miércoles, 8 de junio de 2016

“Si cuidas el planeta, combates la pobreza” de Cáritas, Manos Unidas, REDES, Confer y Justicia y Paz.La Iglesia española lanza sus “diez mandamientos” para la lucha por el medio ambiente y contra la desigualdad


La “Laudato Si”, eje de una campaña para cambiar el sistema que esquilma los recursos naturales y a las personas.  "Si cuidas planeta, combates la pobreza". La Iglesia española, a través de sus principales organizaciones sociales, se une al Papa Francisco y lanza sus "Mandamientos" por el cuidado de la hermana Tierra y de quienes formamos parte de ella. A partir del impulso dado por la encíclica "Laudato Si", Cáritas, Confer, Manos Unidas, Justicia y Paz y REDES se han agrupado en torno a "Enlázate por la Justicia".
Estos son los "diez mandamientos" de la Iglesia para el cuidado de la creación, que centrarán el trabajo en los dos próximos años, desde este mes de junio hasta mediados de 2018:
ü  Apoyarás la causa de los pobres;
ü  Redescubrirás el valor de la simplicidad en tu propia vida;
ü  Valorarás la importancia de tus comportamientos cotidianos;
ü  Apreciarás la diversidad de nuestro mundo;
ü  Animarás una conversión personal, eclesial y comunitaria;
ü  Impulsarás las decisiones necesarias, aunque sean costosas;
ü  No supeditarás tu acción a los intereses económicos;
ü  Bucearás en tu propia tradición espiritual;
ü  Asumirás los consensos científicos;
ü  y Superarás el paradigma tecnocrático.
 "Si cuidas el planeta, combates la pobreza". Una campaña que retoma el impulso lanzado por estas organizaciones, y que busca entender, con el Papa, que no se puede trabajar por el medio ambiente sin defender los derechos de los empobrecidos y que, a la par, no se puede acabar con la pobreza si no cambiamos un sistema económico injusto, que esquilma las recursos naturales y humanos.
Así se expresó Ana Isabel González, responsable de Justicia y Paz en la rama de Confer, para quien este proyecto "es fruto de la campaña que iniciamos desde Enlázate por la Justicia, que desde hace más de dos años llevamos a cabo Cáritas, Manos Unidas, Justicia y Paz, Confer y Redes". Un proceso de "reflexión sobre nuestra identidad, sobre lo que podemos aportar a la Iglesia en el ámbito de la lucha contra la pobreza". Porque, pese a quien pese, la presencia social de la Iglesia en el mundo de los empobrecidos es muy fuerte, aunque haya que reforzarla públicamente. Por ello, representantes de la Conferencia Episcopal acompañaban la presentación de la campaña, que subrayaron el apoyo directo de los obispos, especialmente de monseñor Omella, presidente de la Comisión de Pastoral Social, y la implicación de las diócesis.
"Hace justo un año -explica Ana- el Papa publicaba 'Laudato Si'", la auténtica hoja de ruta de este tercer milenio, "y ya entonces acogimos con agradecimiento este documento y expresamos el deseo de que esta idea central, que pone en estrecha vinculación la degradación medioambiental y la injusticia que padecen muchos pueblos, nos impulsaba a poner en marcha un marco común de trabajo".

Un esfuerzo por denunciar "el actual modelo de desarrollo basado en el crecimiento y el consumo, que esquilma el planeta, que prioriza el bienestar de unos pocos sobre los derechos de las personas más vulnerables". Y es que "la comunidad católica en España tenemos el reto de aplicar las cuestiones medioambientales como elemento fundamental de nuestro trabajo por el Reino. El Papa nos ha llamado a una conversión ecológica. Reconocemos la grandeza del desafío que se nos presenta".
Jesús Bastante


EL PASO DEL JORDÁN. ORÍGENES


En el paso del río Jordán, el arca de la alianza guiaba al pueblo de Dios. Los sacerdotes y levitas que la llevaban se pararon en el Jordán, y las aguas, como en señal de reverencia a los sacerdotes que la llevaban, detuvieron su curso y se amontonaron a distancia, para que el pueblo de Dios pudiera pasar impunemente. Y no te has de admirar cuando se te narran estas hazañas relativas al pueblo antiguo, porque a ti, cristiano, que por el sacramento del bautismo has atravesado la corriente del Jordán, la palabra divina te promete cosas mucho más grandes y excelsas, pues te promete que pasarás y atravesarás el mismo aire. Oye lo que dice Pablo acerca de los justos: Seremos arrebatados en la nube, al encuentro del Señor, en el aire. Y así estaremos siempre con el Señor. 

