miércoles, 7 de diciembre de 2016

10 tips de los sacerdotes para una confesión mejor



Ojalá pudiera escuchar las confesiones de otras personas.
No te preocupes, no voy a poner escuchas en los confesionarios del convento. Simplemente creo que podría aprender algo escuchando cómo se enfrentan los demás a la confesión.

Hace varios años ya que tomo parte en el sacramento de la Penitencia, pero aún tengo la impresión de no saber exactamente qué estoy haciendo. A veces salgo del confesionario con dudas: “¿Lo he hecho bien? ¿Debería haber sido más específica? ¿He sido suficientemente sincera?”.

El otro día, al salir de confesarme, pensé: “¡Ya sé! Voy a pedir consejo a los hombres que  se dedican a escuchar las confesiones de la gente”.

Ojalá pudiera escuchar las confesiones de otras personas.

No te preocupes, no voy a poner escuchas en los confesionarios del convento. Simplemente creo que podría aprender algo escuchando cómo se enfrentan los demás a la confesión.Hace varios años ya que tomo parte en el sacramento de la Penitencia, pero aún tengo la impresión de no saber exactamente qué estoy haciendo. A veces salgo del confesionario con dudas: “¿Lo he hecho bien? ¿Debería haber sido más específica? ¿He sido suficientemente sincera?”.

El otro día, al salir de confesarme, pensé: “¡Ya sé! Voy a pedir consejo a los hombres que  se dedican a escuchar las confesiones de la gente”.
Y esto es lo que me dijeron:

1.       Padre Bryan Brooks, Tulsa, Oklahoma:
Al hacer un examen de conciencia nos enfrentamos con nuestros pecados, pero cuando vamos a confesión, nos enfrentamos al amor, la misericordia y el perdón de Dios.

2.       Padre Sean Donovan, Pawhuska, Oklahoma:
Después de contar cuánto hace más o menos de tu última confesión, háblale al cura brevemente de ti mismo (¿Estás soltero, tienes pareja, casado por segunda vez, eres una hermana religiosa?). Conocer tu situación nos ayuda a aconsejarte mejor.

3.       Padre Gabriel Mosher, OP, Portland, Oregón:
Los pecados son malas elecciones, no emociones desagradables; así que confiesa tus pecados, no tus estados emocionales.

4.       Padre Damian Ference, Wickliffe, Ohio:
Los pecados cometidos son una ofensa a Dios, pero los pecados confesados son un cántico a Dios. Así que, cuando confiesas tus pecados a un sacerdote en el sacramento de la Reconciliación, debes saber que también estás cantando una alabanza a Dios por su gran misericordia.

5.       Padre Matthew Gossett, Steubenville, Ohio:
¡La confesión frecuente es edificante para tu sacerdote y buena para tu alma! Los pecados, en especial los habituales o arraigados, requieren paciencia y perseverancia. Nunca te rindas, no importa cuántas veces hayas cometido el mismo pecado (…). La confesión es un sacramento de curación y, como con las heridas físicas, las heridas espirituales pueden necesitar algún tiempo para sanar por completo.

6.       Padre James Martin, SJ, Ciudad de Nueva York, Nueva York:
La confesión no trata tanto de lo malo que eres sino de lo bueno que es Dios.

7.       Padre Anthony Gerber, Cottleville, Misuri:
El sacerdote es como un médico: cuando vas al médico, le dices qué es lo que te ha estado doliendo con más o menos detalle, para que sepa cómo tratarte de la mejor forma. Y recuerda: ya ha visto a muchos pacientes con los mismos síntomas. ¡Confía en él, escucha su consejo y mejorarás pronto!

8.       Padre Joshua Whitfield, Dallas, Texas:
Dios obra mejor con una confesión sencilla y humilde de los pecados. Dios no necesita una novela. Ya la ha leído. El orgullo y la impenitencia a veces se esconden bajo nuestra verborrea. Hablen con sencillez y claridad, mencionando sus pecados: es como despojarse camino de la Cruz, para la muerte de nuestros pecados y la resurrección del perdón.

9.       Padre Jeffrey Mickler, SSP, Youngstown, Ohio:
Habla sin miedo, no te preocupes por nada. El amor de Dios es más fuerte que nuestros pecados.

10.    Padre Matthew Schneider, LC, Washington DC:
Para muchas personas, la mayor mejoría en la confesión sería cambiar la percepción de que es una lista obligatoria y abstracta de pecados, en vez de considerarlo una renovación de la relación con Dios.

¡Y un extra!
11.    Padre Mark Menegatti, O.S.A.:
La confesión no es sólo una eliminación del pecado, es un encuentro con Cristo.

¿Te han resultado útiles estos consejos?
El consejo número 3 me hizo replantearme mi forma de hacer el examen de conciencia y me di cuenta de que probablemente debería ser más específica a la hora de enumerar mis pecados (no porque le haga falta a Dios, sino porque me ayudaría a mí). Y todos estos consejos han renovado mi amor hacia el sacramento de la Penitencia y hacia todos los sacerdotes que entregan sus vidas para servir a Dios y a su pueblo.
Si algún otro consejo les pareció especialmente útil, ¡no duden en compartir sus impresiones con los demás lectores en los comentarios!

