sábado, 21 de noviembre de 2015

Examen ante el testigo de la verdad

Dentro del proceso en el que se va a decidir la ejecución de Jesús, el evangelio de Juan ofrece un sorprendente diálogo privado entre Pilato, representante del imperio más poderoso de la Tierra y Jesús, un reo maniatado que se presenta como testigo de la verdad.

Precisamente Pilato quiere, al parecer, saber la verdad que se encierra en aquel extraño personaje que tiene ante su trono:«¿Eres tú el rey de los judíos?». Jesús va a responder exponiendo su verdad en dos afirmaciones fundamentales, muy queridas al evangelista Juan.

«Mi reino no es de este mundo». Jesús no es rey al estilo que Pilato puede imaginar. No pretende ocupar el trono de Israel ni disputar a Tiberio su poder imperial. Jesús no pertenece a ese sistema en el que se mueve el prefecto de Roma, sostenido por la injusticia y la mentira. No se apoya en la fuerza de las armas. Tiene un fundamento completamente diferente. Su realeza proviene del amor de Dios al mundo.

Pero añade a continuación algo muy importante: «Soy rey... y he venido al mundo para ser testigo de la verdad». Es en este mundo donde quiere ejercer su realeza, pero de una forma sorprendente. No viene a gobernar como Tiberio sino a ser «testigo de la verdad» introduciendo el amor y la justicia de Dios en la historia humana.

Esta verdad que Jesús trae consigo no es una doctrina teórica. Es una llamada que puede transformar la vida de las personas. Lo había dicho Jesús: «Si os mantenéis fieles a mi Palabra... conoceréis la verdad y la verdad os hará libres». Ser fieles al Evangelio de Jesús es una experiencia única pues lleva a conocer una verdad liberadora, capaz de hacer nuestra vida más humana.
Jesucristo es la única verdad de la que nos está permitido vivir a los cristianos.
¿No necesitamos en la Iglesia de Jesús hacer un examen de conciencia colectivo ante el «Testigo de la Verdad»?
¿Atrevernos a discernir con humildad qué hay de verdad y qué hay de mentira en nuestro seguimiento a Jesús?
¿Dónde hay verdad liberadora y dónde mentira que nos esclaviza?
¿No necesitamos dar pasos hacia mayores niveles de verdad humana y evangélica en nuestras vidas, nuestras comunidades y nuestras instituciones?

José Antonio Pagola


Mi reino no es de este mundo


 Lectura del santo evangelio según san Juan 18, 33b-37

En aquel tiempo, dijo Pilato a Jesús: - «¿Eres tú el rey de los judíos?»

Jesús le contestó: - «¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí? »

Pilato replicó: - «¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí; ¿qué has hecho?»

Jesús le contestó: - «Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí.»
Pilato le dijo: - «Conque, ¿tú eres rey?
»
Jesús le contestó: - «Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo; para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz.»


Palabra del Señor.

Ante la masacre de París

Al caer la tarde, quisiera ser una lamparita de cera en la calle Voltaire de París, y arder o llorar o elevar una plegaria por todos los muertos y por todos sus vivos, sus seres queridos. Una plegaria silenciosa llena de piedad y de preguntas.
Las condenas se suceden, a porfía. Una masacre inhumana. Un atentado contra la humanidad. Una profanación, una blasfemia. Todas las palabras de condena llevan razón. Pero ¿por qué no reprobamos por igual cuando son otros los que mueren: en Alepo, en Bagdad, en Kabul, en el Mediterráneo, muertos sin número en lugares sin fin? ¿No valen, no duelen por igual todos los muertos? Pronto olvidaremos también a los muertos de París, y seguiremos condenando nuevas masacres. ¿De qué servirá si no nos preguntamos el por qué y el adónde? ¿Por qué estamos donde estamos?
Se suceden también las declaraciones de guerra. Me inquieta profundamente la primera reacción del gobierno francés: los bombardeos de Raqqa. ¿Acaso intimidarán nuestras demostraciones de fuerza a los que no conocen el miedo? “Es el combate de la civilización contra la barbarie.

Venceremos al terrorismo”, proclaman, mientras la industria de las armas se frota las manos.

