lunes, 5 de octubre de 2015

«COMBATE BIEN EL COMBATE DE LA FE» SAN GREGORIO DE NISA.

Celebremos la Pascua, no con levadura vieja, sino con los panes ázimos de la sinceridad y la verdad. Todo esto concuerda muy bien con lo que hemos dicho más arriba sobre la nueva criatura. […] El mismo Apóstol dice también en otro lugar: Corramos en la carrera que nos toca, sin retirarnos, fijos los ojos en el que inició y completa nuestra fe: Jesús.

Por ello, es necesario que quien desprecia las grandezas de este mundo y renuncia a su gloria vana renuncie también a su propia vida. Renunciar a la propia vida significa no buscar nunca la propia voluntad, sino la voluntad de Dios y hacer del querer divino la norma única de la propia conducta; significa también renunciar al deseo de poseer cualquier cosa que no sea necesaria o común.

Quien así obra se encontrará más libre y dispuesto para hacer lo que le manden los superiores, realizándolo prontamente con alegría y con esperanza, como corresponde a un servidor de Cristo, redimido para el bien de sus hermanos.

Esto es precisamente lo que desea también el Señor, cuando dice: El que quiera ser grande y primero entre vosotros, que sea el último y esclavo de todos.

Esta servicialidad hacia los hombres debe ser ciertamente gratuita, y el que se consagra a ella debe sentirse sometido a todos y servir a los hermanos como si fuera deudor de cada uno de ellos. En efecto, es conveniente que quienes están al frente de sus hermanos se esfuercen más que los demás en trabajar por el bien ajeno, se muestren más sumisos que los súbditos y, a la manera de un siervo, gasten su vida en bien de los demás, pensando que los hermanos son en realidad como un tesoro que pertenece a Dios y que Dios ha colocado bajo su cuidado.

Por ello, los superiores deben cuidar de los hermanos como si se tratara de unos tiernos niños a quienes los propios padres han puesto en manos de unos educadores.

Si de esta manera vivís, llenos de afecto los unos para con los otros, si los súbditos cumplís con alegría los decretos y mandatos, y los maestros os entregáis con interés al perfeccionamiento de los hermanos, si procuráis teneros mutuamente el debido respeto, vuestra vida, ya en este mundo, será semejante a la de los ángeles en el cielo.

Del libro de san Gregorio de Nisa, obispo, sobre la conducta cristiana
(PG 46, 295-298)

Oración a la Sagrada Familia por el Sínodo de los Obispos sobre la Familia.

Jesús, María y José
en vosotros contemplamos
el esplendor del verdadero amor,
a vosotros, confiados, nos dirigimos.
Santa Familia de Nazaret,
haz también de nuestras familias
lugar de comunión y cenáculo de oración,
auténticas escuelas del Evangelio
y pequeñas Iglesias domésticas.
Santa Familia de Nazaret,
que nunca más haya en las familias episodios
de violencia, de cerrazón y división;
que quien haya sido herido o escandalizado
sea pronto consolado y curado.
Santa Familia de Nazaret,
que el Sínodo de los Obispos
haga tomar conciencia a todos
del carácter sagrado e inviolable de la familia,
de su belleza en el proyecto de Dios.
Jesús, María y José,
escuchad, acoged nuestra súplica.

Fuente:
Tengo sed de Ti

La ONU advierte que el rechazo a refugiados musulmanes "es la mejor propaganda" para los extremistas

60 millones de personas son refugiados, solicitantes de asilos o desplazados
El rechazo a los refugiados musulmanes a causa de su religión es "la mejor propaganda" que necesitan los grupos extremistas "para atraer a nuevos seguidores jóvenes hacia el terrorismo", advirtió hoy el alto comisionado de la ONU para los refugiados, Antonio Guterres.
"Una Europa que defiende sus valores fundadores de tolerancia y apertura, recibiendo a refugiados de todas las religiones, debilitará los argumentos de grupos extremistas", recalcó el responsable al inaugurar el 66 comité ejecutivo de su organismo.
Consideró urgente contrarrestar la islamofobia y reducir el atractivo que las ideologías extremistas pueden tener en los jóvenes en medio de la crisis migratoria que enfrenta Europa.
Sesenta millones de personas son actualmente refugiados, solicitantes de asilo o desplazados dentro de sus países debido a conflictos armados y persecución, dijo hoy el jefe de la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), Antonio Guterres.
Conflictos antiguos siguen sin resolverse y quince nuevos han estallado en los últimos cinco años, mientras que el volumen de personas que pudieron ser repatriadas en 2014 -un total de 126 mil- fue el más bajo de las últimas tres décadas.
42.500 personas son desplazadas por día debido a los conflictos.
Consecuencia del belicismo, el número de personas desplazadas a nivel mundial se cuadruplicó en el periodo 2010-2014, pasando de 11 mil a 42 mil 500 por día, precisó Guterres al inaugurar el 66 comité ejecutivo de su organismo.
Sólo la "megacrisis" causada por las interconexiones entre los conflictos de Irak y Siria han empujado al éxodo a 15 millones de personas, sin olvidar que los enfrentamientos en África siguen forzando a cientos de miles de personas a abandonar sus hogares.
Los últimos datos del ACNUR indican que en los últimos doce meses 500 mil personas huyeron de Sudán del Sur, 190 mil de Burundi y unos 300 mil de Libia.
(RD/Agencias)



Señor, ¿qué quieres que haga?

