domingo, 15 de noviembre de 2015

Nuestra meta es el encuentro con el misterio de la persona de Jesús resucitado y su regreso victorioso, el Papa en Ángelus

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
El Evangelio de este penúltimo domingo del año litúrgico propone una parte del discurso de Jesús, sobre los últimos eventos de la historia humana, orientada al pleno cumplimiento del Reino de Dios (cfr Mc 13,24-32). Es un discurso que Jesús hizo en Jerusalén, antes de su última Pascua. Contiene algunos elementos apocalípticos, como guerras, hambrunas, catástrofes cósmicas: dice “el sol se oscurecerá, la luna dejará de brillar, las estrellas caerán del cielo y los astros se conmoverán”. Sin embargo, estos elementos no son la cosa esencial del mensaje. El núcleo central en torno al cual gira el discurso de Jesús es Él mismo, el misterio de su persona y de su muerte y resurrección, y su regreso al final de los tiempos.
Nuestra meta final es el encuentro con el Señor resucitado. Yo les quisiera preguntar, ¿cuántos de ustedes piensan esto? Habrá un día en que yo me encontraré cara a cara con el Señor. Y ésta es nuestra meta: este encuentro. Nosotros no esperamos un tiempo o un lugar, nos encontramos con una persona: Jesús. Por lo tanto, el problema no es “cuándo” sucederán las señales premonitorias de los últimos tiempos, sino el hacer que nos encuentre preparados.  Y no se trata ni si quiera de saber “cómo” sucederán estas cosas, sino “cómo” debemos comportarnos, hoy, en su espera. Estamos llamados a vivir el presente, construyendo nuestro futuro con serenidad y confianza en Dios. La parábola de la higuera que germina, como símbolo del verano ya cercano, (cfr vv. 28-29), expresa que la prospectiva del final no nos desvía de la vida presente, sino que nos hace mirar nuestros días con una óptica de esperanza. Es esa virtud tan difícil de vivir: la esperanza, la más pequeña de las virtudes, pero la más fuerte. Y nuestra esperanza tiene un rostro: el rostro del Señor resucitado, que viene “lleno de poder y de gloria”, que manifiesta su amor crucificado, transfigurado en la resurrección. El triunfo de Jesús al final de los tiempos, será el triunfo de la Cruz; la demostración de que el sacrificio de sí mismo por amor del prójimo y a imitación de Cristo, es el único poder victorioso y el único punto fijo en medio de la confusión y tragedias del mundo.
El Señor Jesús no es sólo el punto de llegada de la peregrinación terrena, sino que es una presencia constante en nuestra vida, siempre está a nuestro lado, siempre nos acompaña; por esto cuando habla del futuro y nos impulsa hacia aquel, es siempre para reconducirnos al presente. Él se contrapone a los falsos profetas, contra los visionarios que prevén la cercanía del fin del mundo y contra el fatalismo. Él está al lado, camina con nosotros, nos quiere. Quiere sustraer a sus discípulos de cada época de la curiosidad para las fechas, las previsiones, los horóscopos, y concentra nuestra atención sobre el hoy de la historia. Yo tendría ganas de preguntarles, respondan interiormente, ¿cuántos de ustedes leen el horóscopo del día? Callados. Cada uno que se responda a sí mismo. Y cuando te vengan ganas de leer el horóscopo, mira a Jesús, que está contigo. Es mejor, te hará mejor. Esta presencia de Jesús nos llama a la espera y la vigilancia, que excluyen tanto la impaciencia como la pereza, tanto las fugas hacia delante como el permanecer encarcelados en la actualidad de lo mundano.
También en nuestros días no faltan la calamidad natural y moral, y tampoco la adversidad y las dificultades de todo tipo. Todo pasa –nos recuerda el Señor-; sólo Él, su Palabra permanece como luz que guía y anima nuestros pasos y nos perdona siempre, porque está al lado nuestro. Sólo es necesario mirarlo y nos cambia el corazón. Que la Virgen María nos ayude a confiar en Jesús, el sólido fundamento de nuestra vida, y a perseverar con alegría en su amor. (Traducción: Mónica Zorita)

¡Usar el nombre de Dios para justificar el odio y la violencia es una blasfemia! dijo Francisco en el Ángelus