Pero ¿cómo creeremos sus promesas de victoria si llevamos tantas décadas de guerra contra los terroristas, y los terroristas no cesan de aumentar y son cada vez más fuertes e incontrolables? ¿No es invencible un desesperado dispuesto a morir? Y nuestras guerras llamadas legítimas contra el terrorismo ¿acaso no tienen mucho de terrorismo, para coartada y soporte de aquellos a los que combatimos? La guerra lleva a la guerra. Así ha sido siempre y así seguirá. ¿Así querremos seguir?
Llamadas a la unidad europea frente al terrorismo, refuerzos policiales, fervores de la Marsellesa, cierre de fronteras… Por supuesto, serán necesarias medidas inmediatas para impedir atentados, para que la gente pueda pasear tranquila por la calle o asistir a un concierto o comer en un restaurante. Pero ¿cómo lo lograremos mejor para mañana y pasado mañana, cuando olvidemos los muertos de hoy?
Las acciones yihadistas hacen que aumente el odio contra el Islam, y el odio contra el Islam proporciona a la yihad pretextos y militantes enardecidos dispuestos a inmolarse matando. ¿Hasta cuándo seguiremos sumidos en esta locura? ¿Dónde están la Razón y las Luces proclamadas por París contra la sinrazón en todas sus formas? ¿Qué será de la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad en Europa si las defendemos contra otros, los de fuera? ¿Hasta cuándo seguirá siendo verdad aquello que dijo Voltaire: “La civilización no suprimió la barbarie; la perfeccionó e hizo más cruel y bárbara”?
Ardan las lámparas de cera en las calles de París en memoria de todos los muertos y en consuelo de los vivos. Suba la plegaria piadosa. Pero recordemos a todos los muertos, también a los de Raqqa, y no olvidemos la historia. Los atentados que estamos sufriendo y todo lo que sucede en el Oriente Medio ¿no es acaso el reflejo del mundo que los poderes occidentales hemos contribuido a construir o seguimos empeñados en destruir?
Recapacitemos sobre Afganistán, Irán, Irak, Libia, Egipto, Siria… Y Palestina, la sufrida Palestina. Recapacitemos sobre los cien últimos años de invasión y expolio de los poderes occidentales en Oriente Medio, sobre tantos derrocamientos de gobiernos legítimos cuando la democracia no servía a nuestros intereses, sobre tanta colaboración con los regímenes más corruptos y dictatoriales cuando convenía a nuestros intereses.

Ante los muertos de París y ante las lágrimas de los vivos, sigamos preguntando: ¿Quién creó, financió y entrenó a Al Qaeda para combatir a Rusia? ¿Y quién concibió y sigue sosteniendo en la sombra al Estado Islámico para desestabilizar todo el Oriente Medio y sacar mayor provecho? ¿No se sientan en el G 20 de los grandes del mundo algunos gobiernos amigos de países, Arabia Saudí en cabeza, en los que encuentran soporte ideológico y financiero los yihadistas que nos combaten y que decimos combatir? ¿No sonextrañamente coincidentes los intereses del Estado Islámico y los del poder financiero del mundo occidental, a los que están sometidos casi todos nuestros medios de comunicación que tanto nos mienten? No nos dejan respirar.
Y vosotros, dirigentes políticos de los países árabes, ¿a dónde conducís a vuestros pueblos, a esa inmensa mayoría de gente pacífica, con vuestras luchas fratricidas sin fin, con vuestro enfrentamiento secular entre sunníes y chiíes, con vuestros imposibles proyectos teocráticos, con vuestro sueño de califato confesional, medieval, absurdo? Y vosotros, los dirigentes religiosos de la ummah o comunidad musulmana universal, ¿a dónde conducís a esa multitud de gente creyente llena de bondad y de generosidad, empeñados como estáis en mantenerla encerradas en el pasado?
Amigos y amigas musulmanas, de vosotros depende en buena medida que en nuestro mundo se realicen la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad que también proclamó el Profeta, la paz sea con él, con vosotros, con nosotros. Somos hermanos. No os dejéis engañar por quienes –sean de los “vuestros” o de los “nuestros”– os quieren llevar al desastre por el camino de la sumisión o de la guerra. ¡Ojalá, insha-Allah, podáis vivir entre nosotros y ser plenamente de los nuestros sin dejar de ser vosotros, y podamos nosotros vivir plenamente en libertad, igualdad y fraternidad entre vosotros! Shalam aleikum.