"En la presencia de Dios, en una lectura reposada del texto, es bueno preguntar, por ejemplo: «Señor, ¿qué me dice a mí este texto? ¿Qué quieres cambiar de mi vida con este mensaje? ¿Qué me molesta en este texto? ¿Por qué esto no me interesa?», o bien: «¿Qué me agrada? ¿Qué me estimula de esta Palabra? ¿Qué me atrae? ¿Por qué me atrae?».

Cuando uno intenta escuchar al Señor, suele haber tentaciones. Una de ellas es simplemente sentirse molesto o abrumado y cerrarse; otra tentación muy común es comenzar a pensar lo que el texto dice a otros, para evitar aplicarlo a la propia vida. También sucede que uno comienza a buscar excusas que le permitan diluir el mensaje específico de un texto.

Otras veces pensamos que Dios nos exige una decisión demasiado grande, que no estamos todavía en condiciones de tomar. Esto lleva a muchas personas a perder el gozo en su encuentro con la Palabra, pero sería olvidar que nadie es más paciente que el Padre Dios, que nadie comprende y espera como Él. Invita siempre a dar un paso más, pero no exige una respuesta plena si todavía no hemos recorrido el camino que la hace posible. Simplemente quiere que miremos con sinceridad la propia existencia y la presentemos sin mentiras ante sus ojos, que estemos dispuestos a seguir creciendo, y que le pidamos a Él lo que todavía no podemos lograr."

Evangelii Gaudium (III. La lectura espiritual) 

Publicado por Reflejos de Luz 

“La Iglesia está llamada a vivir su misión en fidelidad, verdad y caridad”, el Papa en la Apertura del Sínodo


El hombre cae y se equivoca y la Iglesia debe buscarlo, acogerlo y acompañarlo, porque una Iglesia con las puertas cerradas se traiciona a sí misma y a su misión, y en vez de ser puente se convierte en barrera”, lo dijo el Papa Francisco en su homilía de la Misa de Apertura de la XIV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos.
Con la celebración Eucarística presidida por el Santo Padre en la Basílica de San Pedro, el primer domingo de octubre, se dio inicio al Sínodo de los Obispos sobre “La vocación y misión de la familia en la Iglesia y en el mundo contemporáneo”. En su homilía, el Obispo de Roma comentando los textos bíblicos que la liturgia presenta este XXVII domingo del Tiempo Ordinario, señaló que “dichas lecturas se centran en tres aspectos: el drama de la soledad, el amor entre el hombre y la mujer, y la familia”.
La soledad
Refiriéndose al drama de la soledad, el Pontífice recordó el dominio que ejercía Adán sobre las demás creaturas, “esto demuestra su indiscutible e incomparable superioridad, dijo el Papa, pero aun así se sentía solo y experimentaba la soledad”. Este drama de la soledad, afirmó el Santo Padre, aún aflige a muchos hombres y mujeres de nuestro tiempo, “ancianos abandonados incluso por sus seres queridos y sus propios hijos; en los viudos y viudas; en los emigrantes y los refugiados que huyen de la guerra y la persecución; y en tantos jóvenes víctimas de la cultura del consumo, del usar y tirar, y de la cultura del descarte”. Hoy se vive la paradoja de un mundo globalizado en el que vemos tantas casas de lujo y edificios de gran altura, pero cada vez menos calor de hogar y de familia; cada vez más un profundo vacío en el corazón; puntualizó el Papa, muchos placeres, pero poco amor; tanta libertad, pero poca autonomía. Hoy vivimos en cierto sentido – agregó – la misma experiencia de Adán: tanto poder acompañado de tanta soledad y vulnerabilidad; y la familia es su imagen.
El amor entre el hombre y la mujer
Hablando del amor entre el hombre y la mujer, el Sucesor de Pedro recordó que el corazón de Dios se entristeció al ver la soledad de Adán y dijo: «No está bien que el hombre esté solo; voy a hacerle alguien como él que le ayude» (Gn 2,18). “Estas palabras muestran que nada hace más feliz al hombre que un corazón que se asemeje a él, precisó el Papa, que le corresponda, que lo ame y que acabe con la soledad y el sentirse solo”. Esto nos hace ver agregó el Vicario de Cristo, “que Dios no ha creado el ser humano para vivir en la tristeza o para estar solo, sino para la felicidad, para compartir su camino con otra persona que es su complemento; para vivir la extraordinaria experiencia del amor: es decir de amar y ser amado; y para ver su amor fecundo en los hijos”. Este es el sueño de Dios para su criatura predilecta: verla realizada en la unión de amor entre hombre y mujer; feliz en el camino común, fecunda en la donación recíproca.
La familia
Finalmente, reflexionando sobre la familia el Papa Francisco invitó a los creyentes a superar toda forma de individualismo y de legalismo, que esconde un mezquino egoísmo y el miedo de aceptar el significado auténtico de la pareja y de la sexualidad humana en el plan de Dios. “Para Dios, el matrimonio no es una utopía de adolescente, dijo el Papa, sino un sueño sin el cual su creatura estará destinada a la soledad”. Paradójicamente, señaló el Santo Padre, el hombre de hoy permanece atraído y fascinado por todo amor autentico, por todo amor sólido, por todo amor fecundo, por todo amor fiel y perpetuo. Lo vemos ir tras los amores temporales, pero sueña el amor autentico; corre tras los placeres de la carne, pero desea la entrega total. En este contexto social y matrimonial bastante difícil, puntualizó el Pontífice, la Iglesia está llamada a vivir su misión en la fidelidad, en la verdad y en la caridad.
Una Iglesia que educa al amor autentico, capaz de alejar de la soledad, sin olvidar su misión de buen samaritano de la humanidad herida. Recordando a su predecesor san Juan Pablo II, el Papa dijo: «El error y el mal deben ser condenados y combatidos constantemente; pero el hombre que cae o se equivoca debe ser comprendido y amado […] Nosotros debemos amar nuestro tiempo y ayudar al hombre de nuestro tiempo». Y la Iglesia debe buscarlo, acogerlo y acompañarlo, porque una Iglesia con las puertas cerradas se traiciona a sí misma y a su misión, y en vez de ser puente se convierte en barrera.
(Renato Martinez - Radio Vaticano)


