martes, 14 de febrero de 2017

Reabren la iglesia incendiada por extremistas judíos en Israel


Una de las iglesias católicas más célebres en Tierra Santa ha abierto sus puertas de nuevo, dos años después de haber sido incendiada en un ataque atribuido a extremistas judíos.
El presidente israelí Reuven Rivlin asistió a la ceremonia de reapertura de la Iglesia de la Multiplicación del Pan y el Pescado el domingo, diciendo que "quiero afirmar de manera clara e inequívoca: el odio no va a ganar".
La iglesia, a orillas del Mar de la Galilea en el norte de Israel, está en el lugar donde según la tradición Jesús milagrosamente hizo reproducir el pan y el pescado. Es uno de los sitios más populares entre los turistas cristianos que viajan a Tierra Santa.
El ataque incendiario del 2015 causó intensos daños a la estructura.
En años recientes han ocurridos ataques contra mezquitas, iglesias y oficinas de grupos pacifistas israelíes, atribuidos a extremistas judíos.
(RD/Agencias)

El Papa en Portugal ‘agradecerá el don que Fátima significa para la Iglesia y el mundo’


El deseo del papa Francisco de visitar el santuario de Nuestra Señora de Fátima en Portugal se hará realidad. El 12 y 13 de mayo próximos, con motivos del centenario de la primera de las apariciones de María a los tres pastorcitos, el Santo Padre estará allí.

En el centenario de las apariciones, la del Santo Padre será una visita “de acción de gracias por el don que Fátima representó para la Iglesia y para el mundo”. Además “permitirá oír la voz profética del Papa” y la expectativa es que muchos vayan a Fátima “para verlo y rezar con él”, señaló el rector del Santuario, el padre Carlos Cabecinhas.
Hoy lunes el logo de la visita ha sido divulgado por la Oficina de prensa de la Santa Sede: un rosario en forma de corazón y el lema “Con María, peregrino en la esperanza y en la Paz”. El logo con el fondo blanco permitirá unirlo a otras imágenes, como ha hecho el Santuario en su página Facebook, añadiéndole la foto del papa Francisco.
Las apariciones y el mensaje de Fátima son uno de los pocos eventos sobrenaturales que la Iglesia ha reconocido: María se apareció seis veces a tres pastorcitos, Lucía, Jacinta y Francisco, les dio un mensaje pidiendo la conversión de los hombres y oraciones por las almas de los pecadores, que incluyó una visión del infierno. Les anunció también el final del primer conflicto mundial, la II Guerra mundial, la difusión de los errores de Rusia soviética por el mundo, su conversión y el triunfo del Inmaculado Corazón de María.
El rector del santuario en la rueda de prensa del viernes 10 de febrero precisó que “el Papa vendrá en peregrinación al Santuario de Fátima para rezar con los peregrinos que le acompañan aquí y a través de los medios de comunicación social”, y precisó que como dijo Benedicto XVI, el santuario “es el corazón espiritual de Portugal.
Para el coordinador de la visita “el tema de la paz” permite unir el pontificado de Francisco al mensaje de Fátima”. Esto en un período histórico en el cual el Santo Padre afirma que se está desarrollando una tercera guerra mundial en trozos.
Zenit

«Para el pueblo, sor Lucía ya es santa»