José Arregi


Presentacion de la Virgen María en el Templo

Esta fiesta arranca desde el lejano año 543. Fue el tiempo en que se dedicó una basílica a “La Virgen María la Nueva”. Se levantó en el mismo monte Sión en la explanada del Templo. 

Las Iglesias orientales, muy sensibles ante las fiestas marianas, conmemoran este día la Entrada de María en el Templo para indicar que, aunque era purísima, no obstante, cumplía con los ritos antiguos de los judíos para no llamar la atención. 

La liturgia bizantina la trata como "la fuente perpetuamente manante del amor, el templo espiritual de la santa gloria de Cristo Nuestro Señor". 

En Occidente, se la presenta como el símbolo de la consagración que la Virgen Inmaculada hizo de sí misma al Señor en los albores de su vida consciente. 

Este episodio de la Virgen María no se encuentra en los cuatro evangelios. Sí que aparece, por el contrario, en un libro apócrifo, el “protoevangelio de Santiago”. 

Pero, como siempre, quien manda es el pueblo cristiano. Desde siempre la espiritualidad y la piedad popular han estado marcadas y han subrayado la disponibilidad de María la Virgen ante los mandatos e insinuaciones mínimas del Señor Dios. 

Por eso, tanto en Occidente como en Oriente esta fiesta tuvo en seguida un éxito resonante entre todos los cristianos. 

María estaba destinada a ser un templo vivo de la divinidad. Según este evangelio apócrifo, la escena no puede ser más sencilla:" Ana y Joaquín, en un acto de fe y de cortesía, quisieron darle gracias a Dios por el nacimiento de esta niña". 

No pensaron una cosa mejor que consagrársela de por vida. Cuando tenía tres años, la llevaron al Templo, la cogió un sacerdote mediante unas palabras que recuerdan el Magnificat, el himno del Virgen María en acción de gracias por lo que el Señor había hecho con ella. 

"Preparar los corazones para que el Señor se manifieste", el Papa a los educadores católicos

No hacer proselitismo en las escuelas
La primera pregunta que el Papa respondió trataba el tema de la Iglesia en contextos plurales, difíciles, donde los católicos son minoría. “No se puede hablar de educación católica sin hablar de humanidad - dijo - precisamente porque la identidad católica es Dios que se ha hecho hombre”. “Educar cristianamente no es solamente hacer una catequesis, esto es una parte. No es solamente hacer proselitismo; ¡nunca hagan proselitismo en las escuelas! Educar cristianamente es llevar adelante a los jóvenes, a los niños, en los valores humanos en todas las realidades y una de esas realidades es lo trascendente”.
"Falta la trascendencia"
Hoy en día, continuó, hay una tendencia a “un neopositivismo”, es decir, a educar en las cosas inmanentes, al valor inmanente de las cosas, y esto sucede en los países de tradición cristiana y en países de otras tradiciones. “Hay que preparar los corazones para que el Señor se manifieste, pero en la totalidad, es decir, en la totalidad de la humanidad que también tiene esta dimensión de trascendencia. Educar humanamente pero con horizontes abiertos. Todo tipo de cerrazón no sirve para la educación”.
No a la educación selectiva que aleja a los ricos de los pobres
Sobre la relación entre escuela y familia, el Papa señaló que “también la educación se ha vuelto demasiado selectiva y elitista”. Parece que tienen derecho a la educación sólo algunos pueblos que tienen un cierto nivel económico: “Esto sucede también en cosas menores”, puso en guardia el pontífice: “el pacto educativo entre familia y escuela se ha roto, es necesario volver a empezar”. Y también aquel entre familia y estado: “Entre los trabajadores peor pagados están los educadores”. “Esto significa que el Estado no tiene interés: simple. Si lo tuviera, las cosas irían así”. Hoy es necesaria una educación  de emergencia, hay que arriesgar en la educación informal, porque la educación formal se ha empobrecido debido a que es herencia del positivismo. Sólo concibe un tecnicismo intelectualista y el lenguaje de la cabeza. Y por esto, se ha empobrecido. Hay que romper este esquema”.
Que la enseñanza sea siempre inclusiva
“Hay que abrirse a nuevos horizontes, hacer nuevos modelos”. Hay tres lenguajes, el de la cabeza, el lenguaje del corazón y el lenguaje de las manos, y la educación debe ir por los tres caminos: “enseñar a pensar, ayudar a sentir bien y acompañar en el quehacer, es decir que los tres lenguajes estén en armonía, que el niño, que el joven, piense lo que siente y hace, sienta lo que piensa y hace y haga lo que piensa y siente.  De este modo la educación se vuelve inclusiva porque todos tienen un lugar, también inclusiva humanamente”. El pacto educativo se ha roto por el fenómeno de la exclusión, afirmó Francisco, y advirtió que “el mundo no puede ir hacia adelante con una educación selectiva”. “La verdadera escuela debe enseñar conceptos, costumbres y valores, y cuando una escuela no es capaz de hacer todo esto junto, esta escuela es selectiva y exclusiva y para pocos”.
Ir hacia las periferias
A la pregunta sobre cómo se puede ser educadores de paz en un tiempo marcado por lo que el mismo pontífice ha llamado “una guerra mundial por partes”, respondió que  “en un tiempo marcado por la guerra la tentación más grande son “los muros”, y que “el fracaso más grande que puede tener un educador es educar “dentro de los muros”.
Señalando que el primer desafío es dejar los lugares donde haya muchos educadores” para ir “hacia las periferias”, porque allí los jóvenes tienen “la experiencia de la supervivencia”, “una humanidad herida”, señaló que de dichas heridas debe partir el trabajo del educador: “No se trata de ir para hacer beneficencia, para enseñar a leer, para dar de comer: no. Esto es necesario, pero es provisorio. Es el primer paso. El problema - y ése es el desafío, y yo los animo – es ir allí para hacerlos crecer en humanidad, en inteligencia, en valores, en hábitos para que puedan ir hacia adelante y llevar a los otros experiencias que no conocen”.
(GM – RV)