Quien pide recibe


Lectura del santo evangelio según san Mateo 7, 7-11
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
-«Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá; porque quien pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre.
Si a alguno de vosotros le pide su hijo pan, ¿le va a dar una piedra?; y si le pide pescado, ¿le dará una serpiente? Pues si vosotros, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre del cielo dará cosas buenas a los que le piden!»
Palabra del Señor.

domingo, 4 de octubre de 2015

CREADOS A IMAGEN DE DIOS

Siempre me parece extraño que el Creador se dé cuenta, después de crear al hombre, de su necesidad de que lo colocara en medio del jardín y de que le encomendara la tarea de poner nombre a las cosas y de relacionarse con otro ser semejante. Y Dios, al ver que Adán se aburría y que estaba triste, dice, según el texto bíblico: -«No está bien que el hombre esté solo; voy a hacerle alguien como él que le ayude» (Gn 2, 18).
Sin duda que estamos ante uno de los pasajes más ricos para introducirnos en el estudio de la antropología, pues nos revela el anhelo insaciable del corazón humano en relación con su sed de amor y su necesidad de ser amado.
La biología marca una ley complementaria, que se realiza en el trato del varón y de la mujer. “Al principio de la creación, Dios "los creó hombre y mujer. Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne". De modo que ya no son dos, sino una sola carne. “Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre.” (Mc 10,9)
La Biblia consagra la relación matrimonial como vocación sagrada. De tal forma que cuando Dios quiere revelar a su pueblo el amor que le tiene, tomará la imagen de los esponsales, como la más próxima a la verdad del amor divino: “Dios es amor”. “Tu mujer, como parra fecunda, en medio de tu casa; tus hijos, como renuevos de olivo, alrededor de tu mesa” (sal 127).
Sin embargo, teniendo en cuenta la afirmación del autor de la Carta a los Hebreos - “Al que Dios había hecho un poco inferior a los ángeles, a Jesús, lo vemos ahora coronado de gloria y honor por su pasión y muerte” (Hbr 2, 9)-, desde la afirmación que leemos en el relato bíblico de la creación, de que Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza, siendo el rostro del Hijo único de Dios el modelo en el que se fijó el Creador para hacer al ser humano, cabe intuir que la soledad que experimentó Adán no era por error divino, sino huella de la imagen del que elevado en la Cruz no tiene otra relación posible que su Padre.
Aunque el matrimonio es vocación bendecida por Dios, pero a su vez, las relaciones humanas dejan experimentar el límite de la soledad, que no puede complementar ni la tarea de poner nombre a las cosas -ejercicio de dominio-, ni la alteridad semejante. Solo Dios es complementariedad gozosa y plena.
En la soledad del primer hombre se detecta la razón de la experiencia agustiniana: «Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti”. Y de la enseñanza teresiana: “Solo Dios basta”.
Ángel Moreno de Buenafuente


Acoged a los pequeños

El episodio parece insignificante. Sin embargo, encierra un trasfondo de gran importancia para los seguidores de Jesús. Según el relato de Marcos, algunos tratan de acercar a Jesús a unos niños y niñas que corretean por allí. Lo único que buscan es que aquel hombre de Dios los pueda tocar para comunicarles algo de su fuerza y de su vida. Al parecer, era una creencia popular.
Los discípulos se molestan y tratan de impedirlo. Pretenden levantar un cerco en torno a Jesús. Se atribuyen el poder de decidir quiénes pueden llegar hasta Jesús y quiénes no. Se interponen entre él y los más pequeños, frágiles y necesitados de aquella sociedad. En vez de facilitar su acceso a Jesús, lo obstaculizan.
Se han olvidado ya del gesto de Jesús que, unos días antes, ha puesto en el centro del grupo a un niño para que aprendan bien que son los pequeños los que han de ser el centro de atención y cuidado de sus discípulos. Se han olvidado de cómo lo ha abrazado delante de todos, invitándoles a acogerlos en su nombre y con su mismo cariño.
Jesús se indigna. Aquel comportamiento de sus discípulos es intolerable. Enfadado, les da dos órdenes: «Dejad que los niños se acerquen a mí. No se lo impidáis». ¿Quién les ha enseñado a actuar de una manera tan contraria a su Espíritu? Son, precisamente, los pequeños, débiles e indefensos, los primeros que han de tener abierto el acceso a Jesús.
La razón es muy profunda pues obedece a los designios del Padre: «De los que son como ellos es el reino de Dios». En el reino de Dios y en el grupo de Jesús, los que molestan no son los pequeños, sino los grandes y poderosos, los que quieren dominar y ser los primeros.
El centro de su comunidad no ha de estar ocupado por personas fuertes y poderosas que se imponen a los demás desde arriba. En su comunidad se necesitan hombres y mujeres que buscan el último lugar para acoger, servir, abrazar y bendecir a los más débiles y necesitados.
El reino de Dios no se difunde desde la imposición de los grandes sino desde la acogida y defensa a los pequeños. Donde estos se convierten en el centro de atención y cuidado, ahí está llegando el reino de Dios, la sociedad humana que quiere el Padre.