«¿Me quedo aquí sola?», preguntó Lucía a la Virgen cuando les anunció en Fátima que sus dos primos morirían pronto. Efectivamente, esa niña que entonces solo tenía 10 años vivió como carmelita hasta los 97. Su causa de canonización pronto llegará al Vaticano en el marco del centenario de las apariciones
¿Se aprobará la beatificación de Lucía, la niña vidente de Fátima, en el centenario de las apariciones de la Virgen en Cova de Iria? Es la pregunta que plantea la celebración, este lunes por la tarde en Coimbra, de la fase diocesana de la Causa de canonización de sor Lucía de Jesús.
«Mucha gente no entiende por qué se tiene que hacer este proceso, porque, para el pueblo, Lucía ya es santa», ha afirmado la vicepostuladora de la causa, la carmelita Ángela Coelho, en una extensa entrevista a la agencia de la Conferencia Episcopal Portuguesa Ecclesia.
Ana Sofia, otra carmelita del convento que ha colaborado en la Causa, explica que las religiosas que convivieron con ellas no tenían ninguna duda tampoco sobre su santidad, pero han tenido sumo cuidado en que las «cosas estuvieran bien atadas». «Es una persona que vivió según la voluntad de Dios, con fidelidad, y eso que vi con mis ojos, que toqué con mis manos, me ayudó mucho, después, cuando me confiaron este trabajo».
Cinco posibles milagros
La ceremonia tendrá lugar en el carmelo de Santa Teresa de Coimbra, donde sor Lucuía falleció tal día como hoy de 2005. Tres años después, con permiso del Papa Benedicto XVI, se abrió la causa, sin esperar a los cinco años que prescribe el derecho canónico. Esta tarde se sellará el resultado de la investigación llevada a cabo, un documento con más de 15.000 páginas que se enviará a la Congregación para las Causas de los Santos.
Durante las investigaciones, que se han prolongado durante nueve años, han surgido cinco hechos aparentemente inexplicables que podrían haberse obtenido gracias a la intercesión de sor Lucía. No ha sido esta su preocupación principal, pues «es la Santa Sede la que se preocupa» por los posibles milagros una vez confirmadas las virtudes heroicas de un siervo de Dios.
La fase diocesana se ha encargado, sobre todo, de investigar si «la vidente de Fátima practicó las virtudes heroicas que se esperan de un santo canonizado». Sor Ángela subraya que, a pesar de no ser esta la prioridad, se ha visto además que «se alcanzaron muchas gracias» por su intercesión.
70.000 cartas
En su investigación, las carmelitas de Coimbra, junto con las Religiosas de la Alianza de Santa María, han estudiado su diario espiritual, además de transcribir y archivar una a una miles de cartas guardadas en 70 bolsas. «Recibió más de 70.000 cartas, y respondió prácticamente a todas», explica la hermana Ángela. Por eso, las religiosas intentaron contactar con los remitentes, para localizar las respuestas de sor Lucía.
A pesar del estricto régimen del Carmelo, sor Lucía «tenía autorización» para responder a las cartas, y «le indicaron que conservara las cartas que fuera recibiendo, lo que hizo desde los años 70». También «recibía a muchas personas». De hecho, recibió la visita de casi una cincuentena de cardenales. Otra de las visitas que recibió fue la de Mel Gibson. Ese día, recuerda la hermana Ana Sofía, muchas hermanas estaban emocionadas, pero no tanto la vidente, que «no tenía ninguna noción» de quién era el actor y director cinematográfico.
«¿Me quedo aquí sola?»
Cuando la Virgen se apareció a los pastorcillos en Cova de Iría, Lucía dos Santos, de 10 años, era la mayor. También fue la única que sobrevivió a esos años, pues Francisco murió en 1919 y Jacinta en 1920. En la aparición del 13 de junio de 1917, la Virgen se lo había anunciado a los niños. Al saber la noticia, Lucía preguntó, triste: «¿Me quedo aquí sola?». La Virgen le respondió: «No, hija. ¿Y tu sufres mucho? No te desanimes. Yo nunca te dejaré. Mi Inmaculado Corazón será tu refugio y el camino que te conducirá a Dios».
En 1921, con 14 años de edad y cuatro años después de los hechos de Fátima, Lucía ingresó en el colegio de las Hermanas Doroteas en la localidad de Vilar, cerca de Oporto. En 1928 se trasladó al convento de esta orden en Tuy, Pontevedra y luego al convento que la orden tenía en la ciudad de Pontevedra. Allí, en 1925, se le volvió a aparecer la Virgen. En 1946 volvió a Portugal y en 1948 decide ingresar en el Carmelo de Santa Teresa de Coimbra en régimen de clausura, profesando votos al año siguiente. Allí permaneció hasta el 13 de febrero de 2005, cuando falleció con 97 años.
Fue en las apariciones posteriores a Fátima donde la Virgen reveló a Lucía las condiciones para ofrecer cinco primeros sábados, confesando, comulgando y rezando y meditando el rosario, en reparación por los pecados. También en estas apariciones le insistió en que el Papa debía consagrar Rusia a su Inmaculado Corazón.
Alfa y Omega

14 de febrero: san Cirilo, monje, y san Metodio, obispo


San Cirilo (827-869) y san Metodio (817-884 u 885), hermanos eran los hijos de un importante magistrado de Tesalónica, entonces una de las ciudades más notables del Imperio bizantino, que había sido diezmado dos siglos antes de sus posesiones en Oriente Medio. Formados conforme a su rango y condición, ambos estaban proyectados para ser parte de la élite imperial.
El hermano mayor, san Metodio, empezó desempeñando el cargo de arconte -equivalente a autoridad pública- en una provincia poblada por eslavos, impregnándose de su cultura, lengua y costumbres. Sin embargo, pronto se siente atraído por la vida espiritual y decidió ingresar en una comunidad monástica del Monte Olimpo. Años después se unió a él su hermano San Cirilo -que aún se llamaba Constantino-, y que había sido educado en la corte del Emperador Miguel III, antes de ejercer como bibliotecario del Patriarca de Constantinopla.
En principio, ambos planeaban pasar el resto de sus vidas como monjes; hasta que el gobierno imperial eligió al futuro San Cirilo para llevar a cabo una misión de tipo estratégico y religioso en las costas del Mar Negro: la fe cristiana era el objetivo. Una conversión masiva de los habitantes de la zona serviría los intereses estratégicos del Imperio. Constantino cumplió el encargo con éxito. San Metodio le acompañó.
Como consecuencia, se le abrieron las puertas de los que hoy es Europa Oriental. Las de Moravia -actual República checa- fueron las primeras. Slavorum Apostoli, la encíclica que les dedicó San Juan Pablo II en 1985, recoge la petición de ayuda que formuló a la corte bizantina el príncipe Ratislao de Moravia. «Han llegado hacia nosotros numerosos maestros eslavos…Pero nosotros los eslavos no tenemos a nadie que nos guíe a la verdad y nos instruya de modo comprensible». Los dos hermanos santos entendieron que era clave evangelizar a esos pueblos en su idioma; el futuro San Cirilo, por su parte, acuñó el alfabeto que lleva su nombre.
Siempre según Slavorum Apostoli, «junto a un gran respeto por las personas y a una desinteresada solicitud por su verdadero bien, los dos santos hermanos tuvieron adecuados recursos de energía, de prudencia y celo, y de caridad, indispensables para llevar a los futuros creyentes la luz». San Cirilo logró, además, que el Papa aceptara el eslavo como lengua litúrgica.
Muerto prematuramente san Cirilo -que adoptó su nuevo y definitivo nombre la víspera de su muerte-, san Metodio tomó su relevo, con rango episcopal, durante casi dos décadas. No sin dificultades -incomprensiones, guerras…-, perfeccionó la obra. León XIII extendió su culto a toda la Iglesia y san Juan Pablo II les proclamó santos patronos de Europa, pasando a compartir esa dignidad con san Benito.
J.M. Ballester Esquivias (@jmbe12)
Alfa Y Omega