TODO EL QUE HACE LA VOLUNTAD DEL SEÑOR ES MI HERMANO



Lectura del santo Evangelio según san Mateo (12,46-50):

Todavía estaba hablando a la multitud, cuando su madre y sus hermanos, que estaban afuera, trataban de hablar con Él.

Alguien le dijo: «Tu madre y tus hermanos están ahí afuera y quieren hablarte».

Jesús le respondió: «¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?».

Y señalando con la mano a sus discípulos, agregó: «Estos son mi madre y mis hermanos.

Porque todo el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre».

viernes, 20 de noviembre de 2015

HOY, JORNADA MUNDIAL DE LOS DERECHOS DE LA INFANCIA. PAPA FRANCISCO: PROTEGER A LOS NIÑOS ES UN DEBER DE TODOS


Queridos amigos, hoy se celebra la Jornada mundial de los derechos de la infancia (Día Universal del Niño). Refiriéndose a esta Jornada, el Papa Francisco dijo el miércoles en la audiencia general: 

«Es un deber de todos proteger a los niños y anteponer su bien a cualquier otro criterio, para que nunca sean sometidos a formas de servidumbre y maltratos, y también a formas de explotación. 

Deseo fervientemente que la Comunidad internacional pueda vigilar atentamente sobre las condiciones de vida de los menores, especialmente allí donde están expuestos a reclutamiento por parte de grupos armados; y que pueda ayudar a las familias a garantizar a cada niño y niña el derecho a la escuela y a la educación».
Fuente: News.va

Homilía del Papa: Que la fuerza de la Iglesia sea la palabra de Jesús

Que la Iglesia no esté apegada al dinero y al poder, que no adore “el santo soborno”, sino que su fuerza y su alegría sea la palabra de Jesús. Lo afirmó el Papa Francisco en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta.

El proceso de degradación ensucia a la Iglesia

Partiendo de la primera lectura tomada del Libro de los Macabeos, que relata la alegría del pueblo por la nueva consagración del Templo profanado por los paganos y por el espíritu mundano, el Papa Bergoglio comentó la victoria de cuantos fueron perseguidos por el pensamiento único.
El pueblo de Dios festeja y se alegra – dijo el Santo Padre – porque vuelve a encontrar su propia identidad. Y explicó que la fiesta es algo que la mundanidad no sabe ni puede hacer. Porque el espíritu mundano nos puede conducir a tener un poco de diversión, un poco de ruido, mientras la alegría sólo proviene de la fidelidad a la Alianza.