 José Antonio Pagola

Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre

 Lectura del santo evangelio según san Marcos 10, 2-16
En aquel tiempo, se acercaron unos fariseos y le preguntaron a Jesús, para ponerlo a prueba:
«¿Le es lícito a un hombre divorciarse de su mujer?»

Él les replicó:
«¿Qué os ha mandado Moisés?»

Contestaron: 
«Moisés permitió divorciarse, dándole a la mujer un acta de repudio.»

Jesús les dijo:
«Por vuestra terquedad dejó escrito Moisés este precepto. Al principio de la creación Dios "los creó hombre y mujer. Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne". De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre.»
En casa, los discípulos volvieron a preguntarle sobre lo mismo.
Él les dijo: 
«Si uno se divorcia de su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra la primera. Y si ella se divorcia de su marido y se casa con otro, comete adulterio.»
Le acercaban niños para que los tocara, pero los discípulos les regañaban.
Al verlo, Jesús se enfadó y les dijo:
«Dejad que los niños se acerquen a mí: no se lo impidáis; de los que son como ellos es el reino de Dios. Os aseguro que el que no acepte el reino de Dios como un niño, no entrará en él.»
Y los abrazaba y los bendecía imponiéndoles las manos.

Palabra del Señor.

sábado, 3 de octubre de 2015

El Papa pide a los sinodales "abrazar" las relaciones "de las que brotan dificultades, resentimientos y rupturas"



"Si no somos capaces de unir la compasión a la justicia, terminamos siendo inútilmente severos y profundamente injustos"
El Papa pide a los sinodales "abrazar" las relaciones "de las que brotan dificultades, resentimientos y rupturas"
dLa Iglesia se construye caminando, confiando, amando, comprendiendo. Sin preguntar de dónde vienes. Como hizo Jesús resucitado con losdiscípulos de Emaús. No fue casualidad que Francisco eligiera este pasaje evangélico para su reflexión durante la multitudinariavigilia previa al Sínodo de la Familia que tuvo lugar en el atardecer romano. Con una fuerte llamada a una Iglesia "casa abierta y acogedora", y con una advertencia a los padres sinodales: "Si no somos capaces de unir la compasión a la justicia, terminaremos siendo seres inútilmente severos y profundamente injustos". Quien tenga oídos, que oiga.
Decenas de miles de personas encendieron sus velas en la plaza de San Pedro. Antes de la llegada del Papa, se sucedieron -en una magnífica organización- testimonios de jóvenes, matrimonios, grupos familiares de todo el mundo, que se intercalaron con vídeos de las catequesis sobre la familia que el Papa ha ido desarrollando a lo largo de las últimas audiencias generales.
"Que seamos constructores de luz en un mundo renovado por tu amor", pidió el Papa al comienzo de la oración. Ya en su alocución, recordó cómo el miedo puede paralizar incluso al más santo, evocando el pasaje de Elías, que "tuvo miedo, se levantó y se fue para poner a salvo su vida". Y, sin embargo, "la gracia de Dios no levanta la voz, es un rumor que llega a cuantos están dispuestos a escuchar la suave brisa: los exhorta a salir, a regresar al mundo, a ser testigos del amor de Dios por el hombre, para que el mundo crea".
Recordando la vigilia del pasado año, Bergoglio señaló que "esta noche, nuestra oración no puede ser diferente". Haciendo suyas palabras del Patriarca Atenágoras, el Papa pidió el auxilio del Espíritu Santo, pues sin él "Dios resulta lejano, Cristo permanece en el pasado, la Iglesia se convierte en una simple organización, la autoridad se transforma en dominio, la misión en propaganda, el culto en evocación y el actuar de los cristianos en una moral de esclavos".

"Oremos, pues, para que el Sínodo que se abre mañana sepa reorientar la experiencia conyugal y familiar hacia una imagen plena del hombre; que sepa reconocer, valorizar y proponer todo lo bello, bueno y santo que hay en ella; abrazar las situaciones de vulnerabilidad que la ponen a prueba: la pobreza, la guerra, la enfermedad, el luto, las relaciones laceradas y deshilachadas de las que brotan dificultades, resentimientos y rupturas; que recuerde a estas familias, y a todas las familias, que el Evangelio sigue siendo la «buena noticia» desde la que se puede comenzar de nuevo", clamó el Papa, invitando a "construir el futuro de la comunidad eclesial y de la ciudad del hombre".