“¡Usar el nombre de Dios para justificar el camino del odio es una blasfemia!” El Papa recuerda y ora por las víctimas de París al final del Ángelus
La multitud congregada en la Plaza de San Pedro hizo suyo el pedido del Obispo de Roma de elevar una oración coral por las víctimas de los recientes antentados en París: los muertos y heridos, así como sus familiares. Al final de la oración mariana el Papa tuvo unas sentidas palabras recordando la noche de terror vivida en la capital francesa el pasado viernes. Ante la barbarie del delito perpetrado, Francisco se preguntó “cómo el corazón del hombre pueda idear y realizar actos tan horribles, que han asolado no solamente a Francia sino también al mundo entero”. “Los problemas de la humanidad no se resuelven siguiendo el camino de la violencia y del odio”, recordó luego el Papa, subrayando enérgicamente que “usar el nombre de Dios para justificar este camino es una blasfemia”, y  pidiéndole a Maria, la “Madre de la misericordia”, suscitar en los corazones de todos los hombres “pensamientos de sabiduría y propósitos de paz”.º
Palabras del Papa Francisco después del rezo del Ángelus
Queridos hermanos y hermanas, deseo expresar mi dolor por los ataques terroristas que en la noche del viernes han ensangrentado a Francia, causando numerosas víctimas. Expreso mis más fraternas condolencias al Presidente de la República Francesa y a todos los ciudadanos. De manera particular a los familiares de todos aquellos que han perdido la vida y a los heridos.
Tanta barbarie nos deja consternados y nos hace preguntarnos cómo el corazón del hombre pueda idear y realizar actos tan horribles, que han asolado no solamente a Francia sino también al mundo entero. Ante tales hechos, no se puede no condenar la incualificable afrenta a la dignidad de la persona humana. Deseo volver a afirmar con vigor que ¡el camino de la violencia y del odio no resuelve los problemas de la humanidad! Y que utilizar el nombre de Dios para justificar este camino ¡es una blasfemia!
Los invito a unirse a mi oración: confiemos a la misericordia de Dios las víctimas inermes de esta tragedia. Que la Virgen Maria, Madre de la misericordia, suscite en los corazones de todos pensamientos de sabiduría y propósitos de paz. Pidámosle a ella proteger y velar sobre la querida Nación francesa, la primera hija de la Iglesia, sobre Europa y sobre el mundo entero. Todos juntos recemos un momento en silencio y después el Ave Maria.
Ave Maria…
Ayer, en Três Pontas, en el Estado de Minas Gerais en Brasil, ha sido proclamado beato don Fr-ancisco de Paula Victor, sacerdote brasileño de orígen africano, hijo de una esclava. Párroco generoso y vigoroso en la catequesis y en la administración de los sacramentos, se distinguió sobre todo por su gran humildad. Que su extraordinario testimonio pueda servir de modelo para tantos sacerdotes, llamados a ser humildes servidores del pueblo de Dios.
Saludo a todos ustedes, familias, parroquias, asociaciones y fieles individuales, que han venido de Italia y de muchas partes del mundo. De manera  particular, saludo a los peregrinos provenientes de Granada, Málaga, Valencia y Murcia (España), San Salvador y Malta; a la asociación “Acompañantes Santuarios Marianos en el Mundo” y al Instituto secular “Cristo Rey”.
A todos les deseo un buen domingo. Por favor, no se olviden de rezar por mí. ¡Buen almuerzo y hasta la próxima!
(Raúl Cabrera - Radio Vaticana)

"La xenofobia sale reforzada".La raíz de este mal

La xenofobia o miedo al diferente del que viene huyendo de las guerras y de las miserias humanas más horrorosas va a salir reforzada con la monstruosidad ocurrida en París. Por eso mismo, es necesario reflexionar en cristiano acudiendo a la raíz, haciendo preguntas que exigen respuestas que algunos nos quieren hurtar, y más concretamente, el de por qué llegan semejantes oleadas de cientos de miles huyendo del hambre, de los pogromos y las guerras. A esta pregunta directa le añado la del por qué de estos atentados aterradores contra la población indefensa, que solo buscan materializar un enorme odio desestabilizador a más no poder.

Cundo la pobreza se globaliza y sus causas no son naturales sino fruto de una calculada mal distribución de la riqueza, como demuestran al menos las conclusiones de los premios Nobel de Economía Amartya Sen (1998) y Angus Deaton (2015), y existen soluciones estructurales eficaces y posibles de aplicar, según otro Nobel de Economía (1881) llamado James Tobin, el problema si se ningunea sistemáticamente, tiene responsables más allá de los terroristas causantes directos de tanto dolor y horror.

