Evangelio: Juan 20,19-23: Recibid el Espíritu Santo
Al anochecer de aquel día, el día primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas, por miedo a los judíos.
En esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: Paz a vosotros.
Y diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor.
Jesús repitió: Paz a vosotros.
Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.
Y dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos. . Palabra de Dios.
Este blog se crea con el objetivo de que todos los que formamos parte de de la comunidad cristiana, podamos expresar nuestras opiniones, consultar nuestras dudas y, sobre todo, ayudarnos unos a otros en este caminar con Jesús y hacia Jesús. Anímate y participa
domingo, 15 de mayo de 2016
sábado, 14 de mayo de 2016
Piedad, manifestación de la misericordia de Dios. Tema de la Audiencia jubilar del Papa
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!No parece tan bonito el día, pero ustedes son valientes y han venido con la lluvia, gracias. Esta audiencia se realizará en dos lugares: los enfermos están en el Aula Pablo VI, por la lluvia, están más cómodos ahí y nos siguen a través de las pantallas; y nosotros aquí. Estamos unidos, ambos, y les hago la propuesta de saludarlos con un aplauso. No es fácil aplaudir con el paraguas en la mano, ¿eh?
Entre los tantos aspectos de la misericordia, existe uno que consiste en sentir piedad o apiadarse en relación a cuantos tienen necesidad de amor. La pietas – la piedad – es un concepto presente en el mundo greco-romano, donde indica el acto de someterse a los superiores: sobre todo la devoción debida a los dioses, también el respeto de los hijos hacia los padres, sobre todo a los ancianos.
.Hoy, en cambio, debemos estar atentos a no identificar la piedad con el pietismo, bastante difundido, que es solo una emoción superficial y ofende la dignidad del otro. Al mismo modo, la piedad no se debe confundir ni siquiera con la compasión que sentimos por los animales que viven con nosotros; sucede, de hecho, que a veces se siente este sentimiento hacia los animales, y se permanece indiferente ante los sufrimientos de los hermanos.
Pero, cuantas veces vemos gente tan apegada a los gatos, a los perros, y después dejan sin ayuda el hambre del vecino, de la vecina… no, no ¿eh?La piedad de la cual queremos hablar es una manifestación de la misericorda de Dios. Es uno de los siete dones del Espíritu Santo que el Señor ofrece a sus discípulos para hacerlos «dóciles para seguir los impulsos del Espíritu Santo» (Catecismo de la Iglesia Católica, 1830).
Tantas veces en el Evangelio se presenta el grito espontáneo que personas enfermas, endemoniad1as, pobres o afligidas dirigen a Jesús: “Ten piedad” (Cfr. Mc 10,47-48; Mt 15,22; 17,15). A todos Jesús respondía con la mirada de la misericordia y el conforto de su presencia. En tales invocaciones de ayuda o pedidos de piedad, cada uno expresaba también su fe en Jesús, llamándolo “Maestro”, “Hijo de David” y “Señor”. Intuían que en Él había algo extraordinario, que les podía ayudar a salir de la condición de tristeza en la cual se encontraban. Percibían en Él el amor de Dios mismo. Y también si la gente se amontonaba, Jesús se daba cuenta de aquellas invocaciones de piedad y se apiadaba, sobre todo cuando veía personas sufrientes y heridas en su dignidad, como en el caso de la hemorroisa (Cfr. Mc 5,32). Él los llamaba a tener confianza en É
l y en su Palabra (Cfr. Jn 6,48-55). Para Jesús sentir piedad equivale a compartir la55 tristeza de quien encuentra, pero al mismo tiempo a obrar en primera personaje para transformarla en alegría.
Entre los tantos aspectos de la misericordia, existe uno que consiste en sentir piedad o apiadarse en relación a cuantos tienen necesidad de amor. La pietas – la piedad – es un concepto presente en el mundo greco-romano, donde indica el acto de someterse a los superiores: sobre todo la devoción debida a los dioses, también el respeto de los hijos hacia los padres, sobre todo a los ancianos.
.Hoy, en cambio, debemos estar atentos a no identificar la piedad con el pietismo, bastante difundido, que es solo una emoción superficial y ofende la dignidad del otro. Al mismo modo, la piedad no se debe confundir ni siquiera con la compasión que sentimos por los animales que viven con nosotros; sucede, de hecho, que a veces se siente este sentimiento hacia los animales, y se permanece indiferente ante los sufrimientos de los hermanos.