Jesús vivió y creció en una familia "como tantas otras, asentada en una aldea insignificante de la periferia del Imperio", reflexionó el Santo Padre, quien evocó el ejemplo de vida de Charles de Foucald para defender "la cercanía fraterna y solidaria a los más pobres y abandonados" que, "a fin de cuentas, son precisamente ellos los que nos evangelizan, ayudándonos a crecer en humanidad".
"La familia es lugar de santidad evangélica", añadió el Papa, "lugar de gratuidad, de presencia discreta, fraterna, solidaria, que nos enseña a salir de nosotros mismos para acoger al otro, a perdonar y ser perdonados".
Por ello, reclamó a los padres sinodales "volver a Nazaret" para que el Sínodo, "más que hablar sobre la familia, sepa aprender de ella, en la disponibilidad a reconocer siempre su dignidad, su consistencia y su valor, no obstante las muchas penalidades y contradicciones que la puedan caracterizar".
Para constuir "una Iglesia que es madre, capaz de engendrar la vida y atenta a comunicar continuamente la vida, a acompañar con dedicación, ternura y fuerza moral", porque, y aquí el meollo de su intervención, "si no somos capaces de unir la compasión a la justicia, terminamos siendo seres inútilmente severos y profundamente injustos".

Cada familia es siempre una luz, por más débil que sea, en medio de la oscuridad del mundo, dijo el Papa

Vigilia del Sínodo 3 de octubre de 2015
Queridas familias, buenas tardes.
¿Vale la pena encender una pequeña vela en la oscuridad que nos rodea? ¿No se necesitaría algo más para disipar la oscuridad? Pero, ¿se pueden vencer las tinieblas?
En ciertas épocas de la vida –de esta vida llena de recursos estupendos–, preguntas como esta se imponen con apremio. Frente a las exigencias de la existencia, existe la tentación de echarse para atrás, de desertar y encerrarse, a lo mejor en nombre de la prudencia y del realismo, escapando así de la responsabilidad de cumplir a fondo el propio deber.
¿Recuerdan la experiencia de Elías? El cálculo humano le causa al profeta un miedo que lo empuja a buscar refugio. «Entonces Elías tuvo miedo, se levantó y se fue para poner a salvo su vida […] Caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta el Horeb, el monte de Dios. Allí se introdujo en la cueva y pasó la noche. Le llegó la palabra del Señor preguntando: “¿Qué haces aquí, Elías?”» (1 R 19,3.8-9). Luego, en el Horeb, la respuesta no la encontrará en el viento impetuoso que sacude las rocas, ni en el terremoto, ni tampoco en el fuego. La gracia de Dios no levanta la voz, es un rumor que llega a cuantos están dispuestos a escuchar la suave brisa: los exhorta a salir, a regresar al mundo, a ser testigos del amor de Dios por el hombre, para que el mundo crea…
Con este espíritu, hace precisamente un año, en esta misma plaza, invocábamos al Espíritu Santo pidiéndole que los Padres sinodales –al poner atención en el tema de la familia– supieran escuchar y confrontarse teniendo fija la mirada en Jesús, Palabra última del Padre y criterio de interpretación de la realidad.
Esta noche, nuestra oración no puede ser diferente. Pues, como recordaba el Patriarca Atenágoras, sin el Espíritu Santo, Dios resulta lejano, Cristo permanece en el pasado, la Iglesia se convierte en una simple organización, la autoridad se transforma en dominio, la misión en propaganda, el culto en evocación y el actuar de los cristianos en una moral de esclavos.
Oremos, pues, para que el Sínodo que se abre mañana sepa reorientar la experiencia conyugal y familiar hacia una imagen plena del hombre; que sepa reconocer, valorizar y proponer todo lo bello, bueno y santo que hay en ella; abrazar las situaciones de vulnerabilidad que la ponen a prueba: la pobreza, la guerra, la enfermedad, el luto, las relaciones laceradas y deshilachadas de las que brotan dificultades, resentimientos y rupturas; que recuerde a estas familias, y a todas las familias, que el Evangelio sigue siendo la «buena noticia» desde la que se puede comenzar de nuevo. Que los Padres sepan sacar del tesoro de la tradición viva palabras de consuelo y orientaciones esperanzadoras para las familias, que están llamadas en este tiempo a construir el futuro de la comunidad eclesial y de la ciudad del hombre.
Cada familia es siempre una luz, por más débil que sea, en medio de la oscuridad del mundo.
La andadura misma de Jesús entre los hombres toma forma en el seno de una familia, en la cual permaneció treinta años. Una familia como tantas otras, asentada en una aldea insignificante de la periferia del Imperio.
Charles de Foucauld intuyó, quizás como pocos, el alcance de la espiritualidad que emana de Nazaret. Este gran explorador abandonó muy pronto la carrera militar fascinado por el misterio de la Sagrada Familia, por la relación cotidiana de Jesús con sus padres y sus vecinos, por el trabajo silencioso, por la oración humilde. Contemplando a la Familia de Nazaret, el hermano Charles se percató de la esterilidad del afán por las riquezas y el poder; con el apostolado de la bondad se hizo todo para todos; atraído por la vida eremítica, entendió que no se crece en el amor de Dios evitando la servidumbre de las relaciones humanas, porque amando a los otros es como se aprende a amar a Dios; inclinándose al prójimo es como nos elevamos hacia Dios. A través de la cercanía fraterna y solidaria a los más pobres y abandonados entendió que, a fin de cuentas, son precisamente ellos los que nos evangelizan, ayudándonos a crecer en humanidad.
Para entender hoy a la familia, entremos también nosotros –como Charles de Foucauld– en el misterio de la Familia de Nazaret, en su vida escondida, cotidiana y ordinaria, como es la vida de la mayor parte de nuestras familias, con sus penas y sus sencillas alegrías; vida entretejida de paciencia serena en las contrariedades, de respeto por la situación de cada uno, de esa humildad que libera y florece en el servicio; vida de fraternidad que brota del sentirse parte de un único cuerpo.
La familia es lugar de santidad evangélica, llevada a cabo en las condiciones más ordinarias. En ella se respira la memoria de las generaciones y se ahondan las raíces que permiten ir más lejos. Es el lugar de discernimiento, donde se nos educa para descubrir el plan de Dios para nuestra vida y saber acogerlo con confianza. La familia es lugar de gratuidad, de presencia discreta, fraterna, solidaria, que nos enseña a salir de nosotros mismos para acoger al otro, a perdonar y ser perdonados.
Volvamos a Nazaret para que sea un Sínodo que, más que hablar sobre la familia, sepa aprender de ella, en la disponibilidad a reconocer siempre su dignidad, su consistencia y su valor, no obstante las muchas penalidades y contradicciones que la puedan caracterizar.
En la «Galilea de los gentiles» de nuestro tiempo encontraremos de nuevo la consistencia de una Iglesia que es madre, capaz de engendrar la vida y atenta a comunicar continuamente la vida, a acompañar con dedicación, ternura y fuerza moral. Porque si no somos capaces de unir la compasión a la justicia, terminamos siendo seres inútilmente severos y profundamente injustos.
Una Iglesia que es familia sabe presentarse con la proximidad y el amor de un padre, que vive la responsabilidad del custodio, que protege sin reemplazar, que corrige sin humillar, que educa con el ejemplo y la paciencia. A veces, con el simple silencio de una espera orante y abierta.
Una Iglesia sobre todo de hijos, que se reconocen hermanos, nunca llega a considerar al otro sólo como un peso, un problema, un coste, una preocupación o un riesgo: el otro es esencialmente un don, que sigue siéndolo aunque recorra caminos diferentes.
La Iglesia es una casa abierta, lejos de grandezas exteriores, acogedora en el estilo sobrio de sus miembros y, precisamente por ello, accesible a la esperanza de paz que hay dentro de cada hombre, incluidos aquellos que –probados por la vida– tienen el corazón lacerado y dolorido.
Esta Iglesia puede verdaderamente iluminar la noche del hombre, indicarle con credibilidad la meta y compartir su camino, sencillamente porque ella es la primera que vive la experiencia de ser incesantemente renovada en el corazón misericordioso del Padre.
(from Vatican Radio)