Nada, pues, ha de temer el justo, ya que toda la creación estará a su servicio. Oye también lo que Dios promete al justo por boca del profeta: Cuando pases por el fuego, la llama no te abrasará, porque yo, el Señor, soy tu Dios. Vemos, por tanto, cómo el justo tiene acceso a cualquier lugar, y cómo toda la creación se muestra servidora del mismo. Y no pienses que aquellas hazañas son meros hechos pasados y que nada tienen que ver contigo, que los escuchas ahora: en ti se realiza su místico significado. En efecto, tú, que acabas de abandonar las tinieblas de la idolatría y deseas ser instruido en la ley divina, eres como si acabaras de salir de la esclavitud de Egipto. Al ser agregado al número de los catecúmenos y al comenzar a someterte a las prescripciones de la Iglesia, has atravesado el mar Rojo y, como en aquellas etapas del desierto, te dedicas cada día a escuchar la ley de Dios y a contemplar la gloria del Señor, reflejada en el rostro de Moisés. 

Cuando llegues a la mística fuente del bautismo y seas iniciado en los venerables y magníficos sacramentos, por obra de los sacerdotes y levitas, parados como en el Jordán, los cuales conocen aquellos sacramentos en cuanto es posible conocerlos, entonces también tú, por ministerio de los sacerdotes, atravesarás el Jordán y entrarás en la tierra prometida, en la que te recibirá Jesús, el verdadero sucesor de Moisés, y será tu guía en el nuevo camino. Entonces tú, consciente de tales maravillas de Dios, viendo cómo el mar se ha abierto para ti y cómo el río ha detenido sus aguas, exclamarás: ¿Qué te pasa, mar, que huyes, y a ti, Jordán, que te echas atrás? ¿Y a vosotros, montes, que saltáis como carneros; colinas, que saltáis como corderos? Y te responderá el oráculo divino: En presencia del Señor se estremece la tierra, en presencia del Dios de Jacob; que transforma las peñas en estanques, el pedernal en manantiales de agua.


De las homilías de Orígenes, presbítero, sobre el libro de Josué
(Hom. 4, 1: PG 12, 842-843)

Fuente: News. Va

COMENTARIO DE BENEDICTO XVI AL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO 5,17-19.



“Después de las «bienaventuranzas», que son su programa de vida, Jesús proclama la nueva Ley, su Torá, como la llaman nuestros hermanos judíos. 
En efecto, el Mesías, con su venida, debía traer también la revelación definitiva de la Ley, y es precisamente lo que Jesús declara: «No creáis que he venido a abolir la Ley y los Profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud». 

Y, dirigiéndose a sus discípulos, añade: «Si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos» (Mt 5, 17.20). Pero ¿en qué consiste esta «plenitud» de la Ley de Cristo, y esta «mayor» justicia que él exige?

Jesús lo explica mediante una serie de antítesis entre los mandamientos antiguos y su modo proponerlos de nuevo. Cada vez comienza diciendo: «Habéis oído que se dijo a los antiguos...», y luego afirma: «Pero yo os digo...». Por ejemplo: «Habéis oído que se dijo a los antiguos: “No matarás”; y el que mate será reo de juicio. Pero yo os digo: “todo el que se deja llevar de la cólera contra su hermano será procesado”» (Mt 5, 21-22). Y así seis veces. 
Este modo de hablar suscitaba gran impresión en la gente, que se asustaba, porque ese «yo os digo» equivalía a reivindicar para sí la misma autoridad de Dios, fuente de la Ley. La novedad de Jesús consiste, esencialmente, en el hecho que Él mismo «llena» los mandamientos con el amor de Dios, con la fuerza del Espíritu Santo que habita en Él.

Y nosotros, a través de la fe en Cristo, podemos abrirnos a la acción del Espíritu Santo, que nos hace capaces de vivir el amor divino. Por eso todo precepto se convierte en verdadero como exigencia de amor, y todos se reúnen en un único mandamiento: ama a Dios con todo el corazón y ama al prójimo como a ti mismo. «La plenitud de la Ley es el amor», escribe san Pablo (Rm 13, 10). 