Pero, cuantas veces vemos gente tan apegada a los gatos, a los perros, y después dejan sin ayuda el hambre del vecino, de la vecina… no, no ¿eh?La piedad de la cual queremos hablar es una manifestación de la misericorda de Dios. Es uno de los siete dones del Espíritu Santo que el Señor ofrece a sus discípulos para hacerlos «dóciles para seguir los impulsos del Espíritu Santo» (Catecismo de la Iglesia Católica, 1830).
Tantas veces en el Evangelio se presenta el grito espontáneo que personas enfermas, endemoniad1as, pobres o afligidas dirigen a Jesús: “Ten piedad” (Cfr. Mc 10,47-48; Mt 15,22; 17,15). A todos Jesús respondía con la mirada de la misericordia y el conforto de su presencia. En tales invocaciones de ayuda o pedidos de piedad, cada uno expresaba también su fe en Jesús, llamándolo “Maestro”, “Hijo de David” y “Señor”. Intuían que en Él había algo extraordinario, que les podía ayudar a salir de la condición de tristeza en la cual se encontraban. Percibían en Él el amor de Dios mismo. Y también si la gente se amontonaba, Jesús se daba cuenta de aquellas invocaciones de piedad y se apiadaba, sobre todo cuando veía personas sufrientes y heridas en su dignidad, como en el caso de la hemorroisa (Cfr. Mc 5,32). Él los llamaba a tener confianza en É
l y en su Palabra (Cfr. Jn 6,48-55). Para Jesús sentir piedad equivale a compartir la55 tristeza de quien encuentra, pero al mismo tiempo a obrar en primera personaje para transformarla en alegría.
También nosotros somos llamados a cultivar en nosotros actitudes de piedad ante tantas situaciones de la vida, quitándonos de encima la indiferencia que impide reconocer las exigencias de los hermanos que nos rodean y liberándonos de la esclavitud del bienestar material (Cfr. 1 Tim 6,3-8).Miremos el ejemplo de la Virgen María, que cuida de cada uno de sus hijos y es para nosotros creyentes el ícono de la piedad. Dante Alighieri lo expresa en la oración a la Virgen puesta al culmen del Paraíso: «En ti misericordia, en ti bondad, en ti magnificencia, en ti se encuentra todo cuanto hay de bueno en las criaturas» (XXXIII, 19-21). Gracias.(Traducción del italiano, Renato Martinez – Radio Vaticano)(from Vatican Radio)
Papa: con la Madre de Jesús, en la víspera de Pentecostés
En la audiencia general de los sábados del Jubileo de la Misericordia, en la víspera de la Solemnidad de Pentecostés, el Papa Francisco invitó a contemplar el modelo de la Virgen María, icono de la piedad, aprendiendo de la Madre de Dios a amar al Señor y al prójimo. En sus exhortaciones a los numerosos peregrinos de tantas partes del mundo - que a pesar de la intensa lluvia, acudieron a la cita jubilar, en la Plaza de San Pedro - el Obispo de Roma hizo hincapié en la importantke y tierna presencia materna de la Virgen, en nuestras vidas, así como fue en Cenáculo, con los ruegos de María implorando que el don del Espíritu Santo Consolador abra e ilumine nuestros corazones:«A través de la intercesión de la Virgen María, estamos invitados, en la víspera de Pentecostés a sacudir nuestra indiferencia, que a veces nos impide ver las necesidades de nuestros hermanos y liberarnos de la esclavitud de los bienes materiales.En esta víspera de Pentecostés, queremos unirnos espiritualmente con la Virgen María y los apóstoles reunidos en oración en espera del Espíritu Santo. El Paráclito nos ayude a crecer en la fe y en la caridad para ser testimonios de la verdadera piedad.Mañana celebraremos la Solemnidad de Pentecostés. Pidamos al Espíritu Santo que llene nuestros corazones. Abrámoslos a su acción. San Pablo nos recuerda que es el mismo Espíritu el que intercede por nosotros con gemidos inefables. Pidámosle que sostenga nuestra oración y nuestras acciones, que las ilumine con su luz, que las haga conformes a la voluntad de Dios».El mes mariano y el Rosario, no podían faltar en las palabras del Papa«Este mes de María nos invita a multiplicar cotidianamente los actos de devoción e imitación de la Madre de Dios. ¡Recen el Rosario cada día! ¡Dejen que la Virgen Madre posea su corazón, encomendándole lo que son y tienen! Y Dios será todo en todos»En su cordial bienvenida a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados, el Papa Francisco recordó que la audiencia general coincidió con la memoria litúrgica de San Matías - que completó el número doce de los Apóstoles, después de la Ascensión del Señor, cuando los mismos junto con María y varios discípulos, se dedicaron a la oración y a esperar la venida del Espíritu Santo:«Hoy es la fiesta de San Matías, el último apóstol que entró entre los Doce. Que su vigor espiritual estimule en ustedes, queridos jóvenes - en especial a los alumnos del Sagrado Corazón y Pablo VI de Roma – a ser coherentes con su fe. Que su entrega a Cristo Resucitado los sostenga a ustedes, queridos enfermos, en los momentos de mayor dificultad. Que su dedición misionera les recuerde a ustedes, queridos recién casados, que el amor es el cimiento insustituible de la familia»(CdM – RV)(from Vatican Radio)
ÁMENSE LOS UNOS A LOS OTROS COMO YO LOS HE AMADO
Evangelio según San Juan 15,9-17.