Santo Padre, enséñanos a rezar.

Nace "Pro Francisco", una campaña mundial para apoyar al Papa y a sus reformas. La iniciativa pretende "remar con el Papa" con distintas herramientas a través de la red

Una propuesta "plural y pluralista" en la que "caben todas las sensibilidades y posiciones ideológicas"

A pocas horas de que arranque la segunda -y definitiva- fase del Sínodo de Obispos sobre la Familia, surge la web "Pro Francisco". Una iniciativa a través de la red que busca, según sus convocantes, "aglutinar a personas, asociaciones, medios de comunicación, colectivos e instituciones del ámbito hispano" con dos claros objetivos: "apoyar al Papa Francisco y visibilizar dicho apoyo en una plataforma digital propositiva y plural. Una iniciativa para sumar".

La web, que nace con un carácter abierto, ha sido promovida en sus inicios por Religión Digital, la Revista EncrucilladaAtrio.org yAmerindia (uno de los principales portales web de Latinoamérica), así como Mensajeros de la Paz, y que en los próximos días contará con nuevos apoyos. Una campaña de apoyo al Papa que "no va contra nadie, ni siquiera contra los que están descontentos o descolocados con el Papa Bergoglio".

"Queremos aglutinar, en una iniciativa absolutamente plural y pluralista, a todas las personas de buena voluntad, que ven en el Papa Francisco un revulsivo humano-divino y divino-humano", asegura la web, que reconoce que "aquí caben creyentes de todas las sensibilidades y posiciones ideológicas", pues "el eje izquierda-derecha se ha quedado viejo. El eje progresistas-conservadores no responde a lo que busca Francisco. Porque unos y otros (progresistas y conservadores) queremos y buscamos, junto al Papa, una Iglesia cada vez más evangélica".

La mecánica de la adhesión es muy fácil. Consiste en rellenar un pequeño formulario, haciendo público y explícito el apoyo al Papa Francisco. A su vez, se han habilitado unapágina en Facebook, un perfil en Twitter, una página de imágenes en Flickr y un canal en Youtube. De hecho, el objetivo es que todos aquellos que quieran apoyar al Papa puedan hacerlo enviado tweets, imágenes, vídeos, dibujos, pensamientos o artículos, que se irán recogiendo en la plataforma.