La pobreza es una forma de esclavitud cuando existe la incapacidad en seres humanos para satisfacer sus necesidades más básicas, de nutrición, salud o vivienda, o educación, participación social y desarrollo. Sin la creación de las condiciones para que cada individuo pueda acceder a la libertad de disponer de su vida al menos a nivel de su propia subsistencia, los países pobres tienen vedado el espacio para crear políticas que fomenten su propia producción de alimentación. Para esto es preciso modificar las políticas impuestas sobre el control de las materias primas como si fueran un arma arrojadiza más de poder económico.
Por culpa de la especulación que ha convertido a la alimentación en una inversión especulativa más, los precios son altos y fluctúan por intereses financieros, no necesariamente económicos. Estamos en un sector para nada liberalizado, más bien sobreprotegido, subvencionado y manipulado en el sentido de que no hay un mercado realmente libre para los productos del Tercer Mundo en manos de esos inversores especulativos transnacionales que impiden con su codicia mercados libres a los que acceder los países más necesitados.
En otras palabras, el desarrollo debe conjugar eficiencia económica, equidad social y la preservación medioambiental tomando en serio a la economía como ciencia social. Solo así se logra una visión universal e integral, que se reafirme en la necesidad de límites al crecimiento insostenible pensando en el verdadero desarrollo de los seres humanos. Pero este tipo de cosas, han sido ninguneadas en los grandes foros de los gurús de la economía, una y otra vez, imponiendo sátrapas en los países a esquilmar.


Nadie feliz en su patria viene a Europa en oleadas de cientos de miles de personas, ni da rienda suelta al odio tratando de imponer su locura de muerte. ¿De dónde salen estas mentes desequilibradas? ¿Quién les arma y protege? ¿Qué papel juegan los paraísos fiscales en propiciar los medios? La Unión Europea quiere arreglar la inmigración desbordante pagando a los países de origen "cuatro perras" para que allí se conviertan los gobiernos en cancerberos de sus compatriotas que quieran arriesgarse a venir a un mundo mejor. Pero continúa siendo tabú poner encima de la mesa soluciones estructurales en aquellos países donde campa la miseria más absoluta, las dictaduras más feroces y a veces con connivencias con países como España, con lazos incluso de amistad con la satrapía saudí. Si saqueamos las materias primas de los pobres para nuestro consumismo desaforado, la desesperación les conduce hasta nuestros felpudos, donde existe un buen nivel de vida. Si las grandes multinacionales controlan todo lo que huele a dinero, las consecuencias en forma de millones desheredados es un hecho; y de ahí, solo con que algunos quieran romper la injustísima distribución de los recursos naturales y alimentarios, convertidos en fanáticos del horror, era cuestión de tiempo.

Pero lo peor, es que los análisis sobre estas escaladas terroristas (Estado Islámico, etc.) que leo y oigo, parecen más de lo mismo, excepción hecha del papa Francisco y unos pocos como él: huida hacia adelante con la tentación de devolver el daño (¿a quién?) o peor, cediendo a la tentación de rebajarnos a esos niveles de odio para responder con similares injusticias contra quienes seguramente, nada tengan que ver con estas matanzas en el corazón de Europa. 

Gabriel María Otalora


«NO PONGAMOS RESISTENCIA A SU PRIMERA VENIDA, Y NO TEMEREMOS LA SEGUNDA»

Aclamen los árboles del bosque, delante del Señor, que ya llega, ya llega a regir la tierra. Vino una primera vez, pero vendrá de nuevo. En su primera venida, pronunció estas palabras que leemos en el Evangelio: Desde ahora veréis que el Hijo del hombre viene sobre las nubes. ¿Qué significa: Desde ahora? ¿Acaso no ha de venir más tarde el Señor, cuando prorrumpirán en llanto todos los pueblos de la tierra? Primero vino en la persona de sus predicadores, y llenó todo el orbe de la tierra. No pongamos resistencia a su primera venida, y no temeremos la segunda. 

¿Qué debe hacer el cristiano, por tanto? Servirse de este mundo, no servirlo a él. ¿Qué quiere decir esto? Que los que tienen han de vivir como si no tuvieran, según las palabras del Apóstol: Digo esto, hermanos: que el momento es apremiante. Queda como solución que los que tienen mujer vivan como si no la tuvieran; los que lloran, como si no lloraran; los que están alegres, como si no lo estuvieran; los que compran, como si no poseyeran; los que negocian en el mundo, como si no disfrutaran de él: porque la representación de este mundo se termina. 