Aleteia

Venid a mí todos los que estáis cansados

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 11,28-30

En aquel tiempo, Jesús tomó la palabra y dijo:
- «Venid a mi todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré.
Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso. para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera».
Palabra del Señor

El Papa denuncia la "doble vida de muchos cristianos, también de muchos que son sacerdotes u obispos"



 Quien no conoce la ternura de Dios no conoce la doctrina cristiana, dijo el papa Francisco en la homilía de la misa matutina celebrada este martes en la Casa Santa Marta del Vaticano, dedicada en gran parte a la figura de Judas.
En el centro de la homilía del Papa estuvo el Evangelio de la oveja perdida y la alegría por el consuelo del Señor que no deja nunca de buscarla. "Él viene como juez, explicó el Papa, pero como un juez que acaricia, un juez que está lleno de ternura, hace de todo para salvarnos". No viene "a condenar sino a salvar". Nos busca a cada uno de nosotros, nos ama personalmente, "no ama a la masa indistinta", sino que nos "ama con nombre, nos ama como somos".
La oveja perdida, comentó el Papa, "no se ha perdido porque no tenía una brújula en la mano. Conocía bien el camino". "Se ha perdido porque tenía el corazón enfermo",cegado por una "disociación interior" y huye "para alejarse del Señor, para saciar esa oscuridad interior que lo llevaba a la doble vida": estar en el rebaño pero a la vez escapar hacia la oscuridad.
"El Señor conoce estas cosas" y por eso va a buscarla. "La figura que más que hace entender la actitud del Señor con la oveja perdida, confesó el Papa, es la actitud del Señor con Judas".
"La oveja perdida más perfecta del Evangelio es Judas: un hombre que siempre, siempre tenía algo de amargura en el corazón, algo que criticar a los demás, siempre distanciado. No conocía la dulzura de la gratuidad de vivir con los demás. Y siempre, (aunque esta oveja no estaba insatisfecha, Judas no era un hombre insatisfecho), escapaba".
"Escapaba porque era ladrón, siempre por ese lado. Otros son lujuriosos, otros... Pero siempre escapan porque tienen esa oscuridad en el corazón que los separa del rebaño. Es la doble vida, esa doble vida de muchos cristianos, también, con dolor lo digo: de muchos que son sacerdotes, obispos...", dijo Francisco.
"Judas era obispo, uno de los primeros ¿eh? La oveja perdida ¡Pobre! Pobre el hermano Judas como lo llamaba Mazzolari en ese sermón tan bello: ‘Hermano Judas ¿qué le pasa a tu corazón?'. Tenemos que entender a las ovejas perdidas. Todos tenemos algo, aunque sea pequeño (a veces no tanto) de oveja perdida".
 Esto que hace la oveja perdida, destacó el Papa, no es tanto un error como una enfermedad, algo que está en el corazón y que el diablo aprovecha. Así Judas con el "corazón dividido, disociado", es la imagen de la oveja perdida a la que el pastor va a buscar.

Pero Judas no entiende y "al final cuando ha visto la doble vida que ha hecho en la comunidad, el mal que ha sembrado, con su oscuridad interior, que lo llevaba a escapar siempre, buscando luces que no son la luz del Señor, sino que son como adornos navideños, "luces artificiales", se desesperó.
El Papa comentó: "Hay una palabra en la Biblia, el Señor es bueno, también para estas ovejas, no deja nunca de buscarlas. Hay una lectura que cuenta que Judas se ahorcó, se ahorcó ‘arrepentido'. Creo que el Señor tomará esa palabra (‘arrepentido') y la llevará consigo, no lo sé, puede suceder, pero esa palabra nos hace dudar".
"¿Qué significa? Que hasta el final el amor de Dios trabajaba en ese alma, hasta el momento de la desesperación. Esta es la actitud del buen pastor con las ovejas perdidas", reflexionó el Papa.
"Este es el anuncio, la Buena Noticia que nos lleva a Navidad y que nos pide esta sincera exultación que cambia el corazón, que nos lleva a dejarnos consolar por el Señor y no por los consuelos que vamos buscando para desfogarnos, para huir de la realidad, huir de la tortura interior y de la división interior".
Jesús, cuando encuentra a la oveja perdida no la insulta, aunque haya hecho mucho mal. En el Huerto de los olivos llama a Judas "amigo". Son las caricias de Dios.
"¡Quien no conoce las caricias del Señor no conoce la doctrina cristiana! -exclamó el Papa-. Quien no se deja acariciar por el Señor ¡está perdido! Y esta es la Buena Noticia, este es el consuelo que buscamos, que venga el Señor con su poder, recibir sus caricias, que nos encuentre, que nos salve y que, como a la oveja perdida, nos lleve al rebaño que es su Iglesia".
"Que el Señor nos dé esta gracia de esperar la Navidad con nuestras heridas, con nuestros pecados, reconocidos con sinceridad, de esperar el poder de este Dios que viene a consolarnos, que viene con poder pero este poder que es ternura, las caricias que nacen de su corazón -concluyó-, un corazón tan bueno que ha dado la vida por nosotros".