La iniciativa irá contando, progresivamente, con las aportaciones de expertos, miembros de la jerarquía o simples fieles de a pie. "Queremos acompañar y "repicar" en todos los ambientes en los que nos movemos la frescura y la riqueza de este pontificado de la misericordia", asumen sus organizadores.

"Se trata de que nos subamos a la oleada de ilusión que, de la mano de Francisco, recorre la Iglesia e, incluso, el mundo. Remar con el Papa. Ayudarle, para que la barca de Pedro se dirija, decidida y alentada por el Espíritu, por la fuerza del Concilio y por el proceso sinodal y colegial, hacia una reforma profunda de la Iglesia y de sus relaciones con el mundo.

"Estamos dispuestos a "hacer lío" y "andar adelante", como nos pide continuamente el Papa Francisco. Estamos preparados para apoyarlo y seguirlo por el camino del 'aggiornamento' eclesial. Por la senda de la conversión, que nace en los corazones y se contagia a personas e instituciones, para transformar el mundo y luchar por el Reino", se puede leer en ProPapaFrancisco.com
Para entrar en la web, pincha aquí:
Para entrar en el perfil de Facebook, pincha aquí:
Para seguirnos en Twitter, pincha aquí:
Para entrar en el canal de Flickr, pincha aquí:
Para acceder al canal de Youtube "Pro Papa Francisco" pincha aquí:




Cada uno tiene un ángel a su lado, escuchémoslo dócilmente, pidió el Papa

A cada persona Dios le ha dado la “compañía” de un ángel para que la aconseje y proteja, un ángel al que hay que escuchar con docilidad. Lo afirmó el Papa Francisco en la homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta precisamente en el día de la fiesta de los Ángeles Custodios.
La prueba de una paternidad que todo ama y abarca se la encuentra en las primeras páginas de la Biblia. Cuando Dios echa a Adán del Paraíso no lo deja solo, no le  dice – destacó el Papa – “arréglatelas como puedas”.
Embajador de Dios junto a nosotros
Francisco citó oraciones y salmos que recuerdan cómo la figura del Ángel Custodio desde siempre está presente en toda vicisitud de la relación entre el hombre y el cielo. “He aquí que he enviado a un ángel ante ti para que te custodie en el camino y para hacerte entrar en el lugar que he preparado”, se lee en el pasaje del Libro del Éxodo propuesto por la liturgia. Liturgia dedicada a esas divinas presencias especiales  que – subrayó el Papa – “el Señor ha dado a todos”. “Cada uno de nosotros –  dijo –  tiene uno” que  “nos acompaña”:
“¡Está siempre con nosotros! Y ésta es una realidad. Es como un embajador de Dios con nosotros. Y el Señor nos aconseja: ‘¡Ten respeto de su presencia!’. Y cuando nosotros  – por ejemplo – hacemos una maldad y pensamos que estamos solos: no, está él. Tener respeto de su presencia. Escuchar su voz, porque él nos aconseja. Cuando sentimos esa inspiración: ‘Pero has esto… esto es mejor… esto no se debe hacer…”. ¡Escucha! No te rebeles a él”.
Respetarlo y escucharlo
El Ángel Custodio nos defiende siempre y, sobre todo, del mal, aseguró Francisco. Y observó que a veces “nosotros pensamos que podemos esconder tantas cosas”, “cosas feas” que, al final, saldrán a la luz. Y el Ángel – dijo el Papa –  está allí “para aconsejarnos”, para “cubrirnos”, exactamente como haría “un amigo”. “Un amigo que nosotros no vemos, pero que sentimos”. Un amigo que un día “estará con nosotros en el Cielo, en la alegría eterna”:

“Sólo pide que lo escuchemos y lo respetemos. Sólo esto: respeto y escucha. Y este respeto y escucha a este compañero de camino se llama docilidad. El cristiano debe ser dócil al Espíritu Santo. La docilidad al Espíritu Santo comienza con esta docilidad a los consejos de este compañero de camino”.
Dóciles con el Ángel que nos guía
Y para ser dóciles – señaló el Papa Francisco –  es necesario ser pequeños, como niños, o sea como aquellos de quienes Jesús ha dicho que son los más grandes en el Reino de su Padre.
Por tanto, concluyó el Papa Bergoglio, el Ángel Custodio es “un compañero de camino” que nos enseña la humildad y a quien, como niños, debemos escuchar:
“Pidamos hoy al Señor la gracia de esta docilidad, de escuchar la voz de este compañero, de este embajador de Dios que está junto a nosotros en su nombre, y que estamos sostenidos por su ayuda. Siempre en camino… Y también en esta Misa, con la que alabamos al Señor, recordemos cuán bueno es el Señor que precisamente después de haber perdido su amistad, no nos ha dejado solos, no nos ha abandonado”.
(María Fernanda Bernasconi - RV).
(from Vatican Radio)



viernes, 2 de octubre de 2015

José A. Pagola, ante el Sínodo: "El Papa Francisco, amigo de pecadores""El sufrimiento de la gente penetra hasta el fondo de su ser"