Jesús dijo a sus discípulos: «Como el Padre me amó, también yo los he amado a ustedes. Permanezcan en mi amor.
Si cumplen mis mandamientos, permanecerán en mi amor, como yo cumplí los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Les he dicho esto para que mi gozo sea el de ustedes, y ese gozo sea perfecto.
Este es mi mandamiento: Ámense los unos a los otros, como yo los he amado.
No hay amor más grande que dar la vida por los amigos. Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando.
Ya no los llamo servidores, porque el servidor ignora lo que hace su señor; yo los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que oí de mi Padre.
No son ustedes los que me eligieron a mí, sino yo el que los elegí a ustedes, y los destiné para que vayan y den fruto, y ese fruto sea duradero. Así todo lo que pidan al Padre en mi Nombre, Él se lo concederá.
Lo que yo les mando es que se amen los unos a los otros.»
viernes, 13 de mayo de 2016
Dramático llamamiento de Patriarca católico a sacerdotes que abandonaron Irak
El Patriarca Caldeo de Bagdad (Irak), monseñor
Louis Sako, calificó como un «pecado grave» el de aquellos sacerdotes y
religiosos que abandonaron Irak rumbo a Estados Unidos sin permiso de sus
superiores, pues «debemos vivir y morir en el lugar donde Dios nos llama».
En una carta a la Eparquía de San Pedro de los
Caldeos en San Diego, California (Estados Unidos), recogido por la agencia
vaticana Fides, monseñor Sako recordó a los sacerdotes y religiosos que
emigraron que «su futuro se apoya en el Señor y en dar un testimonio de Cristo
no solo con las palabras, sino con el ejemplo, en negarse a sí mismos, amando y
sirviendo a su pueblo, especialmente aquellos necesitados».
En febrero de este año, la Organización
Internacional para las Migraciones (OIM) informó en un boletín que la violencia
desatada en Irak por el Estado Islámico (ISIS) ha ocasionado más de 3,3
millones de desplazados internos en el país desde enero de 2014.
Según un informe de Naciones Unidas publicado a
inicios de 2016, entre enero de 2014 y octubre de 2015 más de 18 mil 800
civiles fueron asesinados y otros 36 mil han resultado heridos.
En marzo de este año, Estados Unidos reconoció
como «genocidio» los crímenes de ISIS contra los cristianos y otras minorías
religiosas en Medio Oriente y otras regiones que están bajo su poder.
Los sacerdotes y religiosos, precisó monseñor
Sako, «no deben buscar condiciones de vida confortables, sino servir a los
hermanos siguiendo a Cristo, aceptando también cargar la cruz, cuando lo
requieran las circunstancias».
«Esta es la razón por la que nadie puede dejar
su diócesis o comunidad religiosa sin la aprobación formal del obispo o
superior, como también fue reiterado en el Sínodo de los Obispos Caldeos en
junio de 2013», señaló.
ACI
«MARÍA SOLA ABRAZA AL QUE TODO EL UNIVERSO NO ABARCA». SAN EFRÉN
María fue hecha cielo
en favor nuestro al llevar la divinidad que Cristo, sin dejar la gloria del
Padre, encerró en los angostos límites de un seno para conducir a los hombres a
una dignidad mayor. Eligió a ella sola entre toda la asamblea de las vírgenes
para que fuese instrumento de nuestra salvación. En ella encontraron su culmen
los vaticinios de todos los justos y profetas. De ella nació aquella
brillantísima estrella bajo cuya guía vio una gran luz el pueblo, que caminaba
en tinieblas. María puede ser denominada de forma adecuada con diversos
títulos.
Ella es el templo del Hijo de Dios, que salió de ella de manera muy
distinta a como había entrado, porque, aunque había entrado en su seno sin
cuerpo, salió revestido de un cuerpo.