Queridos amigos, quizás no es casualidad que la primera gran predicación de Jesús se llame «Sermón de la montaña». Moisés subió al monte Sinaí para recibir la Ley de Dios y llevarla al pueblo elegido. Jesús es el Hijo de Dios que descendió del cielo para llevarnos al cielo, a la altura de Dios, por el camino del amor.

Es más, Él mismo es este camino: lo único que debemos hacer es seguirle, para poner en práctica la voluntad de Dios y entrar en su reino, en la vida eterna”.
(Benecdicto XVI, Ángelus del 13 de febrero de 2011)

QUIEN CUMPLA Y ENSEÑE LOS MANDAMIENTOS SERÁ GRANDE EN EL REINO DE LOS CIELOS


Evangelio según San Mateo 5,17-19. 

Jesús dijo a sus discípulos: 

«No piensen que vine para abolir la Ley o los Profetas: yo no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. 

Les aseguro que no desaparecerá ni una i ni una coma de la Ley, antes que desaparezcan el cielo y la tierra, hasta que todo se realice. 

El que no cumpla el más pequeño de estos mandamientos, y enseñe a los otros a hacer lo mismo, será considerado el menor en el Reino de los Cielos. 

En cambio, el que los cumpla y enseñe, será considerado grande en el Reino de los Cielos.» 

martes, 7 de junio de 2016

Homilía del Papa: Que el cristiano sea luz para todos

La batería del cristiano para iluminar es la oración. Es cuanto afirmó el Papa Francisco en su homilía de la Misa de la mañana celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta. El Pontífice puso en guardia a los cristianos para que no se conviertan en sal insípido, y añadió que es necesario vencer la tentación de la “espiritualidad del espejo” según la cual uno se empeña más en iluminarse a sí mismo que en llevar la luz de la fe a los demás.
Luz y sal
Al comentar el Evangelio del día el Santo Padre recordó que Jesús siempre habla con “con palabras fáciles, con comparaciones fáciles, para que todos puedan comprender el mensaje”. De ahí la definición del cristiano, que debe ser luz y sal. Pero ninguna de las dos cosas – observó Francisco – es para sí misma: “La luz es para iluminar al otro, y la sal para dar sabor y conservar al otro”.
La batería del cristiano para iluminar es la oración
¿Pero cómo puede el cristiano entonces hacer que la sal y la luz no se desvirtúen – se preguntó el Pontífice – es decir, hacer que no se termine el aceite para encender las lámparas?
“¿Cuál es la batería del cristiano para hacer la luz? Sencillamente la oración. Tú puedes hacer tantas cosas, tantas obras, incluso obras de misericordia, puedes hacer tantas cosas grandes por la Iglesia – una universidad católica, un colegio, un hospital… – hasta te harán un monumento como benefactor de la Iglesia, pero si no rezas, aquello será un poco oscuro o sombrío. Cuantas obras se vuelven oscuras por falta de luz, por falta de oración. Lo que mantiene, lo que da vida a la luz cristiana, lo que ilumina, es la oración”.
La oración “verdadera” – dijo el Papa –, “la oración de adoración al Padre, de alabanza a la Trinidad, la oración de agradecimiento y también la oración que pide cosas al Señor, pero la oración del corazón”.
El cristiano sazona la vida de los demás con el Evangelio
Se trata del “aceite” – dijo Francisco – de la “batería que da vida a la luz”. Y agregó que la sal no da sabor a sí misma:
“La sal se vuelve sal cuando se da. Y ésta es otra actitud del cristiano: darse; sazonar la vida de los demás, sazonar tantas cosas con el mensaje del Evangelio. Darse. No conservarse a sí mismo. La sal no es para el cristiano, es para darla. El cristiano la tiene para darla, es sal para darse, pero no es para sí mismo. Ambas –  es curioso esto –, luz y sal, son para los demás, no para sí mismas. La luz no se ilumina a sí misma; la sal no se sazona a sí misma”.
Ciertamente – observó el Obispo de Roma – cabe preguntarse hasta cuándo podrían durar la sal y la luz si seguimos dándolas sin cesar. La respuesta de Francisco fue que “aquí entra la fuerza de Dios, porque el cristiano es sal donada por Dios en el Bautismo”, es “una cosa que te es dada como un don, y sigue siéndote dada como don si tú sigues dándola, iluminando y dando. Y jamás termina”.
Atentos a la tentación de la “espiritualidad del espejo”
Según la Primera Lectura esto es precisamente lo que sucede a la viuda de Sarepta que confía en el profeta Elías y así su harina y el aceite jamás se agotan. De ahí que el Papa haya dirigido un pensamiento a la vida presente del cristiano:
“Ilumina con tu luz, pero defiéndete de la tentación de iluminarte a ti mismo. Ésta es una cosa fea, es un poco la espiritualidad del espejo: me ilumino a mí mismo. Defiéndete de la tentación de curarte a ti mismo. Se luz para iluminar, se sal para sazonar y conservar”.
La sal y la luz – reafirmó el Santo Padre al concluir su homilía – “no son para sí mismas”, son para darlas a los demás “en obras buenas”. Para que así – exhortó – “resplandezca su luz ante los hombres. ¿Para qué? Para que vean sus obras buenas y den gloria a su Padre que está en los cielos. Es decir, volver a Aquel que te ha dado la luz y te ha dado la sal”. “Que el Señor nos ayude en esto  – dijo el Papa  – a estar atentos siempre a la luz, a no esconderla, sino a ponerla en lo alto”. Y a la sal, “a dar lo justo, aquello que es necesario, pero darla”, porque así aumenta. “Son estas las buenas obras del cristiano”.
(María Fernanda Bernasconi - RV).
(from Vatican Radio)