martes, 6 de diciembre de 2016

Desde Fátima invitan a una Navidad sin consumismo



 Desde el santuario de Fátima llega un pedido: una Navidad lejos de las campañas comerciales porque este evento exige “una conversión interior” que valorice la acogida  de manera que “la esperanza tenga un rostro”.
Lo pidió el vicerrector del santuario de Fátima, Vitor Coutinho, en la homilía que pronunció ayer domingo en la basílica de la Santísima Trinidad.
“La gran novedad de nuestra esperanza cristiana es que tiene un rostro” dijo, haciendo hincapié en que “los hombres y mujeres bautizados somos personas que tenemos la esperanza de vivir una vida llena de sentido, sabiendo que la plenitud de la vida está ante nosotros y no detrás”.
Padre. Vitor Coutinho destacó que con el nacimiento de Jesús en Belén es el mismo Dios que habita entre nosotros para proponemos una verdadera conversión, que significa “un cambio de actitud, de vida sin negociaciones o condiciones previas”. Y más allá de la alegría exterior que este evento produce es necesario “cambiar el corazón para aceptar a este Dios. Invitó así a los peregrinos a “convertirnos todos los días, a partir de esta celebración”.
“Vivimos en una época en que las sociedades de nuestro mundo no logran garantizarnos un futuro esperanzador; no sabemos cómo desarrollar una economía que satisfaga las necesidades de todos”, dijo y destacó “las amenazas a la paz” y “la degradación de los recursos naturales” que parecen no tener fin.
Y “mientras que las sociedades humanas nos proponen sueños, la palabra de Dios nos ofrece ideales y la fe nos da perspectivas de vida; cuando las ideologías proponen utopías, Dios nos ofrece metas que nos inspiran”, dijo.
“Esta es la gran diferencia; Por eso la esperanza cristiana –concluyó– es diferente de la esperanza mundana y en esta ocasión en que vivimos, marcado por la falta de esperanza también tenemos que vivir más este tiempo de Adviento”.

6 de diciembre: san Nicolás de Bari


San Nicolás nació en Patra de Licia (actualmente en territorio turco) en el año 280. Recibió una buena educación de sus padres, de los que, desgraciadamente, se quedó huérfano muy pronto. Su formación corrió a cargo de un tío suyo, a la sazón obispo de Mira, que le ayudó hasta que se ordenó sacerdote. Esa vida tampoco le llenaba, por lo que decidió abandonar el mundo y retirarse a la Tebaida, aquellos yermos en los que abundaban los monjes que llevaban una vida centrada en la oración y el sacrificio.
En ese remanso de paz se encontraba cuando falleció su tío el obispo: los ojos del clero y del pueblo se centraron en san Nicolás, al que, muy a su pesar no le quedó más remedio que entregarse en cuerpo y alma al gobierno de la diócesis. Según la leyenda, su consagración episcopal estuvo rodeada de milagros: uno de ellos cuenta que una mujer puso a los pies del nuevo obispo a su hijo que había sido abrasado por las llamas. San Nicolás le devolvió la vida.
En el año 325, mientras viajaba a Nicea para asistir al famoso concilio, se produjo uno de los tantos milagros que se le atribuyen, devolviendo también a la vida a tres jóvenes que habían sido matado por un bárbaro; de ahí que se le suela representar junto a un cubo y las tres cabezas de los resucitados. Si embargo, San Nicolás también sabía mostrarse firme y en Nicea fue uno de los obispos que condenó sin ambages las doctrinas arrianas.
Fue el primer santo no mártir que gozó de especial devoción en Oriente y Occidente. Es seguramente una de las razones de su popularidad, por ser el santo de los regalos y por el gran número de iglesias que le están dedicadas. Sus reliquias reposan en la catedral de la ciudad italiana de Bari.
Alfa y Omega

"Se alegra por ella, más que por las noventa y nueve que no se extraviaron"



  Pero, miremos ahora a nuestro pastor, Cristo. Miremos su amor por los hombres y su ternura para conducirnos a pastos abundantes. Se alegra con las ovejas que están a su alrededor y busca a las que están descarriadas. Ni montañas ni bosques son obstáculo, él baja a los valles tenebrosos (Sal 22,4) para llegar al lugar donde está la oveja perdida... Habiéndola encontrado enferma, no la desprecia, sino que la cuida; tomándola sobre sus hombros, cura con su propio cansancio a la oveja fatigada. Su cansancio lo llena de alegría, porque ha encontrado la oveja perdida, y esto le cura su pena: "¿Quién de vosotros, dice él, si tiene cien ovejas y pierde una, no abandona las otras noventa y nueve en el desierto para irse en busca de la que está perdida, hasta que la encuentre?"

      La pérdida de una sola oveja, enturbia la alegría del rebaño reunido, pero la alegría de encontrarla cambia esta tristeza: "cuando la ha encontrado, reúne a sus amigos y vecinos y les dice: Alegraos conmigo, porque he encontrado mi oveja perdida" (Lc 15,6). Por eso Cristo, que es este pastor, dijo: "Yo soy el buen pastor" (Jn 10,11). "Yo busco la oveja perdida, hago volver a la que se ha extraviado, vendo a la que está herida, curo a la que está enferma" (Ez 34,16).