El Obispo de Roma también destacó que en el Evangelio Jesús echa a los mercaderes del templo diciendo: “Está escrito: mi casa será casa de oración. Ustedes, en cambio, han hecho de ella una cueva de ladrones”. Como durante la época de los Macabeos, en que el espíritu mundano “había ocupado el lugar de la adoración al Dios vivo”. Y ahora – añadió el Papa – “sucede de otra manera”:
“Los jefes del Templo, los jefes de los sacerdotes – dice el Evangelio – y los escribas habían cambiado un poco las cosas. Habían entrado en un proceso de degradación y haciendo que  el Templo resultara ‘sucio’. ¡Habían ensuciado el Templo! El Templo es un icono de la Iglesia. ¡La Iglesia siempre, siempre, sufrirá la tentación de la mundanidad y la tentación de un poder que no es el poder que Jesucristo quiere para ella! Jesús no dice: ‘No, no se hace esto. Háganlo afuera’. Dice: ‘¡Ustedes han hecho una cueva de ladrones aquí!’. Y cuando la Iglesia entra en este proceso de degradación el final es muy feo. ¡Muy feo!”.

Apego al dinero y al poder que se transforma en rigidez

Se trata – añadió el Santo Padre – del peligro de la corrupción:
“Siempre está en la Iglesia la tentación de la corrupción. Sucede cuando la Iglesia, en lugar de estar apegada a la fidelidad al Señor Jesús, al Señor de la paz, de la alegría, de la salvación, cuando en lugar de hacer esto está apegada al dinero y al poder. Esto sucede aquí, en este Evangelio. Estos jefes de los sacerdotes, estos escribas estaban apegados al dinero, al poder, y se habían olvidado del espíritu. Y para justificarse y decir que eran justos, que eran buenos, habían cambiado el espíritu de libertad del Señor con la rigidez. Y Jesús, en el capítulo 23 de Mateo, habla de su rigidez. La gente había perdido el sentido de Dios, incluso la capacidad de alegría, también la capacidad de alabanza: no sabían alabar a Dios, porque estaban apegados al dinero y al poder, a una forma de mundanidad”.

No confiar en “el santo soborno”, sino en la palabra de Jesús


El Papa Francisco también recordó que los escribas y los sacerdotes se enojaron con Jesús:
“Jesús echa del Templo no a los sacerdotes, a los escribas; echa a estos que hacían negocios, a los especuladores del Templo. Pero los jefes de los sacerdotes y los escribas estaban relacionados con ellos: ¡existía el ‘santo soborno’ allí! Recibían de estos, estaban apegados al dinero y veneraban a este santo. El Evangelio es muy fuerte. Dice: ‘Los jefes de los sacerdotes y los escribas trataban de hacer morir a Jesús y así también los jefes del pueblo’. Lo mismo que había sucedido en el tiempo de Judas Macabeo. ¿Y por qué? Por este motivo: ‘Pero no sabían qué hacer porque todo el pueblo pendía de sus labios para escucharlo’. La fuerza de Jesús era su palabra, su testimonio, su amor. Y donde está Jesús, ¡no hay lugar para la mundanidad, no hay lugar para la corrupción! Y ésta es la lucha de cada uno de nosotros, ésta es la lucha cotidiana de la Iglesia: siempre Jesús, siempre con Jesús, siempre pendientes de sus labios, para escuchar su palabra; y jamás buscar seguridades donde están las cosas de otro patrón. Jesús nos había dicho que no se puede servir a dos patrones: o a Dios o a las riquezas; o a Dios o al poder”.
“Nos hará bien  – dijo el Papa al concluir su homilía – rezar por la Iglesia. Pensar en tantos mártires de hoy que, por no entrar en este espíritu de mundanidad, de pensamiento único, de apostasía, sufren y mueren. ¡Hoy! Hoy –  añadió –  hay más mártires en la Iglesia que en los primeros tiempos. Pensemos. Nos hará bien pensar en ellos. Y también pedir la gracia de no entrar jamás en este proceso de degradación hacia la mundanidad que nos lleva a estar apegados al dinero y al poder”.
(María Fernanda Bernasconi - RV).

«Quitad esto de aquí: no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre». Benedicto XVI


El hecho, recogido por todos los evangelistas, tuvo lugar en la proximidad de la fiesta de la Pascua y suscitó gran impresión tanto entre la multitud como entre sus discípulos. ¿Cómo debemos interpretar este gesto de Jesús? En primer lugar, hay que señalar que no provocó ninguna represión de los guardianes del orden público, porque lo vieron como una típica acción profética: de hecho, los profetas, en nombre de Dios, con frecuencia denunciaban los abusos, y a veces lo hacían con gestos simbólicos. El problema, en todo caso, era su autoridad. Por eso los judíos le preguntaron a Jesús: «¿Qué signos nos muestras para obrar así?» (Jn 2, 18); demuéstranos que actúas verdaderamente en nombre de Dios.