Quiero que os ahorréis preocupaciones. El que se ve libre de preocupaciones espera seguro la venida de su Señor. 
Vincenzo Foppa. san Agustín (1465-1470), Castello Sforzesco, Milán.

De los comentarios de san Agustín, obispo, sobre los salmos
(Salmo 95,14. 15: CCL 39,1351-1353)

Fuente News.va

PROTÉGEME, DIOS MÍO, QUE ME REFUGIO EN TI


Del salmo 16:

Protégeme, Dios mío, porque me refugio en ti.

Yo digo al Señor: «Señor, Tú eres mi bien,
no hay nada superior a ti».
Ellos, en cambio, dicen a los dioses de la tierra:
«Mis príncipes, ustedes son toda mi alegría».

Protégeme, Dios mío, porque me refugio en ti.

El Señor es la parte de mi herencia y mi cáliz,
¡Tú decides mi suerte!
Me ha tocado un lugar de delicias,
estoy contento con mi herencia.

Protégeme, Dios mío, porque me refugio en ti.

Bendeciré al Señor que me aconseja,
¡hasta de noche instruye mi conciencia!
Tengo siempre presente al Señor:
Él está a mi lado, nunca vacilaré.

Protégeme, Dios mío, porque me refugio en ti.

Por eso mi corazón se alegra,
y todo mi ser descansa seguro:
porque no me entregarás la Muerte
ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción.

Protégeme, Dios mío, porque me refugio en ti.

Me harás conocer el camino de la vida,
saciándome de gozo en tu presencia,
de felicidad eterna a tu derecha.

Protégeme, Dios mío, porque me refugio en ti.

RAZÓN DE LA ESPERANZA CRISTIANA


Apoyados en los textos sagrados que se proclaman este domingo, podemos afirmar que no estamos hechos para la corrupción, ni nuestro destino es el polvo. Hemos sido creados para gozar la vida eterna. El salmista canta: “Se me alegra el corazón, se gozan mis entrañas, y mi carne descansa serena. Porque no me entregarás a la muerte, ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción.” (Sal 15).
El sentido del salmo es sin duda profético, y se refiere a Jesucristo, resucitado de entre los muertos y sentado a la derecha de Dios Padre con gloria. Pero ha sido el mismo Jesús quien se ofreció a sí mismo por los pecados de todos, para que todos podamos gozar de su destino. “Cristo ofreció por los pecados, para siempre jamás, un solo sacrificio. Con una sola ofrenda ha perfeccionado para siempre a los que van siendo consagrados”. (Heb 10,14)
La liturgia de la Palabra de este domingo obedece a que celebramos prácticamente el último domingo del Tiempo Ordinario, ya que el próximo será la fiesta de Cristo Rey. Por este motivo, se nos propone a consideración los últimos tiempos, y la perspectiva teológica del final de la representación de este mundo.
Con la figura de Cristo Majestad, que viene sobre las nubes del cielo, se describe el triunfo definitivo del Señor, a quien se le someten todos los seres del cielo y de la tierra. “Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y majestad; enviará a los ángeles para reunir a sus elegidos de los cuatro vientos, de horizonte a horizonte”. (Mc 13, 27)
El juicio es de Dios, no nos corresponde a nosotros anticipar el veredicto. Según las Sagradas Escrituras, “los sabios brillarán como el fulgor del firmamento, y los que enseñaron a muchos la justicia, como las estrellas, por toda la eternidad” (Dn 12, 3). Será el momento de la gran sorpresa, al escuchar de labios de Jesús: “Venid, benditos de mi Padre, porque tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber…” Y estas bendiciones se aplicarán a muchos que pasaron por el mundo haciendo el bien, aun sin saber que se lo hacían a Jesús.
Los que han caminado por esta vida con la mirada puesta en el rostro luminoso de quien ha dado su vida pro nosotros, no han tenido miedo al pensar en el encuentro con Cristo; por el contrario, han anhelado ese momento. Si ante el pensamiento de la vida eterna y del final de los días te intranquilizas, es una llamada a la confianza y al abandono en las manos de Dios, pero a su vez, también, a hacer el bien, porque al final será lo que nos sirva como título de bienaventuranza, gracias a la misericordia divina.