Escuchaba con los ojos.




Había oído la expresión hablar con los ojos, pero nunca había visto escuchar con los ojos, si se puede decir así. Y es cierto; lo vi en una misa, en directo, en la catedral de san Agustín.

El P. Rene Robert hablaba a los sordomudos en su lenguaje. Cuando él callaba, Maureen Ann Longo traducía a los presentes. Johnny Mayoral, que hacía de monaguillo, tenía una traductora para él sólo. Al presenciar esta maravilla de comunicación pensé que Dios habla a cada uno acomodándose a nuestro lenguaje.

El Señor se complace en aquellos que escuchan su palabra y los colma de bendiciones (Gn 22,17), da vida al alma (Is 55,1-3) y establece su morada en medio de su pueblo (Lv 26,12). Escuchar a Dios es la fuente de la felicidad y de la vida. Hemos de escuchar a Dios en el momento presente y llevar lo que se escucha a la vida.

Dios nos escucha en silencio y propone el mismo método para escucharle. "Dios es la Palabra y, al mismo tiempo, el gran Oyente, que acoge nuestras palabras dispersas, despeinadas, inquietas, y les va restituyendo su profundidad. Quien se ha ejercitado en oír y escuchar el Silencio es capaz de entender lo que no es dicho", dice Melloni.

Dios habla, se revela, pero hace falta que alguien recoja su palabra lanzada. Dios se revela en la Palabra que necesita ser escuchada, para que nazca la fe y se dé el cambio en la persona. La fe nace de la escucha.

El Señor constantemente suplica a su pueblo que le escuche: "Escucha, Israel" (Dt 6,4). "Escuchad mi voz y yo seré vuestro Dios" (Jr 7,23). "Éste es mi hijo muy amado... Escuchadlo" (Mc 9,7). La escucha es la condición primera y fundamental para el amor de Dios, y es este amor a Dios el mejor fruto que se puede conseguir. Todo el afán de la Sabiduría será llevar al creyente a la escucha.

Escuchar supone abandonarse en fe, esperanza y amor, tener la misma actitud de Abraham, Samuel y María. La escucha requiere confianza en los interlocutores.

Quien es de Dios escucha a Dios (Jn 8,47) y ha de escuchar al pobre, al huérfano y al necesitado (St 5,4). Escuchar la voz del Señor es no endurecer el corazón (Hb 3,7). Quien escucha al Señor encontrará vida en su alma (Is 55,2-3). Todo el que es de Dios escucha sus palabras (Jn 8,47) y las pone en práctica (Mt 7,26). Todo el que pertenece a la verdad escucha su voz (Jn 18,37).

Dios me habla hoy, a mí, en este mismo momento. Él quiere dialogar conmigo. Me ofrece su vida y su amistad.

Quien quiera tener vida deberá alimentarse de todo lo que sale de la boca de Dios, tendrá que escucharlo "hoy" y grabarlo en el corazón.

P. Eusebio Gómez Navarro

El arzobispo de Barcelona apoya abrir un debate para ampliar el papel de la mujer en la Iglesia Omella: "Quizás el día de mañana el obispo podría ser una mujer, ¿por qué no?"