Comentario por Basilio de Seleucia 

Dios no quiere que se pierda ni uno de estos pequeños


Lectura del santo Evangelio según san Mateo 18, 12-14
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
- «¿Qué os parece? Suponed que un hombre tiene cien ovejas: si una se le pierde, ¿no deja las noventa y nueve en los montes y va en busca de la perdida? Y si la encuentra, en verdad os digo que se alegra más por ella que por las noventa y nueve que no se habían extraviado.
Igualmente, no es voluntad de vuestro Padre que está en el cielo que se pierda ni uno de estos pequeños».
Palabra del Señor.

Homilía del Papa: Jesús renueva el corazón sin maquillarlo

 
Dejémonos transformar por Jesús, dejemos que pueda “re-crearnos” liberándonos de nuestros pecados. Fue el deseo que el Papa Francisco expresó en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta, que centró en el tema de la renovación que trae el Señor. El Pontífice advirtió ante el hecho de barnizar un poco nuestros pecados sin avergonzarnos verdaderamente en nuestro corazón. Sólo dando “nombre y apellido” a nuestros pecados – dijo – podremos permitir a Dios que nos haga hombres y mujeres nuevos.
El desierto florecerá, los ciegos verán, los sordos oirán. Aludiendo a la Primera Lectura, tomada del libro del Profeta Isaías, Francisco afirmó que nos habla de “renovación”. Y dijo que todo será cambiado: “de feo a bello, de malo a bueno”. “Un cambio para mejor” – añadió el Pontífice – a la vez que recordó que esto era lo que el Pueblo de Israel esperaba del Mesías.
El cambio que trae Jesús no es un simple maquillaje
Al comentar el Evangelio del día, el Santo Padre afirmó que Jesús curaba, “hacía ver un camino de cambio a la gente, razón por la cual la gente lo seguía”. Y observó que no lo seguía “porque era de actualidad: sino que lo seguía porque el mensaje de Jesús llegaba al corazón”. Y después, añadió, “el pueblo veía que Jesús curaba y lo seguía” también por esto:
“Pero lo que hacía Jesús no era sólo un cambio de feo a bello, de malo a bueno: Jesús ha hecho una transformación. No es un problema de hacer bello, no es un problema de maquillaje, de cosmético: ¡ha cambiado todo desde adentro! Ha cambiado con una re-creación: Dios había creado el mundo; el hombre ha caído en pecado; viene Jesús a re-crear el mundo. Y éste es el mensaje, el mensaje del Evangelio, que se ve claro: antes de curar a aquel hombre, Jesús perdona sus pecados. Va allí, a la re-creación, re-crea a aquel hombre de pecador a justo: lo re-crea como justo. Lo hace nuevo, totalmente nuevo. Y esto escandaliza: ¡esto escandaliza!”.
Por esto –  afirmó el Papa – los Doctores de la Ley “comenzaron a discutir, a murmurar” porque no podían aceptar su autoridad. Jesús – ha dicho – “es capaz de hacer de nosotros pecadores, personas nuevas”. Es algo – observó –  que “intuyó Magdalena”, que era sana “pero tenía una llaga dentro: era una pecadora”. Intuyó, por tanto, que “aquel hombre podía curar no el cuerpo, sino la llaga del alma. “¡Podía re-crearla!”. Y para esto “se necesita tanta fe”.
Abrir el corazón ante el Señor, decir los pecados “con nombre y apellido”
Que el Señor – prosiguió diciendo el Pontífice – “nos ayude a prepararnos a la Navidad con gran fe”, porque “para la curación del alma, para la curación existencial, la re-creación que trae Jesús, se necesita gran fe”. “Ser transformados – reafirmó – ésta es la gracia de la salud que trae Jesús”. Y es necesario vencer la tentación de decir “yo no puedo”, sino en cambio dejarnos “transformar”, “re-crear por Jesús”. “Ánimo” es la palabra de Dios:
“Todos somos pecadores, pero mira la raíz de tu pecado y que el Señor vaya ahí y la re-cree; y aquella raíz amarga florecerá, florecerá con las obras de justicia; y tú serás un hombre nuevo, una mujer nueva. Pero si nosotros: ‘Sí, sí, yo tengo pecados; voy, me confieso… dos palabritas, y después continúo así…’, no me dejo re-crear por el Señor. Sólo dos pinceladas de pintura ¡y creemos que con esto se ha terminado la historia! ¡No! Mis pecados, con nombre y apellido: yo he hecho esto, esto, esto ¡y me avergüenzo dentro del corazón! Y abro el corazón: ‘Señor, lo único que tengo. ¡Recréame! ¡Recréame!’. Y así tendremos el coraje de ir con verdadera fe – como hemos pedido – hacia la Navidad”.
Siempre – añadió el Obispo de Roma –  “tratamos de esconder la gravedad de nuestros pecados”. Por ejemplo cuando rebajamos la envidia. Ésta, en cambio –  dijo Francisco –  “¡es una cosa feísima! Es como el veneno de la serpiente” ¡que trata “de destruir al otro!”.
Dejemos que el Señor borre nuestros pecados para hacernos verdaderamente nuevos
El Papa animó a “ir al fondo de nuestros pecados” y después a dárselos al Señor, para que Él “los borre y nos ayude a ir adelante con fe”. Y subrayó este pasaje, relatando la anécdota de un Santo, “estudioso de la Biblia” que tenía un carácter demasiado fuerte, con tantos movimientos de ira y que pedía perdón al Señor, haciendo tantas renuncias y penitencias:
“El Santo, hablando con el Señor decía: ‘¿Estás contento, Señor?’ – ‘¡No!’ – ‘¡Pero te he dado todo!’ – ‘No, falta algo…’. Y este pobre hombre hacía otra penitencia, otra oración, otra vigilia: ‘¿Te he dado esto, Señor? ¿Está bien?’ – ‘¡No! Falta algo…’ – ‘Pero, ¿qué cosa falta, Señor?’ – ¡Faltan tus pecados! ¡Dame tus pecados!’. Esto es lo que hoy el Señor nos pide a nosotros: ‘¡Coraje! Dame tus pecados y yo te haré un hombre nuevo y una mujer nueva’. Que el Señor nos dé fe, para creer esto”.
(María Fernanda Bernasconi - RV).
(from Vatican Radio)