La expulsión de los mercaderes del templo también se ha interpretado en sentido político revolucionario, colocando a Jesús en la línea del movimiento de los zelotes. Estos, de hecho, eran «celosos» de la ley de Dios y estaban dispuestos a usar la violencia para hacer que se cumpliera. En tiempos de Jesús esperaban a un mesías que liberase a Israel del dominio de los romanos. Pero Jesús decepcionó estas expectativas, por lo que algunos discípulos lo abandonaron, y Judas Iscariote incluso lo traicionó. En realidad, es imposible interpretar a Jesús como violento: la violencia es contraria al reino de Dios, es un instrumento del anticristo. La violencia nunca sirve a la humanidad, más aún, la deshumaniza.


Escuchemos entonces las palabras que Jesús dijo al realizar ese gesto: «Quitad esto de aquí: no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre» (Jn 2, 16). Sus discípulos se acordaron entonces de lo que está escrito en un Salmo: «El celo de tu casa me devora» (69, 10). Este Salmo es una invocación de ayuda en una situación de extremo peligro a causa del odio de los enemigos: la situación que Jesús vivirá en su pasión. El celo por el Padre y por su casa lo llevará hasta la cruz: el suyo es el celo del amor que paga en carne propia, no el que querría servir a Dios mediante la violencia. De hecho, el «signo» que Jesús dará como prueba de su autoridad será precisamente su muerte y resurrección. «Destruid este templo —dijo—, y en tres días lo levantaré». Y san Juan observa: «Él hablaba del templo de su cuerpo» (Jn 2, 19. 21). Con la Pascua de Jesús se inicia un nuevo culto, el culto del amor, y un nuevo templo que es él mismo, Cristo resucitado, por el cual cada creyente puede adorar a Dios Padre «en espíritu y verdad» (Jn 4, 23). Queridos amigos, el Espíritu Santo comenzó a construir este nuevo templo en el seno de la Virgen María. Por su intercesión, pidamos que cada cristiano sea piedra viva de este edificio espiritual.

Benedicto XVI. Domingo 11 de marzo de 2012

Alabamos, Señor, tu nombre glorioso.

Alabamos, Señor, tu nombre glorioso.
Bendito eres, Señor, 
Dios de nuestro padre Israel, 
por los siglos de los siglos.
Alabamos, Señor, tu nombre glorioso.
Tuyos son, Señor, la grandeza y el poder, 
la gloria, el esplendor, la majestad, 
porque tuyo es cuanto hay en cielo y tierra.
Alabamos, Señor, tu nombre glorioso.
Tú eres rey y soberano de todo. 
De ti viene la riqueza y la gloria.
Alabamos, Señor, tu nombre glorioso.
Tú eres Señor del universo, 
en tu mano está el poder y la fuerza, 
tú engrandeces y confortas a todos.
Alabamos, Señor, tu nombre glorioso.

Habéis convertido la casa de Dios en una cueva de bandidos.


Lectura del santo evangelio según san Lucas 19, 45-48
En aquel tiempo, entró Jesús en el templo y se puso a echar a los vendedores, diciéndoles:
-«Escrito está: "Mi casa es casa de oración"; pero vosotros la habéis convertido en una "cueva de bandidos."»
Todos los días enseñaba en el templo.
Los sumos sacerdotes, los escribas y los notables del pueblo intentaban quitarlo de en medio; pero se dieron cuenta de que no podían hacer nada, porque el pueblo entero estaba pendiente de sus labios.
Palabra del Señor

jueves, 19 de noviembre de 2015

¿Dónde estaba Dios la noche del viernes en París?


Desde luego, no en la acción de los terroristas que mataban en su Nombre. Nada hay más ajeno al Dios verdadero que la destrucción de sus hijos y de sus criaturas. El Magisterio de la Iglesia recuerda que los musulmanes se dirigen al mismo Dios Padre que los cristianos. Y Dios es amor.