Ella es el nuevo cielo místico, en el que
el Rey de reyes habitó como en su morada. De él bajó a la tierra mostrando
ostensiblemente una forma y semejanza terrena. Ella es la vid que da como fruto
un suave olor. Su fruto, como difería absolutamente por la naturaleza del
árbol, necesariamente cambiaba su semejanza por causa del árbol. Ella es la
fuente que brota de la casa del Señor, de la que fluyeron para los sedientos
aguas vivas que, si alguien las gusta aunque sea con la punta de los labios,
jamás sentirá sed.
Amadísimos, se
equivoca quien piensa que el día de la renovación de María puede ser comparado
con otro día de la creación.
En el inicio fue creada la tierra; por medio de
ella es renovada.
En el inicio fue maldita en su actividad por el pecado de
Adán, por medio de ella le es devuelta la paz y la seguridad.
En el inicio, la
muerte se extendió a todos los hombres por el pecado de los primeros padres,
pero ahora hemos sido trasladados de la muerte a la vida.
En el inicio, la
serpiente se adueñó de los oídos de Eva, y el veneno se extendió a todo el
cuerpo; ahora María acoge en sus oídos al defensor de la perpetua felicidad. Lo
que fue instrumento de muerte, ahora se alza como instrumento de vida.
El que
se sienta sobre los Querubines es sostenido ahora por los brazos de una mujer;
Aquel al que todo el orbe no puede abarcar, María sola lo abraza; Aquel al que
temen los Tronos y las Dominaciones, una joven lo protege; Aquel cuya morada es
eterna, se sienta en las rodillas de una virgen; Aquel que tiene la tierra por
escabel de sus pies, la pisa con pies de niño.
De los sermones de
san Efrén, diácono
(Sermón 3 de diversis: Opera omnia, III syr. et lat., Roma 1743, 607)
(Sermón 3 de diversis: Opera omnia, III syr. et lat., Roma 1743, 607)
Fuente: News.va
JESÚS CONFÍA SU REBAÑO A PEDRO
Evangelio
según San Juan 21,15-19.
Habiéndose
aparecido Jesús a sus discípulos, después de comer, dijo a Simón Pedro:
"Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?". Él le respondió:
"Sí, Señor, Tú sabes que te quiero". Jesús le dijo: "Apacienta
mis corderos".
Le volvió a decir por
segunda vez: "Simón, hijo de Juan, ¿me amas?". Él le respondió:
"Sí, Señor, sabes que te quiero". Jesús le dijo: "Apacienta mis
ovejas".
Le
preguntó por tercera vez: "Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?". Pedro
se entristeció de que por tercera vez le preguntara si lo quería, y le dijo:
"Señor, Tú lo sabes todo; sabes que te quiero". Jesús le dijo:
"Apacienta mis ovejas.
Te aseguro que cuando eras joven, tú mismo te vestías e ibas a donde querías. Pero cuando seas viejo, extenderás tus brazos, y otro te atará y te llevará a donde no quieras".
Te aseguro que cuando eras joven, tú mismo te vestías e ibas a donde querías. Pero cuando seas viejo, extenderás tus brazos, y otro te atará y te llevará a donde no quieras".
De
esta manera, indicaba con qué muerte Pedro debía glorificar a Dios. Y después
de hablar así, le dijo: "Sígueme".
jueves, 12 de mayo de 2016
El Papa Francisco abre la puerta al diaconado de las mujeres. Anuncia la creación de una "comisión oficial" para que "la Iglesia aclare este punto"
En la actualidad, este servicio está
reservado de manera exclusiva a los hombres
Francisco afirmó hoy que creará una comisión de estudio para analizar la posibilidad
de permitir a las mujeres ejercer el servicio del diaconado en
la Iglesia católica, actualmente reservado de manera exclusiva a hombres.
Esto durante un encuentro -en el
Aula Pablo VI del Vaticano- con unas 900 líderes de congregaciones
religiosas femeninas del mundo, asistentes a la asamblea trienal de
la Unión Internacional de Superioras Generales (UISG).
En la reunión el pontífice respondió
improvisando a seis preguntas de las presentes, una de ellas le cuestionó: "¿Por qué no constituir una comisión oficial para estudiar la
cuestión?".
En su respuesta el líder católico reveló que había abordado el asunto hace
algunos años con un "buen y sabio profesor", el cual tenía estudios
sobre el uso de las mujeres diáconos en los primeros siglos de la Iglesia.
Siguió reconociendo que no estaba
claro qué papel tenían esas mujeres. "¿Cuáles fueron estas mujeres
diáconos? ¿Tenían ordenación o no? Está poco claro eso.