lunes, 5 de diciembre de 2016

«Ayudar a vivir de una manera o de otra el final de la vida es trascendente»


«Cada enfermo es una imagen real de Dios. Todo ser humano lo es», dijo el cardenal arzobispo de Madrid el viernes pasado durante una visita a la Fundación Vianorte-Laguna, una entidad dedicada a la atención de personas que necesitan cuidados paliativos, personas mayores, o que sufren Alzheimer y otras enfermedades neurodegenerativas. Allí se encontró con Lucía, una mujer que en estos momentos está esperando un pulmón. «No soy muy practicante, porque a veces rezamos solo cuando nos vemos mal, pero me gustó mucho que viniera a verme. No es muy habitual que venga un cardenal a verte, ¡nada menos!»; y con Carmela, a quien le pareció «un hombre muy humano y muy amable. Es muy sencillo y cercano, y humilde. Yo le dije que rezamos por él todos los días en Misa, todos los días pedimos por él»; o con Luis, un enfermo terminal «bastante pachucho ya...», dicen sus familiares, quienes vivieron un rato «de mucha emoción, porque no nos esperábamos esta visita. Estamos muy agradecidos por entrar en nuestra habitación para hablar con nosotros y darnos su bendición».
El cardenal Osoro afirmó ante los profesionales del centro que «el valor de las personas no se encuentra solo en su capacidad o en la actividad que desempeñen, sino que uno de los valores fundamentales del ser humano es su capacidad de amar, y que ese valor debe transmitirse a la sociedad para conseguir que sea más humana». Además, el trabajo de los profesionales que se dedican a las labores de cuidados «puede marcar a un ser humano»; por eso «ayudar a vivir de una manera o de otra el final de la vida es trascendente. Tenéis que trabajar con amor, y también con sabiduría: las dos cosas vienen de Dios», les dijo.
El arzobispo viistó también la Unidad de Día Pediátrica, la única de España dedicada a asistir durante el día a niños que sufren enfermedades raras e incurables, necesitadas de tratamiento especializado. Esta unidad, gratuita para familias con escasos recursos, permite que los padres puedan conciliar el trabajo con la atención familiar y el descanso. Allí bendijo a todos los niños enfermos, uno por uno, antes de terminar su visita saludando también a los mayores del Centro de Día psicogeriátrico, que estaban preparando ya el belén de Navidad.
Infomadrid / J.L.V.D.-M. / Fotos: Fundación Vianorte-Laguna

«Las traiciones a los cristianos están a la orden del día en Siria»


El X Congreso Trinitario Internacional, que abordó la situación de los cristianos perseguidos, puso de manifiesto cómo la aparición del Daesh ha hecho saltar por los aires la convivencia pacífica entre musulmanes y seguidores de Jesús
Jana es una joven periodista siria y cristiana. Se le caían las lágrimas cuando, en el marco del X Congreso Trinitario Internacional, organizado por la Orden Trinitaria de España los pasados 24, 25 y 26 de noviembre, recitaba el padrenuestro en arameo. Luego tomó la palabra y dijo: «Los radicales del Estado Islámico nos están eliminando. Antes de 2011, musulmanes y cristianos hablábamos la misma lengua aramea de Jesús de Nazaret. Había buenas relaciones fraternas entre cristianos y musulmanes. Pero el Estado Islámico nos ha enfrentado y dividido y las traiciones y torturas a cristianos están a la orden del día».
Jana participó en una mesa redonda del congreso, que tuvo lugar en la Facultad de Teología de Granada y que abordó, además de la persecución religiosa, la cuestión del Dios Trinidad y del ecumenismo. De hecho, quedó de manifiesto la relación entre los temas, pues, por ejemplo, de la persecución está naciendo lo que se llama ecumenismo de sangre. Ella puso voz a personas que ya no la tienen y que sufren atrocidades en el mundo solo por dar testimonio de su fe: «Aida iba con su hija en el autobús con su hija de 4 años. Un soldado del Estado Islámico le quiso quitar a su hija amenazándola con matar a las dos. Aida lloró amargamente por la pérdida de su hija, pero tiene la valentía de perdonar, como Jesús en la cruz, a los captores».
«¿Qué ha hecho Occidente?»
Otra periodista siria, Hanne Masaad, puso de manifiesto la situación en la que viven los cristianos en el país: «Están en medio de una guerra atroz e inhumana. No son héroes. Son cristianos que siguen en serio a Jesús. Para ellos, Jesús no es una teoría, sino una persona por la que están dispuestos a perder todo, a morir».