“Y al despertar, me saciaré de tu semblante” (sal 16).
Ángel Moreno de Buenafuente

Convicciones cristianas

Poco a poco iban muriendo los discípulos que habían conocido a Jesús. Los que quedaban, creían en él sin haberlo visto. Celebraban su presencia invisible en las eucaristías, pero ¿cuándo verían su rostro lleno de vida? ¿Cuándo se cumpliría su deseo de encontrarse con él para siempre?
Seguían recordando con amor y con fe las palabras de Jesús. Eran su alimento en aquellos tiempos difíciles de persecución. Pero, ¿cuándo podrían comprobar la verdad que encerraban? ¿No se irían olvidando poco a poco? Pasaban los años y no llegaba el «Día Final» tan esperado, ¿qué podían pensar?
El discurso apocalíptico que encontramos en Marcos quiere ofrecer algunas convicciones que han de alimentar su esperanza. No lo hemos de entender en sentido literal, sino tratando de descubrir la fe contenida en esas imágenes y símbolos que hoy nos resultan tan extraños.
Primera convicción: La historia apasionante de la Humanidad llegará un día a su fin
El «sol» que señala la sucesión de los años se apagará. La «luna» que marca el ritmo de los meses ya no brillará. No habrá días y noches, no habrá tiempo. Además, «las estrellas caerán del cielo», la distancia entre el cielo y la tierra se borrará, ya no habrá espacio. Esta vida no es para siempre. Un día llegará la Vida definitiva, sin espacio ni tiempo. Viviremos en el Misterio de Dios.
Segunda convicción: Jesús volverá y sus seguidores podrán ver por fin su rostro deseado: «verán venir al Hijo del Hombre»
El sol, la luna y los astros se apagarán, pero el mundo no se quedará sin luz. Será Jesús quien lo iluminará para siempre poniendo verdad, justicia y paz en la historia humana tan esclava hoy de abusos, injusticias y mentiras.
Tercera convicción: Jesús traerá consigo la salvación de Dios
Llega con el poder grande y salvador del Padre. No se presenta con aspecto amenazador. El evangelista evita hablar aquí de juicios y condenas. Jesús viene a «reunir a sus elegidos», los que esperan con fe su salvación.
Cuarta convicción: Las palabras de Jesús «no pasarán»
No perderán su fuerza salvadora. Han de de seguir alimentando la esperanza de sus seguidores y el aliento de los pobres. No caminamos hacia la nada y el vacío. Nos espera el abrazo con Dios.
José Antonio Pagola

Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y majestad

Lectura del santo evangelio según san Marcos 13,24-32

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«En aquellos días, después de esa gran angustia, el sol se hará tinieblas, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo, los astros se tambalearán.

Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y majestad; enviará a los ángeles para reunir a sus elegidos de los cuatro vientos, de horizonte a horizonte.

Aprended de esta parábola de la higuera: Cuando las ramas se ponen tiernas y brotan las yemas, deducís que el verano está cerca; pues cuando veáis vosotros suceder esto, sabed que él está cerca, a la puerta. Os aseguro que no pasará esta generación antes que todo se cumpla. El cielo y la tierra pasarán, mis palabras no pasarán, aunque el día y la hora nadie lo sabe, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, sólo el Padre.»

Palabra del Señor.

sábado, 14 de noviembre de 2015

“Dime qué sentiste, hermano terrorista” (Carta abierta por los ataques en París)

Hermano terrorista:
Dime ¿qué sentiste?… en el momento en que miraste los ojos suplicantes de tu hermano y gatillaste su ausencia… cuando hombres y mujeres inocentes te rogaron misericordia, apelaron a la humanidad que corre por tus venas, y renegaste de tu condición de hombre. ¿Qué sentiste? Aquí en este mundo occidental decimos que odias demasiado, que eres un miserable, un terrorista desalmado, un animal despreciable; y sin embargo, estoy seguro que has amado a otra persona, tal vez tienes mujer e hijos. Estoy seguro que has palpado tu humanidad herida cuando alguna vez el dolor llamó a tu puerta y que tu corazón es capaz de conmoverse y sentir ternura.
Hermano terrorista, disculpa si es que no me cabe en el corazón que hayas abdicado completamente de tu humanidad. Por eso te pregunto: ¿qué sentiste cuándo mataste?, ¿placer?, ¿justicia?, ¿redención? ¡Dime! Confiesa que sentiste un breve chispazo de tristeza cuando viste tu rostro reflejado en la mirada vidriosa de las mujeres que asesinaste. Confiesa que se abrió una ligera herida, que se coló una gota de sangre humana en tu alma y te preguntaste: «¿Qué sentido tiene todo esto?». No me mal interpretes, soy cristiano, y sí, tal vez quiero una excusa para perdonarte o, aún peor, es probable que busque una razón para no odiar el hecho de que compartamos la misma naturaleza  — a mí también se me cuela el odio hermano — ; pero por encima de todo, te soy sincero, busco un pequeño atisbo de esperanza. Hermano terrorista, disculpa si soy ingenuo, pero busco la esperanza de que aún se te puede hablar de amor, de que tu humanidad no ha sido completamente tomada por el odio y de que, si te muestro mi corazón abierto, tal vez me enseñarías el tuyo. Por eso, hermano terrorista, confiesa: ¡te dolió matar! ¡Un relámpago de duda surcó tu frente! ¡El terror que causaste te asustó a ti también! ¡Disparaste con pena! ¡¿Te mataste con miedo?! ¡Dime que eres humano, maldita sea!