Tampoco estaba en los arrebatos de ira y de racismo visceral que estas acciones suelen hacer surgir hasta en personas de bien, aunque no lo exterioricen. El odio incrementa el odio, porque es el alimento del diablo. Y desde luego, no estaba de brazos cruzados mirando para otro lado, insensible a lo que les suceda a los hombres.

¿Dónde estaba Dios, entonces? ¿Es el mal una muestra de que no existe?

En absoluto. La noche del viernes, Dios estaba siendo asesinado por la libertad mal empleada. Dios fue hecho rehén y fue muerto. Fue degollado, tiroteado, graneado. Dios estaba consolando y compadeciendo (padeciendo con) a cada familiar y amigo afectado de lleno por los terroristas. Dios estaba gritando desagarradoramente silencioso en cada sagrario, llorando en el Sacramento para que los terroristas no atentasen. Dios estaba preso de su amor, que dio libertad a los hombres. Dios estaba, de nuevo, crucificado en el dolor.

Y estaba, y está, en el corazón de todos los hombres y mujeres que no desean devolver mal por mal. Que anhelan la paz y la justicia. Que desean que a los asesinos se les frene, no por sed de venganza, sino por deseo de concordia.

Fuente: "Alfa y Omega":

serpersona.info

El arzobispo de Madrid presidió una misa por las víctimas de París, y por la paz

Osoro: "La mayor victoria del terrorismo sería colonizar los corazones de odio"
El arzobispo de Madrid, monseñor Carlos Osoro, presidió anoche una Misa en la catedral de Santa María la Real de la Almudena por las víctimas de los atentados de París y por la paz. En su homilía, ha recordado que «una tragedia provocada por manos humanas ha puesto de luto a todos los pueblos de la tierra, después de inundar de dolor la ciudad de París» y ha incidido en que, en la celebración, «recordamos a los fallecidos y los presentamos con todo nuestro cariño a Dios, pedimos por el restablecimiento de los heridos, y no dejamos de rezar por la paz en el mundo, en las guerras conocidas y olvidadas», con una mención especial a los cristianos perseguidos en Oriente Medio.
En este sentido, el prelado ha denunciado de nuevo el uso blasfemo por parte de los terroristas del «nombre de Dios», al cual «las grandes religiones confesamos como el Señor de la Vida, el que es Compasivo y Padre Misericordioso». Y ha reivindicado la fraternidad como camino para conseguir la paz. Esa fraternidad, que «es una palabra sagrada también dentro del imaginario de nuestra nación hermana Francia», proviene de reconocernos hijos de un padre común, tal como se reza en el Padrenuestro, la oración cristiana por excelencia. «Aprendamos a decir y a vivir diciendo Padrenuestro; así vendrá la paz, paz en el corazón, en las relaciones interpersonales, en las relaciones internacionales», ha añadido.
Además, monseñor Osoro ha apelado a la esperanza de la fe ante tragedias para las que, humanamente, «no hay explicación», sin olvidar «nuestra responsabilidad» tras la matanza. «Los actos terroríficos no pueden embotarnos el corazón», ha dicho, antes de asegurar que «la mayor victoria del terrorismo sería que colonizase nuestro corazón con el odio y nuestra razón, haciéndonosla perder, con respuestas creadoras de más violencia».
«No podemos confundir a los verdugos con las víctimas. Esta tragedia nos debe llevar a ejercer la sabiduría y la prudencia. Pero ni puede ni debe anestesiarnos ante el dolor ajeno. No podemos permanecer insensibles ante las grandes tragedias humanas que llaman a nuestras puertas, como las personas víctimas del fundamentalismo, de la violencia o del hambre. No dejemos ganar al terrorismo. Su mayor victoria sería enajenarnos el alma; el alma de una Europa construida sobre unos valores de honda raigambre cristiana y que son tan universales y actuales», ha aseverado.

Junto al arzobispo de Madrid, han concelebrado el nuncio de Su Santidad en España, monseñor Renzo Fratini, y varios obispos, entre ellos un prelado en representación del episcopado francés; el arzobispo de Urgel y copríncipe de Andorra, monseñor Joan-Enric Vives; el arzobispo de Malabo, monseñor Juan Nsue Edjang Mayé; el secretario general de la Conferencia Episcopal, José María Gil Tamayo; así como los vicarios episcopales y el Cabildo de la catedral. Han participado también varios representantes de las Iglesias ortodoxas, evangélica y anglicana.