El arzobispo de Barcelona, Juan José Omella, ha llamado este lunes a abrir un debate sobre el papel de la mujer en la Iglesia, que avanza cada vez más en puestos de servicio -"entendiendo el poder en la Iglesia como un servicio"--, como en los secretariados y comisiones, pero que se enfrenta a un problema teológico en lo sacramental, con cargos como diaconisas o mujeres sacerdote.
Durante una conferencia que ha pronunciado en el Parlament, y preguntado sobre cuál opina que es el papel que debería tener la mujer, Omella se ha alineado a favor de las afirmaciones del Papa Francisco, y ha explicado que en el Vaticano hay mujeres con cargos, como secretarias, ante las que tienen que rendir cuentas los obispos: "Quizás el día de mañana el obispo podría ser una mujer, ¿por qué no?".
"Abramos la reflexión y veamos si es verdad o no que hubo en la Iglesia primitiva mujeres diacas", ha manifestado, y ha defendido que actualmente no puede tomar una ordenación sacramental, pero que en el resto de cargos puede tomarlos todos, dentro de una congregación.
Preguntado por los conflictos de los Bienes de Sijena y de la Franja, Omella ha reconocido que el del patrimonio es un tema que "le toca la llaga", porque es un conflicto muy largo y ha tenido que trabajar en él, y ha dicho que en el caso de la sentencia eclesiástica de los bienes de Barbastro, debería cumplirse por parte de Lleida, pero que son temas diferentes.
Ha relatado que en una pequeña montaña al lado de su pueblo había un poblado ibérico, el de Cretas, con unas pinturas rupestres que no se protegían, pero desde Catalunya reconocieron "la joya" que son y las compraron, y ahora están en un museo de Barcelona, y ha explicado que está orgulloso de que sean de su pueblo pero le parece bien que estén en la ciudad catalana.
El arzobispo ha llamado a la clase política a preguntarse qué han hecho para que los jóvenes recelen y rechacen a los partidos que han tenido más incidencia en la vida pública, un "examen de conciencia" que ha trasladado también a la Iglesia.
"Me pregunto qué ha hecho la Iglesia para que los jóvenes se alejen o busquen alternativas", que desconoce a dónde llevarán, y ha señalado la necesidad de que los políticos y los religiosos se pregunten cómo habría que actuar a largo plazo para mejorar la sociedad --más allá de las elecciones, en el caso de los políticos--.
También ha llamado a los políticos y a la sociedad a huir de la búsqueda del dinero y el poder y ponerse al servicio de los pobres y los desprotegidos, y ha urgido en la necesidad de "avanzar hacia una conversión ecológica", porque el modelo económico actual se dirige hacia un crecimiento sin limites, pero el planeta tiene límites y hay que cuidarlo.
"Desafortunadamente la política se presenta como una lucha de intereses contrapuestos; muchas veces las frases chillonas y los eslóganes dan pie a un sensacionalismo ampliado por los medios", ha dicho, y ha añadido que el querer estar cada día en las portadas conduce a comunicar sin sentido.
Omella ha pedido "más políticos a los que les duela de verdad la pobreza", y ha descrito las ocho bienaventuranzas para los políticos del cardenal Van Thuan, en proceso de beatificación, y ha destacado la necesidad de que los políticos se pregunten si están trabajando para el pueblo y para el bien común, y si actúan en coherencia a sus promesas electorales.
También ha pedido que no se permita que "ideologías emergentes" vayan en contra de la familia, ante el gran trabajo que han hecho las familias para reducir el impacto de la crisis.
En la introducción de la conferencia, organizada por la Associació d'Antics Diputats del Parlament de Catalunya, la expresidenta del Parlament Núria de Gispert ha afirmado que el pueblo catalán se encuentra actualmente movilizado y aspira a decidir un futuro mejor, y ha asegurado que en "el diseño de una nueva Catalunya" no puede faltar la Iglesia católica, así como la ayuda al diálogo de Omella.

Ustedes son la sal de la tierra



Evangelio según San Mateo 5,13-16. 

Jesús dijo a sus discípulos: 

Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal pierde su sabor, ¿con qué se la volverá a salar? Ya no sirve para nada, sino para ser tirada y pisada por los hombres. 

Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad situada en la cima de una montaña. 

Y no se enciende una lámpara para meterla debajo de un cajón, sino que se la pone sobre el candelero para que ilumine a todos los que están en la casa. 