COMENTARIO AL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS (10,1-9) POR BENEDICTO XVI





Queridos hermanos y hermanas: 

El evangelio de hoy presenta a Jesús que envía a setenta y dos discípulos a las aldeas a donde está a punto de ir, para que preparen el ambiente. Esta es una particularidad del evangelista san Lucas, el cual subraya que la misión no está reservada a los doce Apóstoles, sino que se extiende también a otros discípulos. 

En efecto, Jesús dice que "la mies es mucha, y los obreros pocos" (Lc 10, 2). En el campo de Dios hay trabajo para todos. Pero Cristo no se limita a enviar: da también a los misioneros reglas de comportamiento claras y precisas. 

Ante todo, los envía "de dos en dos" para que se ayuden mutuamente y den testimonio de amor fraterno. Les advierte que serán "como corderos en medio de lobos", es decir, deberán ser pacíficos a pesar de todo y llevar en todas las situaciones un mensaje de paz; no llevarán consigo ni alforja ni dinero, para vivir de lo que la Providencia les proporcione; curarán a los enfermos, como signo de la misericordia de Dios; se irán de donde sean rechazados, limitándose a poner en guardia sobre la responsabilidad de rechazar el reino de Dios. 

San Lucas pone de relieve el entusiasmo de los discípulos por los frutos de la misión, y cita estas hermosas palabras de Jesús: "No os alegréis de que los espíritus se os sometan; alegraos, más bien, de que vuestros nombres estén escritos en los cielos" (Lc 10, 20). 

Ojalá que este evangelio despierte en todos los bautizados la conciencia de que son misioneros de Cristo, llamados a prepararle el camino con sus palabras y con el testimonio de su vida. 

(Benedicto XVI, Ángelus del 8-7-2007)

EL REINO DE DIOS ESTÁ CERCA DE VOSOTROS




Lectura del santo evangelio según san Lucas (10,1-9):

En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él.

Y les decía: «La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que mande obreros a su mies. ¡Poneos en camino! Mirad que os mando como corderos en medio de lobos. 

No llevéis talega, ni alforja, ni sandalias; y no os detengáis a saludar a nadie por el camino. 

Cuando entréis en una casa, decid primero: "Paz a esta casa." Y, si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros. Quedaos en la misma casa, comed y bebed de lo que tengan, porque el obrero merece su salario. 

No andéis cambiando de casa. Si entráis en un pueblo y os reciben bien, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya, y decid: "Está cerca de vosotros el reino de Dios."»

