domingo, 29 de noviembre de 2015

Primer Domingo de Adviento. Benedicto XVI


El Señor nos da la gracia y la alegría de abrir el nuevo Año litúrgico iniciando con su primera etapa: el Adviento, el período que conmemora la venida de Dios entre nosotros. [...]

Precisamente el misterio grande y fascinante del Dios con nosotros, es más, del Dios que se hace uno de nosotros, es lo que celebraremos en las próximas semanas caminando hacia la santa Navidad. Durante el tiempo de Adviento sentiremos que la Iglesia nos toma de la mano y, a imagen de María santísima, manifiesta su maternidad haciéndonos experimentar la espera gozosa de la venida del Señor, que nos abraza a todos en su amor que salva y consuela. [...]

Dios nos ama de modo profundo, total, sin distinciones; nos llama a la amistad con él; nos hace partícipes de una realidad por encima de toda imaginación y de todo pensamiento y palabra: su misma vida divina. [...] «Cristo, el nuevo Adán —afirma el concilio Vaticano II— en la misma revelación del misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la grandeza de su vocación... El Hijo de Dios, con su encarnación, se ha unido, en cierto modo, con todo hombre» (Gaudium et spes, 22). Creer en Jesucristo conlleva también tener una mirada nueva sobre el hombre, una mirada de confianza, de esperanza. 


Benedicto XVI, Homilía, Sábado 27 de noviembre de 2010
Los discursos apocalípticos recogidos en los evangelios reflejan los miedos y la incertidumbre de aquellas primeras comunidades cristianas, frágiles y vulnerables, que vivían en medio del vasto Imperio romano, entre conflictos y persecuciones, con un futuro incierto, sin saber cuándo llegaría Jesús, su amado Señor. También las exhortaciones de esos discursos representan, en buena parte, las exhortaciones que se hacían unos a otros, aquellos cristianos, recordando el mensaje de Jesús. Esa llamada a vivir despiertos cuidando la oración y la confianza es un rasgo original y característico de su Evangelio y de su oración.
Por eso, las palabras que escuchamos hoy, después de muchos siglos, no están dirigidas a otros destinatarios. Son llamadas que hemos de escuchar los que vivimos ahora en la Iglesia de Jesús, en medio de las dificultades e incertidumbres de estos tiempos.
La Iglesia actual marcha a veces como una anciana «encorvada» por el peso de los siglos, las luchas y trabajos del pasado. «Con la cabeza baja», consciente de sus errores y pecados, sin poder mostrar con orgullo la gloria y el poder de otros tiempos.
Es el momento de escuchar la llamada que Jesús nos hace a todos.
«Levantaos», animaos unos a otros. «Alzad la cabeza» con confianza. No miréis al futuro solo desde vuestros cálculos y previsiones. «Se acerca vuestra liberación». Un día ya no viviréis encorvados, oprimidos ni tentados por el desaliento. Jesucristo es vuestro Liberador.
Pero hay maneras de vivir que impiden a muchos caminar con la cabeza levantada confiando en esa liberación definitiva. Por eso, «tened cuidado de que no se os embote la mente». No os acostumbréis a vivir con un corazón insensible y endurecido, buscando llenar vuestra vida de bienestar y placer, de espaldas al Padre del Cielo y a sus hijos que sufren en la tierra. Ese estilo de vida os hará cada vez menos humanos.
«Estad siempre despiertos». Despertad la fe en vuestras comunidades. Estad más atentos a mi Evangelio. Cuidad mejor mi presencia en medio de vosotros. No seáis comunidades dormidas. Vivid «pidiendo fuerza». ¿Cómo seguiremos los pasos de Jesús si el Padre no nos sostiene? ¿Cómo podremos «mantenernos en pie ante el Hijo del Hombre»?

José Antonio Pagola

NUEVO AÑO LITÚRGICO. I DOMINGO DE ADVIENTO, “C”

Tiempo nuevo que nos ofrece la Iglesia de mano del Evangelio de San Lucas, en coincidencia con el “Año de la Misericordia”, cuyo inicio celebraremos el 8 de Diciembre, día de la Inmaculada, en el 50 aniversario de la clausura del Concilio Vaticano II.
El texto de San Lucas se refiere especialmente a la misericordia, tanto en las parábolas, como en los gestos que hace Jesús con los pobres. Este año será ocasión propicia para acompañarnos con la enseñanza lucana.
Las lecturas de este domingo nos ofrecen un vocabulario esperanzador: “Cumpliré la promesa”. “Se salvará Judá, y en Jerusalén vivirán tranquilos”. “El Señor es bueno”. “Las sendas del Señor son misericordia y lealtad”. “El Señor os colme y os haga rebosar de amor mutuo y de amor a todos, lo mismo que nosotros os amamos”. “Levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación”.