¿Cuál fue el papel de esas ‘diaconisas' entonces?", se
cuestionó.
"¿Constituir una comisión
oficial que pueda estudiar la cuestión? Creo que sí. Sería bueno, para hacer que la Iglesia aclare este punto.
Estoy de acuerdo, voy a hablar para hacer algo como esto.
Acepto, me parece útil tener una comisión para aclarar", añadió.
Actualmente la Iglesia católica reserva el diaconado exclusivamente a los
hombres. Los seminaristas son ordenados "diáconos temporales" un
tiempo antes de recibir la ordenación sacerdotal.
Pero no sólo pueden ser diáconos
quienes serán presbíteros, también existe una categoría distinta de "diáconos permanentes" que incluso pueden ser casados.
Estos son considerados el "grado inferior de la jerarquía
eclesiástica".
Entre las funciones permitidas a los
diáconos destacan la proclamación del evangelio, la predicación y la asistencia
en el altar, la administración del sacramento del bautismo y el presidir
matrimonios, dar bendiciones. Ellos no pueden celebrar misa
ni confesar o dar la unción de los enfermos.
La discusión sobre el diaconado
femenino no es nueva. Durante la pasada asamblea del Sínodo de los Obispos, que
tuvo lugar en el Vaticano en octubre de 2015, el arzobispo canadiense Paul-André Durocher avanzó el tema.
"El Sínodo debería reflexionar
seriamente sobre la posibilidad de permitir el
diaconado femenino, porque abriría el camino a mayores oportunidades
para las mujeres en la vida de la Iglesia", señaló.
"En donde fuese posible, a mujeres calificadas se les debería asignar
posiciones y autoridades de decisión en las estructuras eclesiásticas",
añadió.
Religión digital
Homilía del Papa: los cristianos trabajan por la unidad, los cizañeros dividen
Jesús ruega por la unidad de los cristianos, pero en la Iglesia hay
cizañeros que dividen y destruyen las comunidades con la lengua, dijo el Papa
Francisco en su homilía, en la Misa matutina, en la Capilla de la Casa de Santa
Marta.
La
unidad es una de las cosas más difíciles
Antes de su Pasión, Jesús reza por la unidad de los creyentes, de las
comunidades cristianas, para que sean una sola cosa, como Él con el Padre, para
que el mundo crea. El Obispo de Roma reflexionó sobre las palabras y oración de
Jesús, con la lectura del Evangelio del día:
«La unidad de las comunidades cristianas, de las familias cristianas son
testimonio: testimonian que el Padre ha enviado a Jesús. Y, quizá llegar a la
unidad – en una comunidad cristiana, una parroquia, un obispado, una
institución cristiana, una familia cristiana – es una de las cosas más
difíciles. Nuestra historia, la historia de la Iglesia nos hace avergonzar
tantas veces: ¡hicimos guerras contra nuestros hermanos cristianos! Pensemos en
una, la Guerra de los Treinta Años».
Pedir
perdón por las divisiones
Donde los cristianos se hacen la guerra unos contra otros, no hay
testimonio, hizo hincapié el Papa:
«¡Tenemos que pedir tanto perdón al Señor por esta historia! Una historia,
tantas veces, de divisiones y no sólo en el pasado… ¡Aún hoy! ¡Aún hoy! Y el
mundo ve que estamos divididos y dice: ‘Que se pongan de acuerdo, después
veremos… Cómo, Jesús ha Resucitado y está vivo ¿y sus discípulos no se ponen de
acuerdo?’. Una vez, un cristiano católico le preguntó a otro cristiano de
Oriente, también católico: ‘Mi Cristo resucita pasado mañana. El tuyo ¿cuándo
resucita? ¡Ni siquiera en la Pascua estamos unidos! Y el mundo no cree».
Los
cizañeros embarran y destruyen
«El chismear es así: embarrar al otro. ¡El que chismea embarra! ¡Destruye!
Destruye la fama, destruye la vida y tantas veces - ¡tantas veces! – sin
motivo, contra la verdad. Jesús rezó por nosotros, por todos nosotros que
estamos aquí y por nuestras comunidades, nuestras parroquias, nuestras
diócesis: ‘Que sean uno’. Roguemos al Señor que nos dé la gracia, porque es
tanta, tanta la fuerza del diablo, del pecado que nos empuja a la desunión.
¡Siempre! Que nos dé la gracia, que nos dé el don: y ¿cuál es el don que hace
la unidad? ¡El Espíritu Santo! Que nos dé este don que hace la armonía, porque
Él es la armonía, la gloria en nuestras comunidades. Y que nos dé la paz, pero
con la unidad. Pidamos la gracia de la unidad para todos los cristianos, la
gracia grande y la gracia pequeña de cada día para nuestras comunidades,
nuestras familias. ¡Y la gracia de poner un freno a la lengua!»