Palabra del Señor

lunes, 13 de febrero de 2017

El G-9 cierra filas en torno a Francisco



Son muy pocos, pero hacen mucho ruido. Ya sea en forma de amenazas de "corrección pública", a través de mentiras en sus terminales mediáticos o eclesiásticos, o mediante campañas de contrapublicidad (después de siglos, han regresado los "pasquines" y las falsificaciones de diarios), los sectores ultraconservadores de la Curia intentan dinamitar las reformas de un Papa que tiene detrás el apoyo de la práctica totalidad de los creyentes de todo el mundo.
Entretanto, Francisco habla cuando tiene que hacerlo, y deja en su sitio a los "profetas de desventuras" y a las "resistencias malévolas" y, según el sustituto de la Secretaría de Estado, Angelo Becciu, "hasta se rió" cuando supo de la existencia de carteles en su contra en las calles de Roma.
Sin embargo, no está de más declaraciones como las que este lunes, durante su XIII reunión, ha realizado el coordinador del G-9, cardenal Rodríguez Maradiaga. Según informa la Oficina de Prensa de la Santa Sede, al inicio del encuentro, "el Cardenal Oscar Andrés Rodríguez Maradiaga, después de haber retornado el saludo al Santo Padre, le agradeció a nombre de todos los miembros por sus palabras en el discurso de Navidad a la Curia Romana el pasado 22 de diciembre de 2016, reconociendo en él un aliento y una orientación para los trabajos del Consejo".
En dicho discurso, el Papa arremetía contra los "pecados" de la Curia y las actitudes gatopardianas de los que se oponen, sin dar la cara, y también de las "resistencias malévolas" a cualquier cambio.
Al mismo tiempo, y "en relación a recientes sucesos, el Consejo de Cardenales expresa su pleno apoyo a la obra del Papa, asegurando al mismo tiempo su adhesión y sostenimiento plenos a su persona y su magisterio".
El G-9 está formado por los cardenales Oscar Rodríguez Maradiaga (Coordinador), Pietro Parolin (Secretario de Estado), Giuseppe Bertello, Francisco Javier Errázuriz Ossa, Sean Patrick O'Malley, Reinhard Marx, Laurent Monsengwo Pasinya, Oswald Gracias y George Pell.
Aunque la nota no los citaba, los "últimos episodios" eran la copia falsa de L'Osservatore y los carteles contra el Papa que empapelaron algunos barrios de la Ciudad Eterna. Por fortuna, en los dos últimos Angelus, decenas de miles de fieles se han congregado para gritar vivas al Pontífice, y asegurar su oración ante la dura tarea de reformar la Iglesia, tal y como se acordó en el Cónclave que lo eligió Papa. Mientras tanto, y según ha podido saber RD, la Policía italiana ya cuenta con algunas claves que podrían permitir conocer a los responsables de la publicidad falsa.
Jesús Bastante

¿Estamos preparados para morir?


Nos preparamos para los diversos eventos de nuestro diario vivir. Tomamos toda clase de medidas con vistas al futuro: inversiones, seguros, planes de estudio, de trabajo. Pero somos incapaces de prepararnos para el acontecimiento más cierto que nos va a sobrevenir, aunque no sabemos ni cómo ni cuándo. Se hace necesaria una educación para la muerte, mirarla de frente, aceptarla como parte integrante de la vida es tanto como ensanchar y enriquecer la vida misma. Urge responder a cuestiones vitales: ¿Hacia dónde me encamino, qué sueños tengo, qué ángeles me habitan, qué demonios me atormentan?
Conviene cultivar estas actitudes fundamentales: lograr una noción sabia del mundo y de la vida que lleva al reconocimiento y la gratitud por tanto don y prodigio en los que estamos inmersos. A la gratitud sucede la humildad y el arrepentimiento, conscientes de que la urdimbre de las maravillas está entretejida con tantas actuaciones nuestras equivocadas, tontas y ridículas. Vivir siendo creativos, generosos, aportando a los demás, que es una manera de no morir del todo. La vida es tiempo de amistad; es mejor morir con alguien que nos quiera y acompañe. Al final, nos preguntarán: «¿Has vivido?, ¿has amado?». Ojalá podamos presentar nuestro corazón lleno de nombres.
Se aprende a morir un poco cada día con el dolor y la enfermedad, con los amigos y familiares que se van, con los sueños e imaginaciones sobre la muerte, con la experiencia de las diversas etapas que dejamos atrás, con los fracasos personales o profesionales. Recorremos el camino de cada día con la confianza de que, en cada tramo, Jesucristo es nuestro buen cirineo que ayuda a soportar el peso de la jornada. Tras la muerte, Él saldrá a nuestro encuentro para acompañarnos a la casa del Padre, donde se nos adelantó para prepararnos un sitio. Allí será el hogar del reencuentro con todos los que nos precedieron, en torno a una gran mesa para celebrar que el amor es más fuerte que la muerte. Reconcíliate contigo mismo, ponte frente al espejo, piensa que estás en las manos de Dios y decide, ahora mismo, ser feliz.
Jesús García Herrero
Capellán del tanatorio M-30. Madrid
Alfa y Omega

Comentario del papa Francisco a ¿Por qué esta generación reclama un signo?


«¿Por qué esta generación reclama un signo?», pregunta el Señor en el pasaje evangélico de Marcos, respondiendo a la petición de los fariseos. Así quería decir que «esta generación es como los niños que escuchan música de alegría y no bailan, escuchan música de luto y no lloran. Nada está bien». En efecto, «la persona que no tiene paciencia es una persona que no crece, que permanece en los caprichos de los niños, que no sabe tomar la vida como se presenta», y sólo sabe decir: «o esto o nada».

Cuando no se tiene paciencia, «ésta es una de las tentaciones: convertirse en caprichosos» como niños. Y otra tentación de aquellos «que no tienen paciencia es la omnipotencia», encerrada en la pretensión: «¡Quiero las cosas de inmediato!». Precisamente a esto se refiere el Señor cuando los fariseos le piden «un signo del cielo». 

En realidad, «¿qué querían? Querían un espectáculo, un milagro». Al fin de cuentas es la misma tentación que el diablo propuso a Jesús en el desierto, pidiéndole hacer algo —todos creerían si la piedra se convertía en pan— o tirarse desde el templo para mostrar su poder.