Toma una de las frases bíblicas, la que más te haya tocado el corazón, aquella en la que encuentres mayor resonancia: rúmiala, hazla jaculatoria, llévala en la mente mientras vas de camino, recítala como oración, y poco a poco te abrirás a una comprensión mayor del texto, que se convertirá en compañero de camino.
Personaliza las expresiones, como si te las dijeran a ti personalmente, escucha dentro de ti la promesa de salvación, y atrévete a confesar al Señor: “Tú eres mi Dios y mi Salvador”.
Si alguna de las expresiones se ha introducido en tu interior y las has escuchado como dicha al oído de tu corazón, seguro que podrás sentir confianza, y hasta el impulso íntimo de abandonarte a la Providencia divina.
Si por lo que sea no sientes vibración alguna, te aconsejo, como hoy nos señala San Lucas: “Levanta la cabeza, mira al horizonte, se acerca nuestra salvación. No estamos destinados a la desesperanza. Mantente despierto, de pie, vigilante, como quien aguarda a alguien amigo.

Nos va a visitar la Misericordia de Dios, vamos a poder contemplar el rostro del Invisible, hecho visible en el Hijo de María. Hoy es tiempo de comenzar de nuevo, de interrumpir la posible inercia, de levantarse, porque se acerca nuestra salvación.
Ángel Moreno de Buenafuente

A ti, Señor, levanto mi alma.


Salmo responsorial Sal 24, 4bc-5ab. 8-9. 10 y 14

A ti, Señor, levanto mi alma.
Señor, enséñame tus caminos, 
instrúyeme en tus sendas: 
haz que camine con lealtad; 
enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador.
A ti, Señor, levanto mi alma.
El Señor es bueno y es recto, 
y enseña el camino a los pecadores; 
hace caminar a los humildes con rectitud, 
enseña su camino a los humildes.
A ti, Señor, levanto mi alma.
Las sendas del Señor son misericordia 
y lealtad para los que guardan su alianza y sus mandatos. 
El Señor se confía con sus fieles 
y les da a conocer su alianza.
A ti, Señor, levanto mi alma.


Se acerca vuestra liberación


Lectura del santo evangelio según san Lucas 21, 25-28. 34-36
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
- «Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, enloquecidas por el estruendo del mar y el oleaje. Los hombres quedarán sin aliento por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo, pues los astros se tambalearán.
Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y majestad.
Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación.
Tened cuidado: no se os embote la mente con el vicio, la bebida y los agobios de la vida, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra.
Estad siempre despiertos, pidiendo fuerza para escapar de todo lo que está por venir y manteneros en pie ante el Hijo del hombre.»
Palabra del Señor.

sábado, 28 de noviembre de 2015

Los mártires de Uganda nos indican el camino: Su fe buscó el bien de todos, incluso del Rey que los condenó, dijo el Papa

Sábado, 28 de noviembre de 2015

«Recibirán la fuerza del Espíritu Santo que descenderá sobre ustedes, y serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría, y hasta los confines de la tierra» (Hch 1,8).
Desde la época Apostólica hasta nuestros días, ha surgido un gran número de testigos para proclamar a Jesús y manifestar el poder del Espíritu Santo. Hoy, recordamos con gratitud el sacrificio de los mártires ugandeses, cuyo testimonio de amor por Cristo y su Iglesia ha alcanzado precisamente «los extremos confines de la tierra». Recordamos también a los mártires anglicanos, su muerte por Cristo testimonia el ecumenismo de la sangre. Todos estos testigos han cultivado el don del Espíritu Santo en sus vidas y han dado libremente testimonio de su fe en Jesucristo, aun a costa de su vida, y muchos de ellos a muy temprana edad.
También nosotros hemos recibido el don del Espíritu, que nos hace hijos e hijas de Dios, y también para dar testimonio de Jesús y hacer que lo conozcan y amen en todas partes. Hemos recibido el Espíritu cuando renacimos por el bautismo, y cuando fuimos fortalecidos con sus dones en la Confirmación. Cada día estamos llamados a intensificar la presencia del Espíritu Santo en nuestra vida, a «reavivar» el don de su amor divino para convertirnos en fuente de sabiduría y fuerza para los demás.
El don del Espíritu Santo se da para ser compartido. Nos une mutuamente como fieles y miembros vivos del Cuerpo místico de Cristo. No recibimos el don del Espíritu sólo para nosotros, sino para edificarnos los unos a los otros en la fe, en la esperanza y en el amor. Pienso en los santos José Mkasa y Carlos Lwanga que, después de haber sido instruidos por otros en la fe, han querido transmitir el don que habían recibido. Lo hicieron en tiempos difíciles. No estaba amenazada solamente su vida, sino también la de los muchachos más jóvenes confiados a sus cuidados. Dado que ellos habían cultivado la propia fe y habían crecido en el amor de Cristo, no tuvieron miedo de llevar a Cristo a los demás, aun a precio de la propia vida. Su fe se convirtió en testimonio; venerados como mártires, su ejemplo sigue inspirando hoy a tantas personas en el mundo. Ellos siguen proclamando a Jesucristo y el poder de la cruz.