Así debe brillar ante los ojos de los hombres la luz que hay en ustedes, a fin de que ellos vean sus buenas obras y glorifiquen al Padre que está en el cielo.

LAS BIENAVENTURANZAS SON EL "NAVEGADOR" DE LA VIDA CRISTIANA


Seguir y vivir las Bienaventuranzas, que, como “navegadores” indican a los cristianos el justo itinerario de la vida. Fue la invitación que el Papa Francisco dirigió durante la homilía de la Misa de la mañana celebrada en la Capilla de la Casa de Santa Marta.

Para no perderse a lo largo del camino de la fe, los cristianos tienen un preciso indicador de dirección, a saber: las Bienaventuranzas. E ignorar las rutas que proponen puede llevarnos a resbalar por los “tres escalones” de los ídolos del egoísmo, la idolatría del dinero, la vanidad, y la saciedad de un corazón que ríe de satisfacción propia ignorando a los demás.

“Los navegadores de la vida cristiana”

El Papa reflexionó inspirándose en el Evangelio de Mateo, que muestra a Jesús cuando enseña a la muchedumbre en el célebre Sermón de la montaña. El Señor “enseñaba la nueva ley, que no borra la antigua, sino que la perfecciona, llevándola a su plenitud”:

“Esta es la nueva ley, que nosotros llamamos 'las Bienaventuranzas'. Es la guía de ruta, el itinerario, el 'navegador' de la vida cristiana. Según las indicaciones de este navegador, podemos ir adelante en nuestra vida cristiana”.

Los tres escalones de la perdición

“muchas veces” dijo que “las riquezas son buenas”, mientras “lo que hace mal” es “el apego a las riquezas”, que se convierte así en “idolatría”.o problemas”: ¡ay de los ricos, ay de los que se sienten sacios, ay de aquellos que ríen, ay de aquellos de los cuales todos hablan bien!

“Muchas veces -dijo el Papa- las riquezas son buenas. Lo que hace mal es el apego a las riquezas”, que se convierte así en “idolatría”.

Y glosó el texto diciendo:

“Esta es la anti-ley, es el 'navegador equivocado'. Es curioso: estos son los tres escalones que llevan a la perdición, así como estas Bienaventuranzas son los escalones que llevan adelante en la vida. 

Y estos tres escalones que llevan a la perdición son el apego a las riquezas, porque no tengo necesidad de nada. La vanidad, que todos hablen bien de mí: todos hablan bien, me siento importante, demasiado incienso… y yo creo que soy justo, no como aquel, como aquel otro… Pensemos en la parábola del fariseo y el publicano: ‘Te doy gracias porque no soy como éste…’. ‘Gracias, Señor, que soy tan buen católico, no como el vecino, la vecina…’. Todos los días sucede esto… Segundo, la vanidad y, tercero, el orgullo que es la saciedad, las carcajadas que cierran el corazón”.

¿La clave? La mansedumbre

De entre todas las Bienaventuranzas, Francisco destacó una que – afirmó textualmente – “no digo que sea la clave” de todas, “pero nos hace pensar tanto”: “Bienaventurados los mansos”. La mansedumbre:

“Jesús dice de sí mismo: ‘Aprendan de mí que soy manso de corazón’, que soy humilde y manso de corazón. La mansedumbre es un modo de ser que nos acerca tanto a Jesús. 

En cambio, la actitud contraria siempre procura enemistades, guerras… tantas cosas, tantas cosas feas que suceden. Pero la mansedumbre, la mansedumbre del corazón que no es una tontería, no: es otra cosa. Es la profundidad para comprender la grandeza de Dios, y adoración”.

Gracias, papá, ya te puedes marchar. "Tu vida ha sido una tesis de la parábola de los talentos"