El testimonio de los cristianos de Oriente lo completó el obispo de Alepo y presidente de Cáritas Siria, monseñor Antoine Audo, que afirmó que «los medios no hablan de los dos millones de sirios en Alepo que diariamente son bombardeados en sus escuelas y hospitales por el Estado Islámico. Antes de la guerra, en Alepo había 160.000 cristianos. Hoy solo quedan 30.000. ¿Qué ha pasado? ¿Qué ha hecho Occidente ante esta realidad?».
Los cristianos de Siria –añadió– no comparten que allí exista persecución, sino más bien «una instrumentalización de la minoría cristiana en Siria para aterrorizar al Occidente cristiano». Monseñor Audo explicó la manera en que los cristianos dialogan en su ambiente con los cristianos de otras confesiones y con los musulmanes. Sobre esto último, dijo: «La guerra ha intentado provocar luchas entre cristianos y musulmanes. Pero ha sido en vano». Y añadió, al hablar de cómo viven los seguidores de Jesús está situación, que «somos pocos, frágiles y estamos amenazados, y sin embargo orgullosos de ser cristianos».
En el congreso también participaron profesores como Gonzalo Zaragoza, Santiago Madrigal, Diego Molina, Eloy Bueno y Juan Pablo García Maestro. Este último pronunció una ponencia sobre ecumenismo, al que se refirió como un «compromiso» de la Orden Trinitaria. «El ecumenismo tiene futuro porque Jesús lo quiere y porque su espíritu nos apoya en esta tarea […]. No es un apéndice de nuestras tareas pastorales, sino una perspectiva para la entera vida de la Iglesia […]. El ecumenismo que viene deberá poner en el centro de la reflexión el testimonio del Dios vivo», dijo.
Estuvieron también presentes durante los trabajos del congreso el ministro provincial de los Trinitarios, Pedro Huerta, y el vicario general de los Trinitarios, Pedro Aliaga.
F. Otero @franoterof
Alfa y Omega

HOMILÍA SOBRE EL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS (5,17-26) POR EL PAPA FRANCISCO:



Si existiera un «documento de identidad» para los cristianos, ciertamente la libertad sería un rasgo característico. La libertad de los hijos de Dios es el fruto de la reconciliación con el Padre obrada por Jesús, quien asumió sobre sí los pecados de todos los hombres y redimió el mundo con su muerte en la cruz. Nadie nos puede privar de esta identidad. 

La reflexión del Santo Padre se basó en el pasaje del Evangelio de Mateo (9, 1-8) que narra el milagro de la curación del paralítico. El Papa se detuvo en los sentimientos experimentados por el hombre inválido cuando, transportado en una camilla, escuchó a Jesús que le decía: «ánimo hijo, tus pecados te son perdonados».

Los que estaban cerca de Jesús y escucharon sus palabras «dijeron: “Éste blasfemia, sólo Dios puede perdonar los pecados”. Y Jesús para hacerles comprender bien les preguntó: “¿Qué es más fácil perdonar los pecados o curar? Y lo curó».

«Pero Jesús cuando curaba a un enfermo no era sólo alguien que curaba. Cuando enseñaba a la gente, pensemos en las Bienaventuranzas, no era sólo un catequista, un predicador de moral... No, estas cosas que hacía Jesús —la curación, la enseñanza— eran sólo un signo, un signo de algo más que Jesús estaba haciendo: perdonar los pecados».

Reconciliar el mundo en Cristo en nombre del Padre: «ésta es la misión de Jesús», y todo lo demás son sólo signos del «milagro más profundo que es la re-creación del mundo». La reconciliación es, por lo tanto, la re-creación del mundo; y la misión más profunda de Jesús es la redención de todos nosotros, pecadores. Y «Jesús no hace esto con palabras, no lo hace con gestos... ¡No! Lo hace con su carne». Él tomó sobre sí todo el pecado. «Esta es la nueva creación», es «Jesús que desciende de la gloria y se abaja hasta la muerte y muerte de cruz. Esa es su gloria y esta es nuestra salvación».