Si, a semejanza de los mártires, reavivamos cotidianamente el don del Espíritu Santo que habita en nuestros corazones, entonces llegaremos a ser de verdad los discípulos misioneros que Cristo quiere que seamos. Sin duda, lo seremos para nuestras familias y nuestros amigos, pero también para los que no conocemos, especialmente para quienes podrían ser poco benévolos e incluso hostiles con nosotros. Esta apertura hacia los demás comienza en la familia, en nuestras casas, donde se aprende a conocer la misericordia y el amor de Dios. Y se expresa también en el cuidado de los ancianos y de los pobres, de las viudas y de los huérfanos.
Como aquella madre y sus siete hijos, que describe el segundo Libro de los Macabeos, se animaban unos a otros en el momento de la gran prueba (7,1-2.9-14), del mismo modo, como miembros de la familia de Dios, debemos ayudarnos unos a otros, protegernos y guiarnos a la plenitud de la vida. Pienso con gratitud en todos aquellos –Obispos, sacerdotes, mujeres y hombres consagrados y catequistas– que de mil modos diversos han ayudado a las familias cristianas. Que la Iglesia en este país, especialmente mediante las comunidades parroquiales, siga ayudando a las parejas jóvenes en su preparación al matrimonio, anime a los esposos a vivir el vínculo conyugal en el amor y la fidelidad, y ayude a los padres en su tarea de ser los primeros maestros de la fe de sus hijos.
Al igual que los Apóstoles y los mártires de Uganda antes que nosotros, hemos recibido el don del Espíritu Santo para ser discípulos-misioneros, llamados a salir hacia los otros y llevar el Evangelio a todos. En ocasiones esto supondrá ir hasta los confines del mundo, como misioneros en tierras lejanas. Esto es esencial para la difusión del Reino de Dios, y les pido siempre una respuesta generosa a esta exigencia. Sin embargo, no es necesario viajar para ser discípulos-misioneros. En realidad, solamente hace falta abrir los ojos a las necesidades que encontramos en nuestras casas y en nuestras comunidades locales para darnos cuenta de las numerosas oportunidades que allí nos esperan.
También en esto los mártires de Uganda nos indican el camino. Su fe buscó el bien de todos, incluso del mismo Rey que los condenó por su credo cristiano. Su respuesta buscaba oponer el amor al odio, y de ese modo irradiar el esplendor del Evangelio. Ellos no se limitaron a decir al Rey lo que el Evangelio prohibía, sino que mostraron con su vida lo que significa realmente decir «sí» a Jesús. Significa misericordia y pureza de corazón, ser humildes y pobres de espíritu, y tener sed de la justicia, con la esperanza de la recompensa eterna.
El testimonio de los mártires nuestra, a todos los que han conocido su historia, entonces y hoy, que los placeres mundanos y el poder terreno no dan alegría ni paz duradera. Es más, la fidelidad a Dios, la honradez y la integridad de la vida, así como la genuina preocupación por el bien de los otros, nos llevan a esa paz que el mundo no puede ofrecer. Esto no disminuye nuestra preocupación por las cosas de este mundo, como si mirásemos solamente a la vida futura. Al contrario, nos ofrece un objetivo para la vida en este mundo y nos ayuda a acercarnos a los necesitados, a cooperar con los otros por el bien común y a construir, sin excluir a nadie, una sociedad más justa, que promueva la dignidad humana, defienda la vida, don de Dios, y proteja las maravillas de la naturaleza, la creación, nuestra casa común.
Queridos hermanos y hermanas, esta es la herencia que han recibido de los mártires ugandeses: vidas marcadas por la fuerza del Espíritu Santo, vidas que también ahora siguen dando testimonio del poder transformador del Evangelio de Jesucristo. Esta herencia no la hacemos nuestra como un recuerdo circunstancial o conservándola en un museo como si fuese una joya preciosa. En cambio, la honramos verdaderamente, y a todos los santos, cuando llevamos su testimonio de Cristo a nuestras casas y a nuestros prójimos, a los lugares de trabajo y a la sociedad civil, tanto si nos quedamos en nuestras propias casas como si vamos hasta los más remotos confines del mundo.
Que los mártires ugandeses, junto con María, Madre de la Iglesia, intercedan por nosotros, y que el Espíritu Santo encienda en nosotros el fuego del amor divino. Omukama abawe omukisa. (Que Dios los bendiga).

Espero que mi presencia sea signo de amistad, aprecio y aliento a todo el pueblo de esta nación, Francisco en Uganda