Los fariseos, al pedir un signo a Jesús, «confunden el modo de obrar de Dios con el modo de obrar de un mago». Pero, precisó el Santo Padre, «Dios no actúa como un mago. Dios tiene su modo de ir adelante: la paciencia de Dios». Y nosotros «cada vez que nos acercamos al sacramento de la reconciliación cantamos un himno a la paciencia de Dios. ¡Cómo nos lleva el Señor sobre los hombros, con cuánta paciencia!».

«La vida cristiana —sugirió el Papa— debe desarrollarse desde esta música de la paciencia, porque fue precisamente la música de nuestros padres: el pueblo de Dios». La música de «aquellos que creyeron en la Palabra de Dios, que siguieron el mandamiento que el Señor había dado a nuestro padre Abrahám: camina en mi presencia y sé irreprensible».

El pueblo de Dios «sufrió mucho: fueron perseguidos, asesinados, debían esconderse en las cuevas, en las cavernas. Y tuvieron la alegría, el gozo —como dice el apóstol Santiago— de saludar desde lejos las promesas». Es precisamente ésta «la paciencia que nosotros debemos tener en las pruebas». Es «la paciencia de una persona adulta; la paciencia de Dios que nos conduce, nos sostiene sobre los hombros; y la paciencia de nuestro pueblo» destacó el Pontífice exclamando: «¡Cuán paciente es nuestro pueblo aún ahora!».

Son muchas las personas que sufren y son capaces de llevar «adelante la vida con paciencia. No piden un signo», como los fariseos, «pero saben leer los signos de los tiempos». Así, «saben que cuando brota la higuera se acerca la primavera». En cambio, las personas «impacientes» que presenta el Evangelio «querían un signo» pero «no sabían leer los signos de los tiempos. Por ello no reconocieron a Jesús».

En la Carta a los Hebreos se dice que «el mundo era indigno del pueblo de Dios». Hoy «podemos decir lo mismo de esta gente de nuestro pueblo: gente que sufre, que sufre muchas, muchas cosas, pero no pierde la sonrisa de la fe, que tiene la alegría de la fe». Sí, también de todos ellos «no es digno el mundo». Es precisamente «esta gente, nuestro pueblo, en nuestras parroquias, en nuestras instituciones», quienes llevan «adelante la Iglesia con su santidad de todos los días, de cada día».

Pidamos al Señor que nos dé «a todos nosotros la paciencia: la paciencia alegre, la paciencia del trabajo, de la paz», «la paciencia de nuestro pueblo fiel que es tan ejemplar».

(De la homilía del Papa Francisco en Santa Marta el 17 febrero 2014

Padre Lombardi: Francisco siente el apoyo de su predecesor Benedicto XVI


El 11 de febrero de 2013 el papa Benedicto XVI presentó su renuncia al ministerio petrino. Un gesto inédito que cuatro años después se comprende siempre más profundamente gracias también a la extraordinaria relación de hermanad entre Francisco y el papa emérito.
Lo indicó hoy a la Radio Vaticano el padre Federico Lombardi, portavoz emérito de la Santa Sede y actual presidente de Fundación vaticana Joseph Ratzinger-Benedicto XVI.
El padre Lombardi segura que “el modo en que Benedicto XVI ha vivido y vive en estos años corresponde a lo que había dicho, o sea en oración, en retiro, desde un punto de vista espiritual”. Y por lo que se refiere al acompañar la vida de la iglesia “con extrema discreción y siendo solidario con su sucesor”.
Señaló que tuvo oportunidad de encontrar a Benedicto XVI en los últimos meses, quien se encuentra “perfecto desde el punto de vista de la lucidez, de la presencia espiritual, mental y por lo tanto ha sido un verdadero placer estar con él”.
El ex portavoz reconoce entretanto que el tiempo pasa y por lo tanto “las fuerzas físicas se van debilitando”. A pesar de ello asegura Lombardi “no tiene enfermedades particulares, por lo tanto es la fragilidad que aumenta con la edad”. Aseguró además que “puede estar parado y caminar por la casa”.
“Su vivir este tiempo en la oración –asegura el actual presidente de la Fundación– está en perfecta coherencia con lo que apenas ha sido dicho, o sea poniendo a Dios en el centro, la fe como sentido de la vida, y lo que encuentro muy lindo es este sentido de la proximidad al encuentro con Dios; vivir la ancianidad como un tiempo para prepararse y familiarizarse con el Señor que se prepara a encontrarlo”.
“Creo sea muy hermoso que haya un papa emérito que reza por la Iglesia, por su sucesor”, además porque “es una presencia que nosotros sentimos, porque él está aunque no lo veamos con frecuencia”.
Interrogado sobre la relación entre los dos Papas, el sacerdote italiano asegura que es una relación “inédita que es vivida con extrema serenidad y normalidad”.
“Todos recordamos evidentemente, el último encuentro del papa Benedicto con los cardenales que estaban llegando a Roma para prepararse al cónclave, y aunque no sabía quien de ellos sería su sucesor le prometía obediencia” señaló.
Allí estaba el cardenal Bergoglio, hoy el papa Francisco, que siente “el apoyo de esta presencia y de esta oración”, a veces visitándolo, otras llamándolo por teléfono, “seguramente con muchas manifestaciones de familiaridad, de respeto y contando con su apoyo espiritual”.
“Todas las veces que vemos imágenes –concluye Lombardi– del papa Francisco y de su predecesor juntos, es una gran alegría para todos y un hermoso ejemplo de unión en la Iglesia, en la variedad de las condiciones”.
Zenit