"Los pobres estarán a la puerta del Cielo esperándote para llevarte a tu rinconcito junto al Padre"
Estabas ya muy malito. Supongo que intuías que te quedaban pocos minutos. Habías empezado con pequeños espasmos, tenías la mirada perdida. Entonces me acerqué, te limpié la boca, y me atreví a susurrarte al oído las seis palabras que llevaba preparando desde hace algo más de un año. Gracias, papá, ya te puedes marchar.
Gracias, papá, ya te puedes marchar. Has luchado sin quejarte, sin descanso, durante los dos años largos que ha durado esta maldita enfermedad que te fue dejando sin fuerzas y sin palabras, especialmente a lo largo de los últimos meses, cuando aun así tratabas de hacerte entender en mitad de un atardecer que iba tornándose cada vez más oscuro.
Todavía te quedaban varias lecciones que darnos, como las que diste durante toda tu vida. Dando ejemplo, mostrando nuevos caminos, siempre con una sonrisa, aspirando la vida hasta el último sorbo. Y con una fe, irrenunciable y optimista, en el Dios de la vida que es la mejor herencia que jamás nadie podrá dejar.
En las últimas horas, alrededor nuestro ha desfilado una riada de gente, una nebulosa de cariño, en forma de caricia, de abrazo, de lágrima, de presencia silenciosa. ¡Cuánta gente os quiere, papá, mamá! Se esfuerzan, con toda su buena voluntad, en recordarnos que en los últimos tiempos ya no eras tú. Que nos quedemos con el recuerdo de quien fuiste antes de la enfermedad. Pero no es toda la verdad, ¿a que no?
La de cosas que hemos aprendido en estos últimos meses. Hasta las últimas horas te esforzabas por caminar, por canturrear las palabras que queríamos leyeras, por mirarnos a la cara e intentar imitar nuestros gestos, escrutar nuestros rostros, reconocernos en las nubes de la memoria. Hace justo ahora una semana pasaste quince minutos intentando chasquear los dedos y disfrutando cuando pensábamos que lo lograbas. Y un día antes conseguiste "construir" un estuche con un folio para guardar los lápices. Confieso que la última palabra que escribiste me dejó "tocado", pero ése será nuestro secreto.
¡Si hasta cuando ya no podías hablar y te costaba recordar conseguiste hacer amigos que hoy han venido a llorarte y a dejarte una sonrisa! Y es que siempre supiste ofrecer a quien se acercara todo lo que tenías. Tu vida, papá, ha sido una tesis práctica de la parábola de los talentos. Y tú tenías una asombrosa capacidad para sembrar.
Has logrado vivir plenamente, y siempre has hecho lo que te ha dictado el corazón, que no es lo mismo que hacer lo que te diera la gana. Ha sido el corazón, y no el deseo o la cabeza, quien ha gobernado tu vida. Y has conseguido ser tú a lo largo de todos tus pasos sobre esta tierra. Menguado, azotado, pequeñito, frágil, asustado... pero siempre tú hasta el final. O hasta este nuevo comienzo, que no todo acaba en estas letras, en este cuerpo. He tenido la inmensa fortuna de seguir viendo al Higinio al que quiero y admiro hasta tu último latido. Y eso me hace, aun entre lágrimas, sentirme profundamente feliz.
Cuando te diagnosticaron la enfermedad (todavía no sé si has tenido Alzheimer, Afasia o varias clases de dolencias "degenerativas" entrelazadas), tuvimos una conversación, la primera de muchas. Curiosamente, hemos charlado mucho más en este tiempo en el que tus dificultades eran evidentes que durante los 38 años de vida compartida con anterioridad. Siempre he hablado más que tú, esto no es causa de la enfermedad: al menos, no de la tuya, tengo que aprender a escuchar más.
Ese día hicimos un pacto: tú ibas a esforzarte, a hacer todo lo que te pidieran los médicos, a trabajar todo lo posible, primero en casa, luego con los amigos de Afal, después (cuando no hubo más remedio) en la resi... y yo no te iba a engañar. Tenías una enfermedad que afectaría tus recuerdos, tu capacidad para hablar, para expresarte, que poco a poco conseguiría ir minando tus fuerzas... pero que íbamos a aprovechar el tiempo. Y hoy puedo decir que ambos cumplimos nuestro acuerdo... salvo alguna mentirijilla que no me tendrás en cuenta, ¿verdad?

Lo que no llegaste a perder, papá, fue tu capacidad de emocionarte, de hacernos sentir que seguías aquí, con nosotros. Siempre lo has hecho, desde pequeños, cuando nos lanzábamos sin cuerda por los puentes de la vida, creyendo que siempre seríamos de goma, que no nos romperíamos, y que si lo hacíamos estaríais mamá y tú para recogernos y llevarnos de vuelta a casa, limpiarnos los mocos y las heridas y conseguir que todo volviera a estar bien.