No me hables de los infieles, de la corrupción de Occidente, ni del premio reservado a los conductores de la Yihad. Creo que lo crees, e incluso, que crees sinceramente en todo eso; pero háblame más bien de este temor inesperado, hermano terrorista, de la sal en tu boca, de aquel estribillo de remordimiento que estuvo a punto de hacerte pedirle perdón a aquella mujer cuando descubriste que estaba embarazada. Porque es en esto último donde está no solo mi esperanza sino también la tuya, ¿no lo entiendes? Disculpa que te lo diga tan crudamente, pero Dios ha jugado un papel completamente distinto del que tú te esperabas en este atentado. No fue el ciclón de odio  — no la llames ira santa, por favor —  lo que Dios sembró en tu corazón, fueron más bien esas tímidas dudas de amor y humanidad, fue la reticencia y ese fastidioso retintín de incerteza donde Dios te hablaba. Por eso te ruego, hermano terrorista, no te avergüences de ellas porque no son un signo de tu infidelidad al plan de Dios; todo lo contrario, son la única garantía de que sigues siendo un ser humano y de que Dios no te ha abandonado ni siquiera en la noche más oscura de tu existencia.

Por eso, te repito, repasemos juntos el momento: ¡¿qué sentiste?! hermano terrorista.

Mauricio Artieda

"Los atentados de París no tienen justificación ni religiosa ni humana" Francisco condena "enérgicamente la violencia que no resuelve nada"


Estoy conmovido y siento dolor. No entiendo estas cosas,
El papa Francisco condenó hoy "enérgicamente la violencia, que no puede resolver nada", al tiempo que se mostró "en oración con el sufrimiento de las familias afectadas" en los atentados terroristas de este viernes en París que dejaron más de un centenar de muertos.
"Informado de los horrendos ataques terroristas que tuvieron lugar en París y el Stade de France, matando a decenas de personas e hiriendo a muchos otros, Su Santidad Francisco se une en oración con el sufrimiento de las familias afectadas por el drama y el dolor del pueblo francés", informó este sábado el secretario de Estado Pietro Parolin en una carta dirigida al cardenal francés André Vingt-Trois, Arzobispo de París.
El Santo Padre "invoca a Dios, Padre de misericordia, que él da la bienvenida a las víctimas en la paz de su luz y trae consuelo y esperanza a los heridos y sus familias. Es responsable, así como todos los que participaron en el rescate de su cercanía espiritual", agrega la misiva divulgada esta mañana por la Santa Sede.
"Una vez más, el Santo Padre condena enérgicamente la violencia, que no puede resolver nada, y le pide a Dios para inspirar a todos los pensamientos de la paz y de la solidaridad o de comunicar a las familias en la prueba y sobre todo los franceses, la abundancia de sus bendiciones", finaliza la carta del número dos del Vaticano.
Por otra parte, en l papa Francisco dijo hoy que los atentados de París "no tienen justificación ni religiosa ni humana. Esto no es humano", en una breve declaración hecha al canal de televisión TV200, de la Conferencia Episcopal Italiana.
"Estoy conmovido y siento dolor. No entiendo estas cosas, son difíciles de entender, hechas por seres humanos. Por eso estoy conmovido, con dolor y rezo", declaró el pontífice por teléfono.
"Estoy muy próximo al pueblo francés tan amado, estoy cerca de los familiares de las víctimas y rezo por todos ellos", declaró en la entrevista.