Que nada se pierda


Febrero es el mes de Manos Unidas. En su 58ª campaña, nos recuerda que «un tercio de nuestros alimentos acaba en la basura. Mientras, 800 millones de personas siguen pasando hambre en el mundo».
Mientras la sociedad de consumo se convierte en sociedad de despilfarro, aflora, fruto de la misma crisis de valores que propicia este cambio, una emergente sociedad empobrecida. El espectáculo está servido: si ya en el entorno de las sociedades del bienestar conviven puerta con puerta el despilfarro con la pobreza, ¿cómo es el mapa que reparte despilfarro y miseria en el mundo?
Si sumamos los 89 millones de toneladas de alimentos que se tiran anualmente en Europa a los 40 millones de toneladas que se tiran en Estados Unidos, nos acercamos con esa cifra al tercio de los alimentos que se producen en el mundo. Es decir, que si el elemento básico e imprescindible para vivir y por su puesto para aspirar a una calidad de vida es, junto al agua potable, el alimento, el actual sistema económico y moral instaurado en el mundo desde sus regiones más desarrolladas se presenta en flagrante fracaso: un tercio de lo que se produce como alimento para la humanidad se despilfarra. ¿Cómo? Del despilfarro europeo en alimentos un 39 % procede de los productores, un 14 % de los servicios de catering y restauración, un 5 % del sector de la distribución y un 42 % de los particulares, quienes arrojamos a las bolsas de la basura, como media, 179 kilogramos de alimentos al año.
Y la sentencia «que nada se pierda» (Jn. 6,12) de la escena evangélica de la multiplicación de los panes y los peces hace evidente que compartir solidariamente alimentos no es asistencialismo sino justicia, aquella que iguala la oferta y la demanda del alimento no según las leyes del mercado, sino según las leyes del bien común, que no son otras que las del sentido común. Y que hacen que mientras baja el despilfarro de alimentos suba, como en unos vasos comunicantes, el aprovechamiento alimenticio de quienes más lo necesitan. Pero este tipo de respuesta solidaria local, encomiable, no es suficiente para responder al hambre en el mundo.
Solo un «que nada se pierda» que responda a una cambio de mentalidad y de hábitos de consumo puede ser el detonador de una solidaridad global, o de una globalización de la solidaridad, como le gusta decir al Papa Francisco. Él mismo en su encíclica Laudato si nos recuerda que aún «es posible un estilo de vida alternativo».
Manuel María Bru
Alfa y Omega

«En todo está Dios, y en todo se encuentran signos de su presencia»