lunes, 6 de junio de 2016

Desde un susurro divino



Dios habla de muchas maneras. Una puede pasar casi inadvertida, como si fuese un susurro suave y discreto.
¿Cuándo ocurre eso? Cuando en lo íntimo de la conciencia escucho una voz tranquila y constante que me invita a dejar comportamientos dañinos para escoger el camino del Evangelio.
Esa voz no amenaza, no interrumpe, no se impone. Aparece y desaparece como una señal amable, como una invitación respetuosa.
De esta manera, Dios pone ante los ojos de mi alma un camino nuevo. Camino de esperanza, de fe, de amor, de alegría. Camino de renuncia: Cristo lo pide todo, porque antes lo ha dado todo.
Un susurro divino ha llegado a mi existencia. Puedo seguir como si nada hubiera ocurrido, pero también reconozco que Dios lo merece todo.
La invitación ha quedado sobre la mesa de mi corazón. Dios espera, sin prisas, con el anhelo de un Padre que suplica la respuesta de uno de sus hijos.
Si me atrinchero en mis problemas, si me sumerjo en mis planes personales, si me excuso bajo el escudo de mi personalidad, no se producirá el milagro. Dios llorará, en silencio, ante mi dureza y mi apatía.

En cambio, si acojo ese susurro, hoy será el día del gran cambio. Acoger la invitación de Dios me lanzará a un horizonte nuevo, me hará saltar hacia el misterio de la fe, me ayudará a romper con el egoísmo, empezaré la aventura del amor.
P. Fernando Pasual

La ignominia de occidente. "Sigue encerrada en una cárcel indecente, por beber en un vaso de agua"


Una mujer cristiana en Pakistán bebe agua de un vaso con el que también han bebido algunas mujeres musulmanas y, por este motivo, es acusada de grave blasfemia que la puede llevar hasta la muerte por ser cristiana. Si sucediera esto mismo en un país occidental nos reiríamos de que eso sea considerado un delito.
Pues esta mujer a la que se le ocurre beber agua en un vaso ha sufrido ya cientos de días de cárcel, en unas condiciones inhumanas. No ha matado a nadie, no ha robado nada, no ha hecho mal a nadie pero su blasfemia es imperdonable y el calvario que está pasando es una atrocidad que convierte en fanáticos peligrosos a los que la han condenado y en cómplices a los que apenas decimos nada.
Hay toda una legión de fanáticos musulmanes -a modo de cruzada- intentando matarla de la manera que sea.

Yo he conocido personalmente a su esposo y a una de sus hijas y me parecieron la bondad personificada. Expresaron el dolor de que muy pocos en el occidente cristiano se han movilizado para intentar presionar al gobierno de Paquistán para exigir su inmediata liberación o la conmutación de su injusta condena a muerte. Y esta mujer, Asia Bibi, sigue allí encerrada en una cárcel indecente, por beber en un vaso de agua. Si esta historia no fuera verdad, sería hilarante.

Mientras tanto en occidente nos llenamos la boca hablando de derechos humanos, de libertades y de solidaridad; hacemos conciertos y festivales benéficos, y los famosos acuden a galas para concienciar a la gente sobre diversas injusticias y violaciones de derechos en nuestro mundo ¡Y hacen muy bien! Pero ni una sola palabra, ni un solo gesto, ni un solo recuerdo por esta mujer; ni siquiera organizaciones que tienen como objetivos trabajar por los derechos humanos han tenido una palabra o han programado una acción por esta mujer abandonada de todos.

Las organizaciones feministas tan activas en algunas causas, no se han enterado, o no han querido enterarse, de que ahora una mujer está condenada a la horca y en una cárcel por beber un vaso de agua y acusada de blasfemar contra el profeta Mahoma. ¡Ya está bien!

Es que hay mujeres que merecen todo el esfuerzo de las organizaciones de derechos humanos, pero ésta como es cristiana no tiene derecho a nada más que a morir por haber bebido agua donde no debía. La misma iglesia guarda un silencio sobrecogedor e inexplicable sobre este caso que tiene visos de terminar en martirio porque Asia Bibi tiene unas sólidas convicciones cristianas que ya quisieran muchos cristianos de toda la vida.

Y el mundo sigue cada día mirando a otro lado como si no pasara nada. Pues yo también me declaro nazareno como ella y siento que soy Asia Bibi por si alguien lo lee y decide ser también Asia Bibi. No dejemos que estas realidades, impropias del siglo XXI, tomen carta de ciudadanía, ni allí ni aquí no sea que algún día todos seamos Asia Bibi y el mundo nos ignore.


(Alejandro Fdez. Barrajón)