Preguntado por si los ataques de París son una muestra de la "guerra mundial a trozos" de la que el pontífice ha hablado en repetidas ocasiones, el papa respondió: "este es un trozo, no hay justificaciones para estas cosas". (RD/Agencias)

De frente al odio, contra el miedo, el mensaje de la misericordia. La reflexión del jesuita Federico Lombardi


En estos días tristes por la tempestad de una violencia homicida loca y horrible, muchos se preguntan cómo reaccionar. Algunos se hacen ya la pregunta sobre cómo vivir la espera del Jubileo

¡Atención! Estos homicidios poseídos de un odio insensato se llaman terroristas precisamente porque quieren difundir el terror. Si nosotros nos dejamos aterrorizar, han alcanzado ya su primer objetivo. Es una razón más para resistir con decisión y con coraje a la tentación del miedo. Naturalmente  es necesario ser prudentes y no irresponsables, tomar las precauciones que sean razonables. Pero debemos continuar viviendo, construyendo paz y confianza recíproca.
Por eso diría que el Jubileo de la misericordia se manifiesta todavía más necesario. Un mensaje de misericordia, es decir de amor de Dios, que tiene como consecuencia también el amor recíproco y la reconciliación. Es exactamente la respuesta que necesitamos dar en tiempos de tentación y desconfianza. Juan Pablo II decía que el mensaje de la misericordia era la gran respuesta de Dios y de los creyentes, en el tiempo oscuro y horrible de la segunda guerra mundial, de masacres obradas por los totalitarismo, por la difusión del odio entre los pueblos y las personas.

También hoy cuando el Papa Francisco habla de la tercera guerra mundial a pedazos, es necesario el mensaje de la misericordia para hacernos capaces de reconciliación, de construir puentes no obstante todo, de tener el coraje del amor. No es precisamente el tiempo de renunciar al Jubileo o de tener miedo. Tenemos más necesidad que antes. (Traducción del original italiano: jesuita Guillermo Ortiz- Radio Vaticana)

ORAR SIEMPRE SIN DESANIMARSE



Lectura del santo evangelio según san Lucas (18,1-8):

En aquel tiempo, Jesús, para explicar a sus discípulos cómo tenían que orar siempre sin desanimarse, les propuso esta parábola: 

«Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios ni le importaban los hombres. En la misma ciudad había una viuda que solía ir a decirle: "Hazme justicia frente a mi adversario."

Por algún tiempo se negó, pero después se dijo: "Aunque ni temo a Dios ni me importan los hombres, como esta viuda me molesta, le haré justicia para que no venga continuamente a fastidiarme".

Y el Señor añadió: «Fijaos en lo que dice el juez injusto; pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que le gritan día y noche?; ¿o les dará largas? Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?»

viernes, 13 de noviembre de 2015

Homilía del Papa: Dios es la “gran belleza”, todo lo demás pasa


Hay dos peligros que asechan a los creyentes: la tentación de divinizar las cosas de la tierra e incluso de idolatrar los “hábitos”, como si todo tuviera que durar para siempre. En cambio, la única belleza eterna a la que debemos tender es Dios. Lo afirmó el Papa Franciscoen su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta

“La gran belleza es Dios”. Lo reza también el Salmo: “Los cielos narran la belleza de Dios”. El problema del hombre es que con frecuencia se arrodilla ante lo que, de aquel esplendor es sólo un reflejo – que un día, de todos modos, se apagará – o incluso,  se vuelve devoto de placeres aún más pasajeros.

Apegados a las bellezas de acá

El Papa Bergoglio desarrolló su homilía poniendo de manifiesto las dos idolatrías en las que también puede caer quien tiene fe. La primera Lectura y el Salmo – observó Francisco –  se refieren a “la belleza de la creación”, pero también subrayan “el error” de “aquella gente que en estas cosas bellas no ha sido capaz de ver más allá, es decir la trascendencia”. Una actitud en la que el Pontífice identifica lo que denomina “la idolatría de la inmanencia”, que hace que uno se detenga ante una belleza “sin un más allá”:

“Se han apegado a esta idolatría; están sorprendidos por su poder y energía. No han pensado cuán superior es su Soberano, porque los ha creado, Aquel que es principio y autor de la belleza. Es una idolatría mirar las bellezas – tantas – sin pensar que habrá un ocaso. También el ocaso tiene su belleza… Y esta idolatría de estar apegados a las bellezas de acá, sin la trascendencia, todos nosotros corremos el riesgo de tenerla. Es la idolatría de la inmanencia. Creemos que las cosas son como son, son casi dioses, que jamás terminarán. Olvidamos el ocaso”.