Entre las autoridades, han estado presentes el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz; la presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes; la delegada del Gobierno en Madrid, Concepción Dancausa; la presidenta de la Asamblea, Paloma Adrados; el presidente del Consejo de Estado, José Manuel Romay Beccaría, y la defensora del Pueblo, Soledad Becerril; además de varios representantes diplomáticos, entre ellos el embajador de Francia en España, Yves Saint-Geours, a quien muchos asistentes a la celebración se han acercado para mostrarle su solidaridad y apoyo.
Archidiócesis d Madrid

Homilía del Papa: Jesús llora por el mundo que mata y no comprende la paz


“Todo el mundo” hoy  “está en guerra”, por la cual “no hay justificación”. Y el rechazo del  “camino de la paz” hace que Dios mismo, que Jesús mismo, lloren. Lo afirmó el Papa Francisco en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta.
“Jesús ha llorado”. Con estas palabras el Pontífice comenzó su homilía, en la que resonó el eco del Evangelio de Lucas leído poco antes, un pasaje tan breve cuanto conmovedor.

El mundo disfrazado de fiesta

Jesús se acerca a Jerusalén y – probablemente desde un punto más alto que le permite verla  – la observa y llora, dirigiendo estas palabras a la ciudad: “¡Si hubieras comprendido también tú, en este día, lo que conduce a la paz! Pero ahora ha sido escondido a tus ojos”. Francisco las repitió una a una y añadió:
Pero también hoy Jesús llora. Porque nosotros hemos preferido el camino de las guerras, el camino del odio, el camino de las enemistades. La Navidad está cerca: habrá luces, habrá fiestas, árboles iluminados, también pesebres… todo falsificado: el mundo sigue haciendo la guerra, sigue haciendo las guerras. El mundo no ha comprendido el camino de la paz.

Guerra para los bolsillos de los traficantes

El Santo Padre recordó las recientes conmemoraciones de la Segunda Guerra Mundial, las bombas de Hiroshima y Nagasaki, su visita a Redipuglia, el año pasado con motivo del aniversario de la Gran Guerra. “Matanzas inútiles”, repitió con las palabras del Papa Benedicto. “Hoy hay guerra por doquier, hay odio”, constató. Y se preguntó: “¿Qué queda de una guerra, de ésta, que estamos viviendo ahora?”:
¿Qué queda? Ruinas, miles de niños sin educación, tantos muertos inocentes: ¡tantos!, y tanto dinero en los bolsillos de los traficantes de armas.

Una vez Jesús dijo: “No es posible servir a dos patrones: o a Dios, o las riquezas”. La guerra es precisamente la elección por las riquezas: “Construyamos armas, así la economía se equilibra un poco, y vamos adelante con nuestro interés”. Hay una palabra fea del Señor: “¡Malditos!”. Porque Él ha dicho: “¡Bienaventurados los constructores de paz!”. Estos que trabajan por la guerra, que hacen las guerras, son malditos, son delincuentes. Una guerra se puede justificar – entre comillas – con tantas, tantas razones. Pero cuando todo el mundo, como sucede hoy, está en guerra, ¡todo el mundo!: es una guerra mundial – a pedazos: aquí, allá, allá, por doquier… no hay justificación. Y Dios llora. Jesús llora.

Que el mundo llore por sus crímenes

“Y mientras los traficantes de armas hacen su trabajo  – prosiguió diciendo el Pontífice  – están los pobres agentes de paz que sólo para ayudar a una persona, a otra, a otra, y a otra, dan su vida”. Como hizo “un icono de nuestros tiempos, Teresa de Calcuta”. Contra la cual también – observó – “con el cinismo de los potentes, se podría decir: ‘¿Pero qué ha hecho aquella mujer? ¿Ha perdido su vida ayudando a la gente a morir?”. No se comprende el camino de la paz…”:
Nos hará bien también a nosotros pedir la gracia del llanto, por este mundo que no reconoce el camino de la paz. Que vive para hacer la guerra, con el cinismo de decir que no hay que hacerla. Pidamos la conversión del corazón. Precisamente en el umbral de este Jubileo de la Misericordia, que nuestro júbilo, nuestra alegría sea la gracia para que el mundo vuelva a encontrar la capacidad de llorar por sus crímenes, por lo que hace con las guerras.
(María Fernanda Bernasconi - RV).