«Este es el gran milagro de Jesús. A nosotros, esclavos del pecado, nos hizo libres», nos curó. «Nos hará bien pensar en esto. Jesús nos abrió las puertas de casa, nosotros ahora estamos en casa. Ahora se comprende esta palabra de Jesús: “ánimo hijo, tus pecados están perdonados”. Esa es la raíz de nuestra valentía: soy libre, soy hijo, el Padre me ama y yo amo al Padre. Pidamos al Señor la gracia de comprender bien esta obra suya».

Fuente: L’Osservatore Romano 12 de julio de 2013

TUS PECADOS TE SON PERDONADOS, LEVÁNTATE Y ECHA A ANDAR




Lectura del santo evangelio según san Lucas (5,17-26):

Un día, estaba Jesús enseñando, y estaban sentados unos fariseos y maestros de la ley, venidos de todas las aldeas de Galilea, Judea y Jerusalén. Y el poder del Señor estaba con Él para realizar curaciones.

En esto, llegaron unos hombres que traían en una camilla a un hombre paralítico y trataban de introducirlo y colocarlo delante de Él. No encontrando por donde introducirlo a causa del gentío, subieron a la azotea, lo descolgaron con la camilla a través de las tejas, y lo pusieron en medio, delante de Jesús. Él, viendo la fe de ellos, dijo:

«Hombre, tus pecados están perdonados».

Entonces se pusieron a pensar los escribas y los fariseos:

«¿Quién es éste que dice blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios?».

Pero Jesús, conociendo sus pensamientos, respondió y les dijo:

«¿Qué estáis pensando en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir: “Tus pecados te son perdonados”, o decir: “Levántate y echa a andar”? Pues, para que veáis que el Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar pecados —dijo al paralítico—: “A ti te lo digo, ponte en pie, toma tu camilla y vete a tu casa”».

Y, al punto, levantándose a la vista de ellos, tomó la camilla donde había estado tendido y se marchó a su casa dando gloria a Dios
El asombro se apoderó de todos y daban gloria a Dios. Y, llenos de temor, decían:

«Hoy hemos visto maravillas».

Palabra del Señor

El Reino de Dios está próximo y ya podemos experimentar su potencia espiritual, afirmó el Papa en el Ángelus

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
En el Evangelio de este segundo domingo de Adviento resuena la invitación de Juan el Bautista: «Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca» (Mt 3,2). Con estas mismas palabras Jesús dará inicio a su misión en Galilea (cf. Mt 4,17); y este también será el anuncio que llevarán los discípulos en su primera experiencia misionera (cf. Mt 10,7). De este modo el evangelista Mateo quiere presentar a Juan como aquel que prepara el camino al Cristo que viene, y los discípulos como los continuadores de la predicación de Jesús. Se trata del mismo anuncio gozoso: viene el reino de Dios, es más, está cercano, está en medio de nosotros, esta palabra es muy importante: el reino de Dios está en medio de ustedes, dice Jesús. Y Juan anuncia esto que Jesús luego dirá: el reino de Dios ha venido, ha llegado, está en medio de ustedes. Este es el mensaje central de toda misión cristiana. Cuando un misionero, un cristiano va a anunciar a Jesús, no va a hacer proselitismo como si fuese un aficionado que busca para su equipo, más seguidores, no. Va simplemente a anunciar "el reino de Dios está en medio de ustedes". Y así el misionero prepara el camino a Jesús que encuentra a su pueblo. 
Pero, ¿qué es este reino de Dios, de los cielos? Son sinónimos. Nosotros pensamos inmediatamente en algo que tiene que ver con el más allá: la vida eterna. Cierto, esto es verdad, el reino de Dios se extenderá indefinidamente más allá de la vida terrena, pero la buena noticia que Jesús nos trae - y que Juan anticipa - es que no debemos esperar el reino de Dios en el futuro: se ha acercado, de alguna manera ya está presente y podemos experimentar desde ahora su potencia espiritual. El reino de Dios está en medio de ustedes, dirá Jesús. Dios viene a establecer su señorío en nuestra historia, en el hoy de cada día, en nuestra vida; y allí donde sea aceptado con fe y humildad, germinan el amor, la alegría y la paz. 
La condición para entrar y ser parte de este reino es hacer un cambio en nuestra vida, es decir, convertirnos. Convertirnos cada día, un paso adelante cada día. Es dejar los caminos cómodos pero engañosos, de los ídolos de este mundo: el éxito a toda costa, el poder a expensas de los débiles, la sed de riquezas, el placer a cualquier precio. Y abrir, en cambio, el camino al Señor que viene, Él no quita nuestra libertad, sino que nos dona la verdadera felicidad. Con el nacimiento de Jesús en Belén, es el mismo Dios quien ha venido a habitar entre nosotros, para liberarnos del egoísmo, del pecado y de la corrupción, y de estas actitudes, que son del diablo: buscar el éxito a toda costa, buscar el poder a expensas de los débiles, tener la sed de riquezas y buscar el placer a cualquier precio.
La Navidad es un día de gran alegría, también exterior, pero es sobre todo un evento religioso para el cual se necesita una preparación espiritual. En este tiempo de Adviento, dejémonos guiar por la exhortación de Juan el Bautista: «Preparen el camino del Señor, allanen sus senderos», nos dice. (v. 3). Nosotros preparamos el camino del Señor y allanamos sus senderos, cuando examinamos nuestra conciencia, cuando escrutamos nuestras actitudes, para sacar de nosotros estas actitudes pecaminosas que he mencionado, que no son de Dios: el éxito a toda costa, buscar el poder a expensas de los débiles, tener la sed de riquezas y buscar el placer a cualquier precio
Que la Virgen María nos ayude a preparar el encuentro con este Amor-siempre-más-grande que es el que trae Jesús y que en la víspera de Navidad se hizo pequeño, pequeño como una semilla caída en la tierra. Es Jesús esta semilla, la semilla del Reino de Dios. (Traducción del italiano: Griselda Mutual)