Divinizar los hábitos

La otra idolatría – subrayó el Santo Padre – “es la de los hábitos” que ensordecen el corazón. Francisco la ilustró recordando las palabras de Jesús en el Evangelio del día, con su descripción de los hombres y las mujeres en tiempos de Noé o los de Sodoma cuando, recuerda que “comían, bebían, tomaban esposa y esposo” sin preocuparse por otra cosa, hasta el momento del diluvio o de la lluvia de fuego y azufre, de la destrucción absoluta:

“Todo es habitual. La vida es así: vivimos así, sin pensar en el ocaso de este modo de vivir. También esto es una idolatría: estar apegado a los hábitos, sin pensar que esto terminará. Y la Iglesia nos hace ver el final de estas cosas. También los hábitos pueden ser pensados como dioses. ¿La idolatría? La vida es así, vamos adelante así… Y así como la belleza terminará en otra belleza, nuestro hábito terminará en una eternidad, en otro hábito. ¡Pero está Dios!”.

Mirar la belleza que no pasa

En cambio – exhortó el Obispo de Roma – es necesario dirigir la mirada “siempre más allá”, hacia  “el hábito final”, al único Dios que está más allá “del fin de las cosas creadas”, como la Iglesia enseña en estos días que concluyen el Año litúrgico, para no repetir el error fatal de mirar hacia atrás, como sucedió a la esposa de Lot, teniendo la certeza que si “la vida es bella, también el ocaso será muy bello”:

“Nosotros  – los creyentes – no somos gente que vuelve atrás, que cede, sino gente que va siempre adelante”. Ir siempre adelante en esta vida, mirando las bellezas y con los hábitos que tenemos todos nosotros, pero sin divinizarlas. Terminarán… Que sean estas pequeñas bellezas, que reflejan la gran belleza, nuestros hábitos para sobrevivir en el canto eterno, en la contemplación de la gloria de Dios”.
(María Fernanda Bernasconi - RV).


El Papa anima a la Iglesia a no ver a los laicos como "miembros de segunda clase"

El Papa ha invitado a la Iglesia a no ver a los laicos como miembros de "segunda clase" que solo ejecutan órdenes y ha recordado que pertenecen y participan junto a los miembros del orden sagrado y a los religiosos de la función sacerdotal, profética y real de Cristo mismo.
"El Concilio Vaticano II no mira a los laicos como si fueran miembros de segunda clase, al servicio de la jerarquía o como simples ejecutores de órdenes que vienen de lo alto, sino como discípulos de Cristo", ha señalado Francisco en el mensaje enviado a los participantes de la Jornada de estudio organizada por el Pontificio Consejo de Laicos, en colaboración con la Universidad Pontificia de la Santa Cruz de Roma, sobre el tema de la vocación y misión de los laicos.
Además, ha especificado que a través de la fuerza del bautismo, los laicos "están llamados a animar todo ambiente, actividad y relación humana según el espíritu evangélico, llevando la luz, la esperanza, la caridad recibida por Cristo en los lugares que, de otra manera, permanecerían ajenos a la acción de Dios y abandonados a la miseria de la condición humana". Para el Papa, el Concilio Vaticano II ha hecho crecer en la Iglesia la formación de los laicos.

El Pontífice creó el pasado 2 de octubre una nueva Congregación de los Laicos que engloba a los pontificios consejos para los Laicos y para la Familia, actualmente guiados respectivamente por el cardenal Stranislaw Rylko y por el obispo Vincenzo Paglia. "Decidí instituir un nuevo dicasterio con competencia sobre los laicos, la familia y la vida, que sustituirá al Pontificio Consejo para los Laicos y al Pontificio Consejo para la Familia, y al que estará vinculada la Pontificia Academia para la Vida", comentó Francisco durante una de las sesiones de trabajo del Sínodo de obispos de la Familia.
(RD/Ep)

El cielo proclama la gloria de Dios.


Sal 18, 2-3. 4-5 

El cielo proclama la gloria de Dios.
El cielo proclama la gloria de Dios,
el firmamento pregona la obra de sus manos 
el día al día le pasa el mensaje,
la noche a la noche se lo susurra.

El cielo proclama la gloria de Dios.
Sin que hablen, sin que pronuncien, 
sin que resuene su voz, 
a toda la tierra alcanza su pregón 
y hasta los límites del orbe su lenguaje

El cielo proclama la gloria de Dios.