(CdM – RV)
JESÚS ORA POR LA UNIDAD DE LOS QUE CREEN EN ÉL
Evangelio según San Juan 17,20-26.
Jesús levantó los ojos al cielo y oró diciendo:
"Padre santo, no ruego solamente por ellos, sino también por los que, gracias a su palabra, creerán en mí.
Que todos sean uno: como Tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que Tú me enviaste.
Yo les he dado la gloria que Tú me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno -yo en ellos y tú en mí- para que sean perfectamente uno y el mundo conozca que Tú me has enviado, y que yo los amé cómo Tú me amaste.
Padre, quiero que los que Tú me diste estén conmigo donde yo esté, para que contemplen la gloria que me has dado, porque ya me amabas antes de la creación del mundo.
Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te conocí, y ellos reconocieron que Tú me enviaste.
Les di a conocer tu Nombre, y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que Tú me amaste esté en ellos, y yo también esté en ellos".
Jesús levantó los ojos al cielo y oró diciendo:
"Padre santo, no ruego solamente por ellos, sino también por los que, gracias a su palabra, creerán en mí.
Que todos sean uno: como Tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que Tú me enviaste.
Yo les he dado la gloria que Tú me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno -yo en ellos y tú en mí- para que sean perfectamente uno y el mundo conozca que Tú me has enviado, y que yo los amé cómo Tú me amaste.
Padre, quiero que los que Tú me diste estén conmigo donde yo esté, para que contemplen la gloria que me has dado, porque ya me amabas antes de la creación del mundo.
Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te conocí, y ellos reconocieron que Tú me enviaste.
Les di a conocer tu Nombre, y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que Tú me amaste esté en ellos, y yo también esté en ellos".
Rodrigo Miranda, sacerdote en Siria «Los cristianos de Siria e Irak se sienten abandonados por la Iglesia de Occidente»
Rodrigo
Miranda, sacerdote en Siria, pide al Papa que sea más claro con el apoyo a los
cristianos en Alepo «porque la caridad empieza por casa»
El sacerdote chileno Rodrigo
Miranda llegó a Alepo, la capital de Siria, en marzo de 2011, nueve meses antes
de que comenzara la guerra que se ha cobrado ya 470.000 muertos y ha dejado 12
millones de desplazados y refugiados. Licenciado en Bellas Artes y especialista
en la cultura árabe, el padre Rodrigo asegura que aprendió a ser sacerdote en
Siria en medio del sufrimiento de una minoría cristiana que ha pasado en los
últimos cinco años del 10 al 2% de la población. Miembro del Instituto Verbo
Encarnado, este sacerdote ha sido responsable de la pastoral de la catedral
latina de Alepo hasta que tuvo que abandonar el país a finales de 2014.
¿Qué
tipo de guerra hay en Siria?
Es una oposición al Gobierno de
Bashar al-Ásad compuesta por muchos grupos de sirios –entre ellos Al Qaeda– y
que tratan de derrocar al presidente. Por lo tanto, no es una guerra civil. En
realidad es una extensión del conflicto de Irak.
En
este contexto, ¿cuál es la situación de los cristianos?
Son el blanco de los grupos de
la oposición, no solo del Daesh. Pero no son las únicas víctimas. A nosotros
nos llega la información de que los cristianos apoyan al Bashar al-Ásad, pero
esto en realidad tiene que ver con la elección de las comunidades cristianas
por la protección y también por no permitir la aplicación de la ley islámica,
ya que esto significaría que los cristianos fueran tratados como han sido
tratados históricamente. Es decir, que deben convertirse al islam o pagar el
«jizya» (impuesto) para ser tratados como infieles admitidos dentro de la
comunidad islámica. Por lo tanto, el trato siempre será malo.
¿Cómo
es la Iglesia en Alepo?
Sigue siendo una Iglesia muy
fervorosa, muy devota, con mucha actividad. Nosotros, los de rito latino, somos
la minoría dentro de la minoría.
¿Cómo
es la vida de los cristianos?
Desde el inicio de la guerra ha
sido muy dura. Ahora mi comunidad lleva cinco meses sin agua ni electricidad.
Se han ido buscando soluciones para sobrevivir pero hay momentos muy
dramáticos. Además los barrios cristianos han sido destruidos.
Y,
¿antes de la guerra?