Con una hora y veinte minutos de vuelo, el Obispo de Roma llegó a Uganda desde Kenia, a las 16,50 el viernes 27 de Noviembre. Después de la ceremonia de bienvenida en el aeropuerto de Entebbe, hizo una visita de cortesía al Presidente de la Republica de Uganda el Señor Yoweri Kaguta Museveni.
Posteriormente el Papa tuvo un encuentro con la autoridades de Uganda y el Cuerpo Diplomático, en el que expresó entre otras cosas que su visita pretende también llamar la atención sobre África en su conjunto, sus promesas, sus esperanzas, sus luchas y sus logros. "El mundo mira a África como al continente de la esperanza. En efecto, Uganda ha sido bendecida por Dios con abundantes recursos naturales, que ustedes tienen el cometido de administrar con responsabilidad. Pero, sobre todo, la nación ha sido bendecida en su gente: sus familias fuertes, sus jóvenes y sus ancianos". Así mismo Francisco dijo que esperaba con alegría reunirse mañana con los jóvenes, para dirigirles palabras de aliento y desafío. "Qué importante es ofrecerles esperanza, oportunidades de educación y empleo remunerado y, sobre todo, la oportunidad de participar plenamente en la vida de la sociedad. Pero también quisiera mencionar la bendición que ustedes tienen en las personas mayores. Ellas son la memoria viva de todos los pueblos. Siempre hay que valorar su sabiduría y experiencia como una brújula que consiente a la sociedad encontrar la dirección correcta para afrontar los desafíos del presente con integridad, sabiduría y previsión". jesuita Guillermo Ortiz - Radio Vaticana
Palabras de Papa Francisco en el encuentro con las autoridades y cuerpo diplomático en Entebbe Uganda
Señor Presidente, Miembros del Gobierno, Distinguidos Miembros del Cuerpo Diplomático.

Hermanos Obispos Señoras y Señores:
          Les agradezco su amable bienvenida; me siento feliz de estar en Uganda. Mi visita a su país está orientada, sobre todo, a conmemorar el quincuagésimo aniversario de la canonización de los mártires de Uganda por mi predecesor, el Papa Pablo VI.  Aunque espero que mi presencia aquí sea vista también como un signo de amistad, aprecio y aliento a todo el pueblo de esta gran nación.
            Los mártires, tanto católicos como anglicanos, son verdaderos héroes nacionales. Ellos dan testimonio de los principios rectores expresados en el lema de Uganda: «Por Dios y mi país». Nos recuerdan el papel fundamental que ha tenido y sigue teniendo la fe, la rectitud moral y el compromiso por el bien común, en la vida cultural, económica y política de este país. También nos recuerdan que, a pesar de nuestros diferentes credos y convicciones, todos estamos llamados a buscar la verdad, a trabajar por la justicia y la reconciliación, y a respetarnos, protegernos y ayudarnos unos a otros como miembros de una única familia humana. Estos altos ideales son especialmente importantes en hombres y mujeres, como ustedes, que han de garantizar una buena y transparente gestión pública, un desarrollo humano integral, una amplia participación en la vida nacional, así como una distribución racional y justa de los bienes que el Creador ha otorgado con abundancia a estas tierras.
            Mi visita pretende también llamar la atención sobre África en su conjunto, sus promesas, sus esperanzas, sus luchas y sus logros. El mundo mira a África como al continente de la esperanza. En efecto, Uganda ha sido bendecida por Dios con abundantes recursos naturales, que ustedes tienen el cometido de administrar con responsabilidad. Pero, sobre todo, la nación ha sido bendecida en su gente: sus familias fuertes, sus jóvenes y sus ancianos. Espero con alegría reunirme mañana con los jóvenes, para dirigirles palabras de aliento y desafío. Qué importante es ofrecerles esperanza, oportunidades de educación y empleo remunerado y, sobre todo, la oportunidad de participar plenamente en la vida de la sociedad. Pero también quisiera mencionar la bendición que ustedes tienen en las personas mayores. Ellas son la memoria viva de todos los pueblos. Siempre hay que valorar su sabiduría y experiencia como una brújula que consiente a la sociedad encontrar la dirección correcta para afrontar los desafíos del presente con integridad, sabiduría y previsión.
            Aquí, en África del Este, Uganda ha mostrado una preocupación excepcional por acoger a los refugiados, para que puedan reconstruir sus vidas con seguridad y con el sentido de la dignidad que proporciona el ganarse el sustento mediante un trabajo honrado. Nuestro mundo, atrapado en guerras, violencia, y diversas formas de injusticia, es testigo de un movimiento de personas sin precedentes. La manera como los tratamos es una prueba de nuestra capacidad de humanidad, de nuestro respeto por la dignidad humana y, sobre todo, de nuestra solidaridad con estos hermanos y hermanas necesitados.
            Aunque mi visita sea breve, deseo seguir alentando los muchos esfuerzos que de modo discreto se están realizando en favor de los pobres, los enfermos y todos los que pasan dificultad. En estos pequeños signos se manifiesta el alma verdadera de un pueblo. En muchos sentidos, nuestro mundo experimenta hoy un crecimiento armónico; al mismo tiempo, sin embargo, vemos con preocupación la globalización de una «cultura del descarte», que nos hace perder de vista los valores espirituales, endurece nuestros corazones ante las necesidades de los pobres y roba la esperanza a nuestros jóvenes.
            Con el deseo de encontrarme con ustedes y compartir este tiempo juntos, pido a Dios que usted, Señor Presidente, y todo el querido pueblo de Uganda, respondan siempre a los valores que han forjado el alma de su nación. Invoco de todo corazón sobre todos ustedes las abundantes bendiciones del Señor.
            Mungu awabariki! (Que Dios los bendiga).