Las tradiciones evangélicas subrayan una y otra vez que la actuación de Jesús está siempre inspirada, motivada e impulsada por la misericordia hacia todo ser humano. Es la misericordia lo que explica y define su manera de ser y de actuar. El verbo que emplean de ordinario los evangelistas (splanchnizomai) sugiere que el sufrimiento de las gentes conmueve sus entrañas, penetra hasta el fondo de su ser y se convierte en su principio de acción.
Lo importante es captar que esta misericordiano es un sentimiento más, sino la reacción básica de Jesús que dirige y configura toda su actuación. No viene motivada por interés alguno. Es amor gratuito que brota en Jesús desde el misterio insondable de Dios. Desde esta misericordia se entiende toda su acción salvadora.
Los evangelios destacan de manera especial la dedicación de Jesús a curar la vida enferma de las gentes erradicando o aliviando su sufrimiento. Nada ni nadie podrá detener su libertad para actuar con misericordia, ni siquiera la ley sagrada del descanso sabático: "El precepto del sábado ha sido instituido para el ser humano y no el ser humano para el sábado" (Marcos 2, 27).
Además, los evangelios destacan la actuación escandalosa de Jesús ofreciendo el perdón de Dios de manera gratuita a los "pecadores". Nada ni nadie podrá detenerle, ni el rechazo ni los insultos. Jesús explicará así su actuación: "No necesitan de médico los sanos sino los que están mal, no he venido a llamar a justos sino a pecadores" (Marcos 2,15).
Lo que resultaba especialmente escandaloso era su costumbre de sentarse a la mesa con pecadores y gentes que, por diversas razones, los sectores más observantes consideraban excluidos de la Alianza y, por tanto, apartados de la convivencia (banquetes, bodas, sábado...). Jesús se acerca a comer con ellos, no como un maestro de la ley, preocupado de examinar su vida moral, sino como profeta de la misericordia que les ofrece su amistad y comunión.
El significado profundo de estas comidas con pecadores consiste en que Jesús crea comunidad con ellos ante Dios. Comparte el mismo pan y el mismo vino; pronuncia con ellos la "bendición a Dios" y celebra anticipadamente el banquete final que el Padre está ya preparando para sus hijos e hijas. Su gesto de misericordia les anuncia la Buena Noticia de Dios: "Esta discriminación que estáis sufriendo no refleja el misterio último de Dios. También para vosotros el Padre es misericordia y perdón".
La mesa de Jesús es una mesa abierta para todos. No es la "mesa santa" de los fariseos, ni la "mesa pura" de los miembros de la comunidad de Qumrán. Es la mesa acogedora de Dios. Con su actuación misericordiosa, Jesús no justifica la corrupción de los publicanos ni la vida de las prostitutas. Sencillamente, rompe el círculo diabólico de la discriminación y abre un espacio nuevo donde todos son acogidos e invitados al encuentro con el Padre de la misericordia. Jesús pone a todos, justos y pecadores, ante el misterio insondable del perdón de Dios. Para él, ya no hay justos con derechos y pecadores sin derechos. A todos se les ofrece la misericordia. Solo quedan excluidos los que no la acogen.
La Iglesia lleva muchos siglos sin escuchar en toda su radicalidad la llamada de Jesús: "Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso" (Lucas 6,36). Jesús no tiene nada mejor que ofrecer a sus seguidores, como motivación e impulso de la misericordia, que a su Padre Bueno: "Reproducid en la tierra la misericordia de vuestro Padre del cielo". La misericordia no es una ley más. Es la gran herencia de Jesús. Por eso, todo aquello que impide, oscurece o dificulta captar el misterio de Dios como misericordia, perdón o alivio del sufrimiento, ha de desaparecer de su Iglesia pues no encierra la Buena Noticia de Dios proclamada por Jesús.
Sus seguidores hemos de trabajar hoy para que su Iglesia sea, cada vez más, un espacio sensible y comprometido ante todas las heridas físicas, morales y espirituales de los hombres y mujeres de hoy. ¿No ha llegado el momento de revisar la disciplina eclesiástica y el contenido del Derecho Canónico (sanciones, castigos de los delitos, penas, procesos, tribunales...), tan ajeno a veces al espíritu de Jesús y tan condicionado por doctrinas inspiradas en el derecho romano más que en el Evangelio?
En este contexto, no es un hecho de importancia menor la decisión que se tome en el próximo Sínodo sobre el acceso o no a la comunión sacramental, de los matrimonios en situación irregular (divorciados vueltos a casar). Será signo de que la Iglesia se decide a seguir a Jesús por los caminos de la misericordia, o que todavía no se siente con fuerzas para liberarse de ataduras que le están impidiendo anunciar con la audacia y radicalidad de Jesús la misericordia de Dios hacia todo ser humano.

Los sectores fariseos, al ver que Jesús admitía a todos a su propia mesa, lo acusaron de "amigo de pecadores". Jesús nunca se defendió de esta acusación ni la desmintió pues era cierto que se sentía su amigo. Es triste observar cómo, después de veinte siglos, toman fuerza en la Iglesia algunas corrientes de resistencia al papa Francisco, en cuyo trasfondo parece que subyace la misma preocupación pues, en definitiva, le están pidiendo que no caiga en la tentación de ser tan amigo de pecadores. No logro entender su escándalo. ¿A quién excluiría hoy Jesús de la comunión eucarística? Cuanto más contemplo al profeta de la misericordia y trato de interiorizar su Espíritu, más me reafirmo en la convicción de que solo la misericordia puede hacer a la Iglesia de hoy más humana y más creíble. Francisco, ¡Que Dios te bendiga!