Los fines de semana teníamos en
la misa entre 250 y 300 personas, ahora debemos tener 15. A las iglesias del
centro de la ciudad acude más gente porque están más protegidas. Al ser una
minoría todos nos conocemos. Uno conoce por nombre y apellido las personas que
han sido asesinadas.
¿Cómo
se transmite el Evangelio en medio de tanto dolor? ¿Cómo se habla de esperanza?
En todos los años que estuve en
Siria no escuché a ninguna persona quejarse contra Dios. Lo contrario.
Agradecen a Dios por cada día. Cuando te cuentan las historias más escabrosas
siempre terminan diciendo: «Pero gracias a Dios estamos vivos, podemos venir a
la Iglesia». Los cristianos de Oriente Medio tienen un temple distinto. Cada
vez que hay un bombardeo, se llena la Iglesia. No veo rostros tristes aunque
eso no signifique que no sufran.
¿Cómo
les ayuda la Iglesia?
La Iglesia católica en sus
diferentes ritos es la que ha sostenido la ayuda. No solo en lo material sino
también a la hora ofrecer esperanza. Sobre todo porque los cristianos de Irak y
Siria se sienten abandonados. Obviamente ellos no esperan mucho de la comunidad
internacional, pero tampoco de la Iglesia Occidental. Tanto acento puesto a la
crisis de refugiados cuando ellos son asesinados en la ciudad…
El
Papa ha llamado la atención sobre el conflicto en varias ocasiones…
Gracias a Dios ha habido varias
intervenciones pero a mí me gustaría que fuera más claro porque la caridad
comienza por casa. Cuando en nuestras parroquias están siendo asesinados
literalmente nuestros cristianos y piden la ayuda de la Iglesia de afuera y
simplemente no se les ayuda entonces se mira con desazón lo que hace la Iglesia
en Occidente. Por eso a mí me gustaría que fuese una cosa más clara de ayuda
concreta. Lo digo porque es lo que yo percibo de los cristianos en Alepo.
¿Qué
mensaje dan a la Iglesia estos cristianos?
Su testimonio es un antídoto al
mundo mediocre y decadente de nuestras sociedades. Nos hacen despertar a las
cosas esenciales e importantes de la vida. Nos invitan a preguntarnos en qué
estamos perdiendo la vida o qué estamos haciendo para ganarla. En Occidente uno
tiene que hacer toda una pastoral hollywoodense para atraer a los jóvenes a la
parroquia. En Alepo muchas veces se sentaban a hablar de qué pasaría si
entraran a sus barrios a asesinarlos. Me preguntaban: «Padre, ¿es cierto que
uno tendría que dar la vida por Cristo?». Esos eran sus temas de conversación.
Yo aprendí a ser sacerdote en Siria.
Laura Daniele/AB
miércoles, 11 de mayo de 2016
El Papa en la audiencia general: «Nunca dejaremos de ser hijos de un Padre que nos ama»
Bajo un cielo que
amenazaba lluvia, por lo que los enfermos han tenido que seguir la audiencia
desde el Aula Pablo VI, Francisco ha recordado «nuestra condición de hijos de
Dios» que es «fruto del amor» y que «ni siquiera el diablo puede quitarnos»
El Papa Francisco dedicó la catequesis de su
audiencia general semanal a la parábola del hijo pródigo, en la que habló de la
lógica de misericordia de Dios, que es distinta de la de los hombres.
«La lógica de la misericordia usada por el
padre es muy distinta a la lógica usada por los dos hijos de la parábola»,
afirmó el Obispo de Roma quien explicó que el hijo menor, «pensaba merecer un
castigo por los pecados cometidos», mientras que el hijo mayor, «esperaba una
recompensa por los servicios prestados».
En esta línea, el Papa añadió que «tanto el
uno como el otro necesitaban experimentar la misericordia, por eso el padre
invita a ambos a hacer fiesta, pues la lógica de la misericordia no entiende de
premios o castigos, sino de acoger a todo el que necesita de misericordia y
perdón, y de que todos vuelvan a ser hermanos».
«En cualquier situación de la vida, no debo
olvidar que no dejaré nunca de ser hijo de Dios, de un Padre que me ama y que
espera mi regreso», afirmó el Papa Francisco a los miles de fieles reunidos en
la plaza de San Pedro.
Al finalizar, el Pontífice invitó a los
presentes a acoger con gozo «la invitación de Jesús a participar en la fiesta
de la misericordia y de la fraternidad» y a abrir el corazón «para ser
misericordiosos como el Padre».