ESTAD SIEMPRE ATENTOS



Lectura del santo evangelio según san Lucas (21,34-36):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Tened cuidado: no se os embote la mente con el vicio, la bebida y los agobios de la vida, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra. Estad siempre despiertos, pidiendo fuerza para escapar de todo lo que está por venir y manteneros en pie ante el Hijo del hombre.»

viernes, 27 de noviembre de 2015

"El Papa nos hace vivir con la mirada puesta en los últimos y sabiendo que podemos hacer mucho por ellos"

Carlos Osoro: "Francisco no se conforma con que denunciemos las situaciones; el Papa busca cambiar las cosas"

El Papa Francisco ha iniciado un viaje apostólico a África para llevar la Buena Noticia, la que engendra encuentro y no división, paz y no guerra, amor y no odio. Va como el Buen Pastor de la parábola del Evangelio: a buscar a quienes olvidaron que se construye dando vida o que hay muchos hermanos en aquel continente que sufren.
El Papa nos hace vivir con la mirada puesta en los últimos y sabiendo que podemos hacer mucho por ellos. Estos días, durante el viaje del Santo Padre, estemos con él acompañándolo en la oración y en la responsabilidad de hacerles llegar nuestra ayuda, para que todos vivan con la dignidad que Dios mismo les dio y que se manifestó plenamente en Jesucristo. Devolvámosles lo que les pertenece; no consintamos que se robe la dignidad de ningún ser humano.
Francisco visitará tres países: Kenia, Uganda y la República Centroafricana. Quiere llevar a estas tierras, que padecen el maltrato de la pobreza y de la guerra, el mensaje del Evangelio; y mostrará que, lo que el Señor pidió a los primeros discípulos, «id y anunciad el Evangelio», lo sigue haciendo hoy Pedro en su persona. Va a dar rostro a Nuestro Señor Jesucristo, llevando y acercando la alegría del Evangelio, que es transformadora de los corazones de los hombres porque les devuelve la esperanza y los fortalece con la fuerza del amor mismo de Dios.
Con este viaje, el Papa desea decirles que no están solos. Y, al mismo tiempo, invita a toda la humanidad a viajar con él África desde el corazón y, a aquellos que pueden, a que hagan todo lo que esté de su parte «para que haya paz y prosperidad en esos países», como pedía el domingo pasado en el rezo del Ángelus.
La audacia evangelizadora del Papa le lleva a decir que el mensaje de Jesús es este: la misericordia. Mensaje que va a proclamar en aquel «paisaje humano», pero que nos da a contemplar a todos. Va a estas tierras, por una parte, para que quienes allí viven sientan la cercanía de Cristo a través del Sucesor de Pedro, a quien encomendó el cuidado de la Iglesia y de todos los hombres.
 Por otra parte, va para hacernos caer en la cuenta de que hemos de ayudar a quienes más padecen. Por eso, encomendémonos a la misericordia de Dios. No es fácil porque es un abismo incomprensible. Pero hay que hacerlo, a Él le gusta que le contemos lo que nos pasa. ¿Por qué no le abrimos el corazón mientras acompañamos con la oración al Papa Francisco? Es bueno que le digamos lo que dejamos de hacer o hacemos mal, que, entre otras cosas, es lo que provoca la pobreza, la guerra, la miseria o el hambre.
Y no tengamos miedo. Reconociendo que hemos tenido cerrada la vida a nuestros propios intereses, dejemos que Jesucristo nos bese, nos abrace y nos diga: «tampoco yo te condeno, anda y en adelante no peques más», es decir, no te olvides de tu hermano, de los que más sufren. Él nunca se cansa de darnos su perdón y rehabilitarnos para hacer el bien; lo que ocurre es que, como nos recuerda Francisco, muy a menudo,somos nosotros los que nos cansamos de pedir perdón.
Con su ejemplo, el Santo Padre nos regala la actitud de Jesús, que conmueve: sus palabras son de amor, de misericordia, e invitan a la conversión; nos muestra el rostro de un Dios que siempre tiene paciencia. No tengamos miedo a acoger la ternura de Dios, a ser custodios de la misma. Esta ternura nos lleva a ocuparnos los unos de los otros, a preocuparnos por todos, especialmente por los más frágiles. Así nos lo pidió y nos lo enseñó el Señor: nos confió la custodia del hombre.
Estoy convencido de que, en este viaje, el mensaje más fuerte para todos los hombres va a ser precisamente que custodiemos con la ternura de Dios a los que encontramos por el camino de la historia y de la vida, especialmente a los más rotos y tirados, a los desahuciados y descartados. Nos dirá que no nos quedemos solo en ver, sino que también actuemos con la fuerza, la gracia y el amor de Jesús y que este amor llegue a quienes viven en Kenia, Uganda y República Centroafricana.


Carlos Osoro

¿Qué camino elegís?, ¿dejarte vencer por las dificultades o vencer los desafíos?, el Papa a los jóvenes en Kenia

 El problema del tribalismo; la corrupción; cómo puede ser padre Dios si hay tantas tragedias; como ayudar a los jóvenes que no tienen el cariño de la familia; como evitar el reclutamiento de seres queridos; fueron temas tratados por Francisco en el encuentro con los jóvenes en el Estadio de Kasarani en Nairobi. jesuita Guillermo Ortiz -RV

La oración: "Un hombre, una mujer, pierde lo mejor de su ser humano cuando se olvida de rezar, porque se siente omnipotente, porque no siente necesidad de pedir ayuda delante de tantas tragedias".