Adolfo Nicolás, superior general de los jesuitas entre 2008 y 2016, reflexiona sobre los retos de la misión en Japón y en Asia. Igual que los primeros cristianos buscaron una síntesis con el pensamiento de los filósofos paganos, «no hay evangelización posible sin alianzas con el budismo o el sintoísmo»
Tras pasar unas semanas en Madrid, Adolfo Nicolás vuelve a Asia, con escala en Roma. Mientras la salud se lo permita, el ex prepósito general de los jesuitas se pone a disposición de la Compañía de Jesús, no sabe todavía si para servir en Filipinas o volver a Japón, el país donde se ordenó sacerdote el 17 de marzo de 1967 (sus bodas de oro están al caer). Tenía 30 años. La mayor parte de su vida la ha pasado desde entonces en el lejano Oriente, donde –confiesa– se siente más en casa que en Europa. Uno de sus mayores retos es ayudar a configurar un cristianismo de rostro genuinamente asiático. La nueva película de Martin Scorsese ha avivado en él esta inquietud.
¿Recomienda entonces ver Silencio?
Sí, la recomiendo. Es la película ideal para quien quiera reflexionar acerca de la evangelización de Japón. Cuando se publicó la novela en que se basa la película, en el año 66, ya hubo allí cierta reacción negativa por parte del clero diocesano más que por parte de los jesuitas. Porque el clero diocesano problematiza que el japonés no entiende el cristianismo. Pero era un libro que hacía pensar, y todo lo que hace pensar es bueno.
¿Qué factores han dificultado la evangelización de Japón?
En Japón hemos cometido errores, como en todas partes. El error principal es no haber sabido entrar en la cultura y en la vida de su gente. Yo creo que no hay evangelización posible sin alianzas con el budismo o el sintoísmo. Los primeros cristianos estaban fascinados con encontrar las raíces del cristianismo en los filósofos o en los poetas paganos, pero eso ha sido flojo en nuestra generación. No nos inculcaron la urgencia de estudiar el budismo y el sintoísmo como merecían. Y eso es una debilidad muy fuerte. Yo estuve en el Sínodo de la Nueva Evangelización y ahí no se habló nunca de los errores de la vieja evangelización. ¿Cómo podemos hablar de una nueva evangelización sin reconocer que nos ha faltado algo en la vieja evangelización? Yo creo que el interés de Silencio va por ahí.
¿Qué nexos de unión percibe entre el cristianismo y la cultura japonesa?
El budismo creo que tiene raíces profundamente cristianas como el desapego, la convicción de que todo es transitorio y las cosas tienen una belleza en sí… Una película puramente budista que fui a ver en Japón cuenta la historia de un señor a quien le dice el médico que tiene cáncer y le quedan seis meses de vida. Busca entre sus amigos quién tiene cáncer y se encuentra a uno al que le quedan tres meses de vida. Le va a visitar y le pregunta: «¿Qué haces durante el día?». El otro responde: «Salgo al jardín, veo una flor y me quedo contemplándola». Así pasa el tiempo, encontrándose con la realidad tal como es: la cuestión no es si esta flor es bonita en un ramo; no hace falta el ramo, solo la flor como es.
El budismo es más meditación y muerte, mientras que el sintoísmo es vida y celebración. Por eso se dice que los japoneses nacen sintoístas, se casan católicos y mueren budistas.
También ha hablado usted mucho de la misericordia en el budismo.
Recuerdo a un cardenal de América Latina que se fue a Japón y en once días ya tenía su tesis hecha: los japoneses no entienden la misericordia de Dios. ¡Pero si eso es lo único que entienden! Porque la compasión es la virtud budista más profunda. Ellos no necesitan a un Dios juez. Por eso, de las cosas mejores de Francisco fue cuando le preguntaron por los homosexuales y él dijo aquello de «quién soy yo para juzgar a otros». Cuando a una persona la sociedad ya le ha juzgado y condenado, es importante que el Papa diga esto. El Evangelio nos dice que no juzguemos a los demás y no seremos juzgados.
El Papa insiste también en algo muy jesuítico, el discernimiento. ¿Cree que se entiende bien qué es esto?
Este es uno de los puntos clave de este pontificado. A los jesuitas de Polonia les dijo que necesita más de ellos porque el clero no está suficientemente preparado todavía para discernir. Si se toma el discernimiento en serio, a los laicos no hay que darles respuestas, hay que plantearles un discernimiento. Y eso es difícil. Porque supone considerar que la voluntad de Dios está abierta, y eso no es lo que prima muchas veces en la Iglesia, donde se considera a menudo que la voluntad de Dios está ya clara y que quiere que todos vengan a determinado redil, con un único pastor. Las luces que pueda haber en otras religiones se consideran siempre como una sombra, no son luces, sino sombras que anuncian otra cosa. Y eso nos trae algunos problemas.
¿Como cuáles?
No ser capaces de comprender que las otras religiones son lo mejor que una cultura puede ofrecer. Las culturas asiáticas, por ejemplo, han producido el budismo: este es su mejor fruto. Y sin embargo, hubo un tiempo en el que pensábamos, yo lo pensaba también, que esa religión era un producto del diablo, y resulta que es obra del Espíritu. Hoy esto lo entendemos mejor.

¿Por qué esta generación reclama un signo?


Lectura del santo Evangelio según san Marcos 8, 11-13
En aquel tiempo, se presentaron los fariseos y se pusieron a discutir con Jesús; para ponerlo a prueba, le pidieron un signo del cielo.
Jesús dio un profundo suspiro y dijo:
«¿Por qué esta generación reclama un signo? En verdad os digo que no se le dará un signo a esta generación».
Los dejó, se embarcó de nuevo y se fue a la otra orilla.
Palabra del Señor.

domingo, 12 de febrero de 2017

Papa: ser cristianos ¡no “de fachada”, sino de sustancia!