domingo, 4 de diciembre de 2016

“Comprenderemos plenamente quién es el Espíritu Santo solamente en el paraíso”


El padre Raniero Cantalamessa, predicador de la Casa Pontificia, ha realizado esta mañana en el Vaticano la primera predicación de Adviento en la que ha reflexionado sobre lo que quiere decir “Creo en el Espíritu Santo”. Así, ha iniciado explicado que la mayor novedad del post Concilio, en la teología y en la vida de la Iglesia, tiene un nombre precioso: el Espíritu Santo. 
El Espíritu Santo, ha explicado, no es un pariente pobre de la Trinidad. No es un simple “modo de actuar” de Dios, una energía o un fluido que atraviesa el universo como pensaban los estoicos; es una “relación subsistente”, por lo tanto una persona.
Por otro lado, el predicador ha recordado que el año que viene se celebra el 50º aniversario del inicio, en la Iglesia católica, de la Renovación Carismática. “Es uno de los muchos signos –el más evidente por la inmensidad del fenómeno– del despertar del Espíritu y de los carismas en la Iglesia”, ha asegurado. Al respecto ha precisado que el Concilio había allanado el camino a su acogida, hablando en la Lumen gentium, de la dimensión carismática de la Iglesia.
De este modo, Cantalamessa ha señalado que después del Concilio se multiplicaron los tratados sobre el Espíritu Santo. Y en los últimos años –ha observado– estamos asistiendo a un paso decidido hacia delante en esta dirección. En esta línea, el padre Raniero ha proseguido la predicación analizando la “teología del tercer artículo”, que hace referencia al artículo del credo sobre el Espíritu Santo.  Tal corriente –ha explicado– no quiere sustituir a la teología tradicional, sino más bien estar a su lado y vivificarla.
En el credo actual, “se parte de Dios Padre y creador, de Él se pasa al Hijo y a su obra redentora, y finalmente al Espíritu Santo operante en la Iglesia”. En la realidad, ha precisado, “la fe sigue el camino inverso”. Fue la experiencia pentecostal del Espíritu “que llevó a la Iglesia a descubrir quién era verdaderamente Jesús y cuál había sido su enseñanza”.
En otras palabras, “en el orden de la creación y del ser, todo parte del Padre, pasa por el Hijo y llega a nosotros en el Espíritu; en el orden de la redención y del conocimiento, todo comienza con el Espíritu Santo, pasa por el Hijo Jesucristo y vuelve al Padre”.
Esto no significa, ha advertido, que el credo de la Iglesia no sea perfecto o que deba ser reformado. “Es la forma de leerlo que de vez en cuando es útil cambiar, para rehacer el camino con el que se ha formado”, ha aconsejado el predicador.
A continuación, ha anticipado que intentará en las tres meditaciones de Adviento, “proponer reflexiones sobre algunos aspectos de las acciones del Espíritu Santo, partiendo justamente del tercer artículo del credo que se refiere a esto”.
De este modo ha planteado tres preguntas. Primero, ¿qué vida da el Espíritu Santo? Respuesta: da la vida divina, la vida de Cristo. “Una vida sobre-natural, no una super-vida natural”, ha precisado. Segundo, ¿dónde nos da tal vida? Respuesta: en el bautismo, que es presentado de hecho como un “renacer del Espíritu”, en los sacramentos, en la palabra de Dios, en la oración, en la fe, en el sufrimiento aceptado en unión con Cristo. Tercero, ¿cómo nos da la vida, el Espíritu? Respuesta: haciendo morir las obras de la carne.
Prosiguiendo con la reflexión, ha explicado que lo que distingue al Espíritu Santo del Padre y del Hijo. Lo que lo distingue del Padre es que procede de él y lo que lo distingue del Hijo es que procede del Padre no por generación, sino por espiración.
El Espíritu Santo –ha explicado– quedará siempre el Dios escondido, también si logramos conocer los efectos. Él es como el viento: no se sabe de dónde viene y adonde va, pero se ven los efectos cuando pasa. Es como la luz que ilumina todo lo que está delante, quedando esa escondida. Por esto, ha observado el padre Raniero, es la persona menos conocida y amada de los Tres, a pesar de que sea el Amor en persona. “Nos resulta más fácil pensar en el Padre y en el Hijo como “personas”, pero es más difícil para el Espíritu”, ha advertido.  Por esta razón, ha asegurado que “comprenderemos plenamente quién es el Espíritu Santo solamente en el paraíso”.