Los jóvenes tienen que elegir: "Ustedes quieren superar los desafíos o dejarse vencer los desafíos. O son como aquellos que ya vendieron la victoria a los otros y se pusieron la plata en el bolsillo". "Si ustedes no dialogan y no se escuchan entre ustedes siempre existirá el tribalismo que es como una polilla que roe la sociedad".

La corrupción: "No solo en la política, en todas las instituciones, incluso en el Vaticano hay casos de corrupción. La corrupción es algo que se nos mete adentro. Es como el azúcar, es dulce, nos gusta, es fácil y después terminamos mal y terminamos diabéticos o nuestro país termina diabéticos. Cada vez que aceptamos una coima y la metemos en el bolsillo destruimos nuestro corazón, destruimos nuestra personalidad y destruimos nuestra patria. Por favor no le tomen el gusto a esa azúcar que se llama corrupción".

Dios Padre y las tragedias: "¿Cómo puedo ver la mano de Dios en una tragedia de la vida? Hay una sola respuesta que no es respuesta, es un camino: mira al Hijo de Dios. Dios lo entregó para salvarnos a todos. Dios mismo se hizo tragedia. Dios mismo se dejó destruir en la cruz. Y cuando estés que no entendes algo cuando se te viene el mundo encima mirá la cruz. Ahí está el fracaso de Dios, la destrucción de Dios pero ahí está un desafío a nuestra fe, la esperanza porque la historia no termino en ese fracaso sino en el resurrección que nos renovó a todos".

"Uso de los medios de comunicación: El primer medio de comunicación es la palabra, el gesto, la sonrisa, es la cercanía, el primer gesto de comunicación es buscar la amistad. Si ustedes hablan bien entre ustedes, se sonríen, se acercan como hermanos. Si ustedes están cerca uno de otros aunque san de diversas tribus y si ustedes se acercan al que necesitan, al anciano, al abandonado, al enfermo que nadie visita, esos gestos de comunicación son más contagiosos que cualquier red de comunicación".

"Problemas de los jóvenes: Si un joven no tiene trabajo qué futuro le espera y ahí entra la idea de dejarse reclutar. Si un joven no tiene posibilidades de educación incluso de emergencia, de pequeños oficios, que puede hacer, ahí está el peligro es un peligro social que está más allá de nosotros incluso más allá del país, porque depende de un sistema internacional que es injusto, que tiene al centro de la economía no a la persona sino al Dios dinero. Qué puedo hacer para ayudarlo o hacerlo volver. Primero rezar por él, rezar fuerte, Dios es más fuerte que todo reclutamiento. Y después hablarle con cariño, con simpatía, con amor y con paciencia, invitarlo a ver un partido de futbol, invitarlo a pasear, invitarlo a estar juntos en el grupo. No dejarlo solo".

Las «tres T»: tierra, techo y trabajo. No es filantropía, es una obligación de todos, el Papa en el campo de Kangemi


Una voz de denuncia se elevó desde el campo de Kangemi, uno de los barrios más pobres de Kenia, para que sea escuchada por el mundo entero. En la capital de este país, más del 60% de los habitantes, viven en estos barrios pobres. Así, dirigiendo sus palabras a los hermanos y hermanas que “tienen un lugar preferencial” en la vida y opciones del pontífice, el Papa Bergoglio reflexionó sobre la sabiduría de los barrios populares: «Ustedes son capaces de tejer lazos de pertenencia y de convivencia que convierten el hacinamiento en una experiencia comunitaria donde se rompen las paredes del yo y se superan las barreras del egoísmo» (ibíd, 149), les dijo.

Reivindicando los valores que se practican en los barrios populares, “valores que no cotizan en Bolsa” y “que no tienen precio de mercado”, destacó que este reconocimiento “no implica el desconocimiento de la atroz injusticia de la marginación urbana”, heridas que “son provocadas por minorías que concentran el poder, la riqueza y derrocan con egoísmo”, mientras “crecientes mayorías deben refugiarse en periferias abandonadas, contaminadas, y descartadas”.

Haciendo referencia a al acaparamiento de las tierras por parte de los “desarrolladores privados”, recordó que “Dios ha dado la tierra a todo el género humano para que ella sustente a todos sus habitantes sin excluir a nadie ni privilegiar a ninguno”, y subrayó el problema de la falta de acceso a las infraestructuras y servicios básicos, y aquel del agua potable, al cual hizo referencia como “una deuda social con los pobres” porque es “negarles el derecho a la vidaradicado en su dignidad inalienable”.

