz, especialista en Santa Teresa de Ávila, en el marco del V centenario del nacimiento de la Doctora de la Iglesia.
El próximo 28 de marzo se celebrará en todo el mundo los 500 años del nacimiento de Santa teresa de Jesús, una mujer que vivió en el siglo XVI, en la época posterior al Concilio de Trento (en el que uno de los temas tratados fue la llamada reforma protestante) y en una sociedad donde las mujeres no tenían la misma participación en la sociedad que en la actualidad.
A pesar de haber sido incomprendida, perseguida y hasta acusada en la Inquisición, su amor a Dios la impulsó, en su misión reformadora Carmelita, a fundar nuevos conventos y a optar por una vivencia más austera, sin vanidades, ni lujos. Sumergida muchas veces en éxtasis, nunca dejó de ser realista.
Siendo Santa Teresa relativamente inculta, dialogaba con miembros de la realeza, personajes ilustres, miembros eclesiásticos y santos de su época para darles consejos, recibir ayuda, y llevar a cabo lo que se había propuesto. Se convirtió en escritora mística y es además Doctora de la Iglesia.
Sobre esta Santa, el P. Maximiliano Herráiz de la Orden del Carmelo Descalzo, fundador y primer Director del Centro Internacional Teresiano San Juanista y de la Universidad de la Mística (Ávila-España), dijo a ACI Prensa que la Santa era “una mujer sedienta de verdad, de que la Iglesia y la sociedad la reconocieran como mujer activa en la sociedad”.
“Con una afectividad desbordante para relacionarse con los demás y para acoger también al otro… Quiso dar a conocer que la mujer puede ser una presencia activa muy fecunda en la Iglesia y en la sociedad”.
Para el P. Herráiz, que logró el título de doctor en teología en la facultad de San Vicente Ferrer de Valencia con una tesis sobre Santa Teresa titulada “Solo Dios basta”, explicó que “ella no quería ser una muda de la película de la vida y después pues fue una mujer consagrada a Dios con toda la integridad de su ser”.
“Entonces conjugó lo divino y lo humano, dándonos un auténtico ejemplo de que fuera de la realización de la persona en todas sus facetas  no hay salvación”.
El sacerdote ve en Santa Teresa “una mujer que tuvo la valentía de alzar su voz, sin ningún miedo, ni siquiera ante la inquisición, a la que la acusaron”.
“Dejó sentada una gran frasecita que me gustaría que la oigan bien: ‘la verdad padece, mas no perece’. La última palabra será la de la verdad, no de la mentira por mucho que juguemos muchas veces al escondite”, destacó.
Por último, el P. Herráiz envió un mensaje a todos los que conocen o han escuchado de Santa Teresa de Ávila. “Vive lo que crees, no te pierdas en devociones bobas, ella no aconseja ninguna devoción y es una monja, y es del siglo XVI”.
“Le basta insistir en la relación personal con Dios, no necesita más. Entonces esto es un mensaje de puro Evangelio, volvamos al Evangelio porque no nos salva la religión, la práctica de la religión, sino nos salva la fe con que vivimos nuestra religión católica”.
El Papa Francisco concedió un año Jubilar Teresiano en España, en el que se pueden ganar indulgencias plenarias, y que va del 15 de octubre de 2014 al 15 de octubre de 2015.
Aciprensa