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
La liturgia del día nos presenta otra página del Sermón de la montaña, que encontramos en el Evangelio de Mateo (Cfr. 5, 17-37). En este pasaje, Jesús quiere ayudar a quienes lo escuchan a realizar una relectura de la ley mosaica. Lo que fue dicho en la Antigua Alianza, ¿era verdad? Sí, era verdad, pero no era todo: Jesús ha venido para dar cumplimento y para promulgar, de modo definitivo, la ley de Dios, hasta la última jota. Él manifiesta sus finalidades originarias y cumple los aspectos auténticos, y hace todo esto su predicación y más aún con el ofrecimiento de sí mismo en la cruz. Así Jesús enseña cómo cumplir plenamente la voluntad de Dios y usa esta parábola, ¡eh!; con una “justicia superior” con respecto a la de los escribas y de los fariseos (Cfr. v. 20). Una justicia animada por el amor, por la caridad, por la misericordia, y, por tanto, capaz de realizar la sustancia de los mandamientos, evitando el riesgo del formalismo. El formalismo: esto puedo, esto no puedo; hasta aquí, puedo, hasta acá no puedo… No: más, más, más.
De manera especial, en el Evangelio de hoy Jesús examina tres aspectos, tres mandamientos: el homicidio, el adulterio y el juramento.
Con respecto al mandamiento “no matar”, Él afirma que es violado no sólo por el homicidio efectivo, sino también por aquellos comportamientos que ofenden la dignidad de la persona humana, incluidas las palabras injuriosas (Cfr. v. 22). Ciertamente, estas palabras injuriosas no tienen la misma gravedad y culpabilidad del asesinato, pero se ponen en la misma línea, porque son sus premisas y revelan la misma malevolencia. Jesús nos invita a no establecer una jerarquía de las ofensas, sino a considerarlas todas dañinas, en cuanto movidas por la intensión de hacer el mal al prójimo. Y Jesús da el ejemplo. Insultar: pero, nosotros estamos acostumbrados a insultar, es como decir “buenos días”. Y esto está en la misma línea del matar. Quien insulta al hermano, mata en su propio corazón al hermano. Por favor, ¡no insultar! No ganamos nada…
Otro cumplimiento es aportado a la ley matrimonial. El adulterio era considerado una violación al derecho de propiedad del hombre sobre la mujer. En cambio Jesús va a la raíz del mal. Así como se llega al homicidio a través de las injurias, las ofensas y los insultos, del mismo modo se llega al adulterio a través de las intenciones de posesión con respecto a una mujer diversa de la propia esposa. El adulterio, como el robo, la corrupción y todos los demás pecados, son concebidos primero en nuestro ámbito íntimo y, una vez realizada en el corazón la elección equivocada, se ponen en práctica en el comportamiento concreto. Y Jesús dice: el que mira a una mujer que no es la propia con ánimo de posesión, es un adúltero en su corazón. Ha comenzado el camino del adulterio. Pensemos un poco sobre esto: los pensamientos malos que vienen en esta línea.
Además, Jesús dice a sus discípulos que no juren, en cuanto el juramento es signo de la inseguridad y de la falsedad con que se desarrollan las relaciones humanas. Se instrumentaliza la autoridad de Dios para dar garantía de nuestras vicisitudes humanas. Más bien estamos llamados a instaurar entre nosotros, en nuestras familias, en nuestras comunidades, un clima de transparencia y de confianza recíproca, de modo que podamos ser considerados sinceros sin recurrir a intervenciones superiores para ser creídos. ¡La desconfianza y la difidencia recíproca siempre amenazan la serenidad!
Que la Virgen María, mujer de la escucha dócil y de la obediencia feliz, nos ayude a acercarnos cada vez más al Evangelio, para ser cristianos ¡no “de fachada”, sino de sustancia! Y esto es posible con la gracia del Espíritu Santo, que nos permite hacer todo con amor, y así cumplir plenamente la voluntad de Dios.

La Virgen y el sacramento de la Penitencia


La Virgen María ocupa un lugar muy particular para los creyentes en Cristo. Ella fue concebida inmaculada. Ella aceptó plenamente la voluntad de Dios en su vida. Ella, como Puerta del cielo, dio permiso a Dios para entrar en la historia humana. Ella estuvo al pie de la Cruz de su Hijo. Ella oraba con la primera comunidad cristiana en la espera del Espíritu Santo.

Por eso María está presente, de un modo discreto pero no por ello menos importante, en el sacramento de la Eucaristía. Las distintas plegarias la mencionan, pues no podemos participar en el misterio pascual de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo sin recordar a la Madre del Redentor.

¿Está también presente la Virgen en el sacramento de la confesión? En el ritual de la Penitencia no hay menciones específicas de María. Ni en los saludos, ni en la fórmula de absolución, ni en la despedida.

En algunos lugares, es cierto, se conserva la devoción popular de iniciar la confesión con el saludo “Ave María purísima. Sin pecado concebida”. Pero se trata de un saludo no recogido por el ritual, y que muchos ya no utilizan.

Sin embargo, aunque el rito no haga mención explícita de la Virgen, Ella está muy presente en este sacramento.

En la tradición de la Iglesia María recibe títulos y advocaciones concretas que la relacionan con el perdón de los pecados. Así, la recordamos como Refugio de los pecadores, como Madre de la divina gracia, como Madre de la misericordia, como Madre del Redentor y del Salvador, como Virgen clemente, como Salud de los enfermos.

A lo largo del camino cristiano, Ella nos acompaña y nos conduce, poco a poco, hacia Cristo. La invitación en las bodas de Caná, “haced lo que Él os diga” (cf. Jn 2,5) se convierte en un estímulo para romper con el pecado, para acudir al Salvador, para abrirnos a la gracia, para iniciar una vida nueva en el Hijo.

Por eso, en cada confesión la Virgen está muy presente. Tal vez no mencionamos su nombre, ni tenemos ninguna imagen suya en el confesionario. Pero si resulta posible escuchar las palabras de perdón y de misericordia que pronuncia el sacerdote en nombre de Cristo es porque María abrió su corazón, desde la fe, a la acción del Espíritu Santo, para acoger el milagro magnífico de la Encarnación del Hijo.

La Virgen, de este modo, acompaña a cada sacerdote que confiesa y a cada penitente que pide humildemente perdón. Su presencia nos permite entrar en el mundo de Dios, que hizo cosas grandes en Ella, que derrama su misericordia de generación en generación (cf. Lc 1,48-50), hasta llegar a nosotros también en el sacramento de la Penitencia.


P. Fernando Pascual