En un contexto de indiferencia y hostilidad que se agrava cuando la violencia se generaliza y las organizaciones criminales, al servicio de intereses económicos o políticos, utilizan a niños y jóvenes como «carne de cañón» para sus negocios ensangrentados, la voz del Sucesor de Pedro se elevó para proponer, una vez más, una respetuosa integración urbana. “Ni erradicación, ni paternalismo, ni indiferencia, ni mera contención.  Necesitamos ciudades integradas y para todos – dijo. Necesitamos superar la mera proclamación de derechos que en la práctica no se respetan, concretar acciones sistemáticas que mejoren el hábitat popular y planificar nuevas urbanizaciones de calidad para albergar a las futuras generaciones”.
Finalmente un llamamiento a todos los cristianos para que renueven el impulso misionero, tomen la iniciativa frente a las injusticias, y se involucren con los problemas de los vecinos, acompañándolos en sus luchas, cuidando  los frutos de su trabajo comunitario y celebrando juntos cada pequeña o gran victoria.
«Los pobres son los destinatarios privilegiados del Evangelio» reiteró con las palabras de su amado predecesor, Benedicto XVI.

(GM – RV)

Cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios.

Lectura del santo evangelio según san Lucas 21, 29-33
En aquel tiempo, expuso Jesús una parábola a sus discípulos:
-«Fijaos en la higuera o en cualquier árbol: cuando echan brotes, os basta verlos para saber que el verano está cerca. Pues, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios. Os aseguro que antes que pase esta generación todo eso se cumplirá. El cielo y la tierra pasarán, mis palabras no pasarán.»
Palabra del Señor.

jueves, 26 de noviembre de 2015

«VENGA TU REINO». Orígenes

Si, como dice nuestro Señor y Salvador, el reino de Dios no ha de venir espectacularmente, ni dirán: «Vedlo aquí o vedlo allí», sino que el reino de Dios está dentro de nosotros, pues cerca está la palabra, en nuestra boca y en nuestro corazón, sin duda cuando pedimos que venga el reino de Dios lo que pedimos es que este reino de Dios, que está dentro de nosotros, salga afuera, produzca fruto y se vaya perfeccionando.

Efectivamente, Dios reina ya en cada uno de los santos, ya que éstos se someten a su ley espiritual, y así Dios habita en ellos como en una ciudad bien gobernada. En el alma perfecta está presente el Padre, y Cristo reina en ella junto con el Padre, de acuerdo con aquellas palabras del Evangelio: Vendremos a fijar en él nuestra morada. Este reino de Dios que está dentro de nosotros llegará, con nuestra cooperación, a su plena perfección cuando se realice lo que dice el Apóstol, esto es, cuando Cristo, una vez sometidos a él todos sus enemigos, entregue el reino a Dios Padre, para que Dios sea todo en todo. 

Por esto, rogando incesantemente con aquella actitud interior que se hace divina por la acción del Verbo, digamos a nuestro Padre que está en los cielos: Santificado sea tu nombre, venga tu reino. Con respecto al reino de Dios, hay que tener también esto en cuenta: del mismo modo que no tiene que ver la justificación con la impiedad, ni hay nada de común entre la luz y las tinieblas, ni puede haber armonía entre Cristo y Belial, así tampoco pueden coexistir el reino de Dios y el reino del pecado.

Por consiguiente, si queremos que Dios reine en nosotros, procuremos que de ningún modo continúe el pecado reinando en nuestro cuerpo mortal, antes bien, mortifiquemos las pasiones de nuestro hombre terrenal y fructifiquemos por el Espíritu; de este modo Dios se paseará por nuestro interior como por un paraíso espiritual y reinará en nosotros él solo con su Cristo, el cual se sentará en nosotros a la derecha de aquella virtud espiritual que deseamos alcanzar: se sentará hasta que todos sus enemigos que hay en nosotros sean puestos por estrado de sus pies, y sean reducidos a la nada en nosotros todos los principados, todos los poderes y todas las fuerzas.

Del Opúsculo de Orígenes, presbítero, sobre la oración
(Cap. 25: PG 11, 495-499)

¡ Gracias, Señor !


Señor, Dios y Padre nuestro... nos acercamos a Ti en este día para darte gracias por todas esas cosas hermosas y maravillosas que a diario nos das... por el aire que respiramos, la sangre que circula por nuestras venas y por ese corazón que late de amor por Ti... te damos gracias por el don de la vida, con el que nos infundes cada mañana... y por las ganas inmensas de vivirla contigo y para Ti...
Te damos gracias por el sol que nos calienta, las flores que adornan nuestro hogar y esos animalitos que alegran nuestra vida... y también te damos las gracias por la lluvia, si acaso decides que este día no sea tan brillante como el de ayer...
Gracias, Señor, por nuestras esposas y esposos, por nuestros hijos, nuestros padres, nuestros nietos y todas esas personas que comprenden nuestras familias... también por esas personas que viven dentro de nuestros corazones, amigos nuevos y viejos... compañeros de trabajo... y todos aquellos con quienes nos unen vínculos espirituales tan fuertes como los de la sangre...
Queremos darte gracias por nuestros trabajos, esos con los que nos ganamos el sustento para nuestros hogares... y también por todos esos trabajos que Tú nos pides para servirte a Ti y a tu Iglesia, y a través de los cuales nos permites acercar almas a tu Corazón...
Te damos gracias por los momentos de alegría, de gozo y de paz... y también por esos momentos difíciles con los que nos has ayudado a abandonarnos en Tus brazos y a confiar en Tu bondad... y por esas pruebas que nos han hecho ser quienes somos... y por las cuales podemos darte gracias hoy...
Gracias por ser nuestra Fortaleza en la fatiga... nuestro Alivio en la enfermedad... nuestro Consuelo en el llanto... y gracias también por ser Tú ese hombro en quien descansar... gracias por ser Padre, por ser Hermano y por ser Amigo... pero, sobre todo, gracias por ser nuestro Dios...
Por último, te pido una bendición muy especial para todas aquellas personas que se acerquen a este humilde rinconcito nuestro... que este y todos los demás días, encuentren razones en sus vidas para elevar una mirada al cielo y darte gracias de todo corazón... Amén...