Radio Vaticano/Alfa y Omega
RECONOZCAN EL PODER DE DIOS
º
Del Salmo 67:
Reyes de la tierra, cantad a Dios
Oh Dios, despliega tu poder,
tu poder, oh Dios, que actúa en favor nuestro.
A tu templo de Jerusalén
traigan los reyes su tributo.
Reyes de la tierra, cantad a Dios
Reyes de la tierra, cantad a Dios,
tocad para el Señor,
que avanza por los cielos,
los cielos antiquísimos,
que lanza su voz, su voz poderosa:
«Reconoced el poder de Dios.»
Reyes de la tierra, cantad a Dios
Sobre Israel resplandece su majestad,
y su poder, sobre las nubes.
¡Dios sea bendito!
Reyes de la tierra, cantad a Dios
"PADRE SANTO, CUIDA A AQUÉLLOS QUE ME DISTE"
Evangelio según San Juan 17,11b-19.
Jesús levantó los ojos al cielo, y oró diciendo: "Padre santo, cuida en tu Nombre a aquellos que me diste, para que sean uno, como nosotros.
Mientras estaba con ellos, cuidaba en tu Nombre a los que me diste; yo los protegía y no se perdió ninguno de ellos, excepto el que debía perderse, para que se cumpliera la Escritura.
Pero ahora voy a ti, y digo esto estando en el mundo, para que mi gozo sea el de ellos y su gozo sea perfecto.
Yo les comuniqué tu Palabra, y el mundo los odió porque ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.
No te pido que los saques del mundo, sino que los preserves del Maligno.
Ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. Conságralos en la verdad: tu Palabra es verdad.
Así como Tú me enviaste al mundo, yo también los envío al mundo.
Por ellos me consagro, para que también ellos sean consagrados en la verdad."
«EL ESPÍRITU SANTO ENVIADO A LA IGLESIA»
Consumada la obra que el
Padre confió al Hijo en la tierra, fue enviado el Espíritu Santo en el día de
Pentecostés, para que santificara a la Iglesia, y de esta forma los que creen
en Cristo pudieran acercarse al Padre en un mismo Espíritu.
Él es el Espíritu de la vida, o la fuente del agua que salta hasta la
vida eterna, por quien vivifica el Padre a todos los muertos por el pecado
hasta que resucite en Cristo sus cuerpos mortales. El Espíritu habita en la
Iglesia y en los corazones de los fieles como en un templo, y en ellos ora y da
testimonio de la adopción de hijos. Con diversos dones jerárquicos y
carismáticos dirige y enriquece con todos sus frutos a la Iglesia, a la que
guía hacia toda verdad, y unifica en comunión y ministerio, enriqueciéndola con
todos sus frutos. Hace rejuvenecer a la Iglesia por la virtud del Evangelio, la
renueva constantemente y la conduce a la unión consumada con su Esposo. Pues el
Espíritu y la Esposa dicen al Señor Jesús: «Ven». Así se manifiesta toda la
Iglesia como una muchedumbre reunida por la unidad del Padre y del Hijo y del
Espíritu Santo.
La universalidad de los fieles, que tiene la unción
del Espíritu Santo, no puede fallar en su creencia, y ejerce ésta su peculiar
propiedad mediante el sentimiento sobrenatural de la fe de todo el pueblo,
cuando desde el obispo hasta los últimos fieles seglares manifiesta el
asentimiento universal en las cosas de fe y de costumbres. Con ese sentido de
la fe que el Espíritu Santo mueve y sostiene, el pueblo de Dios, bajo la
dirección del magisterio, al que sigue fidelísimamente, recibe no ya la palabra
de los hombres, sino la verdadera palabra de Dios, se adhiere indefectiblemente
a la fe que se transmitió a los santos de una vez para siempre, la penetra
profundamente con rectitud de juicio y la aplica más íntegramente en la vida.
Además, el mismo Espíritu Santo no solamente
santifica y dirige al pueblo de Dios por los sacramentos y los ministerios y lo
enriquece con las virtudes, sino que, repartiendo a cada uno en particular como
a él le parece, reparte entre los fieles gracias de todo género, incluso
especiales, con que los dispone y prepara para realizar variedad de obras y de
oficios provechosos para la renovación y una más amplia edificación de la
Iglesia, según aquellas palabras: En cada uno se manifiesta el Espíritu para el
bien común. Estos carismas, tanto los extraordinarios como los más sencillos y
comunes, por el hecho de que son muy conformes y útiles a las necesidades de la
Iglesia, hay que recibirlos con agradecimiento y consuelo.
De la Constitución
dogmática Lumen gentium, sobre la Iglesia, del Concilio Vaticano segundo (Núms.
4 y 12) Fuente: News.Va
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