Fuente:  Tengo sed de Ti

"El nombre de Dios no debe ser usado jamás para justificar el odio y la violencia", el Papa en Nairobi

Queridos amigos:
Les agradezco su presencia esta mañana y la oportunidad de compartir con ustedes estos momentos de reflexión. Deseo dar las gracias, de modo particular, a Monseñor Kairo, Arzobispo de Wabukala, y al profesor El-Busaidy por las palabras de bienvenida que me han dirigido en nombre de ustedes y de sus respectivas comunidades. Siempre que visito a los fieles católicos de una Iglesia local considero importante el podeer reunirme con los líderes de otras comunidades cristianas y tradiciones religiosas. Espero que este tiempo que pasamos juntos sea un signo de la estima que la Iglesia tiene por los seguidores de todas las religiones y afiance los lazos de amistad que ya nos unen.
En realidad, nuestra relación nos impone desafíos e interrogantes. Sin embargo, el diálogo ecuménico e interreligioso no es un lujo. No es algo añadido u opcional sino fundamental; algo que nuestro mundo, herido por conflictos y divisiones, necesita cada vez más.
En efecto, nuestras creencias y prácticas religiosas influyen en nuestro modo de entender nuestro propio ser y el mundo que nos rodea. Son para nosotros una fuente de iluminación, sabiduría y solidaridad, que enriquece a las sociedades en las que vivimos. Cuidando el crecimiento espiritual de nuestras comunidades, mediante la formación de la inteligencia y el corazón en las verdades y en los valores que nuestras tradiciones religiosas custodian, nos convertimos en una bendición para las comunidades en las que viven nuestros pueblos. En las sociedades democráticas y pluralistas como la keniata, la cooperación entre los líderes religiosos y sus comunidades se convierte en un importante servicio al bien común.
 Desde esta perspectiva, y en un mundo cada vez más interdependiente, vemos siempre con mayor claridad la necesidad de una mutua comprensión interreligiosa, de amistad y colaboración para la defensa de la dignidad otorgada por Dios a cada persona y a cada pueblo, y el derecho que tienen de vivir en libertad y felicidad. Al promover el respeto de esa dignidad y de esos derechos, las religiones juegan un papel esencial en la formación de las conciencias, infundiendo en los jóvenes los profundos valores espirituales de nuestras respectivas tradiciones, preparando buenos ciudadanos, capaces de impregnar la sociedad civil de honradez, integridad y una visión del mundo que valore a la persona humana por encima del poder y del beneficio material.
Pienso aquí en la importancia de nuestra común convicción, según la cual el Dios a quien buscamos servir es un Dios de la paz.  Su santo Nombre no debe ser usado jamás para justificar el odio y la violencia. Sé que está aún vivo en sus mentes el recuerdo de los bárbaros ataques al Westgate Mall, al Garissa University College y a Mandera. Con demasiada frecuencia, se radicaliza a los jóvenes en nombre de la religión para sembrar la discordia y el miedo, y para desgarrar el tejido de nuestras sociedades. Es muy importante que se nos reconozca como profetas de paz, constructores de paz que invitan a otros a vivir en paz, armonía y respeto mutuo. Que el Todopoderoso toque el corazón de los que cometen esta violencia y conceda su paz a nuestras familias y a nuestras comunidades.
Queridos amigos, este año se celebra el quincuagésimo aniversario de la clausura del Concilio Vaticano II, en el que la Iglesia católica se ha comprometido con el diálogo ecuménico e interreligioso al servicio de la comprensión y la amistad. Deseo reafirmar este compromiso, que brota de nuestra convicción en la universalidad del amor de Dios y en la salvación que Él ofrece a todos. El mundo espera justamente que los creyentes trabajen junto con las personas de buena voluntad, para afrontar los numerosos problemas que afectan a la familia humana. Mirando hacia el futuro, imploremos que todos los hombres y las mujeres se consideren hermanos y hermanas, pacíficamente unidos en y a través de sus diferencias. Recemos por la paz.
Les agradezco su atención y suplico a Dios Todopoderoso que les conceda a ustedes y a sus comunidades la abundancia de sus bendiciones.